Clair Obscur: Expedition 33: una historia familiar contada a través de sus combates contra jefes

Traducido del English

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Resumen

Este vídeo de partida completa, cargado de spoilers, recorre Clair Obscur: Expedition 33 a través de sus principales enfrentamientos contra jefes hasta llegar al final. El título del vídeo lo describe como «una historia que retrata a cierta familia», y los diálogos lo confirman. La mayor parte del audio es música y sonido de combate, pero las cinemáticas entre combates cuentan la historia de una familia en duelo. Un padre, una madre, un hijo perdido y una hija discrepan sobre qué hacer con un mundo pintado, y los miembros de la expedición quedan atrapados entre ellos. Este artículo sigue esos diálogos en el orden en que los presenta el vídeo.

16 min de lectura
10:57

La expedición temprana: de Eveque a François

El vídeo comienza con la expedición ya sobre el terreno. Tras los primeros combates, entre ellos los enfrentamientos con Eveque y Goblu que figuran en la descripción, el grupo se topa con una criatura hostil. Uno de los miembros señala que sus sonidos son «como de niños» y concluye que «deben de estar acercándose al pueblo». Cuando Maelle parece demasiado confiada respecto al siguiente enemigo («se parece bastante a todos los demás»), un compañero le advierte que no se confíe. Señala su equipamiento como prueba de que es más peligroso que el resto.

El enfrentamiento con François tiene un tono cómico. Una voz exige saber quién se atreve a entrar en su guarida y reprende al grupo por meterse en casa ajena sin llamar. Un personaje toma a François por «una simple roca que habla» y lo confunde con Florrie, que sí es una roca. François insiste en que es «claramente una tortuga». Después discute con Esquie y le dice que deje de enviarle «gamberros» y que los mantenga en su lado de las cuevas. Cuando el grupo explica que ha venido a por Florrie, François lo considera un robo y declara: «Por encima de mi cadáver».

Tras el combate, alguien comenta que ha sido «más fácil de lo esperado», y otro le advierte que no lo gafe. Con Florrie recuperada, el grupo puede «por fin cruzar el mar». Esquie reconoce: «Odio el agua».

17:53

Un momento de calma y, después, un ataque

Antes del siguiente giro de la historia hay una pequeña escena. Dos personajes miran hacia una figura lejana que «ya no parece tan lejos». Uno sugiere lanzar una piedra más, y el otro responde con un dicho: «No se trata de la piedra».

Entonces el ambiente se rompe. Alguien grita «Corre, por favor, corre», y un personaje suplica a un atacante: «¿Por qué haces esto? No te hemos hecho nada. Deberíamos estar en el mismo bando. Suéltala». Otro ve que «algo está pasando allí arriba» y pide que lo suban. Se pronuncia el lema de la expedición, «Por quienes vendrán después». La escena termina con una desesperada sucesión de «no».

23:11

El primer enfrentamiento con Renoir: «Un acto de bondad, no de crueldad»

El primer combate contra Renoir es donde el conflicto familiar sale a la luz por primera vez. Renoir dice que lo que hace «es un acto de bondad, no de cruel[dad]», aunque sus rivales «aún no lo entiendan». La escena incluye una discusión entre figuras que claramente comparten un pasado.

Una voz acusa a otra de haberla dejado venir a «ella» aun sabiendo que es «demasiado débil para esto». La respuesta es que quien acusa «solo se preocupa cuando tiene las cosas delante». Una voz paternal se dirige a «mi niña querida», diciéndole que debía quedarse en casa, que esto «no tiene que ver contigo» y que «cuando esto acabe, volveremos a casa juntos». Renoir le dice al grupo que «ambos queremos lo mejor para nuestras familias» y lamenta que hayan quedado en medio.

Otra figura se enfrenta entonces a Renoir. Renoir le dice que «eligió marcharse» y que, por tanto, no tiene derecho «a volver ahora y entrometerse». La otra figura responde que Renoir ha «vivido más de una vida» y que es «hora de dejarla ir». Renoir contesta con amargura: «Una vida entera con mi familia destrozada… Quiero recuperar a mi familia». Le dicen: «No es tu familia», y él responde: «Pero ella sí». La escena se cierra con una advertencia sobre las consecuencias: «No volverá a pintar nunca».

