Faisal Cherradi y la arquitectura de tierra del sur de Marruecos: el patrimonio como pretexto para mejorar la vida de la gente
Fundación Juan MarchEn la tercera sesión del ciclo Hecha entre muchos, dedicado a la arquitectura popular del Mediterráneo, la Fundación Juan March en Palma invitó al arquitecto e ingeniero de edificación Faisal Cherradi, especialista en arquitectura de tierra y conservación del patrimonio. Cherradi se formó en Granada, Valencia, Normandía y la École de Chaillot de París. Trabajó en el Ministerio de Cultura marroquí, dirigió la restauración de Aït Ben Haddou, patrimonio mundial, y ha sido consultor de la UNESCO. Su charla recorrió los ksour y las kasbahs de los valles presaharianos del sur de Marruecos, pero su tesis central no fue estética. Para él, preservar este patrimonio vivo solo tiene sentido si sirve para que la gente que lo habita siga viviendo allí en condiciones dignas.
De la Alhambra al sur de Marruecos
Cherradi empezó situando geográficamente su tema. Habló del sur de Marruecos, aunque según él podría generalizarse al sur del Magreb, porque esta arquitectura aparece también en el sur de Argelia, de Túnez, incluso de Libia, y "un poquito" en una zona central de Egipto. Es una arquitectura bereber, o amazigh según la terminología actual, que integró elementos llegados con el islam. Para el ponente, su riqueza procede de la posición de la región como cruce de caminos entre el África subsahariana, al-Ándalus y los pueblos que venían de Oriente Medio.
Explicó qué le llevó allí. Estudiaba en Granada con profesores como Pedro Salmerón, Antonio Almagro o Carlos Sánchez, y participaba en trabajos de restauración en la Alhambra. Observó que siempre se restauraban los revestimientos: el yeso esculpido, el alicatado, la madera. Cuando se llegaba al tapial que sostenía todo eso, con humedades que expulsaban el revestimiento, nadie sabía qué hacer. Su padre, también arquitecto, le había enseñado el sur de Marruecos, donde la construcción con tierra seguía viva y se hacía casi como durante un milenio, sobre todo con adobe y tapial. Su razonamiento fue sencillo: si no se conoce cómo se construye algo, difícilmente se pueden tratar sus patologías. Así que fue a aprenderlo.
Allí descubrió algo que la Alhambra, un monumento "vacío", no le había mostrado. Esta arquitectura estaba viva en todos los sentidos: se seguía construyendo y había gente viviendo dentro. También le sorprendió el contraste de presupuestos. Los de la Alhambra le parecían "estrambóticos" comparados con los que manejaba en Marruecos.
"El verdadero patrimonio es la gente"
Tras unos cinco años y medio en el sur, Cherradi fue destinado a Marrakech como director regional de cultura e inspector de monumentos. Allí se encontró con la preocupación, hacia 2000-2002, de que los extranjeros estaban comprando todos los riads de la medina. Él no lo compartía. Según sus cifras, se habían vendido unos 280 riads frente a unas 33.000 viviendas, y eso no le parecía problemático. Lo que le preocupaba era cómo rehabilitar la vida de quienes seguían viviendo allí. El patrimonio vendría después.
De esa experiencia sacó una definición que él mismo calificó de dura y que, admitió, puede molestar a algunos profesionales de la conservación. Para él, la preservación de este patrimonio es una excusa para mejorar las condiciones de vida de la gente, "punto". Anticipó que hablaría de proyectos en los que la preservación era el pretexto para llevar electricidad o agua potable, a mediados de los años noventa. Insistió en que se trata de un patrimonio vivo que hay que mantener cada año, después de cada lluvia. En eso se diferencia de una catedral de piedra.
Un territorio moldeado por las caravanas y por su final
Cherradi leyó una introducción más académica. En la frontera del desierto, explicó, la forma está sujeta a las leyes de la naturaleza, y buscar lo esencial en la llanura presahariana es "introducir lo racional en el paisaje", es decir, hacer arquitectura. Recordó que viajeros desde Ibn Battuta en el siglo XIV hasta Charles de Foucauld en el XIX describieron los oasis de la región como un jardín paradisíaco en medio del desierto. También señaló que de allí partieron las grandes dinastías marroquíes: almorávides, almohades, saadíes y alauíes.
Según el ponente, el desarrollo de estos valles estuvo ligado durante siglos al comercio caravanero. Este empezó hacia el siglo III con la introducción del dromedario traído de Arabia, que permitió cruzar hacia el África subsahariana en busca de oro, sal y, "por desgracia", esclavos. Las zonas por donde pasaban las rutas se enriquecían cobrando derechos de paso y protección. Las caravanas también traían un intercambio cultural profundo, el mismo que alimentó al-Ándalus. Sobre un mapa distinguió una ruta almorávide, otra almohade y otra saadí, esta última orientada hacia Tombuctú y sus minas de sal y oro. Con el descubrimiento de América y el auge de los imperios portugués y español, las rutas fueron perdiendo peso. En los siglos XVIII y XIX ya solo se comerciaba con goma arábiga, lana o plumas de avestruz.
Cherradi identificó otra ruptura más reciente. Cuando se constituyó el Estado moderno y este empezó a asignar la tierra a individuos en lugar de a la comunidad, "se rompió todo": lo social, lo político y lo económico. Recordó que la última caravana se detuvo en la plaza Jemaa el-Fna de Marrakech en 1954, "no hace tanto tiempo". Tras la caída del comercio caravanero, la sociedad tuvo que vivir de una agricultura de subsistencia. Según él, desarrolló uno de los sistemas agrarios más intensivos del mundo, en lucha constante contra la aridez.
Aclaró también un malentendido sobre la construcción con tierra. No consiste en apilar tierra o arena. Siempre se trabaja con tierra, paja y agua, porque la tierra nunca se usa seca. Por eso, en mitad del desierto, estas construcciones solo pueden estar junto a los ríos que llevan agua, y no siempre la llevan.
El Atlas, la "parte no útil" y la fragilidad del turismo
Con imágenes del Alto Atlas, una cordillera con cumbres de más de 4.000 metros que divide el país, Cherradi explicó que el 70% de la zona fértil de Marruecos es montañosa. Tradicionalmente se ha distinguido una parte "útil", al norte, y otra "no útil" tras el Atlas, por falta de agua y de otras cosas. Según él, eso todavía se nota en las infraestructuras. El paso del Tichka, con la carretera a unos 2.250 metros, se corta cada vez que nieva. Sin carreteras, sostuvo, el sur no se desarrollará. Bromeó con que, siendo "un poco mala gente", el aislamiento ayuda a conservar la arquitectura, pero enseguida lo descartó: la gente que vive allí merece más.
Por eso su equipo intentó no basar la vida local solo en el turismo, que considera muy frágil. Puso como ejemplos un atentado en Marrakech o la COVID, que pueden dejar años sin visitantes. Su prioridad era que la población tuviera una subsistencia autónoma y que el turismo fuera un complemento. Apostó sobre todo por la agricultura. Además de la palmera, mencionó cultivos valiosos que se dan en la zona, como la henna, la pimienta negra, el pistacho o la algarroba.
El ksar: pueblo fortificado, planificado y pluriétnico
En los valles presaharianos se construye donde no se puede cultivar, porque la tierra cultivable vale mucho. De ahí surge el ksar, un pueblo fortificado. Según Cherradi, las luchas por el agua y los cultivos, entre tribus y hasta entre familias, explican las murallas. En el valle del Todra, cerca de Tinghir, contó 68 ksour, la mayoría en ruina. Cuando se abre una carretera nueva, todo el mundo se traslada junto a ella y construye en cemento. Esas casas, dijo, son en verano "unos microondas". Mientras tanto, se abandona una arquitectura de tierra que considera un lujo bioclimático en un clima donde puede haber 0 grados de noche y 40 al mediodía.
Describió el modelo teórico del ksar con el ejemplo de uno del siglo XVI en la zona de Errachidia. Tiene muralla perimetral con camino de ronda, torres de vigía y una sola puerta en recodo, en chicane, por razones defensivas. La puerta da a una plaza que reúne los espacios colectivos: la mezquita, el hammam, la casa de la comunidad y el fonduk, donde dormían los forasteros y las caravanas. Según él, de esa palabra viene "fonda". También había un caravasar para los camellos. En los ksour regulares hay una calle central de unos dos metros y medio que se ramifica en calles más estrechas. Mencionó el parecido con el cardo y el decumano del campamento romano, pero dijo no creer que el modelo venga de ahí.
El ksar es plurifamiliar y también pluriétnico, "todos juntos, pero no revueltos", según una estratificación espacial. Los judíos vivían junto a la entrada, cerca del comercio. Los bereberes, al fondo, encargados de la defensa. Los arabófonos estaban ligados a lo religioso. Los harratin, descendientes de población llegada del África subsahariana, trabajaban el campo a cambio de un quinto de la cosecha. Cherradi contó que con el tiempo los harratin, al ser quienes trabajaban la tierra, fueron comprándola a sus antiguos dueños. Hoy existe un conflicto político "entre blanco y negro" en el que ellos ganan las elecciones. Él mismo reconoció que aquello le dejó asombrado al llegar. La lección que extrajo es que los proyectos de cooperación deben ser muy sensibles a estructuras sociales que, desde una mirada occidental del siglo XXI, se dan por superadas.
