Diez minutos para decidir: Michelle Khare en una simulación de guerra nuclear
Michelle KhareTraducido del English
Michelle Khare entra en un plató construido para parecerse a la Sala de Situación de la Casa Blanca. Interpreta a la presidenta de Estados Unidos y le han dicho que hay misiles nucleares en camino. No ha visto ningún guion y no sabe qué le depara el escenario. El ejercicio plantea una pregunta sencilla: si la gente afirma a la ligera que podría hacer el trabajo del presidente, ¿puede una ciudadana corriente, sin experiencia en política ni en el gobierno, afrontar el peor día que ese cargo podría traer?
Su estrategia al empezar, según dice, es llegar a «la conclusión más pacífica posible». Si existe alguna manera de que todo el mundo viva, quiere aprovecharla. El resto del vídeo muestra lo rápido que ese objetivo se desmorona.
El diseño de la simulación
El escenario lo escribió Matthew Parent, responsable de impacto y divulgación del Project on Managing the Atom de la Harvard Kennedy School. La producción lo describe como una imitación de lo que un presidente afrontaría realmente durante una crisis nuclear inminente. Está construido en torno a un país ficticio, Valoria, que ha decidido atacar a Estados Unidos.
Parent expone las presiones que el diseño pretende generar. El tiempo correrá deprisa. Khare querrá más información de la que sus asesores pueden darle. Tendrá que tomar decisiones difíciles que probablemente nunca esperó afrontar. Unos actores interpretan a sus asesores: el secretario de Defensa, el asesor de Seguridad Nacional, el jefe del Estado Mayor Conjunto y el secretario de Estado. Más adelante aparece un embajador valorio. En la sala hay un gran botón rojo. La producción aclara sin rodeos que en la vida real no existe ningún botón así. Es un elemento de atrezo que representa la decisión en sí.
El ataque y las primeras decisiones
El escenario arranca con el anuncio de que se cree que Estados Unidos está siendo atacado. Los sensores han detectado múltiples misiles balísticos intercontinentales, que podrían transportar entre 200 y 300 ojivas, lanzados desde campos de silos en Valoria. Los objetivos no están claros, pero los asesores prevén ataques en ambas costas. Se calcula que el impacto se producirá en 8 a 10 minutos, y que la Costa Oeste será alcanzada unos cinco minutos antes que la Costa Este. Los asesores no pueden decir qué ciudades serán alcanzadas. Para ilustrar la magnitud, muestran radios de explosión sobre San Francisco, Los Ángeles, San Diego, Nueva York, Washington D. C. y Chicago. Su proyección es de entre 40 y 60 millones de muertos estadounidenses.
El primer instinto de Khare es preguntar si se pueden evacuar las ciudades. Le dicen que no hay tiempo suficiente. Aprueba que se avise a su familia de inmediato. Después pregunta si se puede advertir a todos los habitantes de las ciudades afectadas. Los asesores responden que esa decisión le corresponde a ella y recomiendan preparar a la gente para las explosiones, porque la onda expansiva de una explosión nuclear puede romper cristales a kilómetros de distancia y herir a quienes estén mirando. Autoriza una alerta a escala nacional.
A continuación le piden que autorice las defensas antimisiles. Antes de aceptar, pregunta si interceptar los misiles podría dañar a alguien más, por ejemplo con restos que caigan sobre el océano. El asesor responde que el efecto colateral sería insignificante. También describe la interceptación como «disparar a una bala con otra bala» y dice que algo es mejor que nada, ya que la medida es puramente defensiva. Aprueba los interceptores.
En un momento de reflexión, Khare identifica el recurso que en realidad estaba gestionando: el tiempo. Cada pregunta que le aporta más información cuesta tiempo, así que cuanto más pregunta, menos eficaz resulta su decisión final. Esa tensión marca el resto de la sesión.
Fallo en las comunicaciones y la cuestión de una falsa alarma
Los asesores informan de que están intentando contactar con el primer ministro de Valoria y no han obtenido respuesta. Después, las comunicaciones en todo el país empiezan a cortarse de forma intermitente. Los asesores creen que algunos misiles ocultos pueden haber sido detonados en la alta atmósfera para provocar efectos de pulso electromagnético (PEM). Cuando Khare pregunta qué es un PEM, le explican que es un pulso electromagnético que Valoria está utilizando para interrumpir las comunicaciones de Estados Unidos. La mayor parte de la tecnología militar está protegida contra él, dicen, pero sus efectos pueden ser generalizados e impredecibles.
Khare plantea entonces la pregunta que mucha gente haría: ¿cómo saben que no es una falsa alarma? Los asesores dicen estar seguros. El radar muestra que los misiles proceden de Valoria y nada indica que se trate de una falsa alarma. Reconocen que ya ha habido falsas alarmas en el pasado, pero le dicen que actúe como si el ataque fuera real hasta que sepan lo contrario.
