Cómo Gran Bretaña resistió a Hitler desde el mar, y lo que eso dice sobre Rusia y China hoy

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Resumen

En esta conferencia, la historiadora Sarah Paine, quien pasó toda su carrera en el U.S. Naval War College, examina la Segunda Guerra Mundial desde la posición de Gran Bretaña, el país que describe como protegido por un "foso de 360 grados". Su pregunta central es qué pueden hacer las potencias marítimas frente a un problema continental, y qué pueden hacer las continentales. Paine sostiene que solo un pequeño grupo de naciones puede protegerse por su geografía, sobre todo en el ámbito marítimo, y que eso abre ciertas posibilidades y cierra otras. Su análisis tiene cuatro ejes: el control del mar, los teatros periféricos, las alianzas y la producción masiva. Al final aplica ese marco a Rusia y China, que a su juicio están encerradas por su geografía. En la ronda de preguntas, Dwarkesh Patel discute con Paine cuánto pesó la estrategia frente a la superioridad industrial y si los errores de Hitler explican más que los aciertos británicos.

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La geografía de partida: Gran Bretaña, Alemania y los mares estrechos

Paine empieza por el mapa. Gran Bretaña está, en sus palabras, "incómodamente cerca" del continente, y sus adversarios están apostados justo enfrente. Históricamente su problema continental fue Francia; desde la unificación alemana de 1871, pasó a ser Alemania. Para llegar a Rusia, su gran aliada en las dos guerras mundiales, Gran Bretaña tenía dos caminos. Uno subía por la costa noruega hasta Múrmansk y Arcángel. El otro daba un largo rodeo por el Mediterráneo, pasaba por el "cuello de botella de los cuellos de botella", es decir, los Dardanelos y el Bósforo, y llegaba al Mar Negro y a Odesa.

Paine compara el acceso al mar de las distintas potencias. Francia tiene una costa que le da salida directa al océano. Alemania, en cambio, debe pasar por mares estrechos y después sortear a Gran Bretaña, la potencia naval dominante y su enemiga en ambas guerras. Gran Bretaña tampoco lo tenía fácil: para llegar a su imperio por el Canal de Suez necesitaba la cooperación de España, Francia e Italia, y la de Turquía si quería llegar a Rusia. En la Segunda Guerra Mundial ese esquema se derrumbó. Francia cayó, España tenía simpatías fascistas, Italia formaba parte del Eje y Turquía no cooperó en ninguna de las dos guerras.

A esto se sumaba una Alemania resentida con el Tratado de Versalles y dividida por el corredor polaco que separaba Prusia Oriental. Paine repasa la secuencia: remilitarización de Renania en 1936, anexión de Austria y de los Sudetes en 1938, toma de toda Checoslovaquia en 1939. Insiste en que los recursos industriales de Renania, Checoslovaquia, Polonia y el petróleo de Rumanía no eran opcionales para los planes de Hitler. En 1939 Alemania y la Unión Soviética se reparten Polonia, una parte de la historia de la que, según Paine, a los rusos no les gusta hablar. Ese reparto desencadena la guerra, porque Francia y Gran Bretaña mantienen su alianza con Polonia.

En 1940 Gran Bretaña se enfrentaba a dos potencias continentales con ambiciones imperiales, Alemania y Rusia. Cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941, Stalin concluyó que quien lo atacaba era su problema principal y cambió de bando. Para Gran Bretaña, explica Paine, fue una mejora: pasó de dos adversarios continentales a uno. Con Estados Unidos en la guerra, Paine describe a Europa como un "gran cáncer" rodeado de océanos accesibles para Gran Bretaña, con muchos aliados y neutrales alrededor. Asia era un frente aparte, porque según Paine el Eje nunca coordinó de verdad los dos teatros. El desafío británico consistía en aprovechar el "milagro" del transporte marítimo, que da acceso a todo el mundo, frente a la "pesadilla logística" del transporte terrestre, donde solo se puede pasar por los países que lo permiten. Con esa ventaja buscaba estrangular a los ejércitos continentales en lo económico, lo diplomático y lo militar.

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Las lecciones de la Primera Guerra Mundial

Paine subraya que quienes dirigieron la Segunda Guerra Mundial habían sido reclutas de la Primera, la guerra que supuestamente acabaría con todas las guerras. Esa generación, que para Paine es la verdadera "generación más grande" y no la de sus hijos, aprendió varias lecciones. Paine las ilustra comparando ambos conflictos.

La primera lección es no sobrepasar el punto culminante del ataque, un concepto de Clausewitz. Si un atacante avanza demasiado, se debilita y el contraataque enemigo lo hace retroceder más de lo que habría retrocedido de otro modo. En la Primera Guerra Mundial se enviaba a jóvenes fuera de las trincheras contra ametralladoras. Quizá se ganaba algo de terreno en las dos primeras semanas, pero después nada, y las ofensivas duraban meses con cientos de miles de muertos. Según Paine, en la Primera Guerra Mundial el ejército británico obtuvo el ejército de varios millones de hombres que tanto deseaba, lo desplegó en el frente principal de principio a fin y sufrió el doble de muertes que en la Segunda, cuando siguió una estrategia periférica. En 1940 los británicos volvieron a desembarcar un gran ejército en el continente, pero cuando la cosa no funcionó lo retiraron enseguida. Eso fue Dunkerque, donde los franceses cubrieron la retirada británica, y Paine señala que esa es una de las razones del alto número de bajas francesas. A partir de ahí, los británicos tardarían mucho en volver al continente.

