Mühlberg, 1547: una escaramuza de caballería convertida en la imagen oficial de la victoria de Carlos V
Fundación Juan MarchEn la tercera conferencia del ciclo «Batallas de la Era de los tercios» de la Fundación Juan March, el historiador Álvaro Soler del Campo explica la batalla de Mühlberg (1547), en la que Carlos V derrotó a los príncipes protestantes de la Liga de Esmalcalda. La conferencia se anunció con el título «contexto, desarrollo e iconografía», pero el ponente advierte al principio que ha cambiado el planteamiento. Mühlberg está tan respaldada por imágenes que prefiere que la iconografía acompañe todo el relato de los hechos, en lugar de reservarla para el final. Solo al cierre dedica un apartado breve a lo que llama iconografía «de segundo nivel», que considera también muy importante.
Su pregunta central aparece al final de la charla: ¿qué fue realmente Mühlberg? Su respuesta es que, sin la captura del elector de Sajonia, habría pasado a la historia como una simple escaramuza de caballería.
De las 95 tesis a la guerra de Alemania
Soler del Campo resume con rapidez los antecedentes. Todo empieza en 1517, cuando Lutero expone sus 95 tesis contra las indulgencias. En ellas denuncia que la Iglesia cobre por ellas y defiende que lo importante es la introspección y el reconocimiento de las faltas personales. En 1521 Carlos V convoca la Dieta de Worms. Allí se pide a Lutero que exponga su pensamiento, y el resultado es el Edicto de Worms, que prohíbe sus postulados.
El ponente subraya un dato para entender todo el conflicto. Entre los años veinte y los cuarenta, Carlos V pasa en total 16 años fuera de Alemania. En su opinión, eso alarga el problema y favorece más a los luteranos que a la política imperial. En 1530 el emperador regresa «cargado de victorias»: ha sido coronado en Bolonia por el papa y se ha impuesto a Francia en la cuestión italiana. Exige entonces a los príncipes protestantes que declaren su fe, y así nace la Confesión de Augsburgo, considerada la primera exposición de los principios del luteranismo. La respuesta católica es la Confutatio. Para entonces, según el ponente, el Edicto de Worms apenas había tenido efecto, porque el luteranismo se extendía por Alemania y cada vez más ciudades y príncipes lo adoptaban.
En ese contexto, Felipe de Hesse y Juan Federico de Sajonia, cabezas del bando protestante, crean la Liga de Esmalcalda. Su objetivo es proteger las ideas reformadas y también los territorios de los príncipes frente a la política de los Habsburgo. Carlos vuelve a ausentarse de Alemania, y queda al cargo su hermano Fernando, rey de romanos. El ponente explica que Fernando tenía una capacidad de movimiento limitada, porque sus intereses en Bohemia le obligaban a atender otros asuntos además de la lucha contra el protestantismo.
Túnez, Argel, Brunswick y una armadura de 1544
La campaña de Túnez de 1535 contra Barbarroja fue la gran victoria de Carlos V en el norte de África. Le valió ser presentado como un nuevo Escipión. El ponente recuerda que en pleno Renacimiento la propaganda imperial comparaba a Carlos con los emperadores romanos y al Imperio otomano con los cartagineses, como si aquellos enfrentamientos repitieran las guerras púnicas más de mil años después. Esta conexión le interesa porque, según anticipa, Túnez y Mühlberg acabarán ligadas desde un punto de vista ideológico.
En 1541 llega el desastre de Argel. Se quiso repetir la hazaña de Túnez, pero una tormenta terrible hundió media flota, y militarmente la operación tampoco fue buena. En 1542 ocurre algo que podría parecer anecdótico: los miembros de la Liga de Esmalcalda invaden los territorios del duque de Brunswick. Soler del Campo explica que los acuerdos entre electores prohibían los enfrentamientos directos entre ellos. Esa invasión rompía la norma imperial, y Carlos V podía usarla como pretexto para empezar la guerra de Alemania. En 1543 llegan la campaña de Cleves, una victoria importante en una plaza estratégica, y la alianza de Enrique VIII con Carlos V contra Francisco I. En 1544 se produce la campaña de Francia, en la que el emperador llega a acercarse a París, y después la paz de Crépy, que fue solo momentánea.
El ponente destaca 1544 por otro motivo: ese año se forja la armadura que Carlos V llevará en Mühlberg. No se hizo para la guerra de Alemania, sino muy probablemente para la campaña de Francia. Le parece muy raro que el emperador usara la misma armadura entre 1544 y 1547, porque solía encargar algún arnés complementario cada año o año y medio. Su explicación es la enfermedad: la gota le hacía mucho daño y, al parecer, con esa armadura se encontraba especialmente cómodo para soportar los rigores de la guerra. En 1545 empieza el Concilio de Trento, y en 1546 estalla la guerra de Alemania, en la que se enmarca la campaña de Mühlberg.
Los protagonistas: el duque de Alba y los dos Sajonias
El ponente insiste en las edades de los protagonistas: casi todos rondan los cuarenta años. El duque de Alba, figura clave de la campaña, tiene 39. Soler del Campo advierte que la imagen poderosa que hoy tenemos del duque se forjó años después de Mühlberg. En 1547 era todavía un hombre muy arrojado. Según cuenta, con unos 17 años y sin avisar a su padre se marchó al asalto de Fuenterrabía de 1524. Combatió casi toda su vida y ganó poco a poco la confianza de Carlos V. En Túnez mandó la caballería y en los años cuarenta consolidó una carrera ascendente, cuya «guinda del pastel» fue Mühlberg. Pero aún no había sido virrey de nada: era una figura importante de la corte cuyo gran poder estaba todavía por llegar.
Junto a él aparece Mauricio de Sajonia, primo segundo del elector Juan Federico de Sajonia. Juan Federico era a su vez yerno de Felipe de Hesse, y ambos eran los líderes de la Liga. El ponente plantea la pregunta evidente: ¿qué hacen dos miembros de la misma familia en bandos opuestos? Su respuesta es que en la guerra de Alemania la religión está presente, pero el componente político es igual de importante. Carlos V, aun en guerra con los príncipes protestantes, les concedía favores e intentaba templar la situación, porque eran electores del imperio y no podía prescindir de ellos. A Fernando le ocurría lo mismo: cuando necesitaba ayuda para defenderse del turco, los primeros a quienes debía pedirla eran precisamente esos príncipes.
La casa de Sajonia se había dividido en dos ramas con el tratado de Leipzig de 1485: la albertina y la ernestina. En 1547 Mauricio representa a la primera y Juan Federico a la segunda. El ponente describe como «diplomacia fina» la labor de zapa del emperador con Mauricio, protestante, para atraerlo a su bando. Lo que estaba en juego era la dignidad de elector: si se unía a Carlos y todo salía bien, Juan Federico dejaría de ser elector y el cargo pasaría a Mauricio. «Religión y política está completamente entrecruzada», resume.
Los cronistas, testigos de la batalla
Soler del Campo dedica un espacio a unos protagonistas de los que, según dice, nunca se habla en las conferencias: los cronistas. Sin ellos no se conocería con tanto detalle lo que pasó en Mühlberg. Le llama especialmente la atención Luis de Ávila y Zúñiga, comendador mayor de Alcántara y capitán general de la caballería. Ávila no se separó de Carlos V durante la batalla y fue testigo directo de todo lo ocurrido. Su relato es muy preciso, igual que los de Alonso de Santa Cruz y Diego Núñez de Alba. Los Diálogos del soldado ofrecen también una buena descripción. Sandoval, el gran biógrafo de Carlos V, reúne fuentes diversas pero sigue sobre todo a Ávila. A estas se suma una obra de finales del siglo XX, de Cadenas y Vicente, que recoge escritos de embajadores y cartas en las que Carlos V, Felipe II y otros miembros de la familia imperial cuentan lo sucedido.
La iconografía que guía el relato: Tiziano, Ávila, Vico y Alba de Tormes
El ponente avisa con humor de que el público acabará «un poquito harto» del retrato ecuestre de Tiziano. Pero lo considera la pieza clave de todo el montaje simbólico en torno a la batalla. En 1548 Tiziano pinta en Augsburgo dos cuadros de Carlos V con las armaduras de Mühlberg. Ese año coinciden en la ciudad el pintor, el emperador y el armero que hizo la armadura, Desiderius Helmschmid, el principal armero de Augsburgo y proveedor imperial. Por eso, según el ponente, no hay error posible: lo que Carlos llevaba en la batalla era exactamente lo que se ve en el cuadro, y además se conservan las piezas. Los problemas aparecerán en otros detalles.
En el retrato ecuestre, Carlos va equipado como caballería ligera. El segundo cuadro se perdió en el incendio del palacio de El Pardo de 1604, en el que ardió una galería de retratos reales. Se conoce por una copia de Pantoja de la Cruz, en la que el emperador va armado como caballería pesada, salvo la armadura de piernas, que no lleva puesta.
Hay dos documentos más que el ponente considera muy importantes. Su preferido es un dibujo «tan naíf» del propio Luis de Ávila, de unos 9 por 11 centímetros. En ese cuadradito está contado todo lo importante de la batalla, porque quien lo hizo fue uno de sus protagonistas y sabía dónde había que fijarse. El otro es la famosa estampa de Enea Vico de 1551, contemporánea de los Tizianos y de las principales obras creadas para recordar la batalla.
El tercer gran conjunto es el torreón de Alba de Tormes, en Salamanca. Soler del Campo recuerda con cariño su primera visita, poco después del estreno de Gladiator, cuando comparó al duque con Máximo Décimo Meridio: un general que combate en el Danubio y vuelve a sus campos de cereal en Hispania. Alba de Tormes era el lugar de descanso del duque, donde estaba su familia. El ponente bromea con que cada vez que iba allí salía «con un hijo nuevo». Del castillo, arrasado, queda el torreón llamado «de la armería», decorado con frescos de la batalla. En primer plano, la pintura es muy manierista, «muy a la romana». Pero al ponente le interesan los segundos planos, donde se narran tres escenas: el cruce del Elba, el enfrentamiento en el bosque de Lochau y la captura de Juan Federico de Sajonia.
