«La energía es poder»: Arturo Gonzalo Aizpiri y Ana Palacio sobre la transición energética tras la crisis de Ormuz
Fundación Juan MarchEn la última sesión del curso de «La cuestión palpitante», en la Fundación Juan March, los presentadores Antonio y Alejandra reunieron a dos invitados. Arturo Gonzalo Aizpiri es consejero delegado de Enagás, doctor en Ciencias Químicas y fue secretario general para la Prevención de la Contaminación y el Cambio Climático. Ana Palacio es especialista en derecho europeo, exministra de Asuntos Exteriores y fue vicepresidenta senior y consejera general del Grupo Banco Mundial. La pregunta de fondo era qué energía usaremos para calentarnos y movernos, y cómo cambia esa respuesta en un mundo convulso, con el estrecho de Ormuz cerrado desde el 28 de febrero.
Los dos coincidieron en lo esencial. Los combustibles fósiles seguirán con nosotros durante décadas, pero Europa necesita reducir su dependencia. Las diferencias estuvieron en los matices. Gonzalo defendió que el hidrógeno verde y la infraestructura gasista española son una oportunidad estratégica. Palacio insistió en que la «soberanía» que prometen las renovables es relativa mientras la cadena industrial esté en manos de China, y en que Europa ha regulado pensando en el consumidor y no en el ciudadano.
Ninguna fuente está amortizada, pero Ormuz ya cuesta 500 millones al día
Ante la pregunta de si se puede dar ya por amortizadas las energías fósiles, Gonzalo respondió que no. Ninguna fuente de energía está amortizada en un momento en que la seguridad de suministro ha vuelto a ser la primera prioridad global. Eso no cambia, añadió, el objetivo del Acuerdo de París: una sociedad global de cero emisiones netas en 2050. Para llegar ahí, los combustibles fósiles tienen que dar paso a combustibles descarbonizados, sobre todo renovables, biocombustibles e hidrógeno verde.
Para Gonzalo, en Europa esa necesidad coincide con una oportunidad. El continente es deficitario en combustibles fósiles, con pocas excepciones como Noruega. Por eso sufre una crisis de autonomía estratégica derivada en gran parte de su falta de soberanía energética. Acelerar la transición sería, en su planteamiento, una forma de ganar autonomía.
Para dar dimensión al problema, Gonzalo citó un dato. Desde que empezó el conflicto de Ormuz, la subida de los precios del petróleo y el gas supone para Europa un sobrecoste energético de 500 millones de euros diarios. En los dos meses y medio transcurridos, la factura adicional se acercaría a los 40.000 millones de euros, por un conflicto «en el que Europa no ha tenido nada que ver» pero que golpea su economía y su bienestar. Más adelante atribuyó la cifra diaria a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la extrapoló a unos 150.000 millones de euros en un año.
El triángulo energético y el péndulo europeo según Ana Palacio
Palacio se declaró básicamente de acuerdo, pero volvió a lo que llamó «los básicos». La energía, sostuvo, no es una mercancía más. Es un triángulo con tres vértices. El primero es la seguridad de suministro. El segundo es la asequibilidad, porque un suministro a precios altísimos, como el actual, deja de cumplir su función. El tercero es el medio ambiente, cuyo punto de inflexión sitúa en París, que marcó la toma de conciencia de la humanidad sobre el problema.
Su crítica es que los europeos se concentraron en el vértice medioambiental. Dieron por hecho que la seguridad de suministro la garantizaba el mercado, como si la energía fuera otra mercancía cualquiera. Según ella, eso resultó no ser así. Le preocupa ahora el movimiento contrario: de explicar toda la transición con un discurso medioambiental se ha pasado a presentarla como un imperativo de seguridad, y el medio ambiente «prácticamente ha desaparecido». Palacio calificó ambas explicaciones de «grandilocuentes» y «unidireccionales».
Su segundo punto se refería a la electrificación, que describió como el mantra del momento. Según ella, la mitad de la economía no se puede electrificar; admitió que la cifra podría ser un 40%, pero dijo que no iba a discutirla. Por eso la transición no consiste solo en electrificar todo lo posible. También hay que pasar «de molécula sucia a molécula limpia», y ahí entran los biocombustibles y el hidrógeno verde.
Una soberanía «relativa»: el sol es nuestro, la cadena industrial no
El primer matiz de fondo de Palacio se refería a la soberanía estratégica. Europa carece de combustibles fósiles propios. El fracking podría cambiar algo, pero ella considera que no tiene mucho sentido en Europa, por razones como el consumo de agua. Lo autóctono son el sol y el viento, «eso no nos lo quita nadie». De ahí a hablar de soberanía hay un trecho, explicó, porque entre el sol y el electrón, o entre el sol y la molécula de hidrógeno verde, casi toda la parte intermedia es china.
Palacio reconoció una diferencia. Un corte chino de piezas de repuesto no tendría el mismo impacto inmediato en la factura de la luz que el cierre de Ormuz. También dijo que Europa ha hecho cosas bien y que el precio de la electricidad no ha dado aquí los estirones que ha dado en otros lugares. Aun así, mientras España dependa fundamentalmente del gas, en su opinión no tiene soberanía.
La exministra rechazó además la idea preconcebida de que las renovables son «de izquierdas», los fósiles de derechas y la nuclear «de extrema derecha». Recordó que el primer impulso a las renovables en España llegó en 1996, con el primer Gobierno de esa legislatura, y que fue entonces cuando el país decidió apostar por ellas. Lo que no se puede sostener, dijo, es la promesa de que las renovables crearían muchos empleos verdes. La dependencia de China es abrumadora: en torno al 90% en placas solares, prácticamente el 100% en grafito y cerca del 90% en tierras raras. Según Palacio, China controla sobre todo los procesos de refino.
Qué son las nuevas energías: electrones y moléculas renovables
Alejandra pidió volver a lo básico: qué son estas nuevas energías y en qué punto de desarrollo están. Gonzalo empezó con un matiz. La transición consiste en una reducción progresiva de la intensidad de carbono, y algunos combustibles fósiles ya son en sí mismos un paso en esa dirección. El gas natural, por ejemplo, es mucho más eficiente que los combustibles líquidos o el carbón para generar electricidad. Añadió que la autonomía estratégica no depende solo de los recursos autóctonos. También se consigue con flexibilidad y diversificación de fuentes. Puso como ejemplo que España vive la crisis de Ormuz con relativa tranquilidad porque su infraestructura de gas natural licuado le permite traer gas de cualquier rincón del mundo y no depende del Golfo.
A continuación explicó la distinción entre electrones y moléculas. Consumimos energía como electricidad, como la que ilumina la sala, o como moléculas, como los combustibles de los vehículos o el gas de la calefacción. La industria combina ambas. La transición consiste en pasar gradualmente de electricidad generada con fósiles a electricidad renovable (eólica, solar o hidroeléctrica). En el caso de las moléculas, se trata de sustituir los derivados del petróleo y el gas por biocombustibles, como el biogás o biometano, y por el que Gonzalo considera «el gran combustible renovable del futuro», el hidrógeno verde.
Gonzalo explicó el proceso de forma sencilla. Si se rompe la molécula de agua con electricidad, se obtienen hidrógeno y oxígeno. Si esa electricidad es renovable, el hidrógeno también lo es. Según él, la capacidad de producirlo es casi ilimitada y puede sustituir prácticamente todos los usos actuales de los fósiles. A su juicio, el hidrógeno está «en el despegue». Estimó que este año se comprometerá en Europa una inversión de más de 12.000 millones de euros en su producción. Señaló también que España es el país europeo con más potencial de producción de hidrógeno verde, igual que de electricidad verde. Si aprovecha la oportunidad, podría convertirse en «la Arabia Saudí de los combustibles renovables en Europa», una expresión que dijo haber leído y que le pareció acertada.
El pariente escondido: la nuclear
Palacio se mostró de acuerdo, pero echó en falta la energía nuclear, «el pariente que tenemos ahí escondido». Recordó su pasado profesional en Areva, entonces gran empresa europea y líder mundial en grandes reactores, y describió la relación de España y de la UE con la nuclear como «muy incómoda». Francia apostó por ella desde la crisis del petróleo de los años setenta. Alemania ha sido radicalmente antinuclear, aunque, según Palacio, ahora se lo está replanteando. Los Estados miembros están divididos entre ambos bandos.
Palacio añadió una explicación institucional que considera clave para entender por qué no se hacen «cosas absurdas». El mix energético es competencia de cada país, pero la sostenibilidad está transferida a la UE, como el comercio internacional. Por eso, según ella, la Unión ha acabado regulando e interfiriendo en el mix por la vía de la sostenibilidad. Ese esquema podía funcionar antes de 2019, cuando se diseñó el Pacto Verde, pero en su opinión hoy no funciona.
Su conclusión sobre España fue clara. No tiene sentido cerrar ahora las centrales nucleares. No se trata de construir más, precisó, sino de reconocer que las existentes son un activo.
Consumidor frente a ciudadano
Una de las ideas que Palacio repitió a lo largo del debate fue la distinción entre consumidor y ciudadano. El mercado, argumentó, se preocupa del consumidor, para quien lo más barato es lo mejor. El ciudadano trasciende el mercado, y es él quien quiere soberanía energética. Según su relato, desde 2015, cuando China lanzó su programa Made in China 2025, la UE ha permitido que China, mediante subvenciones y fomento de la exportación, expulse del mercado a los fabricantes europeos. Recordó que a principios de los 2000 empezaba a haber en España una industria de paneles solares.