La segunda lección tiene que ver con la diplomacia. En la Primera Guerra Mundial la Entente celebró solo dos conferencias de coordinación, las de Chantilly de diciembre de 1915 y noviembre de 1916, y solo con líderes militares. Para cuando cayeron los Románov a principios de 1917, ya era demasiado tarde. Alemania pudo concentrarse en el frente occidental en 1914, en el oriental en 1915 y otra vez en el occidental en 1916. En la Segunda Guerra Mundial la idea fue presionar a la vez en todos los frentes para que Alemania no pudiera trasladar tropas de uno a otro. La coordinación empezó antes de que Estados Unidos entrara en la guerra, con las conversaciones de estado mayor ABC y la Conferencia Atlántica, de la que salió la Carta del Atlántico. Esta vez participaban líderes civiles y militares, había un mando combinado angloestadounidense, y se coordinaba con los rusos tanto el final de la guerra como las instituciones de posguerra.

La tercera lección es la ayuda material. En la Primera Guerra Mundial no existía nada parecido al Préstamo y Arriendo, y los ferrocarriles rusos no estaban terminados: el Transiberiano se completó en 1916 y el ferrocarril de Múrmansk a principios de 1917, cuando la dinastía ya había caído. En la Segunda, tres cuartas partes de la ayuda del Préstamo y Arriendo viajaron por esos ferrocarriles ya construidos. Paine reconoce que en la Primera Guerra los británicos sí intentaron romper el bloqueo de Rusia entrando por el Mar Negro hacia Odesa, porque Rusia tenía los hombres pero no el material. Ese fue el sentido de Galípoli. Se puede discutir si fue buena estrategia, dice Paine, pero la ejecución fue un desastre. No fue una operación conjunta entre ejército y marina. La Royal Navy pasó dos meses intentando forzar los Dardanelos, lo que alertó a los otomanos, que tuvieron tiempo de fortificar las alturas. Cuando desembarcaron las tropas británicas, neozelandesas, australianas y francesas, los esperaba "una fiesta de bienvenida". La invasión se estancó en tres días, pero la lucha siguió ocho meses, con 190.000 bajas, de ellas 55.000 muertos. Paine añade un "daño colateral": mientras la flota británica intentaba atravesar los Dardanelos, los otomanos, temerosos de sus súbditos cristianos, empezaron a detener a los armenios y a sacarlos del ejército. Días antes del desembarco comenzó la masacre, y entre 1915 y 1923 fueron asesinados un millón y medio de armenios.

Normandía, en contraste, se preparó durante años acumulando buques de desembarco, equipo y fuerzas en Gran Bretaña. Una campaña de desinformación hizo creer a los alemanes que el desembarco sería en el Paso de Calais, el punto más corto. Todos desembarcaron el mismo día y avanzaron hacia el interior.

Las dos últimas lecciones se refieren a los convoyes y al final de la guerra. En la Primera Guerra Mundial la Royal Navy escoltaba transportes de tropas, pero consideraba que proteger a la marina mercante no era tarea digna. Solo empezó a hacerlo en 1918, cuando los alemanes ya casi habían hundido una cantidad fatal de barcos. Para Paine, la Marina pensaba solo en lo militar y no en la dimensión económica de la guerra. En la Segunda, los británicos escoltaban convoyes antes incluso de entrar en guerra. Además, en 1918 las tropas alemanas estaban en Bélgica, Luxemburgo y partes de Francia, y nadie ocupaba Alemania. Los civiles alemanes comieron mal, pero no sintieron de lleno las consecuencias de lo que había hecho su gobierno. Por eso Churchill y Roosevelt consideraban esencial llegar a Berlín, para que los alemanes supieran exactamente lo que les había ocurrido. Paine resume la Primera Guerra como una victoria pírrica para Francia y Gran Bretaña: vencieron, pero casi se aniquilaron en el proceso.

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Bloqueo, guerra al comercio y convoyes

Según Paine, el primer movimiento de una potencia marítima en una guerra de alto riesgo suele ser el bloqueo: cortar al enemigo el acceso al océano y obligarlo a consumir sus propios recursos y los de las zonas que ocupa. Alemania era una nación comercial, con la mayor parte de su comercio por mar y a través de mares estrechos, así que era muy vulnerable. Paine admite que Alemania conseguía recursos alternativos, pero a mayor costo y con más dificultad, lo que presionaba su economía y generaba inflación.

La asimetría está en que la potencia continental no puede devolver el bloqueo. Su flota de superficie, encerrada en aguas estrechas, sería hundida, y bloquear una costa abierta al océano es muy difícil. Lo que le queda es la guerra al comercio: hundir los barcos en ruta. Por eso, explica Paine, la ocupación de Francia fue tan importante para Alemania. Le dio bases de submarinos en Brest, Lorient, Saint-Nazaire, La Rochelle y Burdeos, desde las que libraría la Batalla del Atlántico. Paine resume la secuencia así: la potencia marítima bloquea, la continental responde con guerra de corso y la marítima responde escoltando a sus mercantes.

Antes de entrar en la guerra, Roosevelt coordinó con América Latina una zona de neutralidad de 300 millas náuticas alrededor del continente. Luego llegó la Ley de Préstamo y Arriendo, que incluía que Estados Unidos asumiera las bases británicas en Islandia y estableciera bases en Groenlandia. Paine explica que esos lugares eran clave para enviar convoyes a través del Atlántico, tanto para atacarlos como para defenderlos.