Soler del Campo sostiene que en ese torreón no cabía una armería, y mucho menos la de un duque de Alba. Le parece más factible que el duque mandara decorar la sala para guardar allí la armadura de la batalla y los trofeos conseguidos en Mühlberg, como una especie de panteón. Menciona además los tapices de las jornadas de Alemania del Palacio de Liria, en Madrid, que forman parte de la colección de la Casa de Alba. También cita las poco conocidas pinturas del palacio de Oriz, en Navarra, hoy en el Museo de Navarra. Según el ponente, algún miembro de la familia propietaria debió de estar en Mühlberg, porque mandó pintar una sala cuadrada y grande dedicada únicamente a la campaña del Danubio, incluido el asalto de Ingolstadt, y a Mühlberg. Estas pinturas sirven para saber qué equipo llevaban y qué cuerpos de ejército intervinieron.
Guarniciones de armadura: pesada, media y ligera
Para seguir la batalla, el ponente explica un concepto técnico. Cuando se habla de las armaduras de Carlos V o del duque de Alba no se trata de una sola armadura, como la que se ve en la esquina de un restaurante o de un parador. Se trata de una «guarnición»: un conjunto de muchas piezas que, combinadas de distintas formas, dan armaduras para usos diferentes.
La caballería pesada corresponde a las armaduras de «hombres de armas», con casco cerrado y el cuerpo cubierto por completo de piezas cerradas. Hay una tipología intermedia, más ligera y móvil, con escarcelas articuladas que cubren los muslos y grebas de una sola pieza en lugar de dos. La caballería ligera lleva el mínimo imprescindible: cota de malla, peto y espaldar. En los cascos de los modelos más ligeros, la pieza de protección facial tenía un botón que permitía subirla, bajarla o incluso quitarla. Todas las piezas de una misma guarnición se reconocen por la decoración, porque en las armaduras de lujo los patrones son exclusivos.
El «ADN» de la armadura de Mühlberg es una banda central dorada, grabada al aguafuerte, con festones apuntados a ambos lados, «como unos piquitos». El ponente asegura que, ante cualquier pieza de cualquier colección del mundo, puede decir si pertenece o no a la guarnición de Mühlberg según tenga o no esa decoración. Ese rasgo será decisivo en el juego iconográfico y en la propaganda imperial posterior.
Lo que llevaba Carlos V y dónde está hoy
El propio Ávila describe el equipo del emperador, y su descripción coincide con el Tiziano. Algunas piezas se conservan en la Real Armería. El peto pintado por Tiziano es el mismo que se guarda allí. En la copia de Pantoja aparece negro, algo que el ponente atribuye a una «manía» del pintor, probablemente para que la obra encajara en la biblioteca de El Escorial, su destino final. Los brazales también coinciden. Del casco no se sabe con seguridad cuál es, porque se conservan dos de esa tipología.
La caballería ligera con la que va vestido Carlos se ha llamado de «herreruelos». Se distingue por un casco de tres crestas, que en el cuadro aparece gris porque estaba forrado de piel. Por eso el casco original no tiene decoración. Según el ponente, ciertas pieles absorben el agua y protegen el casco de la corrosión, además de resguardar un poco al jinete de la intemperie. Como buen herreruelo, Carlos lleva una pistola colgada del arzón, porque este tipo de jinete debía tener un arma de fuego. El ponente cree que probablemente esas pistolas también se conservan en Madrid, igual que la testera del caballo que aparece en el cuadro. La configuración de caballería pesada también se conserva montada.
La armadura del duque de Alba está hoy en Viena. El ponente explica por qué. Fernando del Tirol, que combatió en Mühlberg junto a su padre, el rey de romanos, tuvo una «idea magistral»: escribir a todo el mundo, enemigos y turcos incluidos, pidiendo que le enviaran una armadura si querían ser considerados héroes de su tiempo, para formar una armería de héroes en el castillo de Ambras, en Innsbruck. «¿Quién no va a querer ser un héroe?», comenta. Felipe II envió una de Carlos V y otra de Fernando el Católico. El duque de Alba mandó la que había usado en la guerra de Alemania, y se conserva la carta en la que lo explica. Lo mismo ocurrió con una de las armaduras que Mauricio de Sajonia llevó a la campaña. El ponente supone que en el tren imperial Carlos llevaba las dos armaduras pintadas por Tiziano («una seguro y la otra casi seguro») con muchas piezas de complemento, para decidir cada mañana si iba como caballería ligera, pesada o infantería.
Húngaros, pistolas de rueda y arcabuces
Otro cuerpo decisivo, y según el ponente una novedad de los años cuarenta, es la caballería ligera húngara, dependiente de Fernando. Se distingue por un escudo especial, no cuadrangular, con una punta que protege al jinete y le deja la cabeza libre para ver lo que ocurre. Ávila y Zúñiga los considera «los mejores caballos ligeros del mundo». Soler del Campo adelanta que fueron clave en la batalla. En los frescos de Alba de Tormes se distinguen los tres tipos de caballería: hombres de armas, herreruelos con cascos de tres crestas y húngaros.
El ponente no se detiene en la infantería, porque las formaciones de los tercios se habían tratado en la conferencia anterior, ni en la artillería, de la que solo muestra un cañón contemporáneo con las armas imperiales. Sí explica el arma de fuego de la élite: la pistola de rueda, una de las primeras armas de ignición semimecánica. Se le daba cuerda con una palomilla, que tensaba un muelle interior. Al disparar, la pirita o el pedernal bajaba contra la cazoleta mientras la rueda giraba, y la ignición era así mucho más segura y rápida. Aunque se habla de antecedentes hacia 1515–1520, según el ponente las primeras armas de rueda realmente controladas aparecen hacia los años treinta. En 1547 estaban, por tanto, naciendo y eran alta tecnología militar. Los arcabuceros regulares usaban armas de serpentín con mecha, más sencillas. El ponente subraya la «cantidad brutal» de armas de fuego presentes en Mühlberg y la experiencia y potencia de fuego de los tercios. Y deja planteada la pregunta de si Mühlberg fue realmente una batalla y quién tuvo más importancia en ella.
Una Alemania protestante y los negocios de Augsburgo
Con un mapa, el ponente muestra la extensión de la Liga. Cita a un cronista, que no recuerda si fue Ávila o Núñez de Alba, según el cual «de Colonia para allá toda Alemania es protestante». Lo compara con decir que desde Lisboa hasta Valencia toda la península lo fuera. Dentro de ese territorio señala un círculo de ciudades especialmente combativas, entre ellas Augsburgo.
De Augsburgo cuenta una anécdota que le parece «muy divertida». La ciudad fue de las primeras en sublevarse, pero una fuente dice que al mismo tiempo dejaba entrar a los criados del emperador que iban allí a encargar armas o a pagar las ya hechas. Alba y Carlos llegaron a Mühlberg con armaduras de Helmschmid, y probablemente también el resto de la alta aristocracia española. Eran objetos carísimos, «fortunas». El ponente resume la actitud de Augsburgo con un «business is business»: la mezcla de política, religión y negocio era constante.
Del Danubio al Elba: de la guerra de desgaste a la ofensiva rápida
En 1546, para la campaña del Danubio, se concentran fuerzas: el tercio de Nápoles de Alonso Vivas, el de Lombardía de Rodrigo de Arce y las tropas de Álvaro de Sande, llegadas desde Hungría. Cuando la campaña terminaba y los tercios estaban a punto de disolverse, rebrotaron los problemas con los luteranos.
Siguiendo a Julio Albi, Soler del Campo contrapone las dos campañas. En el Danubio se evitó el choque frontal y se buscó desgastar al enemigo con escaramuzas y encamisadas. Las encamisadas eran golpes nocturnos en los que los soldados llevaban la camisa por fuera para reconocerse en la oscuridad: quien la llevaba era «de los nuestros». La campaña del Elba fue distinta, y el ponente lo atribuye al «genio de Alba». En un territorio absolutamente hostil, Alba entendió que las operaciones debían ser casi una blitz: rápidas, contundentes, entrando en cuña, para impedir que el enemigo se reagrupara y reuniera una fuerza superior.
El detonante fue que Juan Federico, al volver del Danubio, atacó territorios de Mauricio y de Fernando. Carlos decidió reaccionar y envió al marqués de Brandemburgo con 1.800 caballos y parte de la infantería. Los luteranos, «inexplicablemente» según el ponente, lo capturaron y lo encerraron en Gotha, una fortaleza tan poderosa que Carlos mandó arrasarla hasta los cimientos después de Mühlberg.
El emperador partió desde las cercanías de Augsburgo y tuvo que recorrer unas dos terceras partes de Alemania lo más rápido posible, pasando por Nördlingen y Núremberg. Las fuerzas se concentraron en Eger, la actual Cheb, en la República Checa, donde Carlos se reunió con Fernando y Mauricio. Desde allí avanzaron hacia el Elba junto a las cordilleras, mientras limpiaban la retaguardia de lo que Juan Federico iba dejando atrás. Según las cifras que maneja el ponente, en Eger los imperiales sumaban 17.000 infantes y 5.000 caballos, y Juan Federico 10.000 y 4.000. Al llegar a Mühlberg al elector le quedaban 6.000 infantes y había perdido cerca de mil jinetes por el camino.
Meissen: prisa, cansancio y reputación
En Meissen, ya sobre el Elba, surgieron dos problemas. El militar: si el enemigo se encerraba en Meissen y los imperiales se detenían a sitiarla, perderían tiempo y el elector podría escapar. De Eger a Mühlberg hay unos 160 kilómetros en línea recta, y tardaron solo 12 días. La infantería estaba agotada, y Carlos llegó a ordenar un respiro, porque aquella gente llevaba diez días andando sin parar. Pero detenerse daba ventaja al elector.
