Samuráis: cómo los guerreros de la paz inventaron a los guerreros de la guerra
Fundación Juan MarchEn la segunda sesión del ciclo Místicos y guerreros de Oriente, el historiador Jonathan López-Vera plantea una pregunta de partida: cuando hablamos de samuráis, ¿de qué samurái hablamos? Su tesis es que la imagen popular del samurái como caballero del honor, leal, frugal y compasivo, no describe a quienes combatieron en los campos de batalla japoneses. Según López-Vera, esa imagen la construyeron siglos después samuráis que ya no hacían la guerra. Lo hicieron para justificar su lugar en la sociedad, y más tarde varios gobiernos japoneses la reutilizaron para sus propios fines. El ponente abre con una imagen de Los siete samuráis de Kurosawa y advierte que el mito puede ser atractivo, pero que conviene al menos saber distinguirlo de la realidad histórica. Esa realidad coincide con el mito en algunos puntos, porque los mitos no surgen del vacío, pero se aparta de él en muchos otros.
Qué es un samurái: mil años de existencia y siete siglos de gobierno
López-Vera empieza con una definición deliberadamente sencilla. Un samurái es un guerrero japonés que existió aproximadamente desde comienzos del siglo IX hasta 1877. El inicio es difuso, porque cuesta decidir en qué momento los guerreros de Japón pasan a ser samuráis. El final, en cambio, está bien fechado: se sabe en qué año se decretó su desaparición. Hablamos, en números redondos, de unos mil años. Durante casi siete de esos siglos, entre 1185 y 1868, los samuráis además gobernaron Japón.
Para explicar el origen, el ponente se remonta mucho atrás. En casi todas las civilizaciones es difícil separar al cazador del guerrero. Quienes sabían montar a caballo y disparar con arco a una liebre eran también los más aptos cuando el grupo tenía que defenderse o atacar a otro, por ejemplo para quedarse con el excedente de la cosecha del vecino. Cuando esas sociedades se especializan, surgen élites guerreras. Eso ocurre también en Japón, pero pasará mucho tiempo antes de que se pueda hablar de samuráis. Como ejemplo muestra una figura de arcilla antigua: la armadura y la espada de ese guerrero se parecen mucho a las de sus contemporáneos de Corea o China y todavía no tienen los rasgos propios del samurái.
Del reino de Yamato a las élites guerreras provinciales
Hacia el siglo VI surge el reino de Yamato. Primero fue un grupo humano entre muchos; luego creció conquistando territorios o aliándose con ellos y acabó siendo, en palabras del ponente, la semilla de lo que hoy es Japón. Su gobierno era aristocrático y cortesano, con un emperador en la cúspide, muy parecido al chino. López-Vera compara el papel de China para Japón con el de la Grecia clásica para Europa: la cuna de su civilización. Recuerda que muchas cosas que consideramos típicamente japonesas tienen origen chino, y pone como ejemplo el budismo zen, versión japonesa del budismo chan del que se habló en la sesión anterior del ciclo. Añade que una de las capitales de esa época se construyó a imagen de la capital china.
La corte controlaba la capital. Para las provincias, sobre todo las más alejadas, disponía de un ejército propio, formado por soldados profesionales de las élites guerreras y por campesinos reclutados, un modelo que según el ponente resulta familiar desde la historia europea. Con el tiempo, la corte de Kioto fue confiando lo militar a las élites guerreras locales. A cambio, estas podían quedarse con buena parte de los impuestos que antes se enviaban a la capital. El trato era, más o menos: recauda tú los impuestos de los campesinos de tu territorio y quédatelos, pero financia con ellos tu propio ejército y tu propia policía.
Esas élites locales se enriquecieron y se militarizaron mucho más de lo que ya estaban. Se creó así un desequilibrio creciente entre el centro, que conservaba la legitimidad simbólica pero perdía poder real, y la periferia, que lo ganaba. López-Vera sostiene que, en cualquier lugar y época, cuando se produce este desequilibrio lo habitual es que desemboque en un cambio de paradigma, y Japón no fue una excepción.
El origen de la palabra "samurái" y el primer shogunato
A comienzos del siglo IX, algunos miembros de estas élites provinciales empiezan a instalarse en la capital, curiosamente a petición de los propios cortesanos. Muchos cortesanos estaban emparentados con clanes guerreros y les pedían que les enviaran hombres, entre otras cosas para defender la capital de los ataques de los monasterios budistas cercanos. Cuando esos monasterios no estaban de acuerdo con alguna decisión de la corte, mandaban a sus monjes guerreros y a sacerdotes que lanzaban maldiciones, algo que en la época se tomaba muy en serio. Según el ponente, los especialistas suelen coincidir en que a partir de ese momento ya se puede hablar de samuráis, tanto por su armamento y su armadura como por el nombre que reciben.
La palabra "samurái" deriva de saburau, un verbo antiguo que ya no se usa y que significa "servir a un superior". En la capital se aplicaba al servicio doméstico: criadas, mayordomos, mozos de cuadra. Cuando llegaron los guerreros a trabajar para familias cortesanas, se les llamó igual. Con el tiempo el término dejó de usarse para los sirvientes y quedó reservado a los guerreros. López-Vera añade que en Japón se usa mucho más la palabra bushi, "guerrero", que samurái.
Estos guerreros se dieron cuenta pronto de que tenían el monopolio de la fuerza. Eran ellos quienes resolvían con las armas las disputas cortesanas sobre quién sería el próximo emperador o el próximo ministro, y acabaron preguntándose por qué no mandar ellos directamente. El ponente señala que sectores del ejército llegan a esa conclusión con frecuencia en todo el mundo. Una serie de conflictos desembocó en el primer gran conflicto armado samurái, en 1185. El clan vencedor instauró un gobierno, el shogunato. López-Vera explica el término recordando la serie de los años ochenta con Richard Chamberlain, la novela en que se basaba y la versión reciente. El shogun es un samurái que manda sobre todo Japón, un gobernante militar, y el shogunato es su gobierno. La corte y el emperador siguieron existiendo, pero reducidos a funciones simbólicas y religiosas. Después de ese primer shogunato hubo dos más. El primero toma el nombre de la ciudad donde tenía su sede, Kamakura; los otros dos, el apellido de la familia que los controlaba. En conjunto suman unos setecientos años de gobierno samurái, de finales del siglo XII a finales del XIX.
El estereotipo omnipresente
Antes de entrar en la distinción entre mito y realidad, López-Vera recuerda que el samurái es probablemente el estereotipo más omnipresente de la ficción y la cultura pop japonesas. Aparece en el cine, en el anime, en series de imagen real como la nueva Shogun, en el manga y en cómics estadounidenses. Aparece incluso con personajes que no son japoneses, como Batman vestido de samurái en una película que, observa con ironía, se titula Batman Ninja, quizá por decisión del departamento de marketing. También está en novelas japonesas y extranjeras, en videojuegos y hasta en el fútbol: la selección japonesa se conoce como Samurai Blue, igual que la española como "la Roja". Por eso casi todo el mundo cree conocer al samurái. El ponente reconoce que no es un gran problema, pero sí un problema: lo que se conoce es la versión mitificada y romantizada, no la figura histórica.
Dos tipos de samurái separados por 1615
Para explicar por qué no se puede hablar de "los samuráis" como de una sola cosa, López-Vera muestra dos imágenes: un soldado francés del siglo XXI y otro del siglo X. No se parecen como soldados, porque no comparten armamento ni tácticas. Tampoco como personas: entienden el mundo de otra manera y tienen otra ética y otros valores. Nadie se extraña, porque los separan mil años. Sin embargo, observa el ponente, cuando le preguntan qué pensaban los samuráis de tal cosa o qué entrenamiento seguían, lo hacen como si en esos mil años no hubiera cambiado nada, como si fueran un ente monolítico.
Sin llegar a exigir el año concreto, él propone al menos distinguir dos tipos de samurái que "no tienen nada que ver" entre sí, y sitúa la frontera en 1615. Ese año se libró la última batalla samurái en dos siglos y medio; la siguiente no llegó hasta 1868. Todo el periodo Edo fue, en sus palabras, de paz absoluta. Quedan así, por un lado, los samuráis que sí hacían la guerra, durante unos siete siglos, y por otro los que, siendo guerreros, no la hacían, durante unos dos siglos y medio.
El problema, según López-Vera, es que buena parte de lo que sabemos de los samuráis combatientes nos lo contaron los samuráis de la paz. Y lo peor, añade, es que la mayor parte de lo que contaron es mentira: se lo inventaron. El resto de la conferencia explica cómo y por qué.
Los tres unificadores y las leyes que fijaron al samurái
El ponente presenta a los tres personajes que "tienen que salir siempre" y que, bromea, van juntos como los yogures en pack. El contexto es el periodo Sengoku, entre mediados o finales del siglo XV y finales del XVI. Durante unos 140 años, Japón vivió una guerra de todos contra todos: cada territorio estaba en manos de un clan samurái enfrentado a todos sus vecinos, ya fuera para conquistarlos o para no ser conquistado. Había un gobierno central, un emperador y un shogun, pero en la práctica solo controlaban Kioto.
Oda Nobunaga fue el primero en hacerse con la capital. Según explica López-Vera, conquistar todo el país de golpe era imposible, pero tomar la capital era más asequible y daba una posición de salida privilegiada. Quien controlaba Kioto contaba con el beneplácito del emperador y del shogun y pasaba a ser una especie de candidato oficial, frente al cual los demás eran rebeldes, lo que facilitaba que muchos pactaran. Desde allí, Nobunaga conquistó aproximadamente un tercio del territorio. No pudo seguir porque uno de sus generales de confianza lo traicionó, y él se suicidó antes de que lo mataran.
Le sucedió Toyotomi Hideyoshi, tema de la tesis doctoral del ponente, que confiesa haberle tenido cierto odio durante la tesis y haber vuelto a quererlo con el tiempo. Hideyoshi era uno de los generales leales de Nobunaga. Se aseguró la sucesión, entre otras cosas, eliminando al traidor en trece días, y en 1590, ocho años después de la muerte de Nobunaga, ya dominaba todo Japón.
De su labor legislativa, López-Vera destaca dos leyes. La primera establece que solo es samurái el hijo o la hija de un samurái, y que además está obligado a serlo. No era un privilegio opcional: quien quisiera fabricar calcetines debería haber nacido hijo de un fabricante de calcetines, y a partir de entonces los demás oficios también se heredan del padre. La segunda ley fija que los samuráis cobren un sueldo pagado por su señor que no depende de ningún servicio previo.
Para mostrar el cambio, el ponente describe cómo se cobraba antes, un detalle que, dice, no suele salir en las películas. Al terminar una batalla, el ejército vencedor montaba mesas de recuento. Allí acudían los samuráis con las cabezas de los enemigos abatidos, y la recompensa dependía del número, con más valor para las de personajes importantes: no era lo mismo la cabeza de un cabo que la de un general. Con las leyes de Hideyoshi, cada samurái recibe un sueldo fijo según su rango, que heredan también sus hijos, y ese rango se hereda igualmente. Había samuráis ricos y otros que apenas llegaban a fin de mes.
El tercer unificador, Tokugawa Ieyasu, instauró un gobierno que duró unos 250 años y conservó esas dos leyes de Hideyoshi. Es la etapa que a menudo se llama Pax Tokugawa, una etiqueta que a López-Vera no le gusta porque traslada a Japón un concepto de la historiografía europea, calcado de la Pax Romana, aunque reconoce que describe esos años sin batallas.
Una clase guerrera sin guerra y en crecimiento
Así, una clase guerrera cobraba cada mes haya guerras o no, y un gobierno no quería que las hubiera, porque quien manda no quiere cambios. Además, al ser hereditaria, la clase no dejaba de crecer. El ponente lo ilustra con un cálculo que presenta como ejemplo ilustrativo. En tiempos de guerra, un samurái podía morir hacia los treinta años, porque por bueno que fuera, en cincuenta batallas acababa cayendo en alguna. Habría cobrado treinta años y tenido, digamos, dos hijos. En tiempos de paz, muere a los setenta de cirrosis ("en época de paz se bebía mucho") o de neumonía, tras setenta años de sueldo y quizá ocho hijos, que a su vez serán samuráis durante setenta años y tendrán otros ocho. A lo largo de 250 años, son muchas generaciones.