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La Batalla del Atlántico, un tira y afloja

Paine narra la Batalla del Atlántico como una serie de vaivenes. Al principio los submarinos convirtieron el Mar del Norte en zona de aniquilación, y Gran Bretaña perdía grandes cantidades de carga frente a sus costas y las de África. La caída de Francia lo empeoró todo. Antes, los británicos escoltaban convoyes solo hasta poco más allá de Irlanda; con los submarinos en bases francesas tuvieron que escoltarlos unos 400 kilómetros más al oeste, justo cuando habían perdido muchos destructores entre Noruega y Dunkerque. El almirante Dönitz, al mando del arma submarina, introdujo las tácticas de "manada de lobos", que concentraban muchos submarinos sobre un convoy para atacarlo de noche. Además, los alemanes habían capturado códigos británicos. Paine cita 850.000 toneladas aliadas hundidas en ese momento y lo describe como el primer "momento de gran felicidad" de Hitler. Menciona también una brecha en el Atlántico, que en la transcripción aparece como "la gran brecha de Groenlandia", donde no había cobertura aérea y se concentraban los ataques.

Los británicos, por su parte, capturaron máquinas Enigma, rotores y libros de códigos en 1940 y 1941. Desde el verano de 1941 hasta febrero de 1942 pudieron leer al menos parte de los mensajes en unas 36 horas y desviar los convoyes lejos de las manadas de lobos, lo que según Paine pudo salvar hasta dos millones de toneladas. Al mismo tiempo, Rommel tenía problemas en el norte de África porque los Aliados hundían sus suministros en el Mediterráneo, y se ordenó a Dönitz desviar submarinos allí. Pero Dönitz sospechó que algo no cuadraba y añadió un cuarto rotor a Enigma. Los británicos quedaron ciegos durante buena parte de 1942, hasta capturar una máquina de cuatro rotores con sus libros de códigos.

La entrada de Estados Unidos debía ayudar, pero según Paine provocó el segundo "momento de euforia" de Hitler. El almirante King, como antes la Royal Navy, no consideraba la escolta de convoyes una tarea digna. Además, la costa este no apagaba las luces, de modo que las siluetas de los mercantes quedaban recortadas contra la costa iluminada. El petróleo de Luisiana y Texas subía en barco hacia la industria de la costa este, y la zona del cabo Hatteras, de unas 30 millas de ancho, se volvió letal. Tras perder más de un millón de toneladas en los tres primeros meses de 1942, King reconsideró, y para mayo Estados Unidos tenía un sistema de convoyes entrelazados. Dönitz se fue entonces a cazar al Caribe. Hubo otro fallo: los británicos sospecharon en agosto de 1942 que sus códigos del Almirantazgo estaban comprometidos, pero no los cambiaron hasta junio de 1943, y los alemanes efectivamente los leían.

El cambio decisivo llegó al cerrarse la brecha de cobertura aérea y con nuevas tecnologías. Según Paine, Estados Unidos tenía radar y Alemania no, y ese radar se perfeccionó para ver a través de la niebla. Aparecieron los "erizos", lanzadores que disparaban una descarga elíptica de cargas de profundidad. Llegaron también los portaaviones de escolta, pequeños, que daban cobertura aérea donde no alcanzaba la aviación con base en tierra, y pequeños destructores de escolta equipados con sonar, radar, cargas de profundidad y erizos. En mayo de 1943 Alemania perdió 41 submarinos, una cifra insostenible. En uno de esos choques, unos 25 submarinos persiguieron un convoy de 37 barcos sin hundir ninguno, perdieron tres y otro quedó dañado. En uno de los submarinos hundidos murió Peter, el hijo de 19 años de Dönitz. Dönitz retiró los submarinos del Atlántico Norte. Aun así, el convoy del Ártico, que llevaba una cuarta parte de la ayuda del Préstamo y Arriendo destinada a Stalin, tuvo que suspenderse durante gran parte de 1942 y 1943.

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La producción como factor decisivo de la batalla

Paine sostiene que los Aliados ganaron el Atlántico reduciendo las pérdidas mercantes con convoyes y desvíos y aumentando las de submarinos con tecnología e inteligencia. Pero añade que quizá fue aún más importante el aspecto civil: la capacidad de Estados Unidos de abrumar a Alemania construyendo buques de guerra y mercantes. Presenta estadísticas: para 1943 los cascos y el personal de la Marina estadounidense se triplicaron y al año siguiente los cascos volvieron a duplicarse. En 1942 se hundía el doble de tonelaje mercante, pero la construcción de mercantes se cuadruplicó y luego volvió a duplicarse. En 1943 se dispararon los hundimientos de submarinos, y aunque Alemania producía muchos más, apenas lograba un aumento neto. A mediados de 1943 se abrió la gran divergencia entre lo construido y lo destruido: había "demasiadas cosas en el mar" para hundirlas.

Paine extrae de aquí una lección sobre la composición de la flota. Dönitz demostró a su jefe, el almirante Raeder, que los submarinos eran mejores que los acorazados de bolsillo para la guerra de corso. Hitler le dio la razón, destituyó a Raeder y nombró a Dönitz jefe de la Marina. Después decidió desmantelar la flota de superficie, que no podía desplegarse en una guerra así. Paine apunta que es algo que deberían considerar países rodeados de mares estrechos, como China. A su juicio, Alemania compró la marina equivocada antes de la guerra: debió adquirir muchos submarinos y minimizar los barcos de superficie.

Su balance es que los efectos del bloqueo británico fueron significativos, pero la guerra al comercio alemana también fue muy eficaz. Estuvo a punto de hundir una cantidad terminal del comercio británico, y eso era grave porque Gran Bretaña dependía de las importaciones de petróleo, de recursos y de la mitad de sus alimentos. La respuesta aliada funcionó, pero fue incierta y requirió coordinar muchos elementos: inteligencia ("ayuda mucho leer el correo de otras personas"), nuevas clases de barcos, construcción suficiente de cascos navales y mercantes, coordinación con los aliados y aviones capaces de dar cobertura. Si se elimina uno solo de esos factores, advierte, el desenlace podría haber sido otro.

