Restaurar contra el paso del tiempo: la arquitectura tradicional como laboratorio de sostenibilidad según Camilla Mileto y Fernando Vegas
Fundación Juan MarchLa segunda sesión del ciclo Hecha entre muchos. Arquitectura popular del Mediterráneo, celebrada en la sede de la Fundación Juan March en Palma, planteó una pregunta concreta: ¿sirve todavía para algo la arquitectura tradicional, o es solo un recuerdo del pasado? La respondieron Camilla Mileto y Fernando Vegas López-Manzanares, catedráticos de la Universidad Politécnica de Valencia y directores del grupo de investigación Res-Arquitectura. Su postura es clara. Para ellos, la arquitectura vernácula no solo puede conservarse, sino que ofrece lecciones aplicables hoy en términos económicos, sociales y medioambientales. Para defenderlo no se quedaron en la teoría: presentaron obras propias con costes, mediciones y anécdotas de obra.
En la presentación se recordó su trayectoria. Mileto es catedrática y directora del departamento de Composición Arquitectónica, especialista en arquitectura popular y restauración, y miembro de la Académie d'Architecture de Francia. Vegas es especialista en restauración y rehabilitación y responsable en España de la Cátedra UNESCO de Arquitectura de Tierra, Culturas Constructivas y Desarrollo Sostenible. Juntos han intervenido en conjuntos como la Alhambra de Granada, una finca de Gaudí o el Castell de Bellver en Palma, codirigen la revista Loggia, Arquitectura y Restauración y han recibido, entre otros, los premios Europa Nostra, el Premio Nacional de Artesanía y el Premio Internacional Domus.
Qué entienden por arquitectura tradicional
Camilla Mileto abrió la charla con una definición amplia. Cuando se mira una construcción tradicional, dijo, no se ve solo "un cubito de piedra". Se ve la relación con el lugar y con la naturaleza, la actividad humana, la cultura, la tradición y la historia. Es a la vez paisaje y patrimonio, tanto material como inmaterial.
Según Mileto, esta arquitectura nace de las necesidades de quien se asienta en un lugar: cobijo, vivienda, espacios para trabajar, guardar aperos o comer. Por eso la describe como una arquitectura "muy a medida del ser humano", pequeña y ajustada a lo que se necesita, sin más. Se construye con lo que hay alrededor, sea tierra, piedra, caña o madera. De ahí la impresión de que "está integrada en el paisaje", cuando en realidad, matizó, nace del paisaje, porque sus materiales son el propio lugar. Además, esos materiales apenas se transforman: la energía empleada es la humana. La tierra del entorno se mete en un molde para hacer adobes, o la piedra se desbasta un poco para colocarla mejor. En este punto mencionó, dirigiéndose al público mallorquín, la declaración de la piedra en seco como Patrimonio de la Humanidad, que presentó como la celebración de una cultura mediterránea compartida.
Otro rasgo que subrayó es el cuidado. Toda arquitectura lo necesita, reconoció, también la contemporánea. Pero la tradicional exigía un mantenimiento periódico que generaba casi rituales comunitarios. Su ejemplo fue la mezquita de Djenné, en Malí, donde toda la comunidad se reúne una vez al año para mantenerla. Mileto añadió que el mantenimiento se encajaba en los ritmos del año: muchas veces se hacía cuando no había trabajo en el campo.
Las cubiertas vegetales le sirvieron para anticipar un problema que retomaría más tarde. Mostró una barraca valenciana junto a una casa de los Cotswolds, en Inglaterra, y confesó su "envidia". En Inglaterra se siguen haciendo tejados vegetales, mientras que en Valencia "cuesta horrores" encontrar a alguien capaz de hacerlos.
De los proyectos VerSus a una lista de valores
Estas ideas sirvieron de base a dos proyectos europeos del grupo. El primero, VerSus, buscaba aprender de la arquitectura vernácula. El segundo, VerSus+, pretendía devolver lo aprendido a la gente, porque, según Mileto, las comunidades son las verdaderas dueñas de ese patrimonio, no los arquitectos ni los académicos.
Mileto admitió que la palabra "sostenibilidad" se usa demasiado, hasta el punto de que "todo tiene que ser sostenible y acaba que nada es sostenible realmente". Aun así, sostiene que la arquitectura vernácula enseña muchos principios en ese sentido. Unos tienen que ver con el paisaje, los materiales locales, el clima y la forma de implantarse en un lugar. Otros son culturales: la transmisión entre generaciones, el aprendizaje y el trabajo en comunidad, la creatividad que nace de la necesidad. A su juicio, todo esto puede seguir aplicándose aunque cambie el contexto. Lo resumió en valores socioeconómicos, socioculturales y patrimoniales.
Por qué se pierde: un inventario de causas
Si tiene tantos valores, ¿por qué esta arquitectura aparece tan a menudo en ruinas? Mileto enumeró muchas causas. La primera es el abandono ligado a la migración del campo a la ciudad y a la despoblación del interior de España. Le sigue la obsolescencia funcional: molinos, hornos y otras construcciones productivas que ya no sirven para su fin original. Todo ello va unido a la transformación de la economía y la sociedad rurales.
A eso se suman causas culturales. Cambian las aspiraciones ("mi casa es vieja, antigua, pobre y busco otra cosa"), atrae lo nuevo y faltan aprecio y educación sobre este patrimonio. También hay causas técnicas y normativas. La llegada de los materiales industriales cambió por completo la forma de construir y trajo consigo la pérdida de los oficios. Además, la normativa pensada para esos materiales no se adapta a los tradicionales, que quedan fuera porque "no cumplen el código técnico". La lista terminaba con la falta de voluntad política, las intervenciones incompatibles y la pérdida del carácter local. Mileto concluyó que conocer bien los problemas era el primer paso para intentar invertir esa tendencia.
Una casa "en fallo multiorgánico" como proyecto piloto
Fernando Vegas presentó el caso principal: una vivienda tradicional en Sesga, una aldea del Rincón de Ademuz (Comunidad Valenciana), que el grupo compró y restauró. Insistió en que podría haber sido cualquier casa vernácula, "una casa en Inca o donde queráis". La obra no era un fin en sí misma, sino un proyecto piloto con varios objetivos: fomentar el patrimonio y las tradiciones locales, demostrar que la restauración era viable y ofrecer soluciones útiles y ligadas a la realidad. Vegas advirtió contra un defecto que atribuye al mundo académico, el de "no bajar de las nubes". Dijo que ellos han sido "cocineros antes que monjes" y que querían responder a las preguntas que siempre hace la gente: "¿y esto cómo lo hago?" y "¿cuánto me cuesta?".
La casa, según su descripción, era "el enfermo perfecto", con un "fallo multiorgánico". Los forjados tenían tantos agujeros que en invierno nevaba en la planta baja, aunque la nieve tenía que atravesar tres plantas para llegar. La fachada conservaba un enlucido de yeso de color marrón. El resto de la aldea, en cambio, estaba mayoritariamente enlucida con cemento Portland gris, y según Vegas los vecinos ni siquiera lo pintaban porque presumían de cemento como señal de progreso.
El primer paso fue un estudio histórico con fotografías antiguas del pueblo y de la familia que vivía allí. La dendrocronología, es decir, el análisis de los anillos de la madera, mostró que la parte original se construyó con vigas cortadas en 1732, y que otra parte era una ampliación de los años cuarenta del siglo XX. Vegas destacó el efecto que tuvo ese dato: la casa pasó de ser una "casucha", una casa vieja, a ser una casa antigua, y con ese cambio de palabra llegó el respeto de los vecinos.
El proyecto se redactó con tanto detalle como el de un monumento, viga a viga y problema a problema. Vegas explicó que nunca distinguen entre trabajar con Gaudí y trabajar en una casa vernácula: ambas reciben el mismo cuidado. Defendió también un proceso de "desaprendizaje". Según él, el técnico sale de la escuela con las "gafas" de lo que le han enseñado, y quien ha aprendido hormigón lo ve todo en clave de hormigón. Él propone "arrimar la oreja a los muros" y buscar las soluciones a partir de la propia lógica del edificio.
El yeso como material estructural
El hallazgo técnico más llamativo fue el yeso. La casa estaba construida casi solo con este material, incluidos pilares que sostenían hasta cuatro plantas, "como si fueran pilares de hormigón". Vegas recordó que se suele considerar el yeso un material pobre, apto solo para enlucir. Para entender cómo funcionaba, en lugar de acudir a las normas UNE o DIN o al Código Técnico, recurrieron a lo que llamó "la normativa local": los ancianos del lugar. Ellos les explicaron que el secreto estaba en usar muy poca agua. Siguiendo esa indicación con un yeso comercial, obtuvieron en laboratorio resistencias de 20 a 30 megapascales, que Vegas comparó con las del hormigón o incluso superiores. La contrapartida, según explicó, es que fragua muy rápido y exige mucho trabajo manual. También documentaron el proceso tradicional de producción del yeso.
Con esa base fijaron los criterios de la restauración: materiales naturales y "de kilómetro cero", mano de obra local, materiales disponibles en las tiendas de la zona, control de los costes reales, adaptación a las necesidades de uso ("que tenga un grifo, que me pueda duchar") y recuperación del patrimonio local y, de rebote, del conjunto histórico.
La obra paso a paso: de la cubierta a los suelos
Vegas recordó que una casa se empieza por los cimientos, pero una restauración se empieza por la cubierta, porque por ahí entra el agua. Después vinieron los muros, algunos a punto de caerse, que se repararon con mortero de cal. El albañil desconfiaba de ese mortero porque "no aguantaba", y los arquitectos tuvieron que explicarle que el de cemento impide transpirar al muro.
Una anécdota ilustra el contraste de miradas. Un día, los obreros empezaron a gritar que la casa se caía porque habían descubierto que un muro era de tapia, es decir, de tierra apisonada. Los arquitectos, en cambio, estaban "contentísimos" de tener un muro de tierra en la casa. Enseñaron a restaurarlo, y después los trabajadores lo tocaban sorprendidos de lo duro que era.
Para la cubierta cortaron caña en el menguante de enero. Según Vegas, así el vegetal tiene menos savia y resulta menos atractivo para los insectos xilófagos. Se añadió aislamiento térmico y se colocaron las tejas. En los forjados, hechos de vigas de madera y yeso, aplicaron el mismo principio con una analogía médica: en un trasplante de riñón no se pone un hígado de cerdo parecido, se busca un riñón compatible. Por eso restauraron el yeso con yeso. Reinterpretaron soluciones tradicionales, lo mezclaron con distintas fibras y lo ensayaron en laboratorio para demostrar que "no era una tontería". Los suelos de las plantas altas se acabaron con pavimento de yeso lijado y encerado, que Vegas describió como transpirable y tan agradable que "dan ganas de quitarse los zapatos".
En la planta baja se inspiraron en una práctica ibérica documentada en excavaciones arqueológicas: poner corcho en el suelo y echar tierra encima. Hicieron una capa de corcho para aislar de la humedad y encima un hormigón de cal, bruñido en los baños para hacerlo algo más impermeable.
La historia del yesero es otra de las anécdotas de la charla. Le pidieron que usara poca agua. Él echó mucha, extendió el yeso con destreza y, ante la cara de los arquitectos, preguntó si lo querían "rústico" y empezó a tocarlo para darle ese aspecto. Le explicaron que no querían un rústico forzado: con poca agua, el yeso sería más fuerte y la propia paleta dejaría una textura natural. Como el yesero lo consideró "una tontería", acabaron prescindiendo de él.
Conservar sin rehacer: fachada, carpinterías y objetos
La fachada, restaurada por un equipo de restauradores, quedó aparentemente igual que antes, y esa era precisamente la intención. Los vecinos, expectantes, preguntaron al retirarse el andamio si no iban a "enlucirla bien". La respuesta fue que se trataba de un enlucido del siglo XVIII: bastaba con cerrar las grietas y conservarlo, y ya se volvería a mantener cuando hiciera falta.
Recuperaron todas las carpinterías existentes y las repararon sobre todo en las partes bajas, las que más se estropean. La parte alta de la casa nunca había estado habitada: la familia la amplió, pero no llegó a vivir en ella, así que esas ventanas nunca tuvieron carpintería. Allí hicieron carpinterías nuevas que reinterpretan la lógica tradicional, con la balconera incrustada en el marco de la ventana, sin pretender que parezcan antiguas.
La distribución se invirtió. La planta baja, muy húmeda porque está pegada a una roca que "rezuma agua de continuo", se conservó casi como un museo de sí misma. Allí están la cocina histórica, con su alacena y los colores del siglo XVIII recuperados quitando las capas posteriores en lugar de repintar, el establo y un lagar de vino integrado en la casa. En el lagar, el vino se pisaba desde arriba y el mosto caía a una pileta que hoy es un baño-cueva, un espacio que antes todo el mundo consideraba un horror. Lo habitable se trasladó a las plantas superiores, que tienen más luz. Allí hay una cocina contemporánea con lavaplatos y nevera, construida con ladrillo y yeso a imitación de las alacenas antiguas, una chimenea de leña como única calefacción de la parte alta (abajo hay radiadores), un altillo en el salón y muebles de yeso hechos con puertas reutilizadas. En la planta intermedia conservaron los colores del siglo XIX, época en que se remodeló esa zona.
