100 personas, 20 días en el bosque y 250.000 dólares: ¿gana el conocimiento o los recursos?

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Resumen

MrBeast deja a 100 personas en medio de la naturaleza con una regla sencilla: el equipo que tenga más integrantes cuando llegue la ayuda se repartirá 250.000 dólares. Cincuenta visten de azul y son expertos en supervivencia. Los otros cincuenta visten de rojo y son amateurs que, según MrBeast, "tal vez no estén hechos para la naturaleza". La pregunta del video es qué pesa más en una prueba de supervivencia: el conocimiento o los recursos. A lo largo de unos 20 días, la respuesta que se va perfilando no es exactamente ninguna de las dos.

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Dos puntos de partida desiguales

Como MrBeast daba por hecho que el equipo azul tendría ventaja, compensó al rojo antes de empezar. Les explicó el reto por adelantado y los llevó a una tienda a comprar lo que creyeran necesario. Compraron cuerda, una lona, un paquete de 24 botellas de agua y un encendedor ("fui directamente por el encendedor"). También compraron una tienda de campaña infantil, cosa que una participante celebró porque mide "como 1,65". Cuando MrBeast les preguntó si podrían vencer a profesionales, respondieron que eran "profesionales a nuestra manera", aunque uno admitió que solo imitaba lo que ve en las películas.

Los azules, en cambio, solo sabían que iban a participar en un video de MrBeast. Uno explicó que, sin saber a qué venía, se había preparado para cualquier clima, porque pensaba que los llevarían a Alaska. Otro contó que llevaba diez años practicando estas habilidades y que su plan era construir refugios con hojas y ramas, con "una buena capa de aislamiento". Varios expertos dijeron haber pasado largas temporadas en el bosque por gusto, uno de ellos hasta tres meses. Ante la pregunta de cuántas noches pensaban quedarse, respondieron: "Hasta el final. Hasta Navidad".

La primera noche contradice las expectativas

Durante la primera noche, la ventaja material del equipo rojo le facilitó mucho las cosas. Los expertos, en cambio, apenas pudieron dormir mientras bajaba la temperatura. Una participante dijo estar agotada y deshidratada; otro contó que el suelo estaba frío y todo húmedo. La única forma de abandonar era encender una bengala y esperar el rescate. Las dos primeras bajas fueron del equipo azul: una mujer agotada y un hombre de 66 años con dos prótesis de rodilla, que se disculpó con sus compañeros. MrBeast dijo que le sorprendió que los primeros eliminados fueran expertos, mientras los rojos disfrutaban de "una mañana preciosa" y hablaban de "tomarse un respiro del mundo".

Los expertos entendieron que debían mejorar sus refugios cuanto antes. Explicaron que no bastaba con juntar palos: había que cubrir la estructura con unos 30 centímetros de hojas, que mantienen seco el interior cuando llueve, y eso exigía el trabajo de todos. Construyeron refugios grandes donde dormían tres personas. Los rojos, por su parte, levantaron un techo con la lona para no dormir bajo la lluvia y proteger la comida, algo que sorprendió a MrBeast lo bastante como para bromear con "tomar nota para el próximo video de supervivencia".

Según la narración, los amateurs desperdiciaron pronto su ventaja, gastando energía sin avanzar demasiado, mientras el esfuerzo de los expertos empezaba a dar resultado. Tras la segunda noche, un experto aseguró que su refugio estaba "mejor que el Four Seasons" y otro dijo haber dormido "como un bebé" porque el refugio era cálido.

El hambre y la comida escondida

El problema de los rojos pasó a ser el estómago. Se habían comido sus snacks en los dos primeros días y ahora todos tenían hambre. En el equipo azul, el experto Seth organizó una "clase de recolección" que, según la narración, convirtió el bosque en un supermercado: enseñó qué plantas podían comerse como tentempié y construyó con palos una trampa para peces en el río cercano. Los amateurs probaron su equipo de pesca, pero solo sacaron basura.

Hacia el cuarto día, ninguno de los dos equipos tenía comida. MrBeast había previsto la situación: había escondido provisiones por todo el bosque, como remolachas y manzanas, que según él eran la cantidad mínima para sobrevivir si se racionaba bien. Ambos equipos las encontraron y montaron bancos de alimentos para repartirlas. Con esa comida, los expertos prepararon una gran cena.