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Los teatros periféricos según Corbett

Una vez dominado el Atlántico y asegurado un tráfico sostenible, se puede pensar en teatros periféricos. Paine aclara que el teatro principal de la guerra era Rusia, porque entre dos tercios y tres cuartas partes de las fuerzas terrestres alemanas siempre combatieron allí. Los demás frentes absorbían entre un cuarto y un tercio. Eso los hace periféricos, no menos importantes, y Paine pregunta quién querría combatir en el teatro principal si tiene alternativa, cuando es allí donde la gente muere en masa.

Paine recurre a Sir Julian Corbett, teórico naval británico que, según cuenta, quedó desconsolado porque en la Primera Guerra Mundial Gran Bretaña ignoró su consejo de no comprometerse militarmente en el continente y operar en la periferia, algo que le minó la salud. Paine enumera los requisitos de Corbett para un buen teatro periférico:

  • Estar en ultramar, para que el enemigo no pueda invadir ni destruir la base productiva propia.
  • Tener control marítimo local, y que el acceso por mar sea mejor que el acceso del enemigo por tierra, para que las tasas de desgaste favorezcan a la potencia marítima.
  • Emplear una fuerza de intervención, es decir, fuerzas que exceden lo necesario para la defensa nacional y que pueden arriesgarse sin arruinar la patria.
  • Realizar operaciones conjuntas entre fuerzas de tierra y mar, porque se llega y se abastece por mar pero se combate en tierra.
  • Realizar operaciones combinadas con aliados y contar con locales amigos.
  • Mandar las propias fuerzas, para decidir cómo se entra y cómo se sale, y poder escapar si todo se tuerce, como en Dunkerque.

Una potencia continental, concluye Paine, no puede jugar a este juego porque carece del acceso marítimo necesario.

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Mar del Norte, Mediterráneo y la campaña aérea

Paine describe cuatro teatros periféricos. El primero es el Mar del Norte, esencial para la defensa británica, con tres puntos clave: Scapa Flow, el estrecho de Dover y la costa noruega. Gran Bretaña controlaba Scapa Flow y Dover, así que Alemania fue a Noruega para abrirse paso. Noruega no era un buen teatro periférico para Gran Bretaña, porque Alemania tenía mejor acceso por tierra y por mar. Tras tomarla, los alemanes establecieron bases submarinas en Bergen y Trondheim, que se sumaron a las de Kiel, Hamburgo y Heligoland. Desde ellas atacaban los convoyes árticos, y Gran Bretaña quedó frente a una costa continental totalmente hostil.

En el Mediterráneo, Gran Bretaña controlaba Gibraltar, el Canal de Suez, Creta y una posición de reserva en Malta. El problema era la beligerancia italiana: Italia había estado con la Entente en la Primera Guerra y estaba con el Eje en la Segunda. Malta, Creta y Suez estaban en el corazón de sus ambiciones de un imperio que bajaría por los Balcanes y se uniría a Libia y Etiopía en torno al Mar Rojo. Mussolini se atascó en Grecia, los alemanes acudieron a rescatarlo, expulsaron a los británicos de Grecia y luego tomaron Creta. Malta fue bloqueada hasta finales de 1942, porque quien tuviera aviones allí podía atacar convoyes o proteger los propios. Paine lo resume: la caída de Noruega, la caída de Francia, el bloqueo de Malta y la caída de Creta eran muy malas noticias.

Con la entrada de Estados Unidos, Gran Bretaña pudo recuperar posiciones. Malta resistió y recibió suministros, y según Paine el 60% de los petroleros que abastecían a Rommel fueron hundidos. Rommel, a quien Paine considera un general superior, perdió en el norte de África porque no le llegaban los suministros. Tomar el norte de África abrió el camino hacia Sicilia, luego al resto de Italia y finalmente a Normandía.

Paine añade que algunos consideran periférica también la campaña aérea sobre Alemania. Llevaba la guerra al territorio alemán, destruía la base productiva y ayudaba a los rusos: cuando los británicos bombardearon Berlín, Hitler retiró escuadrones y cañones antiaéreos del frente oriental (cañones que podían usarse contra tanques o aviones). Los alemanes perdieron el dominio del cielo ruso y dejaron de capturar prisioneros por cientos de miles.

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Alianzas que suman y una alianza disfuncional

Para Paine, las alianzas son acumulativas: lo ideal es reunir las capacidades complementarias propias y de los amigos y distribuirlas de la mejor manera. El Eje también sumaba, en el sentido de que Alemania incorporó a su PIB el de los territorios ocupados, lo que explica gran parte de su crecimiento. Pero eso exigía enormes fuerzas de ocupación y dañaba lo conquistado. Además, la Europa continental tenía un gran déficit de petróleo: el del Mar del Norte aún no se había descubierto. Rumanía tenía petróleo, pero sus oleoductos iban hacia los clientes de antes de la guerra, y en plena guerra era muy difícil conseguir mano de obra y acero para cambiar su trazado.

En el frente principal, Paine destaca que solo Alemania y Rusia tenían ejércitos realmente grandes. La Operación Barbarroja le costó a Alemania una tasa de bajas de casi el 30%, lo que Paine llama "éxito catastrófico". Tras las conquistas alemanas, la población rusa bajo control soviético quedó por debajo de la estadounidense, pero los rusos movilizaron un ejército del doble del tamaño del de Estados Unidos y produjeron por sí solos más municiones que Alemania. Con Estados Unidos en la guerra, la producción aliada de municiones superó los cien mil millones, frente a menos de cuarenta mil millones alemanes. El reto era llevar esas municiones a los soldados, algo imposible en la Primera Guerra y posible ahora gracias a los ferrocarriles terminados.

