Del escenario a la duda: el mentalismo según Sim Salabim, de Pablo Raijenstein a Chan Canasta

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Resumen

Este episodio de Sim Salabim, el podcast sobre artes mágicas de la Fundación Juan March, se dedica al mentalismo. Lo abre una cita de Theodore Anneman que sirve de tesis: «El mentalismo no consiste en decirle a la gente que tienes poderes, sino en hacerles desear que los tengas». El programa define el mentalismo como la rama del ilusionismo que crea la apariencia de leer la mente, influir en decisiones o anticipar pensamientos. Según esa definición, lo consigue mediante el control de la atención, la sugestión y la interpretación del comportamiento humano, y construye «una experiencia psicológica de asombro y duda».

13 min de lectura

El episodio avanza en cuatro partes: una actuación contemporánea, un repaso a los pioneros, un diccionario de términos y una reflexión sobre la percepción extrasensorial y sobre qué hace realmente un mentalista.

Un viaje «hacia la mano izquierda»: la actuación de Pablo Raijenstein

El programa empieza con la grabación de un número de Pablo Raijenstein. El planteamiento es que una persona diestra experimente lo que siente un zurdo en su día a día, y el artista anuncia que lo hará mediante la sugestión colectiva, que él mismo equipara a una hipnosis colectiva. Invita al público a «abrir la mente» para iniciar ese viaje hacia la mano izquierda. Durante el proceso va describiendo sensaciones físicas: los dedos que se atraen cada vez más, los párpados que no se pueden abrir, una experiencia que presenta como «muy agradable».

Después pide la colaboración de la única persona zurda de la sala. Le propone que piense «con su mano izquierda» en el nombre de alguien que conozca y, sobre todo, en su primera letra. Le venda los ojos con una justificación que forma parte de la presentación: cuando una persona pierde uno de sus sentidos, los demás se agudizan. Le pide inhalar, exhalar y volver a ese «estado alterado». La coloca ante una pizarra sin dejarla dibujar todavía y le indica que se ponga el puño izquierdo en la cabeza mientras piensa en la letra. Le anuncia que sentirá una energía especial en el brazo y que será su mente inconsciente la que lo guíe.

Cuando el brazo se detiene, Raijenstein pregunta en qué letra pensaba. La respuesta es «la M», y al mostrar la pizarra aparece algo parecido a una M, entre aplausos. La grabación incluye una segunda variante con otra persona, a la que tutea. Le repite que cierre los ojos para que no entre luz, que su brazo izquierdo «es el que decide», y el resultado vuelve a coincidir, esta vez con una E.

El narrador presenta a Raijenstein como alguien que «una vez más ha desafiado las expectativas del público, gravitando entre lo imposible y lo asombrosamente humano», y resume su trabajo en tres elementos: intuición afilada, sugestión y juego mental. Recuerda que el número pudo verse en un ciclo de magia en el verano de 2025. A continuación hace la transición hacia la historia: para llegar a esos límites, otros lo hicieron antes.

Ted Anneman y la profesionalización del oficio

Según el programa, el mentalismo moderno nace en la frontera entre la magia, la psicología y el espectáculo, gracias a unos pioneros que supieron convertir la sugestión en arte escénico. El primero del que habla es el propio Ted Anneman, estadounidense que vivió en la primera mitad del siglo XX. El narrador lo describe como pionero en sistematizar y profesionalizar la lectura de pensamiento y lo sitúa entre los más grandes de su tiempo.

Su trabajo, explica, se centró en perfeccionar efectos de telepatía, predicciones y la lectura de sobres o billet reading. En esta disciplina, varios sobres sellados contienen información escrita por distintos espectadores y el mentalista acierta el contenido de uno tras otro. El programa destaca que Anneman combinaba una metodología rigurosa con una presentación dramática. Su número más famoso era «atrapa la bala», que el episodio pone como ejemplo clásico de mentalismo extremo. En él, Anneman supuestamente adivinaba o controlaba la trayectoria de una bala disparada hacia él, lo que creaba la ilusión de un peligro real. El narrador lamenta que no existan filmaciones de ese número que puedan compartirse.

Al Koran y la «psicología pura» de la moneda

De Al Koran sí hay archivo, y el episodio reproduce un fragmento en inglés de una de sus apariciones en el show de Ed Sullivan. Koran se presenta diciendo que lee mentes, pero tranquiliza al público: basta con que piensen en lo que siempre piensan, el dinero. Anuncia una demostración de lo que llama «pura psicología» y la conecta con la afición a coleccionar monedas antiguas. Cada moneda lleva una fecha y la primera cifra, según él, es siempre un uno.