Cuando compraron la casa estaba llena de objetos. No tiraron nada: lo almacenaron y lo reutilizaron cuando terminó la restauración, veinte años después de la compra, y todavía conservan una habitación llena de cosas. Para identificar muchos objetos cuya función desconocían, reunieron a los pocos vecinos de la aldea y les preguntaron para qué servían. Mileto destacó que así se devuelve nombre y significado a las cosas, y que esa comprensión de cómo funcionaban los espacios es esencial aunque hoy se usen de otra manera.
Cuánto cuesta: el bolsillo y a dónde va el dinero
Como siguieron toda la obra "casi con un cronómetro", pudieron calcular costes. Según Vegas, simplificando, la restauración costó aproximadamente un 80% de lo que habría costado derribar y construir de nuevo, y eso en un caso extremo, "de extrema unción". Añadió que probablemente habría salido aún más barato si no hubieran experimentado tanto. Los veinte años de obra, explicó, no se debieron a la restauración en sí, sino a que estaban probando soluciones como quien ensaya una vacuna.
Después analizó el precio a partir de lo que llamó el "trípode" de cualquier obra: mano de obra, materiales y maquinaria. Lo ilustró con una ventana. Supongamos que restaurarla cuesta 1.000 euros y que comprar una nueva cuesta lo mismo. En el caso de la ventana nueva, según su ejemplo, unos 900 euros se van a la compra en la tienda, 50 al carpintero que la ajusta y otros 50 a transporte o herramientas. En la restauración, unos 900 euros van al carpintero del pueblo. Con el mismo gasto total, el dinero se queda cerca y mantiene vivos los oficios locales, en lugar de ir a una fábrica lejana ("a lo mejor en París, no lo sé"). Vegas lo llamó "una segunda revolución francesa" y lo relacionó con las quejas sobre la despoblación y la falta de trabajo: restaurar es invertir más en mano de obra. Según contó, cuando algún alcalde lo entiende, se queda pensando que tiene que fomentarlo.
Con esta experiencia elaboraron un manual de restauración muy sencillo, pensado "casi para gente que no sabía leer o que no quería leer", que muestra cómo intervenir bien, "regulín regulón" y mal, y que está disponible en línea. La casa acogió durante años seminarios con estudiantes, visitas de expertos, un máster y talleres con niños. El grupo también restauró otros edificios preindustriales de la producción local siguiendo la misma línea.
Veinticinco años después y el balance de carbono
Veinticinco años después de los primeros talleres, los ponentes volvieron a estudiar la aldea. Vegas aclaró que no todo es mérito suyo "ni por asomo", pero observa más aprecio por el patrimonio local, crecimiento del turismo cultural e intervenciones más sensibles: ya nadie presume de cemento gris. Hay convivencia entre materiales tradicionales e industriales, gente que se dedica a la restauración "y no para de trabajar", y el albañil que trabajó en su casa tiene una larga lista de espera. Según contó, la población, incluida la estacional, incluso ha crecido después del COVID.
Clasificaron las casas del pueblo en tres grupos: restauradas con materiales naturales y oficios tradicionales, restauradas con materiales industriales y derribadas y reconstruidas. Luego hicieron un análisis de ciclo de vida (LCA) para medir el "bolsillo" del medio ambiente. Compararon su casa de 180 m² con dos escenarios hipotéticos: la misma casa restaurada con materiales industriales, de la que hay muchos ejemplos en el pueblo, y una casa nueva de igual superficie tras demoler la existente. Según los resultados que presentaron, la opción con materiales naturales supone un ahorro de carbono del orden del 50% frente a la restauración con materiales industriales y del 80% frente a la demolición y obra nueva. Vegas lo calificó de "increíble" y de otra "revolución". En su opinión, además de las políticas públicas, cada decisión individual de restaurar de una determinada manera contribuye a la descarbonización. Presentó la rehabilitación tradicional como una estrategia de sostenibilidad no solo ambiental, sino también sociocultural y socioeconómica.
¿Quedan artesanos? El mapa de oficios y la Red de Maestros
Todo esto plantea un problema: ¿quién sabe hacer estas cosas? Hace unos diez o doce años, contó Vegas, el Ministerio de Cultura les encargó un estudio de los oficios tradicionales activos en toda España: quién sabía hacer artesonados, quién producía cal o hormigones de cal, etc. Durante un año entero, con un equipo amplio, recorrieron el país en autocaravana, porque casi ningún artesano tenía internet. El resultado, con mapas, fichas y vídeos de cada oficio, está publicado en la web del Instituto del Patrimonio Cultural de España. También elaboraron una serie de cuadernillos gratuitos sobre técnicas tradicionales.
Tres o cuatro años después, una fundación inglesa con rama española, INTBAU, conoció el trabajo y los contrató para convertir esa información en una web útil: la Red de Maestros. En ella se puede buscar, por ejemplo, un carpintero tradicional en Ibiza o filtrar por provincia y oficio. Vegas precisó que la fundación solo admite a quienes se dedican realmente al oficio tradicional, que hay más artesanos de los que figuran y que la red sigue ampliándose. El grupo ya no la mantiene; lo hace la fundación, cuyo responsable, Alejandro García Hermida, iba a intervenir en el mismo ciclo semanas después.
La barraca de los Aranda en la Albufera
Mileto presentó el segundo caso, que conecta con su envidia de las cubiertas inglesas. Según dijo, en Valencia llegó a haber entre 40.000 y 50.000 barracas, y hoy quedan unas cuarenta. Una de las causas principales de su desaparición fue el riesgo de incendio de las cubiertas vegetales, como ocurrió en el barrio del Cabanyal. Paradójicamente, se venden como souvenir, y cuando los visitantes preguntan dónde están, hay que mandarlos a buscar por la Albufera.
Les encargaron restaurar una de las más antiguas, la barraca de los Aranda, en El Palmar, una de las pocas que conservaba la cubierta vegetal original, ya que la mayoría la tiene de uralita. Los ponentes la conocieron habitada hace unos veinte o veinticinco años. Después quedó vacía y se degradó rápidamente, incluso durante la fase de proyecto, porque entraba agua. Mileto subrayó que, una vez entra el agua, todo se deteriora muy deprisa.
La propiedad es privada, pero el objetivo era triple: conservarla, hacerlo con materiales y técnicas tradicionales y darlo a conocer. El equipo se empeñó en que los oficios fueran locales, aunque apenas quedaba nadie capaz de hacer la cubierta. Mileto lo justificó así: quien hace algo así queda orgulloso y lo cuenta, y si es de allí, lo difunde en su entorno.
La barraca estaba construida con adobes de tierra de las orillas de la Albufera y, en la parte superior, con "pared de mano", un muro amasado de tierra. El vídeo proyectado explicaba que conocían este tipo de muro por la literatura, pero nunca habían visto un ejemplo. Las termitas habían destruido las cerchas; al romperse, la cubierta empujó los muros hacia fuera. Para contener el desplome, los muros originales se doblaron por el exterior con adobe, conectado con cañas. Les habría gustado conservar la cubierta, que según Mileto era del siglo XVIII y tenía clavos hechos a mano, pero no fue posible. Hicieron una operación que ella consideró especialmente útil: desmontaron solo una mitad, reconstruyeron esa mitad y después desmontaron la otra. Así tenían siempre delante el original para ver cómo se resolvían los nudos, porque cuando se desmonta todo "parece que sabes todo, pero no sabes normalmente nada".
Para la cubierta nueva, idéntica a la anterior, cortaron el carrizo y el borró (el vegetal exterior) en su momento, y encontraron a la única persona que seguía en activo. Mileto distinguió entre saber hacer algo y poder hacerlo en una obra. Ese artesano, además, enseñó el oficio a quienes trabajaban con él, y hoy hay al menos tres o cuatro personas que saben hacerlo. En el vídeo, Mileto comparó el proceso con la cocina: la buena restauración no se hace en dos meses, porque depende de los tiempos de la naturaleza. El suelo interior es de tierra, con un poco de cal añadida para poder pulirlo y encerarlo.
El vídeo añadía dos matices históricos. La barraca no coincidía con los dibujos de principios del siglo XX, lo que los ponentes atribuyen a dos posibles razones: que existían muchas variantes y no un solo tipo, y que esta era mucho más antigua, probablemente de finales del siglo XVII. Hoy se usa como espacio privado de reuniones y celebraciones, con baño y una cocina profesional con tres frigoríficos industriales, "aunque no lo parece". Durante la obra se organizaron visitas, incluidas las de técnicos del Ayuntamiento de Valencia. Según el vídeo, la barraca está abierta a visitas en el centro de El Palmar.
Mileto enmarcó ambos casos en un flujo continuo: conocimiento, valorización, protección, conservación, formación e innovación. Lo que no se conoce, dijo, no se puede valorar ni conservar.
De la tradición a la obra nueva: la bóveda tabicada
Para mostrar que estos principios sirven también para construir de nuevo, Vegas habló de la bóveda tabicada, hecha con ladrillos colocados de canto. Según explicó, es una técnica de origen medieval, arraigada en la arquitectura vernácula de zonas como Castellón, que dio el salto a América de la mano del valenciano Guastavino, autor de numerosos edificios famosos y protegidos en Estados Unidos. Sobre todo, subrayó que sigue viva: en el entorno de Valencia hay mucha gente que la construye con facilidad. Como ejemplo mostró la escalera que un albañil hizo para un vecino, que le costó muy poco y que según Vegas "pasa todo el barrio" a ver.
Una familia de productores cerámicos les encargó un panteón familiar en Villarreal (Castellón). Querían algo sencillo y acogedor, sin grandes símbolos, que usara la cerámica tradicional. Vegas destacó que es la única obra que han empezado en las canteras de arcilla, seleccionando la materia prima. Después, en una tejería tradicional, eligieron el formato, la terraja y el tipo de cocción, más oxidante o más reductora. La bóveda carece de armadura y funciona gracias a sus pliegues. Vegas lo explicó con un papel: estirado se dobla, pero plegado en acordeón puede sostener una Biblia. Según él, pesa poquísimo y apenas lleva cemento, solo en la segunda capa. En la web hay tres vídeos sobre su construcción.
El panteón les llevó a la Bienal de Venecia, donde defendieron que estas bóvedas pueden sustituir a los forjados de hormigón. También han hecho talleres con estudiantes, que se divierten "sobre todo" con las pruebas de carga. La técnica la han llevado a otros lugares: en Burkina Faso asesoraron en la construcción de una escuela económica e investigaron cómo hacer bóvedas tabicadas con adobe, y en Nepal trabajaron con bóvedas reforzadas con tejidos para resistir terremotos. Mencionaron que siguen en contacto con Nepal. Siempre que van a un sitio hacen talleres con niños, porque, según dijeron, la continuidad empieza en la infancia.
Mileto cerró la exposición enumerando lo que la rehabilitación tradicional puede aportar: mantener la memoria y los valores culturales, reutilizar lo existente en lugar de derribar, usar materiales de proximidad, crear empleo en restauración y gestión cultural para fijar población en el interior, atraer nuevos habitantes y reducir transportes, residuos y huella de carbono. No lo presentó como una revolución, sino como la suma de "gotita a gotita".
Preguntas: ha cambiado la sensibilidad, pero despacio
El moderador preguntó si en 2026 perciben una sensibilidad distinta. Mileto respondió que los cambios culturales y sociales son lentos, pero que en veinticinco años algo ha cambiado, y no por ellos. Aprecia algo más de conciencia cultural. También señaló que algunos arquitectos estrella han empezado a usar materiales más compatibles y tradicionales siguiendo la moda de la sostenibilidad. A ella esa moda no le gusta del todo, pero reconoce que genera interés. Le gustaría que el cambio fuera mucho mayor.
Sobre su encaje en la escuela de arquitectura, Vegas reconoció que hace veinte años encajaban "muy mal", pero que fueron los alumnos quienes "dieron codazos". Son responsables de la asignatura de restauración en quinto curso. Según él, los estudiantes sienten que aprenden, y en al menos una docena de ocasiones los trabajos de la asignatura han terminado en encargos reales, su primera obra. Recordó que al principio iban a contracorriente, cuando pidieron al rector un solar para hacer pruebas de tapia. Mileto añadió que en las escuelas se sigue enseñando mucho hormigón y metal, pero que el alumnado pide estos contenidos: al llegar a quinto descubren que no han visto nada de rehabilitación en cinco años, precisamente lo que más demanda tendrán al salir. Vegas aportó un dato de las estadísticas de los colegios de arquitectos: hasta hace pocos años, solo alrededor del 20% de los proyectos eran de intervención en lo existente, y ahora, en poco tiempo, se ha pasado a un 70-80%. Según él, en toda Europa hay cada vez menos obra nueva.
El moderador preguntó también por el coste del estudio previo y por la responsabilidad de trabajar fuera de la normativa. Mileto contestó que la herramienta fundamental del estudio previo es la propia cabeza, que "cuesta poquito, cuesta las horas". La dendrocronología ayuda a valorar el edificio, pero no es imprescindible para intervenir. Sobre la normativa, admitió que un arquitecto que trabaja con sistemas convencionales está más cubierto y que ese es uno de los grandes problemas de las técnicas tradicionales. Añadió que en patrimonio la normativa permite asumir la responsabilidad y justificar el cumplimiento, por ejemplo la resistencia al fuego, aunque el proceso sea más complejo. Ella dijo no tener la sensación de estar arriesgándose.