Con fotografías aéreas mostró que los ksour no crecían al azar. Grupos que habían sido nómadas se sedentarizaban, se ponían de acuerdo y construían el ksar previendo futuras ampliaciones. En uno de ellos se ve el núcleo inicial, una extensión con una segunda muralla y un morabito junto a lo que era el cementerio, que antiguamente siempre quedaba fuera. Señaló también que lo blanco de la imagen no es nieve sino sal: además de escasa, el agua es salobre por las minas situadas río arriba.
Una ingeniería climática sin ingenieros
Cherradi dedicó especial atención al comportamiento térmico de los ksour. Las casas pueden tener hasta cuatro plantas y las calles quedan cubiertas porque se construye encima de ellas, así que existen pozos de luz a intervalos. Con una escuela de Brasilia estudiaron 14 ksour y concluyeron que esos pozos no estaban dispuestos al azar: en invierno recibían radiación solar directa y en verano no. Ese sol calienta el aire, y la puerta está orientada para captar el aire del palmeral, introducirlo y refrigerar el interior. Según los datos que citó, con 42 grados fuera del ksar se registran 32 dentro, y en la casa unos 26. "Eso es saber construir, eso es ser arquitecto", comentó.
El palmeral también responde a esa lógica de intensividad, con tres estratos de cultivo: palmeras arriba, frutales debajo y huerta a ras de suelo. Cherradi introdujo aquí una preocupación sanitaria. Todo se vierte al río, y en sus inventarios detectaron que los pueblos situados aguas abajo tenían problemas gastrointestinales más graves por el agua contaminada. Aunque sea arquitecto, dijo, le importaba más controlar el agua y las aguas residuales que conservar un patrimonio de los siglos X, XIV o XV, por impresionante que sea.
CERKAS y la electrificación de los ksour
Cherradi dirigió el CERKAS, un centro estatal con sede en Ouarzazate especializado en conocer, inventariar y rehabilitar ksour y kasbahs. Él matizó que decir "restaurar" era mucho decir. Entre 1994 y 1999, un programa nacional electrificó prácticamente todos estos ksour con los postes habituales. A él le pareció bien, pero para las fotos de los turistas "no funcionaba". El trabajo de su centro consistía en conseguir saneamiento, agua potable y electricidad sin cableado a la vista.
Explicó la organización vertical de la vivienda. La planta baja se destina a los animales, al forraje y a la cocina de verano. La primera, a dormitorios y salones de invitados. La terraza sirve para secar parte de la cosecha más fina, como tomates, ñoras o pimientos, y en verano para dormir al fresco.
Aït Ben Haddou, el cine y la cigüeña
Cherradi trabajó cinco años en la restauración de Aït Ben Haddou, a unos 30 kilómetros de Ouarzazate. Es patrimonio mundial desde 1987, y esa declaración, según él, motivó la creación del centro. Distinguió una parte almohade, otra de los siglos XVI a XVIII y, a partir del XVIII, las kasbahs: viviendas unifamiliares fortificadas de las grandes familias, que él llama "castillitos de arena". La planta baja no tiene ventanas por defensa, solo agujeros de ventilación para los animales. Los pisos altos se construyen con adobe para aligerar peso, y el aparejo de los adobes a soga y tizón produce las decoraciones geométricas de la parte superior. Tienen una sola puerta, cuatro torres en las esquinas, un patio central y una escalera muy estrecha.
El Estado trazó la carretera por la otra orilla del río, y con ella se fueron la escuela y el dispensario, de modo que los habitantes se trasladaron. Su equipo construyó un puente porque cruzar durante las crecidas de marzo, con el deshielo del Atlas, era peligroso. También levantaron muretes para proteger los cultivos en esta zona inundable. Contó que hizo de "falso guía oficial", sin cobrar, para visitantes como Gorbachov o Hillary Clinton.
Señaló en las fotos elementos que son "mentira": dos torres construidas para el cine. Según Cherradi, hoy el ksar vive en parte del turismo, pero sobre todo de las producciones cinematográficas. Citó Sodoma y Gomorra, Lawrence de Arabia, La joya del Nilo y las dos entregas de Gladiator. Durante las obras, cada rodaje era un problema, porque los trabajadores se iban a hacer de extras o de decoradores por mejor sueldo y la restauración podía quedar parada ocho meses. Con el tiempo intentó aprovechar el cine: presionó para que los decorados se hicieran con tierra de verdad y no con cartón piedra, con el único fin de mantener vivo un saber hacer milenario.
Compartió una anécdota personal. En varios de sus proyectos, en Aït Ben Haddou y otros lugares, una cigüeña acabó anidando en lo restaurado. Reconoció que el peso del nido es un riesgo, pero lo vive como si le certificaran que el trabajo está bien hecho.
Mantener vivo el saber hacer
En una de las kasbahs, la parte baja de tapial está sin revestir y deja ver los guijarros. La parte alta, en cambio, está revestida con una tierra más fina que los habitantes traen de un lugar a unos 8 kilómetros. Cherradi explicó que esa tierra es rica en cal aérea natural, aunque los constructores no lo saben ni les importa. Se reviste solo arriba porque los entrantes y salientes decorativos exponen más el muro a la infiltración del agua. La parte lisa puede aguantar "dos siglos" sin revestimiento.
Insistió en que no eran los técnicos quienes decidían, sino la gente del lugar. El objetivo era que los artesanos siguieran siendo artesanos y no se convirtieran en "artistas". Lo comparó con España, donde, afirmó, a quien hace un tapial hay que pagarle como a quien pinta un cuadro porque el oficio se ha perdido. El día que se pierda ese saber, dijo, a este patrimonio solo le quedará un certificado de defunción. Reconoció que es difícil retener a jóvenes que sueñan con emigrar a Europa, porque allí "se vive, pero no se vive muy bien", aunque al turista le parezca un paisaje divino. En sus obras intentaban juntar a los jóvenes con los mayores para favorecer la transmisión, jugaban al fútbol con ellos y trataban de convencerlos de que el patrimonio era suyo: los técnicos solo estaban de paso.
Mencionó que desde 2000 el palmeral de Marrakech, al que comparó con Puerto Banús, se ha llenado de casas de tierra de gente rica y famosa. Eso ha dado trabajo a artesanos del sur. Hasta cuándo durará esa continuidad, dijo, no lo saben. Él se va a jubilar, pero cree haber formado a gente que seguirá, porque esto "es una pasión" y no un trabajo por dinero ni por ser funcionario.
Kasbahs, símbolos y el problema de la herencia
En Skoura, a unos 30 kilómetros de Ouarzazate, mostró la kasbah de Amridil y un conjunto de unas 30 kasbahs que describió como las más ricamente decoradas, algunas ya con paneles solares. Los motivos decorativos, contó, reaparecen en tatuajes femeninos, alfombras y joyas, y tienen significados sobre la fecundidad o la identidad de quien vive allí. Eso, dijo, daría para otra conferencia. Mencionó una rosa silvestre propia de la región cuya producción, según él, compra en exclusiva Yves Saint Laurent para sus perfumes.
Habló de la reconversión de kasbahs en hoteles, como la de un gaditano que abrió ventanas en planta baja, y de un intento de crear algo parecido a los paradores nacionales que se materializó en tres o cuatro kasbahs. El obstáculo principal es la herencia: en una kasbah abandonada puede haber decenas de propietarios, "68 personas, el uno en París, el otro no sé dónde", a los que es casi imposible poner de acuerdo. Suele quedarse la rama familiar sin medios para irse.
También mostró la kasbah de Taourirt, en el centro de Ouarzazate, que fue sede del CERKAS y donde tenía su despacho. Habló de las kasbahs de principios del siglo XX. A partir de 1912 los franceses nombraron caídes y rompieron la estructura tradicional, y esos caídes construyeron kasbahs más cuadriculadas y con muchas ventanas. Hasta los años sesenta se siguieron haciendo casas con forma de kasbah, aunque ya fueran viviendas corrientes.
Al entrar en las kasbahs, Cherradi dijo haber visto por primera vez como arquitecto "la Alhambra desnuda": toda la riqueza espacial sin decoración, construida por completo en tierra, con madera de palmera y suelos también de tierra. Sobre el polvo, contó que él no tuvo alergias hasta llegar a Rabat. Sí mencionó que mucha gente de la zona sufre problemas oculares, habló de glaucoma y cataratas, y que el Gobierno organiza campañas médicas para operarlos. Lo relacionó con vivir en el polvo y lo puso como ejemplo de lo que sí se puede mejorar. Ante las cruces grabadas en algunas puertas, recordó que estos valles fueron en algún momento cristianos y antes tuvieron un reino judío. Sostuvo que de esa convivencia salió en parte la de al-Ándalus, porque "desde aquí subió toda la gente para arriba".
Cómo se construye: adobe, tapial y cubiertas
La mezcla de tierra y paja se moja y se deja macerar un par de noches. Huele mal, "a pipí", porque la paja fermenta, pero eso vuelve la tierra elástica y trabajable. Con ella se hacen adobes en moldes. Antes eran de madera y dobles. Hoy son metálicos y más grandes, y producen piezas que pueden pesar unos 20 kilos y que se secan por fuera pero no por dentro. Cherradi lo considera una pérdida de calidad causada por las prisas. Los adobes tradicionales se secan al sol unos cuatro o cinco días.
