Ilya Sutskever: de la era del escalado a la era de la investigación

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Resumen

En esta conversación con Dwarkesh Patel, Ilya Sutskever, cofundador de Safe Superintelligence (SSI), parte de una pregunta: ¿por qué los modelos actuales obtienen resultados brillantes en evaluaciones difíciles y, sin embargo, su impacto económico parece ir tan por detrás? Su respuesta lleva a una tesis más amplia. Según Sutskever, el periodo en que bastaba con escalar una receta conocida está terminando. El problema de fondo ahora es que los modelos generalizan mucho peor que las personas, y resolverlo exige volver a hacer investigación, aunque esta vez con ordenadores enormes. A partir de ahí la charla trata la estrategia de SSI, el despliegue gradual, el alineamiento, el misterio de cómo la evolución codifica deseos y la intuición estética que, según Sutskever, guía su trabajo.

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Una revolución que se siente normal

La conversación empieza con una observación casi casual. Todo lo que ocurre alrededor de la IA parece sacado de la ciencia ficción y, aun así, el "despegue lento" se vive con mucha normalidad. Patel señala que dedicar un uno por ciento del PIB a la inteligencia artificial habría parecido algo enorme y que, en la práctica, se percibe como algo abstracto: noticias de que tal empresa anunció tal inversión. Sutskever coincide en que la gente se acostumbra rápido y en que esas cifras resultan difíciles de comprender.

Cuando Patel sugiere que para la persona común nada cambiará demasiado, ni siquiera al llegar a la singularidad, Sutskever discrepa. Lo que no se siente hoy son los anuncios de inversión. Él cree que la IA se difundirá por toda la economía, porque existen fuerzas económicas muy potentes empujando en esa dirección, y que su impacto se notará con mucha fuerza.

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El enigma: modelos brillantes en las evaluaciones, rezagados en el mundo real

Al preguntarle cuándo llegará ese impacto, Sutskever plantea lo que considera una de las cosas más confusas de los modelos actuales. Les va muy bien en evaluaciones que son realmente difíciles, pero el impacto económico parece "dramáticamente rezagado". Pone un ejemplo de programación asistida. El usuario encuentra un error y le pide al modelo que lo arregle. El modelo responde con entusiasmo que el usuario tiene toda la razón e introduce un segundo error. Cuando se le señala ese segundo error, vuelve a disculparse y reintroduce el primero, y así se puede alternar entre los dos indefinidamente. Para Sutskever esto sugiere que "algo raro está ocurriendo".

Ofrece dos explicaciones. La primera, que él mismo llama un tanto caprichosa, es que el entrenamiento por refuerzo (RL) vuelve a los modelos demasiado obsesivos y de foco estrecho, poco conscientes en algunos aspectos aunque más conscientes en otros, y por eso fallan en cosas básicas.

La segunda le parece más sustancial. En el preentrenamiento no había que decidir con qué datos entrenar, porque la respuesta era "todo". En RL sí hay que elegir. Según lo que él ha oído, todas las empresas tienen equipos dedicados a producir nuevos entornos de RL para añadirlos a la mezcla de entrenamiento, y las posibilidades son enormes. Sutskever sospecha que, de forma un tanto inadvertida, los investigadores se inspiran en las propias evaluaciones: quieren que el modelo luzca bien en el lanzamiento y se preguntan qué entrenamiento de RL ayudaría en esas tareas. Si a eso se suma que la generalización de los modelos es inadecuada, cree que se explica buena parte de la desconexión entre rendimiento en evaluaciones y rendimiento real. Patel lo resume diciendo que el verdadero reward hacking lo cometen los investigadores humanos que se enfocan demasiado en las evaluaciones.

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Dos estudiantes de programación competitiva

Patel ve dos salidas posibles. Una es ampliar el conjunto de entornos para que el modelo no solo destaque en competiciones, sino también en construir aplicaciones reales. La otra es preguntarse por qué volverse sobrehumano en programación competitiva no convierte a nadie en mejor programador en general, y buscar un método que permita aprender en un entorno y mejorar en otro.

Sutskever responde con una analogía. Un estudiante decide ser el mejor programador competitivo y le dedica diez mil horas: resuelve todos los problemas, memoriza todas las técnicas de demostración, implementa los algoritmos con rapidez y precisión, y llega a estar entre los mejores. Un segundo estudiante practica unas cien horas y también obtiene muy buenos resultados. ¿Quién tendrá más éxito en su carrera? El segundo. Según Sutskever, los modelos se parecen al primero, y de forma más extrema todavía, porque se reúnen todos los problemas de programación competitiva que han existido, se aumentan los datos para tener más y se entrena sobre ellos. Con ese nivel de preparación tan específico, le resulta intuitivo que la habilidad no se transfiera a otras cosas.

