Antonio Maura, el estadista en su laberinto: María Jesús González repasa la biografía política del líder conservador mallorquín
Fundación Juan MarchEn la sede de la Fundación Juan March en Palma, el periodista Pablo Pérez d'Ors conversó con María Jesús González, catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Cantabria, sobre Antonio Maura (1853-1925). González es autora de Maura, el estadista en su laberinto. Una biografía política (Taurus), reedición ampliada de El universo conservador de Antonio Maura, publicado en 1998. La conversación giró en torno a una pregunta: ¿cómo un político católico, conservador y monárquico concibió un proyecto de regeneración que pretendía acabar con el caciquismo, y por qué ese proyecto se vino abajo en 1909? La tesis de la historiadora es que Maura fue un personaje de encrucijada. En su opinión, lo que entró en declive fue su proyecto político, y no su figura.
De los mauristas a Maura
González explicó que no llegó a Maura directamente, sino a través de los mauristas. Así se conocía al grupo de jóvenes "entusiastas, activos y violentos a veces" que se agruparon en torno al líder cuando este perdió su partido en 1913. Para ella, el maurismo fue un movimiento fascinante, el primer movimiento de derechas de masas y espontáneo en España. Según dijo, ningún otro partido tenía algo parecido, salvo quizá los republicanos o los socialistas.
El maurismo se dividió además en dos líneas antagónicas, mauristas de derechas y mauristas de izquierdas. Las dos reivindicaban a Maura como origen y lo veneraban como líder carismático. Esa paradoja la llevó a preguntarse quién era Maura y qué había hecho. De ahí nació el libro.
Por qué "el estadista en su laberinto"
El nuevo subtítulo sustituye al de la primera edición, "biografía y proyecto de Estado". Pérez d'Ors preguntó si era un guiño a El laberinto español de Gerald Brenan. González reconoció que el título de Brenan le parece genial y que quizá actuó en su inconsciente, pero dijo que no lo eligió pensando en él. Tampoco partió conscientemente de El general en su laberinto de García Márquez, aunque admitió que el Bolívar que repasa sus fracasos al final de su vida guarda cierta relación con el ascenso y declive que describe.
El laberinto remite, según ella, a dos cosas. La primera es la España que Maura tuvo que atravesar: un país en transición del liberalismo a la democracia y de la tradición a la modernidad, con fuertes enfrentamientos entre clericalismo y anticlericalismo y entre monarquía y república. La segunda son las contradicciones del propio personaje. Maura es liberal y conservador a la vez, apela a la democracia y es profundamente católico, pero se opone a que la Iglesia intervenga en política. Esas tensiones le obligaron a tomar decisiones y a recorrer caminos que la autora también califica de laberínticos.
Una biografía de un proyecto: auge hasta 1909, declive después
Pérez d'Ors señaló que el libro no sigue el esquema biológico de nacer, crecer y morir, sino que se organiza como una historia de ascenso y declive. González precisó que se trata de una biografía política. Su eje es el análisis del pensamiento de Maura y de cómo se gestó, desarrolló y aplicó un proyecto que ella considera "de estadista". Los aspectos personales aparecen integrados en el relato: lo que leía, cómo vestía, sus amistades, su religiosidad, su familia. Pero lo que la autora sigue es el trayecto político.
El auge y el declive, subrayó, se refieren al proyecto y no al hombre. El proyecto crece hasta 1909 y decae después, cuando Maura queda apartado y ya no puede llevarlo a cabo. Él, en cambio, sigue siendo central en el sistema de la Restauración hasta su muerte. Ella lo describe como una figura de referencia y de consulta que conserva su auctoritas.
El "estadista de guardia" (1910-1923)
Para defender que Maura no declinó, González dio varios ejemplos. Entre 1910 y 1912 gobierna el liberal Canalejas, que le pide consejo y ayuda y le escribe con frecuencia. La historiadora cree que ese acercamiento probablemente habría sido fructífero y habría cerrado la ruptura de 1909, de no haber sido asesinado Canalejas. En 1913 Maura plantea al rey un ultimátum para que acepte su rehabilitación. El rey escoge a la facción que lo traiciona, la de Dato, a la que llamaban "los idóneos", y Maura se queda sin partido. Entonces surgen los mauristas: jóvenes que hacen propaganda, se enfrentan a garrotazos con los republicanos en la calle, gritan "¡Maura, sí!", crean centros docentes para pobres y hacen política social. Según la autora, Maura pierde un partido pero gana partidarios que apelan a un liderazgo que él nunca acepta, porque no quiere salirse del sistema.
En 1917 coinciden tres crisis: una huelga revolucionaria, la Asamblea de Parlamentarios (catalanistas, republicanos y algunos liberales hartos del funcionamiento del sistema) y las Juntas de Defensa militares. Estas se rebelan contra los ascensos de los africanistas y contra su mala situación. El rey se siente amenazado. Según González, todos salvo los huelguistas recurren a Maura. Los asambleístas le piden un gobierno parlamentario. Algunos junteros le ofrecen obedecerle como dictador. Y, lo que ella considera más llamativo, republicanos radicales encabezados por Hermenegildo Giner de los Ríos consultan con el presidente de Portugal la posibilidad de instaurar en España una república presidida por Maura.
Después llegan los tres gobiernos a los que el rey le llama en momentos críticos: 1918, 1919 y 1921. Maura pasa a ser "el bombero" del régimen. En 1918 encabeza un gobierno de concentración ante una posible involución militar, y la historiadora recuerda que incluso el socialista Araquistáin celebró desde la revista España que viniera a librar al país de los militares. En 1919 intenta un gobierno de derechas que dura cuatro meses y sale mal. Resume su actitud una frase que González cita: "Si España quiere, por mí no quedará". En 1921 lo llaman tras el desastre de Annual, con más de 12.000 soldados españoles muertos en Marruecos según las cifras que menciona. Detrás de ese desastre, con Silvestre al mando, se hablaba del papel del rey, a quien apodaban "el Africano" y que siempre había estado detrás de las campañas marroquíes, a las que Maura se oponía. En 1923 el dictador acude a él para pedirle colaboración y Maura se niega, porque "abomina de la dictadura militar". González concluye que no ve un declive, sino un cambio de dimensión.
Un mallorquín en la Facultad de Derecho y la sombra de Gamazo
Pérez d'Ors recordó una escena "muy cinematográfica" del libro. Maura llegó a Madrid en 1868, con quince años. Quería estudiar Ciencias, pero le convencieron de hacer Derecho. En la facultad, rodeado de hijos de las clases medias altas madrileñas y obligado a hablar en público, su fuerte acento mallorquín y su pobre castellano provocaron burlas. Según la autora, parece que hasta le tiraron algún tomate. Maura respondió a puñetazos, y dos compañeros, Honorio y Trifino Gamazo, lo defendieron y lo invitaron a vivir en su pensión. Maura se alojaba entonces en la calle Lavapiés, en un lugar que él describía con "un llamador pringoso" y pestilencias. Se trasladó a una pensión más digna, regentada por una santanderina, donde vivían jóvenes de la élite cántabra.
A partir de ahí, como dijo el propio Maura, "enroscó su vida" a la de Germán Gamazo, el hermano mayor. Terminada la carrera, fue pasante en su exitoso bufete madrileño. Primero llevó casos modestos o de pobres, como el de un obrero que había golpeado a su suegra con un badil, y también defendió a Benito Pérez Galdós en su pleito contra un editor que abusaba de él. Entre 1871 y 1881 fue entrando en los círculos del poder: marquesas, duques, empresas, los mecanismos del dinero y las influencias. Mientras tanto, las fuerzas vivas mallorquinas le encargaron un informe sobre comunicaciones marítimas ante el Ministerio de Hacienda. Lo hizo tan bien que le pidieron que se presentara como diputado por Mallorca. Gamazo lo incorporó a su facción, situada dentro del partido de Sagasta, a la derecha de Sagasta y a la izquierda de Cánovas.
Maura permaneció en el liberalismo gamacista de 1881 a 1901. Trabajó en las comisiones de actas y de la escuadra, un tema que le interesaba mucho, aprendió de influencias, de "trapicheos" y de economía, y asumió el proteccionismo de su grupo. González destacó que en sus abundantes notas autógrafas de esos años se ve cómo va pergeñando un plan sobre qué había que hacer en España y por qué las cosas funcionaban tan mal. Ese plan se acerca cada vez más a lo que sería su proyecto.
Ministro de Ultramar: "instaurar la soberanía en el corazón de los cubanos"
Maura fue nombrado ministro de Ultramar, un ministerio que, según González, se daba a los recién llegados "porque no solía pasar nada". Pero estalló la cuestión del autonomismo cubano. Maura propuso una autonomía que, en palabras de la autora, era heterodoxa incluso para su partido. Hablaba de diálogo y de "instaurar la soberanía en el corazón de los cubanos". En Cuba le llamaron "el Gladstone español". No le dejaron sacar adelante esas leyes.
González matizó que las propuestas no eran tan osadas en sí mismas. Lo eran para los españolistas, fueran liberales, conservadores o republicanos. La intención era frenar el independentismo más radical y vincular a las fuerzas vivas cubanas al proyecto español. Aun así, a Maura le llamaron "filibustero", "maceo" y traidor. La historiadora contó una anécdota. Maura veraneaba en Santander, y un verano los hijos de la buena sociedad santanderina empezaron a insultar a sus hijos con los mismos epítetos, les tiraron piedras y hubo peleas. Maura los dejó sin playa, y la familia tuvo que marcharse de Santander en un coche con las ventanillas tapadas para evitar pedradas.
Del liberalismo gamacista al partido de Silvela
En 1893 Maura aún era ministro de Gracia y Justicia en un gobierno de Sagasta. Pero él y Gamazo, ambos muy católicos, se sentían incómodos con el lenguaje cada vez más anticlerical de Sagasta. González insistió en que ellos defendían un Estado laico, "y no es lo mismo laico que anticlerical". A eso se sumó que Sagasta empezó a atacar a la facción gamacista, en lo que José Varela Ortega, en Los amigos políticos, llamó "la caza de gamacistas" en las elecciones. Así se acercaron a Silvela, un personaje más afín a sus ideas morales y éticas.
Cuando Gamazo murió en 1901, Maura tenía dos opciones. Podía unirse a su buen amigo Canalejas y formar una facción más dentro del Partido Liberal, en una época de faccionalismo feroz. O podía entrar "de soldado raso" en el partido de Silvela. Eligió lo segundo, y Silvela, que vio en él a alguien muy valioso, lo ascendió enseguida.
La "revolución desde arriba": dinamita retórica, reforma gradual
Según González, el concepto de revolución desde arriba nace de la respuesta de Maura a la encuesta de Joaquín Costa Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España. El objetivo era acabar con el caciquismo, que para Maura era "la lacra". A su juicio, falseaba una ley de sufragio universal de 1890 que estaba entre las más avanzadas de Europa, deslegitimaba el sistema, minaba la fe en los políticos y alejaba a la ciudadanía.
Maura definía esa revolución con un lenguaje apasionado y bélico. Había que hacerla "rápidamente, radicalmente, brutalmente". Decía: "Somos incompatibles con digestiones sosegadas". Hablaba de la "gusanera caciquil" y presentaba sus leyes como dinamita puesta bajo todo aquello. La autora sostiene que detrás de esa retórica había un proyecto legislativo muy madurado, gradual y reformista, que quería contar con el Parlamento y con el debate parlamentario. Su espíritu era impedir la revolución desde abajo. Maura, dijo, tenía clara conciencia de la injusticia social y de lo explosiva que podía llegar a ser, y sabía que un sistema corrupto acabaría deslegitimándose y arrastrando consigo a la monarquía. "No es tonto", resumió.
Tres leyes contra la cadena caciquil
La clave de bóveda del proyecto eran tres leyes, que González explicó empezando por el final.
La primera era la ley de descentralización administrativa. Según la historiadora, el cacique tenía su mayor poder en el municipio rural y no en las ciudades modernas, donde podían avanzar el voto republicano e incluso el socialista. En el pueblo el cacique amenazaba con no arreglar el camino y recurría a la violencia y a las promesas. La ley daba prerrogativas a los municipios, incluida la posibilidad de crear comisiones de sanidad, y permitía formar mancomunidades, algo que interesaba mucho a los catalanistas. Maura decía que el municipio era donde más duele "el ramo de ortigas en la cara". Tenía tanta fe en esta ley que le dijo al embajador francés que traería problemas durante diez o doce años y que lo arrastraría políticamente, pero que no importaba porque un hombre debe sacrificarse por una política.