El tapial siempre arranca sobre un basamento de piedra. Un peón sube la tierra en una canasta por una escalera. El maestro, subido al encofrado, la extiende con los pies en tongadas de 10 a 20 centímetros, la apisona y repite, desmontando el encofrado poco a poco.
Las vigas eran antes de palmera, la única madera útil junto con la acacia, demasiado retorcida. Hoy la palmera está protegida porque es más rentable por su producción, así que se usan eucalipto o chopo. Cherradi describió el ritual antiguo: se cortaba con luna llena, porque la savia está entonces en las hojas y no en el tronco, y se secaba seis meses. Luego se cortaba en porciones triangulares, "como los quesitos de La vaca que ríe", colocando la parte con más fibra arriba, donde trabaja a compresión. Esa madera limita las crujías a unos 2,80 o 3 metros, porque debe apoyarse más de 25 centímetros en cada muro.
Sobre las vigas va un entramado de caña. Antes se cubría con hojas de palma y hoy con plástico, sobre todo para que no caiga polvo al pisar la terraza. Encima se echan unos 15 centímetros de tierra con piedras e hierbas, se apisonan, y después va una capa más fina y húmeda de tierra con paja fina "que parece chocolate", que el maestro alisa. Llueve poco, pero de forma torrencial, así que el agua debe evacuarse rápido. Por eso las terrazas planas se hacen con pendientes del 4 al 6%, en lugar del 2% habitual. Los techos decorados llamados tataoui, por la región de Tata, usan también adelfa, amarga y resistente a los insectos, pintada con kohl negro y henna roja. Los aleros de caña se lastran con tierra o adobes contra el viento. Las gárgolas, antes de palmera, hoy son a menudo tubos de plástico. "Derecho a la evolución", comentó.
Escuelas, vivienda social y la resistencia al hormigón
Cherradi construyó una escuela de tierra en Ouarzazate, aunque construir con tierra dentro del perímetro urbano está prohibido en el sur de Marruecos. Según él, los bancos no saben asimilar las garantías estructurales de estos edificios. Con la fundación de un banco hizo ocho escuelas de tierra. Destacó dos efectos. Los niños salen de casas con techos de caña y entran en aulas con techos de caña, lo que le parece socialmente positivo. Y, sobre todo, pueden ir a clase en invierno: en los barracones anteriores se helaban de frío, en zonas montañosas y desérticas donde los inviernos son duros. Aclaró que no es tan ingenuo como para pensar en volver a esta arquitectura, pero cree que el fin del petróleo hará necesario recuperar parte de su lógica.
También mostró un hotel en el palmeral de Marrakech, de propietario francés, hecho con dos millones de adobes fabricados con la tierra del propio lugar, en el que él solo prestó ayuda técnica. Mencionó además 22 viviendas sociales de tierra, de las que no traía foto. La reticencia es grande porque "lo moderno es el hormigón". Cuando se argumenta que en una casa de tierra no hace falta aire acondicionado, la respuesta es "déjame de tonterías, el polvo". Cherradi reconoce el derecho a la evolución, a poner una parabólica en el tejado, y se conforma con que haya jóvenes interesados. Para él estos proyectos tienen otra ventaja: dan trabajo en Marrakech a gente del sur y la frenan antes de que suba a Tánger para cruzar el Estrecho.
Tamnougalt: cuando llevar agua puede romper una comunidad
El caso que más desarrolló fue un proyecto en el ksar de Tamnougalt, en el valle del Drâa, con muy poco dinero de la Junta de Andalucía. Arreglaron la puerta, una mezquita y un santuario. Son espacios que no pertenecen a nadie pero son de todos, y trabajar en ellos genera confianza y permite conocer las necesidades reales. El verdadero objetivo, sin embargo, era meter electricidad y agua.
Mientras lo hacían, se dieron cuenta de que las mujeres se reunían una vez por semana en el río para lavar la ropa. En una sociedad muy cerrada, donde no se sale a pasear ni a los cafés, ese era su espacio de encuentro, y llevar el agua a las casas podía destruirlo. Reacondicionaron el lavadero del río para animarlas a seguir yendo. Además crearon un hammam, porque el antiguo baño público había cerrado 18 años antes por falta de leña. El nuevo funciona con energía solar y, según Cherradi, sigue en uso. Lo comparó con construir "una bomba atómica" en mitad de un ksar: una fuga de agua puede tirar un muro de tierra en cuatro días, porque el peor enemigo de la tierra es el agua. La lección que extrajo es que los cooperantes no son salvadores: llegar "en plan Indiana Jones" con agua y luz puede destrozar una sociedad si no se la estudia.
Mostró también la restauración de graneros colectivos, los "bancos" de cada pueblo, situados en el promontorio más alto. Cada familia tiene una celda de unos 1,60 a 2,50 metros de alto y 1,5 de ancho donde guarda la cosecha del año, y el granero sirve de refugio en caso de ataque. Sus puertas miden unos 1,60 metros. No es porque la gente fuera baja, sino para mantener el grano fresco. Uno de estos graneros, a 2.400 metros de altitud y también santuario, fue su primer proyecto en Marruecos. Llegó con los criterios aprendidos en Granada: revestía lo que intervenía y dejaba sin revestir lo demás. Los habitantes le preguntaron por qué lo había dejado "todo parcheado". Ahí se hizo la pregunta que dice haberle guiado desde entonces: ¿restauro para la gente que vive aquí, para mí o para un premio Aga Khan? Su respuesta fue que hay que restaurar para la gente.
Preguntas: el clima, las medinas y los almohades
En el turno de preguntas, el moderador le pidió que explicara cómo se lograba el control térmico. Cherradi señaló la orientación respecto a los vientos predominantes, que en un valle lo recorren a lo largo, y sobre todo el patio como elemento climático que enfría y calienta. Se podía cerrar o abrir con esteras de esparto. En invierno, el calor de los animales en la planta baja sube por orificios en los forjados que también se cierran con esteras. La cocina cambia de planta según la estación, y en verano la vida se traslada hacia la terraza. Habló de una "casa móvil" en la que la persona se mueve con las estaciones. Añadió que ese mismo principio sigue presente en las medinas de Fez, Marrakech, Mequinez, Tetuán o Chauen. Según él, subió desde estos valles y llegó al Albaicín y a Sevilla con los almohades, en un intercambio de ida y vuelta con lo que traían los omeyas. Puso como ejemplo la secuencia Kutubía, Giralda y Torre Hassan.
Contó que prepara un libro, Los barcos de la Kutubía, sobre 18 grafitis de barcos en esa mezquita, a unos 200 kilómetros de la costa más cercana. Algunos barcos muestran 38 cabos, algo que, a su juicio, solo dibujaría un marinero, y eso abre la pregunta de qué hacía un marinero en esa obra. Dijo que lo discute con Rafael Manzano, Alfonso Jiménez y Antonio Almagro. Recomendó el ARAL, un atlas en línea de la arquitectura almohade financiado por la Real Academia de San Fernando, con unos 150 monumentos documentados con planos, fotos, vídeos y restituciones hipotéticas, en el que participa junto a especialistas como Enrique Nuere. Lamentó que se conozca tan poco el papel de Mallorca como punto estratégico comercial y cultural en esa época.
El futuro de los ksour: realismo y cabezas de palmera
Una asistente le preguntó cómo equilibrar protección y evolución para que la gente no abandone los ksour, sabiendo que una casa habitada se desmorona si la del vecino está vacía. Cherradi dijo no tener bola mágica y comparó el fenómeno con la "España vaciada". Según él, allí se repiten los mismos errores. Se habla de gente que vuelve, pero vuelve muy poca. Él se conforma con que quienes quedan vivan lo mejor posible y, sobre todo, tengan agua. Recordó ocho años de sequía muy dura. Este año las borrascas llegaron también allí y el desierto se ha puesto verde en las imágenes de satélite, pero ni eso, dijo, hará que la gente se quede. Mencionó iniciativas como el fomento del turismo o la construcción en la zona de la que describió como la mayor central solar del mundo, y resumió su postura así: sujetar lo que se pueda mientras se pueda. Cuando a un ksar le toque el certificado de defunción, se le da.
Ilustró sus criterios con una anécdota. Una escuela de Lausana, en Suiza, le propuso hacer la fotogrametría de los "diez mejores monumentos" del valle del Drâa. Él respondió que dependía de qué se entendiera por monumento. Su método es superponer las fotografías aéreas del valle de 1968, 1972, 1984, 1986 y 1998, más una que hizo en 2004, y ver dónde han aumentado las cabezas de palmera. Donde el palmeral crece hay gente que lo trabaja, y ahí es donde hay que invertir el esfuerzo. Lo hace aunque eso signifique dejar de lado un ksar del siglo XIV con la que considera la mejor mezquita del valle. Sobre el apoyo público, dijo que existe una institución dedicada a los ksour y kasbahs del sur, pero que su dinero no basta. Lo importante para él es que el Estado sea sensible al tema. El resto de la financiación se busca fuera.
Mantenimiento, taludes y cal
A preguntas más técnicas, Cherradi explicó que el revoco exterior puede durar unos 20 años sin problemas si está bien hecho y bien anclado. Con el tiempo la tierra se va perdiendo y aparece la paja, algo que a él le parece más bonito. Las terrazas requieren un mantenimiento anual, que consiste sobre todo en limpiar las gárgolas para que no retengan agua y añadir una capa de tierra después de las lluvias. Ahora que llueve menos, eso ocurre cada dos o tres años. Para que un revoco agarre hay que picar el muro, aplicar un mortero basto de agarre y luego la capa fina final. Y hay que mojar el muro abundantemente, "con una manguera", porque si está seco absorbe el agua del mortero y este se cae. Los revestimientos interiores mezclan la tierra con yeso por ser más barato e higiénico.