Vegas completó la respuesta con una analogía médica. Igual que con una muela no se va al ginecólogo, los arquitectos no valen todos para todo, y decir lo contrario para defender la profesión es, en sus palabras, "mentira cochina". Ante una rodilla dañada, uno prefiere al especialista que pone un tornillo de titanio antes que al que amputa y ofrece una prótesis con la que correr el doble. Según Vegas, con experiencia el estudio previo resulta fácil, mientras que sin ella todo "parece una montaña". Recurrir a un especialista evita sobreactuar, conserva el carácter del edificio y puede salir más barato, tanto para el bolsillo como para el medio ambiente.
Cómo encontrar arquitectos y cómo financiar
Una asistente preguntó cómo encontrar arquitectos especializados en rehabilitar edificios centenarios de marès en Mallorca, sin cimientos, con humedades y goteras. Los ponentes reconocieron que no existe una "red de maestros" de arquitectos. Recomendaron preguntar en el colegio de arquitectos, revisar las webs de los estudios para ver qué línea de trabajo gusta y confiar en el boca a boca. Vegas observó que a ellos nunca les llega un encargo para derribar un edificio, lo que interpreta como señal de que quien los busca ya sabe lo que hacen.
Otra persona, que habló en catalán, explicó que quería rehabilitar una casa familiar en un pueblo pequeño, que otros familiares preferían derribar para vender el solar, y preguntó si era posible con ayudas públicas y un presupuesto limitado, en torno a 40.000 o 50.000 euros, para algo básico. Mileto respondió que los presupuestos de las obras mostradas eran bastante pequeños y que con poco se puede recuperar muchísimo, avanzando poco a poco. No supo decir qué ayudas existen en esa zona (la asistente mencionó Valladolid). Explicó que las ayudas suelen destinarse a monumentos y edificios públicos y que para el patrimonio privado normalmente se limitan a fachadas, como ocurrió en algunas épocas en el Rincón de Ademuz. Vegas insistió en que, en principio, cuanto más se conserva, menos cuesta.
Vegas contó además el origen de su manual Aprendiendo a restaurar, reeditado en valenciano, castellano e inglés y no disponible en línea porque sigue vendiéndose. La Consellería de Obras Públicas de Valencia les explicó que daba la misma ayuda a quien derribaba y construía de nuevo, a quien restauraba con cemento y a quien restauraba con cal, porque sus técnicos no sabían distinguir. El grupo redactó el manual con criterios para graduar las ayudas: el 100% para las intervenciones acordes con esos criterios y el 0% para quien derriba. "Ya verás que con la zanahoria las cosas funcionan", resumió Vegas. La sesión terminó con su conclusión de que la administración pública tiene un papel importante: si concede ayudas, debe discriminar entre formas de intervenir para conservar lo máximo posible.
Muy buenas tardes, buenas tardes. Un saludo muy especial también a todas las personas que nos están viendo en directo por Canal March o en YouTube. Es un placer darles la bienvenida a esta sede de la Fundación Juan March en Palma, donde hoy continuamos con la segunda sesión de un ciclo que hemos titulado Hecha entre muchos. Arquitectura popular del Mediterráneo.
A muchos de ustedes les sonará o sabrán qué es un arquitecto estrella, es un concepto que todos manejamos, y quizás menos saben qué es esa arquitectura que surge sin un autor determinado en un territorio y le da una cierta personalidad única que a la vez lo conecta con otras partes, en este caso del mar Mediterráneo en el que nos encontramos. La sesión de hoy se titula Contra el paso del tiempo, la construcción vernácula como resistencia, y en ella veremos precisamente cómo una arquitectura conforma una identidad cultural en un territorio. Exploraremos algunos de los principios de esa arquitectura y veremos cómo es un legado que puede no solo conservarse, sino también actualizarse en el presente. Y para ello contamos con dos invitados de excepción, que son Camilla Mileto y Fernando Vegas López-Manzanares. Bienvenidos, Fernando y Camilla.
Gracias.
Les diré muy brevemente algo sobre sus trayectorias y después les dejo en sus manos. Camilla es doctora en arquitectura por la Universidad Politécnica de Valencia, donde es ahora catedrática y directora del departamento de Composición Arquitectónica. Es especialista en arquitectura popular y en restauración, tanto en su faceta de investigadora y académica como en su práctica de arquitectura y restauración. Es miembro de la Académie d'Architecture de Francia. Por su parte, Fernando es también doctor arquitecto y catedrático en la Universidad Politécnica de Valencia, especialista en restauración y rehabilitación. Ha desarrollado estudios, planes directores y proyectos de intervención en monumentos y conjuntos históricos muy diversos. Es responsable en España de la Cátedra UNESCO de Arquitectura de Tierra, Culturas Constructivas y Desarrollo Sostenible. Y juntos dirigen el grupo de investigación Res-Arquitectura, Investigación, Restauración y Difusión del Patrimonio Arquitectónico, y juntos también han realizado intervenciones en edificios y conjuntos históricos que incluyen, entre otros, la Alhambra de Granada, la finca de Gaudí o, más cerca de nosotros, el Castell de Bellver aquí en Palma, por mencionar solo algunos. Juntos también codirigen la revista Loggia, Arquitectura y Restauración, y han recibido también numerosos premios como Europa Nostra, Martin y Weava, el Premio Nacional de Artesanía o el Premio Internacional Domus. Démosle, por favor, la bienvenida a nuestros dos invitados de hoy.
Bueno, pues muchas gracias, muchas gracias por esta invitación. Es un placer estar aquí esta tarde con vosotros y os vamos a contar un poco; empezamos por temas más generales y luego vamos a entrar también en algunos proyectos para que veamos también un poco directamente la aplicación de algunos temas. Entonces, vamos a hablar de arquitectura tradicional, popular, siempre hay muchos términos para ello, pero vamos a entender sobre todo a qué nos referimos cuando hablamos de arquitectura tradicional, que quizá es el término que nosotros solemos utilizar más. Aquí tenemos una arquitectura que todos entendemos como arquitectura tradicional, pero más allá, la arquitectura es también paisaje, es también patrimonio tangible, esa parte, digamos, material de la arquitectura, e intangible. Cuando estamos viendo esa arquitectura, no estamos viendo solo un cubito de piedra, estamos viendo la relación con el lugar, con la naturaleza, estamos viendo actividad humana, estamos viendo cultura, estamos viendo tradición, historia, estamos viendo muchísimas cosas más, ¿no?
De hecho, la arquitectura tradicional, y vamos casi a dar una vuelta por varios sitios porque en realidad los conceptos valen en todos los sitios de la misma forma, es aquella arquitectura que nace de las necesidades, ¿no? La necesidad del ser humano de implantarse en un sitio, de vivir en un sitio, y por lo tanto construye lo que necesita: unos cobijos, unas casas, unos edificios que le sirven para trabajar, para guardar aperos, para comer, ¿no? Todas aquellas necesidades que ha venido teniendo. Es una arquitectura que a mí me gusta siempre decir que es como muy a medida del ser humano, ¿no? Allí vemos una persona que está simplemente retocando o trabajando en el enlucido de su casa y vemos que esa arquitectura es muy pequeñita, ¿no? Es una arquitectura muy a dimensión del ser humano. Es exactamente lo que necesita, nada más.
Para construirla siempre se ha utilizado el material que hay en el lugar, ¿no? Entonces, dependiendo de dónde estamos, puede ser la tierra, la piedra, las cañas, lo que haya, la madera, ¿no? Lo que hay alrededor. Y eso hace que muchas veces la veamos y digamos: "Uy, que viene integrada en el paisaje". Es que en realidad nace del paisaje, ¿no? Es el propio material que conforma esa arquitectura.
Es una arquitectura que necesita cuidado. Bueno, en realidad toda la arquitectura necesita cuidado. No es que una arquitectura contemporánea no la tengamos que cuidar, también la tenemos que cuidar, ¿no? Pero es una arquitectura que necesita además ese cuidado anual que creaba esos casi rituales, ¿no? De tener que cuidar de ella, de tener que cuidarla en la comunidad. Y esto es un ejemplo que yo creo que siempre es muy bonito, ¿no? Que es lo de la mezquita de Djenné en Mali, donde toda la comunidad se reúne una vez al año para cuidar de su mezquita, de su arquitectura, que es parte de su patrimonio, ¿no?
Normalmente los materiales que se emplean son los que encontramos en el lugar, pero además con una transformación muy pobre, podríamos decir. La transformación simplemente es manual, la energía que se emplea es la del ser humano, y por lo tanto, por ejemplo, con la tierra, donde la tierra es simplemente la tierra que encontramos alrededor y que metemos en un molde para hacer, por ejemplo, unos adobes. Pero lo mismo con la piedra, si estamos en un lugar de piedra, donde simplemente a lo mejor se esboza un poquito la piedra para poderla colocar un poquito mejor, ¿no? Y de eso por aquí sabéis mucho, ¿no? Esta fantástica declaración de patrimonio de la humanidad de la piedra en seco como parte de esa cultura mediterránea que nos une, y que es justamente la celebración de esa arquitectura que no es solo arquitectura, que es patrimonio, que es cultura y que es esa tradición que nos une, ¿no?
Estas son imágenes de tejados vegetales que nos introducen en un problema que nos surgirá después también. Allí veis una barraca valenciana y una casa en los Cotswolds, en Inglaterra. Y la verdad es que yo, siempre que cruzo el canal de la Mancha, digo: "¿Y por qué tienen tantos tejados vegetales y yo no lo consigo nunca?". Porque en Valencia, para hacer un tejado vegetal, nos cuesta horrores encontrar a alguien que lo pueda hacer, y sin embargo en Inglaterra allí están, los siguen utilizando, los siguen haciendo. Bueno, este es un tema sobre el que luego volveremos, ¿no? Pero siempre me ha dado muchísima envidia ver que sí que lo consiguen. Pero es parte también de esa necesidad de mantener, necesidad de utilizar los materiales que hay.
Bueno, esto simplemente para, digamos, cerrarlo: esa arquitectura que es naturaleza y paisaje, los materiales y recursos naturales del lugar, pero también son usos y costumbres. Muchas veces se mantenía la arquitectura cuando no se trabajaba en el campo, ¿no? Había como una relación muy fluida entre todas las actividades del ser humano a lo largo del año, con los ritmos, por ejemplo, de la producción y del cuidado de la arquitectura. Estos son algunos de los principios, algunas de las ideas que estaban en la base de varios proyectos, y de dos proyectos concretamente que tuvimos de la Comunidad Europea, con la idea justo de no solo estudiar los valores, sino también qué podemos aprender de todo esto. ¿Nos sirve todavía algo de esto hoy en día o es algo que ya es parte del pasado? ¿No es solo historia y casi algo olvidado? Bueno, pues estos proyectos: el primero se llamó VerSus y tenía la idea de aprender de esa arquitectura, y el segundo era el proyecto VerSus+, que no solo era que nosotros aprendemos de esa arquitectura, sino que todo lo que nosotros aprendemos luego lo devolvemos de alguna forma a las personas, ¿no? Porque la gente y la comunidad son los que realmente son los dueños de ese patrimonio, ¿no? No nosotros como arquitectos o como académicos, sino que de alguna forma hacemos como de círculo, ¿no? Lo que nosotros aprendemos también tratamos que la gente lo pueda disfrutar.
De allí, una serie de principios. Además, sabéis que ya llevamos muchos años hablando de sostenibilidad; quizá es una palabra que para mí se utiliza demasiado. Todo tiene que ser sostenible y al final nada es sostenible realmente. Pero sí, de alguna forma tenemos que entrar en esa palabra que todo el mundo utiliza. Y la arquitectura vernácula nos enseña un montón de principios de sostenibilidad, ¿no? Toda esa relación, por supuesto, con el paisaje, con los materiales del lugar, con el clima, con la forma de implantarse en un lugar, pero también todo lo que tiene que ver con la cultura: el aprender de ello, el aprender de generación en generación, transmitir de generación en generación, aprender en comunidad, trabajar en comunidad, esa creatividad a partir de las necesidades. Todas esas son cosas que podemos aprender y podemos seguir utilizando, aunque sea en otro contexto.
Estos son para dar más de lo mismo, pero son valores. O sea, todo eso que nosotros vemos, todo lo que nosotros aprendemos, es lo que normalmente definimos como valores, ¿no? Los valores socioeconómicos, socioculturales y patrimoniales de la arquitectura que tenemos.
¿Por qué entonces una arquitectura que tiene tantos valores, tantas virtudes, la encontramos así en muchos casos? ¿Por qué no se valora todo lo que nosotros pensamos que se puede valorar? ¿Qué pasa? ¿Dónde están los problemas? Desgraciadamente, problemas hay muchos y hay muchas razones por las que la arquitectura está así.
