Nördlingen (1634): los tercios frente al modelo sueco
Fundación Juan MarchEn la cuarta conferencia del ciclo «Batallas de la Era de los Tercios» de la Fundación Juan March, el profesor Antonio José Rodríguez Hernández (UNED) plantea la batalla de Nördlingen a partir de tres preguntas. La primera es qué hacía un ejército de la Monarquía española en Baviera, tan lejos de sus territorios. La segunda es qué tuvo de especial esta batalla. La tercera, que reserva para las conclusiones, es si fue realmente decisiva.
Sobre la segunda pregunta adelanta su postura. En un sentido, Nördlingen fue una batalla corriente de la Edad Moderna: un ejército católico asedia una plaza protestante y otro ejército acude a socorrerla, un esquema ligado a la importancia de las fortificaciones que ya se había tratado en la primera sesión del ciclo. Pero tuvo dos novedades. En el bando católico combatieron juntos un ejército español, uno imperial y otro de la Liga Católica bávara, frente a un ejército protestante dirigido por Suecia, aunque la mayoría de sus soldados no eran suecos. Además, por primera vez se enfrentaban en campo abierto dos modelos de hacer la guerra: el de los tercios españoles y el sueco, más reciente y refinado, que hasta entonces había dominado los campos de batalla alemanes. El ponente supone que esa cuestión debía de dar que hablar en los fuegos de campamento la noche anterior.
El encuentro de los dos Fernandos
La conferencia arranca con el cuadro de Rubens que muestra el saludo entre los dos Fernandos: el cardenal-infante Fernando de Austria, hermano de Felipe IV, y Fernando, rey de Hungría, hijo del emperador y futuro emperador. El ponente recuerda que no era la primera vez que un ejército español y uno imperial se daban la mano y combatían juntos en Alemania. Aun así, ese gesto (a veces se dice que también se abrazaron) tenía mucho peso porque llegaba en un momento avanzado y crítico de la guerra de los Treinta Años para ambas ramas de la casa de Austria, y está muy ligado al rumbo que tomaría la guerra para el bando católico.
Por qué España combatía en Alemania
La guerra de los Treinta Años suele presentarse como un conflicto alemán y como la última gran guerra de religión europea. Rodríguez Hernández explica que España tenía allí tres intereses: defender el catolicismo, apoyar a sus primos de Viena y, sobre todo, proteger las comunicaciones entre Italia y Flandes. El Camino Español, que iba del norte de Italia a los Países Bajos, era el «cordón umbilical» militar de la Monarquía, porque la mayor parte de las tropas que iban a Flandes todavía pasaban por ese corredor. De ahí la importancia de Alemania y del Rin.
La colaboración hispano-austriaca venía de antes. El ponente la remonta a la guerra del Friuli, en la que España ayudó al emperador frente a Venecia. Según él, en esa época la corte vienesa se veía como un satélite de Madrid, tanto por el poder de la rama española de los Habsburgo como por el apoyo económico y militar que le prestaba. Desde la defenestración de Praga en 1618, España no solo respaldó a Viena, sino que le cedió muchas tropas procedentes de Nápoles, Milán y Flandes para la fase bohemia de la guerra. Como ejemplo muestra un cuadro de Snayers sobre el asalto a Písek, en Bohemia, donde aparecen juntas las aspas de San Andrés y el águila imperial.
En la Montaña Blanca, señala el ponente, los dos jefes católicos, Tilly y Bucquoy, procedían de los Países Bajos y se habían formado en la escuela militar española de Flandes. Además, aunque es poco conocido, una tercera parte de ese ejército católico estaba pagada por España: italianos, valones (como los de Verdugo) e incluso alemanes.
También había dinero. Con documentación de archivo, el ponente muestra los subsidios que la embajada española en Viena entregaba al emperador. Explica que el emperador era el más pobre de los dos Habsburgo: el trono imperial le daba prestigio, pero su economía era «paupérrima» y dependía de Madrid para sostener tanto su ejército, muy reducido al comienzo de la guerra, como su política imperial. En la década de 1630, según las cifras que presenta, el embajador español entregó más de un millón y medio de florines a la corte imperial para financiar casi todo.
Los años favorables: del Palatinado a Breda
La primera fase de la guerra terminó con victoria católica en la Montaña Blanca, y el ponente la atribuye en buena medida al apoyo español. España ayudó además a eliminar a Federico V, el «rey de invierno», apodado así porque solo gobernó Bohemia un invierno. Las tropas de Ambrosio Spínola conquistaron su Palatinado, en el Rin, lo que daba a España cobertura para el Camino Español. También se tomó Jülich y se aseguró el control del Rin.
El ponente describe 1625 como el annus mirabilis de la Monarquía: se toma Breda, se socorre Génova, se rechaza el ataque angloholandés a Cádiz y se recupera Salvador de Bahía. Parecía que todo iba bien.
Luego llegó la fase danesa. Según el ponente, el rey de Dinamarca entró en la guerra contra la opinión de sus consejeros, por prestigio personal, por su fe protestante y por motivos económicos. No cambió nada: pese a sus muchos mercenarios, como los de Mansfeld, fue derrotado rápidamente en Lutter y en otros lugares. Las tropas imperiales llegaron a controlar casi toda Alemania, salvo Stralsund, en el extremo norte. Wallenstein, generalísimo imperial, fue nombrado incluso almirante del Báltico, algo que el ponente considera simbólico porque ni imperiales ni españoles tenían flota en ese mar, y que sentó muy mal en la región.
Suecia y Gustavo Adolfo: revisión de un mito
Así entra Suecia. El ponente la presenta como un país alejado de la escena internacional, con apenas 1.200.000 habitantes contando la parte de Finlandia que controlaba, y sin Escania, que aún no era sueca. Tenía un peso internacional casi nulo hasta Gustavo Adolfo, pero contaba con ventajas: buen cobre y buen hierro para fundir cañones, un Estado muy centralizado, una población muy adoctrinada en el luteranismo, en la que los pastores tenían un papel esencial, y reformas internas que lo hacían bastante cohesionado. Según él, la nobleza sueca y el monarca compartían intereses a costa del campesinado, que era quien servía en las guerras. Esa nobleza fue la gran beneficiada del conflicto, recompensada con enormes tierras en Alemania, y muchos de los edificios más espléndidos de Suecia proceden de esta época. Aunque de Suecia no puede decirse lo que se dice de Prusia, que era un ejército con un país, sí era para su tiempo un Estado muy militarizado.
Sobre Gustavo Adolfo, el «León del Norte» que la propaganda protestante enfrentaba al águila imperial, el ponente reconoce su carisma y sus dotes: sabía varios idiomas, entre ellos italiano, algo de francés y polaco, y era audaz y capaz. Pero añade que la historiografía reciente, incluida la protestante, destaca rasgos negativos que antes se omitían: una personalidad egocéntrica, ambiciosa, irascible, incontrolable e incapaz de medir el riesgo, lo que explicaría su muerte en combate.
El ponente cuestiona también que interviniera para defender la religión protestante. Según lo que, dice, sostiene incluso la historia sueca, a Gustavo Adolfo le dolió que Wallenstein fuera nombrado almirante de un Báltico que él consideraba un lago sueco. Para Rodríguez Hernández, los motivos fueron los clásicos, «dinero, tierras y poder»: dominar el Báltico, llegar a Pomerania y a las desembocaduras de los grandes ríos para controlar el comercio, el prestigio y los subsidios franceses. Richelieu, que buscaba la hegemonía europea frente a los Habsburgo aunque Francia fuera católica, ofreció en 1630 a Suecia 2,4 millones de táleros, cerca de un tercio de los ingresos suecos. El ponente cuenta que, según «las malas lenguas», a Gustavo Adolfo no le gustaba la diplomacia ni el embajador francés, pero al ver la cifra aceptó. La imagen de una Suecia que empuña la espada por la fe procede, sobre todo, de la propaganda sueca del siglo XIX. Tras la muerte del rey, la propaganda trasladó el título de «leones del norte» a los soldados suecos en general.
De Breitenfeld a Lützen
Gustavo Adolfo desembarcó con un ejército pequeño que creció muy deprisa gracias sobre todo a mercenarios alemanes, y encadenó victorias. En Breitenfeld (1631), según el ponente, el nuevo modelo sueco dejó en ridículo a los imperiales, y en el Lech (1632) volvió a vencer, aunque con más dificultades. Cuando parecía que Alemania quedaba sometida a los católicos, el nuevo actor lo cambió todo. Los suecos controlaron Pomerania, Brandeburgo y el norte, bajaron hacia el sur y presionaron la zona más católica del Imperio.
El ponente subraya un rasgo del modelo sueco: grandes ejércitos mercenarios que no solo combatían, sino que explotaban sistemáticamente los recursos de amplias zonas de Alemania mediante impuestos y saqueos, de modo que la guerra se financiaba a sí misma. Reconoce que los católicos también lo hacían, pero afirma que los suecos lo llevaron más lejos. Llegaron al Palatinado, expulsaron de casi todo él a los españoles y cortaron las comunicaciones con Flandes, mientras Baviera, el gran aliado católico del emperador, era asolada.
En Lützen (1632), representada en otro cuadro de Snayers, el ponente llama la atención sobre el contraste entre las brigadas suecas y los escuadrones de picas católicos, más lineales y menos refinados. Fue una victoria sueca, pero murió el rey. Se conserva en Suecia el coleto que vestía, con el orificio de la bala mortal. El ponente recoge el relato según el cual, herido y caído, costó sacarlo de debajo del caballo porque «comía demasiado», y un jinete católico que intentó llevárselo para pedir rescate acabó dándole el golpe de gracia al no poder con él.
La muerte del rey no cambió el panorama. El canciller Axel Oxenstierna, con los generales Banér y Horn, mantuvo la posición sueca y promovió en 1633 la Liga de Heilbronn, que agrupó a buena parte de los protestantes de Suabia, Franconia y el Alto y Bajo Rin. Faltaban Baviera y Sajonia, porque no compartían los intereses suecos.
Italia, el Camino Español cortado y el ejército de Lombardía
El ponente retrocede a 1631 y al norte de Italia, la «llave de Italia» para España. La guerra de sucesión de Mantua, cerrada con la paz de Cherasco, fue a su juicio la primera derrota española en la región y costó otra posición clave del Camino Español. Tras Cherasco se enviaron por el camino casi 9.000 infantes y más de 1.000 jinetes con el marqués de Santa Cruz. Con esa marcha, según la documentación que cita, el ejército de Lombardía quedó reducido a unos 4.800 infantes españoles, algo más de 3.000 alemanes y unos 1.000 jinetes.
De ahí saca una conclusión que repite varias veces: suele decirse que el ejército español de Nördlingen era veterano, pero no lo era del todo. Algunas unidades, como las españolas, sí lo eran; el resto eran reclutas nuevos.
Hacia 1632 el Camino Español estaba bloqueado por el Palatinado, por Alsacia, ocupada en gran parte por los protestantes, y por Saboya, que ya no era aliada. El equilibrio favorecía a Suecia. Entonces se sumó otra circunstancia: la gobernadora de los Países Bajos, Isabel Clara Eugenia, estaba enferma y se esperaba su muerte. Como era tradición que los Países Bajos los gobernara alguien de sangre real, se eligió al cardenal-infante Fernando. El ponente aclara que era cardenal por ser segundón, que nunca ofició y que se le conoce por su actividad militar. El problema era llegar: no había camino por tierra y el mar seguía siendo peligroso. Se le nombró virrey de Cataluña para preparar el viaje en galeras hasta Génova (Finale) y Milán.
La campaña del duque de Feria (1633)
Un año antes de la batalla, el duque de Feria recibió el encargo de reabrir la ruta hacia Flandes, porque los imperiales no tenían medios para hacerlo. El ponente ilustra la campaña con cuadros del Salón de Reinos, como los de Vicente Carducho sobre el socorro de Constanza, la expugnación de Rheinfelden y el socorro de Brisach, que la Monarquía celebró como una gloria.
La ruta tradicional por Saboya y el Franco Condado, con pasos alpinos abiertos casi todo el año, ya no era viable, y la alternativa por Lorena la había cerrado la ocupación francesa. Había que pasar por la Valtelina, cerca del lago de Como, protegida por el fuerte de Fuentes, cuyas ruinas aún se ven. El ejército de Feria incluía un tercio español sacado del Estado de Milán, el de Juan Díaz Zamorano, con más de 2.500 hombres, varios tercios italianos, en su mayoría de nueva leva napolitana y lombarda, la infantería alemana, que era lo más veterano del ejército de Milán, y caballería. Muchas de esas tropas acabarían combatiendo en Nördlingen. En paralelo se reclutaron borgoñones en el Franco Condado.
En febrero de 1634 se produjo otra crisis: el emperador, que había perdido la confianza en Wallenstein porque este seguía una agenda propia, permitió que un grupo de oficiales lo asesinara. El ponente describe a Wallenstein como un condotiero a la antigua, un empresario militar capaz de reunir 100.000 hombres a cambio de tierras y saqueos, y el único capaz de plantar cara a los protestantes. Entre los asesinos había irlandeses y escoceses, como Butler y Leslie. Leslie mandaría en Nördlingen uno de los regimientos al servicio de España.
El ejército del cardenal-infante
En el verano de 1634 el cardenal-infante cruzó la Valtelina con un ejército prácticamente reconstruido. Había españoles veteranos, algunos llegados de Nápoles con el sargento mayor Escobar, y compañías sacadas de los dos tercios asentados en Milán desde hacía tiempo, el de Lombardía y el de Saboya. El ponente recuerda que este último sigue en activo como regimiento del ejército español. El resto eran napolitanos, en gran número, lombardos y otras naciones, además de caballería.
Según los datos que presenta, los españoles eran la parte más veterana de la infantería, pero solo el 18%. Los italianos, sobre todo napolitanos y lombardos, eran muchos más; los alemanes, alrededor de un tercio, y los borgoñones, el 8%. Aun así, este era, a su juicio, el ejército más importante del bando católico en la batalla.