Para ella, la «globalización feliz», en la que se suponía que las interdependencias embridaban la política y mandaba el mercado, ha demostrado no funcionar. La autonomía posible nace del sentido común: diversidad de fuentes, diversidad de rutas y «cintura» para jugar con unas y otras. Recordó que eso pretendía la Unión de la Energía, un programa europeo que, según ella, quedó apartado cuando todo pasó a girar en torno a la sostenibilidad, y que habría que recuperar.
Palacio elogió además lo que considera una política energética española bipartidista y bien pensada, con tres elementos. El primero es la apuesta temprana por las renovables. El segundo es la «flotilla» de terminales de GNL, construida porque los Pirineos limitan las interconexiones. El tercero es el mantenimiento de la industria del refino. En Europa se ha cerrado más del 25% de la capacidad de refino, mientras que España la ha conservado. Eso le da menos problemas que a otros países con el combustible de aviación, un asunto que, dijo, aparece estos días en la prensa.
La red troncal de hidrógeno: 2.600 kilómetros y un hidroducto a Marsella
Antonio preguntó por la apuesta de Enagás por una red de transporte de hidrógeno verde. Gonzalo explicó que el hidrógeno «como mejor viaja es por tubería». Un mercado europeo que conecte producción y consumo necesita una red de transporte equivalente a la del gas natural, que lleva el gas desde las plantas de regasificación y las conexiones internacionales hasta los hogares.
Para dar escala, Gonzalo dio varias cifras. España tiene hoy 12.000 kilómetros de gasoductos de alta presión. Se ha diseñado una red básica de hidrógeno verde de 2.600 kilómetros, que Enagás tiene el mandato gubernamental de desarrollar y que prevé poner en marcha entre 2030 y 2032. La red debería abastecer a la industria española para que haga su transición de forma competitiva. También debería generar un excedente para el resto de Europa, a través de un hidroducto submarino entre Barcelona y Marsella que conectará con la red francesa y, desde ahí, con la alemana y otras.
Gonzalo defendió las ventajas de las moléculas frente a otras formas de transporte. Según él, no sufren pérdidas en el trayecto: la molécula de gas que calentó el agua de la ducha por la mañana es la misma que entró por Bilbao, Cartagena o Huelva. Además, las tuberías van bajo tierra y no tienen impacto visual. La red de gas actual ya puede transportar biometano, producido a partir de residuos orgánicos, y admite mezclar una pequeña proporción de hidrógeno. Gonzalo considera esa mezcla una solución transitoria. El modelo al que se evolucionará, según explicó, son dos redes paralelas, una de gas y otra de hidrógeno, por los mismos corredores, que es la fórmula de la red troncal española.
Sobre otros países, Gonzalo situó el origen del proyecto europeo en la invasión rusa de Ucrania del 24 de febrero de 2022. Países como Alemania o Italia obtenían de Rusia el 40% de su gas y tuvieron que reemplazarlo de la noche a la mañana. Una de las respuestas fue lanzar una red europea de hidrógeno. Según Gonzalo, Alemania va a la vanguardia, con 9.000 kilómetros ya aprobados y en construcción, y España está en el «pelotón de cabeza» que la sigue.
¿Cambiarán los focos de poder?
Alejandra planteó si el paso a nuevas energías desplazará los centros de poder que antes acompañaban al petróleo. Palacio respondió preguntando a qué plazo. Hoy, recordó, el 80% del consumo mundial de energía procede de fósiles. Unos 600 millones de personas no tienen ningún acceso a la electricidad y cientos de millones más siguen cocinando con estiércol o con lo que encuentran. El mundo, insistió, es mucho más que los problemas de las economías maduras europeas. En Europa bajará el consumo de fósiles, pero Pakistán seguirá subiendo. Según sus cifras, toda el África subsahariana produce el 3% de los gases de efecto invernadero, frente al «30 y tantos» por ciento de China.
Palacio recordó también que Estados Unidos redujo mucho sus emisiones solo por sustituir carbón por gas gracias al fracking, lo que coincide con el argumento de Gonzalo sobre la intensidad de carbono. Contó que un ministro indio le dijo que la India quemaría lo que tuviera y pudiera, aunque también haría renovables. Según ella, las renovables están en torno al 10 u 11% en la India, pero crecen exponencialmente. Añadió que grandes petroleras europeas como Total o BP siguen explorando, no en el Golfo, sino en las costas africanas y en otros lugares. Mencionó también una noticia que había leído: a raíz de Ormuz, Pakistán dejaría sin terminar una terminal de GNL y ha lanzado un programa de paneles solares para hogares. A la pregunta de si el petróleo ha llegado a su fase final, respondió: «Francamente, no».
Sobre el poder, Palacio sostuvo que «la energía es poder». Hoy Estados Unidos es el primer exportador y está a la cabeza de la producción, y China ha ganado un poder importantísimo al decidir, «de una forma extraordinariamente inteligente», controlar todas las tecnologías de la transición. Eso demuestra, dijo, que el poder puede desplazarse. Lo que no ve es la ecuación según la cual estamos «en manos del Golfo».
Gonzalo, sin contradecirla, dio una opinión más rotunda. Cree que habrá un cambio muy profundo en la geopolítica mundial impulsado por la estructura energética, aunque no en uno ni en pocos años. A su juicio, la crisis de Ormuz ya está cambiando cómo muchos países ven su seguridad energética, empezando por China. Considera que China tiene claro que debe superar cuanto antes su dependencia de los fósiles y que por eso invierte más que nadie en liderar todas las tecnologías de la transición. Estados Unidos es distinto porque es exportador neto de petróleo y gas. Europa y China no lo son. Por eso Gonzalo prevé que esta crisis, como la invasión de Ucrania, acelere el esfuerzo de los países sin fósiles propios por liderar la transición, «porque si no la lideramos tendremos que importarla».
Un cruce de matices: importarlo todo y la demanda de la inteligencia artificial
Palacio intervino para advertir que en renovables Europa ya importa prácticamente todo. Gonzalo matizó que en hidrógeno verde «Europa todavía no ha perdido la partida», y Palacio concedió que en electrolizadores es cierto. Aun así, mantuvo que en el conjunto no se puede afirmar que Europa haya creado empleo verde de calidad, y lo atribuyó a haber pensado solo en beneficiar al consumidor.
Palacio añadió otro elemento: el incremento «brutal» de demanda de energía que traerá la inteligencia artificial. Según ella, China está consumiendo aún más carbón, con una electricidad que tiene entre un 50 y un 60% de carbón, para no depender de importaciones de gas y petróleo. Palacio sostuvo que la UE reguló con una premisa equivocada: que era una sociedad madura y que se trataba solo de sustituir unas fuentes por otras. Si Europa quiere estar en la carrera de los centros de datos, necesitará más energía. Eso exige, en su opinión, un abanico sensato de opciones, sin perder el objetivo de descarbonización, y una política industrial que Europa no ha tenido.
España y Ormuz: suministro protegido, precio expuesto
Antonio preguntó de dónde viene el gas que gestiona Enagás y si puede haber problemas de suministro el próximo invierno. Gonzalo respondió que España tiene «la mejor infraestructura gasista de Europa». Lo explicó por la historia: España estaba lejos del gas ruso y, por la apuesta de visionarios como Pere Duran Farell, decidió no depender solo de Argelia. Construyó siete plantas de regasificación que reciben GNL por barco desde cualquier lugar.
Las cifras que dio Gonzalo fueron estas. En lo que va de 2026, España ha traído gas de 11 países distintos y ni un solo barco del Golfo Pérsico. En 2025, solo el 1,7% del gas consumido vino del Golfo. Estados Unidos y Argelia son el primer y segundo proveedor, con en torno al 30-35% cada uno y un 60-65% combinado. Rusia ha sido tradicionalmente el tercero, con alrededor del 15%, pero la normativa europea obliga a eliminarlo y a finales de 2027 no podrá importarse «ni una sola molécula» de gas ruso. Nigeria es el cuarto, con entre el 5 y el 10%, y hay otros proveedores como Angola, Gabón o Australia. Gonzalo calificó esa estructura de «muy robusta» y dijo que España es «la envidia de Europa» por su capacidad de absorber impactos.
Eso no significa que Ormuz no importe, aclaró. El impacto llega por el precio, que se fija en mercados internacionales. Esa mañana el gas había abierto a 51 euros por megavatio hora, frente a 30 euros el 27 de febrero, y ese efecto inflacionario lo sufren todos. La preocupación está más en el precio que en la seguridad de suministro, que se sigue «sin alarma, pero con mucha atención».
Palacio se mostró totalmente de acuerdo. Recordó que incluso Estados Unidos, exportador de todo, sufre la repercusión porque existe un mercado con precios. Añadió un efecto menos conocido por la opinión pública: de la zona del Golfo llegan fertilizantes y materias primas muy variadas. En los países pobres, dijo, su falta puede impedir la siembra y desembocar en hambrunas. Volvió a elogiar la sensatez española de no depender de un solo proveedor, pese a la tentación de hacerlo porque era más barato, y la comparó con la dependencia alemana del gas ruso.
El coste de la transición y la lección de las renovables
Alejandra preguntó si la transición supondrá costes más altos para los ciudadanos y si hace falta explicarlo. Gonzalo recurrió a un precedente. Hace 20 o 25 años, la fotovoltaica y la eólica necesitaban primas importantes, y a los españoles les costó una inversión considerable hacerlas competitivas. Hoy, según él, la electricidad renovable es la más competitiva y eso permite que la mayoría de los días España pague la electricidad más barata que sus vecinos.