La primera, el abandono, ¿no? Ligado a lo que es la migración, que todos conocemos perfectamente, del campo a las ciudades en busca de otras necesidades; la despoblación, en el caso de España, por ejemplo, de toda la zona del interior de España, y la migración hacia las ciudades. Pero también la obsolescencia funcional: en el momento en que esa arquitectura ya no nos sirve. Pensemos en la arquitectura productiva, los molinos, los hornos, todas aquellas arquitecturas que no son viviendas, pero que a lo mejor ya no sirven en la producción. Todo eso obviamente ligado a la transformación de la economía y de la sociedad rural, pero también a la falta de reconocimiento debido a los cambios de aspiraciones: quiero vivir de otra manera, ya no vivo en el campo, quiero vivir en la ciudad; por lo tanto, mi casa es vieja, antigua, pobre y busco otra cosa, ¿no? La aspiración a lo nuevo, la falta también muchas veces de apreciación y de educación hacia todo esto de lo que estamos hablando, la llegada de los materiales industriales que han cambiado completamente la forma de construir, de intervenir y de actuar, la pérdida de los oficios tradicionales ligada a eso, la normativa de los materiales industriales que no se adapta para nada a los materiales tradicionales, y por lo tanto ya no utilizo estos materiales porque no cumplen el código técnico, la normativa y todo lo que hay que cumplir hoy en día; la falta de voluntad también a nivel político, de la administración, de ayudar para que esto funcione.
Actuaciones muchas veces incompatibles que se van haciendo, la pérdida de la cultura y del carácter local. Bueno, creo que son bastantes, ¿no? Tenemos unos cuantos retos por delante, pero también es bueno saber dónde están los problemas para poder ver cómo podemos hacer algo.
Bueno, vamos a contaros un poco qué es lo que estamos haciendo nosotros, dentro de nuestras posibilidades, para invertir esa polaridad, ¿no? O sea, tratar de cambiar eso, tratar de aprovechar, tratar de poner en valor todos esos valores, esos principios, tanto recuperando arquitectura tradicional como usando esos principios para la arquitectura contemporánea, ¿no? Entonces, vamos a hablar de un caso, es un proyecto piloto que hicimos para restaurar una casa tradicional en el Rincón de Ademuz, en la Comunidad Valenciana. Podía haber sido cualquier lugar, podía haber sido, no sé, una casa en Inca o una casa donde queráis, ¿no? Digamos, una casa vernácula. Y vamos a hacerla no como objetivo en sí mismo, sino simplemente, como decía, como un proyecto piloto que se pueda transmitir a otra gente, ¿no? Entonces, ¿cuáles eran los objetivos? Pues uno, fomentar ese patrimonio, las tradiciones locales, demostrar que realmente se puede hacer esto, ¿no? Que fuera útil, que sea aplicable al resto de la sociedad y que las soluciones estén ligadas a lo que hay ahí, a la realidad, no inventarse. A ver, tenemos, si queréis, un problema los que venimos de la academia, y es que a veces no bajamos de las nubes. A nosotros nos ha gustado siempre tocar el suelo y hemos sido cocineros antes que monjes. Entonces, de alguna manera, no nos gusta nunca despegar del suelo, sino tener las cosas, y que luego la gente diga: "Vale, sí, pero ¿y esto cómo lo hago? O esto, ¿cuánto me cuesta?". Bueno, vamos a hablar de todo eso. Bien.
Bueno, pues esta es una casa que encontramos hace muchos años. Digamos que era el enfermo perfecto, porque estaba a punto de morir en todos los aspectos, además de muchas enfermedades. Era un fallo multiorgánico, que se dice hoy en día. Es esta casa de aquí, ¿vale? Que tiene ese color marrón porque está enlucida de yeso. El resto de la aldea, no toda, pero el resto de la aldea veis que estaba enlucida de cemento Portland, el cemento gris. Y además no solo eso, sino que la gente no lo pintaba porque presumía de cemento, diciendo: "Yo he llegado a ese nivel de conocimiento y tú no, tú estás todavía en el retraso", ¿no? Bueno, entonces cogimos esta casa y al final la concebimos casi como un laboratorio. Daos cuenta de cómo estaba: tenía más agujeros en los forjados que en las ventanas. Cuando entrábamos dentro en invierno, nevaba en la planta baja, y tenía que pasar tres plantas, ¿eh? O sea, imaginaos todos los agujeros por los que tenía que pasar la nieve para llegar; nevaba en la planta baja, creedme. Bien.
Bueno, aquí veis cómo estaba esto; realmente daba miedo, pero nosotros decíamos: "Bien, tenemos un enfermo con muchas enfermedades, vamos a hacer un proyecto piloto que sirva para muchas cosas", ¿no? Entonces, primero hicimos un estudio. Quizá os voy a hacer una narración lineal, aunque todo esto tiene muchos trompicones, pero así lo vais a entender mejor. Hicimos un estudio histórico donde veis las primeras fotos del pueblo, la familia, la gente que la habitaba. Podríamos contaros muchas cosas divertidas, pero tampoco queremos alargarnos. Aquí, por ejemplo, lo curioso, si queréis, es que lo que veis aquí en naranja, mirando los anillos de la madera, lo que se llama la dendrocronología, descubrimos que todo lo que había en naranja era de 1732. Y eso ya supuso un salto cualitativo, porque de ser una casucha o una casa vieja empezó a ser una casa antigua. Oye, las palabras son muy importantes, porque entonces ya empieza un poco el respeto. Claro, cuando se le decía a la gente: "No, esto es de 1730, porque todas las vigas las cortaron ese año", la gente decía: "Ostras". Y lo azul ya fue una ampliación de los años 1940, 40 y pico, ¿no? Bien, vamos a seguir.
Aquí veis el proyecto. Cuando hicimos el
proyecto, le hicimos un proyecto superdetallado, como si fuera un monumento. Nunca hemos considerado, nunca hemos hecho distingos. Si estamos trabajando con Gaudí, es fantástico trabajar con Gaudí, pero si es una casa vernácula, le tratamos con el mismo cariño porque de verdad para nosotros tiene un valor también extraordinario todas las soluciones. Entonces hicimos un estudio viga a viga, problema a problema, con todos los planos, analizando todas las soluciones, o sea, todo lo que había que hacer, y luego intentando entender la casa, ¿no? Normalmente cuando un técnico sale de sus estudios tiene las gafas de lo que le han puesto y digas allí. Entonces, que a ti te han enseñado a trabajar con el hormigón, te pones las gafas de hormigón y todo lo ves con hormigón diciendo: "Aquí hay que ponerle hormigón". Entonces hay que hacer como un proceso, según nosotros, de desaprendizaje, decir: "Voy a aprender desde aquí. A ver, tú cómo funcionas". Arrimar la oreja a los muros, es decir: "A ver, enséñame cómo eres tú, que yo voy a intentar generar las soluciones desde tu propia esencia", ¿no? Esa es un poco la idea que teníamos.
De hecho, aquí la casa estaba hecha solo con yeso. O sea, es sorprendente porque a todo el mundo nos dice que el yeso sirve para hacer el lucido y que es un material malo, pero en el fondo este yeso... los pilares están hechos de yeso. Es como si fueran pilares de hormigón hasta cuatro plantas hechos de yeso. Claro, la primera cosa dice: "No, esto lo hacían en luna nueva y le echaban unos polvos mágicos". No, espérate, vamos a ver cómo funcionaba esto. Entonces cogimos un yeso comercial y, en vez de ir a la normativa UNE, a la normativa DIN o al Código Técnico, fuimos a la normativa local, que eran los ancianos del lugar, y dijimos: "A ver, tú cuando hacías yeso, ¿cómo lo hacías?". Y entonces te explicaban cómo lo hacían. En el fondo le ponían muy poca agua, ¿vale? Muy poca agua. Entonces hicimos lo que hacían ellos allí y de repente empezamos a ver que nos salían resistencias en el laboratorio.
No sé si entendéis de resistencias aquí, pero bueno, 20, 30 megapascales, o sea, estamos hablando incluso más que el hormigón. Dicen: "Ostras, esto, ¿cómo es posible?". Pues era así. Efectivamente, era una cosa que estaba muy basada en trabajar mucho con la mano porque fragua muy rápido, pero funcionaba muy bien. Bueno, por no alargarme, luego si hay preguntas... aquí tenéis el proceso de producción del yeso, cómo se hacía el yeso tradicional. Total, que vimos que efectivamente el yeso era un material más que factible, ¿vale?
Entonces, bueno, los criterios de la restauración eran utilizar materiales naturales, utilizar materiales de proximidad, o sea, materiales que sacaba la cabeza por la ventana y tenían que estar allí, ¿no? Y esto era un poco la idea, un poco como los indios del Amazonas dicen: "Lo que me ha producido la enfermedad, por aquí tiene que estar la solución". Pues igual, quiero algo kilómetro cero. Emplear mano de obra local, emplear materiales al alcance de todos, o sea, materiales que encuentro en la tienda de aquí, no materiales que me vienen de no sé dónde. Controlar los costes reales, porque tú lo dices: "Sí, sí, pero eso muy bonito, pero ¿cuánto me cuesta?". ¿Cuántas veces habéis oído eso? Y al final el albañil te dice: "Uy, eso te va a costar mucho". Bueno, vamos a demostrarlo. Vamos a demostrarlo.
Responder a las necesidades de uso. No queremos restaurar una casa y decir: "Y ahora te aguantas y vas a pasar frío". No: "Ahí tienes una casa adaptada y que tenga un grifo, que me pueda duchar, etcétera", ¿no? Después, recuperar el patrimonio local, evidentemente el conjunto histórico de rebote, mantener esa arquitectura tradicional y emplear esos materiales y técnicas tradicionales. Todo ese conjunto de criterios, aplicando esta rueda de sostenibilidad que había explicado Camilla antes.
Bueno, entonces sabéis que una casa se empieza por los cimientos, pero una restauración se empieza por la cubierta, porque si entra agua, entonces ya... Entonces empezamos reparando la cubierta y reparando los muros, porque había algunos muros que realmente se caían, pero de verdad. Y aquí podemos contar muchas anécdotas, pero vamos a pasar adelante y luego, si queréis, podemos entrar en más detalle. Esto es empleando mortero de cal para hacer los muros de piedra, que el albañil no quería usar mortero de cal porque decía que no aguantaba. Y claro, nosotros le explicamos que el mortero de cemento es que no te deja transpirar. Bueno, muchas cosas.
Luego encontramos un día que uno de los muros de la casa era de tapia, de tapia de tierra, ¿no? O sea, de tierra apisonada. Y estábamos en el otro extremo y empiezan a gritar: "¡Socorro! Se cae la casa, se cae". Vamos para allí. De repente dice que el muro es de tierra. Y nosotros: "¡Bien, el muro!". Estábamos contentísimos de tener un muro de tierra en casa. Estábamos emocionados, ¿no? Con lo que hemos estudiado nosotros la tierra, nos encanta, ¿no? Y la gente decía: "Ah, pero ¿no estáis preocupados?". "No, que estamos supercontentos". Entonces les enseñamos a restaurar el muro de tierra y luego incluso lo tocaban diciendo: "Ah, pues está duro". Como diciendo: "Aguanta, ¿no?".
El tejado: pues fuimos a cortar caña en la luna menguante de enero, amb la fosca, que dicen en Valencia, supongo que aquí lo dirán igual. O sea, para que no hubiera savia en el vegetal, que estuviera en las raíces, y cortar el vegetal limpio de savia y que sea menos atractivo para los xilófagos. Entonces se cortó la caña en el momento adecuado, se puso aislamiento térmico, se colocaron las tejas y luego hicimos todos los refuerzos estructurales del forjado.
Como el yeso habíamos demostrado que funcionaba muy bien y los forjados, o sea, los suelos, están hechos todos de yeso, con vigas de madera y de yeso, dijimos: vamos a ver, esto es como cuando te van a operar de un riñón. Cuando te operan de un riñón, no es que te cojan hígado de cerdo que se parezca al riñón y te lo pongan, es que buscan no solo un riñón humano, sino un riñón que coincida con esas características. Entonces aquí, si esto es de yeso, voy a intentar usar yeso. Entonces usamos el yeso para restaurar el yeso, ¿no? E inventamos algunas soluciones un poco reinterpretadas de la tradición. Incluso mezclamos con diversas fibras, hicimos pruebas en laboratorio, hicimos todo tipo de pruebas para demostrar que efectivamente lo que estábamos haciendo no era una tontería, ¿no?
Esto es el yeso ya rematándose, ya casi a nivel de pavimento. Hicimos pavimento de yeso encerado, lijado y encerado. Aquí veis cómo está quedando el pavimento de yeso, que es transpirable, es tradicional, digamos, es superagradable, dan ganas de quitarse los zapatos cuando llegas, es como tener un parquecito, ¿no?
Incluso luego en la planta baja lo que hicimos fue interpretar una cosa que habíamos visto en excavaciones arqueológicas: que los íberos, cuando tenían corcho a mano, a veces ponían el corcho en el suelo y luego echaban la tierra encima. Entonces lo que hicimos fue echar una capa de corcho para aislar un poco de la humedad y luego echar un hormigón de cal encima. En los baños lo hicimos bruñido para que fuera un poquitín más impermeable y en los otros está un poco más rugoso, ¿no? Esto es la planta baja, donde habíamos pensado dejarla como un museo de sí misma, o sea, un museo con todos los objetos que habíamos encontrado en la casa, ¿no?