La segunda era la ley de justicia municipal. Dentro del municipio, quien más daño podía hacer era el juez, y lo nombraban los políticos centrales, es decir, los caciques. La reforma encargaba el nombramiento a un organismo neutral vinculado al colegio de abogados, exigía requisitos a los jueces e introducía la figura de los adjuntos, encargados de vigilar la limpieza de los procesos.
La tercera era la ley electoral, que González considera "más moralizante y pedagógica que estrictamente democrática". Maura hablaba de introducir "filtros y alambiques", como en otros países europeos, para evitar vuelcos bruscos, e impuso el voto obligatorio. El artículo más polémico fue el 29, propuesto por el republicano Azcárate "con la mejor voluntad" y aceptado por Maura. Establecía que donde hubiera tantos candidatos como puestos no se celebrara votación y los escaños se adjudicaran automáticamente. Según la autora, se convirtió en el gran truco de los caciques, y cita a uno que se preguntaba si con esa ley no haría más trucos que con la anterior. Después de 1909 nadie intentó corregirla salvo el propio Maura, que en 1921 quiso aumentar la proporcionalidad y la representatividad en un gobierno que duró seis meses. Tampoco salió adelante.
A este núcleo se sumaban leyes de política social, leyes sobre el ejército y leyes administrativas: regulación del funcionariado y responsabilidad civil de los funcionarios corruptos, que también eran nombrados por los caciques. González evocó Miau de Galdós y a sus cesantes, que perdían el empleo con los liberales y lo recuperaban con los conservadores, como el mal que Maura quería remediar con un funcionariado profesional.
Un conservador que legisla sobre la huelga
Pérez d'Ors observó que a un lector de 2026 puede parecerle contradictorio que un conservador fuera reformista y que avances como la regulación del derecho de huelga salieran de su gobierno. González atribuyó esa sorpresa al desconocimiento, al maniqueísmo o al estereotipo. En aquella época, explicó, la injusticia social generada por el capitalismo industrial era tan grave que la caridad y la beneficencia ya no bastaban. Desde ideologías distintas se empezó a reclamar la intervención del Estado.
Puso dos ejemplos europeos. Bismarck, "el gran reaccionario", sentó las bases de la seguridad social, las pensiones y el seguro de enfermedad. La historiadora dijo que no sabe si creía en la justicia social, pero sí que quería desactivar el socialismo revolucionario, y que lo consiguió, pues en Alemania surgió un socialismo reformista. En Gran Bretaña, el conservador Sir William Harcourt llegó a decir "We are all socialists now". Las motivaciones eran diversas, del paternalismo y la filantropía al progresismo o el pragmatismo, pero confluían. González recordó además que ningún país europeo era entonces democrático. Lo más parecido era la Tercera República francesa, que también tenía caciquismo y corrupción. En Gran Bretaña el sufragio era censitario, y en ningún país votaban las mujeres.
En España, Eduardo Dato era para ella "la ninfa Egeria" de la política social. Lo describió como un político aburrido pero de clara vocación social, promotor de la ley de accidentes de trabajo. Después vinieron la Comisión de Reformas Sociales con Moret y el Instituto de Reformas Sociales con Silvela. Maura llegó con un gobierno fuerte y la voluntad de mantener las Cortes abiertas y coordinar todas las piezas. La reforma social dependía entonces del Ministerio de la Gobernación, como si fuera un asunto de orden público, porque aún no existía un Ministerio de Trabajo. Desde Gobernación, Juan de la Cierva, "un personaje bastante reaccionario", desarrolló siguiendo las indicaciones de Maura lo que ella llama una política social extraordinaria: el Instituto Nacional de Previsión, el descanso dominical, la protección del trabajo de mujeres y niños, los tribunales de conciliación y arbitraje, los inspectores de trabajo y la ley de huelgas, entre muchas otras. González citó un editorial del Times según el cual, hasta finales de 1908, el gobierno había aprobado más de 280 leyes.
¿Por qué se legisló tanto bajo Maura? Según la autora, porque colaboró estrechamente con el Instituto de Reformas Sociales, que decía no haber estado nunca tan asistido, y porque tenía una clara vocación ejecutiva y un gobierno que funcionaba. Había obtenido su mayoría "con trampas", en elecciones sucias, pero negociaba continuamente en un Parlamento abierto. Hubo paradojas. Los liberales llamaron "ley de la misa" a la del descanso dominical, mientras que los socialistas, y sobre todo las mujeres socialistas, la defendieron porque cerraba las tabernas donde los obreros se emborrachaban los domingos. También vetaba las corridas de toros en domingo, lo que provocó la ira de Mazzantini y del sindicato de toreros. Se añadieron leyes morales, como el cierre de prostíbulos, límites horarios a los espectáculos y ligas contra la pornografía, y leyes sanitarias, entre ellas un instituto encabezado por Ramón y Cajal. Todo ello, subrayó, lo impulsó La Cierva, el mismo que después se revelaría como un gran represor en la Semana Trágica.
La Semana Trágica, némesis del proyecto
González definió la Semana Trágica de 1909 como "la némesis absoluta" del proyecto de Maura y como un acontecimiento divisorio para él y para España. Antes de exponer las paradojas, dejó claro que Maura, como presidente del Gobierno, fue responsable de la represión, aunque la ejecutara su ministro de la Gobernación. También fue responsable de la ejecución de Ferrer, no porque la indujera sino porque no lo indultó. Aun así, sostiene que nada de lo ocurrido respondía a lo que Maura había programado ni a su carácter, después de tres años pidiendo colaboración a los parlamentarios y creando comisiones.
Enumeró varias paradojas. La primera: la revuelta estalló por una leva de reservistas del reemplazo de 1903 ordenada en Barcelona por el ministro de la Guerra, Linares, para combatir en Marruecos. Eran hombres ya casados y con hijos, algunos de los cuales ya habían pasado por el horror de Marruecos. Y Maura se había manifestado una y otra vez contra el avance colonial. Defendía la política del statu quo y del protectorado derivada del Tratado de Algeciras, quería nombrar un gobernador civil en Melilla y escribió a Linares que no estaban en guerra, que con Marruecos había que tener una política "de cariño más que belicosa" y aceptar sus costumbres aunque parecieran aberrantes. Marruecos era, según ella, "un damero maldito": dos sultanes, un pretendiente, las cabilas, los franceses negociando en secreto con los alemanes, intereses mineros, incluidos los del rey y los de Romanones. Aun así, hasta entonces se había mantenido la contención.
La segunda paradoja tiene que ver con la propia leva. González la considera torpe y expone las dos hipótesis que plantea Joan Connelly Ullman, a quien llama la gran experta en la Semana Trágica: o Linares había formado antes a esos reservistas, o quería convertir a los catalanes en héroes nacionales. Además, la leva se hizo con la redención en metálico vigente, que permitía a los ricos librarse pagando, cuando Maura llevaba desde 1904 negociando con el Estado Mayor una ley de servicio militar obligatorio.
La tercera: Ferrer fue juzgado por un tribunal militar en aplicación de la Ley de Jurisdicciones de 1906, aprobada por un gobierno liberal y a la que Maura se oponía radicalmente. La ley nació tras el asalto de militares a la redacción del semanario satírico catalán ¡Cu-Cut!, que se había burlado del ejército derrotado en Cuba. Maura, "entre comillas antimilitarista" según la autora, aborrecía la intervención militar en la vida civil. Estaba estudiando cómo derogarla y así lo había hablado con los catalanistas, a quienes pedía tiempo: no podía hacer los puentes "sin hacer las cimbras". A través de La Cierva había intentado además evitar el estado de guerra casi permanente en Cataluña y empezar a crear una policía profesional que sustituyera a unos agentes que ella describe como semicaciquiles y sin formación.
Ferrer, el indulto que llegó tarde y la caída
Según González, Francisco Ferrer tenía pocas simpatías en Barcelona. Los anarquistas lo rechazaban porque era rico y especulaba en bolsa. Los republicanos, patriotas y militaristas, lo rechazaban por antimilitarista y antipatriota, y tres de ellos declararon como testigos de cargo contra él. Casi nadie pidió el indulto y la mayoría lo daba por culpable. Ella afirma que no lo era, que la historiografía nunca lo ha demostrado y que era imposible que una revuelta tan caótica y con tantos frentes fuera obra de un solo hombre.
Como contraste, recordó que meses antes Maura había indultado a José Nakens, el republicano anticlerical director de El Motín, condenado por supuestamente haber encubierto junto a Ferrer al autor del atentado contra Alfonso XIII. Nakens siguió combatiendo a Maura, pero años después reconoció que ningún otro lo habría indultado sabiendo que seguiría en su contra, y que estaría en deuda de gratitud de por vida. Para la historiadora, no indultar a Ferrer fue el gran error de Maura. Él temía perder autoridad, dañar a la monarquía o enfrentarse a los militares, y ella cree que habría sido simplemente un gesto de magnanimidad.
González añadió un episodio documentado en el Archivo Secreto Vaticano y citado en su libro. Maura buscó una salida a través de la Iglesia, y el secretario de Estado, Merry del Val, le propuso que la Santa Sede pidiera el indulto y él lo concediera. Maura aceptó agradecido, pero la petición llegó cuando Ferrer ya había sido fusilado. Se extendió entonces la idea de que Maura había negado el indulto incluso a la Iglesia, y en el Vaticano decidieron callar para no verse salpicados.
Ferrer se convirtió en "el Dreyfus español". Levantó, en palabras de Ortega que ella cita, "el alma de Europa": Haeckel, Brentano, Anatole France o Bertrand Russell protestaron. En el Public Record Office británico, la autora ha visto cientos, quizá miles, de cartas, primero pidiendo el indulto y después contra el régimen, contra Maura y contra el rey. Surgió el "¡Maura, no!" internacional, que se contagió al interior. Alfonso XIII se sintió amenazado por informes con consignas como escupir a la cara de "ese monstruo", quiso desvincularse de Maura y lo apartó. Según González, Maura nunca olvidaría esa crisis.
Católico, pero contra la Iglesia en política; y el falso origen "chueta"
Pérez d'Ors planteó una paradoja con ingrediente mallorquín: a Maura se le atribuyó en insultos y caricaturas una ascendencia chueta, es decir, judía mallorquina, y a la vez se le acusaba de beato. González lo describió como un católico profundo, casi en el límite de la beatería. Se autocastigaba, por ejemplo dejando de fumar si cometía alguna falta, hacía ejercicios espirituales y tenía capilla privada en casa, algo habitual entonces, pues Canalejas también la tenía. Pero se oponía con firmeza a la injerencia de la Iglesia y de los integristas en la política, y a panfletos como El liberalismo es pecado o los que daban cien razones para no votar al Partido Conservador. La autora distinguió tres sectores católicos: uno liberal, uno neutral que no participaba y al que Maura quería atraer, y uno integrista y antisistema.
Sobre lo de "chueta", explicó que en las sesiones parlamentarias, por ejemplo durante el debate de la ley de represión del terrorismo, se repetía la cantinela "Maura clerical, reaccionario, judío, chueta". Valle-Inclán lo recogió en Luces de bohemia. Según ella, Brenan leyó a Valle-Inclán y probablemente los diarios de sesiones y escribió que Maura era de origen chueta, y Hugh Thomas lo repitió después de leer a ambos. "Algunos historiadores no comprueban las fuentes", comentó. En 2003, el nieto Carlos Maura escribió un artículo titulado "Soy judío" en el que se planteaba la cuestión. González nunca creyó en ese origen, pero para salir de dudas consultó, a través de un amigo común, al historiador mallorquín Pere de Montaner. Él le aclaró que "Maura" era el apodo de una familia chueta, los Forteza, a quienes llamaban Forteza-Maura, y que de ahí venía la confusión. La familia Maura, que no era chueta, vivía en el barrio de la Calatrava y no donde vivían los chuetas. En 1953, además, se elaboró una genealogía que acreditaba su "limpieza de sangre". Su catolicismo no tenía, pues, nada que ver con ese origen, sino con una familia muy católica. Su hermano Miguel fundó una congregación dedicada al culto eucarístico, y un asistente precisó que ya está beatificado. Otro familiar, Juan Maura y Gelabert, fue prelado en Orihuela. La autora reconoció que no sabe por qué se le insultaba así.