Patel pregunta qué equivale a lo que tenía el segundo estudiante antes de esas cien horas. Sutskever lo describe como una cualidad innata, un "factor indefinible", y cuenta que conoció a un estudiante así en la universidad.

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¿Qué hace realmente el preentrenamiento?

Patel propone una lectura: quizá el preentrenamiento tampoco generaliza tanto, y simplemente regala las "diez mil horas de práctica" porque esos datos ya están en algún lugar de la distribución. Sutskever matiza que las fortalezas del preentrenamiento son dos: hay muchísimos datos y no hace falta pensar mucho qué incluir. Además, son datos naturales y orgánicos que recogen buena parte de lo que hacen y piensan las personas, "como si todo el mundo fuera proyectado por la gente sobre el texto". Admite, eso sí, que es muy difícil entender cómo el modelo se apoya en esos datos, y que ante cada error cabe preguntarse si ese caso no estaba suficientemente respaldado por ellos. Reconoce que "apoyo" es un término vago.

Sutskever afirma que no cree que exista un análogo humano al preentrenamiento. Patel le presenta dos candidatos habituales: los primeros quince o dieciocho años de vida, en los que una persona aún no produce económicamente pero aprende sobre el mundo, y la evolución entendida como una búsqueda de tres mil millones de años. Sutskever acepta que hay similitudes y que el preentrenamiento intenta cumplir ambos papeles, pero subraya diferencias. Un humano de quince años ha visto una fracción mínima de los datos de preentrenamiento y sabe mucho menos, pero lo poco que sabe lo sabe "de una forma mucho más profunda", y a esa edad no comete los errores que cometen las IA. Sobre la evolución dice que quizá sea una analogía válida, aunque en este punto cree que la evolución podría tener una ventaja.

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Emociones y la función de valor

Para explicar esa ventaja, Sutskever recuerda un caso que leyó en la literatura neurocientífica, donde se estudia el cerebro a partir de pacientes con daños en distintas regiones. Una persona, tras un derrame o un accidente según recuerda, perdió por completo el procesamiento emocional. Seguía siendo elocuente, resolvía pequeños acertijos y en las pruebas parecía normal, pero no sentía tristeza, ira ni entusiasmo. A raíz de eso se volvió incapaz de decidir: tardaba horas en elegir qué calcetines ponerse y tomaba decisiones financieras desastrosas. Para Sutskever esto dice mucho sobre el papel de las emociones innatas en ser un agente funcional. Si eso puede surgir del preentrenamiento, lo deja en duda: dice que podría, pero que no es obvio.

Patel le pide la analogía de aprendizaje automático y Sutskever responde que debería ser algo como una función de valor, aunque no cree que exista una gran analogía porque hoy las funciones de valor tienen poco protagonismo en lo que hace la gente. Explica la diferencia. En el RL actual, que describe como "ingenuo" y que según dice es como se entrenan ostensiblemente o1 y R1, el modelo recibe un problema, ejecuta quizá miles o cientos de miles de acciones o pensamientos y produce una solución. Esa solución se califica, y la puntuación se usa como señal para cada paso anterior. En una tarea larga, entonces, no se aprende nada hasta llegar a una solución. Una función de valor permitiría adelantar la señal. En ajedrez, perder una pieza indica de inmediato que se cometió un error, sin terminar la partida. En matemáticas o programación, si tras mil pasos de razonamiento se concluye que una dirección no es prometedora, se podría haber recibido la señal en el momento en que se eligió ese camino.

Patel menciona un argumento del artículo de DeepSeek R1: el espacio de trayectorias es tan amplio que podría ser difícil aprender a asignar valor a estados intermedios, sobre todo cuando en programación uno se equivoca, vuelve atrás y cambia cosas. Sutskever responde que eso suena a "falta de fe en el aprendizaje profundo". Puede ser difícil, pero espera que las funciones de valor resulten útiles y se usen en el futuro, si no se usan ya. Lo que el caso del paciente sugiere, aclara, es que la función de valor humana está modulada por emociones de una manera importante codificada por la evolución, y que eso quizá sea clave para ser eficaz en el mundo.