El neoconfucianismo y la búsqueda de un nuevo papel
El gobierno Tokugawa adoptó como ideología oficial el neoconfucianismo, una escuela dentro del confucianismo que López-Vera compara con lo que sería el aristotelismo respecto a Aristóteles. Muy resumido, su idea central es que cada persona debe desempeñar lo mejor posible el papel que le ha tocado por nacimiento. No basta con ser samurái porque lo era tu padre: el objetivo vital es ser el mejor samurái posible. El ponente relaciona esta educación con la llamada "excelencia japonesa": el zapatero debe aspirar a ser el mejor zapatero del mundo, y el hijo de un mendigo, el mejor mendigo posible. Tampoco se debe soñar con ser otra cosa, porque la jerarquía social forma parte del orden natural del universo, como la ley de la gravedad. Para un gobierno, observa, es una ideología fantástica, porque desalienta golpes de estado y complots. Lo compara con los reyes europeos "por la gracia de Dios".
La doctrina chocaba con un problema evidente: ¿cómo va a ser el mejor guerrero posible alguien que vive sin guerras? El malestar crecía en épocas de malas cosechas y hambrunas. Un campesino al que le va bien puede ver como injusta una clase privilegiada que cobra sin hacer casi nada, pero cuando ve morir a su familia, esa injusticia le molesta mucho más. El sistema, según López-Vera, lo sabía y buscó un nuevo papel para los samuráis que justificara sus privilegios: ser ejemplo vivo de las virtudes confucianas, como la lealtad, la obediencia, el honor, el respeto, la frugalidad, la modestia o la compasión. El gobierno quería una sociedad así, y los samuráis debían darle ejemplo.
¿Qué hacían los samuráis en tiempo de paz?
Algunos seguían en el ejército, que se mantenía por si la paz se rompía o un país vecino atacaba. Otros ejercían funciones policiales en las ciudades. Pero no había plazas para tantos. Muchos se hicieron burócratas, contables y administrativos, una reconversión que el ponente resume como pasar "del campo de batalla al Excel". Aun así, tampoco había trabajo para todos, y muchos simplemente no trabajaban: acompañaban a su señor durante seis meses o un año a Edo, la actual Tokio, sede del gobierno mientras Kioto seguía siendo la capital. Esa ociosidad remunerada era lo que la población veía con malos ojos.
Como tenían tiempo libre y una buena educación, fueron también los principales cultivadores de las artes. López-Vera cuenta que, como historiador político, despacha el periodo Edo con rapidez porque no hubo cambios de gobierno ni guerras. Para un historiador del arte, en cambio, es la gran época de efervescencia, porque "en tiempos de guerra la gente no está para poesía". Florecen o nacen entonces el haiku, el ikebana, la ceremonia del té, los grabados ukiyo-e y el teatro kabuki. Los practicaban sobre todo samuráis, junto con comerciantes adinerados. El ocio también incluía casas de juego y prostíbulos; en Edo llegó a existir todo un distrito de placer. Esa distancia entre las virtudes predicadas y la vida real era, según el ponente, algo que el pueblo percibía.
Literatura, censura y reescritura del pasado
El campo decisivo para el argumento es la literatura. López-Vera describe una sociedad urbana con poco analfabetismo que consumía novelas, folletines y obras de teatro. Los libros se multiplicaron gracias a la imprenta de tipos móviles y, sobre todo, al grabado en madera, la misma técnica de los ukiyo-e como la famosa gran ola, que servía tanto para las ilustraciones como para el texto. Edo llegó a tener un millón de habitantes y fue, según el ponente, la ciudad más poblada del planeta con bastante diferencia. Los samuráis eran a la vez consumidores y autores de estos textos.
Se produjeron cuatro tipos de obras relevantes. Se recuperaron las crónicas guerreras del pasado, los gunki monogatari, parecidas a los cantares de gesta europeos. Se publicaron novelas ilustradas cuyo héroe era siempre un samurái que se comportaba como se suponía que debía hacerlo. En el teatro kabuki y en el bunraku, una versión con marionetas complejas manejadas por varios marionetistas, los héroes perfectos eran también samuráis, y los autores solían serlo. Y se escribieron códigos éticos que explicaban cómo debía comportarse un samurái. El ponente comenta que, cuando hay que escribir un código para decirle a tu gente cómo comportarse, es porque no se está comportando así.
Todas estas obras atribuían las virtudes de los códigos a samuráis del pasado. La razón era una ley del gobierno, que había empezado en 1603: se podía escribir ficción, pero no ambientada en el presente, sino siglos atrás, para evitar críticas sociales encubiertas. Si alguien se metía con un gobierno, sería el de otros. López-Vera reconoce que, dentro de ser censura, era pragmáticamente una idea bien pensada. Tenía, sin embargo, una consecuencia: personajes situados en épocas remotas se comportaban según la ética y la moral del presente de sus autores, y así la ficción cambiaba el pasado.
Para explicarlo, recurre a un paralelo actual. Algunas películas antiguas, como Lo que el viento se llevó o Dumbo, con la escena de los cuervos y sus estereotipos racistas, contienen chistes que en su día no escandalizaban y hoy sí. Una de las soluciones que a veces se aplica es volver a doblar esas frases. El ponente aclara que no sabe si esa es la solución adecuada y que tiene opiniones enfrentadas al respecto, pero dice que algo parecido ocurría en el Japón de Edo, y no solo en la ficción. Cuando una familia publicaba el cantar de gesta de un antepasado, lo leía antes. Si descubría que ese antepasado había desobedecido una orden en una batalla, algo que entonces no estaba mal visto pero que ahora contradecía el ideal de obediencia, cambiaba el párrafo antes de publicarlo. Por todas las vías, concluye, llegan samuráis de siglos anteriores comportándose según la ética de los samuráis del periodo Edo.
Los samuráis que combatían: el ashigaru
¿Cómo eran entonces los samuráis anteriores a esa paz? Simplificando, López-Vera distingue dos figuras que parecen corresponder a caballería e infantería, aunque la diferencia implica mucho más. El soldado de infantería es el ashigaru, "pies ligeros", porque más valía moverse rápido por el campo de batalla. Lo esencial, subraya, es que prácticamente todos eran campesinos, no miembros de familias de élite guerrera. Trabajaban las tierras de un señor samurái, como ocurría en Europa, y este se los llevaba a la guerra para conquistar o defender.
A veces el señor les daba armas y una armadura ligera, pero en la mayoría de los casos se las apañaban solos. El ponente contrapone la imagen de Ran, de Kurosawa, con miles de soldados uniformados y limpios, a la realidad que describe: sandalias de paja, taparrabos en verano, la bandera para saber a quién pinchar y a quién no, y la lanza. No cobraban por sus servicios, pero se les permitía rapiñar. Si uno llevaba algún trozo de armadura, era porque había sobrevivido a una batalla y se lo había quitado a alguien que no lo había hecho, o porque había saqueado un pueblo conquistado. Formaban la infantería porque requería poca instrucción, que el ponente resume así: te dan una lanza y le pinchas a todo el que lleve una bandera de otro color antes de que te pinche a ti. Combatir a caballo disparando con arco al galope era otra cosa, y además el caballo había que pagarlo.
Su arma típica era el yari, una pica de tres o cuatro metros y en algunas batallas de hasta cinco. Tras la introducción del arcabuz por los portugueses, también hubo batallones de ashigaru arcabuceros. Aquí López-Vera desmonta otro elemento del mito: la idea de que los samuráis despreciaron las armas de fuego por considerarlas deshonrosas. Según él, eran muy pragmáticos. Si los arcabuces hubieran llegado en época de paz la historia quizá sería otra, pero llegaron en plena guerra y les parecieron geniales. Además, recuerda, el arma principal del samurái nunca fue la katana, sino el arco. Desde el punto de vista ético, no ve diferencia entre arco y arcabuz: ambos sirven para matar a un enemigo lejano antes de que se acerque. Los samuráis adoptaron rápidamente el arcabuz, empezaron a fabricarlo con mejor calidad y pronto todos los ejércitos tenían muchos arcabuceros.
Los soldados de infantería existieron durante toda la historia samurái, aunque con otros nombres al principio, y abundaron sobre todo en la época de guerra generalizada. Para agrandar un ejército con rapidez y poco dinero, lo más práctico era dar una lanza a los campesinos. Así se explican, según el ponente, las enormes batallas de la época. En Sekigahara se enfrentaron cien mil contra cien mil, muchos más de los que combatían entonces en las guerras europeas, y Hideyoshi movilizó 280.000 hombres para conquistar una de las islas del archipiélago. La mayoría de esos soldados eran ashigaru. A la pregunta de qué valores tenían, López-Vera responde que es fácil imaginarlo: aquel "pobre tipo" solo quería sobrevivir y volver a sus campos, bastante dura era ya su vida con un señor que se quedaba con el 60 o 70 % de la cosecha. Hablarle de honor o de caballerosidad, dice, le haría reír o llorar.
El samurái de élite y el bushidō que no existía
Las novelas de gestas hablaban del otro tipo: el samurái de familia samurái, que lo era siempre y no solo en tiempo de guerra, de mayor o menor rango, pero parte de la élite. Antes de las leyes de Hideyoshi también se podía llegar a ese estatus desde fuera, y el mejor ejemplo es el propio Hideyoshi. Era hijo de un campesino sin apellido. Empezó en el clan Oda con tareas domésticas; su trabajo más famoso fue el de portador de sandalias de Nobunaga. Cuando el señor montaba, se quitaba las sandalias para meter los pies en los estribos, y Hideyoshi corría detrás del caballo con ellas en la mano; en invierno las guardaba dentro de la chaqueta para que estuvieran calientes cuando el señor desmontara. De ahí pasó a soldado raso y fue ascendiendo hasta la cima. El ponente señala la ironía: quien había entrado desde abajo cerró luego la puerta con una ley que obligaba a cada uno a ser lo que había sido su padre. Aunque, matiza, también aprobó muchas leyes que beneficiaron al campesinado.
A este samurái de élite es al que los autores de la época de paz atribuyeron el bushidō, "el camino del guerrero", la filosofía que supuestamente seguían todos los samuráis. Si se le preguntara a él, dice López-Vera, no tendría ni idea: la palabra ni siquiera existía. Estaba demasiado ocupado intentando sobrevivir, y las guerras en que participaba tenían motivos materiales, no éticos. El territorio equivalía a producción de arroz, que en la práctica era la divisa de la época aunque existiera el dinero. El señor quería más tierras y sus subordinados querían méritos en forma de cabezas cortadas, y nadie preguntaba cómo se había conseguido cada una. Una cabeza cortada por la espalda sin avisar valía lo mismo que cualquier otra. Si para ganar había que quemar un granero con niños dentro, daba igual.
El ponente afirma que, por cada gesta ajustada a los estándares del honor que le muestren, él puede encontrar cuatro de signo contrario: traiciones entre hermanos, asesinatos, medio pueblo quemado vivo. Pone como ejemplo las dos batallas más famosas de la historia samurái, Dan-no-ura en 1185 y Sekigahara en 1600, muy separadas en el tiempo. Ambas se decidieron porque alguien traicionó a su bando en el último momento, y en ambos casos no por escrúpulos morales, sino porque el otro general le había prometido dinero y títulos. López-Vera confiesa que él también llegó a este tema atraído por el honor y el romanticismo, pero que al estudiar los documentos "la verdad histórica te salta a la cara", y que como historiador eso es lo que tiene que contar.
La era Meiji: el bushidō como imagen para Occidente
El último bloque explica cómo sobrevivió el mito tras la desaparición de los samuráis. El ponente sitúa al público en la época de El último samurái, la película de Tom Cruise. En 1868 llega a Japón la modernidad, entendida como occidentalización. Japón quiere presentarse ante el mundo como país moderno y civilizado, entre otras razones porque ha visto lo que le ocurrió poco antes a China, con las guerras del opio, por resistirse a Occidente. Una casta de guerreros armados con espada y lanza que cobra un sueldo haga lo que haga, poco meritocrática, no encajaba en esa imagen. Además, al centralizar los pagos que antes hacía cada señor regional, el gobierno descubrió que los sueldos samuráis equivalían al 50 % de los ingresos del país, dinero que necesitaba para industrias, ferrocarriles y urbanización. Decidió acabar con los samuráis, y de ahí viene la rebelión que retrata la película.