Alfonso XIII: activar al rey como símbolo, desactivarlo como político
Para resumir la relación con la Corona, González partió de un informe dirigido en 1903 a la reina María Cristina: Maura era "monárquico convencido porque cree que la monarquía está asociada con la nación", pero "no siente por ella simpatías y la juzga con dureza rayana en la injusticia". No era un súbdito devoto, sino un defensor de la institución.
Su programa tenía dos caras. La primera era activar el papel simbólico del rey como elemento de cohesión nacional, por encima de todos. Para ello organizó giras por ciudades españolas y lo llevó al Ateneo, a la universidad e incluso a un desfile de carnaval a tirar confeti. Sobre todo lo llevó a Cataluña, donde la antipatía entre la Corte y Barcelona era mutua y se temía que llegara a ser lo que Irlanda fue para Eduardo VII. En 1904 Maura se jugó el viaje: se alejó del rey para que los silbidos fueran para él y no para el monarca, y sufrió un atentado con arma blanca, lo que según la autora lo convirtió en "el héroe" que había llevado al rey a Barcelona. En el gobierno largo repitió las visitas: acercamientos a Prat de la Riba y a Cambó, iniciativas culturales y económicas, y la asistencia del rey a una obra de teatro en catalán que Maura le iba traduciendo al oído. Algunos militares presentes lo vieron como una humillación ante los catalanes, e incluso hubo un duelo del que uno salió con un corte en el cuello.
La segunda cara era desactivar políticamente al rey. Educado entre militares, Alfonso XIII se movía en ese ámbito "como pez en el agua". Maura llegó a pedirle que vistiera de civil. Aun así, el rey se implicó en las campañas de Marruecos, en los nombramientos y en las recompensas basadas en partes exagerados desde África. González dijo temer que no fue leal a sus ministros. El nuncio comentaba que trataba a los ministros como secretarios personales. Tuteaba a todos menos a Maura, a quien llamaba "don Antonio" y "el superhombre". A Gabriel Maura se le atribuye la frase: "Puedo aguantar al superhombre, pero no soporto al superniño". Para la autora, la pasión de Maura era la institución y no el rey. Por eso aceptó sus tres últimos gobiernos a desgana, solo para proteger al régimen. La relación personal fue muy negativa, concluyó, y la política, "fascinante".
Preguntas del público: raíces, política exterior y un archivo abrumador
Un asistente mallorquín preguntó de dónde sacó un joven llegado de la isla un carácter y un pensamiento tan singulares. González lo atribuyó a su formación. Maura quería ser profesor de Ciencias de instituto, "porque manda y se le obedece", como le dijo a su hermano, pero en Derecho se enamoró de las leyes. En la universidad tuvo profesores krausistas e institucionistas como Giner de los Ríos y Azcárate. De Azcárate fue amigo toda la vida pese a ser adversarios: quedaban para fumar puros, y Azcárate, que le llamaba "maestro", decía que ojalá sus huestes se llevaran como ellos. Azcárate proponía una moralidad laica para el ciudadano y Maura una moralidad católica. Del krausismo, aunque no fuera krausista, tomó la fe en la moralidad de las leyes. Azcárate decía de él que solo había leído dos libros, el Código Civil y el catecismo. De esa mezcla de religiosidad y juridicidad nació, según la autora, una idea de la política como misión y servicio público. Maura hablaba casi en lenguaje bíblico ("No es camino de rosas el que sigo y seguiré") y le dijo a un periodista portugués que fue a la política "como una oveja tirada de la patita". Ese sentido sacrificial alimentó también una conciencia de superioridad moral que irritaba incluso a sus compañeros, que lo llamaban "Goliat entre pigmeos". González no ve que cultivara sus raíces mallorquinas. Lo considera en buena parte autodidacta: aprendió de Azcárate, de Gamazo y de lo que le repugnaba en caciques como Romero Robledo. El castellano lo aprendió hablando ante un espejo y recitando a los clásicos, hasta llegar a ser un maestro de la oratoria. La autora destacó su discurso de ingreso en la Real Academia Española sobre ese tema y una edición reciente del profesor Carlos Dardé.
Otro asistente preguntó por su visión de la política exterior. González lo definió como "un nacionalista introspectivo" y anticolonialista, contrario a la expansión militar. Durante la Primera Guerra Mundial defendió la neutralidad, mientras que la mayoría de los mauristas eran germanófilos. Encontró una misma filosofía en tres frentes: en Cuba, ganar el corazón de los cubanos; en Cataluña, instalar la patria "no en el territorio, sino en el corazón de los catalanes"; en Marruecos, respetar las costumbres y no avanzar.
La última intervención fue de una descendiente de Maura, cuyo abuelo era uno de sus hijos pequeños. Recordó que en sus cartas se preocupaba por la educación y los matrimonios de los hijos, por los sobrinos y por los negocios familiares, y preguntó cómo podía estar en tantos frentes a la vez. González calificó el archivo Maura de "aplastante", uno de los más importantes entre los políticos de la Restauración, si no el que más, por su volumen de documentación privada, familiar y política, además de papeles ministeriales que, como era costumbre, se llevaba a casa. Según ella, se levantaba a las cinco de la mañana y trabajaba sin descanso. No hacía vida social, a diferencia de Dato o Romanones, y despreciaba las veladas en las que "las señoritas matraquean el piano". Contestaba todas las cartas, de políticos menores, de grandes líderes y de dirigentes extranjeros. Dirigió la reedición del diccionario de la RAE, durante la cual cambiaron definiciones como las de "conservador" y "liberal": la de conservador se llenó de adjetivos que la identificaban con la esencia nacional. Participó además en la Academia de Bellas Artes, pues pintaba, y en la de Jurisprudencia. La historiadora admitió no saber responder a la pregunta: "Yo también me lo pregunto".
Bon vespre, muy buenas tardes. Es un placer darles la bienvenida a esta sede de la Fundación Juan March en Palma en este todavía principio de temporada. Y los que siguen habitualmente nuestra programación saben que solemos ofrecer entrevistas y charlas con diferentes personalidades conducidas por personas como Andreu Manresa en su formato Líderes de opinión, a Toni Segarra hablando con creativos de distintos tipos, Sergio Vila-Sanjuán entrevistando a personalidades del mundo literario y, pues, en este panorama el listón está imposiblemente alto, así que no sé qué hago aquí hoy, María Jesús.
Pero bueno, hemos venido a hablar sobre un personaje que les resultará por lo menos familiar. Habrán pasado por delante de su estatua en la plaza del Mercat. Es Antoni Maura, un político mallorquín, pero de proyección nacional española. Y para hablar sobre él tenemos, por supuesto, a su biógrafa, María Jesús González. Bienvenida. Muchas gracias por aceptar nuestra invitación.
La presentaré muy brevemente. María Jesús González es catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Cantabria. Ha trabajado en temas de historia política en la España de Alfonso XIII, sobre las sufragistas británicas, sobre biografía política e intelectual, temas muy diversos, y entre sus varios libros, por mencionar solo algunos, destacan Ciudadanía y acción. El conservadurismo maurista, 1907-1923, o la biografía Raymond Carr. La curiosidad del zorro, que se publicó en 2010, finalista del Premio Nacional de Historia en 2011, y su libro más reciente, Maura. El estadista en su laberinto. Una biografía política. Apareció en Taurus el año pasado y es una reedición ampliada de un trabajo anterior que se titulaba El universo conservador de Antonio Maura, publicado en 1998 y finalista de los premios nacionales de ensayo e historia.
Así que bueno, pasaremos más o menos una hora charlando sobre este personaje y también tendremos tiempo al final para preguntas del público, como siempre. Pero antes de nada, démosle, por favor, una cálida bienvenida a María Jesús.
Pues buenas tardes, Pablo. Muchísimas gracias por tu cariñosa presentación. El honor es mío de estar aquí en esta fundación que yo admiro y de la que he tenido alguna vez ocasión de escuchar participaciones en el canal de YouTube. Me siento muy halagada de estar aquí y les agradezco a ustedes también que hayan venido a acompañarme, y ojalá que podamos charlar un poco sobre este personaje tan crucial, ¿no? De manera que muchas gracias a ustedes y muchas gracias a ti y a la fundación y a la organización de la fundación.
A ti, María Jesús. Queríamos, bueno, empezar un tema que, como ven, da para bastante, pero lo que nos dé tiempo a hablar en el tiempo que tenemos hoy. ¿Por qué no nos cuentas en un principio qué te interpeló de Maura, qué te atrajo a dedicarle pues muchas horas de trabajo a este personaje?
Bueno, Maura es un personaje absolutamente crucial, absolutamente central en el periodo de la Restauración y es un personaje riquísimo. Pero yo no empecé con Maura, yo empecé con los mauristas. Empecé trabajando sobre los mauristas, ese grupo de jóvenes entusiastas, activos y violentos a veces, que se agrupan en torno al líder cuando es expulsado por parte del rey, cuando pierde su partido, ¿no?, en 1913. El maurismo me pareció un movimiento fascinante. El primer movimiento de derechas de masas espontáneo. No había ningún otro partido que tuviera un movimiento similar, excepto pues los republicanos tal vez o los socialistas.
Y entonces, a partir de trabajar sobre el maurismo, me fui remontando a los orígenes, porque además el maurismo se divide en dos líneas antagónicas, mauristas de derechas, mauristas de izquierdas, ambos reivindicando a Maura como origen primigenio, ambos adorándolo, ¿no? Le veían como un líder carismático. Y yo dije, bueno, ¿y quién es Maura? ¿Y qué es lo que hizo Maura? Ese es el origen de mi obra, ¿no?
Y uno de los cambios que hay de tu edición más reciente con respecto a la original es el subtítulo del libro, que en un origen era El universo conservador de Antonio Maura. Biografía y proyecto de Estado. Y ahora se ha elegido el subtítulo El estadista en su laberinto. ¿Nos puedes hablar más sobre este laberinto? ¿Un guiño a Gerald Brenan quizás? Cuéntanos un poco sobre esto.
Bueno, el título de Gerald Brenan, El laberinto español, es un título genial y expresa con enorme claridad la complejidad de la situación política en España desde todas las perspectivas, ¿no? De manera que probablemente mi inconsciente, porque lo he leído, porque lo he admirado y porque es un título muy expresivo, estaba ahí, pero no lo hice como un guiño a Brenan.
Por otra parte, hay otro título, El general en su laberinto, de García Márquez, donde el general Simón Bolívar, en sus últimos años de decadencia, mira atrás, se plantea su vida, sus fracasos, etcétera. Y bueno, pues también podía haber servido de orientación, ¿no? Porque algo de ello veremos en el ascenso y declive, ¿no? Algo de ello podría haber, pero tampoco es esa la inspiración, porque lo que yo consideré que reflejaba, igual que El universo conservador hablaba de esa cosmogonía conservadora en la que se mueve Maura, ¿no?, el laberinto, El estadista en su laberinto, es la historia de cómo atraviesa políticamente una España compleja, que es una España en transición del liberalismo a la democracia, que es una España en transición de la tradición a la modernidad, que es una España en la que se enfrentan de una manera muy fuerte clericalismo frente a anticlericalismo, monarquía frente a república; es decir, laberíntica, difícil.
Y el propio personaje tiene también sus propias contradicciones. Es un personaje de encrucijada, podíamos decir. Es liberal y es conservador. Es liberal y apela a la democracia. Es católico, profundamente católico, pero frena y está en contra de la participación de la Iglesia en la política. Son muchos los elementos que le hacen tener que tomar decisiones o tener que seguir caminos en algunos casos también laberínticos, enfrentarse a sus propias contradicciones, ¿no?, o a sus propias situaciones controvertidas, ¿no? De ahí el laberinto, El estadista en su laberinto, que en ambos casos tiene reminiscencias de ambos trabajos, pero no, la verdad es que no lo hice conscientemente; a lo mejor inconscientemente sí.