Otro asistente preguntó si el talud de las fachadas altas de las kasbahs no favorece la entrada de agua. Cherradi respondió que el talud deriva del sistema constructivo: el muro mide unos 80 centímetros en planta baja, 60 en la primera y 50 en la siguiente. Añadió que no llueve lo bastante como para que eso cause un deterioro notable. El mismo asistente observó que estos pueblos se sedentarizaron pero siguen siendo "nómadas dentro de su casa", y Cherradi lo aceptó. Sobre la impermeabilización del hammam, explicó que usaron mortero de cal aérea, dos partes de cal por una de arena o tierra, algo poco habitual en la zona. No llegaron a aplicar tadelakt, un estuco más fino con una parte de arena por cuatro de cal, que se reserva para baños y cúpulas en contextos urbanos.
Del trabajo pluridisciplinar al interdisciplinar
La última pregunta fue si los equipos eran solo de arquitectos y si se había estudiado la cultura material, en particular la cerámica. Cherradi contó que al llegar al CERKAS en 1994 era el único arquitecto. Había un etnólogo, dos antropólogos, un sociólogo, cuatro delineantes, un fotógrafo y personal administrativo, todos jóvenes y la mayoría originarios de la zona. Al principio redactaban informes para el Estado por partes separadas: arquitectura, etnología, sociología, antropología. En menos de un año concluyeron que eso no tenía sentido, porque ninguno entendía lo que decía el otro. Puso como ejemplo la cocina. Él veía un espacio con un hogar de barro y se preguntaba por dónde entraba la leña, y el etnólogo le explicaba que allí solo podía entrar la mujer. Pasaron entonces a trabajar de forma interdisciplinar, que para él significa escribir un único documento, a la vez, entre todos. En ese enfoque, dijo, la parte arquitectónica es "lo más chiquitito".
Ese enfoque les llevó a recopilar música y tradición oral. Durante 42 o 48 días (dio ambas cifras) siguieron con sus tiendas de campaña a una familia nómada de pastores de dromedarios y cabras en la zona del Atlas: una pareja con tres hijos. Uno del equipo anotaba los cuentos que el padre contaba a su hijo, mientras Cherradi estudiaba cómo se montaba y desmontaba la jaima y qué objetos llevaban consigo. Lo describió como una experiencia de vida total.
Sobre la cerámica, reconoció que en el valle del Drâa se ha hecho muy poca excavación arqueológica. En la parte alta de Aït Ben Haddou, la almohade, han aparecido fragmentos de cerámica de esa época, pero no se han estudiado, aunque "si subes como turista seguro que te la encuentras". Mencionó Tamegroute, a unos 40 kilómetros al sur de Zagora, con una cerámica que considera muy parecida a la de Granada. Quisieron investigar esa pista, pero él no es experto en cerámica y el tema sigue sin estudiarse: "hay doctorados para hacer y regalar". Cerró con un lamento. La relación entre las dos orillas se ha roto mucho, quizá en parte por el idioma, al haber quedado Marruecos muy afrancesado, y eso ocurre, dijo, en todo el Mediterráneo. Consideró que es una pena, porque mucho de lo que une a ambas orillas sigue ahí esperando a ser estudiado.
Buenas tardes, muy buenas tardes. Bienvenidos a esta sede de la Fundación Juan March en Palma y es un placer recibirles hoy para esta tercera sesión de nuestro ciclo que hemos titulado Hecha entre muchos y que, como saben, dedicamos a esa arquitectura popular o tradicional o vernácula, diferentes formas de llamarla, arquitectura sin arquitecto.
Lo contrario de la arquitectura moderna o especialmente esa arquitectura de arquitecto estrella, pues es esta creación colectiva y la exploramos en diferentes partes de nuestro ámbito geográfico y cultural del Mediterráneo. Hemos tenido una primera sesión introductoria con Juan Díez del Corral, una segunda sesión con dos especialistas en conservación y restauración, Camilla Mileto y Fernando. Y nuestro invitado de hoy es otro estudioso excepcional e investigador de este tema, Faisal Cherradi. Faisal, es un placer tenerte aquí.
Muchas gracias.
Y Faisal nos va a hablar de otro caso de estudio dentro de este tipo de arquitectura y es la arquitectura hecha con tierra en el Magreb, pero sobre todo en la parte sur de Marruecos. Y por mencionar brevemente su trayectoria, Faisal Cherradi Acbille es arquitecto, ingeniero de edificación, especialista, como he dicho, en arquitectura de tierra y en conservación del patrimonio arquitectónico.
Se ha formado en la Universidad de Granada, la Universidad Politécnica de Valencia y la Escuela de Arquitectura de Normandía y la École de Chaillot, París, este, no sé si lo he pronunciado bien, restauración, y ha desarrollado una amplia trayectoria profesional en Marruecos y en otras partes de nuestro entorno. Ha ocupado cargos de responsabilidad en el Ministerio de Cultura de su país y ha dirigido numerosos proyectos de restauración de diferentes tipologías de arquitectura sin arquitecto.
Entre ellos Aït Ben Haddou, patrimonio mundial de la UNESCO, y ha sido consultor también de la UNESCO, además de docente universitario y de dedicarse también durante décadas no solo a la investigación y conservación, sino también a la divulgación de este tipo de patrimonio. Así que los dejamos en muy buenas manos para conocer la arquitectura de tierra del Magreb. Démosle, por favor, la bienvenida a nuestro invitado de hoy, Faisal.
Muchas gracias.
Muchísimas gracias. Bueno, muchísimas gracias. Yo también, si me permitís, voy a agradecer a la Fundación Juan March por haberme invitado. Espero que me perdonéis mi acento granaíno, ¿no? Más o menos. O sea, es raro ver a un marroquí hablando así, pero bueno, hay de todo en la viña del Señor, como se dice.
En fin, yo solamente, bueno, agradecer también a, no sé, tengo a dos sobrinos por aquí que no sé, creo que no, todavía no han llegado, pero también agradezco el que vengan a verme, porque es un placer. Llevo muchos años sin verlos y nada, y agradecer vuestra presencia, por supuesto, por venir aquí.
Yo voy a intentar daros un paseo por el sur de Marruecos. Cuando hablo del sur de Marruecos, bueno, podríamos generalizar hasta el sur del Magreb, ¿no? Porque estamos hablando de una arquitectura que se da en el sur de Argelia, se da en el sur de Túnez, se da en el sur hasta incluso de Libia y me atrevería a decir que hasta un poquito, poquito, poquito a una parte central de Egipto, pero muy poquito.
Es una arquitectura que tiene un nombre en común, que es lo bereber. Nosotros no lo llamamos bereber, lo llamamos amazigh, porque ahora cambian los términos y la terminología, pero esos son los señores, los doctores. Nosotros, los albañiles diplomados, hablamos de otra manera, o sea, hablamos de bereber, de una arquitectura que, bueno, cuando vino el islam integró una serie de cosas.
Tuvimos la suerte de estar en una zona en la que es un cruce de caminos de mucha gente. Hablamos del África subsahariana, hablamos del norte, al-Ándalus, hablamos de los que venían de Oriente Medio o del Extremo Oriente. Entonces, bueno, imaginaos qué suerte, ¿no?, de poder vivir. Y el resultado de toda esa arquitectura...
El resultado, o por lo menos yo, como le estaba comentando a Pablo, cuando estudiaba en Granada tuve la suerte de que con mis profesores, grandes profesores, como fue Pedro Salmerón o como fue, no sé, Antonio Almagro y toda esta gente, Carlos Sánchez, en fin, para los que sois arquitectos y conocéis un poco el mundo andalusí, son unos fenómenos. Incluso Alfonso Jiménez de Sevilla y tal.
Tocábamos la Alhambra, ¿no? Y la Alhambra, que es un monumento que está vacío, pero que es una cosa como si fuera, vamos, piedra filosofal, ¿no? Piedra maestra, la arquitectura por excelencia. A la hora de hacer las restauraciones me daba cuenta de que siempre restaurábamos solamente los revestimientos, el yeso esculpido, el zellige, el mosaico, la madera, el tal. Pero cuando llegábamos al tapial, que era el soporte que había detrás de todo eso, no sabíamos qué hacer con eso. Tenía humedades, expulsaba el revestimiento y: "Bueno, ¿y qué hacemos y cómo?"
Eso fue lo que me empujó un poco, no es para contaros mi vida, pero para que comprendáis un poco lo que me empujó a irme al sur de Marruecos. En Granada se vive muy bien, sobre todo cuando se es joven y estudiante. Y bueno, me fui al sur de Marruecos porque, por mediación de mi padre, que era arquitecto y que me había enseñado esa zona, ahí sabía que estaba viva todavía la arquitectura de tierra. Cuando digo viva, todavía existía ahí, todavía se hacía, pero tal y como se hacía casi durante un milenio, ¿no?