Y estos son los enlucidos. Y esto sí que os lo voy a contar, porque llamamos a un yesaire, o sea, un señor que enlucía allí, y le íbamos a dar instrucciones de nuestro yeso, porque nosotros algo sabíamos del yeso, y le decimos: "No, es que quiero que le pongas poca agua". "O callado", te dice. Entonces empezó a echar agua, le echó un montón de agua, le echó el yeso. Aquello era aguachirle, no era ni yeso ni nada. Entonces llega con una paleta y se pone como Picasso, hace así y hace así un cuadrado perfecto, un enlucido de yeso. Claro, cuanta más agua, el yeso más flojo, más inconsistente. Y entonces estaba así, claro, nos mira, le miramos con una cara como diciendo... y dice: "¿Lo quieres rústico?". Y empieza a tocarlo así, toquetearlo para hacerlo rústico. "No, es que no lo queremos rústico, no queremos que lo rustiquices. Lo que queremos es que le pongas muy poquita agua, ¿vale? Para dos cosas: una, el yeso será mucho más fuerte, y segundo, conforme tú le vayas pasando el paletín, te va a quedar la traza y entonces va a ser rústico natural, no rústico forzado, ¿vale?". Y bueno, dice: "Pues vaya tontería". "Bueno, pues ahí tienes la puerta", y le despedimos. Se quedó como diciendo: "Bueno, ¿esto qué es?".
Bueno, pues esta es la fachada antes y después. Parece la misma y es la misma. Y eso era también una de las ideas: justamente conservar la casa como era, ¿no? También en su aspecto. La fachada la restauró un equipo de restauradores y la verdad es que estuvo el andamio montado un rato y los vecinos estaban muy expectantes de ver qué pasaba con la fachada. Y claro, cuando quitamos el andamio, la fachada estaba así y nos miraron y dicen: "Pero ¿no vais a hacer nada más?". Y no. "Pero ¿no vais a lucirla bien?", no sé qué. Pues no, porque, ves, esa fachada es un enlucido de 1700. No voy yo ahora a reenlucirlo. Lo que he hecho es simplemente cerrar todos los agujeritos, conservarla bien y ya está. Que dure lo que dure y luego se volverá a mantener o lo que haga falta, ¿no? Pero bueno, fue bastante divertido.
Las carpinterías: recuperamos todas las carpinterías de la casa, todas las que había, porque la parte alta de la casa no había sido habitada nunca. O sea, estas ventanas de aquí no habían tenido nunca carpintería porque la familia que vivió allí había vivido en esta zona, luego la había ampliado y nunca llegó a vivir en esta zona, con lo cual allí no había carpintería y tuvimos que hacer carpintería nueva. Entonces, todas las que había las recuperamos, que son estas. Y aquí veis al carpintero que está trabajando, sobre todo en las zonas bajas, que son las que normalmente se estropean, haciendo taraceas y demás. Y luego hicimos unas carpinterías nuevas, las ventanas de arriba fundamentalmente, para lo que fuimos a ver un poco cómo era la tradicional para reinterpretarla. Desde luego esta es nueva, se ve que es nueva, no tiene ninguna pretensión de ser antigua, pero bueno, tiene un poco esa lógica, ¿no?, de la carpintería de madera, con lo que es la balconera directamente incrustada dentro del marco de la ventana.
Y esto ya es el aspecto que tiene la casa antes y después. Aquí veis cómo estaba la cocina. Esta era la cocina histórica, esta es la planta baja. Había una cocina histórica aquí. Esta de aquí era el establo. Y lo que hicimos fue mantener la planta baja como estaba, porque las plantas bajas aquí están muy, muy húmedas. Está muy pegada a la roca, la roca natural prácticamente rezuma agua de continuo, y al final no queríamos sobreintervenir. Y como sobraba espacio por toda la casa, no necesitábamos los ambientes de abajo, entonces decidimos como musealizar los de abajo y hacer la parte más vivible en la parte de arriba. Entonces, esto de aquí, por ejemplo, la cocina histórica con la alacena histórica, se recuperó tal cual. Recuperamos los colores que tenía originariamente, pero no repintando, sino quitando las capas que se habían ido poniendo y recuperando las capas del 1700, que eran las que había.
Recuperamos todos los objetos. Nosotros, cuando compramos la casa, estaba llena de todo. No tiramos nada. Lo que hicimos fue almacenar todo y luego, restaurada la casa 20 años después de haberla comprado, reutilizamos todo. Y de hecho tenemos todavía una habitación llena de cosas y siempre dijimos: bueno, alguna cosa de estas de vez en cuando sacamos, restauramos, ponemos, ¿no? Entonces, bueno, esta es la parte de abajo. Lo que hicimos también: este es el establo, que se restauró tal cual, y había un montón de cosas que nosotros no sabíamos qué eran. Entonces las pusimos todas allí y llamamos a los pocos vecinos de la aldea diciendo: "¿Nos decís para qué servían estas cosas? Porque nosotros no tenemos ni idea", ¿no? Entonces de repente descubres que una cosa a la que no le habías dado ninguna importancia sí que tenía una función, una importancia, era un objeto que servía de algo, ¿no? Entonces ya empiezas a dar nombre a las cosas y significado, ¿no?, a todos esos objetos.
Este es un lagar de vino incrustado en la casa. Lo que pasa es que el lagar se trabajaba desde arriba, se pisaba la uva desde arriba y el mosto caía abajo y luego salía por una pileta que luego veremos que era nuestro baño. Entonces lo que hicimos fue integrar el lagar dentro de la casa por una puertecita. Obviamente ya no se puede pisar la uva en este lagar, ¿vale? Pero el lagar se puede visitar y ya está conectado también con la zona de la pileta. Aquí veis que hay siempre unos dibujitos, porque siempre nos gusta entender cómo funcionan las cosas. La arquitectura tradicional, os decía al principio, no es una caja de piedras, se hacían cosas, ¿no? Entonces es muy importante para nosotros entender también esos espacios, aunque ahora los utilicemos de otra manera, pero saber para qué servían, qué sentido tenían, ¿no? Y mantener un poco su memoria.
Y esta ya es la parte de arriba, ¿vale? Esta es la parte que era el bajo cubierta. Aquí era un almacén, realmente. Nosotros lo que hicimos fue dar la vuelta a la casa para tener la zona con más luz en la zona de día, con lo cual la parte de arriba es la que más luz tiene. Esta es una cocina que hicimos inspirada en lo que es la tradición. Es una cocina nueva, pero hecha con ladrillo y yeso para hacer lo que eran las alacenas antiguas. Lo que pasa es que esta ya es una cocina contemporánea, ¿no? Y aquí la veis, inclusive con el lavaplatos, con su nevera y con todo. Una cocina que funciona a nivel contemporáneo, pero que está un poco inspirada en la tradición. Yo creo que os cubro un poco esta parte, pero bueno.
Aquí veis la chimenea. O sea, la parte de arriba de la casa se calienta solo con chimenea de leña y abajo sí que hay radiadores. Y esto es cómo estaba antes la parte del salón y cómo está ahora, ¿no? Con el pavimento de yeso, este altillo... aquí, como había mucha altura, pudimos hacer un altillo, y veis objetos y cosas. Todo esto estaba. Esto no, evidentemente, pero estos sí que eran objetos que estaban en la casa y que hemos ido recuperando.
Estas son las habitaciones. Bueno, esta es la habitación principal que veis aquí. Aquí, en la planta intermedia, mantuvimos los colores del 18, perdón, del 19. No del 18, sino del 19, porque fundamentalmente esa zona se había remodelado en esa época. Inclusive, aquí veis el mobiliario todo hecho con yeso, como reinterpretación también de esas alacenas históricas. Estas son todas puertas reutilizadas para hacer un armario. Y esto es un baño cueva, ¿vale?, que es esa zona de donde sale el mosto y que era simplemente una zona bastante desagradable, negra y maltrecha, y todo el mundo cuando entraba allí decía: "Uf, qué horror", ¿no? Y bueno, pues allí hemos puesto un baño. Y esta ya es la casa una vez acabada.
Bueno, entonces, ahora volviendo al tema del dinero, ¿no? Esto, ¿cuánto me cuesta? Entonces, claro, como nosotros hemos hecho toda la obra, hemos estado midiéndolo casi con un cronómetro, diciendo: "A ver cuánto te cuesta hacer un muro. A ver cuánto te cuesta hacer esto". Y estuvimos viendo un poco lo que costaba, ¿no? Y al final, haciendo los números, unos números normales, vimos: "Mira, me ha costado esto". Digamos, por no complicarnos la vida: me ha costado como un 80 % restaurarlo; un 100 % me hubiera costado tirarlo y hacerlo otra vez. Eso a nivel de bolsillo, ¿vale? Pero bueno, eso es a nivel de bolsillo. Luego hay otras consecuencias, ¿no? Y eso estamos
hablando de un caso extremo, un caso de extrema unción. Yo creo que ha salido incluso más barato, pero bueno, al final como experimentábamos muchas cosas, esto, yo digo, hemos estado, Camilla ha dicho, hemos estado 20 años, pero 20 años no por nada, sino porque somos así, estábamos experimentando, haciendo pruebas, venga, prueba, prueba, o sea, estamos haciendo un proyecto piloto para que sirviera. Hemos hecho pruebas porque un médico que se hace una vacuna, pues voy a probarlo. Yo daño no hago a nadie, ¿no? Pues ya está. Entonces, bueno, vamos a ver. Detrás de eso demostramos que efectivamente, incluso en un caso de desesperación completa como era esta casa, todavía salía a cuenta recuperarla a nivel de bolsillo, ¿vale? Pero vamos a ver las consecuencias más allá de eso.
Entonces decíamos, vamos a ver los precios. Cualquier coste que tiene una obra tiene tres patitas: uno es la mano de obra, otro son los materiales y otro es la maquinaria. Es el trípode donde se aguantan todos los precios de arquitectura. Entonces, voy a mirar lo que me cuesta ese trípode en la excavación, en la estructura, en el tejado, en los lucidos, etcétera. Entonces, analizando ese trípode, ¿qué es lo que pasaba?
Vamos a, por ejemplo, la carpintería. Por ejemplo, yo tengo la carpintería, digo, tengo una ventana, y esto es aplicable en Palma o donde queráis. Esto es, para mí, una revolución, una segunda revolución francesa, porque al final dices: "Tengo una ventana, ¿vale? ¿La restauro o la hago nueva?". Y dice: "Bueno, restaurarla me cuesta 1.000 € y hacerla nueva me cuesta 1.000 €". Dice: "Pues da igual, ¿no?". Pues no sé, yo qué sé. Bueno, pues incluso si costara lo mismo, vamos a ver lo que pasa escarbando en el precio, ¿vale? Porque si yo compro una ventana nueva, de esos 1.000 €, 900 es lo que me cuesta comprarla en la tienda, y luego tengo 50 € que me viene el carpintero para ajustarla y poco más, y otros 50 € de la broca o del camión o de lo que sea.
1.000 €, 1.000 € que se quedan en el planeta Tierra. Vale, vamos a ver qué pasa con esos mismos 1.000 € en el planeta Tierra si restauro. Si restauro, 900 €, y lo tenéis aquí, van al carpintero que vive en el pueblo. Es mano de obra, es dinero que le doy, es promoción de los oficios locales. Estoy manteniendo lo que es la técnica de los oficios locales. Madre mía, tanto que nos quejamos de despoblación, de que no hay trabajo. Estoy fomentando realmente, estoy dándole músculo a todo lo que es los oficios locales. O sea, realmente restaurar es invertir más en la mano de obra. Y muchas veces, yo digo, al mismo precio, solo que lo invierto de una manera diferente. El dinero se ha quedado en el planeta Tierra, pero uno se ha quedado como más cerquita y en el pueblo y ha servido para fomentar, digamos, lo que son los oficios locales. El otro ha llegado a una fábrica de carpinterías que a lo mejor está en París, no lo sé. Bueno, no lo sé. Bien, el caso es que esto es muy importante, y cuando lo entiende algún alcalde se queda así como: "Ostras, pues tengo que fomentar esto", ¿no? Bien.
Bueno, pues para eso hicimos también un pequeño manual de restauración, digamos. Todo esto está online, casi todas las cosas que veis ahí están online, las podéis descargar. En él explicábamos de una manera muy sencilla, casi para gente que no sabía leer o que no quería leer, cómo se podría restaurar una cosa, cómo sería regulín regulón y cómo sería mal, ¿no? O sea, intentar un poco fomentar las cosas bien hechas. Se han hecho muchos años de seminarios con estudiantes, visitas con expertos, con el máster, con niños, hemos hecho talleres, hemos hecho de todo allí, de todo, y lo hemos pasado bien. Generalmente nos lo hemos pasado bien.
Bien, también hemos hecho otras restauraciones de edificios preindustriales, estos edificios que formaban parte de la producción local, ¿no? Un poco en la misma línea.
¿Y qué ha pasado 25 años después de los primeros talleres que hicimos con los estudiantes allí y todo esto? Bueno, pues viendo el mismo pueblo, hemos estado viendo que, a ver, desde luego no es todo, ni por asomo, culpa nuestra o responsabilidad nuestra, pero vemos que efectivamente hay una mayor apreciación por el patrimonio local. Ha empezado a crecer el turismo cultural, por ejemplo. Hay actuaciones cada vez más sensibles; ya uno no va presumiendo de cemento gris, y, hombre, no sé, píntalo, que se te cae la cara de vergüenza un poco, ¿no? Hay una convivencia entre materiales tradicionales y materiales industriales. Hay un poco de todo, ¿no? Hay, como veis, edificios dedicados... no se ve nada... oficios... no se ve nada aquí. Sí, oficios dedicados a la restauración. Hay gente que se dedica a la restauración, ¿no? Y que no para de trabajar. O sea, realmente, incluso el albañil que ha trabajado con nosotros en esta casa tiene una cola de muchísimo tiempo, ¿no? Hay una demanda, hay un turismo cultural, una población estacional, incluso ha crecido la población después del COVID, hay mucha gente que ha vuelto, ¿no?