Pero no bastaba con suprimirlos: había que explicar al mundo que aquella casta no había sido una horda bárbara, sino gente con valores. Japón enviaba al extranjero a personas para estudiar sistemas occidentales: constituciones, ingeniería naval, etc. El político Ozaki Yukio fue a Inglaterra, entonces primera potencia mundial, para averiguar el porqué de su éxito. Concluyó que se debía sobre todo al carácter de los ingleses, todos gentlemen que daban valor a la palabra y cerraban tratos con un apretón de manos. López-Vera sospecha, con humor, que se codeó más con élites que tomaban té con el meñique levantado que con los clientes de una taberna de Manchester. Ozaki observó además que los propios ingleses vinculaban el gentlemanship con los caballeros medievales. El ponente usa los términos ingleses porque en castellano "caballero" traduce tanto gentleman como knight, y así no se entendería la idea. Ozaki pensó que Japón podía hacer lo mismo, porque también había tenido caballeros con lanza y armadura, aunque acabara de suprimirlos. Creó una palabra para "gentleman", shinshi, y él y otros empezaron a teorizar sobre estas ideas en una revista llamada Bushidō.
En ese momento se publicaron y promocionaron las crónicas guerreras y los códigos éticos del pasado, algunos de los cuales habían pasado sin pena ni gloria en su época. Entre ellos, el Hagakure, escrito cuando habían pasado unos cien años desde la última batalla, de modo que su autor nunca había pisado un campo de batalla y aun así explicaba cómo debían comportarse los samuráis, y El libro de los cinco anillos de Miyamoto Musashi. También se escribieron obras nuevas, la más importante Bushido: The Soul of Japan, de Nitobe Inazō. López-Vera destaca varios datos. El libro es de 1899: la obra clásica sobre un código de honor supuestamente milenario tiene 127 años. Se escribió en inglés y en Estados Unidos. Su autor era un economista japonés cristiano, cuáquero si el ponente no recuerda mal, educado en escuelas cristianas del norte de Japón, que buscaba en la cultura japonesa un sistema de valores equivalente al cristiano para explicárselo a la gente con la que vivía, y lo encontró en el bushidō. El título, además, no habla del alma de los samuráis sino del alma de Japón: a partir de entonces el bushidō pasa a ser algo propio de todos los japoneses.
El militarismo y los "vientos divinos"
El gobierno militarista de los años treinta y cuarenta del siglo XX también promovió la supuesta ética samurái, usando la educación y la religión. La lealtad a un superior hasta las últimas consecuencias era, según el ponente, muy útil para un gobierno que llevaba al país hacia lo que sería la Segunda Guerra Mundial. El gobierno fabricó miles de katanas de muy baja calidad, porque escaseaba el acero, para soldados que en su mayoría, por pura estadística demográfica, descendían de campesinos y no de samuráis. Aun así, todos llevaban su katana, para que se creyeran samuráis que luchaban por el emperador.
Al final de la guerra, ya en medidas desesperadas, se creó la unidad de pilotos shinpū tokubetsu kōgekitai, "unidad de ataque especial shinpū". Shinpū significa "viento divino" y es más conocido por otra lectura de los mismos caracteres, teóricamente incorrecta según el ponente: kamikaze. El término alude a las dos invasiones de Japón por mongoles, chinos y coreanos, frustradas la primera por una tormenta y la segunda por un tifón que destruyeron las flotas enemigas. Los japoneses, "y no les culpo, porque vaya casualidad", las interpretaron como vientos enviados por los dioses para proteger al país de los dioses. López-Vera observa que desde entonces ningún país extranjero había vuelto a amenazar seriamente a Japón, y que el gobierno eligió una palabra cuyo sentido conocían todos los japoneses para nombrar a pilotos que se estrellaban contra barcos enemigos, con el mensaje de que los dioses volverían a salvarlos. No lo hicieron. En opinión del ponente, los kamikazes no sirvieron más que para dar a los estadounidenses argumentos para usar después las bombas atómicas. También el ritual previo a la misión imitaba el del samurái antes del seppuku, término que el ponente considera más correcto que harakiri: la cinta hachimaki en la cabeza, el sake, el poema de despedida. No era casualidad: se buscaba exaltar esos sentimientos.
De la posguerra al soft power
Tras la guerra, todo lo que recordara al bushidō estuvo mal visto por la vergüenza asociada a aquel periodo. El gobierno de ocupación estadounidense llegó a prohibir las artes marciales por su vinculación con esa ideología. Cuando Japón se recuperó, se convirtió en segunda potencia económica y celebró los Juegos Olímpicos de 1964, el mundo se preguntó cómo lo había logrado un país devastado poco antes. Según López-Vera, en buena medida fue porque Estados Unidos invirtió muchísimo dinero para convertirlo en escaparate del lado capitalista frente al avance del comunismo en China. Pero la explicación que se vendió fue otra: los japoneses son trabajadores y obedientes, y los empleados de las empresas se comportan como samuráis leales a su jefe. Se reutilizó exactamente la misma retórica.
Hoy, sin necesidad de llevar a nadie a la guerra, el bushidō se promociona como un elemento más de la cultura pop, dentro de lo que se denomina soft power. El poder duro es la capacidad militar de un país; el poder blando, su influencia cultural. Japón la ha ejercido ampliamente, y no solo para atraer turismo. El ponente añade que Corea del Sur le está comiendo terreno con sus series y su música, pero que el gobierno japonés sigue promocionando esta imagen.
Conclusión: conocer las dos caras
López-Vera resume así su argumento. La imagen del samurái como caballero del honor la crearon los samuráis que ya no hacían la guerra, para justificar su posición y sus privilegios. Después, sucesivos gobiernos japoneses la promovieron por motivos distintos, unos legítimos, como la promoción cultural actual, y otros más turbios, como los de la Segunda Guerra Mundial, hasta instalarla en el imaginario colectivo de Japón y del mundo entero.
Su posición como historiador es que al menos conviene conocer la parte histórica, no que tenga que convertirse en la favorita. Después de haber "fastidiado la ilusión" de la romantización, contempla tres reacciones posibles. Habrá quien siga prefiriendo a los samuráis de las películas, y le parece perfecto. Habrá quien, desilusionado, pase a preferir a los históricos, algo que el ponente no cree probable, aunque le parecería bien. Y habrá quien haga lo que hace él: disfrutar de ambos sabiendo que uno es una cosa y el otro es otra. Su propósito, dice al despedirse, era dar a conocer esa otra parte.
Y bienvenidos, bienvenidas a esta charla sobre los samuráis a la que le hemos puesto ese subtítulo de mito y realidad. Porque este mito, que es aquello que creemos conocer de los samuráis, sin duda puede ser muy interesante y muy atractivo. Y qué mejor ejemplo que haber puesto una imagen de este peliculón de Los siete samuráis de Kurosawa. Pero al final es un mito, por muy atractivo que sea, y deberíamos como mínimo aprender a diferenciarlo de la realidad, la realidad histórica que en algunos puntos coincide con el mito, lógicamente, porque los mitos no surgen tampoco del vacío, de la nada, pero también con muchas diferencias. Estos samuráis no son tan atractivos como los de antes, pero estos son de verdad.
Vamos a empezar por el principio, lógicamente, y por eso coloco ahí arriba esto de el origen, porque, bueno, no vamos a dar por sentado que todos sabemos qué es un samurái. Entonces, antes de empezar a explicar el núcleo de esta charla, ¿no?, esta diferenciación del mito y la realidad, vamos a hacer un pequeño repaso rapidito a la historia de los samuráis para ver un poco quiénes son. Y eso, empezamos por el principio. Definamos qué es un samurái. A ver, resumiendo mucho, un samurái es un guerrero, y es un guerrero japonés, de allí, que existió aproximadamente desde principios del siglo hasta el año 1877. Tenemos un principio muy difuminado. Es difícil saber en qué momento podemos decir que esto ya es un samurái. Y por eso es, bueno, principios del siglo, y ya he sido preciso, a veces se ha un abanico bastante abierto, hasta 1877. Eso sí, sabemos en qué año se dictamina que acaban, que dejan de existir.
Y no solo existieron durante mucho tiempo, aproximadamente unos 1000 años para hacer números redondos, sino que dentro de estos 1000 años, además, gobernaron Japón durante casi 7 siglos, desde el año 1185 al año 1868, que se dice rápido. Es decir, no solo existieron durante muchísimo tiempo, sino que tuvieron una gran importancia en la historia de Japón durante muchísimo tiempo, 700 años.
Claro, decía que es difícil saber en qué momento empiezan a existir los samuráis, más que nada porque es difícil saber en qué momento a los guerreros que hay en Japón los podemos ya empezar a llamar samuráis. Es decir, había guerreros en Japón antes de existir los samuráis. Como en todo el mundo, más que nada, los guerreros al final existen, por desgracia diría, en todas las civilizaciones, prácticamente desde que existen las civilizaciones. ¿Por qué? Porque trazar la línea que separa un cazador de un guerrero pues es complicado. Normalmente pues las sociedades, me estoy yendo muy atrás en el tiempo, tenían sus cazadores y esos cazadores pues eran las personas más aptas cuando llegaba el momento de tener que defender a ese grupo humano de otro o atacar a otro grupo humano, pues para conseguir alimentos, excedentes de la cosecha del vecino, que han tenido una buena cosecha y nuestro grupo no la ha tenido. Pues vamos a enviar a unos guerreros a que intenten arrebatarles, ¿no?, esos excedentes, o vamos a defender esos excedentes nuestros de otro. Con lo cual, al final aquellos que son los más aptos en la caza serán también los más aptos guerreando. Estamos hablando de que si alguien sabe montar a caballo y disparar con un arco a una liebre, pues por desgracia también sabrá hacerlo a una persona que vaya corriendo.
Con lo cual, en un principio lo que tenemos es eso. Son cazadores que se reconvierten en guerreros y lógicamente aquellos que lo hacen mejor son los que pasan a desempeñar esa tarea. Hablamos de sociedades muy antiguas en las que al principio todo el mundo hace de todo, pero después se empiezan a especializar, ¿no? Y al que se le da bien la alfarería solo hace alfarería y al que se le da bien la caza solo hace caza, y luego entre nosotros pues ya intercambiamos, ¿no? Y ya nos apañamos. Pues bueno, empezamos a tener ya en estos grupos humanos, también en Japón, pero esto aplicaría a casi cualquier sitio, empezamos a tener ya élites guerreras, es decir, unos grupos de personas a los que se les da mejor que a nadie más de ese asentamiento esto de cazar o esto de guerrear, y son ellos los que se encargan.
Pero nos estamos yendo, como decía, muy atrás en el tiempo. Pasará mucho tiempo antes de que a estos guerreros que hay en Japón los podamos llamar samuráis. Este que vemos por aquí, por ejemplo, en esta figura de arcilla, pues tanto la armadura que lleva como la espada son muy parecidas a si estuviéramos viendo un guerrero de la misma época en Corea, en China, en otros sitios del continente asiático. Es decir, aún no tienen las características propias de lo que entendemos que es un samurái.
Avanzamos un poquito en el tiempo, aún estamos muy atrás, porque en torno al siglo VI en Japón, en lo que hoy entendemos como Japón, surgió un reino llamado Yamato. Había pues muchos grupos humanos, ¿no?, que algunos de ellos fueron creciendo, conquistando a otros grupos. Pues bien, Yamato fue uno de estos grupos que empezó a crecer y crecer, o bien conquistando o bien aliándose con otros grupos, con otros territorios, y acabó evolucionando en un reino que con el paso del tiempo acabaría evolucionando en lo que conocemos como Japón. Es decir, esto sería un poco la semilla de Japón.
¿Cómo era el gobierno de este reino de Yamato? Pues era un gobierno de tipo aristocrático, de tipo cortesano, muy parecido a cómo funcionaba en esa época China. Hay que tener en cuenta que China para Japón es un poco como para nosotros la Grecia clásica, ¿no? Es un poco la cuna de su civilización, y Japón ha tenido épocas de mucha influencia china, la mayoría de cosas que conocemos como típicamente japonesas. Realmente, el otro día, cuando estuvo aquí el profesor Vaneluyé y hablaba del budismo chan, relacionándolo con los guerreros shaolín, el budismo chan quizá no es muy conocido, pero si hablamos del budismo zen, del zen, eso más o menos lo conoce todo el mundo. Pues el budismo zen no es más que la versión japonesa del budismo chan, que es el original, y eso pasa con muchísimas cosas. Pues bien, el gobierno de Japón en estos momentos era un gobierno de tipo cortesano, en cuya cúspide había un emperador, igual que en China. Era prácticamente una copia. De hecho, una de las capitales que tuvo en esta época Japón, la ciudad misma, fue construida a imagen y semejanza de la capital china, con lo cual estamos en una época de gran influencia continental, de gran influencia china en Japón.