Bueno, y nos iremos adentrando algo en este laberinto a lo largo de la charla. Iremos viendo diferentes aspectos de sus ideas y de su acción. Pero quería hacerte una última pregunta así un poco como prefacio antes de entrar en materia realmente, y es que, leyendo el libro, me llama la atención que no es una biografía con un esquema biológico, digamos, en el que hables de nace, crece, se reproduce y muere, sino que es, bueno, dices, una biografía intelectual, es una historia de ascenso y declive, casi como si Maura fuera un conjunto de ideas. ¿Qué te hizo acercarte al personaje así?
A ver, biografía política, tal y como está especificado en el subtítulo. Es una biografía política y por tanto el elemento central es el análisis de su pensamiento, de la gestación, del desarrollo, de la implementación de un proyecto político extraordinario, muy importante, un proyecto de estadista. Un proyecto político que va a tener verdaderamente un auge justo hasta una fecha concreta, que es 1909, y después un declive, porque el propio personaje queda un poco apartado, no puede seguir llevándolo a cabo, etcétera. Pero el auge y el declive no se refiere al personaje, se refiere a la trayectoria de su proyecto.
Maura, por su parte, después de las crisis más brutales, más importantes, que son la de 1909, tras la Semana Trágica, en la que el rey directamente le expulsa, y después de 1913, donde pierde su partido, es un líder sin partido, va a seguir teniendo una importancia esencial, sigue siendo una figura de referencia, una figura de consulta, una figura que mantiene su auctoritas, una figura a la que otros grupos políticos consultan; es decir, pasa a otra dimensión, pero sigue siendo central hasta su muerte en el sistema político de la Restauración.
Los aspectos personales se integran con lo político, como no podía ser de otra manera, porque se trata de darle alma y vida al personaje. O sea, yo estudio pues qué es lo que lee, cómo se viste, sus gustos, sus amistades, su religiosidad, su familia; todo eso está ahí. Pero lo que sigo es ese trayecto político. Y entonces, de cara al Maura que digo que no declina, puedo poner dos, tres ejemplos muy claros, ¿no? Por ejemplo, después de la Semana Trágica, entre 1910 y 1912, está gobernando Canalejas, liberal, que no cesa de pedirle consejo, ayuda, le escribe, etcétera. Hay un cierto acercamiento entre ambos líderes que probablemente hubiera sido fructífero y hubiera resuelto esa ruptura tan brutal de no haber sido asesinado Canalejas.
1912, 1913: le plantea un ultimátum al rey, en realidad pidiéndole que acepte su rehabilitación, y lo que hace el rey es escoger al partido que le traiciona, al partido que se denomina de los idóneos, ¿no?, los datistas. Se queda sin partido. Bien, pero de repente surge este movimiento que he citado antes, los mauristas, ¿no?, que es absolutamente excepcional, es extraordinario, ¿no? Son esos jóvenes que hacen propaganda, que llevan publicidad, que se pegan con garrotes por la calle con los republicanos, que gritan «¡Maura sí!», etcétera. Crean instituciones docentes para pobres, hacen políticas sociales. Muy interesante, ¿no? Es decir, pierde un partido, pero gana partidarios apelando continuamente a su liderazgo, que él en ningún momento acepta. No quiere salirse del sistema.
1913. Otro momento crítico: 1917. Se producen tres acontecimientos cruciales y muy críticos: una huelga revolucionaria, una asamblea de parlamentarios que están hartos de cómo funciona el sistema, donde están los catalanistas, donde están los republicanos, donde hay ciertos liberales, etcétera, y las juntas de defensa militares que se rebelan contra las políticas de los ascensos a los africanistas, contra su maltrato, contra su mala situación, etcétera. Es decir, es un momento en el que el rey se siente amenazado, por una parte, y es un momento bastante crítico. Pues menos los huelguistas, todos recurren a ese Maura que parece que se ha quedado como el estadista de guardia. Los asambleístas le piden que forme un gobierno, un gobierno parlamentario. Los junteros, los militares también, pero en algún caso le piden que sea un dictador, que le obedecerán como dictador.
Pero lo más llamativo es que un republicano radical, los republicanos radicales encabezados por Hermenegildo Giner de los Ríos, consultan con el presidente de Portugal para intentar establecer en España una república de la cual sería el presidente Antonio Maura. Es decir, seguimos teniendo ese peso, esa auctoritas que hace que sigan recurriendo a él. Maura sigue en ese papel, ¿no?, de Casandra o de ofendido, esperando su rehabilitación.
Y finalmente, tres gobiernos, 18, 19 y 21, también tres gobiernos que suceden en momentos muy críticos, a los que el rey le llama. Se convierte ya en lo que se denomina el pararrayos del sistema o el pararrayos del régimen, ¿no? Perdón, el bombero; el pararrayos había sido antes, ahora el bombero viene a apagar los fuegos, ¿no? En el 18 lo mismo, una posible involución militar, hasta el punto de que los socialistas, desde la revista España, Araquistáin, por ejemplo, pues llega a alabarle Araquistáin, ¿no?, socialista radical: bendito sea, ha venido a acabar con el problema de la involución, nos está librando de los militares, etcétera. 1918, un gobierno de concentración. 1919, intenta un gobierno de derechas que dura cuatro meses, sale mal de nuevo porque el rey le llama y él dice: «Si España quiere, por mí no quedará». No tiene esa visión de sí mismo, ¿no?, que es capaz o intenta solucionar los problemas.
Y 1921, pues es que le llaman en el momento más crítico, que es tras la derrota de Annual, con más de 12.000 soldados españoles muertos en los campos de Marruecos, tantos soldados entre soldados y las harkas amigas, que eran las cabilas que colaboraban, que decían que había tantos cadáveres que los buitres solamente se comían de comandante para arriba. Y detrás de ese desastre, en el que está Silvestre, se habla del papel del rey, del papel del rey al que no en vano llaman Alfonso XIII el Africano, que ha estado siempre detrás de las campañas de Marruecos, contra las que estaba Maura. Entonces, en lo último, ya cercana su muerte, en 1923, el dictador vuelve a acudir a él para pedirle colaboración y Maura se niega. Maura abomina de la dictadura militar. Con lo cual realmente yo no veo un declive en el personaje, veo un cambio de dimensión, ¿no?, de ese político activo que tiene un proyecto verdaderamente... sí, no lo tiene, etcétera, pero ahí está como referencia, retirada, pero sin desaparecer, ¿no?
No, desde luego. Y bueno, al principio de esta trayectoria encuentro también en el libro una escena muy cinematográfica, que es el joven Maura en la Facultad de Derecho, que además es cuando conoce a personas que van a ser muy importantes en su vida, pero hay un momento en el que los compañeros de clase se ríen del acento mallorquín de Maura. ¿Qué pasa entonces?
Sí, Maura llega a Madrid con 15 años, en 1868. Había vivido siempre en Mallorca y él quería estudiar Ciencias, pero le convencen de que haga Derecho, etcétera. Y en la Facultad de Derecho, donde, claro, estaba rodeado de la crema de los estudiantes madrileños, de las clases medias altas, etcétera, y donde uno tiene que hablar, hacer discursos, defender leyes, pues Maura tenía un acento mallorquín tremendo y un castellano pobre, y se ríen de él. Se ríen de él, incluso parece que le tiran algún tomate, no sé. Total, que Maura se lía a puñetazos con los chicos que le han... con los bullies que le han atacado, y hay dos personajes, Honorio y Trifino Gamazo, que simpatizan con él y le defienden. Y no solamente le defienden, sino que le invitan a que vaya a vivir con ellos a la pensión donde ellos viven.
Maura estaba en una pensión en la calle Lavapiés, que él describía como con un llamador pringoso y pestilencias, o sea, debía de ser un sitio tremendamente cutre. Iba a vivir con los hermanos Gamazo a una pensión más digna que dirige una montañesa, una santanderina, donde hay además jóvenes preclaros, ¿no?, los Quijano o los Alber..., nombres de la élite cántabra, más los Gamazo.
Y aquí viene, ¿no?, tu cuestión. Lo que hace Maura es, como él dice, enroscar su vida a Germán Gamazo, el hermano mayor de los Gamazo. Enroscar su vida desde ese momento: termina la carrera y se convierte en su pasante. Germán Gamazo tiene un bufete muy exitoso en Madrid y Maura se convierte en su pasante, un pasante que lleva primero los casos más simples o los de pobres, ¿no? Por ejemplo, un obrero que ha pegado un badilazo a su suegra. Maura le defiende con argumentos de... no sé, no recuerdo los argumentos, muy divertido. Defiende también el caso de Benito Pérez Galdós en su pugna frente a su editor, que está abusando de él, etcétera.
Pero con Gamazo cada vez, y aquí viene la respuesta, ¿no?, se va metiendo más en el ambiente del poder, de la influencia de Madrid. Lleva casos de marquesas, de duquesas, lleva casos de empresas, económicos, conoce los mecanismos del poder y del dinero y de las influencias, pero no solo eso; esto es desde 1871 hasta 1881.
No solo eso, sino que en Mallorca, a este joven jurista que cada vez tiene más éxito, que cada vez tiene más fama, al que cada vez Gamazo le da más casos, ¿no?, y que está tan metido en Madrid, las fuerzas vivas mallorquinas le piden que haga un informe sobre comunicaciones marítimas, que tanto afectan a esta isla, ante el Ministerio de Hacienda. Y lo debe hacer tan bien que piden que, por favor, se presente como diputado por Mallorca. Y Gamazo, obviamente, le invita a que lo haga en su partido, una facción que está
dentro del partido de Sagasta, pero que no está ni a la izquierda ni a la derecha, a la derecha de Sagasta y a la izquierda de Cánovas. Con Gamazo sigue enroscando su vida, sigue aprendiendo. Y Maura está otros 20 años, desde 1881 hasta 1901, en el Partido Liberal gamacista, en la facción liberal gamacista.
Y es en este periodo donde, además de trabajar en las comisiones de actas o en la comisión de la escuadra, que son temas que le interesan muchísimo, se convierte en ministro de Ultramar. Le nombran ministro de Ultramar, que era un poco un ministerio para los recién llegados, porque no solía pasar nada, pero pasa: el autonomismo cubano se desencadena y Maura hace una propuesta, bueno, totalmente heterodoxa, incluso para los miembros de su partido. La autonomía no establece lazos, habla de instaurar la soberanía en el corazón de los cubanos, habla de diálogo, etcétera, y bueno, pues esto va a suponer un cierto enfrentamiento con su partido. Por supuesto, no le dejan que saque adelante esas leyes, ¿no? El Gladstone español le llamaban en Cuba, ¿no?
El Gladstone español también es ministro de Gracia y Justicia, es decir, tiene una labor intensa dentro del Partido Liberal, ¿no? Con Gamazo. Y aprende muchísimo, muchísimo de influencias políticas, de trapicheos, de economía. Los gamacistas son proteccionistas, le interesa cada vez más la escuadra y, déjame decirte lo último, en sus notas autógrafas, que tiene muchísimas, va pergeñando un plan, va pergeñando un plan que cada vez se va acercando más a lo que va a ser su proyecto, ¿no? De qué es lo que hay que hacer en España, por qué esto funciona así de mal, por qué, etcétera. Es muy interesante. No sé si te he contestado a lo que me preguntabas o había alguna cosa más.
El principio de su andadura y un momento muy formativo en el que entiendo que pues él va no solo llegando a conocer los resortes del poder y cómo funciona la política, sino también a entender el país, ¿no? Y a desarrollar una visión, además. Sí. Ah, y bueno, digamos que en ese momento, es que no sé hasta qué punto nos da tiempo de meternos en todos los vericuetos atractivos que hay en esta parte de la historia, pero resumir. Exacto. Sus propuestas, por ejemplo, para Cuba eran extremadamente osadas y, más o menos en este mismo momento, da un cambio del Partido Liberal al Partido Conservador.
No eran tan osadas, lo eran para los españolistas, para los liberales españolistas y conservadores españolistas y republicanos españolistas. Este joven filibustero, le llamaban filibustero, maceo, traidor, lo que está haciendo es proponer medidas de autonomía para acabar con el independentismo más radical, para vincular a las fuerzas vivas cubanas al proyecto español. Es esto lo de instaurar la soberanía en el corazón de los cubanos, ¿no? Y va a tener muchísimas críticas.