La campaña de 1634 y los ejércitos enfrentados
En 1634 los católicos fueron recuperando plazas: Ratisbona a partir del 26 de julio y Donauwörth en agosto. El 18 de agosto comenzó el sitio de Nördlingen. El ponente insiste en que la ciudad no tenía valor estratégico: tenía poca guarnición y una muralla que se podía tomar en pocas semanas. Pero era un símbolo, y estaban en juego el prestigio sueco, la supervivencia de la Liga de Heilbronn y los subsidios franceses. Oxenstierna presionó a sus generales para que dieran batalla. El 25 de agosto el ejército del cardenal-infante salió de Múnich y el 2 de septiembre llegó al campo de asedio. La urgencia llevó a los protestantes a atacar sin esperar algunos refuerzos que venían.
El contingente imperial y bávaro era pequeño en infantería, que solo formó siete escuadrones del total, entre otras cosas porque cubría el asedio. Su fuerza estaba en una caballería numerosa y experimentada, que era justo lo que les faltaba a los españoles. Parte de ella eran croatas y húngaros. El ponente cita el relato de Aedo, que dice que «solo sirven de inquietar y andar en el alcance, pero que no pelean».
Suecia tenía entonces unos cuatro cuerpos de ejército en Alemania, que vivían sobre el terreno de las contribuciones. El ponente menciona el tributo conocido como «dinero de fuego»: o pagas o te quemo el pueblo. Dos de esos cuerpos, los de Bernardo de Sajonia-Weimar y Horn, más guarniciones y una milicia de Württemberg, sumaban unos 16.000 infantes, 9.000 jinetes, 1.000 dragones y 68 cañones. A diferencia del ejército español, eran tropas muy veteranas y profesionales, aunque desgastadas. Los católicos tenían más de 20.000 infantes, parte de ellos en las fortificaciones, y unos 15.000 jinetes, parte de ellos croatas y húngaros no aptos para el choque. El ponente resume la proporción en dos a tres a favor católico.
Muchos de los cuadros de Snayers sobre la batalla están en Estocolmo, cosa que el ponente considera curiosa tratándose de los vencidos. En uno de ellos aparecen de nuevo los dos Fernandos, el marqués de Leganés y las dos compañías de guardas del cardenal-infante: una de caballería pesada con lanza, mandada por el marqués de Oraní, y otra de arcabuceros.
Los mandos de ambos bandos
El mando imperial lo tenía Matthias Gallas, de Trento, asistido por Ottavio Piccolomini, florentino. Ambos habían servido antes a España y se habían formado en Flandes, y ambos habían participado en la conjura contra Wallenstein junto con Aldringen, muerto poco antes de la batalla. Eran, por tanto, hombres de confianza del rey de Hungría. Tras la victoria, España les concedió títulos nobiliarios en Nápoles; el de Piccolomini fue el ducado de Amalfi.
Para el ponente, la figura central del bando español fue el marqués de Leganés, uno de los pocos grandes generales de origen español de la época y quien planteó la batalla tal como se desarrolló. Se formó en el ejército de Flandes, fue maestre de campo con Spínola, se casó con una de sus hijas y estaba emparentado con el conde-duque de Olivares, lo que le ayudó a obtener cargos. Aun así, el ponente lo considera un general muy capaz, como mostrarían sus victorias posteriores, algo que no ve en Gallas ni en Piccolomini. La caballería la mandaba nominalmente Felipe Spínola, hijo de Ambrosio y poco experimentado, pero en la práctica la dirigió Gerardo Gambacorta, veterano de la campaña de Feria. Completaban el mando el duque de Nochera y Juan María Serbelloni, veterano del ejército de Milán que había sustituido a Feria cuando este murió en el invierno de 1633-1634.
En el bando protestante, Bernardo de Sajonia-Weimar, hijo menor de un duque sin opciones de herencia, y Gustav Horn habían servido brevemente en los ejércitos holandeses, es decir, en el modelo opuesto al español, y se habían curtido en la guerra de los Treinta Años. Horn era el sueco de mayor rango, pero el jefe militar de la Liga de Heilbronn era Bernardo. Se llevaban muy mal, en parte por cuestiones de precedencia. Bernardo, que el ponente considera algo más capaz, reprochaba a Horn ser demasiado metódico y poco agresivo. En opinión del ponente, parte del fracaso sueco se debió a esta mala relación.
Las reformas militares suecas
Antes de la batalla, el ponente revisa las innovaciones suecas. Critica a la literatura anglosajona protestante que diviniza a Gustavo Adolfo: cuenta que ha llegado a leer que, si se le llevara a las trincheras de 1914, entendería perfectamente aquella guerra, y que se le presenta como padre de la guerra moderna, de la guerra total o inventor de uniformes y cartuchos. Según el ponente, los uniformes y los cartuchos existían antes, y los cartuchos ni siquiera se usaban masivamente en su ejército porque el papel era caro. A su juicio, Gustavo Adolfo fue un hombre muy inteligente que supo combinar elementos ya existentes. Su laboratorio fueron las guerras contra Polonia, en las que los húsares alados polacos derrotaron una y otra vez a los suecos y le obligaron a cambiar su forma de combatir.
Infantería. La innovación de fondo, que el ponente no atribuye a Gustavo Adolfo, fue el reclutamiento obligatorio: de cada diez hombres hábiles se sacaba uno, un drama para un país tan poco poblado. Así se llegó a reunir unos 40.000 hombres en regimientos regionales. Ser elegido para ir a Alemania era casi una sentencia de muerte. Con eso no bastaba, así que se contrataron miles de mercenarios, escoceses y sobre todo alemanes. Hacia 1632, de unos 140.000 soldados al servicio sueco, solo una cuarta parte eran suecos o finlandeses. En proporción, el impacto de la guerra fue mayor en Finlandia que en Suecia.
Eran ejércitos muy disciplinados, de luteranismo estricto y sin lujos. Se aligeraron las armaduras: a partir de 1634 ya no se enviaron más coseletes. También se aligeró el mosquete, reduciendo peso y calibre, de modo que la mayoría no necesitaba horquilla. El ponente explica que el mosquete común era tan pesado y tenía tanto retroceso que muchos soldados se protegían el hombro con una almohadilla.
El cambio principal fue el sistema de fuego. Españoles e imperiales formaban a unos diez de fondo y disparaban por filas que se iban rotando para mantener un fuego continuo. Los suecos formaban a seis de fondo y disparaban las seis filas a la vez, algo que el ponente considera peligroso, o de tres en tres, en salvas. Según él, no era más eficaz ni más rápido: buscaba el impacto psicológico de una descarga masiva frente a unas bajas repartidas y casi imperceptibles en un escuadrón compacto. Las compañías eran más pequeñas y con más oficiales: en teoría 16 oficiales, 72 mosqueteros y 54 piqueros, frente a compañías imperiales que podían llegar a 300 hombres. Se agrupaban en una formación en forma de T. La gran novedad fue la brigada, término que, según el ponente, usaron por primera vez los suecos, reforzada con hasta seis cañones regimentales ligeros por brigada.
Caballería. Los caballos suecos, bajos y duros, eran objeto de burla. Se atribuye a Tilly el comentario de que los mozos de los carros de avituallamiento tenían mejores monturas, palabras que, dice el ponente, tuvo que tragarse. Los suecos redujeron la protección a peto, espaldar y un casco más ligero que daba más visión, buscaron el choque directo y combinaron sus escuadrones con destacamentos de mosqueteros en los que refugiarse. Enfrente estaba el coracero imperial y español, cubierto de hierro con armadura de tres cuartos a prueba de bala, con dos pistolas que había que disparar a muy corta distancia, «cuando se vea el blanco de los ojos». En el choque típico, el coracero se imponía al arcabucero montado, más ligero. El ponente señala que se sabe cómo iban equipadas estas unidades gracias a los documentos en castellano sobre levas españolas en Alemania conservados en los archivos de Viena.
Dragones. Según el ponente, en Nördlingen se documenta el primer uso de dragones en el ejército español: cinco compañías montadas, entre ellas la de Pedro de Santacilia, que había servido con Feria y que acabaría siendo virrey de Mallorca.
5 de septiembre: las colinas y el bosquecillo
El ejército sueco estaba al otro lado del río Eger. Para socorrer la ciudad, hizo un rodeo amplio y lejos de la vista de los católicos, con la intención de cortar sus comunicaciones y obligarles a levantar el asedio. El terreno cercano al campamento católico formaba una especie de V de colinas. Para lograr su objetivo, los suecos debían ocupar las alturas y dominar el campo con su artillería, pero no reconocieron bien el terreno. Leganés, con ayuda de Gallas, había puesto observadores, croatas y dragones, en casi todas las colinas. Según el ponente, los suecos se confundieron una y otra vez y no comprendieron las dimensiones del campo hasta muy avanzada la batalla.
Hacia las tres de la tarde del 5 de septiembre, la caballería de observación dio la alarma. En unas tres horas los suecos tomaron las tres colinas centrales, entre ellas Himmelreich, atacando con caballería a los pocos mosqueteros que las defendían. La caballería imperial contraatacó en choques que llegaron a enfrentar a más de 6.000 jinetes, pero sin apoyo tuvo que retirarse.
A las seis de la tarde, al anochecer, Leganés ya había entendido el valor de las alturas y envió al sargento mayor Escobar con unos 600 hombres (200 españoles, napolitanos y borgoñones) a ocupar un bosquecillo que frenara el avance protestante. Bernardo, que llevaba la iniciativa, se detuvo tras tomar las tres colinas y encargó a Horn, que venía detrás, que continuara, y se perdió un tiempo precioso. Escobar se atrincheró en el bosquecillo y la caballería que lo atacaba primero no pudo tomarlo. Recibió refuerzos continuos y causó muchas más bajas de las que sufrió. Cuando llegó más infantería y artillería sueca, la situación se volvió insostenible. Se le ordenó resistir hasta la muerte si hacía falta y pidió herramientas de gastadores para fortificarse, pero no llegaron a tiempo. Sin pólvora ni munición, tuvo que abandonar la posición, aunque en una retirada bastante ordenada. En esa lucha murió el hijo del capitán Santacilia.
Escobar fue capturado y llegó a cenar esa noche con Bernardo. Cuando le dijo cuántas tropas tenía el cardenal-infante, unos 15.000 hombres, Bernardo se ofendió, porque sus informes hablaban de unos 5.000 españoles «desarrapados». Según se cuenta, intentó matarlo de un disparo y falló. Con el tiempo Escobar fue liberado sin problemas.
La noche en el Albuch
La colina del Albuch iba a ser la clave de la batalla. Durante la noche se fortificó, pero el terreno era muy pedregoso y solo se levantaron parapetos de tierra apisonada de unos 90 centímetros y tres medias lunas, orientadas al norte y a los lados. El ponente subraya, frente a la confusión que atribuye a la literatura protestante, que las cuatro unidades destinadas allí eran todas del ejército español: tres regimientos alemanes a su servicio, uno de ellos muy bisoño y otro el de Leslie, y el tercio napolitano de Toraldo, en el flanco derecho. Las mandaba el general de la artillería, Serbelloni. También se envió a un religioso con conocimientos de matemáticas.
Antes del amanecer, los jefes católicos se reunieron para planear la batalla. Hubo reproches, y algunos mandos imperiales criticaron con malas maneras a los españoles por haber perdido el bosquecillo. Leganés concluyó que parte de las tropas del Albuch eran demasiado bisoñas y que hacía falta una unidad veterana. Se envió el tercio español de Martín de Idiáquez, que, según el ponente, «salva el día». Idiáquez acababa de recibir el mando del antiguo tercio de Juan Díaz Zamorano, el veterano de la expedición de Feria, reforzado con otras compañías. Nacido en Dendermonde (Flandes), hijo de militar, llevaba más de 25 años de servicio según su patente. A los lados del Albuch se colocó caballería borgoñona y napolitana.
El ponente advierte que los grabados de la época, como los del Theatrum Europaeum, funcionan casi como un cómic que reúne en una misma lámina momentos distintos de la batalla, lo que se presta a malentendidos. Uno de ellos muestra la explosión de un carro de pólvora en el Albuch.
6 de septiembre: la resistencia de Idiáquez
Según el despliegue que describe el ponente, Bernardo ordenó a Horn, que tenía más infantería, atacar el Albuch con cuatro líneas y más de 9.000 infantes. Aun así, el ponente considera que era poco apoyo de infantería para tomar una colina fortificada. Bernardo, con solo tres brigadas de infantería y sobre todo caballería, se quedó cubriendo el flanco y a la expectativa de lo que hicieran los católicos. Según el ponente, no intervino hasta casi el último momento, «haciendo que se pierda todo».
El ataque empezó a las seis de la mañana y fue muy intenso hasta las ocho. Los regimientos alemanes que defendían inicialmente el frente se desintegraron, y los suecos llegaron a ocupar dos veces su posición. Idiáquez tomó la delantera e hizo bajar las picas en horizontal para que los fugitivos no desordenaran su tercio. Se dice que resistió entre 14 y 15 asaltos. Horn lanzaba una brigada tras otra y, cuando fracasaban, las retiraba, las recomponía y volvía a enviarlas.
Idiáquez conocía el sistema de fuego sueco y, según el relato que recoge el ponente, dijo a sus hombres que les avisaría cuando fuera a llegar la salva para que se agacharan, dejaran pasar las balas y respondieran después. El ardid funcionó. El propio emperador, dice el ponente, describió a los españoles como rocas en aquella colina. Hubo también ataques de caballería por el flanco del regimiento de Leslie, que fracasaron. Mientras, los católicos enviaban cada vez más refuerzos, sobre todo mangas de mosquetería. A lo largo de esas dos horas, pese a sus propias bajas, los suecos se fueron desgastando hasta quedarse sin hombres suficientes para la misión.