El narrador explica la mecánica visible del efecto. El mentalista trae una moneda con el año de acuñación grabado y va pidiendo a distintos espectadores números del 1 al 10 hasta formar una cifra de cuatro dígitos. Con el uno, el ocho, el siete y el dos se construye «por puro azar», en palabras de Koran, el 1872. Luego hace subir a un espectador, que se identifica como Davis, y resulta que 1872 es la fecha de la moneda.

El programa ofrece datos biográficos: Koran nació en Londres en 1914 con el nombre de Edward Dow, creó numerosos trucos y su propia baraja, y emigró a Estados Unidos, donde vivió hasta su muerte en 1972.

Dunninger, Alexander y el mentalismo sin presencia física

El episodio menciona después a dos figuras que llevaron el mentalismo fuera de la escena convencional. Joseph Dunninger lo dominó por la vía radiofónica: sin ver a sus oyentes, adivinaba sus datos personales. Para el narrador, su trabajo demostró que el mentalismo podía funcionar más allá de la presencia física, con solo la voz, la sugestión y, añade con humor, las ondas hertzianas.

El otro es Alexander, «The Man Who Knows», el hombre que sabe, que llevó el misterio a los grandes teatros. De él, según el programa, queda poco registro más allá de su voz recreada en las máquinas fortune teller. Son aparatos que hoy son memorabilia vintage: se echaba una moneda y entraba en acción un mentalista mecánico. El narrador cierra la semblanza con una imagen: Alexander sigue ahí, «encerrado en el tiempo y en una misteriosa cabina».

Chan Canasta, lo «psicomágico» y el valor del error

Para muchos, dice el programa, el más grande fue Chan Canasta, nacido en Cracovia, que se hizo famoso en los años cincuenta y sesenta gracias a la televisión antes de dedicarse definitivamente a la pintura. Tomó su nombre artístico del popular juego de cartas y no se definía como mago ni como mentalista. Prefería un término propio: lo psicomágico.

Para lo que él llamaba sus «experimentos», sacaba dos barajas. Pedía a un espectador que pensara una carta y a otro que eligiera de la segunda baraja esa carta aún no mencionada. Lo adivinaba todo, o casi todo, porque Canasta cometía algún error de vez en cuando. El episodio recoge la interpretación de sus colegas de profesión, según los cuales lo hacía a propósito para evitar la perfección. El narrador extrae de ahí una conclusión: un error ocasional da un resultado más imprevisible e interesante.

Diccionario de términos: de la clariaudiencia a la telequinesia

Como es costumbre en Sim Salabim, el episodio incluye un diccionario de términos. Estas son las definiciones que da:

  • Clariaudiencia: percepción extrasensorial que permitiría a ciertas personas recibir mensajes por vía auditiva, imperceptibles para el oído común.
  • Clarividencia: visión perfecta y exacta de las cosas, o facultad de ver a distancia mediante una especie de visión interior, que se produciría con frecuencia en trance o en sueños.
  • Cumberlandismo: método para leer los pensamientos de una persona percibiendo los impulsos que transmite a través de sus movimientos musculares. Toma su nombre de Stuart Cumberland, que lo desarrolló y lo dio a conocer.
  • Hipnosis: estado especial de disociación y concentración psíquica originado por sugestión. En sus grados profundos, el individuo pierde voluntad hasta el punto de pensar y actuar según lo que le sugiere el hipnotizador.
  • Mnemotecnia: arte de fortalecer la memoria con procedimientos que facilitan retener y evocar recuerdos. El ejemplo es la fórmula «au-ti-ca-clau-né» para recordar a los emperadores Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.
  • Precognición: conocer hechos antes de que ocurran.
  • Psicometría: obtener información al tocar un objeto.
  • Sugestión: fenómeno por el cual una persona piensa o actúa sin ejercer su espíritu crítico, bajo el influjo de otro o de sí misma. Puede ser colectiva cuando la tensión emotiva es muy alta, por ejemplo en una gran manifestación religiosa o política. Puede llegar a la psicosis colectiva si los participantes pierden el sentido de su individualidad y cometen actos de los que normalmente se abstendrían.
  • Telepatía: transmisión de información a distancia sin pasar por los sentidos conocidos ni por radiaciones electromagnéticas.
  • Telequinesia: desplazamiento de objetos a distancia sin contacto directo ni indirecto.