Y entonces hicimos un estudio de esta aldea, ¿no? Y dijimos: "Vamos a ver qué es lo que ha pasado en estos años", ¿no? Y entonces vemos que había gente... pues dijimos, bueno, pues las casas que se conservan bien, las que no se conservan bien, y vamos a ver las intervenciones donde se han restaurado con materiales naturales y con oficios tradicionales, las que se han hecho con materiales industriales, ¿vale?, y las que las han tirado y las han hecho nuevas. Entonces hicimos un estudio, vemos aquí algunos ejemplos de edificios que se restauraron de una manera, de otra, algunos tirados, y sobre todo hicimos un estudio de LCA, o sea, de life análisis, o sea, un ciclo de vida. Es decir, hemos hablado hasta ahora del bolsillo y hemos hablado del dinero que yo estoy costando y cómo estoy de alguna manera repercutiendo localmente. Pero, ¿qué pasa con el medio ambiente, que también tiene su bolsillo? Es un bolsillo que tenemos que intentar no llenar de carbono, y hay que intentar reducir un poco, descarbonizar, ¿no?
Entonces, bueno, empezamos a hacer una comparación entre lo que habíamos hecho nosotros, todos los materiales, de dónde venían, etcétera, etcétera, ¿no? ¿Qué pasaba si esa misma casa, que tiene 180 m², la restauro con materiales industriales? Tenemos muchos ejemplos allí en el pueblo. ¿Y qué pasa si esa misma casa la tiro, ¿vale?, y construyo una casa igual de 180 m² con materiales nuevos? Entonces, bueno, el resultado es bastante sorprendente, porque aquí veis las tablas, no hace falta entrar en mucho detalle, pero veis la opción uno, que son los materiales naturales con técnicas tradicionales, la opción dos con materiales industriales, la opción tres de tirarlo y hacerlo nuevo. Y eso, por resumir, pues tiene, no sé si lo pone por aquí, sí, aquí: el uso de materiales naturales es un ahorro de entre el 50 y el 80 % de carbono para el medio ambiente. Increíble, increíble. O sea, un 50 % respecto a una restauración normal con materiales industriales y un 80 % si yo tiro la casa y la hago nueva. O sea, es otra revolución francesa, que decía yo. Es una revolución. Si entendemos esto, ya no son solo las políticas de los gobiernos, que por supuesto tienen que ayudar, sino que ya es el poco a poco que vamos haciendo. ¿Qué puedo hacer yo? Pues yo, si hago una casa y la restauro de una manera determinada, estoy contribuyendo a mejorar el medio ambiente, a disminuir el cambio climático, etcétera, ¿no?
Bien. Entonces, ¿qué podemos aportar desde la rehabilitación de arquitectura tradicional? Pues colaborar en ese proceso de descarbonización necesario. Yo creo que ya todo el mundo tiene claro qué está pasando actualmente con el clima dramático que tenemos, cada vez más extremo, ¿no? Proporcionar estas estrategias de intervención que tengan en cuenta estos aspectos medioambientales, etcétera, y fomentar esa perspectiva de sostenibilidad, pero no sostenibilidad solo medioambiental: sostenibilidad sociocultural, porque estoy apoyando a la población local, socioeconómica, etcétera, ¿no?
Problema: ¿y de dónde saco los oficios? ¿Hay artesanos? ¿Hay alguien que sepa hacer esto? Entonces, bueno, de ahí partió hace unos 10, 12 años, ¿no?, digamos, hablando con esto, que el Ministerio de Cultura nos encargó un estudio de toda España, que ya me entra cansancio cuando lo pienso, porque fue recorrer toda España con nuestra autocaravana para arriba, para abajo, buscando oficios y artesanos. ¿Quién había que supiera todavía hacer artesonados? ¿Quién había que sabía hacer la cal, hormigoncillos de cal? ¿Quién sabía hacer tal? O sea, hacer un repaso de los oficios tradicionales que había en ese momento activos en toda España. Teléfono, internet... casi nadie que sabe esas cosas tenía internet entonces, a lo mejor ahora un poquito más. Bueno, no sé, fue muchísimo trabajo, trabajamos muchísimo y estuvimos buscando este tipo de gente, ¿no? Hicimos un estudio de verdad, un año entero y una batería de gente, todos trabajando en ese tema.
E hicimos este mapa que veis aquí. Esto es un documento que está colgado en la web del Instituto del Patrimonio Cultural de España, ¿vale? Lo podéis descargar, y hay mapas donde sale dónde están las personas que hacen cada cosa, ¿no? Incluso hay vídeo, hay ficha. Sí, bueno, ¿vídeo de qué? No, hay vídeos y fichas de cada uno de estos oficios. Bueno, hay un montón de vídeos colgados y un montón de información.
Tres o cuatro años después, una fundación inglesa, que digamos ahora también es española, que tiene una rama española, que es INTBAU, sabiendo de este proyecto y sabiendo de este resultado, dijo: "Me interesa, de alguna manera lo compro. Necesitamos pasar esto y que deje de estar en el papel y convertirlo en una página web útil, ¿vale?". Entonces, lo que hizo fue invertir dinero, nos contrató de nuevo, ¿no?, para poder traducir toda esa información a una página web. Esa página web existe y se llama Red de Maestros, ¿vale?
Es decir, que si yo de repente quiero buscar un carpintero en Ibiza, puedo poner "carpintero tradicional Ibiza". Entonces, te sale la lista de carpinteros tradicionales en Ibiza. O quiero un herrero que no sé cuántos, o puedo buscarlo por provincia, lo puedo buscar por... y hay un montón de cosas. Hay más de los que están en la página web, solo que en la página web, digamos, la fundación dijo: "No, quiero que sea gente que realmente se dedique tradicionalmente, que no se me cuele nadie así". Entonces, bueno, los que están, están, pero hay más, hay más. Y de hecho sigue ampliándose. Nosotros ahora ya no mantenemos la página web, digamos que la mantiene la fundación. De hecho, Alejandro García Hermida vendrá a dar la conferencia aquí dentro de unas semanas y podrá contaros esto, porque él lleva esa fundación. Pero bueno, ya te digo, esto es una cosa superútil, y si necesitáis a alguien, basta acudir aquí. Oye, encontráis lo que os haga falta. Luego también hicimos una serie de libritos de las técnicas tradicionales que veis allí. Todo es gratis, se puede descargar de la web. Está para usarlo, ¿vale?
Bueno, y ligado un poco al tema de los oficios, os vamos a enseñar ya más rápidamente otro caso, ¿no? Esta es una barraca de la Albufera de Valencia, y era lo que antes os decía, que siempre me daba mucha envidia pasar el canal de la Mancha y ver lo que pasa en Inglaterra. Barracas había entre 40.000 y 50.000 en Valencia. Hoy en día tenemos unas 40, ¿vale? Han sido muy sustituidas por varias razones. Una de las razones principales, en todo lo que es el barrio del Cabañal en la ciudad de Valencia, es porque se incendiaban; había un problema de incendio por las cubiertas vegetales, entonces se han ido sustituyendo, ¿no? Pero es curioso, porque en vallas, por ejemplo, solemos comprar o suele haber souvenirs de barraca, ¿no? Entonces la gente dice: "¿Y dónde están las barracas?". Es que, bueno, pues métete por la Albufera, que alguna hay todavía, ¿no?
Bueno, nosotros tuvimos la suerte de que nos encargaron la restauración no solo de una, sino de una de las más antiguas y de las que quedaban todavía con tejado de paja original o tejado vegetal, porque la mayoría de ellas ya tienen un tejado de uralita, ¿vale? Con lo cual, bueno, pues teníamos como un aliciente más, ¿no? Pues este es el aspecto, bueno, de esta zona de la Albufera cuando las barracas eran todavía así, ¿no? Y esta era la barraca de los Aranda. Aquí la veis en los años 60, cuando estaba en muy buenas condiciones, y nosotros la conocimos hace unos 20, 25 años, y luego poco a poco ha ido degradándose, porque ya la gente no vivía en la barraca. Nosotros la conocimos cuando la gente vivía, ¿no? Pero luego la fueron dejando y poco a poco la verdad es que se fue degradando, degradando, degradando. Incluso cuando empezamos el proyecto, cuando empezamos la restauración, siguió degradándose porque entraba el agua, ¿no? Una de las amenazas más grandes de todo esto es que cuando empieza a entrar el agua realmente todo se degrada muy rápidamente. Y aquí veis un poco la progresión, ¿no?, de la degradación, hasta llegar realmente a tener ya el tejado muy, muy en malas condiciones.
¿Cuáles eran los objetivos? En este caso, obviamente, recuperar un edificio, en este caso era privado, un edificio tradicional —más tradicional que esto de la Albufera era imposible—, pero no solo mantenerlo y conservarlo, sino hacerlo con los materiales tradicionales, con las técnicas tradicionales, y promoverlo, que se conociera, que se viera, que se viera cómo se había hecho, ¿no? De hecho, un empeño nuestro era que los oficios que trabajaban aquí tenían que ser locales, cosa que no es fácil porque prácticamente no queda nadie, sobre todo que sepa hacer el tejado vegetal. Teníamos opción de buscar gente en otros lugares, pero queríamos a la gente de allí, porque, entre otras cosas, alguien que lo hace luego está muy orgulloso de haberlo hecho, entonces lo cuenta, lo enseña, y si es de allí, pues va contándolo, ¿no? Entonces, bueno, pues ese era uno de los objetivos fundamentales.
La barraca estaba construida con adobes, adobes hechos directamente con la tierra de allí, de las orillas de la Albufera, y con pared de mano, que es esta parte de aquí arriba. Bueno, ya es algo más técnico, pero que queda en poquísimos, poquísimos lugares.
Tuvimos que reforzarlo porque, al haberse roto la cubierta —luego lo veremos—, prácticamente se partieron todas las cerchas de la cubierta, porque había un ataque de termitas muy fuerte, con lo cual se partió la cubierta; al partirse empujó los muros, los muros se fueron cayendo hacia fuera y tuvimos que reforzarlo por fuera. Lo reforzamos con adobe, como lo veis allí. Bueno, esto es simplemente un vídeo para que veáis al señor poniendo los adobes, que se conectaron luego con unas cañas a los muros originales, pero los muros están allí, simplemente tienen un muro por fuera para aguantar el desplome del muro original.
Esta es la situación en que se encontraba la cubierta. Veis aquí que a las termitas pues les encantaba la madera. La madera húmeda es perfecta para las termitas xilófagas. La verdad es que nos hubiese encantado conservar parte de la cubierta, pero no fue posible. La cubierta era una cubierta del 18, con las marcas, con los clavos hechos a mano y todo eso, pero no pudimos conservar nada.
Pero hicimos quizá una operación que creo que fue bastante interesante: no solo estudiarla a la hora de desmontarla, sino desmontar una mitad, empezar a construirla y desmontar la otra mitad, porque siempre que desmontas algo parece que sabes todo, pero normalmente no sabes nada, y luego, cuando vas a montarlo, no sabes cómo estaba hecho el puzzle. Entonces, al mantener una mitad, era un continuo ver cómo eran los nudos, y vas y lo miras y puedes realmente hacerlo igual, ¿no? Entonces, bueno, en este caso, aquí veis la situación que tenía esto, que evidentemente no se podía aguantar, y bueno, pues se hizo una cubierta nueva, pero exactamente idéntica a la que había, con las mismas técnicas. Fuimos a cortar otra vez el carrizo, el cañizo, todo, todo en su momento, y buscamos pues
…la única persona en activo, porque una cosa es que los artesanos sepan hacerlo y otra cosa es que puedan hacerlo, ¿vale? Porque muchas veces dicen: "Vale, sí, pero no puedes trabajar en una obra porque no estás activo, ¿no?". Entonces, en este caso, este señor sí que podía hacerlo, y lo bueno es que también, mientras iba haciendo la cubierta, estuvo enseñándolo también a otras personas. Entonces, los que trabajaban con él estaban aprendiendo a hacerlo y ahora, bueno, pues hay por lo menos tres o cuatro personas que saben hacerlo y, bueno, pues vamos avanzando, ¿no?
Entonces, bueno, pues aquí veis las varias fases. Todo esto es bastante lento porque necesita los tiempos de la naturaleza, ¿no?, con lo cual pues tienes que ir a cortar el carrizo cuando toca, no puedes ir más rápido; el borró, que es el vegetal de arriba, también. Pero bueno, todo eso se hizo con los tiempos que hacían falta. Eso luego es el pavimento interior, que es un pavimento de tierra con cal, pero es de tierra. Tradicionalmente era un pavimento de tierra, lo que pasa es que le hemos añadido un poquito de cal para que se pudiera luego pulir y poner encerado.