Este primer enfrentamiento plantea las preguntas que el resto de la historia responde: quién es «ella», qué es la familia y por qué importa la pintura.

30:55

Dualliste y Stalact: invitados de honor

Los siguientes enfrentamientos son más ligeros. Antes del combate contra Stalact, un anfitrión se dirige al grupo como «amigos de Verso» y les concede el primer combate como invitados de honor. Cuando Verso no usa ataques de gradiente, el anfitrión se queja de que nadie le ha dado consejos. Culpa de ello al «que está ahí sentado sobre su culo vago», lo llama «viejo carcamal holgazán» y luego se ofrece a «compartir generosamente mi sabiduría» en persona.

32:53

El segundo enfrentamiento con Renoir: Verso es hijo de Renoir

El segundo combate contra Renoir trae una gran revelación. Renoir acusa a Verso: «Sabía que le abrirías la puerta. ¿En serio, Verso? ¿Este era tu plan?». Le pregunta cuántas veces más tiene que «hacer daño a nuestra familia». Verso se niega a recibir lecciones «sobre la familia». Renoir insiste en que lo hace «por nosotros» mientras los demás «se precipitan hacia la muerte», y acusa a Verso de «intentar detener el ciclo equivocado». Verso responde que Renoir lo hace por sí mismo. Renoir dice que es «más fácil traicionarnos si yo soy el villano».

Renoir revela entonces el secreto de Verso al grupo: «No le has contado la verdad, ¿verdad, hijo?». Un miembro del grupo llega tarde, explicando que estaba «ocupado leyendo un poco», y se enfrenta directamente a Verso. Le pregunta si pensaba decirles que el hombre que asesinó a su equipo es su padre. Verso esquiva la pregunta: «La familia no es mi tema favorito… ¿Podemos hablarlo luego? Me gustaría mucho que sobrevivierais a esto». Uno de los miembros dice sin rodeos que piensa matar a Renoir.

37:52

Visages: ventana y espejo

Antes del combate contra Visages hay un breve discurso sobre las máscaras: la gente desea con todas sus fuerzas saber «qué hay detrás de la máscara», pero «el gran arte es a la vez ventana y espejo». Quien habla concluye: «Todos necesitamos máscaras. Pero lo que importa es cómo las usas». Otro personaje responde: «Creo que improvisaré».

42:40

Sirène y el tercer enfrentamiento con Renoir: un duelo heredado

Tras Sirène, el tercer enfrentamiento con Renoir es el núcleo emocional del conflicto entre padre e hijo. Uno de los interlocutores dice que «ella no es la única que sufre el duelo». Describe haber heredado «el dolor de perderte», quizá como «castigo» por no haber estado ahí «cuando importaba». Renoir dice: «Me niego a perder a mi hijo». La respuesta es que «ese hijo era un desconocido» y que «me perdiste hace años, y yo a ti».

Se cuestiona a Renoir: ¿en qué se diferencia de «ella» al hacer esto? El grupo afirma ser también «tu familia», y la respuesta es: «La familia es complicada». La determinación de Renoir se resume en una frase: «Si salvarte significa perderte, que así sea». El grupo decide que por ahora solo necesita incapacitarlo y que ya encontrará la forma de matarlo más adelante.

45:47

La Pintora: «Sois creaciones suyas, no mías»

Por fin, el grupo llega hasta la Pintora. Alguien comenta que se parece al Conservador, que había mencionado a «la esposa del creador». La Pintora se dirige a ellos como si su familia hubiera vuelto: «Habéis vuelto… Pero el fuego». Llama a Alicia y le pregunta por su rostro: «¿Vas a quemarlo otra vez?».

Un personaje ata cabos. Alicia es la hija de la Pintora, y Maelle le recuerda a la hija que perdió. Al principio, la Pintora los invita a «venir» y a «volver a casa». Luego decide que es «otro truco»: «Ella no es Alicia. Tú no eres mi Verso… Verso está muerto… Sois creaciones suyas, no mías». Jura que «no le arrebatarán este lienzo». Una voz dice entonces: «Para esto creamos las expediciones».

El combate es largo. A mitad, alguien pregunta si ya ha terminado y le responden: «No, aún no hemos acabado».