Estamos hablando de dos técnicas constructivas, sobre todo, que son el adobe y el tapial, pero que ahí estaba viva. Entonces, pues mira, había que ir ahí, aprender por lo menos cómo se hacía para después intentar decir, bueno, pues ahora que la entiendo por lo menos, o intento entenderla un poquito, pues voy a ver cómo le meto mano en este sentido a nivel de restauración, porque si no lo conocemos, pues yo no sé, si no conoces cómo se hace, difícilmente podremos darle soluciones a sus patologías, ¿no? A sus enfermedades, ¿no?
Y eso fue lo que me empujó a viajar a esta zona en la que... vuelvo a la Alhambra de Granada. Alhambra, Granada, un sitio chic, un sitio turístico, un sitio divino, con unos presupuestos que para mí como marroquí, cuando fui a Marruecos a trabajar, me parecían estrambóticos.
Me di cuenta de que la arquitectura que yo iba a conocer, encima de que estaba viva, encima de que tal, tenía gente que vivía dentro. Estaba viva todavía, no era como la Alhambra, que estaba vacía y pasaba Boabdil, estuvo por ahí, tal, pero aquí no. Aquí es una arquitectura viva, pero viva en todos los sentidos.
Claro, luego, después de unos cinco años y medio en esta zona, me subieron. Cuando digo me subieron lo digo porque me fui al norte, que fue Marrakech, para ser ahí director regional de cultura, inspector de monumentos, y me tocó tocar la medina, y en la medina me di cuenta de que también estaba viva y que la gente que vivía ahí, aparte de los cuatro turistas, los cuatro extranjeros que venían a comprar, la época de los riads famosos y tal...
Y nosotros, detrás de todo ese tema, teníamos la preocupación de que: "Uy, Dios mío, nos están invadiendo los extranjeros, ¿no? Están comprando todos los riads y tal. De aquí a nada nos van a tener que pedir un visado, ¿no? Vamos a tener que hacernos un visado para entrar a la medina de Marrakech". Pues no, a mí mi tema no era ese.
Y esto era el discurso que yo tenía con gente como, bueno, pues como los gobernadores civiles, como, digamos, los mandamases del pueblo, el alcalde, el tal, los ministros, algunos que otros, que eran muchos de Marrakech también, y decía que eso, que bueno, riads se han comprado 180, hablo de los años 2000, 2001, 2002, 2080, 280, perdona, en comparación con las 33.000 viviendas que había, yo creo que para mí no era nada problemático.
Mi problema, después de estos cinco años que pasé en el sur de Marruecos, era cómo podía rehabilitar a la gente que vivía ahí primeramente y luego ya vería qué pasa con el patrimonio. Es para deciros que esta arquitectura me enseñó a ser, bueno, a tener un compromiso y a ser muy social, ¿no?
La arquitectura monumental es muy bonita, esta arquitectura tradicional es preciosa, pero hay una gente todavía que vive dentro, que cada vez es menos, además, que bueno, yo creo que mi papel era el ver cómo podía mantener esa gente viviendo ahí, viviendo con unos mínimos de calidad suficiente.
Cuando digo mínimos de calidad suficiente, ya veréis que hablaré de proyectos en los cuales la idea, la excusa de la preservación del patrimonio, era meter la electricidad o meter agua potable, para que veáis un poco cómo funcionan las cosas, ¿no? También estamos hablando de los años 94, 95 y tal, ¿no? Pero muy interesante eso.
Enseña a que, bueno, a nivel patrimonial, nosotros que somos, vamos, digamos, personal del patrimonio, de la preservación del patrimonio y tal, el verdadero patrimonio es la gente primero y luego todo lo demás. Entonces yo, para mí, además, lo defino así, es muy duro. Habrá gente que se dedica a la preservación del patrimonio y a lo mejor les duela, pero para mí es una excusa para mejorar las condiciones de vida de la gente. Punto. Eso es la preservación del patrimonio, de este patrimonio.
Patrimonio vivo que tiene que estar mantenido, entretenido cada año, después de cada lluvia. Patrimonio vivo, no el patrimonio como tenéis aquí, la catedral, que es de piedra, por ejemplo, pues no tenemos que controlarlo más.
Hablaré con las diapositivas y toda esta historia. No soy una persona a la que le guste leer, pero como me estoy haciendo mayor, cada vez soy un poquito más académico y me gustaría sí leeros un poquito, por lo menos la introducción, ¿no? Y luego ya pasaremos a una charla mucho más distinta, si os parece bien. Y ahora sí he visto a mis sobrinos y les doy la bienvenida. Me alegro mucho de que estén aquí, de verdad.
Bueno, en la frontera del desierto la forma está sujeta a las leyes que impone la naturaleza. Investigar en la tradición significa recuperar lo natural, lo permanente, lo sustancial, aquello que está liberado de cualquier especulación estética. Buscar lo elemental en la llanura presahariana, donde la dureza no permite lo innecesario y donde la síntesis y lo esencial se convierten en la clave de la supervivencia, es introducir lo racional en el paisaje. Es, a fin de cuentas, hacer arquitectura.
Todos los viajeros, de Ibn Battuta en el siglo XIV a Charles de Foucauld en el siglo XIX o en Rita Ras, se refieren a los oasis de la región como una zona mítica, un jardín paradisíaco en medio del desierto, una zona con una gran importancia comercial durante la Edad Media y muy codiciada. También ha sido la cuna de las grandes dinastías marroquíes, como fueron los almorávides, los almohades, los saadíes y los alauitas, que partieron de estos lugares para crear sus imperios.
De esta tierra han surgido los hábitats tradicionales, como los duares de montaña, los ksares y las casbas, hablaré de ellas ahora, que con el paso de los siglos se han adaptado perfectamente a la sociedad, a las necesidades de defensa y a los rigores del clima. La arquitectura que resulta y la forma de asentarse en los diferentes valles presaharianos los convierte en un patrimonio arquitectónico único en el mundo.
Bueno, luego ha habido muchas, vamos a decir, muchas transformaciones, ¿no?, muy profundas. En cuanto nos hemos convertido en Estado y el Estado ha empezado a decir que este trocito de tierra es tuyo y no pertenece a la comunidad, que es como antiguamente funcionaba, ahí se rompió todo. Se rompió lo social, se rompió lo político, se rompió lo económico y se rompió absolutamente todo el mercado del paso de las caravanas.
La última caravana que paró en Jemaa el-Fna, para quien conoce Marrakech, fue en el año 54, 1954, no hace tanto tiempo. Alguno de nosotros había nacido ya, yo no, pero alguno habrá nacido ya en ese tiempo, ¿no? O sea, no hace tanto, ¿no? Entonces, claro, cuando se mete ese mercado, esa economía moderna, el dinero, el tal, se rompe todo y se resquebraja todo.
Vamos pasando, y así ya. Bueno, toda la historia es esto, el tapial, ¿no? La arquitectura de tierra, la tierra, la tierra y la paja. Ya no es solamente la tierra, tierra y paja, y siempre con agua. La tierra nunca se utiliza seca. La arquitectura de tierra siempre, siempre está mojada. Entonces, eso quiere decir que tiene que tener agua. Y si tiene que tener agua en mitad del desierto, imaginaos dónde va a estar, o sea, exclusivamente en los bordes de los ríos, ¿no? En los ríos que tengan agua, que no siempre tienen agua, ¿no?
Entonces, porque a veces la gente cree que, bueno, que la arquitectura de tierra es apilar tierra, arena y se acabó. No, esto no es así. Vamos a seguir.
El desarrollo de los valles presaharianos se ha vinculado... Esta es la zona de la que vamos a hablar, no sé si la conocéis, está el Alto Atlas, está el Antiatlas, Ouarzazate, Marrakech, para que os hagáis una idea. Quería decir que ha estado vinculado el desarrollo de estos valles durante siglos con el comercio de las caravanas.
Un comercio que se inicia, estas son las rutas caravaneras, un comercio que se inicia a partir del siglo III, sobre todo con la introducción del dromedario, del camello, que se trae de Arabia Saudita, que es cuando de verdad empezamos a poder cruzar al África subsahariana. ¿Y para qué cruzábamos al África subsahariana? Pues eso, sobre todo para traer los productos básicos, como era el oro, la sal y, por desgracia, los esclavos, ¿no?
Las zonas por las que transitaban las rutas caravaneras se desarrollaban y enriquecían rápidamente, ya que, además del comercio que circulaba por ellas, cobraban los derechos de paso y de protección. Aportaban, por tanto, estas caravanas, además de riqueza, un profundo intercambio cultural. No era solamente comercio, aquí había... pero cuando digo un intercambio cultural, todo el intercambio cultural que hubo en al-Ándalus con los almorávides y con los almohades, todo pasaba por aquí.
De hecho, la ruta verde es almorávide, la ruta roja es creada por los almohades y la ruta amarilla es de la época de los saadíes, que, bueno, los saadíes, como llegaron mucho más al otro lado, era toda la historia de llegar a Tombuctú, ¿no? Las minas de sal, las minas de oro, ese era el comercio que se buscaba.
Luego, eso hasta el siglo XIV, porque luego, con el descubrimiento de América, se traía mucho más oro de Sudamérica o de Centroamérica. Entonces estas rutas empezaron a dejarse más, vamos, se empezaron a abandonar. ¿Por qué? Porque había otros imperios que cogieron mucho más fuerza, como fueron el portugués y el español.