El segundo problema era de reputación, y el ponente lo ilustra con Núñez de Alba. Según el cronista, si el enemigo seguía corriendo por Alemania «a la iguala», el emperador perdería gran reputación. Soler del Campo interpreta ese «a la iguala» en términos de caballería: 5.000 caballos frente a 4.000. En una guerra rápida la infantería estorba, y lo que cuenta son los jinetes. Si no actuaban bien, el desprestigio podía hacer que los enemigos de ese «territorio comanche» se unieran contra ellos. Por eso los cronistas advierten que cuanto más se adelantaban para que el elector no escapara, más crecía el peligro.
El paso del Elba
En Mühlberg la desproporción era enorme, según el ponente: 17.000 infantes contra 6.000, y aproximadamente el doble de caballería. Pero sostiene que la infantería solo fue decisiva en el cruce del río. Toda la batalla duró unas ocho horas. Con una foto actual del lugar, pide imaginar un paisaje parecido: una orilla despejada con bosques detrás, el ejército protestante enfrente y el imperial en la otra ribera. Los protestantes tenían 21 piezas de artillería frente a las que el ponente cree que eran tres de Carlos. El fuego de cañones y arcabuces obligó a los imperiales a resguardarse entre los árboles.
Alba ideó entonces una maniobra de distracción. Envió jinetes húngaros hacia Torgau, donde se pensaba que Juan Federico quería refugiarse. Si el elector llegaba a Torgau, se haría fuerte y esperaría refuerzos de las ciudades protestantes cercanas, más al norte. Podría reunir así un ejército muy superior, y la campaña habría terminado. El ponente describe la maniobra como un «trampantojo». Los árboles impedían a Juan Federico ver cuántas fuerzas imperiales había, y temió una maniobra en pinza, así que decidió moverse hacia Torgau.
Mientras tanto hubo un intenso fuego cruzado, bien visible en la estampa de Vico. Según las fuentes, como el alcance de los arcabuces imperiales no bastaba, los arcabuceros entraron en el agua para ganar metros. Varias descargas potentes sembraron cierto pánico entre los protestantes, y el elector ordenó la retirada.
El ejército imperial llevaba un puente de barcas en varias secciones, pero no bastaba para cubrir los unos 300 pasos (200 metros) de anchura del Elba. Los protestantes tenían tres secciones de otro puente de barcas en su orilla, y el objetivo pasó a ser capturarlas. Alba ya había hecho una descubierta con jinetes húngaros y había pagado a un vecino de Mühlberg para que cruzara y le informara de si el elector estaba allí y de si había un vado. El duque observó además que la orilla protestante era más alta y tenía muros de piedra en un punto. Dedujo que, si esa zona estaba más fortificada que el resto, era porque allí estaba el vado; en lo demás, «el río se defiende solo».
Llega entonces uno de los momentos clave, protagonizado por completo por la infantería. Diez infantes se lanzaron al agua con las espadas en la boca para capturar las secciones del puente. Juan Federico había ordenado quemarlas y había colocado arcabuceros dentro para disparar a quien se acercara. Aun así, los diez, luego recompensados por Carlos V, lograron tomar las tres secciones, que serían vitales para el paso del resto del ejército. Al mismo tiempo, otro vecino de Mühlberg, a quien los sajones habían robado dos caballos, indicó por venganza a Carlos V otro vado para la caballería.
El ponente matiza que aquel paso no fue sencillo. Según los embajadores italianos, algunos caballeros españoles confesaron haber pasado muchísimo miedo al cruzar, y dijeron que no lo habrían hecho si el emperador no se hubiera lanzado primero al agua con su caballo. En los frescos de Alba de Tormes se ven la captura de las plataformas, la infantería disparando, los tercios preparándose y la caballería ligera de Alba con los húngaros batiendo ya la otra orilla. En otra escena, que el ponente recomienda mirar con prismáticos, aparecen Alba cruzando primero, el vecino señalando el vado con el dedo y Carlos V con la caballería pesada, seguido de los tercios.
Sobre la vanguardia, el ponente señala que las fuentes coinciden bastante, quizá porque se copian o porque tenían información parecida. La mayor divergencia está en Núñez de Alba, que cifra la caballería pesada en 2.300 efectivos frente a los 1.820 de Ávila y Santa Cruz. Primero cruzó la caballería ligera con Alba (herreruelos y húngaros), luego la pesada con el emperador, y entre ambas, arcabuceros a caballo. Alba tuvo además otra idea, que el ponente ilustra con un dibujo de la revista Desperta Ferro. Como aún no podían pasar ni la artillería ni la infantería sin riesgo de que se ahogaran, cada jinete ligero llevó a la grupa a un arcabucero de los tercios. Así, con 1.800 caballos cruzaban también 1.800 infantes.
El crucifijo tiroteado, el bosque de Lochau y la captura del elector
Soler del Campo destaca un episodio que, según dice, los historiadores militares nunca mencionan. Unos protestantes dispararon contra una imagen de Cristo en un crucero de un camino y le dieron uno o dos balazos. El emperador se enfureció y, según recoge la fuente, dijo que iba a vengar las injurias de Nuestro Señor. Fue entonces cuando decidió seguir a la vanguardia de Alba. Comenzó una gran persecución en la que Carlos iba tras la estela de Alba, algo separado porque el polvo no le dejaba ver, lo que le permitía también cubrir los flancos. Llegaron así a un bosque a unos 29 kilómetros de Mühlberg. El ponente pide imaginar la paliza que eso supuso para un hombre enfermo.
Allí contactaron con el ejército sajón. Unos arcabuceros españoles a caballo lanzaron una descarga contra el bosque, cundió el pánico entre los sajones, y los húngaros, la caballería ligera y la pesada aprovecharon para cargar. Según Ávila y Zúñiga, sembraron el campo de muertos. Un poco más allá capturaron al elector.
En el cuadro de Tiziano que conmemora la captura, Juan Federico aparece con una cuchillada en la cara: un hombre herido y enfermo. Según la costumbre alemana, debería haber desmontado, quitado el guante y tocado la mano del emperador para rendirse, y así lo representa un grabado. Pero, según el ponente, no ocurrió así. Carlos no le dejó bajar del caballo al verlo agotado; las fuentes dicen que estaba gordo, cansado y «fatal». Juan Federico le llamó emperador, y Carlos le reprochó que antes le llamaba «Carlos de Gante», como para ningunearlo. Cuando el elector le pidió clemencia, Carlos respondió que lo castigaría como merecía. Alba, capitán general del ejército, lo condenó a muerte, aunque la condena se levantó después.
Aquí aparece, según el ponente, un elemento muy importante para la imagen imperial: el paralelo con Julio César. El «vine, vi y vencí» se transforma en «vine, vi y Dios venció». Los frescos de Alba de Tormes representan también los muertos de la batalla.
Sobre el destino de los protagonistas, Soler del Campo menciona que la alianza de Mauricio con el emperador duró poco: en 1552 volvió a coaligarse contra él y liberó a Juan Federico. Juan Federico y Felipe de Hesse permanecieron presos hasta ser liberados con la paz de Passau.
Mühlberg como imagen oficial de la victoria imperial
A partir de ahí nace el mito, y las imágenes de Carlos en Mühlberg circulan en todo tipo de soportes. El ponente vuelve a Túnez. En los tapices conmemorativos de aquella campaña, realizados justo después de Mühlberg, el emperador aparece con la armadura de Mühlberg, reconocible por los festones apuntados. Por eso se había detenido antes en ese detalle: está «omnipresente».
La imagen llegó incluso a México. Entre 1557 y 1598, año de la muerte de Felipe II, artesanos mexicas hicieron para el rey una adarga de plumas de colibrí con las victorias contra el islam: Granada, Las Navas de Tolosa, Túnez y Lepanto. En la escena de Túnez, «qué casualidad», aparece el Carlos V de Mühlberg según Tiziano. El ponente cita también las famosas esculturas de los Leoni del Museo del Prado, todas con la armadura de Mühlberg. Resume que Mühlberg se convierte en la imagen oficial de la victoria del emperador.
Las estampas, distribuidas por toda Europa, generaron a su vez otras obras. Una de ellas es un enfriador de vino con la escena de Enea Vico en el fondo. Otra es un escudo de parada milanés de los años sesenta o setenta, una pieza de superlujo cuya escena central reproduce ese grabado. Para el palacio del Buen Retiro, Antonio Arias Fernández pintó a Carlos V con la armadura de Mühlberg junto a Felipe II con la de San Quintín: las armaduras de las dos campañas emblemáticas de cada uno. El ponente constata que esta imagen ha llegado hasta hoy, también en las colecciones reales. En la Real Armería se exponen la configuración de caballería pesada y, según el Tiziano ecuestre, la de caballería ligera. «Milber es Milber», concluye.
¿Batalla o escaramuza?
Al final, Soler del Campo responde a la pregunta que había dejado abierta. En su opinión, sin la captura de Juan Federico de Sajonia, Mühlberg habría pasado a la historia como una escaramuza. Pidiendo permiso por la frivolidad, la compara con una película de indios y vaqueros: persecución, parada, disparo, nueva persecución, hasta la captura. No fue, dice, una batalla clásica de dos ejércitos inmóviles en un campo concreto, sino una persecución de ocho horas con recorridos de 30 o 40 kilómetros galopando sin descanso.
Los tercios fueron importantes en el paso del Elba. Todo lo demás, según su conclusión, fue una batalla de caballería, o más bien una escaramuza de fuerzas de caballería prolongada durante muchísimos kilómetros. Que un enfrentamiento así se convirtiera en la gran imagen triunfal de Carlos V es, precisamente, lo que la iconografía mostrada a lo largo de la conferencia permite entender.
Hoy vamos a hablar de la batalla de Mühlberg. Voy a hacerme un autospoiler porque lo habíamos titulado en principio Contexto, desarrollo e iconografía. Lo que pasa es que la materia de Mühlberg es uno de estos hechos históricos que tiene tal apoyo de imágenes que al final he pensado que es mejor que la iconografía acompañe en lo que es toda la narración de todos los sucesos que van relacionados con la batalla, con independencia de que luego hagamos un pequeño resumen final, un pequeño capítulo final más centrado en iconografía general de, digamos, segundo nivel, pero también muy importante.