Paine muestra la distribución del Préstamo y Arriendo. Gran Bretaña recibió muchísimo, Rusia una porción considerable pero menor, y China prácticamente nada. La ayuda solo llega donde hay puertos y ferrocarriles, y Japón había bloqueado a China. Para Paine fue una "prueba de concepto" de que ese bloqueo es posible. Estados Unidos intentó abastecer a China por aire sobre el Himalaya, por la ruta conocida como "La Joroba". Los británicos pensaron que era una locura, y Paine cree que probablemente tenían razón, porque los aviones gastaban en el viaje el mismo combustible que transportaban. Rusia, aunque recibió menos, obtuvo cosas muy útiles: gasolina de aviación de alto octanaje que no producía, vehículos, material rodante y locomotoras con los que movía todo, y alimentos que según Paine evitaron una hambruna en el invierno de 1942-43. Menciona el Spam de Hormel, carne de cerdo enlatada que no se estropeaba y que nadie quiso volver a ver después de la guerra.

De esa ayuda, una cuarta parte iba por Múrmansk, donde se perdía mucho, otra cuarta parte por Persia y la mitad por el Transiberiano. Paine pregunta por qué los japoneses no hundieron nada de eso y lo toma como muestra de una alianza del Eje completamente disfuncional. Cuando se suspendieron los convoyes árticos en 1942 y 1943, Stalin estaba furioso, y en 1943 tanteó una paz separada con Hitler, que por fortuna no tuvo interés. Paine añade que Hitler solo atacaba los convoyes cargados, no los barcos vacíos de regreso.

Efectos acumulativos hasta Normandía

Paine sigue la secuencia en el frente oriental. En Barbarroja, más de tres millones de rusos se enfrentaron a tres millones de alemanes. El Eje mataba o capturaba rusos por millones, pero sufría pérdidas del 15% que se iban acumulando. En agosto de 1941 comenzó el asedio de Leningrado y en diciembre el Eje estaba a 25 millas de Moscú. Con Estados Unidos en la guerra se abrieron frentes periféricos, y sus bajas, menores que las del frente principal, también se sumaban. Stalingrado, la batalla más grande de la guerra, coincidió con el norte de África, y Kursk, la gran batalla de tanques, con Sicilia y el avance por Italia. Cuando llegó Normandía, los rusos mantenían ocupadas 228 divisiones del Eje, frente a solo 58 en el resto de Europa, Italia incluida. Eso, dice Paine, es lo que hizo posible Normandía. Con Italia, Normandía, otros frentes en Francia y los Balcanes, el "cáncer continental" entró en remisión.

Su síntesis: sin aliados, Gran Bretaña solo perdía una cosa tras otra. No hay que subestimar la importancia de un gran aliado continental que combate en la zona con un gran ejército, sin un mar de por medio. Con Estados Unidos y su base productiva, se pudo hacer mucho más, porque dominar el mar, que es de lo que trataba la Batalla del Atlántico, permite conectar a los aliados, los frentes y los recursos. En lo operativo, las operaciones periféricas empiezan donde se puede. Cada victoria abre ubicaciones más prometedoras, desgasta al enemigo y alivia la presión sobre el aliado que hace el trabajo pesado. En lo estratégico, permiten controlar recursos y negárselos al enemigo, poner el tiempo de tu parte, fortalecer la alianza y dispersar la atención del adversario en múltiples frentes. La progresión va de contener el problema a revertirlo y, finalmente, al cambio de régimen. Paine cita a Churchill: solo hay algo peor que luchar con aliados, y es luchar sin ellos. Mantener esa coordinación, añade, permite además crear precedentes e instituciones que preserven la paz después de la guerra.

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El presente: Eurasia encerrada por mares estrechos

Paine traslada el marco a la actualidad. Estados Unidos tiene costas este y oeste abiertas que, según Paine, sería imposible bloquear, y sus únicos mares estrechos son el de Labrador y el Caribe. Le cuesta imaginar que la Marina estadounidense no pudiera desplegarse en guerra. En Europa, Turquía quizá no podría sacar su flota, pero España, Francia y Noruega tienen costas abiertas. Eurasia es otra historia: allí están China y Rusia, rodeadas de mares estrechos que en guerra se convierten en zonas de muerte. El Ártico no compensa, porque no tiene actividad económica ni población. "Nadie les ha hecho esto", dice Paine: así es la geografía.

Sobre Rusia, Paine ironiza con "Vlad el Malo" montado en su "poni mongol". Su único portaaviones, el Almirante Kuznetsov, está en reparación desde 2018. El mayor dique seco ruso se hundió durante la reparación y le abrió un desgarro en el casco, y ha habido acusaciones de malversación e incendios a bordo, así que para Paine no sirve para nada. Putin tiene dos "parques acuáticos". En el Mar Negro, antes de la guerra de Ucrania, en teoría podía bloquear a Bulgaria, Rumanía, Ucrania y Georgia. Por eso le interesaba el estrecho de Kerch, que cierra el Mar de Azov. La base de Tartus, en Siria, es incierta desde que Bashar al-Ásad se trasladó a Moscú, y en cualquier caso sería inútil en guerra porque los Dardanelos pueden cerrarse con minas. Paine subraya que Ucrania ha demostrado que no hace falta una flota para detener a otra en aguas estrechas: drones, artillería costera y aviones bastan para destruir flotas, y la base rusa tuvo que pasar de Sebastopol a Novorossiysk. El segundo "parque" es el Báltico, donde Rusia tiene Kaliningrado. Con Suecia y Finlandia en la OTAN, junto con los bálticos, el Báltico es para Paine un "lago de la OTAN", y a Putin le queda poco más que cortar cables submarinos. Sus dos grandes bases del norte, que Paine sitúa en el Mar de Barents y en el de Bering, obligan a pasar junto a territorio de la OTAN o de Estados Unidos. Por eso Groenlandia e Islandia son estratégicas, y la base de Bering está además muy lejos de cualquier base industrial. Su conclusión es que Rusia es mucho más vulnerable a un bloqueo que sus adversarios.