Entonces, ¿qué pasaba con estos imperios que cada vez se fueron reduciendo más y más hasta quedar casi en nada? En la época saadí todavía seguían yendo a Tombuctú. Cuando hablo de saadí hablo del siglo XV, XVII, pero ya ahí paró la historia. Ya en el siglo XVIII y XIX era exclusivamente pues la goma arábiga, la lana, las plumas de avestruz; ya se cambia, ya no el oro. El oro ya se ha explotado todo, se ha traído todo el oro que se tenía que traer y ya lo único que tenía oro era la otra parte, ¿no? La parte europea y tal, ¿no?
Y entonces, pues bueno, todo va cambiando, ¿no? La geografía hace que se cambie, la historia hace que cambie geográficamente todo este tema, ¿no? Y también se rompe un poco ese vínculo que teníamos con Europa, aunque los saadíes se meten en toda la historia del tema diplomático y tal, pero con los otomanos pues hace que se rompa el tema y eso.
A nosotros no nos invaden los otomanos, se quedan en Argel. Eso no quiere decir que no hayan entrado, que han entrado, han construido incluso hasta Puerto Capaz, que parece que no. Puerto Capaz, no sé si sabéis, es Badis, español ahora mismo. Es un istmo que hay en el norte de... ¿No lo conocéis? Pues España, os lo juro que es España todavía. Es la frontera más pequeña que hay en el mundo.
Si lo veis, si lo buscáis, es una cosa muy curiosa. Bueno, pues fue una creación otomana, turca, y bueno, y luego... pero en fin.
Los cambios que han sufrido después de la caída del comercio caravanero obligaron a esta sociedad a regirse por una economía agraria de subsistencia y a
crear al margen del flujo comercial un sistema económico nuevo, un verdadero reto a la naturaleza, una lucha constante contra la aridez y el medio. Y para enfrentarse a las fuertes necesidades básicas de toda la población se desarrolló uno de los sistemas agrarios más intensivos del mundo, ¿no?
Tenemos siempre, perdonad, tenemos, bueno, estos son los lugares. Esto es cuando estamos atravesando el Atlas. Voy a ir atrás. Veis una historia que se llama Alto Atlas. Marrakech está al otro lado. Marruecos está dividido por esta cordillera, que es una cordillera de 4000 y pico metros. Todos esos piquitos que se ven son montes que sobrepasan los 4000 m. Es muy interesante porque nunca nos lo tomamos así, pero el 70% de la zona fértil de Marruecos es montañosa, muy montañosa además.
Y entonces todo lo que hay arriba es la parte, de hecho ahora se llama la parte nefia, la útil, y todo lo que hay detrás del Atlas es la parte no útil, por falta de agua, por falta de muchas cosas. Y eso, claro, se nota hoy día todavía por todo el tema de infraestructura, de desarrollo: cuando no hay carretera, no hay desarrollo, ¿no?
Y entonces, para cruzar ese Atlas, los que habéis ido por ahí ya sabéis, hay dos sitios: uno que es la parte de Errachidia, supermontañoso también, que es el Medio Atlas, pero la parte del Tichka es mortal y se corta un montón cada vez que nieva. De hecho, la carretera está a 2250 m, ¿no? Entonces, si no se desarrollan las carreteras y no se desarrolla esto, jamás se desarrollará el sur de Marruecos, ¿no?
Pero bueno, a lo mejor, si somos un poco mala gente, está bien, porque así se conserva la arquitectura esta todavía, ¿no? Pero no. Yo pienso que hay una gente que vive ahí y que merece mucho más, ¿no?
Los años que hemos estado ahí ha sido eso, intentar utilizar toda esta historia, esta preservación de patrimonio, el turismo, y no solamente basar la vida en el turismo, porque el turismo es un problema terrible: se te viene un loco y se hace explotar, como pasó en Marrakech o una cosa de estas, y claro, te deja dos años sin turismo, o te viene un COVID y te quedas otros dos años sin turismo. Y entonces el personal dependiente del turismo es muy grave.
Entonces, nosotros siempre hemos intentado que haya cosas en paralelo. Primero, que tengan una subsistencia autónoma y dejarnos de tonterías: por lo menos que coman y beban y que tengan su trabajo, y que luego lo otro sea un complemento, pero nunca la base. No digo que se monte una fábrica, pero sí el tener, sobre todo a nivel agrario, a nivel agricultura, porque hay cosas que se pueden plantar ahí, aparte del palmeral: hay otros productos como la henna, como la pimienta negra, como el pistacho, como la algarroba, un montón de cosas que valen muy caras y que son muy preciadas y que se dan en esa zona. Entonces la historia es ayudar a la gente a que fomente ese tipo de agricultura, ¿no?
Y nada, seguimos. Estos son los de montaña. No sé si veréis cómo se integran en el paisaje, ¿no? Totalmente integrados. Cuando les da el sol es que ni se ven. Esto está a 2000 m. Es justamente cuando empezamos a pasar el Alto Atlas para ir a los valles presaharianos.
Y cuando cruzamos nos encontramos con esto, con unos valles en los cuales está el río, está la zona de cultivo y luego, no sé si veréis, la zona donde se construye. Se construye donde no se puede plantar; ahí es donde se construye. Ese tipo de construcciones ha dado lugar a un tipo de construcción que llamamos ksar, que es un pueblo fortificado.
Fortificado porque, como he dicho antes, por la lucha por el agua, por la lucha por los cultivos, luchas entre tribus, luchas incluso entre familias, ¿no? Todo por controlar las dos gotas de agua que haya, pues ha hecho que se fortifiquen, que sean pueblos amurallados, que ahora veremos verdaderamente cómo son.
Aquí veis el valle del Todra, para quien conozca Tinghir. Veis los ksares que quedan, que son muy poquitos y la mayoría en ruina. En este valle hay 68. Pero cuando metemos una carretera nueva, todo el mundo se va para la carretera. Las construcciones que veis ya son todas de cemento, por supuesto, en las cuales en verano no se puede vivir porque climáticamente son unos microondas.
Y qué pena, abandonamos la arquitectura tradicional, en la cual se vive, y se vive muy bien, porque la arquitectura de tierra bioclimáticamente es un lujo, sobre todo por las condiciones en las que estamos ahí: hace mucho calor, pero hace mucho frío por las noches. Hay noches que estamos a 0 grados y estamos a 40 grados al mediodía. O sea, hay unos contrastes térmicos alucinantes, ¿no? En el mes de mayo, no es...
Y luego, todo esto, ¿qué es lo que pasa? Que todo lo vamos echando al río. Hablo de aguas residuales. Entonces, claro, nos dimos cuenta, haciendo estudios de inventario y de toda esta historia, que la gente de los pueblos de abajo tenía unos problemas gastrointestinales mucho más importantes que los de arriba, porque el agua que le llegaba estaba ya mucho más contaminada, ¿no?
Entonces, estudiar todos estos temas e intentar preservar el patrimonio. Diréis: yo soy arquitecto, yo no tengo nada que ver con la sanidad. Pero sí: estamos preservando un patrimonio y tenemos que ver qué es lo que pasa con la gente, ¿no? Entonces, a lo mejor me importa más controlar el tema del agua y de las aguas residuales que incluso conservar este patrimonio, que es impresionante, del siglo XV, del siglo X, del siglo XIV. Fijaos que estamos hablando de una cosa muy potente.
Aquí lo que tenemos es el palmeral; los oasis son siempre eso. Hay tres cultivos, por lo que decía de lo intensivo: están las palmeras, que es lo más alto; debajo están los frutales, y debajo la huerta, ¿no? Entonces son tres capas, superdesarrollado y superbonito, ¿no?
Esto es el ksar, el modelo teórico de un ksar. Normalmente son muy regulares, pero todo depende del terreno, porque esto se construye en el borde y, como he dicho, en el sitio donde no se puede plantar, porque el terreno cultivable vale mucho. Esto es un ksar del siglo XVI en la zona de Errachidia.
Pero el modelo teórico, que es lo que yo os quería enseñar: siempre hay un muro perimetral con su camino de ronda y toda la historia, unas torres de vigía, y luego hay una sola puerta, que normalmente es en chicane para la defensa, que da a una plaza donde tenemos todos los espacios colectivos, ¿no? La mezquita, el hammam, la casa de la comuna, el fonduk, que de ahí viene la palabra fonda, que es donde puede dormir la gente que no es del ksar y que viene de fuera, las caravanas, porque imaginaos que aquí también tiene su caravasar, que es el aparcamiento, ¿no?, de los camellos, de las caravanas. Esto es así hasta hace muy poquito.
Luego, los que son regulares tienen una sola calle central, ¿no? De unos 2 metros y medio. Está muy basado en el campamento romano, ¿no? Maximus, Cardus y no sé qué. Yo no creo que venga por ahí, pero sí es lo mismo, para los que hemos estudiado en Occidente el modelo, ¿no? Pero yo creo que este modelo es de ahí, en fin. Y luego hay unas calles que se ramifican en otras calles más estrechas, donde están los habitantes.
Luego hay una cosa muy clara: estos ksares son plurifamiliares, pero son pluriétnicos también, porque luego veremos la casa, que es monofamiliar, ¿no? Y cuando digo pluriétnico es curioso, porque aquí viven judíos, viven bereberes, viven árabes, viven haratines, que son los hombres de color que subieron del África subsahariana. Y viven todos juntos, pero no revueltos, como decimos, ¿no? O sea, va por estratigrafía.