Bien. Para intentar localizar la batalla rápidamente, vamos a hacer un repaso histórico de dónde venimos. Muy rápido. Evidentemente todo este problema surge en 1517 cuando Lutero expone sus 95 tesis contra las indulgencias, en las que, bueno, denuncia la práctica de la Iglesia de cobrar las indulgencias y viene a decir que, bueno, lo más importante es la introspección en el reconocimiento de las faltas personales, etcétera, y es lo que va a dar lugar a todo lo que va a venir después, ¿no?
Lutero. En 1521, Carlos V convoca la dieta de Worms. En la dieta de Worms, lo que se le pide a Lutero, bueno, pues que exponga cuál es su pensamiento; la consecuencia es el edicto de Worms, prohibiendo y yendo en contra de los postulados de Lutero.
Justo al año siguiente, 1522, 1530, es muy importante en toda esta historia tener en cuenta que entre los años 20 y los años 40, cuando se celebra la batalla, en total Carlos V va a estar 16 años fuera de Alemania. Eso quiere decir que es un problema que se está alargando en el tiempo y que corre más a favor de los luteranos que de la propia política imperial, ¿no?
En 1530 vuelve, vuelve cargado de victorias. Para empezar, ha sido la coronación en Bolonia con Clemente VII, ha tenido ya su supremacía sobre Francia en toda la cuestión italiana, y lo que le exige a los príncipes protestantes es que declaren su fe en lo que se conoce como la Confesión de Augsburgo, que presenten, bueno, pues cuáles son sus alegaciones, ¿no?, que se considera la primera exposición de los principios del luteranismo.
La confesión está seguida de la Confutatio, en la que se rechaza desde el pensamiento católico todas las propuestas de Lutero, ¿no? Aquí ya el edicto de Worms de 1521 no ha tenido prácticamente ninguna trascendencia por la simple razón de que el luteranismo se estaba extendiendo por toda Alemania y cada vez era abrazado por más ciudades y por más príncipes, ¿no? Aun con esas, el, digamos, bando protestante, por decirlo de alguna manera, Felipe de Hesse y Juan Federico de Sajonia, que son sus cabezas principales, deciden la creación de la Liga de Esmalcalda para proteger no solo las ideas, sino también los territorios de los príncipes protestantes en contra de la política de los Habsburgos, ¿no?
Después de Esmalcalda, Carlos vuelve a ausentarse de Alemania y, aunque en estos periodos, bueno, siempre queda alguien a cargo del imperio, fundamentalmente Fernando, su hermano, la capacidad de movimiento es relativa, porque en el caso de Fernando, que es el rey de romanos en este momento, bueno, pues no tiene la movilidad que podía tener Carlos, por la simple razón de que, al estar en Bohemia y seguir actuando sobre Alemania, pues tiene otro tipo de intereses que compensan toda esta lucha contra el protestantismo.
En el 35 se produce la campaña de Túnez, en el norte de África, contra Barbarroja. Es la gran victoria en el norte de África de Carlos V. Eso le sirve para ser considerado como un nuevo Escipión. Hay que tener en cuenta que estamos en el Renacimiento y en este momento, en todo lo que es la propaganda imperial, se va a hacer un paralelo entre Carlos como emperador equiparable a los emperadores romanos y el Imperio otomano equiparable a los cartagineses en las guerras púnicas. Es como si todos estos enfrentamientos fueran reproducciones de las guerras púnicas 1000 años después, ¿no? O mil y pico años después, en el Mediterráneo.
Bien, en el 35 vamos a ver cómo Túnez y Mühlberg, en cierta manera, desde un punto de vista ideológico, van a estar ligadas. Se van a conectar las dos campañas, ¿no?
41. El desastre de Argel es un auténtico desastre militar. Se quería repetir la gesta del 35 y aquello acabó con una tormenta espantosa que hundió media flota, y dejando aparte que militarmente pues tampoco fue buena para el bando imperial. En el 42 pasa una cosa, y es que los integrantes de la Liga de Esmalcalda invaden los territorios del duque de Brunswick. Esto, que podía ser una cosa anecdótica, va a ser también muy importante. ¿Por qué? Porque según los acuerdos entre los electores alemanes no puede haber enfrentamientos directos entre ellos, y el hecho de que hayan invadido los territorios de Brunswick está rompiendo esa norma imperial, que puede ser usada por Carlos V como excusa para empezar la guerra de Alemania, ¿no?
De hecho, las hostilidades, los problemas con el bando protestante no paran. En el 43 se produce la campaña de Cleves, que se salda con una victoria muy importante en esa plaza tan estratégica de Carlos contra los protestantes, y también la alianza de Enrique VIII con Carlos V contra Francisco I de Francia, ¿no?
44 es la campaña de Francia; Carlos V incluso se acerca a París. Es también en este momento cuando se va a producir la paz de Crépy, que pone una paz, bueno, momentánea entre ellos. Pero el 44 también es un año para nosotros importante, porque en el 44 es cuando se forja la armadura que va a utilizar Carlos V en Mühlberg. Es decir, esta armadura, que luego la veremos, que va a tener una trascendencia iconográfica tremenda en todo el Renacimiento, no se hace para Mühlberg, no se hace para la guerra de Alemania, se hace para la campaña de Francia, muy probablemente para la campaña de Francia. Es muy raro, además, que una persona como Carlos V esté utilizando la misma armadura entre el 44 y el 47, cuando es un señor que en un año, año y medio mínimo, se está encargando algún tipo de arnés complementario. ¿Por qué pasa esto? Porque está enfermo. Porque la gota le está haciendo muchísimo daño y, bueno, parece ser que con esta armadura se encuentra especialmente cómodo y puede sufrir todo lo que es el rigor de una guerra, ¿no?
Pero la situamos aquí en el 44. 45 es el inicio del Concilio de Trento para reformular todo el pensamiento de la Iglesia católica, y en el 46 ya empieza la guerra de Alemania, en la que se enmarca la campaña de Mühlberg.
Bueno, les vamos a hacer un rápido repaso sobre quiénes son los protagonistas para que puedan luego seguir bien qué es lo que pasa en Mühlberg. Tenemos que saber quiénes son los protagonistas, por lo menos conocer algunos de los principales hitos iconográficos que nos van a llevar en esa narración, y también junto con esto vamos a ir viendo pues cómo se va a ir planteando todo el problema, ¿no? Bueno, Carlos V, les voy a hablar de él. Fernando, su hermano, que es el rey de romanos. Fíjense en las edades, es importante por una cosa que luego vamos a ver: están todos en torno a los 40 años, son todos cuarentones, por decirlo de alguna manera.
El Duque de Alba, que es una figura clave en toda esta campaña, tiene 39 años. Vamos a ver quién es el Duque de Alba. El Duque de Alba es un señor del que nosotros tenemos esta imagen, de ese poder y toda la imagen forjada en torno a él, que es cuando él es años después de la batalla de Mühlberg, ¿no? En Mühlberg él es una persona muy arrojada. En el año 24, siendo muy joven, con 17 años creo que tenía, sin hacer caso a su padre, sin decirle nada a su padre, se va a todo el asalto de Fuenterrabía. Es decir, es una persona que está combatiendo prácticamente toda su vida, va ganando en distintas acciones militares la confianza de Carlos V y se va convirtiendo cada vez más en un hombre muy cercano a él. Participa en Túnez, en la campaña del 35, está al mando de la caballería en el norte de África y está empezando una carrera ascendente que se va a consolidar en los años 40, y la guinda del pastel va a ser Mühlberg. Pero no es ese gran duque que tenemos todos. Todavía no ha sido virrey de nada; es una figura muy importante en la corte, pero emergiendo ese gran poder que va a tener poco después, ¿no? Prácticamente poco después.
Y con él, Mauricio de Sajonia. Mauricio de Sajonia pertenece a la misma familia, es primo segundo del elector Federico de Sajonia, y Federico es yerno de Felipe I de Hesse. Ellos dos son los líderes de la Liga de Esmalcalda y los que hacen que surja la Liga de Esmalcalda. Y es muy importante este tipo de relaciones, entre otras cosas, porque me dirán: ¿qué hacen dos de la misma familia en bandos opuestos? Bueno, hay que tener en cuenta que en toda la guerra de Alemania, evidentemente, la cuestión religiosa está presente, como es lógico, pero también hay un componente político muy importante, tan importante como que Carlos V, a pesar de estar en guerra con los príncipes protestantes, más de una vez está concediendo favores, está intentando templar las cosas, porque no dejan de ser electores del imperio; o sea, son personajes de los que no puede prescindir. Igual que Fernando, su hermano, no puede ir contra los protestantes abiertamente, porque cuando se trata de defenderse del turco, a los primeros que va a pedir ayuda para la defensa contra el turco va a ser a estos príncipes. Es decir, hay unos juegos de poder que se mezclan con toda la cuestión religiosa.
La casa de Sajonia se divide en el tratado de Leipzig de 1485 en dos ramas. A la muerte de Federico II deja parte de las posesiones a Alberto, a uno de sus hijos, y la otra parte a Ernesto. Esto da dos bandos, el bando albertino y el bando ernestino, cuyos representantes en el momento de Mühlberg son, entre los albertinos, Mauricio, y entre los ernestinos, Juan Federico. Esto es lo que explica qué es lo que está queriendo Mauricio. Eso también es diplomacia fina por parte del emperador, que hace una labor de zapa con Mauricio, que es protestante, para que se una a su bando. ¿Qué es lo que está en juego? El cargo de elector. Si te unes conmigo y al final todo esto sale bien, Juan Federico va a dejar de ser el elector y el próximo elector vas a ser tú, ¿no? Es decir, aquí todo se entrecruza; religión y política están completamente entrecruzadas.