Hay una anécdota que no puedo remediar contarla. Tantas que, cuando deja de ser ministro, veranea en Santander, en esta época, casi todos los veranos, iba con sus hijos, que eran amigos de las fuerzas vivas santanderinas, ¿no? De los jovencitos. Y ese verano de repente les empiezan a insultar: filibusteros, maceos, como al padre, traidores, filibusteros, maceos; les tiran piedras, se pegan y, cuando llegan a casa magullados, Maura les dice: "Se acabó la playa, en casa todos". Y deben irse incluso de Santander con el coche, con las ventanillas en negro para que no apedreen el coche. Es decir, eso despierta la política de Maura, que no era tan exagerada, ¿no?
Y decías: "Pero se pasa al Partido Conservador", ¿no? Hasta 1901 Partido Conservador. Esto es 1893. Todavía es ministro de Gracia y Justicia con Sagasta, bajo un gobierno Sagasta, y todavía él y Gamazo están vinculados al liberalismo, pero muy muy sucintamente. ¿Qué es lo que pasa? Pues pasa que Sagasta cada vez está adoptando, si no un lenguaje, una opción cada vez más anticlerical que ni a Maura ni a Gamazo les hace gracia. Son los dos muy católicos y apelan a un Estado laico. No es lo mismo laico que anticlerical, ¿no? Pero el lenguaje de Sagasta les parece anticlerical. Pero además es que Sagasta empieza a atacar a la facción gamacista. Se produce lo que José Varela Ortega en su libro Los amigos políticos describía como la caza de gamacistas en las elecciones. Entonces empiezan a sentirse incómodos y a acercarse a otro personaje moral, ético, etcétera, que se parece más a sus propias ideas, ¿no?, que es Silvela.
Y en el momento en el que Gamazo muere, que es 1901, Maura tiene dos opciones. Una, formar o unirse a Canalejas, que era un buen amigo, ¿no?, dentro del Partido Liberal, y formar una facción luchando con otras facciones. El faccionalismo dentro de los partidos era tremendo, ¿no? Dentro de cada partido había monteristas, canalejistas, moretistas, etcétera, romeristas. Y, o entrar de soldado raso en el partido de Silvela, donde muy pronto va a pasar de ser soldado raso a un general en su laberinto, porque muy pronto va a ser ascendido por el propio Silvela, que encuentra en él un personaje muy muy valioso, ¿no?
Y bueno, entre estos avatares de cambios y de labor en el poder es cuando él llega a esta visión que se ha llamado revolución desde arriba, un proyecto de reforma, de entender qué hace falta cambiar y cómo se puede construir, bueno, un sistema político algo distinto en España. Y es un tema en el que me gustaría que nos detuviéramos un poco, en esta regeneración y revolución desde arriba.
Sí, el concepto de revolución desde arriba lo desarrolla Maura a partir precisamente de una respuesta al informe sobre el caciquismo de Joaquín Costa, Oligarquía y caciquismo como forma de gobierno. Acuden diversos políticos o informan diversos políticos. Uno de ellos es Maura. El objetivo es cuál: acabar con el caciquismo. ¿Por qué acabar con el caciquismo? Porque el caciquismo es la lacra, es la lacra electoral que está falseando una ley de sufragio universal que es de las más avanzadas de Europa en 1890, y la está falseando totalmente, que está deslegitimando el sistema, que está propiciando la falta de fe en los políticos, la escasa atracción de la ciudadanía o penetración o, digamos, integración en el sistema de la ciudadanía.
Entonces, Maura define esta revolución desde arriba con términos apasionados, grandilocuentes y revolucionarios. Dice que hay que hacerla rápidamente, radicalmente, brutalmente. Dice: "Somos incompatibles con digestiones sosegadas". Habla de la gusanera caciquil, dice: esta ley, sobre todo su trilogía, hay una trilogía básica dentro de la revolución desde arriba, es dinamita que pongo debajo de todo esto que pensáis que defendemos. Todo este lenguaje tan bélico, revolucionario, apasionado, en realidad lo que esconde detrás es un proyecto legislativo muy madurado, muy gradual, muy reformista, que cuenta y quiere contar con el Parlamento y con el debate parlamentario, que quiere que sea mayoritario.
¿Y cuál es el espíritu de la revolución desde arriba? Impedir la revolución desde abajo. Es decir, hay que hacer la revolución desde arriba antes de que se haga la revolución desde abajo. Maura tiene una consciencia clara de la injusticia social. De ahí ya hablaremos, si quieres, de su legislación social. Tiene una consciencia clara de la injusticia social y de lo explosiva que puede ser en un momento determinado. Maura tiene una conciencia clara de que este sistema corrupto lo único que puede hacer es pues acabar deslegitimando definitivamente el sistema y con él arrastrar a la monarquía. Es decir, no es tonto. Entonces, propone esta revolución desde arriba, que no sé si quieres que te mencione brevemente cuáles son los un par de componentes esenciales.
Muy brevemente, componentes esenciales, porque es el núcleo, ¿no? Pero además hay muchas explicaciones que dar, pero bueno, muy brevemente, ¿no? Son esta serie de medidas legislativas.
El núcleo, ¿no?, la clave de bóveda, son tres medidas: una ley electoral, una ley de justicia municipal y una ley de descentralización administrativa. Empezando por el final y sin entrar en profundidades, ¿por qué una ley de descentralización administrativa? Porque es en el núcleo municipal, es abajo, donde más poder tiene el cacique. En las ciudades, en las ciudades modernas, ahí puede avanzar el voto republicano, incluso el voto socialista. Los caciques no tienen poder ahí, pero en el municipio los caciques: si no me votas no abro, no te hago el camino, si no me votas no te... O sea, parte de la violencia, las promesas, etcétera, en el núcleo municipal.
Entonces, la concesión al municipio de una serie de prerrogativas, incluso la capacidad de crear comisiones de sanidad, etcétera. La ley de descentralización administrativa pretende desde lo más bajo atraer, ¿no?, a la ciudadanía. Él hablaba de que es el punto donde mayor roce se produce entre el poder y los poderdantes, donde más duele el ramo de ortigas en la cara, ¿no? En esos municipios donde el peso del cacique es tan brutal. Bien, por una parte esta ley, con sus defectos, con sus pros y contras, como podríamos decir. Maura tiene tanta fe en esta ley, ¿no?, que le dice al embajador francés: esta ley llevará 10 o 12 años con problemas, me arrastrará políticamente, yo pereceré, pero no importa porque un hombre debe ser sacrificado a una política. Es esa visión que tenía de sí mismo, ¿no?
Por una parte, por tanto, esta ley, que tiene muchos elementos de los que hablar, pero no podríamos, vamos, no daría tiempo. Por otra parte, la ley de justicia municipal... bueno, perdón, importante: también proporciona la posibilidad de formar mancomunidades, lo cual interesaba muchísimo, por ejemplo, a los catalanistas, ¿no?, a partir de la autogestión municipal. La ley de reforma de la justicia municipal. Bueno, ¿quién podía hacer más daño dentro del municipio? El juez. ¿Y quién nombraba al juez? Los políticos centrales, los caciques. Separa esa... o sea, crea un organismo neutral dependiente del colegio de abogados, colegiado, etcétera, que es el que nombra los jueces. Exige una serie de requisitos a los jueces, impone unas figuras que son los adjuntos, que vigilan un poco la limpieza del proceso, etcétera. Es decir, otra reforma que quiere romper con esa cadena caciquil.
Y la tercera, importantísima y también conflictiva por muchas razones, es la ley electoral, cuyo componente podíamos decir que es más moralizante y pedagógico que estrictamente democrático. ¿Por qué digo esto? Porque Maura desde el principio habla de que debe introducir lo que él llama alambiques, filtros y alambiques, dice, como existen en todos los países europeos, para que no haya una reversión brutal. Es una ley que primero impone el sufragio obligatorio, luego una serie de medidas, un artículo muy conflictivo, muy conflictivo, que nace con la mejor voluntad. Lo propone el republicano Azcárate, el artículo 29, que dice, no voy a hablar de todos los artículos, son tantos, que dice que en aquellos lugares donde existan el mismo número de candidatos que de puestos a cubrir no se debe celebrar farsa electoral para no desvirtuar las elecciones, es decir, se atribuyen automáticamente.
Bueno, pues eso que con su mejor voluntad ha propuesto Azcárate, republicano, y Maura ha aceptado, se va a convertir en el truco de los caciques. Como decía uno: válgame Dios, si con esta ley no hago más trucos que con la anterior. Al final se va a pervertir, nadie lo va a corregir después. Pero bueno, tiene una serie de elementos positivos y tiene algunos elementos limitados. De hecho, el propio Maura intenta corregirla. Desde 1909 nadie va a intentar corregir esta ley, que ha tenido bastantes críticas historiográficas, alguna defensa, etcétera. Y es el propio Maura el que en 1921 intenta aumentar la proporcionalidad y la representatividad, en un gobierno que dura 6 meses y que no sale adelante tampoco, ¿no?
Ese es el núcleo, un núcleo, un núcleo. Pero a eso hay que adherir toda una plétora, ¿no?, de leyes de política social, de las que podemos hablar un poco, de política social; otras de carácter burocrático administrativo, de regularización del cuerpo de los funcionarios, la responsabilidad civil de los funcionarios, que eran corruptos, también nombrados por caciques. Habrán leído Miau, de Pérez Galdós. Miau es moralidad, income tax, unión, aduanas, ¿no? Los funcionarios, los funcionarios que caían y perdían su trabajo, el pobre funcionario burócrata deprimido, que perdía su trabajo cuando venían los liberales y lo conseguía cuando llegaban los conservadores. Bueno, pues el establecimiento de un funcionariado profesional, etcétera. Todas estas cuestiones, más el ejército, más todas estas cuestiones, más las leyes sociales, todo ello forma parte del mismo cuerpo, de esa revolución desde arriba, cuyo núcleo para Maura más importante es político administrativo.
Y quizás si podemos decir un par de pinceladas sobre estas iniciativas sociales, porque creo que a un lector de 2026 le puede parecer contradictorio que una persona sea reformista y conservadora a la vez. Y quizás nos sorprenderá descubrir que unos cuantos avances, digamos, en terreno de, por ejemplo, el derecho a la huelga son pues producto del trabajo de Maura.
Ahora, efectivamente, puede sonar, bueno, pues en algún caso desde el desconocimiento, en otro caso desde un pensamiento maniqueo o en otro caso desde el estereotipo. Puede sonar extraño, pero en absoluto. Precisamente en esta época lo que se hace muy evidente es que las cosas no pueden seguir como están. Es decir, la injusticia social es muy grave. El capitalismo desorejado, el industrialismo posrevolución industrial, etcétera, desde el siglo XIX, hay un sector de la población que sufre enormemente y ya no vale la caridad, la beneficencia y los parches, y entonces empiezan a verse personajes desde diferentes ideologías, liberales, republicanos, socialistas, etcétera, que reclaman la intervención del Estado en la implantación de leyes sociales justas que beneficien a estos personajes.
Pues mira, Pablo, uno de los más importantes es el gran reaccionario, canciller de hierro, Bismarck, en Alemania. Bismarck es el primero que propone lo que son, digamos, los fundamentos de la seguridad social, de la previsión, de las pensiones, del seguro de enfermedades. ¿Bismarck era un hombre particularmente piadoso y que creía en la justicia social? No lo sé, porque no le he preguntado, pero lo que sí quería era acabar con el revolucionarismo, o sea, con el socialismo revolucionario, haciendo reformas, lo que llama el socialismo de Estado, al margen de que él fuera un tipo reaccionario y estuviera en contra del sufragio, etcétera, etcétera. Bismarck, ¿no? Y efectivamente consigue que el socialismo revolucionario decaiga en Alemania y surja un socialismo reformista.
Pero en Inglaterra, que tú conoces muy bien y has mencionado además antes a este Trollope, ¿no?, sir William Harcourt, un conservador británico, también se plantea: hay que hacer reformas desde el Estado. We are all socialists now. Somos todos socialistas ahora, dice el conservador sir William Harcourt. Es decir, los conservadores en diversos lugares de Europa empiezan a hacer reformas. Las reformas sociales tienen diferentes perspectivas, ¿no? Pueden ser por puro paternalismo, filantropía, o por progresismo o por pragmatismo. Es decir, pero finalmente hay elementos de confluencia y finalmente el Estado va avanzando muy poquito a poco.