Lo mismo ocurre ahora, dijo, con el biometano y sobre todo con el hidrógeno verde, que hoy es más caro que el hidrógeno de origen fósil. La idea es invertir para que en aproximadamente una década sea más competitivo. Gonzalo propuso recorrer esa curva de aprendizaje a escala europea para que sea más efectiva y los costes se repartan de forma más justa. Recordó, en línea con Palacio, que España pagó buena parte de la curva de las renovables y que hoy esos equipos se fabrican en China. El reto, según él, es hacerlo con inteligencia y con instrumentos regulatorios adecuados para que la cadena de valor se quede en Europa y en España.
El papel de la Unión Europea: del Pacto Verde a la seguridad
Palacio describió la trayectoria reciente de la UE en varias fases. Desde los años noventa, la Unión se presenta como abanderada de la descarbonización. En 2019 vivió lo que llamó un momento «de iluminación»: la apuesta por el medio ambiente, por promover las renovables y por mandar reglamentariamente «a las tinieblas exteriores» a lo demás, incluida la nuclear. Uno de los grandes promotores de esa visión era Alemania, que, según Palacio, tenía una «adicción» al gas ruso a precios muy competitivos, «por no decir por debajo de lo que eran los precios de mercado», algo que no se decía.
Cuando esa contradicción salió a la luz con la invasión de Ucrania, la UE reaccionó rápido y bien, en su opinión. Impuso reservas obligatorias de gas para el invierno y compras conjuntas, entre otras medidas. Pero, según ella, mantuvo la idea de la sostenibilidad hasta Ormuz. Ahora el discurso ha girado hacia la seguridad y la soberanía, y la Unión se encuentra en una situación complicada: ha reglamentado mucho y debe revisar parte de esas normas, algo que está haciendo, a juicio de Palacio, «tímidamente». La UE tiene competencia en sostenibilidad, un papel de coordinación y ahora está entrando en la política industrial, que no es competencia suya. Aun así, Palacio la considera ineludible y central para España, y concluyó que «el mundo ha cambiado» y que los europeos tienen que darse cuenta.
Palacio añadió una idea sobre el hidrógeno. Entre Gibraltar y el norte de África hay 14 kilómetros, y al sur la disponibilidad de sol y viento está multiplicada respecto a la española. En un mundo que necesitará mucha más electricidad, las nuevas energías, y en particular el hidrógeno verde, podrían ser una forma de conectar África con Europa, una relación que, dijo, no debería reducirse a un problema de inmigración.
¿Cuándo llegará el hidrógeno verde a nuestras vidas?
Antonio preguntó cuándo llegará el hidrógeno verde a los hogares o a los coches de forma extendida. Gonzalo explicó que la apuesta europea para los hogares es electrificar el agua caliente y la climatización mediante aerotermia. El hidrógeno verde se dedicará sobre todo a la industria y al transporte. Según su previsión, su uso a gran escala empezará a partir de 2030. Ya se construyen las primeras grandes instalaciones de producción, promovidas por empresas de refino, porque en Europa hay una obligación de que los combustibles de automoción incorporen un porcentaje creciente de hidrógeno verde.
¿La última crisis del petróleo? Del Golfo a la competición por capacidades
En el turno de preguntas del público en internet, Albert Catalán preguntó si esta es la última crisis del petróleo y cuáles son los riesgos de las renovables. Gonzalo cree que no será la última. La zona de los grandes productores, como Arabia Saudí, tiene una alta inestabilidad geopolítica que presumiblemente no quedará resuelta de forma duradera con esta crisis. En su análisis, las renovables no generarán conflictos por un recurso como los del Golfo, sino «una competición estratégica por capacidades críticas»: quién tiene la llave de las tecnologías.
En esa competición, Gonzalo distinguió por sectores. En baterías, China tiene un dominio «hegemónico», y por tanto también en el vehículo eléctrico. En hidrógeno, en cambio, Europa sigue dando la batalla. Según él, Europa es líder en patentes, innovación y tecnología de electrolizadores, las máquinas que producen el hidrógeno verde, y los mayores fabricantes son europeos, principalmente alemanes y neerlandeses.
Palacio coincidió y añadió dos apuntes. El primero, que le preocupa «extraordinariamente» la apertura del Ártico a la extracción de petróleo y gas como fuente de conflicto, más que otras zonas como las costas africanas o América Latina. Con un consumo energético mundial que crece y fósiles que aún pesan entre el 75 y el 80%, habrá más crisis, y el Golfo no se estabilizará de un día para otro. El segundo, que la autonomía industrial no puede ser parcial. Citó el caso de una fábrica de baterías en la que una parte podía fabricarse en Europa, pero en última instancia se dependía del proveedor, y hay componentes imposibles de conseguir. Europa tiene buena educación, buenas universidades e investigación básica, pero no ha sabido escalarla, y las empresas acaban desarrollándose en Estados Unidos o ahora en China. Reclamó una verdadera política industrial, no de subvenciones, que según ella no funcionan. Lo primero, dijo, es aceptar el diagnóstico: se ha pensado solo en el consumidor.
Minerales críticos: una dependencia «prácticamente total»
La última pregunta, de Blanca Espinoza, se refería a los minerales críticos de los que más dependen España y Europa. Gonzalo respondió que de «prácticamente todos». Europa es muy deficitaria en grafito, cobalto, níquel, litio y todas las tierras raras. España tiene algún proyecto de minería de litio y recursos como las magnesitas, pero Gonzalo los calificó de «casi anecdóticos». Según él, España todavía no conoce bien sus recursos y debe actualizar ese conocimiento. Varios Estados miembros, incluida España, han anunciado planes para ello. Incluso así, advirtió, no se alcanzará la autosuficiencia: el 70% de la capacidad de refinado de los 20 minerales críticos está en China, y eso «no se construye de la noche a la mañana». Propuso planes de minería estratégica con todas las garantías medioambientales para reducir poco a poco una dependencia que calificó de prácticamente total.
Palacio cerró con su experiencia en el Banco Mundial. Según su relato, Europa abandonó la minería en África. En parte, por mantener sus estándares, que no deben perderse. Pero sobre todo porque cualquier crítica de una ONG que llegaba al consejo del banco, aunque no estuviera fundada, provocaba retraimiento. Defendió que se pueden mantener los principios propios sin retroceder «a la primera crítica que surja con tres fotografías espectaculares». Ahora que se entiende que están en juego la soberanía y los puestos de trabajo, dijo esperar una conciencia ciudadana que haga que la opinión pública no secunde «al primer voceador de críticas». Añadió que lo ha vivido y que podría contar más anécdotas, pero la sesión terminó ahí.
La cuestión palpitante tiene un tema de estos de actualidad absoluta, algo que nos afecta, no solamente es que esté en los medios de comunicación, que lo está en todos, sino también afecta nuestra vida cotidiana. Vamos a hablar de nuevas energías y de geopolítica. ¿Cómo vamos a calentarnos, a movernos, qué energía vamos a utilizar en el futuro y cómo afecta la situación del mundo ahora tan convulsa? Bueno, pues de esto hablaremos con dos personas que saben mucho, pero antes saludo a Alejandra Raz, un placer siempre compartir escenario contigo, Alejandra, ¿qué tal?
Muy bien, aquí deseando hablar de este tema del que hablamos a menudo en los telediarios, no puede estar más candente, o sea, que muy interesante escuchar a nuestros dos expertos de hoy que saben mucho.
Efectivamente. Por cierto, ¿ya está recuperada de anoche, la larga noche electoral?
Ah, vamos, después de una larga noche electoral, aquí estamos aguantando.
Muy bien. Pues bienvenida. Muchas gracias. Bueno, les presento a nuestros invitados. Arturo Gonzalo Aizpiri, muy buenas tardes.
Muy buenas tardes, Antonio.
Bienvenido.
Un placer estar aquí.
Lo mismo. Es consejero delegado de Enagás, es doctor cum laude en Ciencias Químicas y cuenta con una larga y sólida trayectoria en los sectores energético y medioambiental, habiendo ocupado puestos de máxima responsabilidad tanto en el ámbito privado como en el público. Ha ejercido como secretario general para la prevención de la contaminación y el cambio climático en el Ministerio de Medio Ambiente del Gobierno de España, y ha presidido el Comité Español del Consejo Mundial de la Energía, consolidando su liderazgo y la experiencia en el desarrollo de políticas energéticas y medioambientales a nivel nacional e internacional. Le preguntaremos muchas cosas porque creemos que esto realmente tiene mucho recorrido y mucho interés también. Así que gracias.
Ana Palacio, bienvenida.
Bien hallado.
Tiempo que no nos veíamos.
Pues es verdad, pero aquí estamos.
Aquí estamos. Estupendos. Hombre, por supuesto. Ana Palacio es especialista en derecho europeo con foco en la internacionalización de empresas e impacto de las políticas energéticas. Fue, como saben, ministra de Asuntos Exteriores del Gobierno de España, presidenta de la Comisión Mixta Congreso-Senado para la Unión Europea, vicepresidenta senior y consejera general del Grupo Banco Mundial y secretaria general del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones, el CIADI. Es profesora visitante en la Universidad de Georgetown y asume responsabilidades en distintos consejos de administración y asesoría de empresas españolas y extranjeras, así como de instituciones académicas de alcance global. Participa en el think tank del Partido Popular Europeo como rapporteur en energía y mantiene una estrecha relación con la Comisión Europea en asuntos de Defensa. Colabora, como saben, en diversas publicaciones, incluida una columna semanal para Project Syndicate y una columna semanal también para el diario El Mundo que titula Equipaje de mano. Bueno, pues con estas presentaciones vamos a comenzar.