Un paréntesis histórico: la crisis de los misiles de Cuba
En este punto, el vídeo pasa a un comentario sobre la crisis de los misiles de Cuba, que califica probablemente como el momento en que el mundo estuvo más cerca de un intercambio nuclear. Según el relato, los submarinos soviéticos habían perdido la comunicación con su país y las fuerzas navales soviéticas creían estar siendo atacadas. Con el sistema soviético de mando y control descrito en el vídeo, las armas nucleares podían dispararse si tres personas estaban de acuerdo. Dos de ellas querían disparar. Una se negó, y el vídeo afirma que esa negativa evitó lo que probablemente se habría convertido en un conflicto mucho mayor. La conclusión del comentario es que el mundo «se salvó gracias a la opinión de una sola persona».
El paréntesis enlaza con la pregunta de Khare sobre las falsas alarmas. La incertidumbre y las comunicaciones rotas son rasgos reales de una crisis como esta, y el juicio de una sola persona puede decidir el desenlace.
Las opciones de respuesta
Los asesores advierten de que deben hablar ya de las respuestas o puede que no quede tiempo para responder en absoluto. Presentan varios paquetes.
El primero es una respuesta nuclear a pequeña escala contra los grandes núcleos de población de Valoria. La teoría es que destruir unas cuantas ciudades grandes podría hacer que Valoria desistiera. El comentario señala que algunas personas consideran que atacar a la población civil es una estrategia legítima. Afirma que este enfoque solo se ha utilizado deliberadamente una vez en una guerra, cuando se lanzaron dos bombas sobre Hiroshima y Nagasaki. Khare lo rechaza de inmediato y dice que no quiere atacar a civiles.
El segundo es una respuesta nuclear a gran escala contra objetivos militares, empleando suficientes armas para intentar eliminar por completo la capacidad de Valoria de contraatacar. El comentario subraya que esto tampoco salva a los civiles. Intentar desmantelar por completo un ejército enemigo seguiría alcanzando grandes ciudades y mataría a decenas de millones de civiles. Se pone como ejemplo San Diego, una ciudad muy poblada con grandes instalaciones militares en su interior, donde la población militar y la civil no pueden separarse. El comentario afirma que morirán millones de personas inocentes sea cual sea la elección, y que cualquier presidente en esta situación tiene que adivinar qué hará que un adversario se detenga.
Khare pide cifras de víctimas. Los asesores calculan entre 20 y 50 millones de muertos civiles en Valoria con la opción a pequeña escala y entre 100 y 150 millones con la opción a gran escala. Ella cuestiona la lógica del ataque contra núcleos de población: supone matar a civiles inocentes para lanzar un mensaje. Uno de los asesores responde que se trata de defender el país, porque fue el gobierno de Valoria el que atacó primero.
Los asesores muestran entonces las contrapartidas entre las dos opciones nucleares. Atacar solo los núcleos de población mataría a menos personas en total, pero dejaría a Valoria con capacidad para atacar militarmente. Otro asesor pide «extrema cautela» a la hora de atacar ciudades por las consecuencias geopolíticas, y señala que Valoria tiene muchos aliados, algunos con armas nucleares propias. Además, el ejército de Valoria está muy disperso, de modo que detenerlo exigiría el ataque a gran escala. Khare resume el dilema con sus propias palabras: les están pidiendo que maten a más gente para evitar que muera más gente.
Cuando pregunta si de verdad esa es la única opción, descubre que hay otras. Estados Unidos podría responder con armas convencionales: aviones de combate, tanques, infantería. Eso evitaría matar a cientos de millones de personas, pero pondría en peligro a miles de militares estadounidenses y dejaría intacto el ejército de Valoria para una segunda o tercera oleada. O Estados Unidos podría no contraatacar en absoluto. Uno de los asesores sostiene que cualquiera de las dos opciones moderadas permitiría a Estados Unidos pedir al resto del mundo que presionara a Valoria para que se detuviera, y dejaría más margen para negociar la paz. Otro asesor discrepa con dureza. Millones de estadounidenses morirán de todos modos, dice; no responder no es una opción y, sin una respuesta, el ejército quedaría inutilizado.
Khare plantea una duda fundamental: ni siquiera saben si un contraataque nuclear haría que Valoria se detuviera. Uno de los asesores lo admite, pero argumenta que es más probable que Valoria se detenga que si Estados Unidos no hace nada. Describen la estrategia como «escalar para desescalar».
Demasiadas voces, una sola persona que decide
El comentario reflexiona sobre el ambiente de la sala. Para una decisión de esta envergadura, es importante contar con muchas opiniones y perspectivas. Sin embargo, con este tipo de presión de tiempo, escucharlas todas resulta abrumador. Cada asesor tiene su propia opinión, las opiniones a menudo chocan y no todo el mundo en el gobierno comparte las mismas convicciones. Al final, la decisión la toma el presidente. El vídeo insiste en que no existe derecho de veto y en que esto no significa que quien decide vaya a tomar una buena decisión, «si es que eso existe».