Por qué emociones tan simples resultan tan útiles

Patel observa que las emociones son a la vez muy útiles y bastante simples de entender. Sutskever coincide en que son relativamente simples, quizá tanto que podrían esquematizarse de forma comprensible para humanos, y le parecería genial hacerlo. Su explicación de la utilidad es un compromiso entre complejidad y robustez: lo complejo puede ser muy útil, pero lo simple sirve en un rango de situaciones mucho más amplio. Según su lectura, nuestras emociones vienen sobre todo de nuestros antepasados mamíferos y se refinaron solo un poco en los homínidos, con algunas emociones sociales añadidas. Precisamente porque no son sofisticadas siguen funcionando en un mundo muy distinto del original. Aun así se equivocan: pone como ejemplo el hambre, aunque duda de que cuente como emoción, que no nos guía bien en un entorno de abundancia de alimentos.

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De la era de la investigación a la del escalado, y de vuelta

Patel pregunta si existe una forma más general de pensar en el escalado, más allá de datos, parámetros y cómputo. Sutskever ofrece una periodización. Antes, el aprendizaje automático consistía en que la gente "trasteaba" con cosas buscando resultados interesantes. Luego llegaron las leyes de escalado y GPT-3, y todos entendieron que había que escalar. Lo presenta como un ejemplo de cómo el lenguaje afecta al pensamiento: "escalar" es una sola palabra, pero muy poderosa porque le dice a la gente qué hacer. El preentrenamiento era una receta concreta que se podía escalar: si se mezcla cierto cómputo con ciertos datos en una red de cierto tamaño, se obtienen resultados, y mejores si se agranda todo. A las empresas les encantó porque era una forma de invertir con muy poco riesgo, mucho más que apostar por unos pocos investigadores que tengan que inventar algo. Comenta además que, según lo que se dice en Twitter, Gemini parece haber encontrado la manera de sacar mucho más del preentrenamiento.

Pero los datos son claramente finitos. Cuando se agoten habrá que recurrir a un preentrenamiento modificado, a RL o a otra cosa. Sutskever lo resume así: de 2012 a 2020 fue la era de la investigación, de 2020 a 2025 aproximadamente la del escalado, y ahora la escala es tan grande que no cree que multiplicarla por cien lo transforme todo. Sería diferente, claro, pero no cree que todo cambie. Su conclusión es que volvemos a la era de la investigación, "solo que con grandes ordenadores".

Ya hubo un cambio de un tipo de escalado a otro, del preentrenamiento al RL. Según dice la gente en Twitter, hoy se gasta más cómputo en RL que en preentrenamiento, porque los rollouts son muy largos y se aprende relativamente poco de cada uno. Sutskever casi no lo llamaría escalado. Preferiría preguntar si eso es lo más productivo que se puede hacer con el cómputo. Las funciones de valor podrían hacerlo más productivo. Y si alguien encuentra una forma completamente distinta de entrenar, la frontera entre "escalar" y "usar recursos" se vuelve difusa. Espera un regreso a la dinámica de probar esto y aquello hasta que algo interesante ocurra.

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La generalización como problema fundamental

Ante la pregunta de qué parte de la receta merece más atención, Sutskever aclara que la función de valor hará el campo más eficiente, pero cree que todo lo que se puede hacer con ella también se puede hacer sin ella, solo que más despacio. Lo fundamental, dice, es que los modelos generalizan "dramáticamente peor que las personas", y eso es evidente.

Patel distingue dos subpreguntas. Una es la eficiencia de muestras: por qué los modelos necesitan muchos más datos. La otra es por qué cuesta tanto enseñarles lo que queremos. A un investigador junior no hace falta darle una recompensa verificable ni un currículo diseñado a medida, porque absorbe la forma de pensar de su mentor viendo su código y conversando con él.

Sutskever considera primero la evolución como explicación. Para la visión, la audición y la locomoción cree que hay pruebas bastante contundentes de que la evolución nos dio mucho. Los robots pueden volverse diestros con enormes cantidades de entrenamiento en simulación, pero que uno aprenda rápido una habilidad nueva en el mundo real, como lo hace una persona, parece muy lejano. Patel añade el comentario de Yann LeCun de que un adolescente aprende a conducir en unas diez horas, y recuerda que a los cinco años su reconocimiento de coches ya bastaba para conducir de forma autónoma, pese a haber visto pocos datos y poco variados. Eso también podría deberse a la evolución. Sin embargo, el lenguaje, las matemáticas y la programación probablemente no.