Los judíos siempre están en la entrada, porque es donde está el comercio, para tener el comercio cerca. Y luego ya los están al fondo porque son la gente encargada, digamos, de defender. Los arabófonos son la historia de la religión, y así vamos, ¿no? Y está muy bien. Y los haratines son los pobreticos que trabajan el campo a un quinto de la cosecha: se les paga dándoles un quinto y por eso se llama jisía, ¿no?, la quinta parte.
¿Qué ha pasado con el tiempo? Que los haratines, como eran los únicos que trabajaban, ahora se han hecho dueños de los terrenos, y hay un conflicto ahora, y cuando digo ahora me refiero al siglo XXI, todavía entre blancos y negros, que yo cuando fui ahí aluciné porque no me lo esperaba. No tenía ni idea de que eso podía pasar. Pero conflicto político, ¿eh? Porque ahora todo el mundo es igual; ahora no estamos en que tú eres esclavo y yo soy esclavo. No, eso se acabó. Pero, claro, la gente que venía de allí ha seguido trabajando, ha seguido comprándoles a sus dueños los terrenos, los otros no trabajaban, y ahora son los otros los que ganan las elecciones.
Y es muy simpático. Es curioso, porque hay que ser muy sensible con estos temas. Hablamos de proyectos de cooperación y a veces no tenemos en cuenta cosas sociales que son superimportantísimas, ¿no? Que damos por hecho, porque estamos en el siglo XXI, que somos civilizados, occidentales, pero hay gente que todavía tiene sus cosas, sus distinciones, su respeto y sus costumbres, ¿no? Eso hay que mantenerlo sobre todo.
Fijaos qué ksar más impresionante, ¿no? Aquí no sé si veréis una cosa curiosa. El ksar inicial es este y luego hay una extensión, esta parte, ¿no? Porque yo me preguntaba si esto se construía al azar o se iba construyendo poco a poco, pero no: esto se construye de antemano. La plurietnia que se forma, porque primero eran nómadas y fueron sedentarizándose, ¿no? Y entonces se ponen de acuerdo y construyen su ksar, pero lo construyen además con conciencia, sabiéndolo construir y además previendo las futuras, ¿cómo se llama?, para agrandarlos, ¿no? O sea, las futuras extensiones. Es que no me salía.
Porque si veis, aquí tenemos un morabito; normalmente los morabitos están fuera del ksar. Esto era el cementerio, y se deja una parte del cementerio aquí. El morabito está aquí, esto es el cementerio, y antiguamente los cementerios estaban todos fuera; no se enterraban dentro. Y luego deciden meterle otra muralla más, ¿no? Aquí se ve la otra muralla. ¿Veis las torres? Se ve perfectamente la torre, la plaza de la que os hablaba, la entrada, que siempre es en chicane, en zigzag, para que si te invaden no entre la gente directamente.
Y lo blanco que veis no es nieve, es sal. O sea, que encima de tener poca agua, es mala, es salada. ¿Por qué? Porque hay minas de sal más arriba, están las minas de tud, de gas. Es muy interesante el tema del ksar. Mira, este está en el interior del palmeral, muy regular también, pero siempre con la misma forma, ¿no? Una entrada en chicane, la plazoletita, estos son los colectivos, y siempre hay una callecita.
Lo que pasa es que estas son las calles dibujadas, pero hay unos pozos de luz, porque en estos ksares las casas a veces tienen hasta cuatro plantas. Hay unos pozos cada cierta distancia, que además estudiamos de una manera muy científica con una escuela que vino de Brasil, una escuela de Brasilia: cuándo entraba el sol directamente al pozo de luz, esto y lo otro. Estudiamos 14 ksares y nos dimos cuenta de que hasta los pozos de luz no estaban hechos al azar, sino que verdaderamente en invierno teníamos una radiación solar directa, ¿no?
Bueno, soy arquitecto, no quiero tampoco ser muy pejiguero en este tema, pero es interesante, ¿no? Que en invierno entra el sol directamente y en verano no. Pero eso de que entre el sol directamente hace que caliente el aire, y la puerta está de manera que coge el aire del palmeral, lo mete dentro y refrigera. Ahí hay una historia bioclimática impresionante.
Cuando fuera del ksar se está a 42 grados, dentro del ksar estamos a 32 grados. Estamos hablando de 10 grados de diferencia, que eso es una barbaridad. Y entonces, imaginaos en la casa, que estás a 26 grados. Qué bonito, ¿no? Eso es saber construir, eso es ser arquitecto, ¿no? Lo que somos nosotros, o por lo menos lo que soy yo ahora, de verdad. Y entonces es superinteresantísimo. Las calles son estas, están tapadas porque se construye encima, y es la historia de los ksares.
En los ksares, pues, pelearnos por la electricidad; por lo menos esto es la fachada, porque vino un programa de la red eléctrica, de los años 94 al 99, que electrificó prácticamente todos estos ksares, que me pareció muy bien. Empezaron a colocar pilonas, lo típico, ¿no?, los postes, y claro, para las fotos de los turistas no funcionaba eso. Entonces lo teníamos que ver.
Y cuando digo nosotros, yo era director de un centro del Estado que era el CERKAS, un centro especializado en la rehabilitación de las kasbas y de los ksares. O sea, nuestro trabajo era exclusivamente ese: conocerlos, inventariarlos e intentar restaurarlos. Bueno, restaurarlos es mucho decir; rehabilitarlos, digamos. Entonces, una de las cosas era eso. Lo nuestro era el saneamiento, el agua potable y la electricidad, que no fuera de cableado.
Aquí tenéis una vivienda, no sé si veis, perdona, aquí ya la he mirado. ¿Cuántas plantas hay? Hay tres plantas. El patio, la parte de abajo, siempre está destinada normalmente a los animales y a la cocina en verano. En la primera planta están los dormitorios y los salones reservados, digamos, a los invitados.
Curiosamente, la última planta, ¿no?, la terraza, siempre se utiliza, aparte de para secar las cosechas, no todas las cosechas, pero sí parte de la cosecha fina, ¿no?, digamos sus tomatitos, sus cosas así raritas, sus pimientos, que son pocos, también en verano para dormir al fresquito, ¿no? Entonces, ese es un poco el tipo.
El ksar de Aït Ben Haddou, que tuve la suerte de restaurar, es patrimonio mundial desde el año 1987, y eso es lo que hizo que se construyera ese centro, ¿no?, justo en Ouarzazate. Esto está a 30 km de Ouarzazate. Estuve trabajando 5 años ahí en la restauración, y la verdad es que era muy interesante, porque tiene una parte almohade, esta parte entera que es de entre los siglos XVI y XVIII, y luego, a partir del XVIII, tenemos estas kasbas, que ahora van a empezar a aparecer.
Estas viviendas, estos castillitos de arena, que son unifamiliares, pero que están también fortificados y que son las casas de los grandes señores. Fijaos qué bonitos los castillitos de arena, castillitos de tierra, con una riqueza impresionante a nivel de decoración solamente en la parte alta. Está construido de tapial. Ahora explicaré un poquito la diferencia entre tapial y adobe o cómo se hace, pero tampoco voy a meterme mucho
dentro. Pero los últimos pisos, veréis, perdona, veréis que no hay ventanas en la parte inferior. En la planta baja nunca hay ventana, pues normal, por la defensa, ¿no? Pero hay unos cuantos agujeros que son para la ventilación, para los animales y tal, pero a partir de la planta primera ya es cuando empieza a haber ventanucos y tal. La parte de arriba se construye con adobe, aparte de por aligerar el peso, es para que, bueno, pues con ese aparejamiento de los adobes, ¿no?, aparejamiento de los adobes a soga y a tizón, que van jugando, consiguen estas decoraciones fastuosas que son impresionantes.
También son viviendas que tienen una sola puerta, cuatro torres en los ángulos, un patio central, ¿no? Y una escalera muy estrecha, que son las que sirven para subir a toda esta historia.
Esto sigue siendo el... para que veáis un poco lo del río. Esto, el valle del dravaneras más importante. El Estado pasó la carretera por el otro lado e hizo que toda esta gente que vivía en este pueblo pues se fuera al otro lado a vivir. ¿Por qué? Porque la escuela estaba en el otro lado, porque el sanatorio se dispuso en el otro lado y porque era mucho más fácil llegar al otro lado. Nosotros, una de las cosas que hicimos fue hacer un puente, porque cuando había crecida, porque esto viene del Atlas, y cuando el deshielo en el mes de marzo, cruzar eso era verdaderamente peligroso. No sé si veis aquí unos muretes; esto también lo hicimos nosotros, pero era para preservar estos terrenos de cultivo, para que no se inundaran, porque es una zona inundable.
Y bueno, y aquí hemos llevado a gente muy importante, desde Gorbachov hasta Hillary Clinton y hasta no sé quién. Yo era el falso guía oficial de todos estos temas y veréis [risas] y no me pagaban. Además, esto lo tenía que hacer por la cara y eso me fastidiaba. Además, había gente con la que era muy interesante estar y había otros que no, también hay que decirlo, pero se aprendía mucho, siempre se aprende mucho, ¿no?
Quiero decir esto, por ejemplo, esto es mentira. Esto también es de mentira, estas dos torres. Esto es Aït Ben Haddou. Ahora mismo vive, bueno, por el turismo bastante, pero sobre todo por las producciones cinematográficas, ¿no? Aquí se graba Sodoma y Gomorra, yo qué sé, Lawrence de Arabia, La joya del Nilo, que es por lo que está este aquí, que es por donde pasa el avioncito y entra en un mercado, ¿no? Bueno, pues todas esas películas.