En el flanco del tercio napolitano de Toraldo, reforzado después por lombardos de los tercios de Panigarola y Guasco, el combate fue tan duro que, según las fuentes, la caballería sueca cargó hasta que los napolitanos ensartaron muchos caballos con las picas. En el momento más crítico, Horn pidió ayuda y Bernardo le cedió dos de sus tres brigadas, que atacaron por una vaguada donde estaban los napolitanos. Según el ponente, atacaron sin orden ni coordinación y fueron rechazadas, y la caballería que acudió a socorrerlas llegó tarde y también fue vencida. Desde ese momento la batalla cambió de signo: los suecos no avanzaban y los católicos podían seguir metiendo refuerzos.
El ponente recuerda que estos combates se libraban a muy corta distancia, unos 50 pasos. Los mosquetes españoles tenían más alcance e hicieron mucho daño a los suecos. Explica también que los veteranos sabían reconocer cuándo un escuadrón enemigo flaqueaba: sus picas dejaban de estar firmes y juntas y empezaban a chocar entre sí. Era el momento de cargar.
El derrumbe protestante
En el centro, la caballería de Bernardo se movió muy tarde, hacia las nueve de la mañana, y con cada vez menos fuerza. Bernardo empleó todas sus reservas y su última brigada de infantería fue la última en resistir. Los católicos enviaron más unidades, entre ellas 400 mosqueteros del tercio de Fuenclara. Hacia las diez, sin refuerzos, Horn pidió retirarse y que Bernardo le cubriera el flanco. Llegó entonces el avance general católico, que el ponente muestra en otro cuadro de la escuela de Snayers con el cardenal-infante y Leganés.
El ponente lo llama «un desastre anunciado». Bernardo escapó gracias al caballo que le cedió un dragón, que fue capturado. Muchos regimientos protestantes perdieron hasta el 70% de sus efectivos, y algunos desaparecieron. Según el ponente, pocas veces en la Edad Moderna una batalla tuvo un resultado tan favorable para el vencedor: los suecos se desgastaron en demasiados asaltos al Albuch y, en la retirada, no pudieron frenar el ataque general católico ni la persecución de la caballería, en especial de los croatas. Perdieron más de 8.000 muertos, unas 400 banderas, que el ponente recuerda que en la época contaban tanto como los muertos, y toda su artillería. Las bajas católicas fueron limitadas, hasta unas 3.500. Horn fue capturado por los españoles, junto con otro de los principales generales protestantes, algo que el ponente considera bastante peculiar para una batalla.
¿Fue una batalla decisiva?
Para responder a la última pregunta, el ponente atribuye la derrota protestante a la desunión de los mandos y a un exceso de confianza. Los suecos creyeron que vencerían por tener una infantería muy veterana y se estrellaron una y otra vez contra el Albuch y, sobre todo, contra los españoles. Las consecuencias fueron enormes. Los suecos, que estaban en Baviera, tuvieron que retroceder prácticamente hasta Pomerania, su punto de partida. La Liga de Heilbronn casi se desmoronó. Y Francia, que hasta entonces se había limitado a financiar a Suecia, entró en guerra abierta contra España en 1635, porque el intento de vencer indirectamente a los Habsburgo había fracasado.
La victoria dio además al emperador una baza de negociación que empleó en la paz de Praga de 1635, con la que se calmaron muchos príncipes alemanes, incluidos protestantes. Pero la entrada de Francia cambió el curso del conflicto y llevaría a otras batallas del ciclo, como Rocroi.
El ponente cierra señalando que la batalla se conoce muy bien gracias a la historiografía, a las fuentes documentales, a la abundante producción de la época destinada a celebrar la victoria y, en especial, al libro El viaje del infante cardenal don Fernando de Austria, que recoge la versión española de Nördlingen.
Las preguntas que nos debemos hacer sobre esta batalla son tres, ¿no? Por un lado, ¿qué se les había perdido a este grupo, a este ejército español, en una zona de Baviera tan alejada de las zonas que controlaba la propia monarquía española? Algo para lo que, bueno, necesitaremos un contexto, que es la guerra de los 30 años, que intentaré avanzar en la ponencia.
Luego, una segunda pregunta, que es: ¿esta batalla fue especial? ¿Por qué la recordamos? ¿Por qué es diferente? ¿No? En este sentido, pues tenemos que darnos cuenta de que esta batalla no dejaba de ser algo parecido a lo que era habitual en la Edad Moderna. Es una batalla de dos ejércitos que se enfrentan en un momento interesante, que es un asedio, es decir, un ejército católico que está asediando una posición protestante y que otro ejército de socorro intenta liberar, digamos, esa plaza del asedio. Algo, insisto, bastante normal y de lo que ya nos hablaron en la primera ponencia de este ciclo, ¿no?, al respecto de la importancia que tienen las fortificaciones.
Pero luego también hay dos novedades, por así decirlo, al respecto de esta batalla tan importante. Por un lado, una novedad, que es el hecho de que, bueno, se enfrentan, digamos, un grupo de ejércitos bastante amplio, en el sentido de que son dos ejércitos, uno católico y otro protestante, y en el bando católico pues no solo está el ejército de la monarquía española, sino también un ejército imperial y un ejército de la Liga Católica, un ejército especialmente bávaro, pero que se enfrenta a un ejército fundamentalmente sueco, aunque la mayor parte de los soldados no eran suecos, que es un ejército protestante. Y eso evidentemente es novedad y algo diferente a las batallas de la época.
Y luego también tenemos otro elemento, por así decirlo, que da un poco más de viveza a la importancia de la batalla, que la hace más excepcional, y es el hecho de que, bueno, se enfrentan por primera vez en campo abierto dos modelos, dos modelos de entender la guerra en la Edad Moderna. Por un lado, el modelo español, el modelo de los tercios, con un modelo más novedoso, más refinado, que es el modelo sueco, inventado poco antes y que, bueno, pues había tenido, al menos hasta esa fecha, la primacía de los campos de batalla de Alemania, ¿no? El modelo sueco. Evidentemente, eso, en los fuegos de campamento de la noche anterior, debía tener cierto grado de interés para los soldados.
Y luego, una tercera pregunta que intentaré contestar al final, en las conclusiones: ¿por qué era una batalla decisiva? De acuerdo, porque, bueno, en la Edad Moderna y en otras épocas hay muchas batallas, pero no todas, lógicamente, son decisivas.
Y aquí en la imagen intento mostrarles, pues bueno, una de las imágenes más importantes, por así decirlo, de los cuadros pictóricos, y que no deja de ser pues a los dos Fernandos. Es decir, Fernando, el que está más en el centro, el rubio, para que me entiendan, que es, digamos, el infante Fernando, hijo de un monarca y hermano del rey Felipe IV de España en ese momento, y Fernando, rey de Hungría en ese momento, que es el hijo del emperador y que será futuro, digamos, emperador. ¿De acuerdo?
Ahora vayamos un poco a ese contexto de por qué esos españoles están en medio de Alemania y qué hacían allí. También aprovechando este cuadro de Rubens, quiero empezar por ahí, en el sentido de que la batalla es una batalla muy celebrada por la victoria católica, pero evidentemente también este apretón de manos que ven aquí es importante, en el sentido de que, bueno, no era la primera vez que en Alemania un ejército español y un ejército imperial, digamos, se saludaban, se daban la mano y combatían juntos, pero esto era muy incisivo porque está en un momento de la guerra de los 30 años muy avanzado y muy importante para, digamos, ambas naciones. Este abrazo que a veces se dice, porque también se abrazaron, o este saludo entre los dos Fernandos, marcado por esta obra de Rubens, tiene bastante significación y tiene mucho que ver con el devenir que va a tener la guerra de los 30 años al respecto del bando católico.
¿Qué se le había perdido a España en este conflicto de la guerra de los 30 años, cuando siempre se nos dice que es un conflicto fundamentalmente en suelo alemán y que, bueno, es la última gran guerra de religión europea? Bueno, realmente lo que se le había perdido a España era la defensa de la religión, evidentemente el catolicismo, el apoyo a sus primos de Viena, pero también una cosa muy importante que está aquí marcada en este texto: la importancia clave que tiene especialmente Alemania y la zona del Rin, y ese apoyo alemán del imperio para las comunicaciones, especialmente entre Italia y Flandes, es decir, ese cordón umbilical que es el Camino Español, que va desde la zona norte de Italia hasta Flandes y que es, bueno, un corredor militar importantísimo, no solo para las comunicaciones de la monarquía, sino sobre todo para sus entornos militares. Es decir, las tropas, la mayor parte de las tropas que todavía en esta época van a Flandes, tienen que ir por ese corredor militar. De ahí esa importancia que tiene, insisto, para los españoles esa intervención en Alemania.
Pero realmente la participación española en esas guerras de Alemania no es de ahora, no es de esta batalla, no es de 1634, sino que viene bastante de antes. De hecho, las primeras, por así decirlo, colaboraciones hispano-austriacas, por llamarlo de alguna manera, vienen incluso de antes, de la guerra del Friuli, es decir, esa zona norte de Italia sobre la que tiene cierta ambición el emperador y, bueno, pues España le ayuda a reconquistarla en su guerra con Venecia. De hecho, todavía en esta época se ve a la corte vienesa como satélite de Madrid, no solo por el poder que tiene su rama, digamos, española —los Habsburgo tienen dos ramas, Madrid y Viena—, sino sobre todo por el gran apoyo económico y militar que van a tener esos primos austriacos por parte de España.
Es decir, desde el primer momento, desde el estallido y la defenestración de Praga, en 1618, no solo los austriacos, los vieneses, por llamarlos de alguna manera, van a tener un apoyo tácito de España, sino que además España va a cederles tropas, un número importante de tropas, fundamentalmente que vienen de Nápoles, de Milán, pero también, evidentemente, de Flandes, que les van a ayudar fundamentalmente en ese conflicto que surge con la defenestración de Praga, esa fase bohemia de la guerra, del conflicto de la guerra de los 30 años.
De hecho, como pueden ver en el cuadro que les pongo aquí, que es un Snayers, es el asalto a Písek, eso está en Bohemia, ven dos banderas, ¿verdad? Es decir, las aspas de San Andrés, propias de la monarquía española, y ven el águila imperial. ¿De acuerdo? No es la primera vez, por así decirlo, que dos ejércitos, español e imperial, se dan la mano para ir a combatir, en este caso, también a los protestantes, a los rebeldes.
De hecho, la participación española en la campaña bohemia es muy importante y, de hecho, en la batalla principal, que es la batalla de la Montaña Blanca, lo que vamos a ver es que los dos líderes del ejército católico son, bueno, originarios de los Países Bajos, y además no solo es eso, sino que, bueno, son los líderes más importantes porque están formados en la escuela española de guerra propia de los Países Bajos. Son Tilly y Bucquoy. Y de hecho, lo que vamos a ver fundamentalmente es que, aunque es bastante desconocido, dentro de esta batalla una tercera parte del ejército católico está pagada por España. Son un gran número. Hay italianos de Spinelli, hay valones, Verdugo y otros, o hay incluso alemanes que están pagados por España. Y aquí vemos una imagen de la batalla y ese enfrentamiento.
Pero además no solo son hombres, también es dinero. Aquí tienen, por datos de archivo, un poco el desempeño que tienen, digamos, los españoles a la hora de, dentro de su embajada de Viena, ceder dinero y subsidios, bueno, no solo a las tropas, al propio emperador, ¿de acuerdo?, para que mantuviera, digamos, su capacidad. El problema que tienen los Habsburgo, esas dos ramas, es que el emperador es el más pobre. Sí, tiene un elemento que es el centro imperial, ese trono imperial que supuestamente da mucho prestigio, pero realmente tiene un problema económico muy grave. Es, bueno, su economía es verdaderamente paupérrima. De hecho, siempre va a necesitar de ese primo mayor que está en Madrid para que le ceda dinero y, sobre todo, poder mantener, digamos, su ejército, muy reducido a principios de la guerra de los 30 años, e incluso su propia política imperial. Aquí tienen un poco los datos; no vamos a entrar en ello, pero simplemente para que lo vean. De hecho, en el momento, en la década de los 30, en el cual se produce, digamos, la batalla, pues por ejemplo hay más de un millón y medio de florines que son entregados por el embajador español en Viena a la corte imperial para financiar casi todo. ¿De acuerdo? Insisto, esa importancia que tiene el dinero.
Dentro de la primera fase de la guerra de los 30 años, lo que vamos a ver es que sí es una victoria inicial. En la Montaña Blanca vencen los católicos. Es decir, hay una, gracias al apoyo de España, pero España también apoya al emperador librándole pues de un gran enemigo, entre comillas. Aquí tenemos a Federico V, el llamado príncipe de invierno, porque solo gobernó Bohemia un invierno, ¿de acuerdo? De ahí el apodo un poco malicioso que se le da. Y básicamente no solo los españoles ayudan de manera muy consistente, digamos, a sus primos de Viena para liberar, bueno, y volver al redil, digamos, esa provincia, ese reino rebelde que es Bohemia, sino que además van a eliminar otro factor, que es Federico V, que, bueno, gobierna el Palatinado, y no solo van a conquistar el Palatinado, algo que a los españoles les ofrece una gran cobertura de cara a ese Camino Español. Es decir, el Palatinado, situado en el Rin, da más posibilidades al respecto de ese Camino Español que comunica con los Países Bajos.
De hecho, en este momento de la guerra de los 30 años, para España es algo muy positivo. Es decir, no solo se conquista el Palatinado por las tropas de Ambrosio Spínola, sino que además se toma Jülich, se vence en Fleurus y además se asegura el control del Rin. De hecho, como vemos en la imagen, que es una imagen de la ciudad de Breda en 1625, la toma de Breda y ese annus mirabilis de la monarquía hacen que, bueno, parezca que los católicos, y especialmente España, van ganando. No solo en 1625 se toma Breda; además, lo que se consigue es, bueno, Génova: se socorre Génova; Cádiz, a pesar del asalto de la flota angloholandesa, pues realmente no hay ningún problema. Es decir, los españoles vencen e incluso, al otro lado del mundo, en Salvador de Bahía, se recupera. ¿De acuerdo? Parece que todas las cosas van muy bien.