Paine dedica una parte a la expansión de la OTAN. Al principio se unieron países europeos más pequeños que Rusia, que es con mucho el país más grande del planeta, y Paine dice que por qué necesita más territorio "sigue siendo un misterio". Tras la implosión soviética, los antiguos satélites corrieron a entrar, y en 2022 Suecia y Finlandia abandonaron su neutralidad. Los rusos ven a la OTAN avanzando hacia ellos, pero para Paine ignoran su propia responsabilidad: ocupar y brutalizar a otros durante generaciones produce exactamente ese resultado. Presenta a Aleksandr Duguin, cuyas ideas coinciden con las de Putin, y su visión de un mundo dividido en esferas de influencia en lugar de un orden basado en reglas. Repasa las tomas territoriales rusas: Transnistria al final de la Guerra Fría, Abjasia y Osetia del Sur en 2008, Crimea, Lugansk y Donetsk en 2014, y la invasión de 2022 como expresión de la visión continental de "pintarlo todo".

Paine sostiene además que el verdadero problema de Putin no es la OTAN, que no tiene interés en territorio ruso, sino China. La Rusia zarista tomó territorios chinos que tienen justo lo que China necesita: energía, recursos de Siberia y agua. El lago Baikal contiene el 20% del agua dulce superficial del mundo, mientras China agota sus acuíferos en el norte, y Paine cree que la topografía permitiría canalizarla. Putin, a su juicio, vuelca todo sobre Ucrania mientras deja crecer ese problema.

Sobre China, Paine señala que tiene veinte vecinos, trece por tierra y siete por mar, muchos de los cuales, según Paine, desprecian a China "por razones excelentes", aunque no todos. Podría intentar bloquear Corea, pero Japón complica el cuadro. En el Mar de China Meridional, Vietnam, Brunéi y Camboya no tienen costas alternativas, mientras que Tailandia, Malasia, Indonesia, Filipinas y Taiwán sí dan al mar abierto, y cerrarles el paso exigiría rodearlos. El Mar de China Meridional es además "un desastre legal" lleno de neutrales que podrían tomar partido. Paine sugiere que, como mostró Ucrania, los vecinos de China podrían bastar con drones, algunos submarinos, aviones y artillería costera para cerrar su comercio marítimo y también su armada. En cambio, si China quisiera llegar a la costa oeste de Estados Unidos, encontraría un océano vacío y Hawái, que depende de importaciones para todo. Para Estados Unidos, en dirección contraria, las islas "se vuelven más grandes y mejores" cuanto más cerca de China.

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Los requisitos de Mahan aplicados a Rusia y China

Paine cierra con los requisitos de Alfred Thayer Mahan para el juego marítimo: un foso, una red de transporte interno densa, una salida fiable al mar en tiempos de guerra, una población costera densa, una economía impulsada por el comercio y un gobierno estable que financie la marina y el comercio. A su juicio, ni Rusia ni China tienen foso, porque tienen más vecinos que cualquier otro par de países. La red de transporte rusa sigue siendo "lamentable" y la china mejora. Ninguna tiene una salida fiable al mar, y el Ártico ruso solo tiene osos polares. China tiene población costera densa y Rusia no. Rusia nunca tuvo una economía comercial, y China la tuvo más con Deng Xiaoping, pero Xi Jinping, según Paine, favorece al sector del amiguismo sobre el privado. Y ninguna tiene instituciones estables, cuya prueba son las transferencias de poder transparentes y regulares, algo que un dictador vitalicio no cumple. Paine concluye que ambas siguen siendo problemas continentales, pero cree que no entienden las limitaciones marítimas de su posición. La paz sería lo mejor, porque el crecimiento se acumula y la guerra es un desperdicio, como muestra Ucrania con los recursos rusos, pero "el enemigo también tiene voz y voto".

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Preguntas: ¿errores de Hitler o aciertos británicos?

La primera objeción planteaba que la explicación parece estar más en los errores de Hitler que en la estrategia británica: no buscar la paz con Gran Bretaña cuando Halifax la proponía, atacar a la Unión Soviética y declarar la guerra a Estados Unidos tras Pearl Harbor. Paine responde que son ambas cosas, pero que no le consta que Alemania planeara bloquear a Gran Bretaña, sino invadirla. Además, perdió tantos activos navales en la campaña de Noruega, que considera necesaria, que ya no tenía flota. A diferencia de 1918, cuando la flota alemana sobrevivió intacta hasta ser hundida al final, esta vez Alemania la usó para conseguir algo. Paine añade que, desde una zona deficitaria en petróleo y con los océanos cerrados, a Hitler no le quedaban muchas opciones: tenía que ir a buscar recursos. Para Paine, el error de fondo fue ir a la guerra: con sus tasas de crecimiento, Alemania habría dominado Europa simplemente creciendo y comerciando. También advierte que llamar error a algo depende de que no haya funcionado. A quien se sale con la suya en algo arriesgado se le llama brillante, y al que no, idiota.

Ante la pregunta de cómo podría haber ganado Alemania desde 1942, Paine pide primero definir qué significa ganar. Si Hitler se hubiera quedado con Austria y quizá los Sudetes, lo llamarían "Bismarck II, un genio", pero esa no era su forma de ser. Alemania es invadible por tierra en todas partes y Gran Bretaña no, y Alemania no puede desplegar una armada como la británica. Por eso, insiste, debió comprar muchos más submarinos y olvidarse de la flota de superficie, y quizá habría aniquilado a los británicos antes de que Estados Unidos se organizara, en cualquiera de las dos guerras.