Había esto, un emperador, había una corte que controlaba la capital, pero después, para controlar las provincias, sobre todo las provincias más alejadas de la capital, este reino tenía su propio ejército, un ejército estatal, podríamos decir, aunque estamos muy lejos todavía de hablar de estado. Y era un ejército que estaba formado tanto por soldados profesionales que pertenecían a las élites guerreras como por campesinos reclutados. Esto nos debería sonar bastante familiar porque es el típico ejército que vemos también en Europa. Pero con el paso del tiempo, hacia el siglo VI, la corte central que estaba en la capital, en Kioto, empezó a confiar cada vez más el tema militar ya no en ese ejército que era propio del país, dijésemos, sino en las élites guerreras locales. Y a cambio se podían quedar con gran parte de los impuestos de las tierras de cultivo que hasta ese momento enviaban a la capital. Entonces, el tema era más o menos como, bueno, tú recaudas los impuestos, porque a los campesinos sí que se les recaudaba, ¿no?, el impuesto. Tú recaudas esos impuestos de los campesinos de tu territorio y, en lugar de enviárnoslos como antes a la capital, te los quedas tú. Pero a cambio, con ese dinero, financias tu propio ejército, tu propia policía, dijésemos, porque el ejército no siempre es para guerras o para conflictos con otros pueblos, sino también de orden, de control interno, ¿no? Tú te apañas en la parte militar y policial. Con lo cual es un momento en el que a esas élites guerreras locales les pasan dos cosas: que se enriquecen y que se militarizan mucho más de lo que lo estaban.
Y eso fue provocando un gran desequilibrio entre el centro y la periferia. El centro empezó a perder poder, poder real, más allá del simbólico, de legitimidad, que tuvieron, y la periferia, las provincias, sobre todo las alejadas, empezaron a ganar poder. Siempre que a lo largo de la historia, sea en Japón o sea en el sitio que sea del mundo y en cualquier momento, empieza a haber este desequilibrio y la periferia empieza a ganar poder y el centro lo empieza a perder, la mayoría de veces esto acaba desembocando en un cambio de paradigma, acaba habiendo un cambio, ¿no? Y aquí pues no hablaríamos de algo diferente.
Seguimos avanzando un poquito en el tiempo y, en torno a principios del siglo noveno, estas élites guerreras de las provincias empezaron a tener también algunos de sus miembros en la capital, curiosamente llamados por los cortesanos. Los cortesanos, que normalmente estaban emparentados con algunas de estas élites guerreras, pues le piden a ese clan guerrero de tal provincia con la que yo tengo vínculos: "Envíame algunos de tus guerreros". ¿Para qué? Para diferentes temas. Primero, para defender la capital de, curiosamente, ataques que había de vez en cuando de los monasterios budistas cercanos a la capital, que cuando no estaban de acuerdo con alguna política que tomaba la corte enviaban allí a sus monjes guerreros y también a sacerdotes que empezaban a lanzar maldiciones, que en aquella época se las tomaban muy en serio. Pues, para diferentes temas, hacen que algunos de estos guerreros vengan a la capital. Y es en ese momento cuando normalmente los que estudiamos esto estamos de acuerdo en que deberíamos empezar ya a hablar entonces ya así de samuráis, que se escribe en japonés con este carácter.
¿Por qué les llamamos ya samuráis? Bueno, aparte de que ya en cuanto a armamento, en cuanto a armadura y demás, ya son lo que entendemos como un samurái, es porque la palabra samurái es un sustantivo que deriva de un verbo que es saburau, un verbo muy antiguo, ya no se utiliza, que significa servir a un superior, con lo cual el samurái es el que sirve a un superior. Esta palabra ya existía en la capital, pero se utilizaba para el servicio doméstico: para las criadas, los mayordomos, los mozos de cuadra; servían a un superior, se les llamaba así. Y entonces, cuando estos guerreros vienen a la capital y empiezan a trabajar para diferentes familias cortesanas, se les aplica el mismo nombre. Lo que pasa es que ese nombre, con el paso del tiempo, se dejó de utilizar para el servicio doméstico y lo pasaron a utilizar únicamente los guerreros, así que se quedaron con el nombre y así es como los conocemos. Curiosamente, en Japón se utiliza mucho más la palabra bushi, que vendría a ser como guerrero, y no se utiliza tanto lo de samurái.
Pues bien, estos samuráis que están en la capital pronto se dieron cuenta de que ya que eran ellos los que tenían el monopolio de la fuerza, eran los que tenían las armas y sabían utilizarlas, y las utilizaban para dirimir conflictos entre familias cortesanas de quién tiene que ser el siguiente emperador o quién tiene que ser el siguiente ministro, y eran los samuráis los que se peleaban entre ellos para decidir eso, pues llegó un momento en el que dijeron: pues, ¿por qué no mandamos nosotros? Que es algo a lo que muchas veces sectores del ejército acaban llegando, a esa conclusión, ¿no?, en todo el mundo y en cualquier momento. Y lo acabaron haciendo. Acabó en diferentes conflictos que desembocaron en una gran guerra, la primera guerra, el primer gran conflicto armado samurái, en el año 1185, que si recuerdan era el primer año que hemos dicho que los samuráis empezaron a gobernar.
Y es porque después de esa guerra, en 1185, los vencedores, el clan samurái vencedor, instauró un gobierno, aquella palabra de shogunato. Voy a intentar hoy no utilizar muchas palabras y nombres propios en japonés porque sé que si no se está acostumbrado despistan bastante. Pero bueno, yo creo que shogun hoy en día más o menos todo el mundo la conoce, si no es por la serie aquella de los años 80 con Richard Chamberlain y el libro en el que estaba basada, por la versión de hace un par de años, ¿no?, Shogun. ¿Qué es un shogun? Es un samurái que manda sobre todo Japón, es un gobernante militar, y un shogunato pues es el gobierno de ese shogun. Pues bien, vence esa guerra un clan samurái e instaura un gobierno. Le dice a la corte: "Vosotros ya no mandáis". Seguían existiendo. El emperador también seguía existiendo y se seguía dedicando a sus papeles simbólicos y religiosos, pero en cuanto al gobierno empezó a gobernar un clan samurái.
Se instauró el primer shogunato de la historia japonesa. Pues bien, después de este shogunato, a lo largo de la historia existieron dos más. Aquí tenemos las fechas y ya vemos que prácticamente, con poquitos saltos por el medio, aquellos años que dije al principio, entre 1185 y 1868, gobernaron los samuráis mediante estos tres gobiernos. La palabra que viene después de shogunato, pues sencillamente, el primero hace referencia a la ciudad en la que estaba ese gobierno, que era Kamakura, y los otros dos son el apellido de la familia que controlaba ese gobierno. No tiene más misterio. Pero en total, unos 700 años de gobierno samurái, que se dice rápido, de finales del XII a finales del XIX.
Bueno, vamos a empezar ahora ya con el tema del mito y la realidad. Y yo siempre digo esto, que los samuráis son, si nos referimos a la ficción japonesa o a la cultura pop japonesa, el estereotipo más omnipresente. Están en todos sitios de la ficción. Y cuando digo ficción me refiero a todos los tipos de ficción, o sea, los tenemos en el cine, vuelvo a sacar esta imagen de Los siete samuráis; los tenemos en series de televisión de anime, es decir, de dibujos animados. Los tenemos también en series de televisión que ya no son de dibujos animados, y he puesto la exitosa Shogun, la versión nueva. Los tenemos también en manga, que son los cómics japoneses. Los tenemos en cómics que no son japoneses; este, aunque va de samuráis, es un producto de Estados Unidos. Los tenemos también con personajes que ni siquiera son japoneses. Tenemos ahí a Batman, ¿no?, vestido de samurái, aunque curiosamente la película se llama Batman Ninja, pero bueno, el departamento de marketing, que pensaba que vendería más, no sé.
Los tenemos en novelas también, novelas nuevamente japonesas, pero también de otros países. Los tenemos en videojuegos, los tenemos incluso en el fútbol, porque la selección japonesa de fútbol lleva como sobrenombre, igual que la Roja, pues ahí es la Samurai Blue, ¿no?, samuráis azules. Están en todos lados y quizá por eso son un personaje que más o menos todo el mundo conoce. El problema es... problema, a ver, tampoco es un gran problema, ¿eh? Pero el problema es que lo que todo el mundo conoce es la parte mitificada, es la parte romantizada, y no la figura histórica real del samurái. Y ambos conceptos, como decía antes, pues tienen vasos comunicantes, porque los mitos no surgen de la nada, pero no son exactamente lo mismo.
¿Qué es samurái? Esto es lo más importante que hay que saber antes de empezar a hablar de los samuráis: saber de qué samurái estamos hablando en cada momento. Pongo un ejemplo práctico para que se entienda a qué me refiero. Esto no es un samurái, esto es un soldado francés. Muy bien. Esto es un soldado francés. ¿Se parecen en algo? Poquito. Se parecen en poco como soldados, porque no tienen ni el mismo armamento, ni las mismas tácticas, ni nada. Pero es que tampoco se parecen como personas: tienen formas muy distintas de entender el mundo, tienen una ética completamente diferente, unos valores completamente diferentes. Y claro, me dirán: "Bueno, claro, es que has hecho un poco de trampa, ¿no? Porque aquel es un soldado francés, sí, pero del siglo XXI. Y este es un soldado francés, sí, pero del siglo X, ¿no? Los separan 1000 años. ¿Cómo van a ser iguales en algo?"
Pues bien, nosotros ahora ya sabemos que los samuráis también existieron durante 1000 años, con lo cual, si estamos de acuerdo en que estos dos señores no se parecen en nada, ¿por qué cuando todo el mundo me hace preguntas sobre los
samuráis me las hacen como si fueran una única cosa? ¿Qué pensaban los samuráis de tal? ¿Qué tipo de entrenamiento seguían los samuráis para tal? Como si todo eso que me preguntan durante 1000 años no hubiera cambiado, ¿no? Como si fueran un ente monolítico que no varía.
Porque si estas son, sé que la letra es muy pequeñita, no está hecho para ser leído. Si estas son todos los periodos de la historia y de la prehistoria japonesa, pues es lo que decíamos antes, que los samuráis existieron durante mucho tiempo, durante aproximadamente estos 1000 años.
Pero lo más importante, lo más interesante de ver esta tabla consiste en que nos ayudará a por lo menos establecer dos tipos de samuráis. Es decir, yo me podría poner muy pejiguero con esa pregunta, ¿de qué samurái hablamos? Y entonces querer que me digas el año. No, no vamos a ir tan al detalle, pero por lo menos yo creo que hay que diferenciar a dos tipos de samuráis que no tienen nada que ver los unos con los otros. Y para establecer esa frontera entre esos dos tipos de samuráis, yo la establezco aquí en este punto que, si quieren que se lo concrete, pues lo concretamos: 1615.
¿Por qué 1615? Pues bueno, porque este año fue el año en el que tuvo lugar la última batalla samurái que hubo en los siguientes 250 años. Es decir, hubo una batalla en 1615 y la siguiente batalla samurái la tenemos en 1868. Son dos siglos y medio de paz. Esto que no sé si se ve la letra desde allí, pero esto que pone periodo Edo, pues todo ese periodo fue un periodo de paz absoluta en Japón.
Con lo cual, la primera importantísima división o diferenciación que tenemos que hacer entre diferentes tipos de samuráis, pues es muy fácil. Estos samuráis son samuráis que no hacían la guerra pese a ser guerreros. Y esos samuráis son samuráis que sí hacían la guerra. Unos existieron, los primeros, durante unos siete siglos y los otros existieron durante unos dos siglos y medio aproximadamente.
¿Cuál es el principal problema que nos plantea la existencia de estos dos tipos de samuráis que ahora veremos que son muy distintos? Pues el único problema es que buena parte de lo que conocemos de los que sí hacían la guerra, que se supone que debería ser lo importante, ¿no?, para un guerrero, es lo que los define. Pues bien, resulta que aquellos que sí que hacían la guerra, lo que sabemos de ellos lo sabemos porque nos lo han explicado estos. Y lo peor de todo, porque eso tampoco tenía que estar mal, lo peor de todo es que la mayor parte de lo que nos han explicado es mentira. Se lo inventaron.