Arturo Gonzalo Aizpiri, estamos en las puertas de una transformación energética, desde luego, de un alcance como no habíamos visto. ¿Podemos dar ya a las energías fósiles como amortizadas o todavía tienen un largo periodo de convivencia con el hidrógeno verde, por ejemplo, del que luego hablaremos?
Muchas gracias. Yo creo que todavía no podemos dar por amortizada ninguna fuente de energía. Todas contribuyen al mix energético en momentos en los que la seguridad de suministro se ha vuelto a poner como número uno en la agenda global de prioridades. Lo que no cabe duda es que debemos avanzar hacia formar una sociedad global de cero emisiones netas en el año 2050. Esto es lo que establece como gran objetivo para todos los países el Acuerdo de París, y eso significa que los combustibles fósiles tienen que ir dando paso a combustibles descarbonizados, de los cuales los más importantes son los combustibles renovables, los biocombustibles y el hidrógeno verde.
Y en este caso la necesidad viene de la mano de la oportunidad porque Europa es totalmente deficitaria en combustibles fósiles, con pocas excepciones como Noruega. Europa hace frente a una enorme crisis de falta de autonomía estratégica en gran parte por esta falta de soberanía energética. Europa puede ganar en autonomía estratégica acelerando esa transición hacia los combustibles renovables, los combustibles descarbonizados, dejando atrás de forma gradual la dependencia de los combustibles fósiles, que van a seguir con nosotros durante décadas, pero que tienen, como digo, que acabar dando paso a combustibles renovables, descarbonizados, que no contribuyan a la crisis del cambio climático.
Habrá tiempo en la conversación de entrar un poco más en detalle en esto, pero veamos como un dato muy significativo que desde que empezó el conflicto del estrecho de Ormuz el 28 de febrero de este año, el incremento del precio de los combustibles, petróleo y gas, a que ha dado lugar este conflicto supone para Europa un sobrecoste energético de 500 millones de euros diarios. Eso quiere decir que en estos dos meses y medio transcurridos la factura energética para Europa se acerca ya a los 40.000 millones de euros de sobrecoste en nuestra factura energética por el impacto de un conflicto en el que Europa no ha tenido nada que ver, pero que está golpeando duramente a nuestra economía y por tanto a nuestra prosperidad y nuestro bienestar. Pero como digo, podremos profundizar en ello.
Ana Palacio, la misma pregunta habría que formularla de otra manera diciendo: de la OPEP a las tierras raras y a los países donde ahora se pone el foco de la nueva energía.
Básicamente estoy de acuerdo, no podía ser de otra manera, pero con algunos matices. Yo creo que, primer matiz, vamos a ir a los básicos. Los básicos es que, lo primero, la energía no es una mercancía, no es una commodity. Hasta ahora teníamos esa sensación del mercado presente, y la energía es un triángulo. Hay que tener seguridad de suministro, que esa energía sea asequible, que se pueda pagar, porque si hay un suministro, que es lo que está pasando ahora, pero a unos precios altísimos, deja de cumplir esa función el suministro. O sea, que sea asequible: energía, acceso, asequibilidad. Y el tercer vértice es el medio ambiente. Ahí Arturo Gonzalo lo ha recordado. Es París, es el compromiso de París. París marca un antes y un después. París marca la toma de conciencia de la humanidad de que ahí tenemos un problema en el medio ambiente.
Eso es así. ¿Qué pasa? Pues que los europeos nos concentramos en el medio ambiente dando, por supuesto, que la seguridad estaba asegurada, nunca mejor dicho, que la seguridad de suministro estaba ahí por el mercado, que a fin de cuentas era otra mercancía, que aquí funcionaba el mercado. Y eso no es así. Y hemos pasado de esa monoexplicación de que toda la energía y la transición energética se decidía con un discurso de medio ambiente, a ahora que el medio ambiente pues prácticamente ha desaparecido. Ahora la transición es un imperativo de seguridad. Y a mí esas explicaciones un tanto grandilocuentes y desde luego unidireccionales me preocupan.
Segunda cuestión que yo quiero decir: no hemos hablado de la electrificación, pero ahora lo que está en el ambiente es electrificar, electrificar, electrificar. Segunda cosa que tenemos que tener en cuenta, que esto está implícito en lo que ha dicho Arturo Gonzalo, es que la mitad de la economía no se puede electrificar, o sea, que la electrificación no responde a las necesidades de una parte importante de la economía. Podemos decir la mitad, un 40%, no voy a discutir, y eso es algo que tenemos que tener en cuenta. Y de ahí que esa transición no solo sea de electrificar a tope, que sí, que todo lo que podamos electrificar lo vamos a electrificar, sino además de ir de molécula sucia a molécula limpia, y ahí es donde entran los biocombustibles y es también donde entra el hidrógeno verde. Eso es el panorama.
Yo ahora voy a empezar con los matices. Primer matiz, vamos a ver, la soberanía estratégica. Es cierto que Europa está infradotada, o al menos no queremos explorar, pero si quisiéramos explorar el fracking, pues igual tendríamos; por razones que no vamos a entrar en ellas, consumo de agua, no tiene para Europa realmente, en mi opinión, mucho sentido. Y entonces no tenemos combustibles fósiles. Lo que es autóctono es el sol y es el viento. Eso sí que no nos lo quita nadie. Ahora, de ahí a decir que eso nos da soberanía estratégica, pues vamos a ser claros, ¿no? ¿Por qué? Porque entre el sol y el electrón o el sol y la molécula de hidrógeno verde, todo lo central es de China. O sea, que soberanía relativa.
Es cierto que un corte por parte de China de suministro de, no sé, de piezas de repuesto de hidrogeneras no causa el mismo impacto en la cuenta de la luz que si se cierra Ormuz, y la electricidad depende, que en Europa hemos capeado bien. De eso hablaremos luego. Europa ha hecho cosas que están bien y hemos capeado bien. El precio de la electricidad en Europa no ha pegado los estirones que ha pegado por ahí. Pero yo creo que es cierto que en estos momentos, al depender del gas fundamentalmente en España, por ejemplo, no tenemos soberanía.
Estamos desarrollando, y en eso es una política que, a ver, hay una especie de idea preconcebida de que las renovables son de izquierdas y los fósiles, y no digo ya el nuclear, el nuclear de extrema derecha. Y la primera, vamos, el primer empujón a las renovables desde el año 96 es el primer gobierno de José María Aznar. Es el que tomó esa decisión, España, de apostar por las renovables.
Lo que no podemos decir es dos cosas que se han venido diciendo: que las renovables iban a dar muchos trabajos verdes, porque en realidad dependemos de China en un porcentaje abrumador. Bueno, en placas solares el 90%, por ejemplo, dependemos de China. Luego a mí me has dicho lo de las tierras raras. Eso es como los Reyes Godos. Yo nunca me aprendí los Reyes Godos, pues, pero en fin, el grafito, que es 100% china, otros pues 90%, las tierras raras 90%. O sea, que China tiene un control de los procesos de refino, y bueno, lo dejo aquí, que tiempo tendremos.
Tiempo tendremos. A mí me gustaría ir a la base de todo, que son las energías limpias, que llamamos, o las nuevas energías: qué son, de qué energías estamos hablando, en qué proceso están, en qué momento de desarrollo están, si son, lo que decía Antonio, factibles, y a dónde van a llegar. ¿Estamos hablando de unas energías que van a sustituir lo que llega a nuestras casas, estamos hablando más de grandes empresas o de grandes infraestructuras, y cómo van a llegar a los sitios? ¿En qué momento del desarrollo estamos de estas energías?
Pues Alejandra, yo diría en primer lugar: no olvidemos que la transición energética consiste en una progresiva reducción de la intensidad de carbono, y hay combustibles fósiles que hoy están en nuestra vida diaria que en sí mismos son un paso de descarbonización sobre opciones más intensivas en carbono del pasado. Por ejemplo, el gas natural es una opción mucho más eficiente que el consumo de combustibles líquidos o incluso de carbón para la generación eléctrica. Y en la actualidad la autonomía estratégica no solo se consigue por el uso de recursos autóctonos, sino por una gran flexibilidad y diversificación de fuentes de suministro. España está viendo la crisis del estrecho de Ormuz con relativa tranquilidad porque tenemos una infraestructura de gas natural licuado que nos permite traer el gas desde cualquier rincón del mundo y no dependemos del gas del Golfo. De modo que transición energética también es acudir a combustibles con menor intensidad en carbono, y autonomía estratégica también es confiar en una infraestructura que nos permite diversificar y flexibilizar enormemente las fuentes de suministro.
Pero yendo de forma más directa a lo que preguntaba sobre cuáles son las nuevas fuentes o las nuevas energías. En general, nos referimos a energías renovables, y esto, como decía Ana Palacio, tiene que ver con electrones renovables y moléculas renovables. Nuestro consumo energético cotidiano puede tener lugar en forma de electricidad, como la que nos está alumbrando esta tarde, o puede tener lugar en forma de moléculas, como por ejemplo los combustibles que mueven los vehículos o el gas que utilizamos en la calefacción de nuestras casas. En la industria existe la misma combinación de electricidad y moléculas. La transición energética de las nuevas energías es gradualmente ir transitando de electricidad generada con combustibles fósiles a electricidad renovable, eólica o solar o hidroeléctrica. Y en las moléculas, gradualmente ir sustituyendo los derivados del petróleo y el gas por moléculas renovables, que son o biocombustibles, que en el caso del gas hablamos de biogás o biometano, y el gran combustible renovable del futuro, que será el hidrógeno verde.