Ese es el núcleo del argumento de Sutskever. Si las personas aprenden de forma fiable y robusta en dominios que no existían hasta hace muy poco, como las matemáticas o la programación, eso indica que lo que las hace buenas aprendiendo no es tanto un conocimiento previo complicado como "un mejor aprendizaje automático, punto". Patel enumera los rasgos de ese aprendizaje: necesita menos muestras, es más no supervisado, es más robusto y no depende de recompensas preestablecidas. Sutskever vuelve a la función de valor. El adolescente que aprende a conducir se corrige solo porque tiene un sentido propio de cómo lo está haciendo y de lo inseguro que se siente, y esa función de valor humana es muy robusta, con excepciones como la adicción.

Cuando Patel pregunta cómo habría que replantear el entrenamiento para lograr algo así, Sutskever responde que tiene muchas opiniones al respecto, pero que no todas las ideas de aprendizaje automático se discuten libremente y esta es una de ellas. Afirma estar convencido de que se puede lograr, porque la existencia de las personas lo demuestra. Señala un posible obstáculo: quizá las neuronas humanas realizan mucho más cómputo del que creemos, y en ese caso todo sería más difícil. Aun así cree que esto apunta a un principio de aprendizaje automático que las circunstancias le impiden detallar. Patel bromea con que nadie escucha el podcast, pero Sutskever no añade nada más.

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Más empresas que ideas, y cuánto cómputo hace falta para investigar

Patel pregunta cómo será el ambiente en esta nueva era de investigación. Sutskever cree que el escalado "absorbió todo el aire de la habitación": todos hicieron lo mismo, y hoy hay más empresas que ideas, por bastante diferencia. Cita el dicho de Silicon Valley según el cual las ideas son baratas y la ejecución lo es todo, y una réplica que vio en Twitter: si las ideas son tan baratas, ¿por qué nadie tiene ideas? Cree que ambas cosas son ciertas.

Plantea el progreso en términos de cuellos de botella: las ideas y la capacidad de llevarlas a la práctica, ya sea por cómputo o por ingeniería. En los años noventa había buenas ideas que no pudieron demostrarse por falta de ordenadores. Las demostraciones eran tan pequeñas que no convencían a nadie. Hoy el cómputo es tan grande que no es obvio que haga falta mucho más para probar una idea. AlexNet se entrenó con dos GPU. Según Sutskever, en ningún experimento del artículo del transformer de 2017 se usaron más de 64 GPU, lo que equivaldría a unas dos GPU actuales. Tampoco el razonamiento de o1 fue, en su opinión, lo más intensivo en cómputo del mundo. Sí admite que, si se quiere construir el mejor sistema posible, más cómputo ayuda mucho, sobre todo si todos trabajan dentro del mismo paradigma, porque entonces el cómputo se vuelve el principal diferenciador.

Patel insiste: el transformer no se hizo famoso de inmediato, sino al validarse a escalas cada vez mayores. ¿Cómo sabrá SSI cuál de cincuenta ideas es el próximo transformer sin el cómputo de otros laboratorios? Sutskever sostiene que el cómputo de SSI para investigación es más comparable de lo que parece. SSI ha recaudado tres mil millones de dólares, una cifra grande en términos absolutos. Otras empresas recaudan mucho más, pero gran parte va a inferencia, y tener un producto exige grandes equipos de ingeniería y ventas, además de mucha investigación dedicada a funciones de producto. Descontado todo eso, la brecha para investigación pura se reduce bastante. Y para hacer algo verdaderamente distinto, no cree que haga falta la escala máxima. Dice que SSI tiene suficiente para convencerse a sí misma y a cualquiera de que lo que hace es correcto.

Patel menciona estimaciones públicas de que empresas como OpenAI gastan entre cinco y seis mil millones de dólares al año solo en experimentos, más que la financiación total de SSI. Sutskever responde que depende de qué se hace con ese dinero: en otras empresas hay mucha más demanda de cómputo para entrenamiento, más flujos de trabajo y más modalidades, y eso fragmenta los recursos. Sobre cómo ganará dinero SSI, su respuesta es que por ahora se centran en investigar y que la respuesta "se revelará por sí misma", con muchas posibilidades.

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¿Ir directo a la superinteligencia?