Y luego hay otros protagonistas de los que nunca se habla en conferencias, pero yo quiero hablar un poquito de ellos, muy poquito, que son los cronistas. Sin estos señores no hubiéramos tenido el detalle que tenemos sobre qué es lo que pasó en Mühlberg. Entonces es fundamental por lo menos, como mínimo, recordarles, ¿no? Porque yo voy a estar hablando de ellos constantemente, porque son los testigos. Entre ellos, a mí me llama especialmente la atención Luis de Ávila y Zúñiga. Luis de Ávila y Zúñiga es comendador mayor de Alcántara, capitán general de la caballería, y es una persona que no se separa de Carlos V en Mühlberg; de hecho, es capitán general y va pegado a él. Es un testigo directo de la batalla. Sabe perfectamente lo que ha pasado allí en todo momento, ¿no? Y es un relato muy preciso. Junto con él, el de Alonso de Santa Cruz y el de Diego Núñez de Alba; los Diálogos del soldado también son una buena descripción de la batalla. Sandoval, que es el gran biógrafo de Carlos V, recoge fuentes de distintos sitios, pero sigue muchísimo especialmente a Ávila. Y luego hay una obra moderna de Cadenas y Vicente, muy moderna, bueno, de finales del siglo XX, donde se recogen los escritos de los embajadores y las cartas que Carlos V y Felipe II, bueno, se intercambian y se mandan otros miembros de la familia imperial contando qué es lo que ha pasado.
Bien, como decía, es importante tener en cuenta toda esta iconografía principal que nos va a guiar. Van a acabar ustedes un poquito hartos del famoso cuadro, el retrato ecuestre de Tiziano, [risas] pero es que es la pieza clave de todo este montaje simbólico en torno a la batalla. Además, tenemos la costumbre de decir el Tiziano de Mühlberg, ¿no? Los Tizianos de Mühlberg. En el 48 Tiziano pinta dos cuadros de Carlos V con armaduras de Mühlberg. Cada cuadro responde a una cosa. El famoso ecuestre es como él, al parecer, está en la batalla, porque lógicamente es Carlos V el que le dice a Tiziano: "A ver...". El cuadro se pinta en Augsburgo en el 48. En el 48 están en Augsburgo juntos Tiziano, Carlos V y el armero que hace la armadura, que es el principal armero de Augsburgo, el armero imperial, Desiderius Helmschmid. Sabemos perfectamente quién lo ha hecho, incluso conservamos los objetos, como vamos a verlo ahora, ¿no? Entonces, no hay error. O sea, lo que él llevaba en la batalla era exactamente esto. Nos van a dar problemas otros detalles que ahora veremos, ¿no? Aquí él va según la caballería ligera, con un equipamiento de caballería ligera. Lleva, bueno, ahora lo vamos a ver en detalle a continuación, pero me van a estar oyendo constantemente caballería ligera, caballería pesada, etcétera, ¿no? Para que vayan fijando un poco la imagen y puedan reconstruir mentalmente, con apoyo de estas imágenes, qué es lo que pasó en Mühlberg.
Y sin embargo, se hizo otro cuadro, perdido; se quemó en el famoso incendio del Pardo de 1604, donde se queman una serie de retratos en una galería de retratos reales. Bueno, que fue una pérdida lamentable, pero ese Tiziano se conoce por una copia de Pantoja de la Cruz donde él, salvo la armadura de piernas, que no la lleva puesta, todo lo demás que lleva va equipado según la caballería pesada, ¿no? Y ahora lo vamos a ver junto con los Tizianos.
Dos documentos muy importantes. Para mí, mi preferido es este dibujito tan naíf, que es un dibujito del propio Luis de Ávila, pero en ese cuadradito, que el son nada, es así de pequeñito, es, no sé, 9 por 11, no tiene más. En ese cuadrito está contada toda la batalla; todo lo importante de la batalla está ahí dentro, porque lógicamente el que lo hace es uno de sus protagonistas, sabe perfectamente dónde se tiene que fijar, ¿no? Y son los sitios en los que nos vamos a ir fijando nosotros para ver el desarrollo. Lo otro es la famosa estampa de Enea Vico del año 51. Hay que tener en cuenta que este dibujo es exactamente contemporáneo a los Tizianos y a todas las principales obras que se van a generar para recordar la batalla: el de Enea Vico.
Y luego hay un sitio muy especial para mí, muy especial. Yo la primera vez que vine aquí en verano, pues un día, esto es otro viaje, pero bueno, se acababa de estrenar la película Gladiator y me acordaba de Máximo Décimo Meridio. Digo: "Bueno, este hombre era como el duque de Alba: está en el Danubio, se va a sus posesiones en Hispania, en esos campos de cereal y demás". Esta es en la actualidad cómo se ve Alba de Tormes, en la provincia de Salamanca. Con ese gran torreón; falta el resto del castillo, que evidentemente, bueno, está arrasado, se ha excavado y todo, está arrasado, pero bueno, digamos que sería como una especie de torre central.
Pero lo importante de este sitio es que el Duque de Alba, cuando quiere paz, cuando acaban las guerras, adonde viene es aquí. Aquí es donde viene a relajarse, aquí es donde está su familia y aquí es donde cada vez que viene sale con un hijo nuevo. Entonces, bueno, es el sitio de relax. Y en este sitio de relax, este torreón, que se llama el torreón de la armería, es importantísimo porque está decorado con los frescos de la batalla de Mühlberg. Son unos frescos maravillosos. Si no han estado nunca aquí, yo les recomiendo, es una excursión a 2 horas y pico de Madrid maravillosa. Se va y se vuelve en el día, y merece la pena ver toda esta narración de la batalla, ¿no? En un primer plano es una pintura muy manierista, muy a la romana, muy clásica, muy en el contexto renacentista al que está, pero lo interesante es todo lo que está detrás. En los segundos planos; no me interesa tanto este primer plano como todo lo que está narrado ahí detrás en cada una de las escenas. Son tres escenas. La uno es el cruce del Elba, la dos es el enfrentamiento en el bosque de Lochau y la tercera es la captura de Juan Federico de Sajonia, ¿no?
Y junto con él, con ellos, que son...
Bueno, es importante también decir que en el torreón donde están estas pinturas le llaman de la armería. Ahí no cabe una armería, y mucho menos una armería de un duque de Alba. Lo que es muy factible es que ese torreón, esa sala, la manda decorar el duque de Alba porque ahí va a tener la armadura de la batalla y ahí va a tener todos los trofeos que él consigue en la batalla de Mühlberg. Es como una especie de panteón, ¿no?
Y junto con ellos, también relacionado con la casa de Alba, son los famosos tapices. Aquí he traído un detallito, los tapices de las jornadas de Alemania que están en el Palacio de Liria, aquí en Madrid. Forman parte de la decoración del museo de la fundación Casa de Alba.
Y otras pinturas muy interesantes y muy desconocidas son las pinturas de Oriz. Oriz es un palacio en Navarra. Actualmente estas pinturas están en el Museo de Navarra, en Pamplona. Es un palacio de una familia cruzada, creo recordar, que uno de sus miembros debe estar en Mühlberg, porque hace pintar una sala entera, y es una sala grande, casi como de aquí hasta el fondo y completamente cuadrada, dedicada única y exclusivamente al desarrollo no solo de Mühlberg, sino de la campaña del Danubio, porque se representa también el asalto de Ingolstadt, y eso pertenece a la campaña anterior, para saber qué es lo que llevan en la batalla y entender los cuerpos de ejército que hay ahí. Bueno, os he traído estas imágenes.
Tengo que explicarles una cosa. Nosotros, cuando hablamos de una armadura, siempre pensamos en una armadura que está en una escalera o en una esquina de un restaurante o en un parador de turismo y cosas así. Bueno, cuando hablamos del duque de Alba y de Carlos V, eso no es una armadura. Eso es una armadura que forma parte de una cosa que nosotros llamamos guarniciones de armaduras. ¿Qué es una guarnición de armadura? Es como un kit de muchísimas piezas que, según las combines, puedes crear armaduras que sirven para una cosa o sirven para otra.
Y aquí, en este caso, aunque esto es un pelín, no cuadra exactamente con Mühlberg, pero sí cuadran las tipologías y nos vale para explicarlo, es cómo tenemos que distinguir. Cuando hablemos de caballería pesada, vamos a tener que pensar en estas armaduras que se llaman de hombres de armas, ¿no? Son bien con los cascos cerrados, con el cuerpo completamente cubierto de piezas cerradas; por eso se les llama pesadas, ¿no? Porque va 100% protegido.
Luego hay una tipología, son para caballo. Hay otra tipología de caballo, que es esta, la C, que es un poquito más ligera, mucho más móvil, con estas escarcelas, que son las piezas que cubren los muslos, todo completamente articulado para que te puedas mover sin ningún tipo de problema. Y tienen, en vez de tener las grebas, que son estas piezas de aquí debajo, de los pies, cerradas con dos piezas, solo tienen una pieza. Es decir, es un poquito más ligera que las anteriores.
Y luego está el modelo de caballería ligera, que es, digamos, el mínimo imprescindible, ¿no? Con cota de malla, con su peto, con el espaldar. Y tanto en esta como en estas, si se fijan, estos cascos que tienen como tres piezas aquí, estas piezas tenían un botoncito, y de hecho nosotros conservamos algunos cascos de estos todavía, que das al botoncito y se baja y se sube. Incluso te la puedes quitar; es decir, si te molesta, la puedes bajar, la puedes quitar, puedes jugar con ella para estar lo más cómodo, protegido o no protegido.
Bien, en una guarnición podríamos tener tres armaduras de estas, según queramos, pero ¿cómo se uniforman? ¿Cómo sabemos que pertenece a una guarnición? Por la decoración. En una armadura de lujo, los patrones son exclusivos. No hay dos armaduras de lujo iguales. Y esta que tienen aquí es la armadura de Mühlberg.
¿Cómo se diferencia Mühlberg de cualquier otra armadura del mundo? Muy fácil. Me ponen cualquier pieza de cualquier colección del mundo, una pieza del siglo XV, y yo le digo si es o no es Mühlberg porque no tenga esta decoración o porque la tenga. Esa decoración es una banda central dorada. En el interior está grabada al agua fuerte y dorado. Y si se fijan, tiene unos festones a los dos lados de la banda que son como unos piquitos, como unas formas así apuntadas. Ese es el ADN de Carlos V en Mühlberg, y eso es lo que vamos a estar viendo en el resto de todas las obras de arte posteriores. Si no tienen eso, no es Mühlberg. Y ahí es donde entra el juego con la iconografía y con todo el tema de la propaganda imperial, ¿no? Como ya veremos.