56:38

La carta: un espejo pintado para mantener a raya el duelo

A continuación llega una carta que explica el mundo. Quien escribe empieza dirigiéndose a un hermano: está cansado de «los conflictos y engaños que asolan a nuestra familia y a la suya». Le confía la carta y deja en sus manos la decisión de entregarla, diciendo que está en paz con lo que ha de venir.

La carta va dirigida a Maelle. Quien escribe describe la «extraña sensación» de verla con «mi hermano, riendo y sonriendo sin las cicatrices ni los recuerdos que me afligen». Llama a Maelle «Alicia, tal como debía ser, no esta versión pintada que soy yo». Su familia, dice, es «un facsímil de la vuestra». El propio mundo es «un espejo, pintado por tu madre, la Pintora, para mantener a raya su duelo».

La carta da entonces la vuelta al propósito de la expedición. Llevar la expedición hasta el final «nos sumiría a todos en el abismo». Deshacerse de la Pintora eliminaría «la única fuerza que se opone a quien quiere borrarnos», aquel que «invoca las flores del Gommage». Según la carta, ese es el padre de Maelle. Su acto es «un acto de amor. Porque él sí la quiere». En su monolito, la Pintora «pinta una advertencia para todos nosotros sobre los pocos que puede salvar mientras su poder mengua».

La carta termina con un desafío. «Tu familia… cree que solo uno puede sobrevivir. Pero quizá tú encuentres otro camino». Maelle, tras haber vivido entre ellos, podría ser distinta de su padre y de su hermana, igual que quien escribe es distinto de los suyos. «Tu madre pinta la vida, y tu padre, la muerte. ¿Qué pintarás tú?».

1:01:42

Maelle y Verso: ¿quién es real?

Tras el inicio de la batalla final, Maelle habla con Verso. Él admite: «En realidad no soy Verso. Y tú en realidad no eres mi Maelle, ¿verdad?». Ella responde que tiene el mismo aspecto y la misma voz que Verso, «pero tú eres tú», y que sigue siendo «mi hermano mayor».

Sigue un doloroso intercambio sobre la culpa. Uno de ellos dice: «Si hubiera escuchado a Maelle, si no hubiera confiado en los Escritores, Verso seguiría vivo y tú no existirías». Describe lo que hizo su madre como «algo terrible»: pintó a este Verso en el lienzo de Verso, le dio los recuerdos de Verso y fingió que «el fuego solo me había llevado a mí». Aun así, dice: «Me alegro de que existas».

También se pone del lado del padre, al menos en parte: «Tu padre tenía razón al borrar a todo el mundo. Es mejor así». Ante la pregunta «¿Mejor para quién?», argumenta que pasar tanto tiempo «en un mundo de fantasía con su familia de fantasía» estaba matando a su madre. La otra parte objeta que el Verso real «nunca habría querido que su lienzo desapareciera». Él quería a Esquie, a los gestrales y a los grandis. «No es una fantasía», insiste. Uno de ellos dice que Aline está «aquí» y ayudará a arreglar Lumière, y el otro lo duda. Señalan que su madre «pintó un retrato bastante poco favorecedor» de su padre, que es «mucho más cálido que el Renoir» del lienzo.

1:04:39

Volver a aprender a pintar: la esencia por encima de la verosimilitud

Una breve escena muestra a Maelle intentando pintar de nuevo, desanimada porque otra persona «lo hizo con tanta facilidad». La tranquilizan diciéndole que «solo ha pasado un día desde que recordaste tu lado de pintora». Le enseñan que «pintar no consiste en la verosimilitud. Consiste en la esencia. En la verdad de quiénes son». Como ejemplos se mencionan los Axones que creó su padre. «La que juega con el asombro» y «El que guarda la verdad con mentiras» se describen como «la esencia de tu madre y de tu hermano».

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Padre e hija: la discusión por el lienzo

El enfrentamiento con Renoir se convierte en una discusión directa entre padre e hija. Alicia le suplica que entienda «lo que este lienzo significa para mí». Él dice que lo entiende. Sabe «lo poderoso y embriagador que es» y lo mucho que uno se apega a los mundos creados con el corazón y el alma. Admite: «Quedé cautivado y casi me mata».