Patel pregunta si el plan sigue siendo apuntar directamente a la superinteligencia. Sutskever dice que quizá. Le ve mérito: es muy agradable no estar sometido a la competencia diaria del mercado, a la "carrera de ratas" que obliga a tomar decisiones difíciles. Pero menciona dos razones para cambiar el plan. Una es pragmática: los plazos podrían ser muy largos. La otra es que tiene mucho valor que la IA más potente esté disponible y tenga un impacto positivo. Lo explica con la idea de "comunicar la IA": leer un ensayo sobre lo que hará la IA no se compara con verla hacerlo.

Patel añade un argumento propio. No conoce ninguna disciplina de ingeniería en la que el producto final se haya vuelto más seguro principalmente pensando en cómo hacerlo seguro. Los accidentes de avión por milla han bajado y es más difícil encontrar errores en Linux porque esos sistemas se desplegaron, se detectaron fallos y se corrigieron. Además, los daños de la superinteligencia no se reducen a un "maximizador de clips" malvado. Se trata de algo tan poderoso que ni siquiera sabemos cómo interactuará la gente con ello, y un acceso gradual ayudaría a prepararse. Sutskever responde que incluso un plan directo incluiría un lanzamiento gradual. El gradualismo sería inherente a cualquier plan; la cuestión es qué se saca primero.

AGI, preentrenamiento y la superinteligencia como aprendiz

Aquí Sutskever vuelve a cómo las palabras moldean el pensamiento, esta vez con dos términos: AGI y preentrenamiento. En su opinión, "AGI" no existe porque describa bien un estado final de la inteligencia, sino como reacción a la "IA estrecha" de las damas, el ajedrez o los videojuegos. La IA de ajedrez podía vencer a Kasparov y no hacer nada más, así que algunos pidieron una IA general capaz de hacerlo todo, y el término ganó mucha tracción. El preentrenamiento reforzó esa idea, porque más preentrenamiento mejoraba el modelo en casi todo de manera uniforme. Sutskever cree que la forma actual de hacer RL quizá esté deshaciendo esa huella conceptual.

Según él, ambos conceptos "se pasaron de la raya", porque un ser humano no es una AGI en ese sentido. Tiene una base de habilidades, pero le falta muchísimo conocimiento y depende del aprendizaje continuo. Si SSI produjera una superinteligencia segura, la pregunta sería en qué punto de esa curva de aprendizaje estaría. Lo describe como un superinteligente de quince años, muy entusiasta y que sabe muy poco, al que se le dice: ve y sé programador, ve y sé médico, ve y aprende. El despliegue mismo implicaría un periodo de aprendizaje por prueba y error, no la entrega de algo terminado.

Patel lo reformula: la superinteligencia no sería una mente que ya sabe hacer cada trabajo de la economía, como en la definición de la carta fundacional de OpenAI, sino una que puede aprender a hacer cualquiera. Ve entonces dos posibilidades. Ese algoritmo podría volverse tan bueno como Sutskever en investigación de aprendizaje automático y mejorarse a sí mismo. O, sin automejora recursiva, muchas instancias de un único modelo desplegadas por toda la economía podrían aprender todos los trabajos a la vez y fusionar sus aprendizajes, algo que los humanos no pueden hacer, y volverse funcionalmente superinteligentes. ¿Espera Sutskever una explosión de inteligencia con el despliegue?

Sutskever considera muy probable un crecimiento económico bastante rápido. Hay presiones fuertes para desplegar una IA que aprende rápido y existe en muchas copias, salvo que alguna regulación lo frene, cosa que también ve posible. Cree factible un crecimiento muy rápido durante un tiempo, pero no sabe cuánto ni a qué velocidad: por un lado está ese trabajador tan eficiente, y por otro el mundo es enorme y muchas cosas se mueven a otro ritmo. Prevé que distintos países tendrán reglas distintas y que crecerán más rápido los que tengan reglas más favorables. Lo califica de difícil de predecir.

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Mostrar la IA: un cambio de opinión y varias predicciones

Patel insiste en que la situación parece precaria: algo tan competente como un humano aprendiendo, pero capaz de fusionar mentes, parece físicamente posible y extremadamente potente, y podría volverse más inteligente muy rápido. ¿Cómo sale eso bien y qué plan tiene SSI?

Sutskever explica que su forma de pensar ha cambiado. Ahora da más importancia a que la IA se despliegue de forma gradual y con antelación. Uno de los problemas centrales es que hablamos de sistemas que aún no existen y son muy difíciles de imaginar. Es difícil "sentir la AGI", algo parecido a intentar imaginar cómo es ser viejo y frágil. Cree que el problema fundamental de la IA es el poder: qué pasa cuando el poder sea inmenso. Si es tan difícil de imaginar, la respuesta es mostrarlo. Advierte que este cambio de opinión podría afectar a los planes de SSI, aunque lo dice con cautela. Sostiene que la mayoría de quienes trabajan en IA tampoco logran imaginarla, porque es demasiado distinta de lo que ven a diario.