Bueno, ¿cómo iba en Mühlberg? Bueno, el propio Luis de Ávila nos lo dice, que se corresponde perfectamente con el Tiziano; no hay ningún problema de identificación. Y de hecho, algunas de las piezas de esta armadura las podemos identificar en la actualidad. Se conservan en la Real Armería. Este peto pintado por Ticiano es el mismo aquí. Bueno, este es el Tiziano original, el peto según Pantoja de la Cruz. Y me dirán: "¿No es el mismo porque es negro?" Bueno, esto es una manía que le dio a Pantoja, probablemente para que quedara bien en la biblioteca de El Escorial, que es para donde se acaba destinando la copia de Pantoja, ¿no? Los brazos son los mismos que tienen aquí en el cuadro, y el casco pues no lo sabemos con seguridad porque tenemos dos cascos de esta tipología.
La caballería ligera con esta, tal y como va vestido Carlos V, se le ha llamado también de herreruelos, un tipo especial de caballería ligera, que se distinguen por estos cascos con estas tres crestas. Problema: que estos cascos ven en el cuadro que es gris, pero porque están forrados de piel. Se forran de piel y, como hay piel, no se decoran. En el casco original, como pueden ver, no hay decoración. ¿Por qué piel? Porque la piel también absorbe el agua. Hay tipos de pieles que absorben el agua, protegen el casco de la corrosión y al mismo tiempo pues te están amparando un poquito en caso de que tengas inclemencias.
Carlos V, el Tiziano, como buen herreruelo, además lleva una pistola colgando del arzón, porque es fundamental, tienen que tener un arma de fuego, y aquí la lleva. En el cuadro posiblemente es una pistola de esta tipología, por lo que se ve en el cuadro. Probablemente estas pistolas también se conservan en Madrid, y se conserva también la testera que aparece en el cuadro, ¿no?, del caballo.
Y esta es la otra armadura. Aquí tienen, por ejemplo, la escena de caballería pesada. Aquí conservada también, montada esta armadura. ¿Cómo sería el cuadro si él se hubiera puesto el casco, ¿no?
También se conserva la armadura del duque de Alba, que está en Viena actualmente. ¿Por qué está en Viena? Porque Fernando del Tirol, que está en Mühlberg con su padre, el rey de romanos, con Fernando I, también participa en la batalla, tiene una idea magistral, que es mandar cartas a todo el mundo, enemigos incluidos, turcos incluidos, y decirles: "Si quieres ser considerado un héroe de nuestro tiempo, mándame una armadura, regálame una, que me estoy haciendo una armería de héroes en el palacio de Ambras, en Innsbruck". Entonces, claro, ¿quién no va a querer ser un héroe? Todo el mundo le manda una armadura. Y entonces Felipe II manda una de Carlos V, una de Fernando el Católico, y esta la manda el duque de Alba, porque además se conserva la carta del duque de Alba a Fernando II: "Bueno, te mando esta, que es la que yo usé en la guerra de Alemania". Esta está en Mühlberg.
Y lo mismo pasó con Mauricio de Sajonia. Esta es una de las armaduras que lleva Mauricio de Sajonia a la campaña de Mühlberg. Y fíjense, en el tren de avituallamiento imperial probablemente Carlos V llevaba las dos armaduras que hemos visto representadas por Ticiano, una seguro y la otra casi seguro, con un montón de piezas de complemento. Según me levanto yo esta mañana y vaya a caballería ligera, a caballería pesada o a infantería, me voy a poner este modelo, este modelo o este modelo, ¿no? Solo ellos lo pueden hacer.
Y luego otro cuerpo de ejército que interviene en Mühlberg y es fundamental. Sin ellos pues la cosa pudiera haber sido bastante distinta, y es una novedad. Es en este momento cuando empiezan a tener gran relevancia, en los años 40, de militar, ¿no?, que es la caballería húngara. Los húngaros, que dependen de Fernando, bueno, porque vienen evidentemente de lo oriental, es caballería ligera que se distingue por un tipo de escudo muy especial. Como pueden ver en el centro de esa foto, no son cuadrangulares, tienen una punta para que tú puedas protegerte, pero con la cabeza libre para poder ver qué es lo que está pasando. Y son unos excelentes jinetes, ¿no? Y de hecho Ávila y Zúñiga dice: "Son los mejores caballos ligeros del mundo". Esta gente es clave en la batalla, como veremos.
Esto es un detalle de las pinturas de Alba de Tormes, y aquí tienen pues los distintos tipos de caballería, ¿no? Los hombres de armas, que es la caballería pesada, los herreruelos con sus cascos de tres crestas, como Carlos V, y por aquí los húngaros, ¿no?
La infantería. Bueno, vamos a ver, no me voy a meter mucho en la infantería porque además antes de ayer Davide ya les estuvo contando formaciones de tercios. Tampoco me voy a meter mucho en la artillería; siempre les he traído este cañón contemporáneo a Mühlberg de Carlos V con las armas imperiales. Pero ¿cuál es el tipo de arma de fuego que utiliza, digamos, la élite del ejército? Son las primeras armas semimecánicas de ignición, que se llaman pistolas de rueda.
¿Ven que tiene una especie de circulito? Eso es como un muelle; tiene una palomilla para darle cuerda. Tú lo que haces es que le das cuerda, se queda un tercio de vuelta una pieza interior, un muelle interior que gira loco. Bueno, gira loco, gira un cuarto. Y entonces, cuando el gatillo, con la pirita o con el pedernal, baja y pega contra donde está la pólvora, la cazoleta donde está la pólvora, esa rueda gira y hace que la ignición sea mucho más segura y mucho más rápida.
Pero esto en este momento es altísima tecnología. Las primeras armas de rueda, aunque dicen que hay antecedentes en el 1515, 1520, las primeras armas de rueda de verdad controladas están en torno a los años 30; es decir, en este momento están todavía naciendo, pero son alta tecnología militar en el siglo XV, ¿no?
Y esta otra pieza, también contemporánea a la batalla, ¿no?, lo que tiene que llevar la infantería, sobre todo los cuerpos de arcabucería. La gran importancia de los tercios en este momento es que es gente muy experimentada y con una gran potencia de fuego. Y esto va a ser importante en Mühlberg, la cantidad brutal de armas de fuego que hay allí metidas, ¿no? De hecho, luego ya nos tendremos que plantear si Mühlberg fue una batalla y quién es el que tuvo más importancia en ella, ¿no?
Pero bueno, lo que llevan los arcabuceros normales, por decirlo de alguna manera, el cuerpo regular, son armas de serpentín, no tan sofisticadas como las otras, que es la típica arma que habrán visto millones de veces, que es un serpentín con una mecha, y cuando disparas, pues esa mecha da en la cazoleta y es lo que permite la ignición.
Bueno, en este contexto, la Liga de Esmalcalda es todo lo que están viendo aquí en púrpura, en dos tonos. Y si se fijan, yo me he fijado aquí en dos escenarios: este escenario, que es la cuenca del Danubio, con las ciudades protestantes, y estas son las ciudades protestantes del... Hay un cronista... Y aquí están Colonia, etcétera, las ciudades católicas, ¿no?
De hecho, Colonia, que está aquí, no me acuerdo qué cronista fue, Ávila o Núñez de Alba, uno de estos dice: "De Colonia para allá toda Alemania es protestante". Es algo así como decir que desde Lisboa hasta Valencia toda la península es protestante. O sea, no te molestes, no vas a encontrar católicos por aquí, ¿no? Colonia está aquí; dice que desde Colonia hasta Bohemia son todos protestantes. Pero hay un círculo aquí muy importante, que son las ciudades más peligrosas, ¿no? Las más combativas, por decirlo de alguna manera, para el emperador.
Y entre ellas Augsburgo. Augsburgo, aunque está en Baviera, pero lo he traído por una cosa muy divertida. Augsburgo se supone que es la primera que se subleva, o una de las primeras que se subleva, pero sin embargo, miren lo que dice. Dice: "Y con esto, porque en el mismo tiempo dejaban entrar en su ciudad a todos los criados de su majestad que iban allí a hacer armas o a pagar las que habían hecho".
De Desiderius Helmschmid, de Augsburgo. Alba llega a Mühlberg con una armadura de Desiderius Helmschmid. Carlos lleva una armadura de Desiderius Helmschmid. El resto de la alta aristocracia española muy probablemente llevan armaduras suyas, y son objetos terriblemente caros, pero carísimos. Son fortunas poder pagar una armadura como esta, pero fortunas. Y entonces, claro, los de Augsburgo dicen: "No, nosotros somos luteranos, nosotros nos sublevamos, pero si queréis venir a pagar las armas, no hay ningún problema". Business is business, o sea, aquí no tiene ningún problema. Esta mentalidad con la política y con la religión pues es constante, ¿no?
Bien. En el año 46, la campaña del Danubio, hay una concentración de fuerzas. Vienen los tercios de Nápoles, de Alfonso de Vivas, desde Italia; el tercio de Lombardía también, de Rodrigo de Arce; de Hungría viene Álvaro de Sande, desde Bohemia, y hay toda una concentración para la campaña del Danubio, ¿no? Y cuando, al final de la campaña, están a punto de disolverse, es cuando empiezan a surgir otra vez los problemas con los luteranos, ¿no?
Estas dos campañas, como ha señalado muy bien Julio Albi, se distinguen en esa serie de puntos, ¿no? En el Danubio, digamos que no hay mucha prisa: vamos a evitar el encuentro frontal, no nos matemos directamente, pero vamos a desgastar mucho. Vamos a hacer constantemente escaramuzas, encamisadas. Las encamisadas son operaciones, golpes nocturnos en los que los soldados españoles, o que van con los españoles, se quedan en camisa para distinguirse. Si vas con camisa, eres de los nuestros. Si no llevas camisa, no eres de los nuestros. Porque en la noche es difícil identificarse, y la forma de identificarse era llevar camisa o no llevar camisa. Entonces, pues se llaman encamisadas, ¿no?