Entonces tenemos un nuevo factor. Llega un nuevo, digamos, contendiente de la guerra de los 30 años. Es la llamada fase danesa. Es decir, en 1625 hay un nuevo interviniente dentro de esa guerra, todavía al menos de religión, que está desatada en Alemania. Es el rey de Dinamarca, el cual empieza un poco de manera individual, por llamarlo de alguna manera, porque realmente el rey de Dinamarca, al contrario de lo que le dicen sus consejeros, interviene en la guerra de los 30 años no solo por prestigio personal, también por su fe protestante y también por cuestiones de carácter económico. Pero realmente este nuevo interviniente, Dinamarca, no va a solucionar nada. Si ven ustedes en el mapa, básicamente las tropas danesas, a pesar del gran número de mercenarios de carácter, bueno, protestante y de otras regiones, como Mansfeld, realmente van a ser derrotadas muy rápidamente, no solo en Lutter, sino también en otras partes. Y no solo es eso, sino que además parece que las tropas católicas no solo contienen esa nueva invasión, por llamarla de alguna manera, danesa, sino que además toda Alemania parece controlada por las tropas imperiales. Lo único que se libra es, al norte del todo, esa ciudad de Stralsund que está aquí, ¿de acuerdo? ¿La ven ahí? Es lo único que no toman. Es más, incluso el generalísimo de las tropas imperiales, que es una persona que, bueno, imagino que les puede sonar, que es Wallenstein, es nombrado, algo que va a sentar muy mal en el Báltico, almirante del Báltico. Curioso, porque ni siquiera los imperiales ni los españoles tienen una flota en el Báltico, pero bueno, creo que es algo simbólico.
De ahí que lleguemos a un nuevo interviniente, que es Suecia, que lo vemos aquí, una Suecia que no es exactamente la misma que conocemos, porque la parte sur, esta parte de aquí, Escania, no es sueca en este momento, pero bueno, los suecos siempre han creído que el Báltico es un lago suyo, ¿no? De ahí un poco que tengamos un nuevo interviniente, que es Suecia. Realmente Suecia interviene en esta guerra de los 30 años a favor, lógicamente, de los protestantes por distintos motivos, pero es un país que, realmente, tenemos que darnos cuenta, está muy lejos del ámbito internacional, por así decirlo. Está bastante lejos y realmente tiene unos elementos muy negativos: tiene una escasísima población, en torno a 1.200.000 habitantes. Tenemos que darnos cuenta de que estamos incluyendo no solo Suecia, sino también una parte importante de Finlandia que controlan. De hecho, es escasísima la población y el peso internacional es prácticamente nulo hasta la llegada de Gustavo Adolfo, pero a favor tiene otros elementos: recursos naturales, un buen cobre, un buen hierro, especialmente para fabricar cañones, y además es un país muy centralizado, muy adoctrinado por, bueno, ese luteranismo, y sobre todo es un país bastante, entre comillas, con unas reformas civiles bastante importantes, que hacen que sea un país bastante más aglutinado. Es cuando interviene, por así decirlo, este personaje que vemos aquí, que todos conoceremos, que es Gustavo Adolfo de Suecia.
¿De acuerdo? Es un líder fuerte, realmente. Bueno, pues últimamente, en el mundo protestante, cada vez hay más críticas hacia la figura del monarca, conocido como el León del Norte, es decir, ese león que lucha contra el águila imperial. Tenemos que darnos cuenta de que en este mundo de la Edad Moderna pues hay muchos elementos especialmente simbólicos. Esa lucha del León del Norte que vence al águila imperial, que es el emperador, es algo que se va a vender bastante en Alemania, especialmente en la zona protestante. Sí, ciertamente es un personaje carismático, un líder fuerte, con muchas dotes, sabe muchos idiomas, incluido el italiano, algo de francés, incluso polaco, porque estuvo combatiendo en Polonia. Es fuerte, audaz, capaz, pero tiene muchos elementos negativos que hasta hace muy poco la historiografía nunca le había puesto. El problema es que tiene una personalidad terrible y muy compleja: ególatra, ambicioso, irascible, demasiado atrevido de vez en cuando, y de hecho va a morir en un campo de batalla. Es un personaje incontrolable. De hecho, lo que se dice es que, bueno, es una persona muy incapaz de medir el riesgo, de ahí su muerte prematura.
Y sobre todo es un personaje que, pese a ese mito que tenemos de que realmente el monarca sueco interviene en la guerra de los 30 años por defender la religión protestante, realmente no es así. Todos dicen que realmente Gustavo Adolfo se sentía muy dolido por un hecho bastante circunstancial, y es el hecho de que él, bueno, no ha sido nombrado; sí que lo ha sido Wallenstein, almirante del Báltico. Él piensa: ¿cómo este mindundi me quita a mí mi almirantazgo, si realmente esto del Báltico es un lago sueco? ¿No? Realmente, incluso la historia sueca dice este pequeño factor: que no es una cuestión religiosa, sino que hay una serie de cuestiones fundamentalmente económicas, pero también de prestigio, que son las que hacen que Gustavo Adolfo entre en guerra, digamos, en Alemania.
Además, es un país, insisto, bueno, pues muy centralizado, el culto protestante está muy enraizado y además tenemos que darnos cuenta de que los pastores luteranos tienen un papel esencial en Suecia. Y sí que es cierto que, bueno, es un país muy
Poco poblado, sin duda alguna. Pero tiene muy poca nobleza, pero ciertamente hay una verdadera comunión de intereses entre la nobleza sueca y el monarca a costa del campesinado, que es el que va a servir en las guerras de Gustavo Adolfo. Gran parte de los edificios más esplendorosos que tiene Suecia en general y la nobleza sueca prácticamente hasta nuestros días vienen de esta época de cuando Suecia, especialmente en este largo siglo XVII, hasta que cae en desgracia en las grandes guerras del norte. Esa nobleza sueca no solo se enriquece por obra también en parte de su monarca, sino que también por obra de la guerra en Alemania, porque los grandes vencedores son estas noblezas suecas, esa comunión de intereses que van a ser premiados por su colaboración con enormes tierras en Alemania. ¿De acuerdo?
Además, decimos siempre en la Edad Moderna que Prusia es un ejército que tiene un país, ¿no? Bueno, de Suecia no podíamos decir eso en esta época, pero realmente estamos ante un país muy militarizado, especialmente si lo medimos en la época.
Aquí, como les decía, los motivos de esa intervención sueca, si ven esta imagen, es propia de la propaganda además ya del siglo XIX sueca, es decir, esa de que coge la espada Gustavo Adolfo por la religión, ¿no? Que es algo que siempre está en esa ideología del momento. Pero les insisto que realmente no es una cuestión solo religiosa, realmente es lo clásico: dinero, tierras y poder. La intervención sueca tiene que ver con eso, económicamente por el dominio del Báltico, que es la gran aspiración sueca, controlar todo el Báltico y llegar especialmente a las zonas de Pomerania y los grandes ríos que dan al Báltico y controlar todo el comercio. Además, una cuestión de prestigio y sobre todo algo que debo introducir ahora, los subsidios franceses, es decir, el dinero que va a dar Richelieu a Suecia para que libre sus guerras.
Tenemos que darnos cuenta de que, sí, ciertamente Francia, ¿qué aporta aquí? Bueno, pues Francia quiere luchar por el poder europeo, quiere la hegemonía europea y, aunque es católica, se va a enfrentar a los Habsburgo, que son sus grandes enemigos. Todavía hasta 1635 no entra en la guerra en Alemania, pero ya en 1630 ofrece a Suecia 2,4 millones de tálers, de táleros, ¿de acuerdo?, en castellano, para intervenir en Alemania. Es decir, un subsidio que, bueno, las malas lenguas dicen que a Gustavo Adolfo no le gustaba nada la diplomacia y mucho menos el embajador francés. Pero cuando vio la cantidad que le ofrecía y que eso equivalía prácticamente a una tercera parte de los ingresos de Suecia, dijo: "Pues vale, esto es un factor más para intervenir".
De hecho, insisto, ese mito del León del Norte frente al águila hay que ponerlo bastante en manifiesto, sobre todo porque, sí, al principio Gustavo Adolfo es considerado ese León del Norte, pero después, cuando muere Gustavo Adolfo, es muy curioso que la propaganda sueca habla de que el combatiente sueco, los suecos, son esos leones del norte, ¿no? Porque lo que ya funcionó una vez, ¿por qué no seguir con ello?
Y aquí tenemos una imagen bastante también de esa propaganda sueca, bastante particular. Tenemos a alguien vestido como católico, seguramente el Papa, y ahí los suecos que le están presionando con una pica, y todas las conquistas, se dan cuenta, todas las plazas que han conquistado los suecos en Alemania en esa década, principios de la década de los 30. Porque tenemos que darnos cuenta de que cuando desembarca en Alemania Gustavo Adolfo con su ejército, realmente es un ejército pequeño, pero que va creciendo exponencialmente, sobre todo con mercenarios alemanes, y realmente es un elemento de victorias absoluto, especialmente los primeros años.
1631, Breitenfeld, es una victoria bastante sueca, un nuevo modelo que deja en ridículo, por llamarlo de alguna manera, a los ejércitos imperiales, y lo vuelvo a repetir con más problemas, lógicamente, en Lech, 1632, y en otras batallas. Pero tenemos que darnos cuenta de que este nuevo actor, de repente, cuando los católicos parecían que iban a controlar, entre comillas, el mundo, que Alemania estaba sometida a los católicos, de repente este nuevo actor cambia todo radicalmente.
Además, lo que vemos es que no solo los suecos han vencido y han bajado hacia abajo, sino que no solo controlan la zona que les interesa, es decir, Pomerania, Brandeburgo, la zona norte, sino que además han ido bajando hacia el sur de manera radical y ahora presionan a la zona más católica del imperio, y además con un modelo bastante diferente. Porque si de algo se van a diferenciar los suecos hasta el momento es el hecho de que los suecos van a controlar grandes ejércitos mercenarios a su servicio, que no solo se dedican a hacer la guerra, sino que también a controlar el territorio. Porque la guerra de los Treinta Años va a tener un elemento bastante diferenciador al respecto de que no son solo batallas por conquistar plazas, sino sobre todo son ejércitos que realmente están sistematizando los recursos de amplias zonas de Alemania vía impuestos, vía saqueos. ¿De acuerdo? Y lo que va a conseguir es que la guerra se financie por sí misma. Es decir, Gustavo Adolfo y sus grandes ejércitos mercenarios lo que hacen es fundamentalmente esto; también lo hacían los católicos, seamos sinceros, pero va a ser más radical al respecto de su uso.
De hecho, no solo las tropas suecas liberan, entre comillas, del yugo católico, por así decirlo, gran parte de Alemania, que insisto, había estado controlada por el emperador, sino que además llegan al Palatinado, que habían dominado los españoles, y les echan de allí de la mayor parte del Palatinado, lo cual era un problema para Flandes. Es decir, se han roto las comunicaciones. Además, no solo están en el sur, sino que además el gran aliado católico que le queda al emperador, que es Baviera, está asolado por los ejércitos suecos fundamentalmente, ¿no? De ahí un poco que hemos tenido un cambio de tornas bastante radical en 1632.
Aquí tenemos la batalla de Lützen, donde muere Gustavo Adolfo, y aquí vemos los modelos enfrentados. Es un Snayers también. Aquí los suecos con su nuevo sistema de brigadas. No sé si se dan cuenta de que hay una pequeña diferencia de cómo se ven las tropas católicas aquí abajo y de cómo se ven los ejércitos protestantes. Esa es la brigada sueca, mientras que los ejércitos católicos siguen con un sistema ya más lineal de picas, de escuadrones de picas, pero menos refinado.
Es una victoria sueca, pero muere el rey, muere Gustavo Adolfo. Aunque tenemos aquí una imagen, por así decirlo, ya del siglo XIX. Es una muerte lógicamente muy dolida por parte de Suecia porque gran parte de las victorias vienen dadas por la figura del propio monarca, una figura que lógicamente se trunca. Aquí tenemos además el coleto que vestía Gustavo Adolfo, que ahora se conserva todavía en Suecia, y ahí tenemos la bala, digamos, de la herida que recibió, aunque ya había recibido más heridas, ¿no? Pero bueno, esa fue la definitiva.
De hecho, las malas lenguas dicen que lógicamente en la batalla tuvo que ir con parte de la caballería adentrándose en el campo de batalla. Recibió ese disparo, eso le dejó tirado en el suelo, pero claro, debido a que, aunque era bastante joven, comía demasiado, tuvieron muchos problemas para poder sacarle de debajo del caballo y sobre todo montarle en otro caballo, y de ahí que muriera en la propia batalla, hasta el punto de que se dice que un católico, un jinete católico que estaba por allí, intentó llevárselo, porque lo más importante cuando es un rey es cobrar un rescate, pero al no conseguirlo, porque no podía con él, terminó dándole el golpe de gracia.
Pero la muerte realmente de Gustavo Adolfo no cambia el panorama en el sentido de que los suecos han vencido y siguen venciendo, pero ahora hay una reorganización del estado sueco. Entra en escena el gran canciller de Suecia, que es Axel Oxenstierna, de acuerdo con especialmente los dos líderes, Banér y Horn, del ejército sueco, y realmente lo que va a conseguir es mantener ese privilegio, entre comillas, que tenían Gustavo Adolfo y los ejércitos suecos en Alemania.
Lo que se va a formar a través un poco de esa figura del canciller sueco es la Liga de Heilbronn, ¿de acuerdo?, de 1633, que lo que va a hacer es aglutinar a una parte importantísima de las potencias protestantes a favor de los suecos. Es decir, no solo son los suecos, sino también una parte importantísima de las potencias, fundamentalmente protestantes, de Suabia, Franconia y las zonas importantes del Bajo y del Alto Rin fundamentalmente. De hecho, faltan zonas importantes de Alemania como Baviera o Sajonia, porque no tienen los mismos intereses que Gustavo Adolfo, pero realmente lo que hacen es crear una liga protestante para continuar la guerra en las mismas condiciones. Los líderes de esa liga son los suecos, sin duda alguna, pero cambian las circunstancias.