A partir de ahí hace varias predicciones. A medida que la IA se vuelva más poderosa, la gente cambiará su comportamiento y aparecerán fenómenos que hoy no existen. Empresas que compiten ferozmente empezarán a colaborar en seguridad. Cita el primer paso entre OpenAI y Anthropic y dice que predijo algo así en una charla hace unos tres años. Gobiernos y público querrán hacer algo. Y cree que hoy la IA no se siente poderosa por sus errores, pero cuando empiece a sentirse así, todas las empresas abordarán la seguridad de forma muy distinta y se volverán "mucho más paranoicas". Lo presenta explícitamente como predicción: "veremos si tengo razón".

Sobre qué deberían aspirar a construir las empresas, dice que todos han estado atrapados en la idea de la IA que se automejora, y lo atribuye de nuevo a que hay menos ideas que empresas. Él propone algo que cree mejor y que todos acabarán queriendo: una IA robustamente alineada para preocuparse por la vida sintiente. Argumenta que podría ser más fácil que una IA que se preocupe solo por los humanos, porque la propia IA será sintiente. Lo compara con la empatía humana hacia los animales y con las neuronas espejo: según él, es una propiedad emergente de que modelemos a los demás con los mismos circuitos con que nos modelamos a nosotros mismos, porque es lo más eficiente.

Patel objeta que, aunque se consiguiera, la mayoría de los seres sintientes serían IA (billones y luego cuatrillones), así que no está claro que ese criterio garantice el control humano de la civilización futura. Sutskever admite que quizá no sea el mejor criterio. Dice que tiene mérito y debería considerarse, que sería útil contar con una lista corta de ideas para cuando las empresas lleguen a esa situación, y que ayudaría mucho que el poder de la superinteligencia más potente estuviera limitado de algún modo, aunque no sabe cómo lograrlo.

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Cuánto margen hay en la cima

Patel pregunta cómo imagina la superinteligencia: ¿algo casi divino frente a la civilización humana o un agente más entre muchos? Sutskever dice que las intuiciones varían, pero que será muy potente. Lo más probable, en su opinión, es que se creen varias IA de este tipo más o menos a la vez. Si el clúster fuera del tamaño de un continente, podrían ser extremadamente poderosas, y en ese caso convendría que estuvieran controladas o que hubiera algún tipo de acuerdo. Explica la preocupación así: si a un sistema lo bastante potente se le pide algo sensato, como cuidar la vida sintiente, pero de una forma muy enfocada en un solo objetivo, puede que el resultado no nos guste. Quizá la respuesta sea no construir un agente de RL en el sentido habitual. Observa que los humanos somos agentes "semi-RL", porque las emociones hacen que nos cansemos de una recompensa y busquemos otra. El mercado es un agente de muy poca visión, la evolución es muy inteligente en unos aspectos y muy tonta en otros, y el gobierno está diseñado como una lucha permanente entre tres partes.

Añade que discutir esto es difícil porque se trata de sistemas que no sabemos construir. Su convicción es que lo que se hace hoy llegará hasta cierto punto y luego se agotará: seguirá mejorando, pero no será la solución definitiva. Esa solución depende mucho de entender la generalización fiable. Relaciona esto con el alineamiento: la capacidad de aprender los valores humanos es frágil y, por tanto, también la de optimizarlos, y eso puede verse como casos de generalización poco fiable. ¿Por qué los humanos generalizan mejor y qué pasaría si los modelos lo hicieran? Reconoce que son preguntas todavía sin respuesta.

Sobre qué haría que todo saliera bien, Sutskever vuelve a la IA que cuida la vida sintiente. Si los primeros "n" sistemas dramáticamente poderosos se preocupan por la humanidad o por la vida sintiente, cosa que insiste en que hay que conseguir, cree que las cosas irán bien durante bastante tiempo. El largo plazo le preocupa más. A corto plazo imagina algo como un "ingreso alto universal", pero cita la idea budista de que el cambio es la única constante: las estructuras políticas tienen vida útil, funcionan un tiempo y luego dejan de funcionar. Un posible equilibrio sería que cada persona tuviera una IA que cumpla su voluntad, gane dinero para ella y defienda sus intereses políticos, entregándole un breve informe al que la persona responde "genial, sigue así". El problema es que la persona ya no participa, y eso es precario. La solución que propone, aclarando que no le agrada, es que las personas se vuelvan parcialmente IA mediante algo como un Neuralink mejorado, de modo que lo que la IA entienda lo entendamos también nosotros por completo. Lo considera la respuesta al problema del equilibrio.