¿Qué es el hidrógeno verde? Pues como todos saben, la molécula de agua está formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Si rompemos la molécula de agua con electricidad, obtenemos hidrógeno por un lado y oxígeno por otro. Si esa electricidad es renovable, el hidrógeno que obtenemos es plenamente renovable, y tenemos casi una capacidad ilimitada de producir ese hidrógeno renovable, que puede sustituir prácticamente todos los usos de los actuales combustibles fósiles. ¿En qué punto de desarrollo estamos del hidrógeno renovable? Estamos en el despegue del hidrógeno renovable. Este año pensamos que en Europa se va a comprometer una inversión de más de 12.000 millones de euros en producir ese hidrógeno verde. Y la gran noticia para España es que somos el país europeo con más potencial de producción de hidrógeno verde, igual que somos el país con más potencial de producción de electricidad verde. Si aprovechamos esta oportunidad, no solo conseguiremos descarbonizar nuestro sistema energético, sino que, como hemos leído, que se ha expresado, creo que muy felizmente, nos podemos convertir en la Arabia Saudí de los combustibles renovables en Europa. Bueno, ahí lo dejo.
Veo a Ana Palacio, ¿qué hace? Bueno, no lo sé, o sea, que le voy a dar la palabra.
Pero sí, de nuevo yo tengo que apostillar algo porque si no, a ver, no me gano el jornal. Yo estoy de acuerdo con Arturo y creo que podemos volver a hablar del reto que representa el hidrógeno verde. A mí, claro, me falta hablar de nuclear. Caramba, es que el nuclear es el pariente que tenemos ahí escondido. En España la electricidad realmente base, si estuviéramos cómodos con el nuclear, que no lo estamos. En España tenemos un contencioso con el nuclear que tiene una larga historia. Yo tengo un pasado nuclear, tú lo has dicho. Areva era la gran empresa europea y en aquel mundo, cuando yo estaba en Areva, era líder mundial en los grandes reactores. Claro, el nuclear está aquí.
En España, desde luego, y en la Unión Europea en gran medida tenemos una relación muy incómoda. ¿Por qué? Bueno, pues porque en Europa Francia tiene una apuesta por el nuclear desde los años 70, desde la crisis del petróleo de los años 70, Alemania es radicalmente antinuclear, que ahora se lo están pensando otra vez, vamos a ver todo esto en qué queda. Y entonces hay una parte de los estados miembros que son pronucleares y otra parte que son antinucleares. Y aquí hay que decir otra cosa, que no quiero entrar en cosas técnicas, pero las instituciones europeas hacen lo que los tratados les dejan hacer, es decir, hay competencias que hemos transferido. Bueno, pues lo que es el mix energético, cada país hace lo que quiere. O sea, que tenemos países radicalmente antinucleares y radicalmente pronucleares, pero en cambio la sostenibilidad está transferida a la Unión Europea. Es como el comercio internacional. Eso es un asunto de la Unión Europea. La Unión Europea decide. ¿Qué ha pasado? Pues que la Unión Europea se ha metido, en fin, a regular, a interferir, a cambiar el mix energético por la vía de la sostenibilidad. Y eso podía funcionar en el mundo de antes de 2019, cuando se hace el Green Deal, pero hoy no funciona. Segunda cosa que
tenemos que entender para entender que no se hacen cosas absurdas es que hay que buscar. Segunda cosa que tenemos que entender: en esta dependencia que hemos creado de lo que es la tecnología china, ¿qué ha pasado? Pues que Europa lo que ha primado es el mercado. Porque, ¿quién está en el mercado? ¿Qué preocupa en el mercado? El consumidor. El consumidor, que lo más barato es lo mejor. El ciudadano es otra historia. El ciudadano no está en el mercado, el ciudadano trasciende al mercado. El ciudadano es el que quiere soberanía energética, pero ese no está en el mercado.
Y hasta ahora lo que hemos hecho, desde 2015 en particular, cuando China lanza su programa de Made in China 2025, hecho en China 2025, la Unión Europea ha dejado que China, a través de subvenciones y de fomentos a la exportación, no vamos a entrar en ello, pues haya sacado del mercado a todos los fabricantes. En España, en un primer momento, principios de los años 2000, empieza a haber una industria de paneles solares. Eso lo tenemos que tener en cuenta. O sea, porque ahora lo que importa es la seguridad, porque esa globalización feliz en donde todos calculábamos que con las interdependencias la política quedaba embridada y que ahí lo que mandaba era el mercado, pues se ha visto que no. Y yo creo que esas cosas hay que tenerlas en cuenta.
Entonces, tiene toda la razón Arturo Gonzalo en decir que realmente no esa idea de soberanía y estrategia, pero una cierta autonomía lo que te la da es el sentido común al final. Pues oiga, mire, diversidad de fuentes, diversidad de rutas, diversidad, e ir teniendo cintura y jugando con unas y con otras. Por cierto, esto es lo que pretendió el programa europeo de la Unión por la Energía, que luego quedó apartado cuando Europa se lanza en ese todo es sostenibilidad y solo cuenta la sostenibilidad; ese programa queda apartado. Tenemos que recuperarlo, pero lo que tenemos que recuperar es sentido común, y al final en eso yo estoy de acuerdo con Arturo.
Un comentario final. España en energía, tres cosas podemos discutir, en energía ha tenido una política bipartisana, bipartisan, y francamente bien pensada, además de lo que ha dicho Arturo, de ese apostar por las renovables, porque nosotros tenemos, de ese crearnos verdaderamente una flotilla de terminales de LNG. Porque tenemos los Pirineos y sabemos lo que son los Pirineos, las interconexiones, eso que estamos hablando ahora de hasta qué punto Europa puede hacer interconexiones en gas, en electricidad, etcétera.
Y otra prueba evidente, que hoy la comentábamos con Arturo Gonzalo, es que España ha mantenido el refino, la industria del refino. La industria del refino en Europa se ha ido cerrando, se han cerrado más del 25% de las capacidades, y en cambio en España las hemos mantenido. Eso qué quiere decir, pues, hombre, que nosotros tenemos menos problemas que pueden tener otros en el fuel de aviación, por ejemplo, sin ir más lejos, que es una cosa que todos leemos en los periódicos, que ahora es un problema. O sea, que en España la política energética es una política con matices, con cosas. Por supuesto, para mí la piedra de toque es el nuclear. El nuclear, que no tiene sentido para España cerrarlo ahora. Que no nos metamos en más nuclear, ¿de acuerdo? Pero tenemos eso, es un activo, y eso es lo que yo apostillaría.
Les voy a pedir un poquito de concreción en las respuestas; hay muchos temas, para que pueda hacer más preguntas. Hablamos de autonomía, Arturo Gonzalo, señalaba usted y hablaba del coste realmente tremendo, ¿no?, desde el 28 de febrero, del cierre del estrecho de Ormuz. La energía hay que transportarla, bien sea carburantes, en los tanques, o el GNL, el gas natural, que llega también en los tanqueros, en los barcos. El hidrógeno verde: su empresa, usted es consejero delegado de Enagás, ha hecho una apuesta muy poderosa por el hidrógeno verde, ¿no? Y hay una red española de transporte de hidrógeno verde, una especie de red troncal de infraestructuras de hidrógeno, ¿no? ¿Este va a ser el futuro de transportar la energía limpia?
Muchas gracias, Antonio, por la pregunta. Efectivamente, creemos que el hidrógeno verde va a ser una parte muy importante de la respuesta a las necesidades futuras de energía, pero el hidrógeno como mejor viaja es por tubería. Y es necesario que, para tener un auténtico mercado europeo de la energía, del hidrógeno, que conecte la producción con el consumo, necesitamos construir una red de transporte de hidrógeno verde, igual que actualmente tenemos una red de transporte de gas natural que lleva el gas natural desde los puntos de entrada, desde las plantas de regasificación de gas natural licuado o las conexiones internacionales, hasta todos los puntos de consumo, incluidos nuestros hogares.
Para que nos hagamos una idea de la magnitud de lo que hablamos, hoy en España tenemos una red de 12.000 km de gasoductos de alta presión. Hemos diseñado una red básica de transporte de hidrógeno verde para España de 2.600 km, y Enagás tiene el mandato del Gobierno de desarrollar esa red y la vamos a poner en marcha entre los años 2030 y 2032. Y esa red nos va a permitir abastecer las necesidades de nuestra industria para poder hacer su transición energética de un modo competitivo y sostenible, pero al mismo tiempo vamos a generar un excedente que va a permitir atender parte de esas necesidades en el resto de Europa. Y para eso vamos a construir un hidroducto submarino de Barcelona a Marsella que va a conectar con la red francesa y de allí con la red alemana y de otros países de Europa. Por tanto, efectivamente, la energía hay que transportarla.
