Cinco amigos, una isla y un velero hecho con basura: el reto que terminó a 0,8 kilómetros de la meta

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Resumen

El planteamiento del video es sencillo. Jimmy y cuatro amigos (Chandler, Nolan, Darius y Hase) quedan aislados en una isla del océano Pacífico. La única forma de salir es construir un velero y navegar varios kilómetros de mar abierto hasta otra isla. Jimmy explica que el reto nace de una pregunta que siempre se ha hecho: si sus amigos y él quedaran varados, ¿serían capaces de escapar? Lo que sigue es casi una semana de construcción con materiales recogidos en la isla, mucho calor, problemas de salud y una travesía de casi doce horas que se decide en los últimos minutos.

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Un objetivo que parecía imposible

Al principio, Jimmy muestra al grupo el velero que deben construir. Para el espectador solo existe como animación 3D, y la primera reacción de un compañero es que es imposible. Jimmy responde que, si no lo construyen, no salen. Nadie del grupo ha navegado nunca.

Antes de pensar en el barco hay que montar un campamento y un refugio "para que la isla no nos mate antes de que escapemos". Tienen una caja con algunos artículos indispensables, entre ellos agua. Parece mucha, pero debe durar hasta que el velero esté listo, y Jimmy admite que no sabe cuánto tardarán, porque "en realidad, solo somos unos youtubers" intentando hacer un refugio desde cero. El primer día levantan una especie de casa del árbol, con Chandler subido haciendo nudos. La conclusión del grupo ya anticipa lo que viene: si el refugio costó tanto, el velero va a costar mucho más.

Esa noche encienden una fogata y hacen un plan. Nolan, Chandler y Jimmy reconocen que nunca han construido un velero. Por eso está Hase en el equipo: en un video anterior construyó una balsa.

El prototipo de Hase

La mañana del segundo día, mientras el resto se despierta, Hase ya está trabajando en una versión en miniatura del barco. Tiene dos cascos, unos baos encima y un mástil. Para la vela usa un trozo de la camisa de Nolan. Al ponerlo en el agua, el modelo flota.

Con un prototipo que funciona, el problema pasa a ser de escala. Según el video, necesitan algo unas 40 veces más grande que aguante casi media tonelada y los lleve hasta la otra isla.

Bambú, selva y animales peligrosos

El primer material que buscan es bambú, que según explican es muy ligero y ayuda a que el barco flote. El problema es que está en lo profundo de la selva. Antes de que el grupo entre, Hase convoca una "reunión de emergencia" para advertir de tres animales: la serpiente terciopelo, la serpiente bocaracá y la araña bananera de Brasil. Durante la recolección aparecen hormigas en la ropa, una colmena que alguien sugiere tocar (y que nadie toca) y un pájaro que sobresalta a todos. Alguien resume la sensación: "Todo aquí intenta matarnos".

La basura como única esperanza

El hallazgo clave de la exploración son unos contenedores azules arrastrados hasta la costa. El grupo considera que cualquier envase sellado "vale más que oro". La explicación que dan es que los barcos grandes pasan por la zona y tiran basura al océano, que termina en la isla. Su idea es reutilizarla para el velero, y uno de ellos lo resume así: "limpiamos las playas y escapamos". No todos los hallazgos sirven. Uno de los contenedores aparece completamente aplastado, pero otro está intacto, y quien lo encuentra dice que estaba a punto de sufrir un golpe de calor y que el hallazgo hizo que valiera la pena.

Al final del segundo día ya tienen materiales suficientes para empezar, pero el calor los ha dejado sin energía para construir. Jimmy calcula que, a ese ritmo, estarán en la isla un mes. Esa noche Nolan se despierta con una araña grande en la cama, lo que provoca un pequeño caos antes de volver a dormir.

Tercer día: sombra, un tercer barril y reparto de tareas

Para no "derretirse bajo el sol" otra vez, trasladan la zona de trabajo a un punto con sombra en otro lado de la playa. El objetivo es poder construir todo el día y no solo unas pocas horas. De camino, Chandler encuentra un tercer barril, lo que según el grupo aumenta la probabilidad de que el velero flote. Por fin tienen suficiente bambú y madera.

El reparto de trabajo cambia sobre la marcha. Chandler, cansado, se pone a grabar y Darius pasa a ser constructor. Con esa combinación, la estructura empieza a tomar forma, aunque el narrador recuerda el riesgo: si un solo nudo queda suelto y los golpea una ola, se hundirán en medio del océano. Hay bromas sobre llamar "castillo" a una parte del barco ("¿no le dicen así en náutica?"), se coloca la pieza de bambú que hará de cubierta y el barco por fin empieza a parecer un velero. Chandler elige un nombre para la embarcación, aunque el video no lo revela.