Los expertos contra sí mismos

A partir de aquí, el principal obstáculo del equipo azul dejó de ser la naturaleza y pasó a ser la convivencia. Julia propuso esconder la comida porque no quería que "ellos" tuvieran el control. Temía que otros se la acabaran sin dejar nada a quienes, como ella, estaban dispuestos a pasar hambre. Randy sospechó de algunos compañeros y, tras su marcha, encontró en su refugio reservas escondidas, entre ellas papas fritas. Dijo que no aportaban al grupo y que se alegraba de que se hubieran ido, aunque reconoció el otro lado: para ganar, necesitaban que la gente se quedara. Para entonces habían perdido a cinco personas.

Las autoeliminaciones y las discusiones siguieron. Una participante se quejó de que once personas tuvieran que repartirse una manzana. Otro resumió el problema así: "Tienes a 50 expertos en esto, que son los más controladores y los más egoístas, todos quieren ser líderes". Luego se marchó. Al quinto día, los expertos tenían nueve miembros menos.

Los rojos, en cambio, juntaban y racionaban todo ("Aquí todo es de todos"). Uno que antes desayunaba seis huevos se conformaba ahora con una manzana "por el dinero". Aun así, el hambre les costó sus primeras seis bajas, entre ellas un participante que salió rumbo a un Waffle House. Los que quedaban decían que lo más duro era la comida, el sol y los bichos, "prácticamente todo". Admitían que dormían mejor porque sus estándares habían bajado, y creían que su refugio era mejor que el de los profesionales. Una participante del rojo predijo que los expertos estarían discutiendo porque cada uno cree saber más que los demás. El narrador confirma que no se equivocaba: en el campamento azul se decidía no comer ciertos días porque la comida no alcanzaba para 50 personas, y se defendían reglas más estrictas porque aquello "no es por comodidad, es por supervivencia".

Ninguno de los dos campamentos estaba en calma. En el rojo, la chef Brittney preparó un desayuno para frenar las salidas, pero las críticas fueron duras, algunos acabaron con dolor de estómago y otros pidieron irse a casa. En el azul, ni un círculo de tambores evitó las peleas, como una discusión sobre limpiar la mesa antes de cocinar. Una participante explicó que le costaba formar parte de un equipo porque "por naturaleza" se opone a las jerarquías, y hubo más abandonos. Cuando se acabaron las frutas del rojo y se quedaron sin desayuno, dos personas más se fueron; una de ellas echaba de menos las malteadas.

MrBeast anuncia entonces un cambio: los participantes no saben cuántos quedan en el equipo rival, y el público tampoco lo sabrá hasta el final.

El reto de las 50 latas

Desde un avión, MrBeast lanzó a cada equipo una bolsa con 50 latas de comida. El equipo que devolviera más latas sin abrir en 72 horas ganaría una recompensa; si empataban, nadie ganaría nada. Los rojos se contuvieron por estrategia: abrirlas delataría que estaban hambrientos, así que decidieron enterrarlas y prohibir que nadie las tocara, convencidos de que sus raciones bastaban para 72 horas. Los azules escondieron sus latas en el bosque para que solo unos pocos tuvieran acceso. Uno de ellos admitió que, si no podían abrirlas, seguramente varias personas se irían.

El octavo día marcó un contraste. Los rojos encontraron una vieja parrilla en el bosque y el cielo nublado les dio un respiro del sol; uno comentó lo increíble que resulta lo que un poco de comida y un cambio de clima hacen por la fuerza de voluntad. En el azul, uno tenía una reacción a la hiedra venenosa, las trampas seguían vacías y otro bromeaba con comerse la pasta de dientes. Saber que tenían 50 latas de guisantes, maíz y carne sin poder tocarlas, dijo uno, lo ponía "muy mal". Otro se topó con una serpiente mientras buscaba cangrejos.