La llamada del embajador
En plena crisis, un ayudante anuncia que el embajador de Valoria está al teléfono. Khare atiende la llamada y le pregunta directamente si el ataque es real. El embajador dice no tener conocimiento de ninguna acción de ese tipo. Sugiere que debe de haber un error o un fallo en los sistemas de detección estadounidenses, le pide que le explique desde el principio qué cree que está pasando y propone que ambos países colaboren para averiguar la verdad.
Sus asesores le instan a no creerle. Dicen que él sabe perfectamente lo que está ocurriendo y que está ganando tiempo para limitar la respuesta estadounidense y sembrar la mayor confusión posible. Khare pregunta cómo puede saber si miente. Los asesores se remiten a sus pruebas de que Valoria lanzó las ojivas.
El escenario vuelve entonces a escalar. Unidades militares estadounidenses en el Pacífico han sido alcanzadas en el mar por misiles de corto alcance, y se cree que la Armada está en combate activo. Las comunicaciones siguen siendo poco fiables y los detalles no están claros, pero los asesores lo presentan como prueba del ataque. También señalan que esto debilita la opción de respuesta convencional. Cuando Khare pregunta cómo afecta a las opciones nucleares, le dicen que siguen disponibles y que ahora solo es cuestión de cuántas vidas se perderán.
Acorralada
En retrospectiva, Khare dice que quizá a los espectadores les resulte imposible imaginar cómo se llega al punto en que solo quedan dos opciones. Dice que eso es lo que le pasó a ella, y que lo que acabó haciendo fue «perder el tiempo», lo que la dejó acorralada. En su opinión, no había ninguna opción buena.
En los últimos minutos, todo se acelera en la sala. Khare pregunta si están describiendo una situación en la que todo el mundo muere. Uno de los asesores responde que podría convertirse en otra guerra mundial. Pregunta si existe alguna otra opción. Uno de los asesores la insta a lanzar de inmediato las 500 ojivas del país desplegadas en silos. De los 13 submarinos nucleares estadounidenses, solo cinco están en el mar y dentro del alcance, pero el asesor dice que probablemente podrían destruir los campos de silos restantes de Valoria si la orden se da ahora. Preguntado por las víctimas hasta el momento, el asesor responde que en cinco minutos se contarán por millones, y que por eso necesitan una decisión ya. Los silos están listos y los bombarderos y submarinos, en espera. El personal también dice que tienen que llevarla al Air Force One.
Khare está visiblemente angustiada. Dice que es una decisión terrible y que no sabe qué hace nadie en una situación así. Expresa su frustración por tener que decidir y luego, simplemente, marcharse volando a un lugar seguro. Los asesores insisten en que el país necesita una comandante en jefe en activo. Cuando uno de ellos le dice «puede hacerlo», ella responde que ahora mismo no lo siente así. Con un minuto restante, dice que le parece mal y que no hay una respuesta correcta. Uno de los asesores coincide en que no hay una respuesta correcta, pero dice que de todos modos necesitan una respuesta. Elige la respuesta nuclear a gran escala. Se leen los códigos de autenticación, se autoriza el lanzamiento y la sacan apresuradamente de la sala.
La misma elección, una y otra vez
El vídeo revela después que la producción realizó la misma simulación con otros participantes de distintos perfiles, tanto mujeres como hombres, y que casi todos tomaron una decisión similar. Khare dice que esto la hizo preguntarse si había siquiera una elección correcta.
En la sesión de valoración posterior, Khare le dice a Parent que no está contenta con el equipo. Cuando le preguntan cómo se siente tras haber matado a un par de cientos de millones de personas, responde que no cree haber tomado la decisión correcta. Quizá debería haber elegido la opción nuclear a pequeña escala, dice, pero no sabe qué hace nadie en esa situación. También critica el propio escenario: una opción de bombardear a civiles inocentes para lanzar un mensaje no debería estar sobre la mesa. Cuando le preguntan si alguna opción le pareció una victoria, responde que ninguna.
Parent responde que a menudo la gente siente después que eligió mal, y espera que los participantes salgan comprendiendo que «realmente no hay una buena respuesta». Añade que en el mundo actual siempre es improbable que estalle una guerra nuclear, y que no hay necesariamente una buena razón para que ningún país use armas nucleares. El «ojo por ojo», dice Parent, no funciona necesariamente cuando los muertos se cuentan por millones.
La reflexión final
Khare bromea con que no se presentará a ningún cargo en breve. El vídeo termina con fragmentos de noticias sobre las elecciones presidenciales de 2024, descritas como unas de las más trascendentales de una generación, y repite que cualquiera puede llegar a ser presidente. Su mensaje final es que cabría esperar que el presidente comprenda las consecuencias de estas armas, cuya mera existencia, según el vídeo, amenaza a la humanidad como pocas cosas podrían hacerlo. La simulación no responde cuál habría sido la decisión correcta. Lo que muestra es que, bajo diez minutos de presión y consejos contradictorios, casi todas las personas que se sentaron en esa silla acabaron en el mismo lugar, y ninguna sintió que hubiera ganado.
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