Bueno, la cuestión es que, mientras que la campaña del Danubio es una guerra de desgaste, la campaña del Elba es distinta. ¿Por qué es distinta? Y esto se debe al genio de Alba. Alba lo tuvo muy claro: me voy a meter en un territorio muy complicado, un territorio absolutamente hostil. Y en un territorio hostil, mis operaciones militares tienen que ser casi una blitz, rápida, muy contundente, entrando en cuña y lo más fuerte posible, y sobre todo para impedir que se reagrupen, para impedir que puedan tener una fuerza mayor que la nuestra, ¿no? Ese es el objetivo cuando empieza la campaña.
Bueno, de hecho, en la campaña, cuando empieza, Carlos V está en Ulm, y miren dónde está Mühlberg; o sea, se tiene que recorrer... Ulm está aquí, al lado de Augsburgo, y Mühlberg está aquí arriba, al lado de Torgau. O sea, se tienen que recorrer prácticamente, bueno, pues dos terceras partes de Alemania lo más rápidamente posible. Sale de Ulm, van a Nördlingen, a Núremberg, y mandan concentrar fuerzas en Eger.
Bueno, Eger, según las fuentes, actualmente se llama Cheb, en la República Checa. Y ahí es donde se va a encontrar Carlos con Fernando y con Mauricio de Sajonia.
Entre tanto, lo que había pasado, el motivo por el que hay que mover el ejército y no disolver algunos tercios, es que Federico de Sajonia, cuando vuelve después de la campaña del 46 en el Danubio, ataca territorios de Mauricio y ataca territorios de Fernando. Y entonces Carlos dice: "No, hay que reaccionar contra este ataque, tenemos que ir contra ellos". Y en ese contra ellos manda al marqués de Brandemburgo con 1800 caballos y parte de la infantería, y resulta que lo acaban capturando; o sea, inexplicablemente le acaban haciendo prisionero los luteranos y le meten aquí, en Gotha, en una superfortaleza que luego, después de la campaña de Mühlberg, Carlos V manda arrasar hasta los cimientos, porque es un castillo poderosísimo y muy peligroso como para que nadie se quede ahí dentro, ¿no?
Bien, desde Eger tienen que cruzar. Bueno, Mauricio y Fernando estaban ya
más al norte. Vuelven, Carlos sube desde el sur, cruzan por aquí y empiezan a recorrer hacia el Elba, que está aquí, pues todo este territorio pegado a las cordilleras, ¿no? En ese movimiento por delante va Federico y en ese movimiento se van cargando los restos del ejército que van pillando por la retaguardia, van haciendo limpieza de todo lo que Federico estaba dejando detrás, ¿no?
Y así vemos cómo en la concentración de fuerzas imperiales en Eger, pues tenemos 17.000 efectivos de infantería y 5.000 caballos, ¿no? Mientras que Federico en este momento, cuando ellos están todavía en Eger, cuenta con 10.000 y 4.000. En esa operación de voy camino del Elba destruyendo ejército protestante, pues vemos que al principio de la campaña tenían 10.000. Cuando llegan a Mühlberg les quedan 6.000 y han perdido prácticamente 1.000 jinetes en el camino, ¿no? Hay aquí una pequeña desproporción de fuerzas.
Bueno, llegan a Meissen y Meissen ya es el primer problema. Meissen ya está en el Elba, más abajo está Dresde. Cuando llegan a Meissen hay dos problemas, uno de tipo político y otro de tipo militar. De tipo militar, en el texto de arriba: si se encierran en Meissen y nosotros nos paramos para atacar Meissen, vamos a perder mucho tiempo y le estamos dando tiempo al elector para que se escape. No podemos permitirlo. Por eso estaban haciendo esa guerra tan rápida para poder llegar.
Hay que tener en cuenta que desde Eger solo tardaron 12 días en llegar a Meissen, ¿no? Hay 160 km desde Eger a Mühlberg en línea recta. Tardan 12 días y la infantería está agotada. De hecho, cuando llegan a Meissen, Carlos dice: "Parad, que esta gente lleva 10 días andando sin parar a toda velocidad". Y no les puede fundir, les tiene que dejar un poquito de respiro. Pero claro, si me paro, le estoy dando ventaja al elector. Eso es una consideración.
La otra consideración, y muy interesante, de Núñez de Alba: "y la fama de cómo estaban los enemigos con nosotros a la iguala correría por Alemania y su majestad con su campo perdería en ella gran reputación". A la iguala es que uno tiene 5.000 caballos, otro tiene 4.000 caballos. Él no está pensando en la infantería. Si yo me tengo que mover rápido, a mí la infantería me estorba. Yo lo que necesito es caballería y por eso dice: "Estamos igualados. Como no lo hagamos bien, va a correr la fama en desprestigio del emperador y puede que todos estos que estamos en territorio comanche se nos unan contra nosotros".
Es una situación muy delicada y por eso dicen de Alba, "aunque él se acordase se acrecentase el peligro": cuanto más me adelanto para que no se me escapen, más peligroso se está volviendo la situación contra mí, ¿no?
Bueno, cuando llegamos a Mühlberg, la desproporción de fuerzas es bestial, 17.000 contra 6.000 solo en infantería y, bueno, más o menos, que hay el doble de caballería. Pero claro, la infantería en este momento, vamos a ver para qué sirve. Sirve para esto. Aquí la infantería en Mühlberg de verdad, su punto fuerte fue cruzar el Elba. El resto de lo que fue la campaña, ahí ya no tenemos. Hay que tener en cuenta que la batalla viene a durar 8 horas, no dura más. Y todo esto está pasando en 8 horas, ¿no?
Cuando llegan a esta orilla del Elba, esto es Mühlberg en la actualidad, pues esto es lo que tienen que cruzar. Y entonces, claro, ellos ven una orilla. Vamos a imaginarnos que en el momento de la batalla el paisaje debía ser muy parecido al de esta foto, porque dicen: tenemos la orilla limpia y luego tenemos unos bosques detrás, tenemos unos árboles detrás. Pero claro, ahí delante tenemos a todo el ejército protestante y el ejército imperial está aquí.
Y al principio pues se quedan ahí en la orilla, ¿no? Pero pronto, claro, tarda nada en que empiecen las hostilidades. Al otro lado tienen 21 piezas de artillería contra, creo que eran tres, las que lleva Carlos. Y claro, 21 cañones batiendo y todos los arcabuceros batiendo, pues obliga a que el ejército imperial se resguarde en esos árboles. Digamos que estamos en espejo, ¿no? Hay que imaginar esa orilla igual que donde estamos nosotros ahora, a nuestro lado, ¿no?
Y en ese momento, cuando empiezan las refriegas, Alba tiene una gran idea y es hacer una maniobra de distracción. La maniobra de distracción es mandar húngaros a Torgau, que es donde se piensa que se quiere refugiar Federico de Sajonia. Si Federico de Sajonia se mueve a Torgau, la cosa está perdida porque se va a hacer fuerte y va a esperar a que el resto de las ciudades protestantes que tiene muy cerca, un poco más al norte, le den apoyo y pueden crear un ejército muy superior al de Carlos V y aquí se acaba la campaña, ¿no? Con lo cual había que impedir que él llegara a Torgau.
¿Qué es lo que hacen? Mandan húngaros a Torgau, empieza la artillería de Torgau a repeler. Es un trampantojo lo que están haciendo. Y entonces lo que piensa Federico es que si estos se meten en Torgau, no sabe cuánta gente, porque los árboles no le dejan ver cuántas fuerzas imperiales hay al otro lado. Si se meten ahí me pueden hacer una maniobra en pinza. Si me hacen una maniobra en pinza, estoy perdido. ¿Y qué es lo que decide? Moverse: voy hacia Torgau. Tengo que seguir por el... No me puedo quedar en Mühlberg.
Y aquí, en esta escena de Vico, que es muy gráfica, pues vemos cómo las dos fuerzas, de todo lo que son arcabuceros y artillería, como decía, se hace un fuego cruzado, y llega un momento en que además el alcance de los arcabuces del ejército de Carlos V no es suficiente y se dice que los arcabuceros tienen que entrar dentro del agua para poder acercarse más, ganar metros y ser más eficaces contra los protestantes.
Bueno, la cuestión es que al final hacen varias andanadas muy potentes y consiguen que las fuerzas protestantes pues empiecen a entrar un poco en pánico y ya el elector decide que se tiene que retirar, que tiene que seguir a Torgau. El ejército de Carlos V llevaba un puente de barcas en varias secciones, pero para los 300 pasos, 200 m que tenía el Elba de ancho, no le da el puente de barcas. Y sin embargo, los protestantes en su lado sí tenían un puente de barcas, tenían tres secciones de un puente de barcas que Federico estaba moviendo con él. Decidieron: claro, si el mío es pequeño y tengo tres allí, lo que tengo que hacer es hacerme con esas, ¿no?
Previamente el duque de Alba, también con jinetes húngaros, había hecho una descubierta por todas las orillas; se estaba informando: a ver qué es lo que tengo al otro lado. De hecho, manda a un vecino de Mühlberg, le paga para que cruce el río, se vaya al otro lado y le diga si está o no el elector, cosa lo más importante, y también que le informara de si había o no un vado. Mühlberg en realidad era un puente con un castillo que está protegiendo, bueno, pues un vado.
Y él se da cuenta de que la orilla donde están los protestantes es más alta que la orilla donde está el ejército imperial y además tiene muros de piedra. Dice: pues si esto está fortificado, no es que esté fortificado, está más fuerte que el resto de la orilla, es porque el vado está aquí. Por aquí es por donde se puede cruzar, por eso lo están defendiendo. En todo lo demás el río se defiende solo, ¿no?
Y entonces lo que se produce es uno de los momentos claves, y esto es protagonizado 100% por la infantería, que es: 10 infantes se tiran al agua con las espadas en la boca para capturar las secciones del puente de barcas que estaban al otro lado. Previamente Federico había mandado quemarlas, ¿no?, que no se hagan con ellas, y les había metido arcabuceros dentro para que al que se acerque le dispararan. Bueno, pues estos 10, que luego fueron recompensados por Carlos V, consiguen tomar esas tres secciones del puente, que luego será vital para poder hacer pasar al resto del ejército.