Ahora tenemos que desplazarnos mucho más al sur, al norte de Italia. Hemos retrocedido un poco en el tiempo, estamos en 1631 para ser exactos. Aquí tienen, bueno, no es el asedio, aunque es anterior, el asedio de Casale Monferrato. ¿De acuerdo? Pero lo que quiero traerles un poco a colación es lo que ocurre especialmente en el norte de Italia, un norte de Italia que es la llave de Italia, entre comillas, para los españoles; de ahí que para los españoles siempre tengan mucha importancia el Milanesado, Lombardía, y especialmente su defensa. Pero es la primera derrota española, por así decirlo, en estos lares, en Italia, en el sentido de que la guerra de sucesión de Mantua, que acaba con la paz de Cherasco de 1631, cambia un poco la situación. No solo hay una derrota española, entre comillas, ¿de acuerdo?, sino que además los españoles pierden otra posición importantísima de cara a ese Camino Español, ese corredor militar que puede llevar tropas a los Países Bajos. Es la primera derrota, cada vez hay menos medios.
Pero hay algo que quizá deban saber para comprender mejor la batalla. Tenemos una imagen simplemente del sitio de Mantua, muy importante, cuando las tropas españolas e imperiales intentan doblegar la ciudad de Mantua. La paz de Cherasco lo que hace fundamentalmente es permitir a los españoles un envío a través del Camino Español muy importante de efectivos, casi 9.000 infantes y más de 1.000 jinetes. Pero sobre todo algo importantísimo para comprender algo que hasta hace nada se sabía de la batalla es que el ejército de Lombardía, después de esa marcha de españoles con Santa Cruz, realmente queda reducido escasamente a 4.800 infantes españoles, lo sabemos vía documental, y algo más de 3.000 alemanes y 1.000 jinetes. Es decir, cuando se dice muchas veces que el ejército español que combate en la batalla de Nördlingen es un ejército experimentado, no es así del todo. Hay algunas unidades, como los españoles, que sí, pero el resto son nueva recluta. ¿De acuerdo? Es algo con lo que siempre se ha identificado la batalla.
Y ahora tenemos también ese cambio que ha producido esa paz de Cherasco en el norte de Italia. Es decir, en 1632 España tiene un gran problema: se ha bloqueado el Camino Español, no solo por el Palatinado, también en Alsacia, ocupada en gran parte por los protestantes. Y luego también esa Saboya, que ya no es un aliado, y tienen que buscarse nuevas vías para acceder a los Países Bajos, cruzar los Alpes e ir a los Países Bajos por lo que sería el imperio. ¿De acuerdo? Además, unas condiciones bastante negativas. Es decir, a la altura de 1630 el equilibrio de poderes favorece a Suecia. Los Habsburgo han tenido un montón de derrotas, hay que cambiar las circunstancias.
Es cuando entra en escena una circunstancia especial: el hecho de que Isabel Clara Eugenia, de acuerdo, que es la gobernadora de los Países Bajos, está enferma, se prevé que pueda morir en unos años. De hecho, se elige a un sucesor que ya hemos visto en las imágenes, a Fernando, ¿de acuerdo?, al cardenal infante Fernando de Austria, joven todavía. Se le llama cardenal infante, nunca realmente ofició; se le nombra cardenal en 1619. Es lo que tiene ser segundón, es decir, eres hijo de un rey, eres el segundo, ya está gobernando tu hermano, pues te dedican al ejército o a la Iglesia. En este caso fue la Iglesia, aunque realmente por lo que conocemos a Fernando es por su actividad como general, su actividad militar.
Realmente se elige, porque es una tradición, que en los Países Bajos gobierne alguien de sangre real, es decir, alguien importante, un primo, un hermano de los monarcas que tenga sangre real. De ahí la importancia que tiene enviar a este personaje, a Fernando, a los Países Bajos. Pero claro, el camino a los Países Bajos está... no hay manera de ir a nivel terrestre. Por mar es una ruta bastante peligrosa todavía. De ahí un poco que se deba preparar su viaje. No solo se nombra a Fernando virrey de Cataluña para preparar su viaje en las galeras hasta luego el puerto de Finale y después al estado de Milán, sino que además tienen que formarse diferentes ejércitos para liberar esa ruta. Estamos un año antes, por así decirlo, de la batalla todavía.
Pero aquí tenemos al duque de Feria, un Vicente Carducho. Estas colecciones... les voy a mostrar tres cuadros casi seguidos de la campaña de 1633 del duque de Feria. El duque de Feria es el encargado de liberar, por así decirlo, el camino a Flandes, el camino especialmente al paso del Rin, los pasos de la Valtelina, para que el futuro ejército, o cuando el infante vaya a Flandes, tenga el camino abierto, porque los primos, entre comillas, imperiales no pueden hacerlo y no tienen los medios suficientes.
Aquí tenemos al duque de Feria. Insisto, hay muchos cuadros sobre esta campaña; esto es la expugnación de Rheinfelden, y realmente su misión es liberar distintas posiciones en ese camino para que en un futuro el cardenal infante, al año siguiente, pueda hacer ese camino sin problemas y sin tener un ejército protestante que le cierre el paso. Aquí lo tenemos en el socorro de Constanza. El ejército que lleva el duque de Feria es un ejército importante, ¿de acuerdo? Está compuesto por españoles. La mayor parte de estas tropas terminarán combatiendo en la batalla del año siguiente, en la batalla de Nördlingen. De acuerdo. Es muy típico de la monarquía española. Es un tercio, un buen tercio, entresacado del estado de Milán, el tercio de Juan Díaz Zamorano, de más de 2.500 hombres, distintos tercios italianos fundamentalmente, pero la mayoría son nueva leva, napolitanos, lombardos, incluso todo lo más veterano que había en el ejército de Milán, que eran los alemanes, la infantería alemana, y caballería traída de fuera.
Y aquí tienen el Camino Español. Es decir, lo tradicional antaño era ir por la zona de Saboya, porque son los pasos alpinos que están abiertos la mayor parte del año, porque la nieve cuaja menos; incluso gran parte del año están abiertos. Lo normal era ir por esta vía saboyana, ir por el Franco Condado español y luego ir hacia Luxemburgo, a Bruselas. Con posterioridad se buscan otras rutas cuando ya Lorena es ocupada por los franceses, pero el problema es que esta ruta ya no es posible. Hay que buscar una nueva ruta alternativa, que serán los pasos de la Valtelina. La Valtelina está por aquí, ¿de acuerdo? Hay que cambiar de posición e ir hacia Flandes por esta ruta. De hecho, los pasos de la Valtelina están cubiertos en gran medida por el lago de Como, que es por donde tendrán que ir. Y aquí tienen el Fuerte de Fuentes, que aún se puede ver, entre comillas, en lejanía, muy destruido, cerca del lago. Incluso la campaña del duque
de Feria es bastante exitosa. Los cuadros, insisto, del Salón de Reinos son una buena demostración de ello. De hecho, la monarquía se vanagloria de ese socorro de Brisach, etcétera. Y realmente también lo que se hace en el Imperio es buscar más tropas, fundamentalmente borgoñonas. Borgoña, Franco Condado, forma parte de la monarquía; se reclutan más hombres de cara a esa futura campaña que va a tener el Cardenal Infante. Aquí simplemente los datos, no voy a verles mucho más de eso, pero para que vean que es un ejército cada vez mayor.
Pero, cómo no, otro problema en el Imperio. Estamos pues en el mismo año, febrero de 1634. Digamos que la persona dentro del Imperio más importante después del emperador en estos momentos es este personaje: Wallenstein. Pero, ¿qué es lo que ocurre? El emperador ha perdido la fe en Wallenstein, que además se ha convertido en un personaje que tiene, digamos, una agenda política propia, que no se confía en él y, de hecho, manda asesinarlo. El propio emperador permite, digamos, a una serie de oficiales del ejército de Wallenstein, el único capaz, por así decirlo, de plantar cara a los protestantes... Porque tenemos que darnos cuenta de que Wallenstein se hace con ese liderato imperial, como generalísimo, porque es un verdadero condotiero a la vieja usanza, es un verdadero empresario militar que es capaz en Alemania de reclutar un ejército de 100.000 hombres y ponerlo al servicio del emperador con, evidentemente, muchas contraprestaciones: saqueo, tierras, etcétera.
Después de que el emperador permita su asesinato por un grupo de oficiales, entre ellos, curiosamente, uno de ellos es un tal Leslie, otro Walder, son irlandeses, escoceses. Curiosamente uno de ellos, Leslie, va a ser nombrado comandante, coronel de uno de los regimientos al servicio de España que va a combatir en la batalla. Elemento que lo digo porque, al final, este tipo de cosas está siempre relacionado.
El Cardenal Infante finalmente va a partir, por así decirlo, ya en 1634. Estamos hablando del verano. Va a cruzar la Valtelina, como ya hizo Feria, y lo que va a hacer es un nuevo ejército, pero prácticamente reconstruido. Sí que es cierto que tenemos a un grupo de españoles que llegan nuevos; en general hay alguna leva, pero fundamentalmente son soldados ya veteranos. Algunos han llegado de Nápoles al mando del sargento mayor Cico Escobar, y lo que vamos a ver fundamentalmente son compañías entresacadas de los dos tercios que están en Milán desde hace ya bastante tiempo. Por un lado, el tercio del Estado de Lombardía, el tercio de Lombardía, y el tercio de Saboya, ¿de acuerdo? El Saboya es aún un regimiento que sigue en España, sigue en activo.
Al respecto de eso, también hay un número muy importante de napolitanos que van a ser, digamos, importantes de cara a la batalla, pero hay que darse cuenta de que la mayoría son nueva leva. Es decir, frente a lo que se dice, el ejército español no era un ejército veterano más allá de sus españoles y unas pocas unidades, ¿de acuerdo? Y luego, evidentemente, lombardos, e incluso una compañía de naciones y caballería. Este es el camino que va a llevar al Cardenal Infante desde Milán hasta los Países Bajos. Y aquí tenemos ya, por así decirlo, la batalla, que pueden ver en el puntero. Es decir, ya estamos, digamos, en camino y entrando prácticamente en la batalla.
Aquí tienen un poco la imagen de lo que sería una unidad. Por un lado, las dos unidades de un cuadro de Snayers dedicado a la batalla, por cierto. Y aquí tienen un poco cómo es el ejército de la monarquía en este momento, atendiendo especialmente a la infantería. Sí, hay un gran número de españoles, pero es limitado. Son la parte más veterana del ejército, pero son el 18%. Hay un número mucho más elevado de italianos, sobre todo napolitanos y lombardos. También un número muy importante de alemanes, una tercera parte. Y luego unos cuantos, un 8%, de borgoñones. Esto es más o menos el ejército que definitivamente se va a enfrentar en Nördlingen por parte de España, pero en el fondo es el ejército más importante que va a combatir allí.
Ahora tenemos que darnos cuenta un poco de la situación estratégica de 1634 antes de hablar propiamente de la batalla. Como les decía, parece que los suecos están dominando la situación y lo están haciendo hasta ese momento, pero la llegada de Feria al Rin y la futura llegada del Cardenal Infante rompen esa primacía sueca. ¿Qué es lo que va ocurriendo en la campaña de 1634? Pues fundamentalmente que van cayendo distintas plazas a manos de los católicos, algo que va a impacientar especialmente al canciller sueco, en el sentido de que no solo está en juego el prestigio, sino la propia pervivencia de la Liga de Heilbronn. De hecho, están también en juego los subsidios franceses. Por eso el canciller sueco presiona a los mandos suecos para que entablen batalla y alivien un poco la situación de esa serie de derrotas.
Como vemos, a partir del 26 de julio los católicos toman Ratisbona; Donauwörth —Donau en alemán es el Danubio— en agosto, y el 18 de agosto comienza el sitio de Nördlingen. Es decir, ya hay mucha presión para que los suecos, los líderes del ejército sueco, actúen. De hecho, en el fondo Nördlingen, la ciudad, no tiene ningún valor estratégico, ¿de acuerdo? Es una ciudad relativamente pequeña, con muy poca guarnición. Es una ciudad encajonada con una muralla que con un asedio de unas pocas semanas se puede tomar, pero evidentemente es un elemento simbólico muy importante para los suecos. De ahí que actúen.
Además, el 25 de agosto el ejército del Cardenal Infante sale de Múnich, haciendo que el 2 de septiembre —la batalla será muy pocos días después— llegue al campo de asedio de esa plaza. Fundamentalmente lo que ocurre es que la urgencia de la situación hace que los protestantes actúen y que tengan que atacar sin llegar incluso a esperar ciertos refuerzos que venían.
Aquí tenemos simplemente la planta de lo que es el ejército imperial y bávaro. Tenemos que darnos cuenta de que son muy pocos. El número de ejército es muy reducido en comparación con el español o con el propio sueco, fundamentalmente porque sobre todo lo que tienen es caballería, que es una caballería de bastante entidad. De hecho, quizá esto, sacado del viaje de Aedo, nos indica parte de los problemas. Sin duda, el ejército imperial tiene mucha caballería y bastante experimentada, cosa que, por ejemplo, les faltaba a los españoles. Pero entre la caballería hay esas croatas y húngaras, escrito ahí como «croatos», que solo sirven de inquietar y andar en el alcance, pero que no pelean. ¿De acuerdo?
Realmente no voy a explicarles demasiado, pero en la batalla, en gran parte de los cuadros y de lo que se conserva un poco de la batalla, realmente los contingentes de infantería, fundamentalmente imperial y bávaro, solo forman parte de siete de los escuadrones del total. Es decir, los españoles son muchos más, de acuerdo, sobre todo en parte porque defendían y cubrían la ciudad de Nördlingen, que se estaba asediando. Su importancia en la batalla va a estar fundamentalmente, insisto, en la caballería.