Claro. ¿Cómo qué y por qué? Pues bueno, eso es lo que vamos a ver.
Un poquito de contexto, y aquí sí que voy a dar tres nombres. Creo que en toda la charla de hoy salen cuatro nombres propios, creo. Ahora voy a dar tres, pero no nos preocupemos, que no saldrán muchos más. Vamos a ver. Es que hay tres que hay que verlos porque tienen que salir siempre. Tenemos a este señor, Oda Nobunaga, y por ahí ha aparecido aquello de periodo Sengoku. Es un periodo de la historia japonesa. Aquí estamos entre mediados-finales del siglo XV a mediados-finales del XVI.
Y en este momento nos encontramos con que Japón está sumido en una gran guerra absoluta que duró unos 140 años, que se dice rápido. ¿Guerra entre quién? ¿Entre el norte contra el sur, entre el este contra el oeste, entre los blancos contra los rojos? Pues no, era guerra de un poco de todos contra todos. Básicamente la guerra era: había un montón de territorios diferentes en Japón, cada uno de ellos controlado por un clan samurái, por una familia samurái. Y básicamente cada uno de esos clanes samuráis estaba en guerra con todos los clanes samuráis con los que su territorio hacía frontera, porque o bien estaban intentando conquistar a un vecino o bien estaban intentando que el vecino no les conquistase a ellos, pero estaban todos en guerra.
Pues bien, este Oda Nobunaga que tenemos aquí era uno de estos muchos señores que tenemos por ahí, ¿no?, peleándose contra todos los que hacen frontera, con la diferencia de que este fue el primero que consiguió hacerse con la capital. Porque claro, estamos diciendo que el país está dividido, que cada señor va a la suya guerreando con los demás, y alguien habrá pensado: ¿y no había un gobierno central? Lo había, pero controlaba Kioto y ya está. Controlaba la capital. También había un emperador, pero el emperador estaba en sus cosas religiosas y simbólicas. Y el shogun, el gobernante teórico de Japón, en realidad solo gobernaba Kioto. Todas las provincias estaban cada una con su pequeño reyezuelo, ¿no?, que además estaban todos en guerra contra todos.
Pues bien, estos señores que están en guerra se dan cuenta de que va a ser imposible que uno de ellos conquiste todo el país empezando así a las bravas. En cambio, conquistar la capital pues ya es una cosa un poco más asequible. Y quien conquiste la capital se colocará un poco como en un puesto de salida privilegiado. El que conquista la capital ya no es un candidato más a hacerse con la victoria de todo el país, sino que es algo así como el candidato oficial. Es el que tiene un poco el beneplácito del emperador y del shogun, con lo cual todos los demás ya son candidatos rebeldes, podríamos decir. Y esto, ahora que haya muchos que ya se atengan a razones y directamente pacten, será más fácil conquistar cuando tú eres el oficial, podríamos decir.
Pues bien, Oda Nobunaga conquista la capital, conquista Kioto, y entonces desde ese puesto privilegiado empieza a conquistar provincias del centro de Japón, porque empieza a abrirse desde Kioto, ¿no? Conquista un tercio aproximadamente del territorio japonés y no puede conquistar más porque se muere. Bueno, no se muere, lo ayudan a morirse. Uno de sus generales de confianza demuestra que lo de confianza había que ponerlo entre comillas, porque lo traiciona, y antes de que lo maten pues se suicida, ¿no? Que para eso es samurái, se suicida él solito.
Okay. Nobunaga, le hemos cogido cariño y rápidamente se nos ha muerto, pero no pasa nada porque después vino otro. Vino este Toyotomi Hideyoshi, que, si tienen un poco de memoria, antes han dicho el nombre de uno de mis libros y era Toyotomi Hideyoshi Europa. Este señor fue el tema de mi tesis doctoral, con lo cual le tengo cierto cariño. Le tuve cierto odio en algunos momentos de la tesis, porque hacer una tesis es muy duro, pero ahora, como ya hace tiempo, lo vuelvo a querer. Total, ¿quién era este Toyotomi Hideyoshi? Él era un general, no el malo, no el que había traicionado. Este era de los buenos. Era un general de Nobunaga. Y cuando Nobunaga muere, Toyotomi Hideyoshi se las apaña para ser su sucesor. Una de las cosas que hace para conseguir ser su sucesor es que en 13 días elimina al traidor, al que había traicionado, ¿no? Y eso lo coloca pues en un puesto privilegiado. Total, es el sucesor de Nobunaga y él sigue conquistando territorios, y él los conquista todos. En 8 años después de la muerte de Nobunaga, él se ha hecho con todo Japón; en 1590, todo Japón, y él ya empieza a gobernar sobre todo Japón.
Pues bien, gobierna. Gobernar al final significa hacer leyes, ¿no? Pues él empieza a hacer leyes de diferentes temas y, para lo que nos interesa a nosotros, vamos a hablar de dos de estas leyes. Será muy rapidito.
Una: él establece quién es samurái y quién no. Y básicamente lo establece de esta manera, diciendo que solo es samurái aquel que es hijo de un samurái o hija de un samurái. Si no eres hijo de un samurái, pues eres otra cosa. Y no solo el hijo de un samurái es samurái, sino que está obligado a ser samurái. Es decir, no era: «Vale, tienes este privilegio de ser samurái si quieres». No. «Es que a mí me gustaría fabricar calcetines». Pues no eres samurái; haber nacido hijo de un fabricante de calcetines. Y como eso todo, porque los demás oficios también se heredan del padre desde este momento.
Y otra ley que establece es esta de que los samuráis cobran un sueldo público. Público, se lo paga su señor, pero ese sueldo no está sujeto a algo que se haya hecho antes, ¿no? No es una recompensa por un servicio, que es como funcionaba el mundo de los samuráis desde el principio.
Es decir, voy a contar una pequeña cosa que no suele salir en las películas y que es un poco truculenta, y perdonen, pero funcionaba así. Los samuráis hasta este momento, ¿en función de qué cobraban una recompensa? En función de cuánta gente, cuántos enemigos eliminasen en el campo de batalla. Y eso se determinaba porque al final de una batalla el ejército vencedor montaba unas mesas de recuento a las que acudían los samuráis del bando vencedor, llevando las cabezas de los enemigos a los que habían abatido en el campo de batalla. Entonces, pues estas cuatro, pues te toca tanta recompensa. Siete, te toca tanta. Había cabezas que contaban más puntos porque a lo mejor eran de alguien importante, ¿no? No es lo mismo una cabeza de un cabo que de un general. Pues bueno, pero era sencillamente así, era méritos en la batalla, recompensa.
A partir de este momento, ¿no?, a partir de este momento, cada samurái tiene un sueldo fijo estipulado en función de su rango en la escala social dentro de los samuráis. Había algunos que eran ricos con su sueldo y otros que apenas podían llegar a final de mes, con lo cual aquí había un poco de todo, pero funcionan así. A partir de ahora tú cobras, y ese sueldo que tú tienes es el sueldo que tendrán tus hijos, porque todos tus hijos también serán samuráis y de tu mismo rango, porque también lo heredas.
Muy bien. Toyotomi Hideyoshi acaba muriendo también y le sucede el tercer señor. Estos van siempre, estos son como los yogures en los supermercados, van en un pack, no se pueden dividir, van siempre juntos. Lo sucede el tercero de los conocidos como unificadores de Japón. Y este Tokugawa instaura un gobierno que tiene leyes, pero algunas de esas leyes, en lugar de crearlas ellos, pues adoptan las que ya tenía Hideyoshi, que les parecen que son buenas leyes, y se las quedan. Aquellas dos que tenemos ahí creadas por Hideyoshi, Tokugawa Ieyasu dice: pues me gustan. Con lo cual aquellas dos siguen funcionando.
Y en esta época del gobierno de Tokugawa Ieyasu y los siguientes 250 años, porque su gobierno echó raíces y funcionó y se solidificó, podríamos decir, se da lo que muchos han llamado la Pax Tokugawa. A mí es un nombre que no me gusta mucho, porque no me gusta coger elementos de la historiografía europea y utilizarlos para otras historiografías. Y esto de la Pax Tokugawa, que lógicamente es un latinajo, ¿no?, esto de Pax viene de un periodo de paz que hay dentro del Imperio romano al que se le conoce como la Pax romana, ¿no? Pues bueno, alguien tuvo la feliz idea de transportarlo a Japón, pero sí, realmente aquellos son los años en los que les dije que no había habido batallas en Japón. Son 250 años.
Pues eso, se instaura un periodo muy largo de paz, pero claro, un periodo muy largo de paz en el que tenemos a una clase guerrera, que son los samuráis, que por un lado cobran cada mes, haya guerras o no, y no las hay, y el gobierno no quiere que las haya, porque en el momento en el que tú mandas no quieres que haya ningún cambio, ni ninguna guerra ni ningún problema, ¿no?
Y aparte, como todo hijo de samurái es samurái, tenemos un grupo social en crecimiento. Porque en épocas de guerras, lo normal es que un samurái se muriera pues con 30 años en el campo de batalla. Podía ser muy bueno luchando, pero si ibas a 50 batallas, al final en alguna caías. Entonces, ese samurái se moría; durante 30 años había estado cobrando sueldo, ya sea por recompensas o como fuera, durante solo 30 años, y le había dado tiempo a tener dos hijos, pongamos, ¿no?
Claro, ¿qué pasa con un samurái cuando no hay guerras? Pues ya no se muere a los 30 años en el campo de batalla, se muere a los 70 de cirrosis, por ejemplo. En época de paz se bebía mucho, ¿eh? O de lo que sea, de neumonía, va, no seamos malos, ¿eh? Con lo cual ha estado 70 años cobrando un sueldo y ya no ha tenido dos hijos, ha tenido ocho. Ocho hijos o hijas que pasan a ser samuráis. Samuráis que vivirán 70 años hasta que se mueran también de neumonía, y que habrán tenido ocho hijos. Entonces se ve por dónde voy, ¿no? 250 años son unas cuantas generaciones en las que pasamos de dos samuráis, papá samurái y mamá samurái, a ocho.
Pues bien, vamos con otra característica del gobierno de Tokugawa, y es que es un gobierno que decide adoptar el neoconfucianismo como ideología oficial de Japón. No vamos a entrar en este tema porque sería muy denso. El neoconfucianismo es sencillamente una escuela de pensamiento dentro del confucianismo, que es la escuela de filosofía que deriva de las enseñanzas de Confucio, que era un chino muy antiguo, muy antiguo. Vendría a ser como si dijéramos aristotelismo, por ejemplo, ¿no? ¿En qué consiste eso y por qué el gobierno Tokugawa lo adopta? Pues bien, abreviándolo muchísimo, es una ideología que enfatiza la idea de que cada persona tiene que ejercer lo mejor posible el papel que le ha tocado jugar en la sociedad por nacimiento. Es un poco ligado a lo que decíamos antes, ¿no? Si tu padre era samurái, tú eres samurái. Pero según el neoconfucianismo no solo lo eres, es que tu objetivo en la vida tiene que ser intentar ser el mejor samurái posible. Muchas veces se habla de la excelencia japonesa, ¿no?, de lo bien que hacen las cosas. Pues viene un poco por esa educación de: tú fabricas zapatos, pues tienes que poner todo tu ser, toda tu voluntad, en ser el mejor fabricante de zapatos del mundo, ¿no? «Ah, es que mi padre era mendigo, yo también soy mendigo que se muere de hambre por la calle». Pues tienes que ser el mendigo que se muere de hambre por la calle mejor que puedas.
Y además, importante, no tienes que soñar con ser otra cosa. Ellos creían o defendían que el orden social, la jerarquía social, no es algo artificial o fabricado por las personas, sino que forma parte del orden natural del universo, ¿no? Y que no deberíamos ir en contra de ello. Es como si alguien de repente decide ir en contra de la ley de la gravedad, ¿no? «La ley de la gravedad a mí no me gusta y no la sigo, no aplica». No, bueno, pues cuando te caigas te caerás para abajo, quieras o no. O no, que ahora hay gente que cuestiona si la Tierra es redonda.
