Aprender a resolver un cubo de Rubik en menos de 60 segundos con una semana de entrenamiento

Traducido del English

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Resumen

En este episodio de Challenge Accepted, Michelle Khare intenta pasar de no haber resuelto nunca un cubo de Rubik a resolverlo en menos de 60 segundos, con solo siete días de práctica. El entrenador es Dylan Wang, que dirige el canal de YouTube J Perm, donde publica tutoriales sobre el cubo de Rubik. Dylan dice que ocupa el puesto 69 del mundo en la resolución más rápida del 3x3, con un tiempo de 5,31 segundos. El episodio explica cómo funciona el speedcubing, el método para principiantes que aprendió Michelle y los hábitos concretos que la mantuvieron por encima del minuto hasta el final de la semana.

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Una primera carrera y una idea de la distancia

La sesión empieza con Michelle confirmando que nunca ha resuelto un cubo. Dylan plantea una carrera desigual: él resolverá el cubo entero mientras ella intenta completar solo una cara. Cuando él termina, ella tiene cinco piezas amarillas en su sitio. Su reacción al verlo tiene que ver sobre todo con la velocidad: «tus manos se mueven rapidísimo».

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Por qué los cubos modernos son mucho más rápidos

Dylan explica parte de la diferencia por el material. Las competiciones de cubo de Rubik se remontan a 1982, cuando en un gran evento se estableció un récord mundial de 22 segundos. Dice que ese tiempo no es muy bueno para los estándares actuales, pero los cubos de entonces eran mucho peores. En un cubo antiguo, una cara ligeramente desalineada en realidad no gira. En un speedcube moderno, puede dejar una cara desviada el máximo, 45 grados, y el cubo sigue girando desde casi cualquier posición.

Los cubos modernos también llevan imanes. Si Dylan gira una cara despacio, esta encaja en su sitio al terminar el giro, algo que a Michelle le resulta satisfactorio. La técnica también importa. Dylan muestra cómo girar con dedos individuales en lugar de con toda la mano, que sería más lento. También enseña el «double flick», que gira una cara dos veces de una sola vez y puede hacerse muy rápido. Señala estas mejoras como una de las grandes razones por las que la gente ha conseguido resolver el cubo en menos de seis segundos y luego en menos de cinco. Según él, el récord mundial es de tres segundos.

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Más de una modalidad y más de un rompecabezas

Dylan dice que parte de lo que hace divertido el mundo del cubo es que las competiciones incluyen varias modalidades. El 3x3 puede resolverse con una sola mano y con los ojos vendados. Las competiciones también incluyen cubos desde el 2x2 hasta el 7x7. Después le enseña a Michelle algunos rompecabezas poco habituales. Uno tiene forma de pingüino, y Michelle se disgusta cuando lo desordenan hasta que consigue recomponerlo. Otro es un rompecabezas adorable que él le sugiere como buen punto de partida, aunque, como no viene desordenado, no hay nada que resolver realmente. El último le provoca a Michelle «una fuerte reacción visceral». Dylan dice que tardó seis horas y media en resolverlo y que nunca volverá a desordenarlo.

Dylan también describe su visión de este deporte. A diferencia de muchos deportes en los que intentas vencer a un rival, en el speedcubing muchas veces solo intentas ser mejor de lo que eras ayer. Dice que, mientras Michelle disfrute de ese proceso, cree que le irá bien.

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La anatomía del cubo

La lección empieza con los tres tipos de piezas. Las piezas centrales determinan qué color corresponde a cada cara: un centro azul significa que el azul va en ese lado. Las aristas se sitúan entre dos centros y tienen dos colores. Las esquinas están en las esquinas y tienen tres colores. Dylan desmonta un cubo para mostrar que cada arista y cada esquina es una única pieza física unida, no pegatinas separadas que se mueven de forma independiente.

Dice que las piezas pueden colocarse de hasta 43 trillones de maneras, pero el método que va a enseñarle puede resolver cualquiera de esas posiciones.

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El método para principiantes en siete pasos

El método para principiantes que enseña Dylan tiene siete pasos:

  1. Resolver la cruz blanca.
  2. Completar la capa blanca, haciendo que también coincidan los colores laterales.
  3. Resolver la segunda capa (la del medio).
  4. Formar una cruz amarilla en la cara opuesta a la blanca.
  5. Conseguir que los colores de la cruz amarilla coincidan en los laterales.
  6. Llevar las esquinas a sus posiciones correctas.
  7. Orientar esas esquinas una a una hasta que el cubo quede resuelto.

Para la cruz blanca, le dice a Michelle que busque el centro blanco y luego mire por todo el cubo en busca de piezas que tengan blanco. Ella señala tres, y él le pregunta cuál es una arista, ya que solo las aristas van en la cruz. La arista que encuentra también es roja, así que el objetivo es colocarla junto al centro rojo. Gira la cara amarilla para llevar la pieza debajo del centro rojo y después gira la cara roja hasta que la pieza se une a la cruz. Dylan comenta que esa es una pieza resuelta y que quedan 19 más.