Y bueno, pues aquí veis ya la barraca una vez acabada. La barraca tiene pues su baño, tiene su cocina; o sea, actualmente es privado, es un edificio que no es un restaurante, es un lugar como de reuniones privado y se utiliza para reuniones, para celebraciones. No lo parece, pero tiene tres frigoríficos industriales, tiene una cocina industrial, una cocina profesional de restaurante; o sea, tiene muchísima carga de instalaciones, pero ahí lo veis.
Bueno, pues aquí veis, aquí también hice un proceso bastante de comunicarlo durante la obra, llevar a la gente a verlo. Incluso pues vinieron muchas veces de visita; hasta al Ayuntamiento de Valencia le gustaba venir a verlo, ¿no? Los técnicos del Ayuntamiento venían a ver cómo se estaba haciendo. Y bueno, aquí un vídeo, es un poco larguito, son, bueno, son 5 minutos.
Sabemos que en Valencia, en la huerta de Valencia, en el entorno, en el Cabañal, en el entorno de la Albufera, en torno a 1850 habría decenas de miles de barracas; era la construcción típica. Este tipo de construcciones, que parece tan típica de Valencia, digamos que se tiene como símbolo, está muy bien. Tiene muchos primos hermanos, muchos parientes cercanos en muchas partes del mundo. Es algo que nos une dentro de la cultura lacustre, podríamos decir. No quedan muchas de estas barracas; o sea, había muchísimas, pero ahora ya pues quedan a lo mejor entre 40 y 50, como muchísimo. Estaban construidas con muros de adobe o de muro amasado de tierra y luego con una cubierta vegetal.
Cuando empezamos a estudiar la barraca nos dimos cuenta de que tenía muchísimas soluciones constructivas que ni siquiera estaban documentadas a principios del siglo XX, cuando se hacen muchos estudios sobre las barracas. Esta barraca no se correspondía con las barracas reflejadas en dibujos a principios del siglo XX. Esto puede ser por dos motivos. Uno, porque había muchísimas variantes y hay que aceptar que no había un solo tipo de barraca, sino que había muchas. Y otro, porque esta barraca enseguida mostró que tenía mucha más antigüedad, que era una barraca probablemente de finales del siglo XVII.
La idea era restaurarla también con los materiales tradicionales. La verdad es que, a ver, ha sido una restauración lenta, y yo eso sí que lo he comentado alguna vez también con la propiedad. Es como la cocina, ¿no? La buena cocina no se hace en 3 minutos. Bueno, pues la buena restauración tampoco se hace en dos meses. Necesita tiempo porque, por ejemplo, la cubierta vegetal sí que necesita cortar las cañas cuando toca, cortar el borró cuando toca. Y hay unos tiempos que son los tiempos de la naturaleza.
Es interesante porque los muros estaban hechos de adobe, pero la parte superior era un muro amasado de tierra, que era fascinante porque sabíamos que existían ese tipo de muros, pero no habíamos encontrado ejemplos. Y ahí teníamos un ejemplo en vivo de algo que sabíamos por la literatura que existía, pero no habíamos visto nunca.
De hecho, los muros se han tenido que reforzar o como doblar; el muro que estaba muy inclinado se ha doblado por fuera con adobe también, para que fuera el mismo material. La cubierta sí que se ha tenido que rehacer, la mayoría de la estructura en sí, pero luego se ha hecho exactamente igual, y todo lo que es la cubierta, digamos, vegetal también se ha hecho según la tradición, con el carrizo y luego con el borró, digamos, como revestimiento externo.
Y bueno, también el uso un poco que se le está dando ahora, ¿no?, que yo creo que también es interesante porque está abierta para que se visite. Yo creo que lo interesante es que la gente también la está visitando, ¿no? Cuando se visita El Palmar se puede visitar porque está allí en el centro.
Y bueno, ya un poco concluyendo esta parte y dando paso ya a la última parte, bueno, nosotros consideramos que efectivamente todo esto es parte de algo como un flujo continuo, ¿no?, que empieza con el conocimiento. Todo lo que no conocemos tampoco lo podemos valorar, ni conservar, ni proteger, ni vivir, ¿no?, ni entender. Luego la valorización, la protección, la conservación, la formación y luego también la innovación. Por eso un poco ese enlace entre la tradición y algo nuevo que podemos hacer hoy en día también a partir de todo esto, ¿no?
Y bueno, rápidamente… Bueno, ahí a mí me han dicho que acabemos en una hora, así que tenemos 2 minutos, ¿no? 6 minutos después de la introducción. En 6 minutos acabamos, no hay problema. Vamos a ver, por acabar de decir: ¿qué hacemos con esta arquitectura? ¿Se puede usar esta arquitectura para hacer arquitectura nueva? Pues vamos a enseñar un ejemplo sencillito.
Este es un plano de España donde se utiliza, digamos, la bóveda tabicada, o sea, las bóvedas de ladrillo cogidas de canto, ¿no? Y bueno, que tiene una antigüedad pues medieval, que tiene tradición en arquitectura vernácula, digamos; esto es en Castellón, ¿vale? Que también ha dado el salto a las Américas: hay una persona que se llama Guastavino, digamos, valenciano, que fue allí y construyó un montón de edificios superfamosos, todos protegidos en Estados Unidos, ¿no? Y sobre todo que está viva. O sea, es muy fácil encontrar, por lo menos en el entorno de Valencia, muchísima gente que construye estas bóvedas con facilidad.
Este es el vecino, por cierto, que nos dijo: "Tengo que hacer una escalera altilla". Le dije: "¿Quieres una escalera así?". Dice: "Claro". Y entonces, bueno, pues mira, se la hizo, le costó bien barata, está emocionado, pasa todo el barrio por ahí para ver la… Bueno.
Y entonces, bueno, a nosotros nos llegó un encargo de una familia de unos productores cerámicos que querían hacer un panteón para la familia, ¿no? Entonces, querían un panteón hecho con cerámica, digamos, que fuera algo sencillo, desafectado, una cosa… a ver, pero que sobre todo usara la cerámica, la tradición, ¿no? Entonces, bueno, este es el panteón. Como veis, aquí tiene una parte subterránea y luego tiene encima una especie de pórtico, ¿no? Porque la idea es que fuera algo acogedor, que acogiera a cualquier persona, que fuera una cosa que no tuviera grandes símbolos, ¿no?
Y bueno, lo bonito de este caso, por lo menos como arquitectos, es que yo creo que esta es la única obra que hemos empezado en las canteras de arcilla, seleccionando la arcilla. Luego hemos ido a… ellos no querían hacer cerámica industrial. Cogimos una tejería tradicional y allí seleccionamos el formato, la terraja, el tipo de combustible, más oxidante, más reductor. Seleccionamos todo e hicimos esta bóveda, ¿no?, con la técnica tradicional. No tiene armadura, digamos. Simplemente tiene esos pliegues que veis allí. ¿Qué es lo que están haciendo los pliegues? Es como cuando tengo un papel que lo cojo así: está flácido, pero cuando le doy un pliegue se aguanta él solo, o lo pliego en acordeón y puedo meter una Biblia encima. Pues es el mismo concepto. Cuantos más pliegues tiene, más aguanta.
Y entonces, bueno, esto es lo que es. Este es el panteón hecho sin armadura. Pesa poquísimo, poquísimo material, nada de cemento, digamos. Es decir, bueno, está el cemento de la segunda capa, pero el yeso… prácticamente es poco material. Esto es una vista nocturna. Esto está en Villarreal, en Castellón, ¿no? Hay varios vídeos en la web, hay tres vídeos que podéis ver de cómo se construyó. Ahí tenéis alguna referencia.
Esto pues, digamos, gustó y nos acabaron llevando a la Bienal de Venecia. Estuvimos participando en la Bienal de Venecia mostrando que estas bóvedas se podían utilizar para sustituir los forjados de hormigón, para evitar usar el hormigón y hacer cosas más sostenibles. Hemos hecho talleres con estudiantes sobre bóvedas tabicadas. Los estudiantes lo pasan en grande: aprenden y se lo pasan en grande haciendo pruebas de carga, sobre todo. Ha habido algunas cosas que han diseñado los estudiantes también para construir con bóvedas tabicadas.
Y luego hemos hecho algunas experiencias también de exportar esta técnica, digamos, a otros lugares donde nos han pedido, por ejemplo, consejo para cómo construir una escuela económica en Burkina Faso. Pues entonces enseñamos a los técnicos; fuimos allí, enseñamos a la gente a fabricar, hicimos una investigación también sobre cómo fabricar con adobes estas bóvedas tabicadas. Siempre que vamos a un sitio hacemos talleres con los niños, porque es una forma de darle continuidad: todo aquello arranca cuando son pequeñitos, ¿no? También lo hemos hecho en Nepal, haciendo bóvedas tabicadas armadas con tejidos para poder aguantar terremotos, ¿no? Estos son los talleres que hicimos con los niños allí, algunas pruebas que hemos hecho. Seguimos en contacto con Nepal.
Toma, si quieres hacer más tú.
Bueno, y esto es simplemente un poco retomar, ¿no? Teníamos muchos problemas al principio, seguimos teniendo nuestros problemas, ¿no?, pero pensamos que, bueno, la arquitectura tradicional nos puede ayudar en algo, y la rehabilitación de la arquitectura tradicional nos puede ayudar en muchos temas, ¿no?: empezando por mantener, por supuesto, los valores culturales, mantener la historia y la memoria, recuperar los edificios existentes —no tirar para volver a hacer, sino utilizar lo que tenemos—, emplear los materiales de proximidad, promover la sostenibilidad medioambiental, crear puestos de trabajo en rehabilitación y restauración, que es una forma también de fijar la población, crear trabajo también en gestión cultural, de patrimonio cultural, en estos pueblos de interior, que muchas veces tienen este problema de la despoblación, y de alguna forma podemos ayudar. Por lo tanto, fijar la población local, promover la sostenibilidad socioeconómica, sociocultural, atraer población exterior, también disminuir transportes y residuos, reducir la huella de carbono. Bueno, algo podemos hacer, ¿no?, gotita a gotita. Tampoco se trata de que sea una revolución, como dice Fernando, pero yo creo que gotita a gotita cada uno podemos aportar nuestro granito de arena, ¿no? Y con esto ya acabamos, os agradecemos muchísimo la atención y estamos disponibles para vuestras preguntas.
Pues muchas gracias.
Bueno, más o menos una clavada.
Perfecto, muchísimas gracias. Y bueno, como siempre, tenemos espacio para algunas preguntas. Si me lo permiten, les hago yo una primero para romper el hielo y enseguida les dejamos que hagan preguntas, por favor, usando el micrófono que les pasará mi compañero Tony, que está al fondo de la sala. Ah, y bueno, es que hay tanto para pensar en lo que hemos visto en esta hora tan corta.
Una primera pregunta: habiendo estado ya unas décadas dedicados a este trabajo, ¿os da la impresión de que ahora mismo, en 2026, hay una sensibilidad diferente? ¿Ha cambiado algo la percepción? Bueno, nos habéis puesto un ejemplo a muy pequeña escala en el pueblo en el que habéis reformado la primera casa de la que nos habéis hablado, y cómo eso ha podido crear pues una cierta onda expansiva en ese lugar, pero más en general, en la sociedad, en España en general o en Europa, ¿cómo veis este panorama ahora mismo?
Bueno, yo creo que en general todo lo que son movimientos culturales y temas sociales son lentos. O sea, no podemos pretender tampoco que de un día para otro las cosas cambien, ¿no? Pero yo creo que por eso nos gusta ese ejemplo de los 25 años después, porque en 25 años algo sí que ha cambiado, que no depende de nosotros, como ha dicho Fernando, sino que realmente las cosas han ido cambiando poco a poco. Yo creo que sí que hay un poco más de conciencia cultural, un poco más de atención. También hay una cosa que no hemos querido traer porque también eran muchas cosas, pero sí que ha habido un momento en que varios arquitectos de estos archistar, que a lo mejor a nosotros tampoco nos gustan del todo, ¿no?, pero sí que es verdad que, bueno, porque la moda es un poco la sostenibilidad y demás, al final han empezado a utilizar materiales más compatibles, si quieres, más tradicionales, ¿no? No la forma del artesano que lo hace, pero sí algunos materiales, y eso también crea algo, si quieres, de movimiento, de interés, una cierta moda. No me gustan mucho las modas, pero ayudan a veces, ¿no? Entonces, bueno, yo creo que algo ha cambiado. Me gustaría que cambiara muchísimo más, pero no lo sé. Yo creo que poco a poco, ¿no? No sé.
Y un poco al hilo de esto, ¿cómo encajáis en una escuela de arquitectura ahora mismo? Porque claro, yo estudié hace ya unos cuantos años, tenía amigos arquitectos y me parece que esto, en comparación con, digamos, lo que uno estudia y la actitud hacia el diseño, hacia el patrimonio, etcétera, pues que si no hubiera cambiado nada de ese panorama que yo conocí un poco de segunda mano, vosotros seríais bichos raros, si me lo permitís, ¿eh? ¿Cómo encajáis ahora mismo en vuestro entorno docente?