Y aquí tenemos el ejército protestante, es decir, el ejército que en el fondo son bastantes ejércitos, porque en Alemania en este momento había en torno a cuatro cuerpos de ejército suecos. ¿Recuerdan lo que les decía? El problema de los suecos es que viven sobre el terreno, viven de las contribuciones que sacan, literalmente, de la población. De hecho, había un sistema de tributos en Alemania en este momento, en la guerra de los Treinta Años, que era básicamente, en alemán, «dinero fuego». Sería la traducción, es decir, o me das dinero o te quemo el pueblo. ¿De acuerdo? Tenemos que darnos cuenta de la rudeza que hay especialmente en esta guerra de los Treinta Años.
Realmente los suecos tenían cuatro ejércitos. Dos de ellos van a participar en esto, además de guarniciones entresacadas de multitud de lugares y un pequeño grupo, especialmente de milicia de Wurtemberg. ¿De acuerdo? Fundamentalmente son estos tres ejércitos. El más importante es el de Weimar, el de Bernardo de Sajonia-Weimar, y el de —aunque está escrito «Horren»— Horn. ¿De acuerdo? Básicamente, por hacer un resumen, son más de 15.000 infantes. Pero a diferencia de los ejércitos que hemos visto, especialmente el español, son ejércitos muy avezados, es decir, estamos hablando fundamentalmente de unidades además ya muy desgastadas por la guerra, pero que tienen en general gente muy profesional y gente bastante veterana. ¿De acuerdo? Y además tienen un contingente montado muy importante, más de 9.000 jinetes.
Y aquí tenemos otra gran imagen, entre comillas, de ese círculo de imágenes que se hacen en la época. Este no se sabe si es un Snayers o no, porque realmente parece de la escuela. Está conservado en Estocolmo con varios, la mayor parte de los Snayers relativos a la batalla. Curioso que esté conservado en Estocolmo cuando ellos son los que pierden la batalla. Pero sí que les quería indicar: aquí tienen de nuevo ese abrazo, ese saludo entre los dos Fernando, que ya lo hemos visto en otra versión de Rubens. ¿De acuerdo?
Y aquí este personaje es bastante importante, es fácilmente identificable: es el marqués de Leganés, ¿de acuerdo?, que en el fondo es, por así decirlo, más allá incluso de los propios oficiales imperiales, posiblemente el oficial más importante, porque es uno de los generales españoles más distinguidos de esta época, de los pocos de origen español, y además él es el que va a plantear, por así decirlo, la batalla tal y como la conocemos. De ahí la importancia que generalmente tiene en toda la iconografía.
Y además, por darles algunos detalles, aquí tenemos las típicas compañías de caballería pesada, típicamente medievales. Creo que pueden advertir perfectamente la lanza, y recubiertos literalmente de hierro. Las únicas compañías que servían así eran las dos compañías de guardas, fundamentalmente borgoñones, que traía el Cardenal Infante, mandadas por Orani, marqués de Orani, que eran lo poco, insisto, de la caballería que usaba lanzas. Y aquí tendríamos la otra compañía, seguramente de guarda del propio infante, que es la compañía de arcabuceros. Se dan cuenta de que tienen un arcabuz en la mano.
Aquí tenemos más o menos qué ejércitos se enfrentaron. Un ejército protestante que es sensiblemente inferior, ¿de acuerdo? Dos a tres, para que se den cuenta. Prácticamente 16.000 infantes, 9.000 jinetes, 1.000 dragones, 68 cañones. El ejército católico, en cambio, tiene más de 20.000 infantes, pero realmente una parte está en las fortificaciones o está en otras zonas. Y de hecho hay 15.000 jinetes, pero una parte no son para el combate, como se dice: son croatas y húngaros que servirán en la persecución final, pero que realmente no están preparados para combatir.
Y aquí tenemos parte de los generales que combaten. Podría darles detalles, pero intentaré ser bastante parco y ligero. Aquí tenemos a los dos. El mando imperial está al mando de Matías Gallas, ¿de acuerdo?, que tenemos aquí asistido por Piccolomini. Si se dan cuenta, los dos son italianos, uno de Trento y el otro florentino. Pero los dos habían servido primero a la monarquía española, se han formado en Flandes fundamentalmente, y han asistido, debido un poco a la raíz de la guerra, a ejércitos fundamentalmente católicos que se han formado en Alemania, dándoles la oportunidad de liderar ejércitos en este momento. Pero también están aquí fundamentalmente porque dentro de ese complot que se hace contra Wallenstein son dos de los líderes más destacados, junto con Aldringen, que muere poco antes de la batalla. Es decir, son personas de confianza de Fernando de Hungría, el monarca, el futuro emperador, para que me entiendan. ¿De acuerdo?
Aquí tenemos más o menos el cuadro de mando del ejército español, con, insisto, el personaje más importante, que no deja de ser otro que el marqués de Leganés. Una persona forjada primero en el ejército de Flandes; llega a ser maestre de campo, acompaña a Ambrosio Spínola en sus campañas en la década de los 20 como maestre de campo, incluso se casa con una de las hijas de Ambrosio Spínola. De hecho, se sabe que, debido a que está emparentado no solo con los Spínola, sino también con el conde-duque de Olivares, parte de sus puestos los pudo obtener por esa cercanía al poder. Pero sin duda alguna es un general muy apto, y de hecho buena prueba de que es muy apto son las victorias que tendrá después, cosa que, por ejemplo, no podemos ver literalmente en Matías Gallas o en Piccolomini, a los cuales curiosamente la monarquía española, debido a esta victoria, les cederá y les dará dos títulos de nobleza en Nápoles, uno en Puglia y el otro el de duque de Amalfi, Piccolomini, ¿de acuerdo?
Y aquí tenemos otros generales: Gambacorta, que dirige parte de la caballería, y Felipe Spínola, que es hijo de Ambrosio Spínola, pero que, a pesar de ser el líder de la caballería, era muy poco experimentado y no tendrá gran parte de la acción. La llevará realmente Gerardo Gambacorta, el cual había estado ya en las campañas de Feria y era el más experimentado, digamos, de los comandantes de caballería del bando español. Y aquí tenemos dos protagonistas: el duque de Nochera, que asiste al Cardenal Infante, y sobre todo Juan María Serbelloni, un veterano italiano también, lógicamente, y un veterano de la monarquía, especialmente en Milán, y había sido el sustituto de Feria cuando Feria muere, digamos, en el invierno del año 33 al 34.
Y aquí tenemos los líderes suecos: por un lado, Bernardo de Sajonia-Weimar y Gustav Horn, los cuales estaban enfrentados a nivel personal. Por un lado, Bernardo de Sajonia-Weimar era un hijo noveno u octavo del duque de Sajonia-Weimar. No tenía ninguna opción de gobernar ni de llegar a heredar nada, pero muy pronto toma la vía de la milicia. Ambos, de hecho, van a combatir en los ejércitos holandeses, muy poco, pero van a combatir; es decir, el modelo opuesto al modelo católico español. Y ambos, por así decirlo, se van a curtir en la guerra de los Treinta Años. De hecho, Sajonia-Weimar participa desde principios de la guerra, incluso en las tropas danesas.
Horn, el problema que tenía es que es, digamos, el sueco de mayor estatus dentro del ejército, pero claro, el problema es que el líder militar de la Liga de Heilbronn es Bernardo de Sajonia-Weimar. Ambos tenían muy mala relación, y parte del problema era lo que en la época era la precedencia, es decir, quién era el primero, lo cual ellos llevaban muy mal. De hecho, personalmente, insisto, parte del error en la batalla es que ambos se llevaban demasiado mal. Bernardo, un líder militar un poco más apto que Horn, el cual era demasiado metódico, le criticaba a Horn que no era demasiado agresivo. Parte del problema de los suecos va a estar en esa mala conexión entre los mandos.
Pero antes de entrar un poco en la batalla, vamos a ver qué cambios van a hacer los suecos en su ejército. Realmente a Gustavo Adolfo, incluso alguna literatura científica de carácter protestante, anglosajona fundamentalmente, dicen incluso que si le trajéramos a la lucha de trincheras —lo he llegado a leer— de 1914, entendería, dice algún anglosajón, perfectamente los conceptos del arte de la guerra. Es endiosado por mucha parte de la literatura científica anglosajona; incluso se le dice que es el inventor de la guerra total, el padre de la guerra moderna para muchos, incluso el inventor de uniformes y cartuchos, algo que no es así, sabemos que no es así. De hecho, los uniformes realmente se habían inventado antes y los cartuchos también mucho antes; incluso en su propio ejército sueco no se emplean masivamente porque son demasiado caros. El papel es caro en esta época. Es
decir, realmente lo que es es un hombre muy inteligente que sabe combinar cosas. Esa es su gran ventaja, pero no es, insisto, por lo menos para mí, un gran, bueno, el gran padre de la estrategia moderna. De hecho, el laboratorio que tiene el ejército sueco de cara a su conversión en lo que va a ser está fundamentalmente en las guerras que lucha con Polonia, en las cuales realmente el ejército sueco es machacado por la caballería, los húsares alados polacos, y realmente se da cuenta Gustavo Adolfo de que tiene que cambiar sus formas de combatir porque no puede; ha ido, digamos, derrota tras derrota.
Los dos grandes cambios van a estar en la infantería y en la caballería, fundamentalmente la infantería sueca, de la que tenemos aquí unas imágenes. Realmente la gran innovación, que no es ni siquiera de Gustavo Adolfo, está en el hecho de que Suecia es el primer país de la época moderna que crea un sistema de alistamiento obligatorio. En este momento estamos ante ejércitos fundamentalmente voluntarios y ejércitos mercenarios. En todo caso, los soldados suecos que van a combatir, los pocos que van a combatir en Nördlingen, pero muchos en Alemania, van a ser entresacados de sus granjas. Es decir, de cada 10 hombres hábiles se sacaba uno, lo cual era un verdadero drama para un país tan poco habitado.
De hecho, se llega a levantar un ejército de 40.000 hombres en base a esto. De hecho, en el fondo son regimientos nacionales porque, por los dialectos, era mucho más fácil si el regimiento está formado en la misma región. Y lo que vamos a ver fundamentalmente es que, bueno, de estos suecos que se van a alistar muy pocos van a volver. De hecho, el alistamiento o el hecho de ser elegido para ir a Alemania era una sentencia de muerte para la mayor parte de los suecos, especialmente la infantería.
Pero evidentemente con estos mimbres no se puede hacer una guerra total, entre comillas, en Alemania. ¿Qué es lo que hace fundamentalmente Gustavo Adolfo? Contratar a miles y miles de, bueno, de mercenarios extranjeros. Aquí tenemos una imagen más anecdótica que real: escoceses, primeros escoceses que desembarcan en Stettin al principio de la guerra, vistos de manera exótica con esos kilts, incluso con arcos. Bueno, realmente enseguida se les da una indumentaria bastante más adecuada para la época y lógicamente armas de fuego. Pero realmente son muchos los mercenarios escoceses, pero también fundamentalmente alemanes, que van a combatir con el ejército sueco. Hasta el punto de que en 1632 sabemos que, de los 140.000 soldados aproximadamente que tenían los suecos, solo una cuarta parte son suecos o fineses. También tenemos que darnos cuenta de que los fineses, pues bueno, servían mucho en el ejército. Porcentualmente, el impacto que va a tener la guerra en Alemania en Finlandia va a ser mucho más elevado que en Suecia.
Y de hecho, los cambios en la infantería van a ser muy marcados. Es decir, lo que va a hacer fundamentalmente, más allá de unos códigos mucho más estrictos a la hora de castigar las faltas, de un empeño en el ejército, de un luteranismo radical —hay que rezar continuamente—, sí que es cierto que son ejércitos muy disciplinados; la avaricia y los fastos son erradicados, y sobre todo, a inspiración holandesa, va a crear un ejército que busca fundamentalmente movilidad y potencia de fuego frente a esos cuadros de picas tradicionales.
¿Qué es lo que hace en la infantería? Bueno, pues en vez de una infantería muy pesada, con esos coseletes incluso bastante más amplios, lo que hace es aligerar todo, digamos, todos los elementos de hierro que tienen los infantes. De hecho, sabemos que a partir de 1634, después de la batalla, ya no llega ni un envío más de coseletes, es decir, de armaduras para la infantería, y lo que hace fundamentalmente es aligerar el mosquete. El mosquete, vemos aquí uno que no tendría horquilla, sería más ligero. Realmente es un arma de bastante potencia de fuego, muy pesada, que necesita una horquilla para ser disparada, porque si no el retroceso es muy fuerte. De hecho, en la época muchas veces muchos soldados que estaban en una guarnición o que estaban en un asedio se ponían una almohadilla o algo parecido porque, digamos, el retroceso terminaba lesionándote el hombro debido a esa fuerza que tiene.
Lo que hacen los suecos es aligerar el mosquete, quitan lo esencial, tienen una buena materia prima, especialmente hierro, y lo que hacen fundamentalmente es, bueno, aligerar el peso, pero aligerar también el calibre, haciendo que sea mucho más móvil. No les hace falta mayoritariamente la horquilla, pero sobre todo hay un cambio de sistema de fuego. Mientras que los españoles, los imperiales, comienzan los 30 años con formaciones de al menos 10 en fondo para que el primero dispare y los siguientes se vayan rotando hasta que recargue el último, los suecos lo hacen en seis en fondo. Y además es un sistema diferente. Mientras que en los católicos al principio es un fuego graneado, es decir, primero disparan unos pocos, luego otros, es un fuego continuo, lo que hacen los suecos es un cambio radical. Como solo puedo disparar con seis, mis unidades son de seis en fondo y además les hago disparar a todos los seis juntos, lo cual me parece bastante peligroso, o de tres en tres en salvas. En la batalla veremos la importancia que tiene todo esto. Fundamentalmente, lo que busca, porque eso no es más efectivo ni es más rápido, es el impacto psicológico. Es decir, porque en una descarga hay muchas más bajas, frente a otra descarga en la que hay bajas pero imperceptibles en un escuadrón mucho más apretado y mucho más grande.