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Los algoritmos: la parte más difícil

Después llega el primer algoritmo de Michelle. Más tarde dice que los algoritmos fueron lo que más le costó entender. Según explica el episodio, un algoritmo es una secuencia de movimientos memorizada de antemano. Algunos mueven una sola pieza a otra posición. Otros hacen que dos piezas intercambien su lugar. Resolver el cubo consiste en ejecutar los algoritmos adecuados en el orden adecuado para cualquier posición de la que partas.

Cuando Michelle termina la cruz, pregunta si ahora tiene que hacer cruces de los demás colores. Dylan le dice que no: el método funciona capa por capa. El segundo paso es la capa blanca, que supone la cara blanca más los colores correctos en los lados que la rodean. Cuando la completa, Michelle señala que todavía quedan cinco caras más. Pasan a la segunda capa y luego a la cruz amarilla. En el quinto paso, Dylan le dice que parece que se le está rompiendo el cerebro, y ella está de acuerdo con el diagnóstico. Él la tranquiliza diciéndole que ya casi han terminado. Tras los pasos seis y siete, le da una guía impresa para que la use como referencia más adelante.

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El «sexy move»

Leyendo la guía, Michelle descubre que una de las secuencias cortas de movimientos se llama «sexy move». Dylan la ejecuta para mostrar de dónde viene el nombre. Ella pregunta si fue el propio Rubik quien le puso ese nombre. Dylan dice que no. Michelle entonces menciona a un tal «Feliks» y pregunta si fue él quien lo bautizó, pero el episodio nunca aclara quién acuñó el término.

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Ernő Rubik y el atractivo del cubo

El episodio ofrece una breve historia. El cubo lo inventó Ernő Rubik, que le dio su nombre, y el episodio lo describe como el juguete más vendido de la historia, como prueba de lo bueno que es el rompecabezas. A Rubik le gustaba crear rompecabezas. Según el episodio, como mucha gente que se enfrenta al cubo por primera vez, esperaba que fuera fácil, pero tardó un mes en resolverlo. La narración presenta esto como el atractivo del cubo: la gente vive un momento en el que se da cuenta de que el rompecabezas es mucho más de lo que pensaba.

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El punto de partida y la exigencia

La primera resolución guiada de Michelle le llevó alrededor de una hora. Dylan dice que es bastante bueno para un primer intento, pero ella tiene que pasar de una hora a menos de un minuto en una semana. Cuando le preguntan si alguna vez ha visto a un alumno sin ninguna experiencia bajar del minuto en una semana, Dylan dice que cree que no. Añade que tampoco ha tenido nunca un alumno que dedicara tanto tiempo como espera que dedique Michelle. Su receta es que el cubo tiene que ser su vida durante esa semana. Incluso mientras ve la televisión, tiene que estar resolviendo, al menos seis horas al día.

Michelle dice que afrontará este reto igual que todos los demás, con un mismo método para los objetivos mentales y físicos. (El segmento promocional que sigue se omite aquí).

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La semana de entrenamiento

La semana se convierte en «comer, dormir, cubo». Las primeras resoluciones están llenas de frustración, incluida una en la que Michelle se rinde a mitad. Su primera resolución sin ayuda le lleva 3 minutos y 51 segundos, y dice que todavía tiene mucho que memorizar. Más tarde, ese mismo día, consigue 1 minuto y 47 segundos.

Pasados unos días, dice que han pasado tantas cosas que siente que su cerebro ha evolucionado. Su rutina consiste en levantarse, desayunar y ponerse directamente a entrenar en directo, algo que describe como el primer montaje de entrenamiento real que ha vivido. Uno de los ejercicios es el «chaos cube», en el que resuelve rodeada de ruido y distracciones deliberadas. Se concentra tanto que no nota el ruido, y quienes la observan comentan lo mucho que ha mejorado.

También inventa sus propios nombres para los algoritmos: «la manivela», «el flippity-skippity», «el skippity-flippity», «el breakdance», «fiesta», «fiesta inversa» y «el finalizador», que es como llama al trabajo de la última capa.

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El cuello de botella: la vacilación, no la velocidad de las manos

Michelle no dejaba de batir su mejor marca personal, pero seguía cometiendo errores sencillos que la mantenían por encima de los 60 segundos. En un intento no consigue completar la secuencia de cuatro movimientos y lo estropea al final.

Cuando está a solo unos segundos de su objetivo, identifica el problema. El fallo está en el tiempo entre algoritmos. Después de terminar un algoritmo, pasa varios segundos pensando e intentando recordar el siguiente paso. También dice que muchas veces llega a los últimos pasos de una resolución y se bloquea, y de repente el tiempo marca 1 minuto y 30. Su conclusión es que necesita ser más rápida y dejar de cometer errores.

Dylan describe el lado emocional de este deporte. Estás constantemente intentando superarte. A diferencia de algunos deportes o videojuegos, no hay un rival al que culpar, porque el resultado depende por completo de ti. Cuando fallas, te sientes fatal, pero cuando lo consigues, sabes que ha sido todo mérito tuyo.

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El resultado

Michelle acaba bajando de los 60 segundos. Para demostrar que no fue casualidad, lo repite con una resolución de 55 segundos. Señala que bajar del minuto le exigió aprender algoritmos más complejos de los que muestra el episodio, y remite a los espectadores al vídeo de Dylan en el canal J Perm para ver ese proceso con más detalle.