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Preguntas: industria frente a estrategia

Otra objeción sostenía que, tras la caída de Francia, los submarinos alemanes ya ejecutaban una estrategia marítima muy eficaz, con unas 400.000 o 500.000 toneladas hundidas en octubre de 1940, y que fracasaron solo porque Estados Unidos producía más barcos de los que se podían hundir. Es decir, todo se reducía a la industria. Paine precisa primero que aquello no era un bloqueo, que consiste en mantener los barcos dentro, mientras que Gran Bretaña sacaba los suyos y se hundían en ruta, y Alemania tenía cero marina mercante navegando. Reconoce la importancia de la base productiva y añade un factor: en la era de la vela y el carbón, Gran Bretaña tenía carbón de primera, pero con el paso al petróleo dejó de tener la energía en su territorio.

Después propone su "juego de arrebatar": quitar un factor y ver si el resultado cambia. Sin criptografía, sin radar y demás tecnología, o sin un Estados Unidos dispuesto a aliarse y coordinar (Gran Bretaña también proporcionaba muchas cosas gratis), la Batalla del Atlántico habría sido distinta. Las explicaciones monocausales, dice, suelen acertar en que su causa es importante, pero ignoran las demás. La réplica distinguió entre cambiar la duración de la guerra y cambiar quién la gana. Según esa réplica, la criptografía, el radar o incluso más petróleo para Alemania solo habrían prolongado la guerra, mientras que la proporción de un cuarto del PIB aliado para el Eje sí determinaba el ganador. Paine respondió que depende de si los objetivos son limitados o ilimitados, y puso como ejemplo la guerra ruso-japonesa, en la que el Japón, mucho más pequeño, venció a Rusia porque tenía un objetivo limitado y Rusia, con problemas internos, estaba dispuesta a retirarse. Volvió a la idea de los submarinos: no sabe si habría cambiado el resultado, porque no ha hecho los cálculos, pero el objetivo habría sido sacar a Gran Bretaña de la guerra antes de que entrara Estados Unidos. Quizá el error fundamental, especula Paine, fue simplemente declarar la guerra a Estados Unidos, porque con seis meses más de guerra al comercio tal vez Gran Bretaña habría caído. "No lo sé", admite, y añade que por eso conviene escuchar a quien no está de acuerdo, porque todos tenemos puntos ciegos.

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Preguntas: Stalin, el pacto y la política exterior actual

Sobre si la Unión Soviética creía sostenible compartir una frontera de dos mil kilómetros con Alemania tras repartirse Polonia, Paine cree que Hitler nunca quiso mantener acuerdos, porque buscaba Lebensraum en tierras eslavas. Desde el lado soviético, el escenario ideal era que alemanes y británicos se desgastaran mutuamente, lo que abriría oportunidades para Rusia. Paine reconoce que no ha investigado en los archivos qué cronograma tenía Stalin. Recuerda que Rusia había intentado un acuerdo con Gran Bretaña, pero los británicos, a quienes los comunistas intentaban desestabilizar desde la Revolución Bolchevique, no entendieron que los nazis no eran autoritarios comunes, sino que tenían un componente genocida. Para Paine, los británicos acertaban en que a largo plazo la amenaza eran los comunistas, pero a medio plazo lo eran los alemanes, y hizo falta la blitzkrieg para que aceptaran aliarse con Rusia. La lección actual, según Paine, es no hacer nada que convierta a Estados Unidos en el enemigo principal de Xi Jinping y Putin, cuyos problemas principales son Taiwán, India o Vietnam en un caso y Ucrania en el otro, y mantenerlos divididos en lo posible. La política exterior, dice, consiste en elegir la opción menos mala, requiere mucha reflexión experta, y desmantelar el Departamento de Estado no ayuda.

Preguntas: Bismarck, objetivos limitados y el valor del objeto

Ante la idea de que Bismarck aplicó con éxito estrategias continentales y que la "locura" de Hitler explica más que cualquier estrategia, Paine introduce la distinción entre objetivos limitados e ilimitados. En una guerra ilimitada el Estado enemigo no existe al final, y Hitler llevó esto al extremo con el propósito de exterminar a los eslavos. En una guerra limitada se busca un trozo de territorio y el gobierno rival sobrevive. Bismarck libró tres guerras de ese tipo. Tras aplastar a Dinamarca, no buscó un cambio de régimen en Copenhague, solo las provincias del sur llenas de alemanes. Paine introduce aquí otro concepto, el valor del objeto: para Dinamarca esas provincias valían menos que para una Prusia que pensaba en unificar Alemania. Con Austria, a la que venció gracias a un ferrocarril que movilizaba tropas más rápido, tampoco buscó cambiar el régimen en Viena, solo cesiones que para un imperio acostumbrado a ganar y perder territorios eran menores. En la guerra franco-prusiana se pasó de la raya al tomar Alsacia-Lorena, algo que los franceses nunca perdonaron, pero tampoco derrocó gobiernos. Los demás solo se dieron cuenta a posteriori de que Prusia había pasado de ser la más débil de las cinco grandes potencias a la segunda, detrás de Gran Bretaña. Paine lo atribuye en parte a que Bismarck trataba con reyes que, en su opinión, no tenían idea de lo que hacían.

Dwarkesh mencionó su entrevista con Daniel Yergin, quien sostiene que Barbarroja buscaba los campos petroleros de Bakú. Paine coincide en que Hitler los necesitaba por el déficit de petróleo, aunque decir "olvida Moscú y ve directo al petróleo" le parece que habría sido un error aún mayor.