La gran ventaja de las moléculas es que no sufren ninguna pérdida en el transporte. La molécula de gas natural que hemos consumido esta mañana en nuestro hogar para calentar el agua de la ducha, esa molécula ha entrado por una planta de regasificación en Bilbao o en Cartagena o en Huelva y es la misma molécula, no ha sufrido ninguna pérdida. Por eso las moléculas permiten, Antonio, transportar energía con una gran densidad, de un modo ambientalmente muy aceptable, porque esto son tuberías que van por el subsuelo, que no tienen ningún impacto visual y que van a ser una parte muy importante de la respuesta a las necesidades del sistema energético del futuro.
¿Y esta red se puede utilizar, u otra red, eh? O sea, ¿se puede hacer ese transporte de energía con otro tipo de energía, no solo con el hidrógeno verde?
Actualmente lo estamos haciendo con el gas natural, y la red de gas es muy propicia para poder incorporar otro tipo de energía verde, que es el biometano, que es el gas producido con fuentes biológicas, con residuos, por ejemplo, orgánicos; se produce ese biogás, que es otra molécula renovable que se puede transportar por la red de gas. También la red de gas admite en mezcla una pequeña proporción de hidrógeno verde, pero creemos que esto va a ser una solución transitoria, y a lo que evolucionaremos es a una red de gas y una red de hidrógeno verde con tuberías discurriendo en paralelo por los mismos corredores. Esa es la fórmula que estamos utilizando en la red troncal española que estamos impulsando.
¿En otros países también hay esa red de transporte de hidrógeno verde o España está a la vanguardia?
Es un proyecto de alcance europeo que tiene su origen en cuando, el 24 de febrero de 2022, Rusia invadió Ucrania, y algo que dábamos por garantizado, que era el suministro de gas en Europa, de la noche a la mañana se puso en tela de juicio. El 40% del gas que consumían países como Alemania o Italia procedía de Rusia y hubo que reemplazarlo de la noche a la mañana, y una de las formas de reemplazar ese gas fue lanzar el proyecto de una red europea del hidrógeno verde. El país que está a la vanguardia, Alemania. Alemania ha aprobado ya la creación de una red de 9.000 km de hidrógeno verde que se está construyendo. En los países que vamos inmediatamente a continuación, en ese pelotón de cabeza, está España. El más avanzado es Alemania. Nosotros estamos también entre los que están más avanzados.
El título de esta charla, que era Nuevas Energías y Geopolítica: hablaba hace un segundo Arturo de España como una Arabia Saudí del futuro. Yo le quería preguntar a Ana Palacio por esos cambios del foco de poder con las nuevas energías. La economía y el petróleo parece que iban de la mano. Las grandes potencias que controlaban el petróleo controlaban también la economía. Con este cambio o esta transformación hacia estas nuevas energías, ¿se va a transformar también? ¿Se van a transformar los focos de poder, van a seguir estando en manos de países, corporaciones?
A ver, vamos a ver a qué plazo hablamos. En el mundo hoy el 80% del consumo de energía viene de combustibles fósiles. 80%. O sea, que tenemos mucho que andar, sobre todo porque a mí me parece muy bien hablar de España y hablar de Europa, por supuesto, pero es que hay que hablar del mundo, y en el mundo todavía hoy hay como 600 millones de personas que no tienen ningún acceso a la electricidad, ninguno; hay otros cientos de millones que siguen guisando con bosta de vaca o con lo que pescan. Así que el mundo es mucho más que los problemas que tenemos los europeos como economías maduras.
Quiero decir con esto que evidentemente en Europa se irá disminuyendo el consumo de fósiles, seguro, pero Pakistán va a seguir subiendo. África subsahariana entera produce el 3%, toda África subsahariana, el 3% de los gases de efecto invernadero. China está por el 30 y tantos.
Una cosa interesante que va en el sentido que antes decía Arturo Gonzalo: Estados Unidos pegó un bajonazo tremendo en los gases de efecto invernadero solo porque sustituía el carbón por gas cuando empezó a hacer el fracking. Todos los fósiles contaminan, pero no tiene nada que ver lo que contamina un carbón de los, en fin, de los que consumen en la India, por ejemplo. Pero como eso también me lo ha dicho a mí el ministro Raquésh: «Mire, señora Palacio, nosotros quemaremos lo que tengamos, lo que podamos, y por supuesto también vamos a hacer energías renovables». Y lo están haciendo, pero vamos, en estos momentos, pues, la India debe de andar por el 10 o el 11%, pero subiendo exponencialmente.
Todo va a ser renovables, ¿no? Si pensamos, tenemos que pensar que ese cambio va a tener tiempo. Otro dato: las grandes petroleras europeas, Total, por ejemplo, BP, están explorando dónde, ¿no? En el Golfo ahí no, pero en las costas africanas, en otros puntos del planeta. O sea, que a plazo, y evidentemente esta es una apuesta muy europea, que hemos abanderado esa descarbonización, vamos hacia allí, y eso va todo el mundo. O sea, Pakistán, el otro día leía que con estas cosas de Ormuz no van a terminar una terminal de LNG y en cambio han hecho un programa para hogares de paneles solares que está cambiando el mundo. Por supuesto, ¿que el petróleo ha llegado a su fase final? Francamente, no. Si pensamos mundo, vuelvo a decir.
Le hago la misma pregunta. ¿Se pueden mover los focos de poder, digamos? ¿Pueden esas nuevas energías acabar cambiando la geopolítica del mundo?
¿Quiere decir que Estados Unidos no mande?
Bueno, que mande, bueno, que manden, que manden otros.
Pero a ver, pero perdón, es que en estos momentos Estados Unidos es el primer exportador y está a la cabeza de producción. Yo creo que el poder, la energía es poder. Eso desde luego. Antes decía que la energía no era una mercancía. La energía es poder. Desde luego, en estos momentos, evidentemente, China tiene un poder importantísimo porque decidió de una forma extraordinariamente inteligente apostar por controlar todas las tecnologías de la transición energética, pero por controlarlas todas. Y ahí se puso ese maravilloso, inmenso, poderosísimo país, y lo han conseguido. Evidentemente esto es una prueba de que el poder cambia, pero yo la ecuación esa de que aquí estamos en manos del Golfo es que no la veo. Entonces eso es para otra conversación.
Pero yo daré mi opinión, y estoy muy de acuerdo en lo que dice Ana Palacio, desde luego, pero yo creo que sí que va a haber un cambio muy profundo. No va a ser cuestión de un año o de unos pocos años, pero creo que va a haber un cambio muy profundo en la geopolítica mundial movida por los cambios en la estructura energética.
Creo, de hecho, que esta crisis de Ormuz está introduciendo ya un giro en cómo muchos países ven su seguridad energética, empezando por China, y Ana Palacio conoce muy bien China, es una guía en esta materia. Yo creo que China tiene claro que tiene que superar su dependencia de los combustibles fósiles lo antes posible, y ningún país como China está invirtiendo en liderar todas las tecnologías de la transición energética para sacudirse de encima la dependencia de los combustibles fósiles cuanto antes. Dije antes, lo dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que la crisis del estrecho de Ormuz nos cuesta 500 millones diarios de euros a los europeos. Eso en un año es una factura incremental de 150.000 millones de euros. O sea, estamos tomando conciencia de que esta dependencia es una losa enorme sobre el crecimiento en Europa, la prosperidad en Europa.
Estados Unidos, que citaba Ana Palacio, es muy distinto. Estados Unidos es un gran exportador neto también de petróleo y gas, pero no es el caso de Europa, no es el caso de China. Entonces, yo creo que esta crisis va a acelerar, igual que lo hizo la invasión de Ucrania en 2022, va a acelerar el que aquellos países que no tenemos fuentes autóctonas de combustibles fósiles intentemos liderar la transición energética, porque si no la lideramos tendremos que importarla, y esto será una losa en nuestra disponibilidad de recursos para hacer frente al mundo que viene. Entonces, estoy de acuerdo con Ana en que los combustibles fósiles van a estar con nosotros todavía mucho tiempo, pero también creo que la llamada de atención a que es necesario liberarnos de esa dependencia lo antes posible no deja de resonar cada día cuando vemos el efecto de que se mantenga cerrado el estrecho de…
Quería, perdón, un apunte. Arturo Gonzalo dice: «Porque si no tendremos que importar». Ojo, que para estas energías renovables estamos importando todo, todo.
Con un matiz, Ana, disculpa. Por ejemplo, en hidrógeno verde, Europa todavía no ha perdido la partida.
Es verdad, en las hidrogeneras. Totalmente de acuerdo.
Y los electrolizadores.
Los electrolizadores, es cierto, pero digamos que en el conjunto no podemos decir así paladinamente que en un lado importamos y en el otro hacemos una cantidad de puestos verdes de calidad; no es así. Eso no ha salido, y no ha salido porque, como digo, nosotros tuvimos en la cabeza beneficiar al consumidor. Eso es una cosa.
Y la segunda cuestión es que tenemos que tener en cuenta que va a haber un incremento de demanda de energía brutal por la inteligencia artificial. Es decir, que lo que China está haciendo ahora es consumir más carbón todavía. Su electricidad en estos momentos tiene entre un 50 y un 60% de carbón, y más, para no depender, es verdad, de la importación, porque ellos no son autónomos en producción de combustibles, en fin, de gas y de petróleo. Pero lo que está claro es que para los centros de datos, todo lo que precisa la inteligencia artificial, no podemos seguir pensando como era la ecuación que teníamos en la cabeza cuando empezamos a reglamentar, que es lo que ha hecho la Unión Europea: que nosotros éramos una sociedad madura y que se trataba de sustituir, ¿no? Aquí necesitamos, si queremos estar, necesitamos más energía, y de ahí que haya que tener una visión, pues eso, de abanico de posibilidades sensatas, teniendo en cuenta el objetivo de descarbonización, pero teniendo en cuenta lo que es la realidad y teniendo una política industrial que Europa no ha tenido.