Además, otra innovación son compañías mucho más flexibles, con un gran número de oficiales y mucho más pequeñas, frente a las compañías imperiales que podían tener 300 soldados. En las compañías suecas, teóricamente la plantilla aceptada eran 16 oficiales, 72 mosquetes y 54 piqueros, ¿de acuerdo? Y forman, en esa imagen que les he mostrado, una especie de T, es decir, un escuadrón de picas al inicio, mosqueteros después y luego dos escuadrones más —bueno, aquí se ve un poco mejor— y mosqueteros a los lados. La verdadera novedad es la creación de la brigada. Los suecos son los primeros que utilizan ese término de brigada. Nadie antes lo había creado. Y en el fondo es un sistema al que además agregan los suecos algo que sí que se basa en una innovación: unos cañones regimentales, hasta seis por brigada, que dan más potencia de fuego. Son cañones suecos muy ligeros, 30 libras, pero que, bueno, lógicamente dan un empuje bastante importante a las tácticas suecas. Aquí tienen un poco cómo es un escuadrón. Vamos a ir más rápido porque quiero llegar mucho más rápido.
La caballería sueca también va a tener una evolución desde los primeros momentos. El típico jinete finlandés, lógicamente armado con casi nada, de una zona pobre como es Finlandia, bueno, pues lo van a convertir, ya que especialmente los suecos no tienen una caballería potente. Los caballos suecos, cuando llegan a Alemania, son un poco el hazmerreír de algunos de los enemigos. Se dice que Tilly, antes de la batalla de Lützen, dijo algo así como que, bueno, qué feos los caballos que montan esos jinetes suecos, si nuestros mozos de los carros de aprovisionamiento tienen mejores caballos. ¿Por qué? Porque, bueno, los caballos realmente suecos eran más bajos, eran más duros, pero evidentemente tenían una alzada mucho más pequeña. De ahí la chanza del propio Tilly, que se tuvo que comer sus palabras.
Pero, ¿cuál es la cuestión y qué es lo que cambian los suecos frente a la caballería imperial? Aligeran mucho las protecciones, se quedan fundamentalmente en un peto y un espaldar y poco más. Y sobre todo el casco se aligera bastante para que tengan mucha más visión, respecto de esa caballería casi medieval que podemos ver anteriormente. Y lo que hace fundamentalmente es que la caballería busca el choque. Es una caballería que no solo está cubierta fundamentalmente a los lados por mosqueteros, donde se van a refugiar cuando hacen una carga, sino que sobre todo es una caballería mucho más combativa y que busca el choque directo frente a lo que van a ver en Alemania.
Es decir, este es el típico coracero con dos pistolas, armado hasta los dientes. Poca visión podía tener cuando se bajara el casco, frente al jinete sueco que podemos ver. Es decir, las lanzas ya en retroceso son las compañías protocolarias, para que me entiendan, pero este es el jinete más particular y más importante de la guerra en Alemania en este momento, el coracero, acompañado también por el arcabucero. Pero claro, lógicamente, el jinete coracero recubierto de hierro tiene muchas más posibilidades frente a un arcabucero, que vemos aquí con su arcabuz, armado más ligeramente, con algunas ciertas protecciones metálicas, y siempre tienen esos arcabuceros las de perder a ese respecto.
Además, sabemos cómo vestían ambas unidades porque en las fuentes —aquí ven el sello— de Viena, en las fuentes de la embajada española que se han conservado en el Haus-, Hof- und Staatsarchiv de Viena, tenemos los datos en castellano de esas levas hechas por los españoles en Alemania. El típico enfrentamiento: lógicamente, el coracero recubierto de hierro siempre gana, evidentemente, ante el arcabucero, como podemos ver en casi todas las ilustraciones, fundamentalmente porque una parte del problema es que estas armaduras suelen estar hechas a prueba de bala, una bala más pequeña, evidentemente, y es bastante difícil, si le tiras al pecho, que acierte.
Evidentemente, la caballería sueca está fundamentalmente armada de este tipo, aunque vea algunos coraceros —este es un coracero especialmente livonio—, Curlandia, Livonia y los fineses armados a la ligera, muy parecidos a los croatas. Es decir, este es el típico juego que van a hacer la caballería y la infantería sueca, pero además muy bien, entre comillas, maridada, en el sentido de que aquí tenemos la brigada sueca con sus cañones, la infantería, y aquí tiene la caballería con la particularidad de que aquí tienen los jinetes y un destacamento de mosqueteros. Eso va a dar, digamos, mucho más juego a la caballería sueca en todos los enfrentamientos, ¿de acuerdo?
Además, incluso los dragones empiezan en este momento a entrar en acción. Aquí tenemos una, bueno, una cacharrería; es un cuadro de un cuerpo de guardia. Aquí ven cómo irían armados, digamos, los soldados de caballería imperiales y fundamentalmente españoles. Lógicamente, armaduras mucho más amplias, hasta tres cuartos, que también cubren la rodilla. Y bueno, pues aquí ven algunos de los elementos clásicos y aquí las armas de fuego, las pistolas, que siempre van en par y además se debían disparar... La táctica era cuando se vea el blanco de los ojos del que venga, porque si no es muy fácil no dar al blanco y no penetrar. Y luego la carabina, que ya es de llave de rueda, y un arcabuz de arzón bastante más grande. Como pueden ver, esto es del Museo de Viena. A este lado, pues, armas de fuego y ya una caballería bastante más aligerada en sus protecciones básicas, como pueden ver.
Y aquí tienen una imagen de los dragones del momento. Tenemos que darnos cuenta de que los dragones, digamos, el sistema de un combatiente que combate a pie pero que va a caballo, es una novedad que tenemos en la guerra de los 30 años. Y especialmente, si bien los suecos traen ya una compañía de dragones cuando desembarcan en Polonia, eso va en crecimiento en su guerra en Alemania. Y en España, en la batalla de Nördlingen, tenemos lo primero que sabemos del uso de dragones en España, es decir, cinco compañías de dragones que se van a montar y van a combatir en la batalla, entre ellas la de este señor de aquí, que es Pedro de Santacilia, que llegará a ser virrey, curiosamente, de Mallorca, y que, bueno, no solo había levantado una compañía y había servido en la campaña de Feria, sino que sirve destacadamente en la batalla de Nördlingen. Incluso con el tiempo va a formar una compañía de dragones. Las primeras compañías de dragones en el ejército español van a ser aquí, en esta época, en Nördlingen, ¿de acuerdo?
Aquí ven la caballería croata con sus, bueno, con sus formas de combatir, que, como decía ese texto, pues no son muy aptas para combatir más allá de la persecución. Son tropas ligeras que no sirven para demasiado.
Y aquí tenemos una imagen de Nördlingen asediado y de cómo está la disposición del campo de batalla. Tenemos que darnos cuenta de que una de las claves de esta batalla va a estar un poco en la forma que tienen las explanadas cercanas de Nördlingen, porque realmente el ejército sueco estaba al otro lado del río Eger y va a ir, digamos, andando hacia el 4, 5 de septiembre. Los protestantes, bueno, quieren socorrer la plaza de Nördlingen, y lo que van a hacer fundamentalmente, bastante lejos de la visión de los españoles, cruzando el río mucho más allá, es intentar, digamos, penetrar en el campo de batalla de una manera bastante menos recta, por así decirlo.
¿Cuál es el problema? El campo imperial, el campamento imperial y español, estaría por aquí, pero el problema es que en la zona hay una especie de V, que son unas inmediaciones montañosas, una serie de colinas. ¿Cuál es el problema? Que, bueno, evidentemente los suecos no tienen un reconocimiento adecuado, no se dan cuenta de que tienen que tomar estas colinas para realmente lograr lo que pretenden, que es cortar las comunicaciones de los ejércitos católicos para que se tengan que retirar y liberen la ciudad. Además, necesitan tomar las zonas más elevadas, especialmente para que su artillería les dé el poderío. Aquí se ve un poquito mejor dónde tienen que atacar, es decir, tienen que conquistar estas colinas para especialmente dominar el campo que estaría ahí.
¿Qué ocurre? Bueno, pues que Leganés, que era bastante inteligente a ese respecto, va a cubrir también, con ayuda de Matías Gallas, la mayor parte de las colinas, Himmelreich, Ländle y otras, con observadores, fundamentalmente croatas y dragones, para que vean venir al enemigo. De hecho, los suecos van a tener muy mala inteligencia de lo que es el campo de batalla y se van a confundir continuamente. No son conscientes de la magnitud del campo de batalla y de cómo deben actuar hasta incluso muy al final de la batalla.
Realmente, pues, cuando se desplazan, el primero en marchar es Bernardo y el siguiente es Horn. El 5 de septiembre, cuando ya van a entrar en contacto ambos ejércitos, en torno a las 3 de la tarde, esa caballería de observación se va a dar cuenta de que vienen los suecos, da la alarma y se intentan tomar prevenciones. Realmente las tres colinas, digamos, de esta parte central, Himmelreich, Ländle y Lachberg, son tomadas en apenas 3 horas por los suecos, sobre todo porque tienen una caballería y atacan a los pocos mosqueteros que hay allí. Las tropas de caballería imperiales intentan contraatacar. Incluso se llegan a ver varios enfrentamientos de varios minutos de más de 6.000 jinetes, pero realmente el problema es que la caballería imperial no tiene apoyo y debe abandonar, digamos, las cimas de estas tres montañas.
¿Cuál es el problema? Que ya se está haciendo de noche, ya son las 6 de la tarde, y lo que ocurre es que los españoles se han dado cuenta, especialmente Leganés se ha dado cuenta de la importancia que tienen las colinas, y lo que ya está haciendo es mandar al sargento mayor Escobar, de españoles, con unos 600 hombres, 200 de ellos españoles, pero también napolitanos y borgoñones, a que cubra este bosquecillo, ¿de acuerdo? Para evitar que se vayan aproximando, digamos, las tropas protestantes. ¿Cuál es el problema? Que además lo que ocurre en este momento es que, bueno, pues Bernardo, que era el que tenía la iniciativa, se ha cansado, ya ha conquistado tres colinas, y manda a Horn, que viene detrás, a hacerlo. Se pierde un tiempo precioso, y lo que hace Escobar con sus hombres es parapetarse en ese bosquecillo, y además, como es inicialmente atacado por caballería, no puede esa caballería no
puede conquistar ese bosquecillo. Continuamente se le van enviando refuerzos a Escobar, pero defiende la posición continuamente a base de pérdidas, pero causando muchas más en el enemigo, especialmente caballería todavía. Y realmente ya se van tomando las primeras medidas para tomar la colina del Albuch, ¿de acuerdo? Que va a ser la clave de toda la batalla.
Realmente los suecos cada vez van llegando en más cantidad y se van a posicionar ya con infantería y especialmente también con artillería cada vez más cerca del bosquecillo. La situación ya al anochecer es totalmente insostenible. Se le manda a Escobar aguantar hasta el último hombre, hasta la muerte si es necesario. Pero realmente lo que ocurre, incluso él pide material, digamos, para fortificarse, herramientas de gastadores para poder cavar, para poder mejorar su posición, pero realmente no llegan a tiempo. Realmente Escobar debe abandonar la posición a pesar de haber recibido refuerzos y porque ya les falta especialmente pólvora y municiones.
Realmente lo que ocurre fundamentalmente es que, bueno, esa huida es bastante controlada. De hecho, la persona que les he mostrado, el capitán de dragones, Pedro de Santa Cilia, participa en la lucha en ese bosquecillo y su hijo, de hecho, muere allí. Pero realmente lo que ocurre es que, bueno, los españoles y sus tropas tienen que abandonar la posición y Escobar incluso es capturado e interrogado por Bernardo de Sajonia-Weimar, hasta el punto de que llega a cenar con él esa misma noche.
Incluso se le llega a acusar cuando, digamos, Escobar le dice el número de tropas españolas. Bernardo de Sajonia-Weimar se ofende porque dice que no puede ser así, que sus informes dicen que han llegado unos 5.000 españoles desarrapados, que no puede ser que el cardenal infante tenga 15.000 hombres, como efectivamente tenía, y realmente se dice que Bernardo intenta asesinarlo disparándole, pero falla. De hecho, con el tiempo Escobar es liberado y no tendrá ningún tipo de problema, pero fundamentalmente así queda la noche, por así decirlo.
Y aquí tienen la colina del Albuch. De acuerdo. Más o menos este sería el campo de batalla desde otra de las colinas, el Schönfeld. Y aquí tienen esa colina que en el fondo va a ser la clave de toda la batalla, aunque no se vea excesivamente bien.
¿Qué ocurre esa noche? Bueno, pues que realmente durante toda la noche la colina es fortificada, se envían herramientas. Realmente las fortificaciones que se pueden hacer, al ser una colina muy pedregosa, son mínimas, pues unas son terreras, ¿de acuerdo?, es tierra, pero bueno, se pueden conseguir algunas trincheras y algo de tierra apelmazada y apisonada, pero realmente la elevación son unos 90 cm, menos de 1 m, lo que consiguen las tropas que están allí. En general, además, se construyen tres medias lunas, ¿de acuerdo? En una disposición norte y a los lados, ¿de acuerdo? El problema existe, es un terreno demasiado pedregoso.
Y en ese momento se han enviado cuatro unidades, todas del ejército español, frente a la confusión que a veces se da en la literatura protestante. Fundamentalmente son tres regimientos alemanes al servicio de España, entre ellos uno muy bisoño, el de Worms, y el de Leslie, que era ese escocés que les he comentado, que estuvo en el asesinato de Wallenstein. Y luego un tercio de napolitanos, el de Toralto, ¿de acuerdo?, que está en el lado derecho. Al mando de todo ello está el general de la artillería, que es Serbelloni, que es bastante veterano, e incluso al padre Gamasa, que es, bueno, un religioso que sabe matemáticas, se le destina a la colina.