Preguntas: dictadores, elecciones y la Primera Guerra Mundial

A la pregunta de si Hitler pudo haberse rendido en 1943, Paine responde que los dictadores no lo hacen: redoblan la apuesta. Defiende las elecciones, pese al desorden de los sistemas multipartidistas, porque reevalúan las decisiones en lugar del partido en el poder, ya que a la mayoría de los humanos no les gusta cambiar de opinión. Por eso le gusta la estructura de argumento y contraargumento. Prevé que Putin no cederá en Ucrania y que, si gana, irá por los bálticos. Cuando se le objetó que en la Primera Guerra Mundial varias potencias con sufragio tampoco se retiraron, aunque habría sido mejor perder en 1914 o 1915 que seguir hasta 1917, Paine propone un ejercicio: anotar el adversario primario, secundario y terciario de cada potencia. En la Primera Guerra nada encaja, de modo que quien intentara salir perjudicaba a un aliado cuyo enemigo principal era ese. Había guerras paralelas y disputas sobre el reparto de los Balcanes. Fue, dice Paine, una guerra dirigida por militares, con civiles que se apartaban, y potenció el comunismo y el fascismo. Durante gran parte de su vida creyó que el fascismo había vuelto a su caja, pero ahora ve un autoritarismo que "rima" con él, y una situación de conductores imprudentes jugando al gallina cuyo final no sabe predecir. Por eso, explica, da estas charlas: para ofrecer conceptos y datos con los que cada uno forme su propia opinión basada en evidencia. Advierte que si Estados Unidos destruye su sistema de alianzas tendrá que lidiar solo con China, y que intentar acorralar a una gran potencia así no saldrá bien.

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Preguntas: ¿quién se parece hoy a Estados Unidos en 1941?

Dwarkesh volvió a la primacía industrial. Si los Aliados tenían una ventaja de tres a cinco veces en producción, y hoy China supera a Estados Unidos en manufactura, construcción naval y comercio internacional, ¿quién se parece más al Estados Unidos de la Segunda Guerra Mundial? Paine aclara primero que no pretendía decir quién ganaría, solo que Rusia y China son mucho más vulnerables a un bloqueo. Luego insiste en definir qué es ganar: invadir China sería una locura. En una guerra por Taiwán, el valor del objeto es mucho mayor para China. China quizá lo tomaría, pero podría quedar reducido a brasas, y Paine imagina que la fábrica de chips sería la primera víctima. El resto del mundo, aterrorizado, respondería no con un bloqueo clásico sino con sanciones y un largo aislamiento del orden global.

Dwarkesh objetó que, al ser China el mayor socio comercial de tantos países, sería difícil coordinar esa coalición. Paine contestó que las sanciones no tienen que ser herméticas. Restar uno o dos puntos de crecimiento anual, por ejemplo restringiendo material de guerra, tiene efectos acumulados a lo largo de generaciones como la diferencia entre las dos Coreas. Calculó de forma aproximada, y dejando el cálculo exacto a Dwarkesh, que el tiempo de duplicación de una economía podría pasar de unos 25 a unos 75 años. Añadió que las cadenas de suministro ya se están yendo de China, despacio, y que países como Vietnam, con mano de obra más barata, o India, que invierte en infraestructura, quieren emular el modelo chino. A la observación de que hoy la coalición quizá no se centraría en Estados Unidos, Paine admitió que "hoy no", porque Estados Unidos no se lleva bien con sus aliados. Aun así, sostuvo que invadir Taiwán sería un grave error y que China debería cambiar las reglas desde las instituciones internacionales, donde tiene gran presencia, y no "a la manera de Putin", que es de suma negativa. Desde que la Revolución Industrial trajo el crecimiento compuesto, dice, la solución continental de invadir territorio es un error, y lo mejor es la libre circulación de personas, bienes e ideas.

Geografía, flotas y aliados

En la última pregunta, Dwarkesh planteó si tiene sentido derivar una estrategia óptima de la geografía cuando el comercio de suma positiva conviene a todos, sean marítimos o continentales. Paine estuvo de acuerdo y explicó que habla de geografía porque la mayoría no la piensa. Le sorprende que los libros de teoría naval que ha tenido que leer casi nunca miren la geografía, cuando la utilidad de una gran armada depende de dónde se viva. Contó que acaba de editar libros sobre la "flota en potencia", es decir, sobre qué posibilidades cierra a los demás y abre a uno mismo poseer una flota. Puso el ejemplo de Austria-Hungría en la Primera Guerra Mundial. Una flota de submarinos relativamente modesta, en la que sirvió como héroe de guerra el capitán von Trapp de Sonrisas y lágrimas, obligó a Gran Bretaña a escoltar todo el Mediterráneo con un costoso servicio de convoyes e impidió que el enemigo entrara por sus aguas, aunque no le diera la victoria.

Paine añadió que hoy, en un orden basado en reglas, unirse al grupo da acceso a un sistema masivo de alianzas, y que China no tiene aliados y prefiere las relaciones bilaterales. Dwarkesh replicó que ser el mayor socio comercial de cien países crea intereses quizá más fuertes que una alianza formal. Paine reconoció su importancia, pero dijo que China arrastra la actitud de "somos grandes, ustedes pequeños", que según Paine los chinos han expresado repetidamente a vecinos como Vietnam, y que a los vietnamitas no les gusta. Cuando Dwarkesh señaló que Estados Unidos suele inmiscuirse en la política interna de otros mientras China comercia sin esas condiciones, Paine lo admitió sin reservas: el "gen entrometido estadounidense" les ha metido en muchos problemas, nadie es perfecto y todos cometen errores horrendos. Con esa concesión terminó la conversación.