Cuando ella le dice que eso no significa que tenga que borrar el lienzo de Verso, él le pregunta si de verdad cree que quiere destruir «este último pedazo de su alma». Su respuesta es de resignación: «La vida no deja de imponernos decisiones crueles. Hacemos lo que debemos». A ella le recuerdan que «el duelo a menudo nos ciega». También oye que las decisiones de los padres «dejan marcas indelebles en sus hijos», pero que «las voces de su cabeza tienen que ser las suyas». Ella recuerda que, tras el incendio, él quería que encontrara una nueva alegría, y que lo intentó y no pudo. Pregunta cómo se supone que va a pasar de la muerte de alguien «por mi culpa» a la alegría.

Él le promete que todo mejorará, «pero este no es el camino», y está dispuesto a que lo odie como padre. Ella protesta: «Me tratas como si aún tuviera cinco años». Él responde que la trata como si «la sombra del peor día de nuestras vidas fuera a asfixiarte y a arrebatarte también de nuestro lado».

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La batalla final: sesenta y siete años en el monolito

La batalla final introduce a la madre. Alguien grita: «Basta de esta locura. Es hora de volver a casa». En pleno combate, un miembro del grupo se queja de que «no deja de regenerarse» y sugiere centrarse primero en los Axones. Alicia exclama: «Mamá, vas a matarte. Es demasiado pronto para que vuelvas a ningún lienzo».

El discurso más largo de Renoir explica su motivación. Fue la madre quien una vez lo salvó «cuando me perdí en un lienzo». Ella le enseñó a usar su don con seguridad, «a planear sin volar demasiado cerca del sol». Juntos pintaron «cientos de mundos de lienzo», y ella nunca le dejó olvidar que «cada día que pasamos aquí tiene un precio». Alicia lo acusa de querer tener el control. Como «no pudo salvar a Verso», dice, quiere salvarlos a ellos, y destruir el lienzo «no nos ayudará a pasar página», sino que nos arrebatará «el único lugar que nos ayudó a volver a sentir».

Renoir responde con su propio sufrimiento: «Pasé 67 años atrapado dentro del monolito. Pero persistí». Describe lo que ve cada día: «No puedo pasar un día más con cadáveres vivientes». Desde el incendio, dice, la familia se ha desmoronado. Aline está en el lienzo, Clea libra «una guerra solitaria» y Alicia es «un fantasma viviente». La muerte de Verso «nos rompió», y él «necesitaba que lo arreglaran». «No puedo perderte a ti también», dice. Alicia responde que eso es exactamente lo que siente ella por la gente del lienzo. Ambos admiten que han «perdido tanto», y ella dice que tampoco quiere perderlo a él.

Sus palabras de despedida antes de marcharse son «Dejaré la luz encendida para ti», «Espero que encuentres la paz» y «Cuidad el uno del otro». Alguien añade una disculpa.

1:22:12

El final: «Es hora de dejar de pintar»

El final se centra en Verso y Maelle. Verso pregunta: «Estás cansada de pintar, ¿verdad? Yo también estoy cansado». Insiste: «¿Por qué no te vas sin más? Siempre puedes volver». Ella responde que «en cuanto me vaya, papá borrará este lienzo». Cuando Verso le dice que esto no merece su vida, ella contesta: «¿Qué vida? Mi vida de soledad en un cuerpo que es solo un cascarón, sin voz y sin futuro». Todo lo que quiere está aquí, donde tiene «una oportunidad de vivir», y Verso también.

A Verso le dicen que ve las cosas «como son, no como quieres que sean», y que ella le mintió a su padre, que quería creerla. Él insiste: «Es hora de dejar de pintar», y recuerda que su padre les dijo que «cuidaran el uno del otro».

Las últimas líneas de diálogo son fragmentarias: «No lo hagas. No me dejes», y después, palabras de consuelo: «Todo va a ir bien… Tienes este increíble poder de pintar. Nunca tendrás que soportar una vida que no quieras. Estás bien». La transcripción no deja claro quién dice cada frase ni cómo se resuelve finalmente el conflicto. A una última despedida, «Os echaré de menos», le sigue la canción final, que suena durante los créditos.

La historia termina con la pregunta que planteaba la carta: en una familia donde la madre pinta la vida y el padre pinta la muerte, ¿qué elegirán pintar los hijos?