Estamos hablando de que toda Europa es una Europa liberal, no democrática. No hay un solo país democrático. Lo más parecido es la Tercera República francesa, y hay caciquismo en la Tercera República francesa, y corrupción. Pero ni Portugal, ni Italia, ni siquiera la parlamentaria Inglaterra, donde el sufragio es censitario y existen los burgos podridos, y por supuesto en ninguna de ellas vota la mujer. O sea, democracia no hay en Europa, ¿no? Y ahí sí reformas sociales. Y en España, y ya con esto termino, que no quiero alargarme mucho, ya a finales del XIX, Eduardo Dato, Eduardo
Dato es un poco la ninfa Egeria de la política social en España. Es uno de los personajes más vinculados vocacionalmente, iba a decir apasionadamente, pero Dato no es apasionado, Dato es bastante aburrido, pero sí era una persona que tenía muy claro esa vocación social, ¿no? Su biografía aparece en el International Insurance Enciclopedia, ¿no? Aparece la biografía de Dato en la enciclopedia de los seguros, etcétera. Propone la ley de accidentes de trabajo, y después de Dato, Moret, una comisión de reformas sociales, y después de Moret, Silvela, un instituto de reformas sociales, y luego llega Maura. Y llega Maura con un gobierno muy fuerte, con un proyecto, con muchas ganas, con una voluntad de mantener las Cortes abiertas, de discutirlo y de hacer coordinar todas las piezas del puzzle.
Y aunque le da el Ministerio de la Gobernación, que fíjate de lo que te estoy hablando, el Ministerio de la Gobernación es desde donde se hace la reforma social, es decir, como si fuera un problema de orden social. No existe Ministerio de Trabajo ni de Asuntos Sociales. El Ministerio de Trabajo lo crea Dato en el 21, 2021, no recuerdo exactamente. Bien, pues Cierva, que es un personaje bastante reaccionario, siguiendo las indicaciones de Maura, realiza una extraordinaria política social. No voy a enumerar las leyes, son muchas. Voy a decir dos, tres muy excepcionales: Instituto Nacional de Previsión, Ley de Descanso Dominical, la protección del trabajo de las mujeres y los niños, la creación de los de conciliación y arbitraje, los inspectores de trabajo. Muchísimas leyes, muchísimas. La ley de huelgas que acabas de mencionar, Pablo, incluida, ¿no?
El Times destacaba en su editorial, el periódico Times, que hasta finales de 1908 el gobierno había emitido más de 280 leyes. O sea, la feracidad legislativa del gobierno largo es extraordinaria. Entonces, estas leyes forman parte de un proyecto reformista. ¿Por qué se hacen más en el gobierno Maura? ¿Es que Maura es el más filántropo, el más...? Bueno, pues se hacen más, primero, porque colabora con el Instituto de Reformas Sociales, que dice que nunca había estado tan asistido. Primero. Segundo, porque tiene una vocación ejecutiva muy clara y porque su gobierno está funcionando muy bien. Ha conseguido una mayoría con trampas, con unas elecciones sucias, ha conseguido una mayoría conservadora, pero negocia continuamente en el Parlamento. El Parlamento está abierto, ¿no?
Y estas leyes sociales, bueno, pues son más o menos apetecibles, aunque nos encontramos con paradojas. Por ejemplo, que los liberales dicen que la ley de descanso dominical es la ley de la misa, porque lo que quiere es que los obreros vayan a misa, y no es verdad, porque las fiestas de guardar, otras fiestas no más importantes. Y sin embargo los socialistas la defienden, sobre todo las mujeres socialistas. ¿Por qué? Porque cierra las tabernas donde iban a emborracharse los obreros en domingo y porque veta las corridas de toros, provocando la ira de Mazzantini y el sindicato de los toreros, ¿no? Porque cierra las corridas de toros en domingo.
En definitiva, junto a estas leyes hay otras leyes morales, hay otras leyes sanitarias. Las leyes morales, me refiero: cierre de prostíbulos, de los espectáculos después de tal hora de la noche, las ligas contra la pornografía, etcétera, y otras leyes de carácter sanitario, una creación de un instituto sanitario con Ramón y Cajal a la cabeza. Todo esto lo hace Cierva, que luego además va a demostrar que es un gran represor en la Semana Trágica, y sin embargo tiene este sentido, ¿no?, pragmático, y forma parte de este entorno general, ¿no?, de la revolución desde arriba. Sí, un proyecto ambicioso, coherente e intenso.
Y has mencionado la Semana Trágica, que es de alguna forma un antes y un después importante, ¿no?
Sí. La Semana Trágica es la némesis absoluta del proyecto de Maura. Es una gran tragedia, es un acontecimiento crucial, es un acontecimiento divisorio en su vida política y en España. Y digo la némesis porque, según voy a explicar así muy brevemente con algunos ejemplos, nada de lo que sucede en la Semana Trágica, que es todo terrible, se corresponde con ningún elemento programado o de voluntad o acorde con el carácter de Maura, que se ha pasado estos 3 años pidiendo a los parlamentarios que colaboren, que voten, creando comisiones parlamentarias para discutir esta ley y la otra, avanzando las reformas sociales, etcétera.
Entonces, habiendo dicho esto, quiero decir y dejar por delante, aunque voy a hablar de las paradojas y de las malas suertes, que Maura como presidente del gobierno es el responsable, el responsable de la represión, aunque no la hace él, la hace su ministro de Gobernación; es el responsable como presidente de gobierno. Es el responsable del ajusticiamiento de Ferrer, no porque lo induzca, sino porque no le indulta. Es el responsable de lo que pasa como presidente de gobierno. Pero detrás de esa responsabilidad hay una fatalidad absoluta, y son una serie de paradojas que se van sucediendo.
Primera: la Semana Trágica va a surgir a partir de una leva de reservistas que se hace en Barcelona por parte de Linares, el ministro de la Guerra, leva de reservistas de 1903, que en 1909 ya estaban casados y con hijos, ya eran mayorcitos, ya habían pasado, además, por el horror de Marruecos unos años antes, para luchar en Marruecos. Primera gran paradoja: Maura es uno de los políticos que una y otra y otra y otra vez se manifiesta contra el colonialismo, contra el avance agresivo colonial en Marruecos. Defiende lo que él llama la política statuquoísta, de statu quo, es decir, de protectorado, que viene derivada del tratado de Algeciras. No quiere avanzar militarmente, quiere nombrar un gobernador civil en Melilla. Es decir, esto lo mantiene desde 1904, incluso antes. Habla incluso con su ministro de la Guerra, Linares: "No estamos en guerra. Hay una operación política de frontera, pero no estamos en guerra. Con Marruecos hay que tener una política de cariño más que belicosa y hay que aceptar sus costumbres, aunque nos parezcan aberrantes". Literalmente le escribe estas palabras. Pero Marruecos es un damero maldito. No voy a entrar en la cuestión, pero por citar: hay dos sultanes, hay un pretendiente, las cabilas, las harcas que apoyan a España, están los franceses queriendo avanzar y hacer tratados diplomáticos secretos con los alemanes, están los intereses mineros de Güell, de Comillas; también el rey y Romanones en su momento tuvieron intereses mineros. En definitiva, un polvorín, y faltaba muy poco para que estallara, pero en todo momento hubo contención.
Bien, pues primera paradoja. Segunda: esa leva de reservistas que se produce en Barcelona, muy torpe. No se sabe si es porque Linares había formado a esos reservistas previamente, era, digamos, el que les había formado, o bien porque quería vincular a los catalanes a una obra nacional: si lleva a los soldados a Marruecos, serán los héroes nacionales. Una manera más dentro de la política de relación con los catalanistas que tiene Maura, una torpeza. No sé cuál sería realmente; son las dos hipótesis que se plantea la gran experta Joan Connelly Ullman en la Semana Trágica. Pero claro, es que cuando realiza esta leva, que está hecha bajo la vigencia de la redención a metálico, es decir, los ricos pagan y no van a la guerra, los pobres no tienen dinero y son reclutados, Maura llevaba desde 1904, y particularmente en el gobierno largo, discutiendo con el Estado Mayor Central del Ejército y avanzando en una ley de servicio militar obligatorio.
Luego, segunda gran paradoja. La tercera: ¿quién juzga a Ferrer? Un tribunal militar. Un tribunal militar por la Ley de Jurisdicciones. La Ley de Jurisdicciones, que se ha impuesto en 1906 en un gobierno liberal, a la que Maura está radicalmente opuesto porque implica que los militares tengan la capacidad de juzgar los delitos a la patria. Esta ley surge porque a finales de 1905 un periódico satírico catalán que se llama el ¡Cu-cut! hace una burla de los militares. Dicen: "Ah, mira, están celebrando la victoria". Dice: "Vaya, serán paisanos". Se están burlando de los militares que han perdido en Cuba, etcétera. Los militares se sienten ofendidos, entran a saco en el ¡Cu-cut!, en las redacciones, lo destrozan, piden al rey y al ministro de la Guerra tener una ley para acabar con estas burlas a la patria, ¿no? Bueno, pues esta ley, contra la que Maura estaba, porque es bastante, vamos a decir, entre comillas, antimilitarista. Desde luego, que los militares participen en la vida civil lo abomina, ¿no? Bueno, pues es la que juzga a Ferrer. Si le hubiera juzgado una ley civil... Bueno, pues Maura estaba también en este gobierno largo discutiendo el cambio, quería eliminar la Ley de Jurisdicciones y está haciendo otra serie de propuestas. Lo habla concretamente con los catalanistas, que son los más afectados, y les dice: "Ya tengo el plato sobre la mesa, dentro de poco les serviré el postre", ¿no? O sea, diciendo: "Estoy preparándolo, denme tiempo, denme tiempo, no me pidan que haga los puentes sin hacer las cimbras". Está pensando cómo puede hacer para acabar con esta ley.
Bueno, pues la otra paradoja: incluso había intentado, a través de Cierva, evitar el estado de guerra en Cataluña, que era continuo con el problema del anarquismo, etcétera. Salían los militares a la calle cada dos por tres, cosa que los catalanistas odiaban, y los catalanes en general, ¿no?: el ejército haciendo labores de gendarme social. Y Cierva había creado un cuerpo, o había empezado a crear un cuerpo de policía profesional. Los policías preexistentes eran medio caciquiles, brutotes, incultos, sin formación, etcétera.
Y quizás, bueno, la última es el asesinato de Ferrer, ¿no? El asesinato, el fusilamiento de Ferrer. Ferrer era un tipo que no tenía muchas simpatías en Barcelona. No tenía simpatías entre los anarquistas porque era rico y especulaba con la bolsa. No tenía simpatías con los republicanos porque era antimilitarista y antipatriota. Los republicanos eran patriotas y militaristas. De hecho, hay tres republicanos que son testigos de cargo en su juicio contra él, para acusarle como inductor de la Semana Trágica. Los socialistas tampoco tenían grandes simpatías por Ferrer. Los liberales, imagínate, y los conservadores, pues nada. Quiero decir que no contaba con demasiadas simpatías. Nadie pide realmente el indulto. La mayoría están convencidos de que se le va a condenar. La mayoría están convencidos de que Ferrer es el culpable, etcétera. No lo era. No lo era. Historiográficamente nunca se ha demostrado que fuera el culpable. Además era imposible, ¿no? La Semana Trágica, me contabas, ¿no?, las impresiones de tu abuelo, que fue terrible, era caótica, violenta, con demasiados frentes abiertos, etcétera. No era obra de un solo hombre.
Bueno, pues Ferrer es fusilado, pero antes del fusilamiento de Ferrer, Maura había indultado unos meses antes a Nakens, un republicano radical anticlerical, que dirigía un periódico que se llamaba El Motín, que era un absoluto escándalo. Estaba encarcelado y estaba condenado por supuestamente haber participado junto con Ferrer en el atentado a Alfonso XIII, haber encubierto al que atentó contra Alfonso XIII. Maura le indultó y Nakens se calló y siguió actuando como lo que era, republicano anticlerical, contra Maura. Pero cuando Maura estaba ya fuera del sistema, dijo: "Él me indultó. Ninguno lo hubiera hecho. Sabía que yo iba a seguir contra él. Estoy en deuda de gratitud y lo estaré de por vida". Nakens.