Hace 20 años se encajaba muy mal, pero han sido los alumnos los que han dado codazos, y yo creo que les gusta. O sea, nosotros somos responsables de la asignatura de restauración y los alumnos se enganchan y se dan cuenta de que están aprendiendo. Bueno, ha habido pues varias ocasiones en que te das cuenta de que al final los alumnos dicen: "Mira, en esta asignatura yo estoy aprendiendo". Vamos, unos rudimentos de teoría y unos rudimentos también de criterios. Pero ellos se dan cuenta; incluso las prácticas que hacen en la asignatura, en por lo menos una docena de ocasiones, como están ya en quinto curso, han acabado en encargos que les hacen a ellos. O sea, son tan realistas que han podido luego hacer su primera obra; o sea, que ellos contentos. Es decir, yo en general, no sé, a lo mejor alguno nos odia, pero en general yo creo que tiene muy buena aceptación esa asignatura. Y al principio iba un poco a contracorriente: cuando pedimos un solar al rector para poder hacer experiencias, hacer tapia, la gente miraba y decía "¿esto qué?", y luego al final pues te das cuenta de que, no sé, hasta los profesores, digamos, nos respetan, no sé. Creo que sí, espero que sí.
A ver, yo creo que, bueno, en las escuelas de arquitectura se sigue enseñando mucho hormigón, mucho metal, pero creo que poco a poco también hay un poquito más de sensibilidad, ¿no? También porque el alumnado lo pide bastante, ¿no? Los estudiantes lo van pidiendo, aunque sea para construcción de edificios nuevos o, por el otro lado, por la rehabilitación. Un poco el tema de la rehabilitación, que tiene mucha, mucha demanda, porque cada vez hay más demanda, y por lo tanto ellos se sienten… Claro, cuando llegan a quinto curso, llegan a la asignatura de restauración y dicen: "Uf, en 5 años no he visto nada de esto, ¿no? Y ahora, el día que salgo, el trabajo es todo de esto", ¿no? Entonces ellos mismos se dan cuenta de eso, y sí que realmente yo creo que es de las asignaturas que les gustan, ¿no? Y pero…
Bueno, poco a poco. Luego también es verdad que en los colegios de arquitectos de España, esas estadísticas que hacen, hasta hace pocos años solo el 20% de los proyectos que entraban eran restauración, rehabilitación, conversión, lo que queráis, algo con lo antiguo. Y ahora hemos pasado en poco tiempo a un 80%, algo así, ¿no? Sí, un 70. Es decir, que más vale que sepas de qué va esto porque te quedas atrás, te quedas sin trabajo, ¿no?
Entonces, bueno, es que ahora mismo se ha invertido y en Europa es todo así. En Europa hay cada vez menos obra nueva y hay más de rehabilitación, restauración, llamadlo como queráis, algo con algo existente, ¿no?
Si me permitís una última pregunta mía antes de daros paso, es que tengo muchas, está chupando cámara. Ese estudio previo que hacéis, por ejemplo, un estudio de dendrocronología, ¿es costoso hacerlo o es muy largo? Esa parte, digamos, de análisis previo de un paciente que tenéis que curar, ¿es algo muy caro o muy largo? Porque no lo he visto reflejado en esas estadísticas de costes.
Y una pregunta también relacionada: ¿os veis que, al ser arquitectos que estáis firmando un proyecto, trabajar con un paciente como este os hace asumir responsabilidades que un arquitecto, entre comillas, tradicional o moderno, no sé qué palabra usar, pero un arquitecto normal, no? Se siente más cubierto, más seguro por un uso de materiales que están perfectamente medidos, homologados, estudiados.
Bueno, las dos cosas. Respecto al estudio, ¿vale? Podemos utilizar muchísimas técnicas, pero para hacer un estudio previo de un edificio hay una herramienta fundamental, y yo siempre se lo digo a mis alumnos, es esta. Y esta cuesta poquito, cuesta las horas, ¿no? Porque realmente, vale, podemos hacer dendrocronología, escáner láser, millones de cosas, pero lo que importa más es lo que sabes, lo que ves, lo que estudias y lo que analizas, ¿no?
Entonces, a ver, podemos hacer la dendrocronología, sí, pero podemos no hacerla, que tampoco pasa nada: es una madera antigua y da igual que sea del 18 que del 19, ¿no? Todo lo demás que podamos hacer para dar valor al edificio creo que es útil para dar valor al edificio, pero no es necesario para poder intervenir.
Y respecto a lo otro, sí, evidentemente un arquitecto normal, que también creo que nosotros somos normales, pero bueno, digamos que un arquitecto que suele trabajar con estructuras más convencionales está más cubierto por la normativa, que ese es uno de los grandes problemas que tenemos con la arquitectura tradicional, la técnica tradicional o materiales tradicionales, que no entran dentro de la normativa. Y también, yo no tengo la sensación de estar arriesgando el cuello, ¿no? Pero quiero decir que es evidente que si tú quieres estar cubierto al 100% por la normativa, por el seguro y demás, es más fácil.
Ahora, en nuestro caso, por ejemplo, sí que hay una posibilidad, porque la normativa te lo permite, en caso, por ejemplo, de patrimonio: te tomas la responsabilidad de lo que haces y entonces dice: "Bueno, pues vale, sale de la normativa, pero lo puede justificar". Puede justificar que aguanta el fuego, puede justificar, o sea, se puede justificar bien y cumple, pero justificando. Entonces es más complejo, evidentemente.
Bueno, una cosa aquí. No sé de todos los que hay aquí, que seguro que hay algún arquitecto, pero vamos a imaginarnos que no hubiera arquitectos. Yo digo, a ver, ¿quién no ha estado nunca en el médico aquí? Todo el mundo ha estado en el médico en algún momento, ¿correcto? Seguramente no todo el mundo ha contratado un arquitecto, ¿vale? Pero a lo mejor en toda tu vida algún día contratas un arquitecto.
Vamos a hacer la comparación. Si te duele una muela, ¿te metes en el ginecólogo? No, sabes muy bien que te vas al especialista de las muelas, al odontólogo. Es decir, con los arquitectos pasa lo mismo. Es verdad que durante mucho tiempo, un poco por defender la profesión, se ha dicho: "No, los arquitectos todos valen para todo". Mentira cochina, lo siento, pero es que al final hay gente especialista en hospitales, hay gente especialista. Es así. Lo siento decirlo, pero es que es así.
Entonces, si tú vas a un médico y le dices: "Mire, tengo un problema en la rodilla", y te dice: "No se preocupe, le corto, le pongo una prótesis", dices: "Espérate, voy a pedir una segunda opinión". Y te pasa un médico que sabe de rodillas y te dice: "Mira, te voy a poner un tornillo de titanio". Y dices, ¿con cuál te quedas? "Ponme el tornillo, por favor". Pues aquí pasa lo mismo.
Entonces, cuando se habla un poco de precios, de arquitecto y todo esto, al final también hay que saber: un estudio previo lo puedes hacer muy fácilmente si tienes experiencia. Si no tienes experiencia, todo te parece una montaña.
"Corta la pierna, mejor, que así la hacemos. Te hago una pierna con la que vas a correr el doble". "No, da igual, me quedo con la que tengo, ¿vale? O sea, no me pongas la prótesis aunque corra el doble". Con las casas es lo mismo. Es decir, que en principio lo que hay que hacer es buscar a alguien que esté más especializado, porque te va a salir mucho más económico también, incluso al medio ambiente, ¿entiendes?
Si no sobreactúas, probablemente vas a retener más el carácter del edificio, vas a decir: "Ah, esta es la casa". No es "qué bonita era antes de restaurarla", no, dices "qué bonita ha quedado". Eso sería. Y luego, pues efectivamente, que al final a lo mejor cuesta menos dinero, tanto al bolsillo como al medio ambiente, no sé.
Hola, mira, os quería preguntar si, así como tenéis la red de maestros para poder localizar a los artesanos de los diferentes oficios, hay alguna manera para poder localizar a esos arquitectos que puedan dedicarse a la rehabilitación.
Qué bueno. Es buena pregunta.
De edificios de más de 100 años, por ejemplo, edificios que no tienen cimientos, algunos tienen refugios excavados de la Guerra Civil, y no tenemos cimientos. Y cómo localizar al arquitecto que realmente controle el marés, por ejemplo, en Mallorca, porque casi todo lo de esa época es de marés, hay mucha humedad, tenemos goteras, etcétera, etcétera.
Pues está muy bien la pregunta, porque, bueno, al final, a ver, hay más instrumentos de los que puede haber con un artesano, que normalmente es alguien muchas veces anónimo, que a veces no aparece en una página web o lo que sea, ¿no? Entonces, en un principio, pues uno puede acudir a un colegio de arquitectos y preguntar por gente especializada en un tema, y fiarse o no fiarse, depende, porque al final, dentro de las especialidades en restauración, puede ser una cosa que te guste o que no te guste. Pero normalmente el arquitecto sí que suele tener una página web, y uno, si pierde un poco de tiempo, dice: "Bueno, pues este estilo me gusta o esta línea me gusta", creo yo. No sé.
A ver, lo que no hay es una red de maestros, o sea, yo buscaría por la página web, tampoco sé si lo dejarían hacer. Buscaría la web, preguntaría en el colegio de arquitectos y también filtraría; buscaría en la página web gente de la que dices: "Bueno, pues esta línea me gusta".
Preguntando, el boca a boca funciona también.
Es un poco también como si te vas a hacer el diseño de una casa, en diseño interior, usas un interiorista, pues a lo mejor dices: "Voy a ver, este estilo me gusta". Pues no sé, a diferencia de los artesanos, normalmente sí que hay páginas web y la gente pues suele presentar lo que ha hecho. Quizás sea...
Yo veo que a nosotros, por ejemplo, nunca nos viene ningún encargo que nos pida tirar un edificio y hacer otra cosa. Nunca nadie nos ha preguntado eso. Entonces, ¿será que alguien bucea y mira a ver lo que hacemos, ¿no? Entonces, casi siempre cuando nos buscan es para hacer este tipo de trabajo. Entonces, bueno, yo creo que así más o menos es como se llega, ¿no?
La conversa, perquè si algo que és rectificar, reutilitzar i reduir i no tirar res. Què es tira, tots sabem qui, normalment administracions públiques estan en contacte de un... passa una de coses, era voluntat política. Dos mesos oí que una casa, en un poble petit, que no... uns familiars vol tirar i vendre el solar, i jo vull recuperar i rehabilitar. Ajudes públiques, i un pressupost molt limitat, es podria fer, rehabilitar aquesta casa, 40, 50... Bé, una cosa bàsica.
Bueno, depende del presupuesto. O sea, a ver, yo creo que sí, que todo se puede hacer. Te digo que estas que habéis visto, realmente los presupuestos no son muy grandes, o sea, son presupuestos normalmente bastante pequeñitos. Ayudas, depende. Yo no sé aquí qué ayudas puede haber. Es que eso ya no lo sé. Depende de los momentos. Por ejemplo, yo sé que en el Rincón de Ademuz ha habido épocas en que había ayudas para fachadas o cosas de este tipo, ¿no? Ayudas normalmente a patrimonio privado no hay muchas. Hay para monumentos, para edificios públicos, pero un poquito menos para privados. Normalmente hay para fachadas en el caso de privados. Aquí no lo sé. Aquí la verdad es que lo desconozco.
Valladolit.
Ah, en Valladolit. Pues tampoco lo conozco. No lo sé. No sé lo que puede haber, pero bueno, igualmente, a nivel de presupuesto, yo creo que, a ver, se puede hacer con un presupuesto pequeñito, recuperas muchísimo, muchísimo de lo que tienes, y se van haciendo poco a poco las cosas. Cuanto más conservas, en teoría por lo menos, menos cuesta.
Es decir, lo único que pasa es que, yo te digo, hay que buscar el tornillo de titanio, no empezar a cortar piernas aunque te pongan una pierna biónica, ¿sabes? Porque cuando te dicen: "No, te pongo hormigón, que esto aguanta más", dices: "No, yo quiero la suya, ¿entiendes? Quiero mantener la suya".
De todas maneras, nosotros hicimos uno de los manuales de restauración hace años, y sigue reeditándose; se ha reeditado ahora en valenciano, en castellano y en inglés. Se llama Aprendiendo a restaurar. Ese no está online, lo siento, pero es que se sigue vendiendo y no quieren ponerlo online, pero por nosotros lo hubieran puesto ya online.
Bueno, pues este lo hicimos porque nos dijo la Consellería de Obras Públicas en Valencia: "Mira, yo tengo ayudas para intervenir en los pueblos y doy el mismo dinero a quien tira la casa y la hace nueva, a quien la restaura con cemento, a quien la restaura con cal". Y digo: "Pero bueno, eso no puede ser". Dice: "Es que, claro, mis técnicos no saben". Y digo: "Bueno, pues nosotros te hacemos un manual con los criterios".
Ese manual salió, y entonces dices: bueno, si lo hacen más en esta línea, tú le das el 100%, y si le das esto... y si la va a tirar le das el 0%. Ya verás que con la zanahoria las cosas funcionan. O sea, cuanto más atractivo sea, pues efectivamente más... Entonces, bueno, yo creo que al final la administración pública en eso tiene una labor importante. Si va a tener ayudas, que discrimine, está muy bien, porque al final lo que haces es intentar mantener el máximo, ¿no?
Muchísimas gracias otra vez. Ha sido un placer teneros aquí a los dos.
Gracias.
Y mucho éxito en vuestro trabajo y en esa labor, tanto de educación en la escuela de arquitectura como de despertar una sensibilidad que pienso que está también creciendo. Muchísimas gracias.
Gracias. Gracias a vosotros.
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