Es absolutamente…
Una pregunta, Arturo Gonzalo, una pregunta y una opinión. La pregunta es: ¿de dónde viene la mayor parte del gas que, por ejemplo, ustedes distribuyen en Enagás? ¿Sigue siendo Argelia? Le pregunto, uno de nuestros principales suministradores. Dos, la opinión será,
seguro que serán pedido desde hace 3 meses en cualquier cena de amigos, ¿no? ¿Cómo ve usted la situación para España del cierre del Estrecho de Ormuz? Decía antes, lo vemos, bueno, desde una cierta distancia, no diré con displicencia, pero bueno, esto no va con nosotros y añado, de momento, de momento. Puede haber preocupación en el suministro de cara al próximo invierno, por ejemplo.
Muchas gracias por la pregunta, Antonio, porque me permite precisar un par de conceptos muy importantes. España tiene la mejor infraestructura gasista de Europa, porque cuando se empezaron a diseñar los sistemas de gas, España estaba muy lejos del gas ruso. Éramos un país periférico que, con las apuestas de algunos grandes visionarios de aquella época como Pere Duran Farell, España decidió que no podía depender solo del gas de Argelia y construyó, construimos, como ha dicho Ana Palacio antes, un sistema de siete plantas de regasificación que traen el gas natural licuado por barco desde cualquier lugar del mundo. Y en lo que va de 2026 hemos traído ya gas de 11 países diferentes. Ni un solo barco del Golfo Pérsico, ni un solo barco, incluso antes del 28 de enero.
El año 2025, Antonio, el 1,7% del gas que consumimos vino del Golfo. Es decir, por eso decía que desde el punto de vista de la seguridad de suministro estamos muy bien protegidos contra el conflicto del Golfo.
¿Quiénes son nuestros principales suministradores? Estados Unidos y Argelia se mueven en primer y segundo lugar con en torno al 30-35% del gas. Combinados representan en torno al 60 a 65%. Tradicionalmente Rusia ha sido el tercer proveedor, pero como saben, hay una normativa europea que obliga a ir eliminando gradualmente el gas ruso y a finales del año 2027 ya no se podrá importar ni una sola molécula de gas ruso, pero Rusia ha estado en torno al 15% aproximadamente. Y el cuarto proveedor es Nigeria, que está entre el 5 y el 10%. Y luego hay muchos otros: Angola, Gabón, Australia. Esta es más o menos la estructura de suministro que tenemos, muy robusta porque está muy diversificada, y somos la envidia de Europa porque tenemos una capacidad de absorber impactos como ningún otro.
¿Eso quiere decir que no nos importa lo que ocurre en Ormuz? Sí que nos importa, porque lo que sí que nos impacta es el precio. El precio del gas natural responde a mercados internacionales y si esta mañana los mercados han abierto a 51 € por MWh, cuando el 27 de febrero estaban a 30, ese efecto inflacionario en el precio del gas lo sufrimos todos. Por tanto, claro que nos preocupa esta crisis, claro que nos afecta, pero más en el precio, que es un valor del mercado global, que en la seguridad de suministro, que lo vemos con mayor tranquilidad, con mayor resiliencia, que no significa que no lo sigamos; sin alarma, pero con mucha atención.
Ana quiere añadir algo.
No, estoy totalmente de acuerdo. No, aquí no tengo nada que añadir. A ver, Ormuz les va a repercutir, vamos, les está repercutiendo a los americanos, y ellos exportan de todo. Pero claro, al funcionar un mercado, vuelvo a decir que no es solo una mercancía, pero hay un mercado, hay unos precios que acaban afectándote.
Y además hay otra cosa, otros datos que han salido ahora, de los que yo creo que la opinión pública no era tan consciente, y es que de esa zona del Golfo nos llegan fertilizantes a nosotros y a los países pobres, en donde se puede organizar una hambruna porque no pueden sembrar; nos llegan materias primas para las cosas más variopintas, nos llegan de allí porque se han especializado, y todo eso sí que nos repercute a nosotros.
O sea, que en lo demás, que es, digamos, lo gordo, estoy totalmente de acuerdo con Arturo Gonzalo: nos repercute, no nos repercute como a otros. Y de nuevo, España tuvo esa cosa visionaria de decir: "No podemos depender", cuando era una tentación muy fácil porque eso era mucho más barato. Depender, igual que Alemania dependió del gas ruso. En España hubo la sensatez de que no se podía depender de un solo proveedor.
Así es.
No hemos hablado del coste de estas nuevas energías, de las energías limpias. El coste para el consumidor, que decía Ana Palacio antes, el consumidor en el centro. Estamos hablando de que en esta transición va a haber unos costes más elevados para los ciudadanos en esta desconexión, aunque sea paulatina. Va a haber que hacer un poco de labor didáctica para explicarle también a los ciudadanos que esta transición energética tiene también un coste.
Lo podemos explicar muy bien porque tenemos precedentes que lo ilustran a la perfección. Alejandra, en relación a su pregunta, ¿recordamos el despliegue de la electricidad fotovoltaica en España o la electricidad eólica hace 20 o 25 años? Necesitaba importantes subsidios. Teníamos lo que se llamaba unas primas a la electricidad renovable que se aportaba a la red. A los españoles nos costó una inversión considerable hacer competitiva la electricidad renovable de la que hoy nos beneficiamos. Y en gran medida podemos afirmar que hoy la electricidad renovable es la más competitiva que hay y eso permite que la mayor parte de los días España pague la electricidad más barata que nuestros países vecinos. Lo mismo ocurre con el biometano en un primer momento y sobre todo con el hidrógeno verde. Hoy el hidrógeno verde es más caro que el hidrógeno producido a partir de combustibles fósiles.
Se trata de hacer una inversión de modo que dentro de, digamos, una década el hidrógeno verde sea ya más competitivo que el hidrógeno producido con combustibles fósiles. Tenemos que recorrer una curva de aprendizaje que, si lo hacemos a nivel europeo, será mucho más efectiva y compartiremos los costes de un modo más justo, porque también, como decía antes Ana Palacio, España pagó buena parte de la curva de aprendizaje de la electricidad renovable y hoy todos esos equipos se fabrican en China. Lo que tenemos es que hacerlo a nivel europeo con suficiente inteligencia y con los instrumentos regulatorios apropiados para que esa cadena de valor nos la quedemos en Europa y también en España.
¿Y en qué momento, Ana Palacio, que está metida en el seno de la Unión Europea, en qué momento estamos de la Unión Europea? ¿Qué papel está jugando la Unión Europea?
Vamos a ver, la Unión Europea, empecemos porque la Unión Europea tiene un momento que es un momento de, en fin, de iluminación, que es el momento en el que decide que, dentro de esa idea que es constante desde los años 90 de que la Unión Europea es abanderada de la descarbonización, la apuesta de la Unión Europea es por el medio ambiente. Y entonces por promover las energías renovables y por mandar a las tinieblas exteriores, reglamentariamente hablando, a lo que no lo eran, incluido el nuclear. Eso es el año 19. A la Unión Europea le cambian el pie, porque claro, ahí uno de los grandes adalides, de los grandes promotores de esa idea, era Alemania, que no contaba que tenía adicción a un gas ruso que además estaba a unos precios pues muy competitivos, por no decir por debajo de lo que eran los precios de mercado, y eso no se decía.
Entonces, cuando eso sale, esa contradicción sale, la Unión Europea realmente reacciona rápido, bien, sale al paso de la crisis, toma medidas, pues algunas como son las reservas de gas que hay que tener disponibles para el invierno, las compras conjuntas. ¿Qué hace? Y sale, sale, pero ya sale con el pie cambiado, pero sigue con la idea de la sostenibilidad hasta Ormuz. Ahora ya la sostenibilidad ha quedado muy apartada. Ahora lo que vamos es a la soberanía, la seguridad, a toda esa otra declinación, porque hemos pasado del consumidor, de lo verde, de la imagen esa idílica a una imagen de lo que es hoy, que viene rebotada por Ormuz, que es seguridad, soberanía.
Y ahí la Unión Europea tiene una situación complicada porque ha reglamentado mucho y ahora hay cosas que tiene que revisar y lo está haciendo en algunos aspectos. En mi opinión, tímidamente, pues hoy no vamos a entrar en temas concretos, pero tímidamente, pero lo está haciendo. La Unión Europea, claro, juega un papel importante porque tiene una competencia asignada de todo lo que es sostenibilidad que ha producido una cantidad de reglamentación verdaderamente importantísima, y luego un papel de coordinación, y ahora está entrando por el campo de la política industrial, que no es una competencia suya, sino que es una competencia de aquellas en donde coordina, etcétera. Tiene algunas cosas que decir. Entonces, la Unión Europea para nosotros es ineludible, es central y tiene que continuar, y ha hecho apuestas importantes, como pueden ser todas las apuestas que hizo a partir de, en fin, febrero del 22.