Antes de amanecer ocurre algo. Hay una reunión entre todos los líderes católicos de cómo se va a dar la batalla al día siguiente, porque se sabe que la batalla es inminente y en el fondo, pues hay, bueno, reproches continuos entre un lado y otro, especialmente imperiales y españoles, incluso hay muy malas maneras por parte de algunos mandos imperiales, que critican a los españoles por haber perdido ese bosquecillo por parte de Escobar.
Realmente lo que ocurre es que, más allá de esos reproches, fundamentalmente lo que se ordena y lo que se dice por el marqués de Guana es que, bueno, a esta colina se han mandado varias unidades, pero parte de ellas son demasiado bisoñas. Hay que mandar algo mejor, hay que mandar a alguien más veterano. ¿Qué es lo que se decide? Que antes del amanecer va la unidad que, por así decirlo, salva el día, que es el tercio español de Idiáquez.
Un tercio del que en el fondo él acaba de tener el nombramiento. Martín de Idiáquez realmente tenía una veteranía bastante elevada: llevaba más de 25 años, en su patente lo refiere, más de 25 años al servicio. Había nacido realmente en Flandes, en Termunda, pero bueno, era de padre militar y había servido a la monarquía desde hacía, insisto, más de 25 años en diferentes puestos. Es un tipo, bueno, realmente veterano. De hecho, se hace cargo del tercio que antes tenía Juan Díaz Zamorano. Es el veterano de la expedición de Feria, para que me entiendan, que ha sido reforzado con algunas otras compañías. Además se manda la caballería, que va a cubrir, por así decirlo, los dos lados, fundamentalmente borgoñones y napolitanos.
Aquí tienen una imagen del Theatrum Europaeum, de lo más protestante, para que me entiendan, y aquí tienen un poco lo que es la ciudad de Nördlingen y, bueno, el campo, digamos, católico, que es todo esto. Y aquí tienen un poco los asaltos que ese mismo día se habían realizado. Aquí tienen más o menos la disposición de los ejércitos. Aquí estaría el ejército imperial, el ejército bávaro y fundamentalmente los españoles, que son casi todos estos, para que me entiendan. Y aquí tienen el Albuch, ¿de acuerdo? Y el ejército sueco medianamente representado.
El problema es que estos grabados en muchos casos, pues bueno, tienden a contarnos una historieta, una especie de cómic, pero tienden a contar en un mismo papel, lógicamente, distintos aspectos de la batalla. ¿De acuerdo? De ahí un poco esa dispersión y que a veces se entiendan mal, pero con lo que tenemos respecto a la batalla podemos conocerla bastante mejor. Y aquí lo que tienen fundamentalmente es, bueno, una de las acciones, como es, bueno, se vuela un carro y se dan cuenta aquí de una explosión, ¿de acuerdo?
Y aquí tienen pues más o menos cómo quedaron, en otro grabado muy diferente, las defensas del Albuch. De acuerdo. Fundamentalmente aquí pues estaban los alemanes, que luego fueron sustituidos por los españoles. Bueno, aquí alemanes, ¿de acuerdo? Leslie, Worms, los alemanes que fueron sustituidos por los españoles, y aquí los napolitanos, que lo veremos en otra imagen.
El despliegue sueco es bastante... Lo que se hace es que Horn debe atacar, que es el que más infantería tiene. Bernardo le dice que debe atacar. Lo que utiliza son, digamos, cuatro líneas y tiene la mayor parte de la infantería, más de 9.000 infantes. ¿Cuál es el problema? Bueno, pues que realmente para tomar una colina tiene demasiado poco apoyo, especialmente de infantería. El despliegue no es suficientemente fuerte, especialmente en infantería, para tomar la colina, que, insisto, es atacada por los reductos que estarían más o menos en esas ubicaciones.
Mientras tanto, el ejército de Bernardo protestante, pues lo que hace es situarse un poco cubriendo el... Bueno, esto sería una interpretación que hace Snayers, cubriendo un poco el flanco, pero lo que tiene es que solo tiene tres brigadas de infantería y sobre todo caballería, que básicamente va a estar la mayor parte de la batalla a la expectativa de lo que hace el ejército católico. No va a participar hasta casi el último minuto, haciendo que se pierda todo.
Y esto es un cuadro de Snayers que más o menos son las posiciones desde el Schönfeld, ¿de acuerdo?, desde otra de las colinas, ahí estaría donde está, y aquí tienen más o menos el despliegue católico. Fundamentalmente son las unidades españolas, bueno, españolas de la monarquía, napolitanos. De hecho, sabemos más o menos a cuál corresponde cada uno de estos bloques pintados por Snayers. De hecho, si se dan cuenta, se ven más o menos al fondo las aspas de San Andrés de la propia, digamos, monarquía.
Aquí tienen más o menos lo que va ocurriendo, que se lo voy traduciendo aquí para que lo tengan más ordenado. La clave es que, aunque el ataque empieza a las 6 de la mañana, va a durar en la colina con mucha intensidad hasta las 8, y realmente lo que ocurre es que ya en las primeras acciones de los suecos, el frente que está cubierto inicialmente, insisto, por los alemanes, pues se desintegra debido a los ataques suecos, se va desintegrando. Lo que hace es que llegan a ocupar por dos veces, digamos, esa posición alemana y lo que hace Idiáquez es tomarla de delantera. Incluso, para evitar la desbandada de los alemanes, cala las picas, las pone en horizontal para que los fugitivos no le entorpezcan y le descuadren, digamos, su propia unidad.
Y lo que va a aguantar allí Idiáquez son, se dice, entre 14 y 15 asaltos de la infantería sueca. Hay que darse cuenta de que lo que hace fundamentalmente Horn es enviar brigada tras brigada y luego, cuando falla el ataque, las va retirando y las va recomponiendo para que sigan avanzando continuamente.
Lo que ocurre fundamentalmente es que, bueno, Idiáquez era un veterano y se sabe el ardid de cómo disparan los suecos. ¿Qué es lo que hace con su infantería? Lo que hace es decirles: "Yo os voy a avisar cuando van a dar la salva y nosotros nos agachamos. Entonces, las balas van a pasar y luego les disparamos". La verdad es que el ardid funciona y lo que hace es que, bueno, pues se ve a los españoles en las crónicas, el propio emperador dice que han sido rocas en esa colina, y aguantan, digamos, muchos asaltos hasta el final incluso de la batalla.
Realmente hay intentos de ir por el flanco hacia el regimiento de Leslie, que estaba aquí, por parte de la caballería, que son infructuosos, y luego también por este otro lado por parte de las tropas que veremos ahora, napolitanas. Pero básicamente lo que va ocurriendo fundamentalmente es que, a pesar de esa infantería sueca y de esa caballería sueca que incluso asalta, cada vez los suecos se van desgastando más, y lo que ocurre es que los católicos van enviando cada vez más refuerzos, fundamentalmente armas de fuego, mosquetes, mangas de mosquetería. Lo que va ocurriendo a lo largo de esas 2 horas es que, pese a las bajas católicas, los suecos se van desgastando cada vez más. Cada vez tienen menos hombres para, digamos, hacer frente a la misión.
Y aquí tienen el cuadro de Snayers, lo que sería la posición del tercio de Toralto, que es este de aquí, y un refuerzo que se enviará después, que es, bueno, un grupo de lombardos, que es el de Panigarola y de Guasco. Y aquí tienen enfrentándose una brigada sueca y aquí la caballería. Se dice que los de Toralto, los napolitanos, en muchos casos tuvieron tan fuerte el enfrentamiento que, bueno, incluso la caballería les llegó a cargar tanto que tenían que usar las picas y ensartaron muchos caballos suecos a ese respecto.
En un momento álgido de la batalla, lo que hace es que Horn tiene que pedir ayuda, digamos, al otro, a Bernardo. Básicamente Bernardo le cede dos de sus tres brigadas, que atacan por este lado una vaguada, que es donde estaban los napolitanos. ¿Qué ocurre? Pues que atacan sin coordinación, atacan sin orden y son vencidos. A pesar de que la caballería llega tarde en su rescate, son nuevamente vencidos. La batalla ya ha cambiado las tornas, especialmente en estas acciones, y de hecho, pues cada vez los suecos tienen menos fuerza. Llegan cada vez más refuerzos, ya que pueden comprometer la línea católica porque los suecos no están avanzando; cada vez va metiendo más refuerzos.
Tenemos que darnos cuenta de que en este momento las batallas en muchos casos son a muy poca distancia, 50 pasos. Se dice que con armas de fuego las formaciones de infantería disparan a unos 50 pasos. En la batalla tenemos que darnos cuenta de que, si bien es cierto que los españoles solían tener mosquetes que tenían más alcance, y hacen mucho daño a los suecos, la batalla en general en muchos casos se libra a una distancia muy corta, 50 m.
De hecho, aquí se dan cuenta, por un lado, esta no es de la batalla, es de FS, pero bueno, aquí ven las picas muy bien caladas, muy alzadas, y aquí ven unas que no lo son tanto. Muchas veces los veteranos sabían perfectamente cuándo un escuadrón de infantería se estaba debilitando porque las picas no las tenían juntas, no las tenían firmes, se iban dando golpes entre ellas. Es el momento, en muchos casos, en que los veteranos saben que es el momento de cargar, que es el momento de dar el impulso final.
Y aquí tienen un poco lo que ocurre en el centro. Fundamentalmente lo que ocurre es que la caballería sueca termina moviéndose muy tarde, a lo largo de las 9 de la mañana, y de hecho se va enfrentando a la católica, pero cada vez tiene menos fuerza. Bernardo tiene que poner todas sus reservas y de hecho, pues su última brigada de infantería, que está representada en este grabado aquí, pues bueno, es la última que resiste. De hecho, fundamentalmente dentro del centro se van enviando algunas unidades, incluso 400 mosqueteros del tercio de Fuenclara, que estaba aquí, a combatir cada vez más a los suecos.
Fundamentalmente lo que ocurre es que la batalla ya está perdida. Horn, de hecho, lo que hace es que pide a las 10 de la mañana, cuando ya no hay más refuerzos, retirarse, es decir, que Bernardo le cubra en ese flanco para intentar retirarse de su ataque al Albuch, a la montaña, intentar pues básicamente recomponer el ejército y huir. Lo que ocurre es que hay un avance general católico.
Aquí es otro cuadro; si se dan cuenta, este sería el cardenal infante y este sería Leganés, más o menos se identifican. Es otro Snayers, o de la escuela de Snayers, que muestra la parte final de la batalla, esos enfrentamientos, por así decirlo, de caballería, y realmente lo que ocurre es un desastre anunciado. Es decir, pues realmente Bernardo consigue huir, se dice que porque, digamos, coge un caballo que le cede un dragón. El dragón evidentemente fue capturado, pero sabemos que muchos regimientos protestantes pierden hasta el 70% de su fuerza, y algunos de ellos toda. ¿De acuerdo? Es una debacle en toda condición.
Pocas veces en una batalla en la Edad Moderna hay un resultado tan sumamente favorable para el vencedor, sobre todo porque no solo se descompone el ejército, ya que además los suecos han intentado avanzar sobre la colina demasiadas veces, perdiendo demasiados hombres, sino que además en la retirada no tienen suficiente fuerza para intentar impedir el asalto general que dan los católicos, y su caballería, y especialmente los croatas, pues hacen que tengan más de 8.000 muertos, 400 banderas tomadas —en la Edad Moderna muchas veces, más que los muertos, hay que contabilizar las banderas que se pierden por las compañías— y sobre todo su artillería. Es una debacle en toda condición. Las bajas católicas son relativamente limitadas, de 1.200 a 3.500.
Incluso Horn, que vemos aquí en un cuadro de la escuela flamenca de Van der Meulen, es capturado. De hecho, Horn, al igual que Cratz, son dos líderes de Bernardo Selivga, pero ambos son capturados por los españoles, lo cual pues no deja de ser algo bastante peculiar para una batalla.
Y ahora tenemos que hacernos la última pregunta. ¿Es una victoria decisiva? Hombre, es evidentemente una derrota clara de los protestantes. De hecho, además, no solo es una derrota clara en número de muertos, por así decirlo, sino que además van a pagar muy caro esta batalla, sobre todo esa desunión, esa confianza en exceso que tienen los suecos, que hace que, bueno, crean que van a vencer porque tienen una infantería muy veterana, y se estrellan continuamente con un muro que es la colina, el Albuch, y especialmente los españoles. Pero lo que ocurre fundamentalmente es algo muy peculiar, y es el hecho de que los suecos, que, si se dan cuenta, en los mapas que
hemos creado estaban en Baviera, tienen que retroceder a su punto de partida. Esta batalla les lleva a retroceder prácticamente a Pomerania. Pierden gran parte del apoyo de la Liga de Heilbronn, que prácticamente es el colapso, e irrumpe en acción el último gran contendiente de la guerra de los Treinta Años, Francia, que en 1635 declara la guerra a España. ¿Por qué? Porque ya ese intento indirecto de vencer a los Habsburgo ha fracasado con esta batalla.
De ahí que Francia entre en guerra por fin con España; ya lo había hecho, había estado suministrando dinero, pero evidentemente lo que ocurre es que esa victoria, digamos, católica, que además da al emperador un elemento de negociación muy importante que va a intentar mostrar en la paz de Praga de 1635, calma los ánimos por parte de muchos de los príncipes alemanes, incluso protestantes. Pero realmente la entrada de Francia en el conflicto en 1635 hace que las cosas cambien y sobre todo nos llevará a otras batallas que vamos a ver en este ciclo, como la batalla de Rocroi. ¿De acuerdo?
Básicamente, un minuto más. Gracias. Conocemos muy bien la batalla gracias especialmente no solo a la historiografía, sino también sobre todo a este libro, El viaje del infante cardenal don Fernando de Austria, que nos cuenta la batalla, la versión española de la batalla, pero también a las fuentes documentales y al enorme elenco de fuentes que se hizo en el momento, sobre todo para vender, lógicamente, esa gran victoria de Nördlingen. Así que muchas gracias y siento haberme pasado un poco del tiempo.
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