La tormenta

Al final de ese día llegó una tormenta que, según se temía, podía traer un tornado. Un participante dijo que la temperatura bajó unos 15 grados en diez minutos. El viento se llevó la tienda de una integrante del equipo rojo y derribó otra, y varios de ellos se refugiaron en el avión. Los expertos se acurrucaron en sus refugios de hojas, convencidos de que el rojo lo estaba pasando peor. Aquella fue la noche más fría hasta entonces: al amanecer había escarcha en las hojas, en los árboles, en la caja del dinero e incluso en un asiento del avión. En el campamento rojo todo estaba inundado, incluida la fogata. La tormenta hizo que seis personas del rojo y dos del azul volvieran a casa.

Cuando MrBeast recogió las latas, ambos equipos devolvieron las 50 sin abrir, así que nadie obtuvo recompensa. La noticia cayó mal en los dos bandos. En el rojo, tres personas se fueron nada más conocer el resultado y pronto fueron cinco; una madre dijo que su "corazón de mamá" le pedía volver. En el azul los ánimos se hundieron: esa noche perdieron a tres personas y la falta de sueño y el hambre pesaban cada vez más.

Entre las bajas estuvo Seth. Explicó que había enseñado a todos a construir refugios que aguantaran cualquier clima, que se había esforzado para que todos tuvieran éxito y que creía que el azul ganaría, pero debía volver a atender su negocio. Otro experto contó que estaba perdiendo tanto peso que le quedaba poco margen antes de que su cuerpo empezara a fallar, y que no podían depender solo del arroz. Algunos, sin embargo, celebraban cada bengala porque con cada salida "el premio crece".

En el equipo rojo, las salidas obligaron a los que quedaban a asumir más responsabilidades. Tras la marcha de Brittney, otra participante se hizo cargo de la cocina con ayuda de sus compañeras y dijo haber demostrado que podía hacer más de lo que ella misma pensaba.

La segunda tormenta y la disputa por la lona

Una segunda tormenta trajo unas cinco horas de lluvia ininterrumpida. En el azul, la zona donde pensaban dormir se inundó y entró agua en una de las cabañas. La única lona del equipo estaba reservada para proteger los frijoles y el arroz, y quienes la custodiaban no dejaban que nadie se resguardara debajo. Otros insistían en que era un refugio comunitario. Uno llegó a decir que todos iban a perder la cabeza. Mientras tanto, una participante del rojo rellenó su botella, se metió en su tienda a leer y dormir, y describió esos días como "días de relleno".

El dilema de las cinco cajas

El día 14, MrBeast planteó un reto con cinco cajas idénticas frente a cada equipo. Cada caja revelaba un objeto de supervivencia. El primer equipo en pulsar su botón se lo quedaba y el otro no recibía nada; si ambos rechazaban un objeto, se pasaba a la siguiente caja. Si los dos rechazaban todas, ambos se llevaban todo.

El equipo de pesca fue rechazado; los rojos dijeron que en ese río no había peces y que no sabían pescar. Las ollas y sartenes de hierro fundido generaron dudas en el rojo, pero también las dejaron pasar con la esperanza de quedarse con las cinco cajas. Los chocolates rellenos de Feastables pusieron a prueba a ambos ("Esto es cruel"), y hubo que frenar a un participante que levantaba la mano. Los materiales de construcción no interesaron: los dos equipos ya tenían sus refugios.

Antes de la última caja, ambos equipos debatieron si el rival pulsaría. En el rojo, algunos creían que sí, porque el otro equipo no tendría motivos para ayudarlos, y otros querían ver primero el contenido. La quinta caja contenía filetes de Jack Link's y condimentos para todo el equipo. Patrick, del azul, pulsó el botón al instante mientras sus compañeros le gritaban que esperara. En el rojo nadie se atrevió porque "todos querían discutirlo antes".

La jugada dio al azul su primera ventaja en más de dos semanas, pero también lo dividió, porque Patrick había ignorado al grupo. Una participante vegetariana protestó y otro le advirtió que había hecho perder a mucha gente. Ambos equipos sufrieron bajas tras el reto. Aun así, los azules vivieron un raro momento de felicidad asando filetes, "mejor que cualquier Navidad", y uno dijo tener energía por fin gracias a la proteína. En el rojo, una integrante lamentaba no haber pulsado por las ollas: su comida tenía "cosas negras" porque no quisieron apretar el botón de los sartenes.