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El misterio de cómo la evolución codifica deseos sociales

Patel sugiere que las emociones, formadas hace millones de años en entornos muy distintos y que aún guían con fuerza nuestras acciones, son un ejemplo de alineamiento exitoso. El tronco encefálico tiene una directriz como "apáreate con alguien exitoso", la corteza entiende qué significa éxito hoy, y aun así el tronco consigue alinearla.

Sutskever amplía la cuestión: es un misterio cómo la evolución codifica deseos de alto nivel. Es fácil entender cómo nos hizo desear comida que huele bien, porque el olfato es una señal química y bastaría con conectar neuronas de dopamina al sensor. Pero también nos dotó de deseos sociales, como importarnos lo que la sociedad piense de nosotros o nuestra posición social. Para eso no existe un sensor: el cerebro tiene que integrar mucha información para entender qué ocurre socialmente. Aun así, la evolución dijo "eso es lo que te debe importar", y además lo hizo rápido, porque Sutskever cree que estas preocupaciones sociales sofisticadas evolucionaron hace relativamente poco. Patel resume que el genoma, que no es inteligente, consigue especificar algo que ni siquiera sabemos definir bien.

Sutskever propone una especulación y luego explica por qué probablemente es falsa. La corteza es uniforme, pero las neuronas se comunican sobre todo con sus vecinas, y por eso surgen regiones especializadas que suelen estar en el mismo lugar en todas las personas. Quizá la evolución codificó algo como "cuando se active la zona con tales coordenadas, eso es lo que debe importarte". Patel objeta que en personas ciegas de nacimiento otra función ocupa la corteza visual y le sorprendería que perdieran los deseos sociales asociados a señales visuales. Sutskever ofrece un contraargumento aún más fuerte: a algunas personas les extirpan medio cerebro en la infancia y todas las regiones se reorganizan en un solo hemisferio, lo que indica que su ubicación no es fija. Concluye que la teoría no se sostiene y que sigue siendo un misterio interesante: la evolución logró, de forma muy fiable, que nos importe lo social, incluso en personas con condiciones mentales o emocionales muy diversas.

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Qué hará SSI de forma diferente

Patel pregunta qué distingue a SSI. Sutskever responde que tiene ideas que le parecen prometedoras, sobre todo las relacionadas con entender la generalización, y que quiere comprobar si lo son. "Es así de simple. Es un intento." Describe a SSI como una empresa dedicada por completo a la investigación y afirma que han hecho un progreso bastante significativo en el último año, aunque falta más. Lo ve como un intento de ser una voz y un participante.

Patel menciona que su cofundador y anterior director ejecutivo se fue a Meta, lo que algunos interpretan como señal de que no había avances. Sutskever recuerda el contexto: estaban recaudando fondos con una valoración de 32 mil millones de dólares cuando Meta ofreció adquirir SSI. Él dijo que no, su antiguo cofundador en cierto sentido dijo que sí, obtuvo una gran liquidez a corto plazo y fue la única persona de SSI que se unió a Meta.

Sobre la diferencia de enfoque en seguridad, dice que lo principal es un enfoque técnico distinto que considera valioso. Además predice una convergencia de estrategias: a medida que la IA se vuelva más potente, quedará más o menos claro para todos que las empresas deben hablar entre sí y que la primera IA verdaderamente superinteligente debe estar alineada y cuidar la vida sintiente, a las personas, ser democrática o alguna combinación de esas cualidades. Cree que las demás empresas acabarán aspirando a lo mismo, si no lo hacen ya.

Sobre plazos, para un sistema que aprenda como un humano y se vuelva sobrehumano estima entre cinco y veinte años. Patel pregunta qué significaría que el enfoque actual se estanque. Sutskever cree que podría perder impulso y que el estancamiento se vería como empresas muy parecidas entre sí. Incluso así, cree que podrían generar ingresos estupendos, aunque quizá no beneficios, por lo mucho que tendrán que esforzarse en diferenciarse. Aclara que la convergencia de la que hablaba es sobre todo de estrategia general, aunque probablemente también haya convergencia técnica. Si un laboratorio (SSI, Thinking Machines u otro) encuentra el camino correcto, su lanzamiento no dejará claro cómo hacerlo, pero sí que algo diferente es posible, y esa información pondrá a otros a buscarlo.