Total, que se enfatiza esa idea. Cada uno tiene que jugar el papel que le ha tocado e intentar ser aquello lo mejor que pueda. Claro, esto es muy bonito sobre el papel, y para un gobierno es una ideología fantástica; de hecho, por eso la adoptaron, ¿no? De: bueno, pues que las cosas se queden como estén. Cada uno es lo que es. Yo soy gobernante, me ha tocado gobernar. Tú eres gobernado, pues te ha tocado que te gobiernen. No intentes cambiar las cosas. No hagas un golpe de Estado, no hagas un complot para quitarme del medio. Es el orden natural que yo mande, ¿no? Bueno, en Europa pasaba un poco lo mismo, ¿no? Los reyes eran reyes por la gracia de Dios, entonces no vas en contra de eso.
Claro, hay un problema. Los samuráis tienen que ser el mejor samurái posible. ¿Qué es un samurái? Un guerrero. ¿Cómo voy a ser el mejor guerrero posible si no hay guerras?
Claro, esto planteaba problemas, sobre todo en épocas de malas cosechas, en épocas de hambrunas. ¿Por qué? Porque que haya una clase privilegiada que cobra un sueldo por prácticamente no hacer nada... Si yo estoy comiendo cada día, soy un campesino y me están yendo bien las cosas, y cada día como y puedo criar a mis hijos y la cosa va bien, pues me parecerá injusto, pero bueno. En el momento en que hay una hambruna y yo veo a mi familia morirse y demás, pues entonces ya me molesta bastante más que haya una clase privilegiada, ¿no? Entonces, claro, esto el sistema lo sabía. Entonces, ¿qué se hizo? Se intentó cambiar cuál era el papel que desempeñaban los samuráis en la sociedad, porque ya no son guerreros, ni queremos que haya guerras, insisto. Entonces, ¿cuál es el papel que juegan ahora y por qué merecen esos privilegios? Porque ahora su papel en la sociedad es servir de ejemplo vivo de las virtudes confucianas, que son la lealtad, la obediencia, el honor, el respeto, la frugalidad, la modestia, la compasión, que pueden echar las que quieran, que suenen bien todas.
queremos que la sociedad sea así, obediente, leal, tal y cual. Pues bueno, los samuráis van a dar ejemplo de todo eso.
Había que encontrarles un nuevo papel, ¿no? Para que justificase sus privilegios. Y he dicho antes la clase privilegiada que casi no hace nada. Claro, porque ¿a qué se dedican estos samuráis en tiempo de paz, en tiempo larguísimo de paz? Pues bueno, algunos sí que forman parte del ejército, porque el ejército sigue existiendo en tiempo de paz, porque esa paz se podría acabar o a un país vecino le podría dar por intentar atacar Japón y habría que tener un ejército. Sí, hay un ejército. Muy bien. También hay fuerzas policiales, podríamos decir, ¿no? Para mantener el orden en las ciudades y demás. Sí.
Pero no hay plazas para tantos samuráis desempeñando eso. Antes hacían falta muchos porque había muchas guerras, pero no hace falta tanta gente. Muchos se reconvirtieron en burócratas, pasaron a ser contables, administrativos. Pasar del campo de batalla al Excel es una reconversión drástica, ¿no? Pero sí se convirtieron en eso, en burócratas, en administrativos y demás, pero tampoco en eso había trabajo para todo el mundo. Con lo cual había muchos samuráis que sencillamente no trabajaban.
Acompañaban a su señor cuando iba a la capital. Bueno, la capital siguió siendo Kioto. Lo que pasa que en una ciudad llamada Edo, que es el actual Tokio, estaba el gobierno. Entonces, había como dos capitales, podríamos decir, ¿no? Pues bien, lo acompañaban allí. Entonces, se pasaban 6 meses o un año con su señor en Edo, pero no haciendo nada.
Con lo cual, eso es lo que estaba mal visto por la población, ¿no? Es que no hacen nada y cobran un sueldo. Pues bien, aparte de eso, como era la gente que tenía tiempo libre y tenía cultura, porque sí que habían tenido una buena educación de pequeños, pues eran la gente, por ejemplo, que se pudo dedicar a las artes.
Este periodo Edo, yo cuando explico la historia de Japón, el periodo Edo lo explico bastante rápido, no me lleva mucho tiempo. ¿Por qué? Porque yo me dedico, pues, a la parte más de historia política, ¿no? Cambios de gobierno, guerras. Aquí es que no hubo nada de eso. Aquí fue una cosa muy tranquila. En cambio, si yo fuera historiador del arte, el periodo Edo es el periodo de gran efervescencia de las artes. ¿Por qué? Porque en tiempos de guerra la gente no está para poesía. Eso pasa en Japón y en todos sitios. En cambio, en este momento tenemos a toda esta gente que tiene educación, que tiene tiempo libre y se empiezan a dedicar a las artes y es el momento en el que florecen pues las poesías haiku, los arreglos florales de ikebana, la ceremonia del té, los grabados de ukiyo-e, las obras de teatro kabuki; todas las artes japonesas o son de esta época o florecen en esta época.
¿Quién las practicaba? Pues básicamente samuráis. También había comerciantes adinerados que se dedicaban a estas cosas, pero principalmente samuráis.
Tenían mucho tiempo libre y lo dedicaban pues al ocio, y dentro del ocio estaban estas artes nobles, podríamos decir, como hemos dicho, pero también estaba pues visitar las casas de juego, visitar los prostíbulos y estas cosas, ¿no? Que también es lo que el pueblo veía. Era como que virtud, tal, pero si están todo el día, si en Edo han creado todo un barrio que es un distrito de placer, ¿no? Para, en fin.
Pero también había un campo en el que trabajaron mucho los samuráis, que era el campo de la literatura. En las grandes ciudades se consumía mucho entretenimiento en general, pero uno de los campos que más floreció fue el de la literatura. Hablamos de una sociedad con poco analfabetismo, en la que la gente en las ciudades, ya no solo los samuráis, consumían novelas y folletines y obras de teatro, etcétera, ¿no? Se imprimían muchos libros también gracias al adelanto técnico de la imprenta de tipos móviles, pero sobre todo a la técnica del grabado en madera. Cuando vemos los típicos ukiyo-e, el famoso este de la gran ola, ¿no?, por ejemplo, eso está grabado en unas planchas de madera. Pues de la misma forma este dibujo y el texto que hay, que igual no lo parece, pero aquello de allí son letras, el texto que hay está hecho de la misma manera, sencillamente grabado en la madera, ¿no? Pues gracias a estos adelantos técnicos se imprimían toda clase de libros y demás que realmente se vendían y se consumían mucho en las ciudades.
Porque hablamos de un Japón ya bastante urbanizado. La ciudad de Edo hubo un momento en el que tenía un millón de habitantes, era la ciudad más poblada del planeta a bastante diferencia, bastante distancia de las siguientes.
Tengo aquí esto de crónicas, novelas, teatro y códigos éticos. Estos son parte de los textos que se escriben en esta época, porque es lo que decía, los samuráis eran tanto consumidores de estos textos como autores.
Y lo importante para lo que hablamos nosotros es que en esta época se recuperaron, por ejemplo, crónicas guerreras del pasado. Estos son parecidos a los cantares de gesta que tenemos por Europa, ¿no? Son lo que se conoce en japonés como los gunki monogatari. Esto es un buen ejemplo, sería el más famoso. ¿Quién protagoniza esto? Pues los protagonistas son samuráis de hace siglos, ¿no? Porque son cantares de gesta, pues a lo mejor esta, por ejemplo, es del siglo XI, lo que nos explica es del siglo XI.
Aparte de esto, se publicaron muchas novelas, ya ven, además que son ilustradas nuevamente. La gente quería dibujitos, ¿no? ¿Quiénes son los protagonistas de estas novelas? ¿Quién es el bueno, el chico de la película? Un samurái siempre. Y es un samurái que se comporta como se supone que se tiene que comportar un samurái. Esos valores que hemos dicho antes, lealtad, obediencia, frugalidad, todo esto; son como buenos, perfectos.
Además también florece en esta misma época el teatro, sobre todo el teatro kabuki, donde ¿quiénes son los héroes? Samuráis que se comportan de esa manera. También florece, aunque no es tan famoso, el teatro bunraku, que viene a ser prácticamente lo mismo que el kabuki, pero en lugar de ser actores, pues son marionetas, marionetas muy complejas que normalmente necesitan un par de marionetistas para hacerlas funcionar, pero básicamente es lo mismo. Las historias también, la mayoría escritas por samuráis, que son los autores, y en las que los héroes perfectos y brillantes son siempre samuráis.
Aparte de estos géneros, dijésemos, de ficción, también se escribieron bastantes textos dentro de la categoría de los códigos éticos. ¿Qué son estos códigos éticos? Pues son unos libros que escribían también los mismos samuráis explicando cómo tendría que comportarse un samurái, ¿no? Y cuando hay que escribir un código para decirle a tu gente cómo se tienen que comportar es porque no se están comportando de esa manera. ¿Vale? Pero se escriben todos estos libros en los que te explican cómo se debe comportar un samurái. Pues eso, obedientes, leales, virtuosos, compasivos, bla bla bla.
Pues bien, todas estas diferentes historias tienen una cosa en común, y es que todas atribuían estas virtudes, estas características que nos dicen los códigos éticos, se las atribuían a todos estos samuráis del pasado.
¿Por qué digo del pasado, si son ficciones que se están escribiendo en este momento? Bueno, esto no, estos son los cantares de gesta, que son antiguos, pero lo demás, pues porque había una ley de este gobierno que establecía que si tú querías escribir una novela, pues muy bien, es ficción, pero no la podías situar en el tiempo presente, la tienes que situar unos siglos atrás. ¿Por qué? Pues porque no vaya a ser que tú escribas una novela en la que la acción sucede ahora y aproveches para introducir algún tipo de crítica social, ¿no? Hacia el gobierno. Entonces, a ver, nuestro gobierno empezó en el año 1603. ¿Quieres hacer una novela fantasiosa de no sé qué? Estupendo, me la colocas en el siglo XV o en el siglo XIV o en el siglo XI, ¿no? Y entonces ya si te metes con el gobierno, pues será el gobierno de otro y no el mío, me da igual. Eso en principio, pues bueno, no me parece una mala idea. Bueno, dentro de que es censura, ¿no? [risas] Una mala idea, me refiero, desde el punto de vista pragmático. Pues vale, está bien pensado.
Pero claro, tiene un pequeño problema, que es que todos esos samuráis de las novelas y las obras de teatro se están comportando conforme a la ética y a la moral del presente, de su presente, ¿no? Y en cambio nos dices que esa historia está ambientada en el siglo XI, con lo cual estamos cambiando el pasado, aunque sea a través de la ficción. Y es por eso que decía antes, volvemos atrás, es por eso que decía antes que buena parte de lo que conocemos de estos samuráis, de los antiguos, de los que luchaban, nos lo han explicado estos, y les he dicho que buena parte se lo inventaron, ¿no?
Esto es solo poner el ejemplo de lo que pasa a veces con películas antiguas. Pasó con Lo que el viento se llevó o ha pasado con algunas de Disney, Dumbo y alguna otra, que de repente pues alguien se da cuenta de que hay una secuencia de Dumbo donde salen unos cuervos hablando con unos claros estereotipos racistas, ¿no? Unos prejuicios racistas que cuando se hizo esa película, no sé de cuándo es Dumbo, de los 40 o de los 50, pues no pasaba nada, entre comillas. El chiste hacía gracia. Pero en la sociedad del siglo XXI pues esas bromas racistas o machistas ya no hacen gracia. Y entonces una de las soluciones posibles que a veces se hace, a veces no, es: bueno, ¿el problema que hay es con estas tres frases? Las volvemos a doblar y que no diga eso, ¿no? Yo no digo que esa sea la solución adecuada; la verdad es que tengo opiniones enfrentadas, no acabo de ver ninguna solución buena para ese problema, pero bueno, es una de las soluciones posibles. Pues es un poco lo que pasaba aquí.
Este samurái del siglo XI se está comportando como nos gusta ahora que se comporte la gente. Lo hemos redoblado, porque esto pasaba también. Claro, alguien dirá: "Ah, pero los cantares de gesta sí que estaban escritos en el siglo XI y demás". Claro, pero ¿qué pasaba? Que el cantar de gesta que se publicaba en el presente nuevamente lo publicaba la familia a la que pertenecía, ¿no? Ese cantar de gesta habla de mi tatarabuelo del siglo XI y yo lo voy a publicar; antes de publicarlo pues me lo voy a leer. Y entonces veo que mi tatara-tatarabuelo en una batalla hizo algo que en ese momento no pasaba nada, no estaba mal visto, pero que hoy en día va completamente en contra. Desobedeció, por ejemplo; hubo un momento que le dieron una orden y él desobedeció. Claro, estamos intentando enfatizar la idea de que hay que ser obediente.