Y al mismo tiempo, otro vecino de Mühlberg, al que le habían robado dos caballos los sajones, en venganza le dice a Carlos V: "Por aquí hay otro vado y por aquí podéis pasar con la caballería". A ver, pasar con la caballería relativamente, porque los embajadores italianos, entre otras cosas, dicen que algunos caballeros españoles me han confesado que habían pasado muchísimo miedo al cruzar el río. Y si no lo hubiéramos hecho, si no es porque Carlos se tiró al agua con su caballo... O sea, si el emperador no es el primero que se tira, los demás dicen: "No, aquí te metes tú, yo no me voy a meter". Y al final pues acaban metiéndose todos, que es el segundo paso en este dibujito de Ávila y Zúñiga, ¿no?
Ahí capturan el puente de barcas. Esto es una escena también de Alba de Tormes donde se ve perfectamente cómo están capturando las plataformas de los puentes de barcas. Está toda la infantería imperial disparando y preparándose los tercios para el cruce, y al mismo tiempo la caballería ligera del duque de Alba ya ha cruzado con los húngaros y están empezando a batir la orilla donde está el elector de Sajonia, que evidentemente sale corriendo. Tiene muy claro que aquí yo no me voy a quedar y me voy.
Y bueno, fuerzas de vanguardia: como siempre, en todas las fuentes hay divergencias, pero en el caso de Mühlberg no hay tanta divergencia. O se están copiando o tienen información muy parecida. La máxima divergencia es Núñez de Alba, que está cifrando la caballería pesada en 2.300 efectivos contra 1.820 que están marcando Ávila y Santa Cruz, ¿no? Son fuerzas, bueno, más o menos.
Pero aquí se ve bien un poquito cómo se componía esa vanguardia que cruza primero el Elba. Primero cruza la caballería ligera con el duque de Alba, luego va a cruzar la caballería pesada con el emperador. Hay también formaciones de a caballo, arcabuceros a caballo entre los dos, evidentemente los herreruelos y los húngaros, que son los primeros que cruzan con Alba, ¿no? Toda esa caballería ligera.
Esta escena de Alba de Tormes es fantástica porque aquí se ve... esto es muy pequeñito y encima está arriba del todo y en segundo plano, pero si van a Alba de Tormes llévense unos prismáticos, que lo van a ver todo perfecto. Aquí tenemos al duque de Alba, que es el primero que cruza, aquí con su caballería ligera. Y aquí tenemos al vecino de Mühlberg con el dedito diciéndole al emperador: por aquí, aquí tiene el vado. Y aquí está Carlos V con toda la caballería pesada y detrás vienen los tercios preparándose para poder cruzar, ¿no?
Alba además tiene una idea maravillosa. He cogido este dibujo de la revista Desperta Ferro y la idea es: bueno, como todavía no voy a poder pasar ni la artillería ni la infantería porque se me van a ahogar aquí, todos los caballos ligeros que monten a un miembro de los tercios, a un arcabucero, en la grupa del caballo y que crucen juntos. Entonces, claro, si cruzas 1.800 caballos, estás cruzando 1.800 infantes con los caballos y estás agilizando que la infantería llegue al otro lado del Elba.
Y aquí se produce algo muy importante que a mí me ha llamado mucho la atención porque los historiadores militares nunca hablan de ello. Y es que unos protestantes fusilan una imagen de Jesucristo en un crucero, en un camino, y le pegan uno o dos balazos. Eso significa que el emperador se enfada. Y como recoge, dice: "Voy a vengar las injurias de nuestro Señor". Y dice: "Y con esto pasó adelante". Aquí dijo: esto se ha acabado. O sea, ya os habéis pasado, ahora me voy a vengar. Y es cuando él decide seguir a la vanguardia de Alba, que estaba por delante. Bueno, aquí están las imágenes del crucifijo.
Y se pone una gran persecución en la que va siguiendo la estela de Alba, pero se tiene que separar un poquito porque el polvo no le deja ver, y así aprovecha también para cubrir los flancos, hasta que llegan a un bosque a unos 29 km de Mühlberg. Imagínense la paliza de una persona enferma, además. Llegan y hacen contacto con el ejército de Sajonia.
Por contarlo muy rápidamente, la caballería húngara... hay unos arcabuceros españoles que sueltan una andanada montados, sueltan una andanada contra el bosque, se produce un poco de pánico de los sajones y aprovechan los húngaros, los caballeros ligeros y la caballería pesada para hacer una gran descarga contra ellos y sembrar, como dice Ávila y Zúñiga, el texto de muertos, ¿no? En ese momento, al que capturan evidentemente, bueno, un poco más allá después de este choque, es al elector.
En el cuadro de Tiziano conmemorativo de la captura ya se le ve hasta la acuchillada. Es un hombre herido y enfermo. Según la costumbre alemana, se tendría que haber quitado el guante y tocar la mano del emperador para rendirse, bajándose del caballo, que es lo que recoge este grabado. Pero eso no sucedió. Lo que pasó fue esto: Carlos V no le deja bajarse del caballo. Le ve hecho polvo. Además lo dicen: está gordo, está cansado, está fatal. Y que no se baje del caballo.
Y le hace un reproche. Él le llama emperador, Federico a Carlos, y Carlos le reprocha, le dice: "Tú me llamabas Carlos de Gante", o sea, me estabas ninguneando, "y ahora me estás llamando emperador". Y el otro le pide que sea clemente. Dice: "No, te voy a castigar como se te debe castigar". Bueno, el castigo es que Alba le condena a muerte. Luego le levantan la condena, pero de entrada te condena a muerte. Alba es el capitán general de todo el ejército de Mühlberg, ¿no?
Y aquí se produce algo muy importante de cara a la imagen imperial, es el paralelo con Julio César: vine, vi, y él cambia y dice "y Dios venció". Pero esto evidentemente deja muertos. Esto es la representación de los muertos en Mühlberg, según Alba de Tormes. Ahí tienen las cifras.
¿Qué pasa con cada uno? Pues a Mauricio le dura poco, digamos, la alianza con el emperador, porque en el año 52 se vuelve a coaligar contra él. Además libera a Federico. Federico está en prisión hasta que es liberado. Y Felipe de Hesse también está en prisión hasta que es liberado por la Paz de Passau. Pero el testamento, sin embargo, dice: "Bueno, tendríamos que arreglarnos", ¿no?
Aquí ya empieza el mito, y las imágenes del Tiziano y las imágenes de Carlos V en Mühlberg empiezan a circular sobre todo tipo de soporte artístico, ¿no? Yo les traigo aquí algunas pinceladas, por ejemplo, en este libro de 1575. Claramente las imágenes funcionan. Y vuelvo a la campaña de Túnez. Estos tapices, que son conmemorativos de Túnez, se empiezan a hacer justo al año siguiente de Mühlberg; cuando se trata de representar al emperador, le representan con la armadura de Mühlberg. Ahí se pueden distinguir perfectamente esos festones apuntados que distinguían la guarnición de Mühlberg. Y por eso me he parado antes, para que se fijaran en ellos, ¿no? Porque están omnipresentes.
Bueno, de hecho el Tiziano llega a México. Entre 1558 y 1598, muerte de Felipe II, una adarga de plumas de colibrí hecha para Felipe II que representa las victorias contra el islam: Granada, Navas de Tolosa, y aquí representa Túnez, la campaña de Túnez, y luego Lepanto, lógicamente con Felipe II. Pero en Túnez, vaya qué casualidad, resulta que es Carlos V en Mühlberg según Tiziano. Esto en México, en plumas de colibrí, artesanos mexicas.
Y, por supuesto, los famosos Leoni del Museo del Prado, todos ellos con Mühlberg. Mühlberg se convierte en la imagen oficial de la victoria del emperador, ¿no? E incluso las fuentes, las estampas, dan lugar a otras obras. Estas estampas se están distribuyendo por toda Europa. Entonces, si alguien me quiere hacer un enfriador de vino, pues mira qué bien, le voy a poner Mühlberg en el fondo del enfriador, ¿no?, según la estampa de Enea Vico. E incluso el grabado, todo lo que son estampas, circulan; en los años 60, 70, en Milán, un escudo de parada, es superlujo, y toda la escena central de ese escudo es este grabado, ¿no?
Palacio del Buen Retiro para Felipe II. Su famosísimo palacio y colección de pintura. Pues aquí tenemos a Antonio Arias Fernández, que representa a Carlos V con Mühlberg. Se distingue perfectamente la armadura en el cuadro, acompañado por Felipe II con San Quintín, las dos armaduras de las dos campañas emblemáticas de cada uno de ellos. Y así Mühlberg hasta hoy ha llegado. Bueno, pues, ¿qué vamos a hacer? Pues es que Mühlberg es Mühlberg, ¿eh? Incluso en las colecciones reales, en la actualidad está expuesta la configuración como caballería pesada, y en la Real Armería, según el Tiziano ecuestre, la composición
según caballería ligera. ¿Y Mühlberg qué fue? Pues Mühlberg, si no hubiera sido por la captura de Sajonia, hubiera sido una escaramuza. Hubiera pasado a la historia como una escaramuza. Casi, si me permiten la frivolidad, una película de indios y vaqueros: persiguiéndose, parándote, disparo, sigo, te persigo y hasta que te capturo. Pero no deja de ser una escaramuza, no es una batalla clásica de dos ejércitos en un campo de batalla concreto que no se mueven.
Esto fue una auténtica matada de 8 horas con recorridos de casi 30, 40 km galopando, no dejando de galopar con caballería ligera y tal. La infantería, los tercios fueron importantes en el paso del Elba. Lo demás, esto fue una batalla de caballería, no fue más que una batalla de caballería o una escaramuza de fuerzas de caballería que se prolongan durante muchísimos kilómetros, ¿no?
Bueno, espero que con esto hayan tenido alguna idea un poco más clara de lo que pudo ser Mühlberg, ¿no? Muchas gracias.
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