ESP: la percepción extrasensorial como tema, no como realidad

El programa reserva un apartado para el término ESP, siglas en inglés de percepción extrasensorial. Lo introduce con preguntas al oyente: ¿alguna vez ha levantado el teléfono para llamar a alguien y era esa persona quien le estaba llamando? ¿Ha tenido la sensación de que algo ya le había ocurrido antes, sin poder explicarlo? El narrador afirma que todos experimentamos algo así en mayor o menor medida y que suele llamarse intuición, corazonada o percepción extrasensorial.

Recurre después al checo-estadounidense Milan Ryzl, autor del libro Hipnosis y percepción extrasensorial. Según Ryzl, el término designa la supuesta capacidad de percibir información más allá de los cinco sentidos físicos conocidos, e incluye fenómenos como la telepatía, la clariaudiencia, la clarividencia, la precognición y la psicometría. El matiz importante que recoge el episodio es que, dentro de la magia escénica y el mentalismo, la ESP se usa como tema o presentación, no como realidad. El ilusionista muestra aparentes percepciones extrasensoriales, como adivinar el símbolo de una carta oculta o leer la mente de alguien. Pero lo consigue con técnicas psicológicas, trucos de manipulación o preparación previa, no con poderes reales.

Como ejemplo de ese puente entre investigación y espectáculo, el programa cita las cartas ESP o cartas Zener. Las creó en los años treinta el psicólogo Karl Zener y las usó J. B. Rhine en la Universidad de Duke para sus experimentos sobre percepción extrasensorial. Tienen cinco símbolos: círculo, cruz, ondas, cuadrado y estrella. Según el episodio, siguen siendo un clásico del mentalismo y los magos las usan todavía en rutinas que evocan la investigación científica de los poderes mentales.

Un número que siempre es 2178

El episodio rescata un truco de Cómo hacerse prestidigitador, del profesor Adams Luther, publicado por la editorial mexicana Olimpo en 1962. El espectador escribe un número de tres cifras cuya primera y última cifra sean distintas. Debajo escribe el mismo número al revés y resta las dos cantidades, la mayor menos la menor. Bajo el resultado escribe esa misma resta invertida y suma ambas cantidades. Por último, multiplica el total por dos.

Mientras tanto, el mago, de espaldas e incluso con los ojos vendados, simula un esfuerzo mental y anuncia que el resultado final es 2178. El libro, tal como lo resume el programa, presenta así un procedimiento aritmético como si fuera un acto de adivinación.

El secreto: controlar la experiencia del espectador

En la parte final, el narrador plantea con cautela, con un «habrá quien diga que tal vez, solo tal vez», que el secreto no está en poseer poderes extraordinarios sino en controlar la experiencia del espectador. Según esta lectura, el mentalista trabaja con la atención, la memoria, el lenguaje y las expectativas. Dirige la mirada, sugiere ideas, explota patrones comunes de pensamiento y aprovecha la necesidad humana de encontrar sentido. Más que ocultar métodos, construye un relato verosímil en el que el público acepta, al menos provisionalmente, que lo que ocurre podría ser real.

El programa sitúa la clave última en la ambigüedad cuidadosamente mantenida. A diferencia de otros trucos, sostiene, el mentalismo evita la espectacularidad evidente y se apoya en gestos mínimos, silencios y decisiones aparentemente libres. Cuando funciona, el espectador no se pregunta cómo lo ha hecho, sino cómo lo ha sabido. Para el narrador, ese desplazamiento convierte el truco en inquietud y el engaño técnico en una experiencia psicológica que persiste más allá del escenario.

Fuentes

El episodio cita como fuentes varios libros de la biblioteca de ilusionismo de la Fundación Juan March:

  • Magia mental, de Bill Severn (Diana, 1980)
  • Efectos de mentalismo, de Joaquín Vilajosana Puntí
  • Historia de la magia, de Kurt Seligmann
  • Exciting Experiments in ESP
  • Hipnosis y percepción extrasensorial, de Milan Ryzl
  • Cómo hacerse prestidigitador, del profesor Adams Luther
  • El cerebro mágico, de Federico Ludueña
  • Sound Mentalism, de Sam Dalal

El programa se despide con la misma fórmula hipnótica que le da título: «Ahora despertarás de un dulce sueño y no recordarás nada de lo que has escuchado».