Diario de juego de DORONKO WANKO: conviértete en un pomerania y llena de barro una mansión

Traducido del 日本語

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Resumen

Este vídeo es un gameplay comentado en el que se juega hasta el final a DORONKO WANKO, un juego de acción en el que se controla a un pomerania para ensuciar toda la casa. La premisa es que, a pesar de ser día festivo, nadie de la familia le hace caso al perro, que intenta llamar su atención a base de travesuras. Entre bromas, el comentarista va destrozando una a una las habitaciones de la mansión, recoge los elementos ocultos y llega a la última habitación.

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Una mansión recién estrenada y el objetivo del juego

La historia empieza con la llegada del camión de mudanzas a una casa nueva y reluciente. La familia va a celebrar una fiesta de inauguración una semana después y sale a comprar artículos para la fiesta. La madre, que se queda en casa, acaba quedándose dormida. Entonces aparece un pomerania aburrido que, al notar un olor agradable dentro de la casa, decide explorar el interior.

Al ver las instrucciones, el comentarista lo resumió así: «En resumen, es algo parecido a Splatoon». El objetivo es ensuciar toda la casa y encontrar las «imágenes ocultas» escondidas en el suelo, que son 12 en total. Al parecer, los suelos que brillan marcan dónde están las imágenes ocultas, y el comentarista las va consiguiendo una a una ensuciando esas zonas. Sobre el pomerania que controla, comenta que sus ojitos redondos son adorables.

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El salón, la cocina y los regalos que llegan

En la primera habitación encontró una Roomba. El comentarista cuenta que él también se compró una Roomba hace poco, pero que lleva días ordenando el suelo para que la Roomba pueda funcionar. Al pasar al salón, declaró que iba a dejar claro qué pasa cuando no se le hace caso al perro en un día festivo, y siguió ensuciándolo todo.

En la cocina también hay imágenes ocultas. El juego está diseñado para que, a medida que se ensucia, lleguen regalos en cajas de cartón, y el comentarista fue a ver qué contenían con un bote de kétchup en la boca. Dentro había un gorro de fiesta y una pajarita, que le puso al pomerania.

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Husmeando en la vida de la familia en el sótano, el dormitorio y el estudio

Al fondo de la cocina hay incluso una sala de estar en el sótano, y el comentarista se pregunta, asombrado, a qué se dedicará la gente para poder vivir en una mansión así. Como en la sala había una figura sospechosa con aspecto de genio maligno, bromeó con que quizá se trataba de una familia «de ese tipo de asuntos», y se burló de que, aunque parecía una familia entrañable, la cosa empezaba a ponerse turbia.

En el dormitorio, donde había una cama que parecía muy cómoda, declaró que a partir de ese día era suya y se puso cómodo. Aquí también el comentarista siguió con las bromas: una mansión así debe de pagar un impuesto sobre bienes inmuebles enorme, pero si se convierte en un centro religioso, queda exenta. En el estudio contiguo había un gran escritorio, y el comentarista corrigió su deducción: «Pensaba que eran una organización religiosa, pero parece que se dedican al diseño de coches». También ensució el estudio, encontró la imagen oculta y puso en marcha la Roomba sobre el suelo sucio.

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El botón de la bodega y la habitación infantil del primer piso

La habitación de al lado era una gran bodega con botellas de vino que parecían caras. Al pulsar un botón que parecía pulsable, un vino de 8000 pomedólares salió volando por los aires con un solo botón. El comentarista dijo que había que largarse rápido «antes de que nos pillen» y se dirigió al primer piso mientras contemplaba «El perro que vierte la leche», una parodia de un cuadro de Vermeer.

En el primer piso encontró un sombrero nuevo. Según el comentarista, este sombrero no solo es bonito, sino que también tiene utilidad práctica. Al colocar en el tren de la habitación infantil la rueda que había encontrado en la cocina, el tren se puso en marcha y se abrió el camino hacia una habitación secreta. El comentarista se dio cuenta de que la niña que estaba en la habitación hasta hacía un momento había desaparecido, pero lo dejó pasar diciendo que quizá había huido de miedo. Sobre la habitación infantil, embadurnada de colores, imitó el tono de los programas de reformas y la presentó diciendo que la habitación, antes sosa, había cobrado color «por obra de las manos del maestro».

El pasadizo de la habitación oculta conectaba con la bodega. El comentarista volvió a pulsar aquel botón y proclamó: «Bodega derrotada».

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El pomerania se hace con un «arma»

Llegó un nuevo paquete al salón, con una máscara y un «Barrel Spinner». El comentarista describió al pomerania equipado con el Barrel Spinner como «convertido en un arma», dijo que ya nadie podía detenerlo y se dedicó a ensuciar toda la casa. Al recordarlo, el comentarista comenta que en realidad había venido a buscar algo que olía bien, pero que, al conseguir la arma de destrucción definitiva, acabó absorto en la tarea de cubrir de barro toda la casa.

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Las 12 imágenes ocultas y la tarta del sótano

De camino a la habitación que olía bien, encontró por fin la última imagen oculta. Al reunir las 12, se abre la puerta de la sala de fiestas del sótano. Dentro había una tarta; el comentarista dijo que justo empezaba a tener hambre, se la comió y el juego llegó a su final.

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Impresiones del comentarista

Tras terminar la partida, el comentarista valoró que, además de que el pomerania es adorable, hay muchos objetos alrededor y resulta divertido ir dejándolo todo hecho un desastre. Comentó que esta forma de pasar un día festivo tampoco está nada mal y añadió que, por muchas travesuras que haga, no pasa nada porque es un perrito adorable. Cerró con una recomendación: para que tu casa no acabe así, hazle mucho caso a tu perrito en los días festivos.