Bien, podía haber indultado a Ferrer, lo debía haber hecho. Ese fue su gran error, no darse cuenta de que quizás no hubiera perdido autoridad, sencillamente hubiera sido un gesto de magnanimidad, etcétera. Pero no lo hizo porque pensaba que podía perder autoridad, y ahí dejaría la monarquía, etcétera, no sé qué, o no enfrentarse con los militares. Pero sin embargo, pidió ayuda, y pidió ayuda a la iglesia. Y Merry del Val, el secretario de Estado del Papa, le dijo: "Hemos pensado que vamos a pedir el indulto. Nosotros pedimos el indulto, tú lo aceptas y así la cosa se arregla". Maura dio las gracias: "Ah, estupendo". Y claro, el indulto llegó cuando ya le habían fusilado. Llegó cuando ya le habían fusilado. ¿Y qué sucedió? Que se corrió la especie de que Maura había negado el indulto hasta a la iglesia. Y en el Vaticano, todo esto es correspondencia que yo he visto en el Archivo Secreto Vaticano, que está citada en mi libro, que se puede comprobar en el Vaticano, dijeron: "Mejor vamos a callarnos, porque nos puede caer muy gorda", ¿no?
Y la realidad es que la Semana Trágica, su represión y sobre todo la persona de Ferrer, que se convirtió en el Dreyfus español, hizo, como decía Ortega y Gasset, levantarse el alma de Europa, ¿no? Haeckel, Brentano, Anatole France, Bertrand Russell, todos ellos contra ese asesinato, ¿no? Pero que arrastraba también al rey. Yo he visto en el Public Record Office cientos, no sé decir, miles de cartas pidiendo el indulto por una parte, y por otra parte, una vez fallecido, una vez fusilado, bueno, pidiendo, o sea, contra el régimen, contra Maura, contra el rey. Y es en ese momento donde surge el "¡Maura no!", ¿no?, que es un "¡Maura no!" internacional y que se contagia al "¡Maura no!" nacional, y que hace que el rey se sienta acongojado pensando que este "¡Maura no!" y también "¡Alfonso XIII no!", porque decían "escupamos a la cara de ese monstruo", ¿no? Literalmente los informes en los que, por ejemplo, se dice "escupamos a la faz", ¿no?, de Alfonso XIII. Él quiere desvincularse de Maura y lo que hace es largarle. Esa es la conclusión, ¿no? La gran crisis, el gran momento divisorio, ¿no?, en la trayectoria política de Maura, que no va a olvidar nunca, la verdad. Y que motiva esa actitud que mencionaste al principio de retirarse y, digamos, quedarse ofendido también por este tratamiento.
Sí, sí.
Nos tiene que dar tiempo a mencionar dos cosas, porque si no esta charla quedaría incompleta. ¿Por dónde vamos? Tenemos poco tiempo, pero si pudiéramos decir algo rápido, pero que hace falta decirlo, sobre, primero, la relación de Maura con Alfonso XIII, su proyecto en realidad de crear una monarquía parlamentaria, y por último su complicada relación con la iglesia, y la acusación, ¿no? Exacto. Bueno, por aquí también tiene un ingrediente mallorquín interesante que puede llamar la atención, y es que a Maura en diferentes caricaturas o insultos se le asocia con una supuesta ascendencia judía, que tiene que ver con los chuetas mallorquines, pero a la vez se le acusa de ser excesivamente beato para compensar.
¿Por dónde empiezo, por el rey o por chueta?
Por donde quieras. Por donde quieran. Por la iglesia. La iglesia.
Por la iglesia. Bueno, vamos a ver. Por la acusación, ¿no? Maura es un católico profundo, un católico incluso que roza la beatería, y si cometía alguna falta, pues dejaba de fumar, por ejemplo, ¿no? Si cometía algún... Sí, sí, sí. Se autocastigaba, sí, sí. Hacía ejercicios espirituales, tenía una capilla privada en casa, lo cual era bastante normal en la época. Canalejas también tenía una capilla privada en casa. Muchos tenían capilla privada, ¿no? Entonces, Maura era muy católico, por una parte, de hablar católico, iglesia, pero estaba radicalmente en contra, como he destacado antes, del papel, ¿no?, de la iglesia, la injerencia en la política de la iglesia, de los integristas, de todos estos panfletos que se editaban con la anuencia del Vaticano y de los grupos integristas diciendo "100 razones para no votar al Partido Conservador" o "El liberalismo es pecado". No es que hubiera un sector católico, había tres sectores: el sector católico liberal, un sector católico neutral que no participaba y al que Maura quería traer, y finalmente el más integrista, que era antisistema.
Bien. Por tanto, esa es un poco su ubicación como católico. Lo de chueta, a ver, a Maura le insultaron, le llamaron chueta, por ejemplo, cuando
está desarrollando la ley de represión del terrorismo. Otro temazo, pero bueno, está desarrollando la ley de represión del terrorismo. Escribe un cronista que cada tarde se repetía el mismo sonsonete, que era: Maura clerical, reaccionario, judío, chueta. No sé por qué le llamaban chueta, no lo sé, pero claro, eso es lo que recoge también Valle-Inclán en Luces de Bohemia: Maura, el chueta; se le insulta como chueta.
Y entonces, poco tiempo después, esto es una cadena. Entonces, poco tiempo después, Brenan lee Luces de Bohemia y probablemente mire los diarios de sesiones y vea este insulto. Y entonces Brenan, citando a Valle-Inclán y algún diario de sesiones, dice: "Maura era de origen chueta." Y entonces, poco después, Hugh Thomas, el gran historiador británico hispanista, lee a Brenan y lee a Valle-Inclán y vuelve a hablar de los orígenes chuetas de Maura.
Bien, yo en todo momento tenía claro que no lo era, pero ante la duda... no he terminado. Carlos Maura en 2003, nieto de Maura, escribe un artículo muy interesante que se llama Soy judío, donde se plantea si él es o no es chueta, si desciende, y lo mismo leyendo a Thomas, Brenan, Valle-Inclán. No comprueban las fuentes. Algunos historiadores no comprueban las fuentes. Bueno, sin embargo, hay uno que sí comprueba las fuentes y que es un gran historiador mallorquín que se llama Pedro de Montaner.
Claro.
Y que ha escrito un libro que se llama Me parece gente de la calle. Y tuve la suerte de poder consultarle directamente a través de una persona, de un amigo interpuesto, Miguel de Almau, y que me aclaró, y definitivamente no, Maura no era chueta. Maura era el apodo que recibía una de las familias chuetas de Mallorca, los Forteza. Por alguna razón se les llamaba los Forteza Maura. Y entonces de ahí la confusión, que se vinculó esos Forteza Maura con la familia Maura, que no era chueta y vivía en el barrio de Calatrava y no en el Seguelo, que es donde vivían los chuetas, etcétera.
Incluso en 1953, en pleno franquismo, para demostrar su limpieza de sangre se hace toda una genealogía donde se demuestra que no era chueta, de manera que no tenía nada que ver su catolicismo exagerado con que fuera chueta. Lo era, era católico profundo, como su hermano Miguel, que es fundador de la orden de las adoradoras del culto eucarístico y que está en proceso de beatificación.
Ah, sí, todavía sigue, pero sigue desde hace años. Yo no sé cuánto tiempo duran esos procesos, pero vamos, ya cuando escribí el libro, primera edición, estaba en proceso de beatificación y sigue.
Está beatificado.
Sí, está beatificado ya.
Ah, yo pensaba que estaba todavía... Bueno, pues gracias por la información. Y el propio Juan Gelabert, que era arzobispo de Orihuela, o sea, quiere decir que la familia era católica, era muy católica.
Claro.
No chueta.
Bueno, precisamente era supuestamente un rasgo de la religiosidad chueta ese exceso de celo, pero no lo era, porque...
Exacto, era un insulto que recibió y sin embargo no tenía que ver con su origen. Lo que no sé es por qué le insultaron. No sé qué llevó, pero bueno, esa era la... Y lo del rey.
Sí, me encantaría que contaras algo sobre su relación con Alfonso XIII, muy rápido, y la construcción de una monarquía parlamentaria. ¿Da tiempo?
Yo creo que sí. Vale, bueno, voy a intentar reducirlo, ¿no? Hacer a Becrem de un tema fundamental, crucial. Vamos a ver. La reducción empezaría... voy a empezar con un informe que le escriben a la reina María Cristina, ¿no? En 1903 un informador le dice de Maura, que les está un poco irritando por ciertas cosas, le dice: "Monárquico convencido porque cree que la monarquía está asociada con la nación y con el país. No siente por ella simpatías y la juzga con dureza rayana en la injusticia."
Maura no era un súbdito monárquico. Maura era un monárquico convencido porque cree que está identificada con la nación, la monarquía. Entonces, ese pequeño informe, esas dos frases resumen muy bien lo que esperaba Maura de la Monarquía, que es, por una parte, la activación, la promoción, el desarrollo del papel simbólico del rey como elemento de cohesión nacional, como emoliente, como esa frase, ¿no?, de los ingleses, above them and us, por encima de ellos y de nosotros, ¿no?, el elemento de referencia de todos, capaz de unir a toda la ciudadanía, por una parte.
Y eso lo va a hacer, y no me puedo detener, pero es precioso, ¿no? Aparecen todas narradas en el libro, ¿no?, a partir de la realización de giras reales por las diferentes ciudades de España, llevarle el rey al Ateneo, llevarle a la universidad, llevarle a un desfile de carnavales para que tire confeti, es decir, le quiere hacer vincularse con el pueblo.
Pero sobre todo, sobre todo, y esto la primera vez es en 1904 y la segunda y la tercera es en el gobierno largo, con Cataluña. Entre Cataluña, sobre todo Barcelona, pero Cataluña en general, y la corte y Alfonso XIII había una antipatía mutua, mutua. Entonces, temían que acabara convirtiéndose en lo que fue Irlanda para Eduardo VII, es decir, un lugar que no se podía... tierra, territorio comanche que no se podía pisar. Maura lleva al rey, se la juega llevando al rey a Cataluña y tiene bastante éxito, la verdad, tiene bastante éxito.
En 1904 sufre un atentado, y precisamente él se aleja muchísimo del rey para que todos los silbidos, todas las silbadas fueran para él. Se aleja mucho para que nadie silbara cuando pasaba el rey, sino cuando pasaba él. Y le silban, pero además le clavan un puñal, con lo cual fantástico, ¿no? Lo hizo redondo: el héroe, el héroe que ha llevado al rey a Barcelona, ¿no?
Esto es en 1904, pero luego en el gobierno largo le lleva en unas cuantas ocasiones, implicándole en cuestiones culturales, económicas, en imponer una canonjía, acercarse a Prat de la Riba, acercarse a Cambó, asistir a una obra de teatro en catalán. El rey asistiendo a una obra de teatro en catalán que Maura le va traduciendo al oído porque el rey no sabía catalán. Entonces, claro, había unos militares también en el teatro que se irritaron profundamente porque lo consideraron una... se está vendiendo el rey, ¿no?, a los catalanes, se está humillando ante los catalanes, y hubo incluso un duelo, hubo un duelo de militares, uno de ellos apareció con una cortada en el cuello.
Sí, sí, una historia. Quiero decir, quiere acercar, quiere hacer crecer esa figura simbólica con eso y con otras cuestiones, ¿no? Y vinculándole a fiestas nacionales, etcétera. Y por otra parte, he hablado de activación simbólica, y por otra parte, desactivación política.
El rey no solamente está educado por militares, con lo cual tiende a moverse como pez en el agua en el coto militar. Incluso Maura le pide por favor que se quite el uniforme militar y se vista de civil, ¿no? Y bueno, pues se va a implicar en las campañas de Marruecos, se va a implicar en los nombramientos y en los ascensos y en las recompensas de partes hiperbólicos desde África que no se han producido, pero se va a implicar y va a ser un rey, entre comillas, así le llamaron, rey felón.