El mundo ha cambiado y eso es de lo que los europeos tenemos que darnos cuenta. El mundo ha cambiado. Hay una cosa que también querría añadir a lo que decía Arturo Gonzalo, con lo cual estoy totalmente de acuerdo, pero cuando vemos el hidrógeno verde, no podemos no darnos cuenta de que entre el Peñón de Gibraltar y el norte de África hay 14 km, y que si nosotros tenemos una cierta facilidad de sol y viento, al sur hay esa facilidad multiplicada por tanto, y que en esta visión de que vamos a necesitar mucha más electricidad, tenemos que pensar que esto también es una forma. Estas nuevas energías, en particular el hidrógeno verde, pero no solo el hidrógeno verde, son formas de conectar África con Europa, que es una cosa que tenemos también en el sur pendiente, que no sea todo problema de inmigración.
Vamos a dar enseguida paso a las preguntas que nos han llegado a través de internet. Antes, una duda que seguramente se están planteando, Arturo Gonzalo, asistentes o gente que nos está viendo ahora mismo en streaming. Hablamos del hidrógeno verde: ¿cuándo será una realidad en nuestras vidas, cuándo el hidrógeno verde va a llegar a nuestras casas para calentar el agua de la ducha o a nuestros coches ya de una manera, digamos, extendida, no experimental, como ocurre en estos momentos? ¿Qué previsión realista podríamos hacer?
La apuesta de Europa es que en nuestros hogares gradualmente vayan electrificándose los usos de agua caliente y climatización a través de aerotermias. Fundamentalmente el hidrógeno verde es un combustible que se va a dedicar especialmente a la industria y al transporte y será una realidad a final de esta década. A partir de 2030 empezará ya a utilizarse a gran escala en la industria. Están ya en construcción las primeras grandes instalaciones de producción de hidrógeno verde, cuyos promotores, de hecho, son las empresas de refino, porque hay una obligación en Europa de que los combustibles de automoción vayan incorporando un porcentaje creciente de hidrógeno verde. De modo que, Antonio, respondiendo a su pregunta, va a ser un combustible fundamentalmente industrial y para el transporte y va a empezar su utilización masiva desde el final de esta década, desde 2030.
Muy bien. Preguntas de...
Pues tenemos varias preguntas. Una de Albert Catalán, que nos pregunta, un poco yendo por la pregunta que hacías tú, Antonio, si estamos ante la última crisis del petróleo y cuáles son los mayores riesgos de las fuentes de energía renovables, teniendo en cuenta la crisis ambiental y el cambio climático.
Bueno, yo creo que no será la última crisis de los combustibles fósiles, del petróleo, del gas, pero sobre todo del petróleo, porque la zona del mundo donde están los mayores productores, sobre todo Arabia Saudí, etcétera, es una zona con una alta inestabilidad geopolítica que presumiblemente no se va a resolver, no sé si lo verá de otro modo Ana Palacio, que no va a quedar resuelta de un modo duradero en esta crisis, de modo que probablemente vendrán otras crisis. Las energías renovables pueden dar lugar a crisis tal y como las vemos en el siglo XXI, que son fundamentalmente cuestiones de capacidades, no de enfrentamiento por un recurso, sino de quién tiene la llave, el control sobre las capacidades críticas. Desde ese punto de vista, como ha señalado Ana, China tiene un gran control sobre algunas de las tecnologías renovables críticas, pero no sobre todas. Y Europa está a tiempo de responder. Y por ejemplo, en las tecnologías de producción de hidrógeno verde, en los electrolizadores, Europa es líder en patentes, en innovación y en tecnología. Y hoy los mayores fabricantes de electrolizadores, que son las máquinas que producen el hidrógeno verde, son europeos, debo decir, fundamentalmente alemanes, Países Bajos, pero Europa todavía está librando la batalla. También diré que la dependencia que tenemos en energías renovables respecto a China es muy intensa, por ejemplo, en las baterías. China tiene un dominio hegemónico en materia de baterías, lo cual quiere decir que también lo tiene, por ejemplo, en el vehículo eléctrico. No es tanto así, como digo, en el caso del hidrógeno verde, donde todavía Europa está dando la batalla en el terreno de las tecnologías del hidrógeno verde. No van a ser conflictos como el que estamos viviendo en el Golfo, pero sí va a ser una competición estratégica por capacidades críticas.
Yo totalmente de acuerdo con lo que ha dicho, pero dos apuntes. Yo creo que tenemos que ver una cosa que va a ser conflictiva, que es la apertura del Ártico al bombeo de petróleo y de gas. Y eso va a ser conflictivo de una manera distinta. Es decir, cuando estamos hablando de un 80% que vaya disminuyendo, un 75% de la energía que se consume en el planeta, que va aumentando, pues claro, habrá otras crisis, y yo creo que evidentemente el Golfo no se va a estabilizar de un día para otro, lamentablemente, pero es que además hay otros puntos. A mí me preocupa extraordinariamente el Ártico, muchísimo el Ártico. Otras zonas menos, pues eso, las costas africanas que ahora están, todo lo que es América Latina, que también tenemos ahí; sí que seguro que va a haber más de las renovables.
Yo estoy totalmente de acuerdo con Arturo en decir que tenemos que tener una política industrial que nos permita tener autonomía. Y tener autonomía no es tener autonomía en partes, porque es que hemos visto en una fábrica de baterías que se montó que, bueno, tenías una parte que la podías fabricar, pero en última instancia dependías del proveedor. El otro día me decían que hay componentes que es que no hay forma, que están en unos niveles muy altos.
Entonces, yo creo que la cuestión es seguir innovando. Europa tiene una cosa fantástica, que es que tenemos muy buena educación, muy buenas universidades; siempre hemos tenido investigación de base, esa que se hace en las universidades. Lo que no hemos tenido es capacidad de escalarla, y se van a desarrollarla a Estados Unidos o se van a desarrollarla ya ahora en China, etcétera. Entonces, tenemos que tener una política que no sea una política de subvenciones, porque esa no funciona, que sea una verdadera política industrial. Y yo estoy con Arturo: si nos ponemos a ello, nos ponemos a ello. Ahora, para ponernos a ello, lo primero es que hay que ser conscientes del diagnóstico. Y el diagnóstico es que sí, que oiga, que todo esto está muy bien, pero usted solo ha pensado en el consumidor. Ahora, cuando ha variado de la sostenibilidad a la seguridad, a la soberanía, vamos a ver si pensamos en otros aspectos, en otros factores.
Enlazando con eso que decía Ana Palacio de los minerales críticos y la dependencia, yo creo que nos da tiempo a una última pregunta, Antonio, de Blanca Espinoza, que nos preguntaba precisamente cuáles son los minerales críticos sobre los que tenemos mayor dependencia en España y en Europa para este sector energético.
Pues prácticamente de todos, debo decir. Ana Palacio se refería a ello antes. Europa es muy deficitaria en grafito, en cobalto, en níquel, en litio, en todas las tierras raras. España tiene algún proyecto de minería de litio en particular, pero Europa es bastante deficitaria en todos ellos. Hay que poner en marcha una nueva política de minería en Europa y, de hecho, se han anunciado en algunos estados miembros, incluida España, planes de actualización de las capacidades en minería. España no
conoce bien todavía sus recursos en relación a los minerales críticos, los tiene que actualizar. Estamos en ello, Europa está en ello. Pero bueno, tampoco quiere eso decir que vayamos a poder ser autosuficientes de los minerales críticos. El 70% de la capacidad de refinación para los 20 minerales críticos está en China. Esto no se construye de la noche a la mañana.
Entonces, esto tiene que ser una política de Europa de actualizar su conocimiento de los recursos minerales y poner en marcha planes de minería estratégica con todas las medidas medioambientales necesarias, pero que nos vayan poco a poco haciendo reducir esta gran dependencia que hoy es, yo diría que prácticamente total. En España tenemos algún recurso de minerales que se pueden considerar críticos, como las magnesitas, por ejemplo, pero son casi de carácter anecdótico.
Yo, a ver, experiencia Banco Mundial, Europa deja la minería en África. Deja la minería. ¿Por qué? Pues porque nosotros tenemos unos estándares y no los tenemos que perder. Pero sobre todo porque cualquier crítica de una ONG que llegaba al Consejo del Banco, que igual no estaba fundada, ya producía un retraimiento y al final se han abandonado esas situaciones comprometidas en las que lo cortés no quita lo valiente.
Es decir, que tú tienes que llevar tus principios y tu forma de hacer las cosas, que no es la misma que las de otros países, pero lo que tampoco puede ser es rehén de la primera crítica que surja con tres fotografías espectaculares. Y yo creo que eso, ahora que ya entendemos que nos va la soberanía, que nos van los puestos de trabajo, que nos va mucho, va a haber una conciencia ciudadana que haga que la opinión pública no secunde al primer voceador de críticas. Es que yo lo he vivido. Podría contar anécdotas más de
Muy bien. Pues llegamos hasta aquí. Ha sido una sesión, creo, sumamente interesante, Alejandra.
Muy interesante, la verdad. Hemos podido aprender mucho de nuevas energías y de geopolítica, que son dos cuestiones que están íntimamente ligadas. Arturo Gonzalo Aizpiri, un placer. Muchísimas gracias.
Muchas gracias a la Fundación March por esta sesión, a ustedes, a Alejandra, Antonio, y por permitirme compartir sesión con mi admirada Ana Palacio.
Hasta la próxima. Ana Palacio.
Lo mismo. Muchísimas gracias. Yo, gracias a nuestra audiencia.
Gracias a nuestra audiencia. Bueno, pues tenemos audiencia presencial y audiencia que nos ve a través de internet por streaming, a los que saludamos también. Y esta, como decíamos al comienzo, es la última sesión de La cuestión palpitante de este curso. Volveremos en octubre. Esperamos a todos entonces. Feliz verano. Muchas gracias.
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