La marea como estrategia y la presión sobre Hase

A la mañana siguiente, Hase empieza a ver una posible ventaja en la marea. Cuando la marea sube y vuelve a bajar, arrastra el agua lejos de la costa, y eso puede llevarlos hacia el océano. También advierte del límite de ese plan: si ni el viento ni las corrientes ayudan, "podrían darme un motor y, aun así, no llegaríamos". Hase reconoce que siente que todos confían en su criterio y que, si logra la misión con personas que nunca habían navegado, atesorará el recuerdo el resto de su vida.

El plan del día es amarrar el "castillo" y buscar materiales para los remos. Hase rechaza hacer ya la vela: primero hay que comprobar si el barco flota. Como se considera el que mejor hace nudos, decide hacerlos y revisarlos todos.

El cuarto barril y el colapso de Nolan

Todavía falta un cuarto barril para que la estructura quede equilibrada. Jimmy comenta que la mayor parte del video consiste en buscar entre la basura, porque es su única esperanza de salir. La temperatura ronda los 38 grados. Tras dos horas registrando la playa, encuentran otro barril azul, pero hay que cargarlo más de un kilómetro y medio de vuelta.

El esfuerzo pasa factura. Nolan no llevó agua y empieza a sentir hormigueo en los dedos y a ver borroso; dice que se desmayará si intenta cargar el barril. Mientras tanto, encuentran en la costa una pieza metálica con la idea de encender fuego debajo para derretir plástico y moldear remos. Darius aparece cargando el barril azul, algo que otro miembro del grupo describe como "una de las cosas más bonitas" que ha visto. Nolan, en cambio, necesita ayuda y agua urgente. El grupo vuelve con el barril y un timón, y el narrador lo considera uno de los momentos en que entendieron que necesitarían el esfuerzo de todos. El precio es alto: ya han gastado más de la mitad de sus reservas de agua, así que no pueden quedarse mucho más tiempo.

La prueba de flotabilidad

Con los cuatro barriles fijados a una base como sistema de flotación, toca colocar los baos. Hay que repetir el mismo nudo en los 17 baos y en ambos lados, y todo depende de que esa cuerda aguante en el océano. Llegan a lo que llaman un momento crítico. Pueden seguir construyendo y "rezar para que funcione", con el riesgo de que todo se desate ya en el mar, o pueden detenerse y comprobar primero si la estructura flota. Eligen la segunda opción. La balsa flota y el grupo celebra. Jimmy dice que es la primera vez en todo el video que siente que pueden lograrlo.

En ese punto, Jimmy reflexiona sobre el canal. Explica que hoy hacen muchos videos con sets enormes, cientos de participantes y premios como un millón de dólares, y que a veces echa de menos esto: que lo dejen en una isla con cuatro amigos para construir un velero. Reconoce que es uno de los videos más difíciles, con calor e insectos, pero dice que se está divirtiendo mucho y que no sabe por qué dejaron de hacer videos así.

Vela, remos y quillas en una carrera contrarreloj

Lo que tienen todavía es una balsa, no un velero; falta algo que capte el viento. La urgencia aumenta. Casi no queda agua y Nolan cuenta más de 60 picaduras solo en brazos y manos. Dice que no sabe cuánto más podrá aguantar si no se van al día siguiente.

No todo sale bien. El intento de derretir plástico fracasa aunque el agua llegó a hervir, y lo admiten con humor: para entender el porqué, mejor ver a Mark Rober, porque aquí verán a "un grupo de idiotas sobrevivir en una isla". Pasan entonces a otro plan. Hase explica que la quilla sirve para que el barco vaya en línea recta "incluso cuando no quiere". Los remos se hacen atando piezas a palos; el primer prototipo parece más una bandera que un remo, pero terminan con cuatro. Hase prepara con bambú delgado una vela que describe como cangreja, "igual que los antiguos polinesios", y después hay que abrir el hueco para el grátil, una pieza que, si falla, rompe toda la vela.

Hase explica el motivo de la prisa. Con la luna nueva habrá mareas extremas, y si salen mientras la marea baja, los arrastrará directamente hacia la isla. Si terminan ese día, el siguiente será perfecto. Con menos de 12 horas antes del cambio de marea, izan la vela por primera vez y funciona. Siguen trabajando de noche y, cerca de la medianoche, el agotamiento se nota: Chandler ya no sabe bien en qué está trabajando y concluye que "cree" que está haciendo un timón. Al final terminan. Más adelante cuentan que construyeron el barco en seis días, trabajando 12 horas diarias.

El zarpe y las primeras horas en el mar

Antes de salir, Jimmy reconoce que solo piensa en volver a casa y ver a su familia, y que la única forma es ese velero improvisado. El grupo hace una especie de promesa en voz alta: cuando se cansen, cuando se cansen más y cuando quieran dejar de remar, la respuesta será siempre "seguir remando".