Me temo, me temo que no fue fiel a sus ministros. El propio nuncio decía: "El rey trata a sus ministros como secretarios personales." Interviene en ciertas ocasiones en contra de sus políticas, ¿no? No le respeta demasiado. A todos les llamaba de tú menos a Maura, que le llamaba don Antonio. Don Antonio y el superhombre, las dos cosas le llamaba. Sí, el superhombre. De hecho, Gabriel decía: "Puedo aguantar al superhombre, pero no soporto al superniño", ¿no? Gabriel Maura.
Sí, intenta desactivar esta parte de intrusión política del rey. ¿Por qué? Porque pensaba que iba a dañar a la institución. O sea, su pasión era por la institución, no por el rey, por la institución monárquica, ¿no? Toda la defensa. Y esos tres ministerios de los que ha hablado, de bombero de la monarquía, los hace a desgana y los hace por proteger al rey, por proteger al régimen. No tiene ningún interés, de ahí lo de estadista de guardia, ¿no? Lo hace por proteger a la monarquía. Entonces es una relación personal, desde luego, muy negativa, muy controvertida, pero política muy interesante, muy fascinante, ¿no?
Y dentro de un proyecto que, como hemos visto a lo largo de esta sesión, era una idea coherente, y pues de construcción de un país democrático a partir de elementos preexistentes, no siempre fáciles de coordinar y controlar, ¿no? Bueno, hemos llegado bastante al límite del tiempo, pero me gustaría dar la oportunidad a los asistentes de hacer algunas preguntas a María Jesús. Usen, por favor, el micrófono. Tenemos espacio para un par de preguntas del público.
Buenas tardes.
Buenas tardes.
Muchas gracias por la conferencia. Yo una cosa que no he acabado de entender es: Antonio Maura, yo creo que estamos todos de acuerdo que es fiel a sí mismo a lo largo de toda su carrera, pero, y más para un mallorquín, que sabe, que conocemos mejor que nadie de dónde venía Antonio Maura, ¿cómo es posible que surja un personaje así, un chico que llega con Madrid? ¿De dónde, cuáles son sus fuentes, sus raíces para tener un carácter y un pensamiento tan singular? Esto es lo que no acabo de entender de su figura. ¿De dónde saca todo esto?
Pues yo diría que viene de su formación. Cuando él decide estudiar derecho... él quería ser profesor de ciencias. Además, le dice a su hermano, "porque manda y se le obedece". Quería dar clases de ciencias en un instituto, tenía esa cosa entre autoritaria y pedagógica, ¿no? Porque manda y se le obedece, ¿no? Pero cuando decide estudiar derecho y entra en el mundo jurídico y escucha a los juristas, va entrando en un universo, por utilizar esa palabra que utilizaba en el primer..., que le fascina, se enamora de las leyes, entiende las leyes.
Y además su formación se desarrolla en la universidad bajo profesores institucionistas krausistas como Giner de los Ríos o como Azcárate, del que es amigo toda la vida, siendo un enemigo político con el que quedaba para fumar puros, al que le decía: "Ojalá que nuestras huestes tuvieran la cercanía que tenemos nosotros", con el que desarrolla ciertos aspectos de las leyes que he citado.
Y esos juristas y ese pensamiento... Maura no es krausista, pero sí que cree en la moralidad de las leyes, en el componente ético que tiene que tener la ciudadanía, etcétera. Entonces, es curioso, pero desde muy joven va adquiriendo primero un interés, una fe seria en la política, ¿no? Una creencia en la política como una misión, como un servicio público, como algo digno. Y al creer en eso, él también se cree digno y se cree ético y se cree puro. Y lo es, yo diría, entre comillas; no he visto en ningún momento actitudes oportunistas, etcétera.
De hecho, el lenguaje que utiliza cuando escribe a su hermano Gabriel todavía en Mallorca o cuando escribe a otros es un lenguaje casi bíblico, ¿no? "No es camino de rosas el que sigo y seguiré. Quiero hacerlo por España. Si España quiere, por mí no quedará." ¿De dónde sale eso? Pues sale de una mezcla de... decía Azcárate: "Maura no ha leído más que dos libros, el Código Civil y el catecismo". Nace de una mezcla de religiosidad, en el mejor sentido, ¿no?, de catolicismo, de moralidad, etcétera, y juridicidad. De ahí parte, ¿no?
Y bueno, claramente no le interesa la política local; ni siquiera le interesaba la política. Hay una frase muy divertida en una entrevista a un periodista portugués, dice: "Yo fui a la política como una oveja tirada de la patita", como una oveja. Me arrastraron. Yo no quería entrar, pero tenía que hacerlo, ¿no? Esa noción de servicio público, esa noción sacrificial que lo repite mucho, ¿no? Y que además va a hacer crecer en sí también una noción de superioridad que va a resultar irritante, porque le convierte en un hombre soberbio, ¿no? Que está convencido que es el que tiene la superioridad ética. Va a resultar muy irritante, incluso para sus propios compañeros de partido, ¿no? Ese superhombre, supergobernante, supermallorquín, el Goliat entre pigmeos que le llaman, ¿no?
Pero parte de ahí. No hay, si les soy sincera, no veo que cultive sus raíces mallorquinas. Muy pronto se asienta en el ámbito jurídico, político, nacional. Le importan los proyectos long term, los proyectos grandes, ¿no? Los proyectos que afectan a la nación.
Pero por tanto hay un componente muy fuerte autodidacta; no es que haya, digamos, un núcleo en Madrid de gente que sea su caldo de cultivo.
Aprende de Azcárate. Azcárate le llama maestro. Azcárate le llama maestro. Azcárate propone la moralidad laica y Maura la moralidad católica para la ciudadanía. O sea, el ciudadano de Azcárate es un ciudadano laico, moral, etcétera. Es otro prototipo. Pero aprende de Gamazo. Aprende de Gamazo, que le acoge y le deja ser pasante. Aprende en sus prácticas políticas y ve lo que no le gusta: Romero Robledo, este cacique que organiza tan sucio, ¿no?, etcétera.
Pero sí, es bastante autodidacta. De hecho, ¿cómo aprende a hablar en castellano? Pues hablando delante de un espejo y recitando a los clásicos, y se convierte en un maestro de oratoria. Cuando entra en la Real Academia Española, su discurso sobre la oratoria es excepcional. El profesor Carlos Dardé recientemente ha hecho una preciosa edición de Sobre la oratoria de Maura, ¿no? A quien le interese ese tema, ¿no? Que es... De nada.
Gracias, y muy buenas tardes. A mí me gustaría preguntar sobre la idea que tenía Maura como hombre de Estado sobre la política exterior, que por definición es una política de Estado. Él es ministro de Ultramar, luego cinco veces presidente del Consejo de Ministros, y por tanto, pues le toca ver la pérdida de Cuba, la Conferencia de Algeciras que se ha mencionado, la Primera Guerra Mundial. Entonces, ¿cuál era la visión de Maura sobre la política exterior de España a lo largo de toda su carrera?
Una pregunta fantástica, pero muy amplia. Voy a intentar resumir, a ver si puedo, sin equivocarme. Yo diría que Maura es un nacionalista introspectivo. Maura está en contra de la política colonial expansiva. Maura está en contra... por ejemplo, durante la guerra mundial, Maura propone la neutralidad, no la participación, mientras que los mauristas son germanófilos, quieren apoyar... la mayoría de los mauristas, no todos, porque están divididos en dos ramas, ¿no?
Pero el suyo es un nacionalismo y es una visión de España que es ajena a las conquistas militares o a los avances o a las expansiones. Y eso le pasa en Cuba y le pasa en Filipinas, ¿eh? Y le pasa en Marruecos, cuando pretende mantener ese statu quo y esa política de protectorado; no quiere avanzar.
Aquí, bueno, esto no tiene que ver con su pregunta, pero al haber citado Cuba, Marruecos, me falta Cataluña, ¿no? Hay un poco una idiosincrasia o una tendencia, una metodología relativamente similar, una filosofía similar con los tres núcleos, ¿no? Con Cuba, con Marruecos y con Cataluña. En los tres casos, lo que él pide es conquistar el corazón de los cubanos en el primer caso; instalar la patria, no en el territorio, sino en el corazón de los catalanes, que es el segundo caso; y respetar las costumbres, etcétera, en Marruecos. Es decir, no es expansionista agresivo, no tiene una visión de la política exterior expansiva en absoluto y desde luego es anticolonialista. Es anticolonialista. No sé si le contesto a su pregunta.
Bueno, muchísimas gracias por su intervención. Ya me habían hablado a mí de que usted había escrito un libro fantástico, mis hermanos.
Muchas gracias.
Y yo quería preguntarle: usted, que ha visitado tantos archivos, ha visto sus cartas, sus problemas sobre Cuba, sobre esta..., o sea, lo que es su escritura y su pensamiento, ¿cómo podía estar en tantas partes al mismo tiempo, incluso con su familia? Porque aquí se carteaba, preguntaba a su hermano qué hacía, cómo iban los sobrinos, los negocios. Bueno, mi abuelo era uno de sus hijos y estaba muy preocupado por mi abuelo, que era de los pequeños, y si se casaban, si no se casaban, la educación que iban a tener. No sé, era pues como un superhombre que estaba en los problemas cotidianos domésticos,
internacionales, nacionales, no sé, era como qué impresión da ver, bueno, sus cartas, ¿no? Su pensamiento.
Bueno, pues es aplastante. A ver, es aplastante el archivo Maura. Yo diría que es uno de los más importantes, no el más importante entre los políticos de la Restauración por la inmensidad de documentos que tenía, documentos propios, privados, de correspondencia, familiares, amigos, etcétera. Pero también algo que se hacía antes, que le comentaba Pablo, a veces se traían cosas de los ministerios, terminaba su labor en el ministerio y se lo llevaba para casa.
¿Cómo es posible? Sé que se levantaba a las 5 de la mañana a trabajar, que era un trabajador incondicional, un trabajador nato. Se levantaba a las 5 de la mañana y trabajaba y trabajaba, no hacía vida social, así como dato. Iba al Nuevo Club o Romanones, iban de caza al Nuevo Club, se reunían. Él hablaba de estas sesiones donde estas señoritas matraquean el piano de manera apestosa, es decir, despreciaban, ni él ni Constanza, no hacían vida social, hacían una vida meramente familiar, luego con este prurito y este carácter religioso, ¿no? Y de amor al trabajo y al deber, etcétera, y política y jurídica.
Pero es que tiene usted razón. Yo no entiendo. O sea, si uno mira, si una mira su producción en la Real Academia Española, donde dirige la reedición del diccionario, que es interesantísimo porque cambia ciertas definiciones durante su mandato, ¿sí? Por ejemplo, la de, mírenlas ustedes, la de conservador y liberal cambian bajo Maura. Conservador se va a llenar de adjetivos que le identifican con la esencia nacional, por ejemplo, cosa que no era así antes. Bueno, no voy a entrar en esto. La Real Academia de Bellas Artes, bueno, él pintaba, tenía ese hobby, ¿no? En la Academia de Jurisprudencia y Legislación. Es que es excepcional.
Y efectivamente lo que usted dice, contestaba, contestaba todas las cartas, contestaba a los políticos de segunda y contestaba a los grandes líderes y contestaba a líderes extranjeros, y su biblioteca es excepcional. Entonces yo me pregunto, si yo me pregunto de dónde se acaba el tiempo, yo también me lo pregunto, no le puedo contestar. Yo he visto lo que tiene, ¿no? El archivo es riquísimo, es inmenso, ¿no? Si es cierto eso que se levantaba a las 5 de la mañana a trabajar, a lo mejor entre eso y el agua, azucarillo y aguardiente que les daban en el Congreso a los diputados entonces en esa época, que les daban para que no se cansaran, no lo sé. Sí, es cierto que tenía
de nada.
Pues bueno, María Jesús, ha sido un auténtico gusto tenerte aquí, conocer mejor durante este tiempo a un mallorquín tan importante. Les animamos a que el que le interese pueda descubrirlo mejor leyendo la biografía que hemos traído. También quisiera mencionar un proyecto en el que María Jesús ha participado, que es el documental Maura en 10 trazos, que se va a emitir por IB3 este sábado. Les animo también a que lo
Participamos muy colateralmente,
bueno, pero seguro que ha sido una aportación importante,
pequeñita.
Pues bueno, muchísimas gracias y gracias a ustedes por su tiempo esta tarde.
[aplausos]
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