¿Qué hacía ese descendiente de ese tatara-tatarabuelo? Pues voy a cambiar este párrafo. Lo cambiaba y lo publicaba. Con lo cual también estaba cambiando el pasado. Tenemos por activa y por pasiva, viniéndonos desde diferentes tipos de productos, a samuráis del siglo X, XIII, XIV, XV, comportándose según la ética de los samuráis del siglo XVII, XVIII y XIX.
Muy bien. Entonces, si los samuráis de antes del siglo XVII, es decir, los samuráis que realmente luchaban en el campo de batalla, no eran como nos han dicho los samuráis posteriores que eran, entonces, ¿cómo eran? De nuevo, podría ponerme pejiguero y hacer muchas categorías, pero creo que básicamente deberíamos distinguir, y por simplificar, entre este tipo de samurái y este tipo de samurái.
Claro, de entrada podríamos decir, bueno, un soldado de caballería y un soldado de infantería. Sí, esa es la diferencia práctica en el campo de batalla, pero eso implica mucho más. Vamos a echar un vistazo primero a este, al soldado de infantería, conocido en japonés como ashigaru, que significa, lo pongo porque me hace gracia el nombre, significa pies ligeros, ¿no? Porque más te valía moverte rapidito por el campo de batalla. Pues bien, sí, era un soldado de infantería, eso es lo que lo define, es decir, pues es un soldado que va a pie por el campo de batalla.
Pero lo principal que hay que saber de ellos es que la grandísima mayoría, prácticamente todos, eran campesinos, no eran samuráis de familia samurái de élite guerrera, eran campesinos que trabajaban las tierras de un señor samurái, lo mismo que pasaba en Europa, vaya. Trabajaban en las tierras de un señor samurái y cuando ese señor samurái iba a la guerra, pues se llevaba a prácticamente todos los campesinos que hubiera, pues o bien para conquistar el territorio vecino o para intentar defender el territorio propio. En algunos casos, el señor samurái les proporcionaba armas y una armadura ligera como la que vemos aquí. La mayoría de los casos se tenían que apañar ellos un poco como pudieran. En las películas, como estoy pensando ahora en Ran de Kurosawa, pues los vemos allí a miles de soldados perfectamente uniformados, limpios y tal, pero bueno, eso queda precioso en la película, pero en realidad solían ir con las zapatillas estas de caña, en taparrabos si era verano. La bandera, eso es importante, porque tienes que saber a quién pinchas con la lanza y a quién no. Se lleva la bandera como tú, no le pinchas. Y poco más: la lanza y ya está.
Normalmente se apañaban ellos, y si veías a uno de estos soldados que llevaba algún trozo de armadura, pues era porque no se les pagaba por sus servicios, pero sí que se les dejaba luego rapiñar. Entonces, si llevaba un trozo de armadura es porque había sobrevivido a una batalla y la había cogido de alguien que no había sobrevivido. O si era conquistando un territorio, pues podían entrar en el pueblo y saquear las casas, pero ya está. Y formaban parte de la infantería, pues porque es un tipo de soldado que requiere menos entrenamiento.
Es bastante fácil. Te dan ese pincho, esa lanza, y te dicen: "Corre por el campo". Y a todo el que lleve una bandera de otro color, que no es el tuyo, pues le pinchas con esto antes de que te pinche a ti. Se ha acabado la instrucción. O sea, no hay más. Claro, aprender a guerrear a caballo y lanzar con el arco al galope, pues es otro tema, y aparte el caballo se lo tendrían que pagar ellos, con lo cual tampoco.
De la misma manera, el arma típica de estos soldados pues es esa que vemos ahí, una lanza, una especie de pica llamada yari, bastante larga, de 3 o 4 m, en algunas batallas incluso de cinco. Y también a partir del siglo XVI, gracias a la introducción por parte de los portugueses, también encontramos batallones de ashigaru que utilizan el arcabuz, utilizan las armas de fuego, que esto también es parte del mito samurái. Hay mucha gente que se cree que los samuráis despreciaron las armas de fuego porque las consideraron como algo que no tenía honor y demás. Y tenemos toda esa historia, ¿no?, del samurái y la katana y tal y cual. Los samuráis eran muy pragmáticos y cuando vieron los primeros arcabuces pensaron... Si hubieran llegado 200 años antes, en época de paz... pero claro, estamos hablando de que llegaron en un momento de guerra, ¿no? Pues esto era genial. Además es que el arma principal de los samuráis nunca ha sido la katana. El arma principal de los samuráis siempre ha sido el arco y las flechas, aunque no nos venga a la cabeza, ¿no?, cuando pensamos en un samurái. Y al final, desde un punto de vista ético, ¿qué diferencia hay entre arco y flechas y un arcabuz? Las dos cosas son pues matar a un enemigo que está lejos antes de que se acerque, no tiene más. Así que bueno, no tuvieron ningún problema y adoptaron rápidamente el uso y los empezaron a fabricar, y de mejor calidad, y a los cuatro días todos los ejércitos tenían un montón de arcabuceros.
Pues bien, estos soldados, los de infantería, existieron durante toda la historia samurái, aunque al principio no se les llamaba de la misma manera. Y sí que es verdad que en ese periodo que decíamos de guerra absoluta es cuando florecieron, es cuando había más. ¿Por qué? Pues porque había que tener un ejército lo más grande posible. ¿Y cómo haces crecer un ejército en poco tiempo y sin gastar mucho dinero? Campesinos con una lanza. No puedes empezar a comprar caballos y adiestrar a gente durante años para una carga de caballería. Y así se entienden batallas que vemos en esta época gigantescas. Hay una batalla, la batalla de Sekigahara, en la que se enfrentaron 100.000 contra 100.000.
Eso si miramos las guerras que había en ese mismo momento en Europa, había muchísima menos gente. Hideyoshi, uno que hemos visto antes, movilizó un ejército de 280.000 para conquistar una de las islas de Japón. Es una barbaridad. Pues bien, dentro de estos ejércitos gigantes, enormes, la gran mayoría de soldados eran de este tipo: ashigaru.
Entonces, respecto a este tipo de samurái, un samurái un poco a jornada parcial, podríamos decir, ¿cómo eran? ¿Cómo veían el mundo? ¿Qué valores tenían? Ese tipo de preguntas que se me suelen hacer. Pues creo que es muy fácil y que nos lo podemos imaginar todos. Este pobre tipo lo único que quería era sobrevivir a la guerra, volver a sus campos, que ya suficientemente dura era la vida de campesino como para que encima el mismo señor que se te llevaba el 60%, 70% de la cosecha encima se te llevase a la guerra. A este no le hablemos ni de honor, ni de códigos de caballerosidad ni de nada, porque se nos va a echar, no sé si a reír o a llorar, pero mejor que no.
Las novelas, cuando hablaban de grandes gestas, no hablaban de este señor, hablaban de este. Este sí. Este es el samurái propiamente samurái, de familia samurái. No solo era samurái cuando había guerra, sino que él era samurái siempre. Podía ser de mayor rango o de menor, pero formaba parte de la élite samurái por nacimiento, ya antes de que se estableciera esa ley de que el samurái es hijo de samurái y demás.
¿Por qué? Porque antes de esa ley también se podía acceder al estatus de samurái fijo, dijésemos, viniendo de fuera. De hecho, cuando antes he dicho que Toyotomi Hideyoshi es el que crea esta ley, es muy curioso, porque él crea esa ley que dice que cada uno es aquello que era su padre. ¿Qué creen que era el padre de Toyotomi Hideyoshi? Campesino. Entonces fue el claro ejemplo de "ya he entrado yo, ahora cierro la puerta", que no entre nadie más. Realmente luego también hizo muchas leyes que beneficiaron mucho al campesinado japonés, pero siempre se le echa en cara eso de "pero si tú eras el hijo de un campesino". Pues sí, pasó de ser el hijo de un campesino que no tenía ni apellido a ser el japonés más poderoso de la historia. Pues bien,
antes sí que se podía, él lo hizo. Él era hijo de un campesino. Empezó trabajando para el clan de su provincia, que era el clan Oda, haciendo las tareas más domésticas. De hecho, su trabajo más famoso era el de portador de sandalias del señor, que era Oda Nobunaga, el primero de los tres que hemos visto aquí. Es decir, cuando Oda Nobunaga se montaba en su caballo, se quitaba las sandalias para poner los pies en los estribos, y entonces el portador de sandalias las agarraba y corría detrás del caballo con ellas en la mano. Si era invierno, las metía dentro así de la chaqueta para que estuvieran calentitas, y cuando el señor se bajaba del caballo, pues ahí estaban puestas. Entonces, de ahí pasó a soldado raso y ahí fue ascendiendo hasta que llegó a lo más arriba del todo. ¿Vale?
Entonces, este sí que es el samurái del que nos hablaban los samuráis de después, los de época de paz, en sus novelas, sus obras de teatro y demás. A este es al que atribuían todos esos valores éticos, todo eso que se ha conocido como el bushido. El bushido es literalmente el camino del bushi, el camino del guerrero, y es esa filosofía que se supone que todos los samuráis seguían, con esos valores, esas virtudes: la modestia, la frugalidad, el honor, el respeto, la misericordia, bla, bla, bla. Okay, pues vamos a preguntarle.
Ni es que ni idea, es que la palabra ni existía. Resulta que toda esa ética de los samuráis de siglos posteriores a estos ni se les pasaba por la cabeza, principalmente porque estaban demasiado ocupados intentando sobrevivir en la guerra como para estar con códigos y con éticas y con mandangas así. Y las guerras en las que participaban eran todas por motivos materiales, no éticos. En esta época, pues bueno, el territorio equivalía a más producción de arroz, y el arroz era un poco como la divisa del momento. También había dinero, pero realmente en la práctica era el arroz. Entonces, el señor quería más territorios para tener más arroz, y los que había por debajo del señor pues querían hacer méritos en la batalla, lo que decíamos antes de las cabezas cortadas, para cobrar más. Y nadie te iba a preguntar si esa cabeza que valía un punto la habías conseguido... Si se la has cortado por la espalda sin avisar, ¿vale menos? No, la cabeza vale una cabeza y ya está. Lo importante era cuántas cabezas, lo importante era cuántos territorios, no la forma en la que lo hemos hecho. Que para hacerlo resulta que hemos salvado a un pueblo que estaba siendo atacado y había unos niños en un granero ardiendo y lo hemos apagado y tal y cual. Guay. Pero a lo mejor para ganar la batalla hemos incendiado un pueblo y un granero con niños dentro. Da lo mismo.
Si estudiamos la historia samurái, por cada gesto, por cada hecho, por cada batalla que cumpla con los estándares, dijésemos, morales del tema del honor y demás, por cada una de esas que me encuentren, yo les encuentro cuatro que son lo contrario, que son traiciones de un hermano a un hermano, que son asesinatos, que son quemar vivo a medio pueblo, que son cosas muy alejadas de lo que entendemos por honor. De hecho, las dos batallas más famosas y más importantes de la historia samurái, que además están bastante separadas en el tiempo, la batalla de Dan-no-ura, en el año 1185, y la batalla de Sekigahara, en el año 1600, son las dos más famosas de la historia. Las dos tienen algo en común, y es que se decidieron porque alguien traicionó a su bando. En el último momento atacó no para este lado, sino para el otro, y las tornas de la batalla cambiaron. Y en ambos casos no por un tema de "hoy me acabo de dar cuenta de que mi general no actúa con honor, voy a traicionarlo". No, no, es porque el otro general me ha prometido dinero y títulos y demás. Las dos fueron puramente por motivos materiales, con lo cual yo también entré en esto atraído por el honor y la parte romántica, pero cuando empiezas a estudiar la historia, empiezas a estudiar los documentos, es que la verdad histórica te salta a la cara, y como historiador pues es la que tienes que contar.