Al entrar al agua, la corriente es ideal y los arrastra mar adentro. Hase advierte que esa ayuda durará poco: en unas horas entrarán en un canal donde la corriente los empujará de lado hacia el mar abierto, así que deben acercarse todo lo posible a la isla antes. Despliegan la vela y alcanzan alrededor de un kilómetro por hora. Les faltan más de ocho kilómetros y la isla todavía no se ve.

A los 20 minutos ya hay cansancio y mareos. Queda claro que si los cuatro remeros reman sin parar se agotarán antes de llegar al canal, así que Hase organiza rotaciones de 15 minutos con tres personas remando y una descansando. A los 45 minutos calculan que llevan alrededor del 20 % del trayecto. Entonces llegan los problemas: se rompe un remo, se cae una parte del barco, Hase cae al agua y la embarcación empieza a girar fuera de rumbo. Tienen que remar con fuerza en un lado para corregir la dirección hasta que vuelven al rumbo correcto.

El canal

Con el avance llega el desgaste: deshidratación, sol intenso, dolor de hombros y cuerpo. El canal resulta tal como Hase advirtió, con más corriente y más viento, y los arrastra hacia el sur. Hay un desacuerdo táctico. Hase pide a Darius que deje de remar para no virar hacia el viento; Darius replica que si deja de remar cinco segundos, el barco se va hacia el otro lado.

Durante horas, según el narrador, la corriente los lleva a la izquierda, luego a la derecha y después los hace girar en círculos, hasta que se dan cuenta de que no han avanzado nada. Están demasiado lejos para volver y demasiado decepcionados para continuar. A las seis horas, Darius no ha descansado ni un segundo, Hase lleva todo el tiempo al timón y sosteniendo la vela, Jimmy está mareado y Chandler se ha quedado dormido. Como Chandler y Jimmy ya no pueden seguir, la misión queda en manos de Hase, Nolan y Darius.

Darius informa que la isla está a 5,6 kilómetros. Hase explica que, si el viento sopla en la dirección adecuada, podrán navegar con la corriente y el viento a favor, pero que retrocedieron tanto al principio que primero tendrán que "subir una cuesta para poder bajarla". A las siete horas, cuando dejan de remar, empiezan a retroceder hacia el Pacífico. Alguien propone sacar la bengala de rescate y otro no se opone. Darius, que ha remado casi sin parar las siete horas, dice que ya no aguanta más. Alguien resume la frustración: la isla está justo enfrente, "tan cerca, y a la vez tan lejos".

Un empujón inesperado de la marea

Tumbado en el barco, Jimmy recuerda la promesa de seguir remando y sus propias palabras de dos días antes sobre lo mucho que echaba de menos este tipo de retos. En ese momento, cuenta, la naturaleza los empuja "de forma milagrosa". La marea empieza a subir y los gira hacia la isla sin ningún esfuerzo. Sin darse cuenta, cruzan oficialmente el canal.

Darius informa que faltan 4,6 kilómetros y el grupo decide intentarlo una vez más. Tras más de ocho horas remando, con quemaduras de sol, hambre y mucha sed, siguen adelante. La distancia baja a 4, a 2,7, a 1,6, y luego a 1,3, 1,1 y 0,9 kilómetros. Alguien grita "¡Tierra a la vista!".

El último cambio de marea

La euforia llega antes de tiempo. Quedan 20 minutos para el siguiente cambio de marea, y el video vuelve a mostrar la advertencia de Hase: sin viento ni corriente a favor, ni un motor bastaría. Estiman que están a medio kilómetro, pero si la corriente los arrastra, pasarán de largo la isla y "el video está arruinado". Ya se están desviando demasiado a la derecha. Llevan once horas en el barco.

Con el 95 % del trayecto completado y casi sin fuerzas, el viento cambia por completo y aparece una fuerte brisa cruzada. Discuten si bajar la vela. Un miembro del grupo siente que los empuja hacia el sur; otro cree que sin ella no podrán vencer al viento. Siguen remando con todo. Alguien dice que remará con las manos si hace falta. Pero la marea cambia y el agua que antes los empujaba ahora los aleja, sin que puedan hacer nada. Quedan a 0,8 kilómetros. Uno de ellos lo resume: "Podíamos haber nadado".

El final: perder en el último cinco por ciento

El reto está perdido. Tras casi 12 horas remando y navegando en el barco improvisado, concluyen que, de haber sido 20 minutos más rápidos, habrían llegado a la isla. Alguien dice que todos podían haberlo hecho mejor, y finalmente lanzan la bengala.

Jimmy califica este reto como el más difícil que ha hecho en el canal y dice que perder estando tan cerca, porque la marea cambió en el último cinco por ciento, lo hace aún más duro. Dice que odia perder, que siente que está decepcionando a su audiencia y que lo lamenta mucho. Promete que en el próximo reto no fallará y se despide antes de subir al helicóptero.