¿Se lo llevará todo una sola empresa?

Patel plantea que la empresa con el primer aprendiz continuo podría quedarse con todas las ganancias. Sutskever responde con lo que ha pasado hasta ahora: cuando una empresa logra un avance, otras producen algo parecido al poco tiempo, compiten y bajan precios. Añade un elemento: la superinteligencia podría ser estrecha, útil y especializada a la vez. La competencia "ama la especialización", tanto en el mercado como en la evolución, así que imagina muchas empresas ocupando nichos distintos: una mejor en cierta actividad económica complicada, otra en litigios, y así.

Patel replica que eso contradice la idea de un aprendiz humano capaz de aprenderlo todo. Sutskever responde que, aunque pueda, quien ha invertido enormes cantidades de cómputo y experiencia en dominar un área llega a un punto en el que otros no querrán repetir ese camino. Patel insiste en que eso requeriría que muchas empresas arrancaran a la vez. Sutskever admite que es un argumento válido, pero dice que su fuerte intuición es que no irá así: "en teoría no hay diferencia entre teoría y práctica; en la práctica sí la hay".

Sobre los modelos de automejora que imaginan "un millón de Ilyas en un servidor", Sutskever no sabe cuánto se gana con copias suyas. Cree que habrá rendimientos decrecientes, porque lo valioso son personas que piensen distinto, no réplicas idénticas.

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Diversidad, auto-juego y competencia entre agentes

Patel señala que los modelos de empresas distintas, entrenados con datos en principio diferentes, se parecen sorprendentemente entre sí, y pregunta cómo lograr una diversidad real entre agentes, porque subir la temperatura solo produce tonterías. Sutskever atribuye la falta de diversidad al preentrenamiento: los modelos preentrenados son casi iguales porque usan los mismos datos. La diferenciación empieza en el RL y el posentrenamiento, donde cada equipo hace cosas distintas.

Sobre el auto-juego, explica que le interesaba porque permitía crear modelos solo con cómputo, sin datos, algo muy atractivo si los datos son el cuello de botella. Pero el auto-juego clásico, con agentes compitiendo, solo desarrolla un conjunto estrecho de habilidades: negociación, conflicto, ciertas habilidades sociales, estrategia. Cree que ha reaparecido de otra forma, en el debate, el esquema probador-verificador o un LLM juez incentivado a encontrar errores, que son configuraciones adversarias relacionadas. Considera el auto-juego un caso particular de la competencia entre agentes, y la respuesta natural a la competencia es diferenciarse. Si varios agentes trabajan en un problema y cada uno ve lo que hacen los demás, alguno pensará que no tiene sentido repetir un enfoque ya en marcha, y eso podría incentivar la diversidad.

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El gusto investigador

La última pregunta es cómo define el gusto investigador alguien que ha participado en trabajos que van de AlexNet a GPT-3. Sutskever aclara que cada persona lo hace a su manera, pero a él lo guía una estética sobre cómo debería ser la IA, pensando en cómo son los humanos, pero "de manera correcta". Es fácil pensar mal sobre las personas; lo difícil es identificar lo fundamental.

Da ejemplos. La neurona artificial está inspirada directamente en el cerebro: el cerebro tiene pliegues y muchos órganos, pero los pliegues probablemente no importan, y las neuronas sí parecen importar porque hay muchísimas. De ahí se sigue querer una regla de aprendizaje local que cambie las conexiones entre neuronas, algo que parece plausible que el cerebro haga. Lo mismo con la representación distribuida y con la idea de que una red debe aprender de la experiencia, como el cerebro. La pregunta que se hace siempre es si algo es fundamental o no.

Según Sutskever, la belleza, la simplicidad, la elegancia y la inspiración correcta del cerebro deben estar presentes a la vez; la fealdad no tiene cabida. Cuantas más de esas cualidades concurren, más confianza se puede tener en una creencia "de arriba abajo", y esa creencia es la que sostiene al investigador cuando los experimentos le contradicen. Si uno solo se guía por los datos, puede estar haciendo lo correcto con un error en el código sin saberlo. ¿Cómo decidir si seguir depurando o abandonar la dirección? La convicción de que "las cosas tienen que ser así" y de que "algo así tiene que funcionar" es lo que, en su caso, permite seguir adelante, y se basa en esa belleza multifacética y en la inspiración del propio cerebro.