Cuando el dinero empieza a pesar

Cuando se acabó la carne, el azul se topó con otro problema: el dinero. Con cada salida crecía la parte del premio de quienes quedaban. MrBeast asegura que ya eran "miles de dólares", aunque sin revelar cifras. Según la narración, Trinh planeó aumentar su parte. Resurgió la pelea por la lona, con acusaciones de egoísmo. Un participante que dijo vivir de las "buenas vibras" y de hacer backflips para animar a los demás acabó encendiendo su bengala. Hubo también discusiones sobre quién comía y cuándo ("No le debo nada a nadie aquí"), y alguien acusó a una compañera de ser "la que menos aporta". Desde el campamento rojo se predecía que el azul se desintegraría tras los filetes.

En el rojo, en cambio, se llevaban bien y se animaban a trabajar juntos para vencer al azul. Un día escucharon los vítores del otro equipo y les pareció que sonaban como "pocas personas", lo que les dio esperanza. En el azul, uno insistía en que no pensaba perder aunque no supiera "cómo ni cuándo". Otro advertía que cada salida reducía sus opciones de ganar, y un tercero recordaba que, si se separaban, más gente se iría "como se fue Patrick". La discusión por el arroz se llevó a Joel, que se fue con "muy mal sabor de boca".

El contraste se acentuó. Los rojos pasaron un día relajado en el río y uno de ellos pescó un pez grande que limpiaron y cocinaron en equipo. En el azul, una confrontación subió de tono: una participante fue acusada de no aportar nada salvo "cocinar cosas que no saben a nada", y terminó yéndose. Otra dijo que cuando algo es bueno para ti sientes paz, y que ella ya no la sentía allí. MrBeast lo resume así: "Solo porque hayas aprendido a sobrevivir por tu cuenta en la naturaleza, no significa que puedas hacerlo en grupo". Mientras el rojo celebraba cinco días seguidos sin bengalas, en el azul se oía que Amelia se había ido y que Trinh era egoísta. Uno le recordó a quien festejaba que, si perdían por una sola persona, ese dinero también lo perdía él. Otro esperaba un reto o una extracción porque "necesitamos algo".

La bengala final

A las tres semanas, MrBeast presentó el reto definitivo. Cada equipo recibió un mapa del campamento rival y marcó dónde esconder una bengala en él. El equipo que encontrara primero la bengala en su propio campamento decidiría cuándo terminaba el video: ese día, en cinco días o en diez, con un límite de dos semanas. MrBeast advirtió que dispararla no garantizaba la victoria, porque podían tener menos gente que el rival. Los rojos eligieron un punto muy lejano para obligar a los azules a caminar y quemar calorías.

Con los ojos vendados hasta la señal de salida, los rojos salieron sin plan, entre gritos de "¡Es un desastre!", mientras MrBeast les reprochaba no haberse organizado. Los azules, en cambio, se repartieron el terreno. Tras 20 días, Taylor, del equipo azul, encontró la bengala.

Los azules calcularon que quedaban ocho o nueve amateurs y decidieron dispararla de inmediato: "¡Ya esperamos 20 días!". En el rojo solo quedaba esperar que el rival se confiara teniendo menos gente. Al quitarse las vendas se confirmó la estimación: quedaban 11 en el azul y 9 en el rojo. El equipo azul ganó los 250.000 dólares, lo que, según MrBeast, significa que cada uno se va a casa con 22.000. A los nueve del rojo les dio 4.000 dólares a cada uno por haber aguantado tanto, para que nadie se fuera con las manos vacías. Una integrante del rojo reconoció que los rivales eran profesionales, pero dijo sentirse orgullosa de su equipo.

El video cierra con la conclusión de que, aunque tengas habilidades o muchos recursos, al final lo más importante es trabajar en equipo. Esa idea se reflejó en la forma en que los rojos compensaron su falta de experiencia con cohesión, y en cómo los expertos, pese a ganar, perdieron a la mayoría de sus miembros por conflictos internos más que por la naturaleza.