Vamos a ir acabando. Avanzamos un poquito más en el tiempo y estamos ya en el periodo que viene después de ese periodo de paz. Todos esos 250 años pues hay un momento que se acaban. Y entonces, para que nos situemos, quien haya visto la película aquella de Tom Cruise de El último samurái, pues estamos ahí. En ese momento en el que Japón se moderniza y los políticos ya llevan corbata, pues estamos ahí. En el año 1868 llega la modernidad a Japón, modernidad que hay que entender como occidentalización. Y Japón quiere dar al mundo una imagen de país moderno y civilizado, entre otros motivos porque han visto lo que le ha pasado a China pocos años antes con las guerras del opio y demás por intentar resistirse a la llegada de Occidente. Y claro, eso de tener una casta de guerreros con espada y con lanza que cobran un sueldo, hagan lo que hagan, y muy poco meritocrático y demás, pues eso no es nada moderno. Y aparte se dan cuenta, cuando centralizan los pagos de los samuráis que pagaba cada señor regional en un pago único, de que asciende al 50% de los ingresos de Japón. Y claro, gastarnos la mitad de todo el dinero de Japón en dárselo a esta gente que no hace nada, cuando tenemos que hacer industrias, tenemos que hacer ferrocarril, urbanizar las ciudades, etcétera, pues no podía ser. Y deciden acabar con los samuráis, y ahí viene la rebelión esa de la película de Tom Cruise. Pero claro, no basta únicamente con acabar con los samuráis de ahora en adelante, sino que también quieren explicarle al mundo que, vale, hasta hace cuatro días teníamos una casta de guerreros, pero no eran unos bárbaros, eran una gente con unos valores y con unos ideales.
Y entonces pasa algo curioso, que es que Japón envía a diferentes sitios del mundo a gente para estudiar sus sistemas. Pues a este lo enviamos a que estudie las constituciones que hay en los países occidentales para ver cómo hacemos la nuestra. A este lo enviamos a que estudie ingeniería naval para hacer nosotros nuestros barcos. Pues envían a Ozaki Yukio, un político que va a Inglaterra, porque Inglaterra en ese momento es la primera potencia mundial, a que estudie por qué son la primera potencia mundial. Y entonces él acaba concluyendo que sobre todo es por la forma de ser de los ingleses, que son todos unos gentlemen. Yo creo que se codeó más con las élites que bebían té con el dedo tieso que en una taberna de Manchester. Pero bueno, el caso es que acaba llegando a la conclusión de que son todos unos gentlemen, son una gente que da un valor a la palabra, al honor; si entre ellos se venden un coche, no hace falta que firmen un contrato porque se dan la mano, y esto vale. Este tipo de cosas de caballeros, en este caso. Y él, estudiando esa característica, ese gentlemanship, ve que los propios ingleses, los propios gentlemen, relacionan ese gentlemanship con los caballeros medievales, los caballeros de la Edad Media, los caballeros andantes y demás. Utilizo palabras en inglés en este caso porque el castellano me juega una mala jugada, que es que gentleman lo traducimos como caballero y knight, que es el de la lanza, lo traducimos como caballero. Entonces no se entiende lo que digo. Pero vaya, los ingleses relacionan a los gentlemen con los knights, con los de la armadura. Y entonces él dice: pues podríamos hacer lo mismo, porque nosotros también tenemos caballeros de lanza y armadura. Nos los acabamos de cargar hace poco, pero los teníamos.
Y entonces él crea una palabra que es shinshi, que significa gentleman, o sea, caballero, no el de armadura, sino el señor cortés y demás. Y empiezan tanto él como muchos otros a escribir, a teorizar sobre esas ideas en una revista que se llama Bushidō Zasshi, la revista Bushido. Y es en ese momento cuando todas esas crónicas guerreras del pasado y todos esos códigos éticos que hemos visto antes se empiezan a publicar y a promocionar, porque algunos en su época habían pasado sin pena ni gloria. Y se recuperan algunas del pasado, como este Hagakure, que si ven la fecha en la que se publicó, hacía cien años de la última batalla, con lo cual su autor tampoco había pisado un campo de batalla nunca, pero él escribía cómo tenían que comportarse los samuráis.
Tenemos el famoso Libro de los cinco anillos de Miyamoto Musashi. Bueno, pongo algunos ejemplos, pero sobre todo también se escriben algunos nuevos, como el más importante de ellos, que es este Bushido: The Soul of Japan, que escribe aquí Nitobe Inazō.
Pues bien, es curioso porque este libro se escribió en 1899, es decir, prácticamente en el siglo XX. Es la obra clásica y más conocida sobre el supuestamente milenario código del honor, pero tiene 127 años de edad. Y no solo eso: he puesto el título de todos esos libros en su idioma original, en japonés, y este lo he puesto en inglés. ¿Por qué? Porque es el idioma original, se escribió en inglés. Este libro fue escrito en inglés en Estados Unidos y lo escribió un economista, un economista japonés cristiano; si no recuerdo mal, era cuáquero, o alguna otra de estas corrientes dentro del protestantismo. Él había recibido toda su educación prácticamente en escuelas cristianas del norte de Japón y después se fue a vivir a Estados Unidos. Y como él era cristiano, quería encontrar, para enseñarle a la gente con la que vivía, un sistema de valores dentro de la cultura japonesa que fuera equivalente o parecido a los valores del cristianismo. Y lo encontró en este bushido. Y además es curioso porque el libro no se llama Bushido, el alma de los samuráis, se llama Bushido, el alma de Japón. Es decir, a partir de este momento se entiende que el bushido no solo es propio de los samuráis, no: los japoneses se comportan todos de esa manera.
Vamos avanzando, ya estamos cerca del final. El gobierno militarista de los años 30 y 40 del siglo XX también promovió esta supuesta ética samurái. Tanto la educación como la religión de esta época se utilizaron como herramientas para promover este mito, puesto que valores como la lealtad a un superior hasta las últimas consecuencias resultan muy interesantes para un gobierno que está llevando al país a la guerra, a lo que después será la Segunda Guerra Mundial. Desde el principio del expansionismo japonés del siglo XX se utiliza la figura del samurái para promocionar todo esto. Por ejemplo, el gobierno fabricó miles de katanas de muy baja calidad, porque Japón no andaba sobrado de acero en la época de la guerra, para los soldados, cuando la mayoría de ellos, por un tema demográfico, estadístico, básico, no descendían de samuráis, descendían de campesinos. En cambio, todos llevaban su katana de mala calidad, pero su katana, para que ellos se creyeran que eran un samurái que luchaba por el emperador.
Y de hecho, a finales de la guerra, cuando Japón ya toma algunas medidas desesperadas, porque ya ven que están acabados, crean una unidad de pilotos especial que se llama Shinpū Tokubetsu Kōgekitai, que significa unidad de ataque especial Shinpū. La palabra más interesante no la he traducido. Es una unidad de pilotos, es una unidad de ataque especial, un ataque muy especial, pero esto de Shinpū no lo he traducido. Pues bien, lo de Shinpū, estén atentos ahora, porque la mitad del presupuesto de la charla me lo he dejado en esto.
Bien, así es como se escribe shinpū, que significa viento divino, viento de los dioses. Es una palabra que ha pasado más a la historia por otra pronunciación, teóricamente incorrecta, que es kamikaze, que es como conocemos a esos pilotos. Pues bien, ¿de dónde sale esta historia y por qué está relacionada con los samuráis? Pues esto tiene relación con un ataque que hubo a finales del siglo XI en el que mongoles, chinos y coreanos atacaron Japón por dos veces. Y las dos veces los japoneses se salvaron, la primera por una tormenta que se cargó la flota enemiga, y la segunda por un tifón que se cargó la flota enemiga. Con lo cual los japoneses, y no les culpo, porque realmente vaya casualidad, determinaron que eso era el viento de los dioses, que los dioses habían enviado para salvar a Japón, porque según la mitología japonesa, Japón es el país de los dioses. Yo creo que ningún país, según su mitología, dice "somos el último mono del planeta"; todo el mundo siempre... pues Japón. Y entonces, ¿qué hace el gobierno militarista de este momento? Porque desde aquel ataque a finales del siglo XI hasta este momento, ninguna otra vez ningún país extranjero había supuesto una amenaza para Japón. Pues cogen esa palabra, que todos los japoneses saben exactamente a qué hace referencia, y a esos pilotos que se lanzan en picado a suicidarse contra barcos enemigos les ponen viento de los dioses: los dioses otra vez nos salvarán. Spoiler: no, no salvaron. Los kamikazes no sirvieron para nada más que para darles motivos a los estadounidenses para luego utilizar las bombas atómicas, porque dijeron: "Mira, ¿ves? Es que están locos". En fin. Pues sí, eso también alude a los samuráis. Incluso lo que hacían los pobres chavales antes de su misión era como una ceremonia muy parecida a la que hacían los samuráis antes del suicidio que conocemos como harakiri, que es más correcto llamarlo seppuku. Pues hacían más o menos lo mismo: se ponían este hachimaki, esta cinta en el pelo, bebían sake, dejaban un poema de despedida. Estaba copiado del mundo samurái, y no por casualidad: se quería, pues eso, enaltecer esos sentimientos.
Y nada, ya acabamos, porque ya estamos en la actualidad. El gobierno actual sigue promocionando todos estos valores. Después de la guerra, después de la Segunda Guerra Mundial, hubo un tiempo en el que no, en el que todo lo que oliera un poco a bushido y a código samurái y tal estaba muy mal visto porque por la
…vergüenza que tenía Japón, ¿no? Por la Segunda Guerra Mundial, por cómo se habían comportado. Entonces, todo lo que les llevase a ese momento estaba mal visto. Incluso el gobierno de ocupación estadounidense prohibió cosas como las artes marciales porque estaban demasiado relacionadas con esto, ¿no?
Pero después, cuando ya Japón empieza a levantarse, empieza a convertirse en una potencia económica, pasa a ser la segunda potencia mundial, tienen los Juegos Olímpicos del 64, etcétera, cuando el mundo empieza a preguntarse cómo lo han hecho para ser un país devastado hace nada y ahora ser una gran potencia, ¿cómo lo han hecho? Bueno, porque Estados Unidos metió allí muchísimo dinero para que Japón se convirtiera en una gran potencia enfrente del avance del comunismo en China y demás, para poder enseñarles: mirad qué bien se vive en el lado capitalista del mundo. Pero bueno, ¿cómo se vendió eso? Pues porque los japoneses son trabajadores, son obedientes, ¿no? Los trabajadores de las empresas japonesas se comportan como samuráis, son leales a su jefe, tal y cual. Se vendió otra vez la misma exacta retórica para eso.
Actualmente, ¿cómo se entiende este bushido? Bueno, pues como ya no hace falta, por suerte, enviar al país a la guerra ni nada de esto, se sigue promocionando sencillamente como un objeto más de la cultura pop, y dentro de lo que todos los países hacen con sus culturas, ¿no? Esto que se ha denominado el soft power, ¿no? El poder blando. El poder duro es la capacidad militar de un país, y el poder blando es la influencia que ejercen, ¿no? Japón ha ejercido mediante su cultura pop una gran influencia en el mundo, ¿no? Ya no solo para atraer turismo, sino para muchos. Actualmente lo está haciendo Corea del Sur. Corea del Sur, en este sentido, actualmente le está comiendo un poco el lugar a Japón con sus series, con sus grupos de música y todo este tipo de cosas, pero el gobierno japonés sigue promocionándolo de esta manera.
Entonces, y con esto concluyo, en resumen, podríamos concluir diciendo que la imagen del samurái como caballero del honor y demás la crearon los samuráis que ya no hacían la guerra para justificar su sitio en la sociedad y sus privilegios, y que después a sucesivos gobiernos japoneses, por diferentes motivos, algunos muy blancos y muy legítimos como este, otros un poco más turbios como el de la Segunda Guerra Mundial, a diferentes gobiernos les ha interesado promover ese discurso, de forma que ha quedado instalado en el imaginario colectivo, ya no solo de Japón, sino de todo el mundo. Todo el mundo cree que los samuráis seguían ese código del honor.
Entonces, mi punto de vista es que, como historiador, deberíamos conocer la parte histórica, como mínimo conocerla. No digo que pase a ser la favorita. Es decir, una vez que yo les he fastidiado la ilusión de esta romantización, pues quizá hay gente que dice: "Vale, muy bien, pero a mí me siguen gustando más los samuráis de las películas. Me quedo con esa romantización". Perfecto. O igual alguien dice: "Pues estoy muy desilusionado y ahora no me gustan los de las películas y en cambio me gustan los que me has explicado tú". No creo, pero estaría bien. O igual alguien hace lo que hago yo, decir: "Bueno, pues a mí me gustan los dos". Lo que pasa es que de unos sé que son una cosa y de otros sé que son otra. Por lo menos yo he intentado dar a conocer esa otra parte.
Y eso es todo. Muchas gracias. [aplausos]
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