Entonces nosotros, yo esto recuerdo que cuando restaurábamos, cuando estábamos trabajando y tal, era muy grave cada vez que aparecía una película, porque nos quitaba a la gente: como pagaban mejor, se iban de extra o de lo que sea, a hacer decorados y tal, y entonces era una parte, bueno, si eran 8 meses, 8 meses que teníamos que parar ahí, no hay historia, ¿no? Porque la gente era eso. Y estoy hablando de producciones de verdad, eran producción americana la mayoría, ¿no? O sea, Gladiator, el uno y el dos se hicieron ahí. Bueno, a mí ahí me pilló Gladiator uno y me dio la alegría de conocer al tío este, pero no más, no.
Como decía, lo de el tema de los animales, forraje, cocina y alimento, dormitorio y lo invitado arriba en la zona más noble, ¿no? No sé cómo vamos de tiempo, no lo sé.
Bueno, en fin, la kasba de Ram. Estoy en ella también. Fijaros qué lujo, ¿no? Yo he tenido la suerte de que cada vez que hago un proyecto, perdona, cada vez que hago un proyecto, hay una cigüeña que viene y monta un nido, y eso es peligroso porque, bueno, peligroso por el peso y toda esta historia, pero no sé, es como si me certificara que el proyecto, que lo que hacemos, está bien hecho, porque cuando vienen y se asientan algo querrá decir. No, no, de verdad, me ha pasado aquí, me ha pasado en Ben Haddou, me ha pasado en Igaram, o sea, que en varios sitios. Entonces, muy bonito.
Entonces, no sé si os fijáis, esta parte que es de tapial no está revestida. Se ven todavía las piedras, ¿no? Los guijarros y tal. Y esta parte sí se reviste. Se reviste con una arena, con una tierra que es mucho más fina, que traen ellos de a 8 km, porque nosotros, a fin de cuentas, en todo este tema, toda esta película de restaurar y tal, aquí no somos nosotros los que decidimos, sino que es la gente del lugar. Intentamos que el saber hacer de esa gente siga vivo, intentar mantenerlo, intentar que los artesanos sigan siendo artesanos y no pasen a ser artistas y tengamos que pagarles a precio de artistas, como pasa aquí.
Cuando digo como pasa aquí: aquí la persona que te hace un tapial, os aseguro que tenéis que pagarle como el que te está haciendo un cuadro. O sea, esto es así porque se ha perdido ese saber hacer, se ha perdido. Aquí sigue vivo. Y entonces, cuando nosotros teníamos ese compromiso de querer preservar el patrimonio y tal y esto y lo otro, bueno, a fin de cuentas lo interesante era preservar también a las personas que vivían, pero también que ese saber hacer siguiera vivo, porque el día que se perdiera eso, este patrimonio se fue del todo ya. O sea, lo único que podríamos hacer es un certificado de, pues, mortes, ¿no? Y se acabó, de defunción, porque otra cosa no.
Y entonces, pero es muy complicado, es difícil tener a chavales jóvenes que piensan en el dorado de Europa, en la inmigración, porque ahí se vive, pero no se vive muy bien. Para los turistas que vamos ahora como turistas, divino, ¿no? Qué bonito, qué precioso paisaje. Se elige mucho esta zona porque hay una luz impresionante, normal, no hay fábrica, no hay nada, no hay contaminación de nada. Entonces, pues divino, ¿no? Una luz impresionante, y es por lo que la utiliza la gente de la cinematografía también.
Y entonces, pues bueno, pero ¿cómo mantener a esa gente? Bueno, pues nosotros en todos nuestros proyectos de restauración intentábamos juntar a gente, chavales jóvenes, con los mayores, intentar que haya una transmisión. Bueno, aparte de que jugábamos nuestro partidito de fútbol con ellos, aparte de tal, intentábamos ganarlos de manera que ellos comprendieran que este patrimonio era de ellos y que si no seguían ellos manteniéndolo, no lo íbamos a mantener nosotros. Nosotros estábamos de paso, como aquel que dice, ¿no? Pero esto era eso.
Y el cine nos ha ayudado también en este tema, porque el cine hace los decorados, la fabricación de los decorados y tal, y me metí por medio ahí para meter a la gente. Vamos a ver, con el tema de los decorados, a ver si en vez de que sea de cartón piedra, pues que se haga de tierra de verdad y tal, pero era solamente para preservar ese saber hacer milenario y que siguiera, ¿no? Entonces, bueno, haciendo malabares, ahí está. Hay gente que todavía lo hace.
Y luego el tema de Marrakech en el 2000, a partir del 2000, sobre todo en el palmeral de Marrakech, para los que conozcáis Marrakech, es una zona superchic que es como si fuera nuestro Puerto Banús, ¿no?, de Marbella, pero en Marrakech. Y entonces ahí viven, pues ya te digo, todo el personal este conocido y famoso y rico, y Bill Gates y el otro y el otro, todos tienen su casita en Marrakech y tal, y tienen su casita construida en tierra, y eso es interesante. Entonces esta gente pudo subirse a Marrakech y trabajar ahí y tal, y hay una continuidad, pero hasta dónde, no lo sabemos. Tenemos derecho a la evolución; igual dentro de unos años se acaba. Espero que no, pero bueno, seguiremos luchando.
Bueno, yo me voy a retirar, me voy a jubilar ya, pero en fin, yo supongo que habrá gente. Hemos hecho que haya gente detrás nuestra que siga con esta pasión, porque a fin de cuentas esto es una pasión, esto no es un tema de trabajo, y yo trabajo aquí ni por dinero, ni por ser funcionario, ni por ser nada.
Esto es... Mira, fijaros qué bonito el color de la tierra, cómo se mete en el paisaje. ¿Por qué? Porque en la construcción de tierra, la tierra que se utiliza se saca del mismo sitio donde se va a construir. No se trae la tierra de no sé dónde, del mismo sitio. Y nada, esto es Amridil, en Skoura. Aquí están las casas más antiguas. Os enseño. Esto está a 30 km de Ouarzazate, la kasba de Skoura. Hay unas 30 casas ahí que son impresionantes. Son las más ricamente decoradas, ¿no? Aquí, no sé si os fijáis, ya con paneles solares y tal, pero mira, mantenido, y un castillito de arena, ¿no? O sea, es precioso, pero con una riqueza...
Toda esta riqueza, esto que veis aquí, esto es la rosa, le llamamos nosotros una rosa, porque hay una rosa silvestre en esta zona que solamente la hay aquí en Marruecos. Toda la producción la tiene comprada Yves Saint Laurent, para que lo sepáis, para sus perfumes. Entonces, bueno, toda, absolutamente toda, en exclusiva. Pero es para deciros que todos estos símbolos, todas estas simbologías que vemos aquí, o estos de aquí, que también se ven en los tatuajes de las mujeres, que también se ven en la alfombra, que también se ven en la joya, tienen una simbología y una historia que eso sería una conferencia aparte. Lo digo, ¿verdad?, porque es muy bonito: la fecundación, el no sé qué, el tal, el indicar el tipo, la etnia, quién vive ahí; en fin, tiene todo su lógica y sus cosas bonitas, ¿no?
Bueno, aquí, por enseñaros esta parte, por lo del revestimiento: visteis antes, que os enseñé que la parte alta sí estaba revestida, y os decía que traían tierra de un sitio que está a 8 km, pero que era muy rica en cal; por eso la traían de ahí, pero ellos no saben si tiene cal o no. Da igual, una cal natural, además, cal aérea. ¿Y por qué revisten la parte de arriba solamente? Porque al tener esos entrantes y salientes está más expuesta a que el agua entre y se infiltre y, claro, deteriore, ¿no? Y es por lo que se utiliza el revestimiento, pero la otra se puede tirar dos siglos que no pasa nada.
Esta es la casa Moro, de un gaditano. Es un hotel, por eso hay ventana en la planta baja, la ha abierto después. Pero bueno, a este se le ayudó para que la restaurara, Juan Ben Moro. La casa se llamaba Ben Moro, por curiosidad, de un amigo chiflado al que se le ocurrió, bueno, meterse en un tema de estos, y tiene un hotel, y un hotel muy bonito. Pero bueno, es por deciros el uso que se le está dando. Hemos querido hacer paradores nacionales, el ejemplo de los paradores nacionales, con las casas y tal, y de hecho se ha hecho en tres o cuatro kasbas, pero bueno, oye, mira, yo creo que son temas distintos.
Es que esto también tiene un problema, que es la herencia, ¿no? De quién es propiedad, de esta gente, ¿no? Y ahí te encuentras 68 personas, el uno en París, el otro no sé dónde, que para ponerlos de acuerdo en un tema... Porque esto, cuando se abandona, quedan los que quedan de la familia, que no tienen dónde irse, y se quedan ahí, pero los que han tenido dinero y tal han cogido y se han ido.
Esta es la kasba de Taourirt, que está en el centro de Ouarzazate. Esto era el CERKAS. Este era mi despacho, un lujo, una riqueza. Esta es la kasba de de edades. Estas son kasbas que se construyen, bueno, ya a principios del XX, y son los franceses que van nombrando caídes. Empiezan a romper la estructura a partir de 1912, empiezan a nombrar a responsables de ellos, ¿no?, de tribus, a su manera. Y bueno, y ellos son los que construyen este tipo de kasbas así, que son muy cuadriculadas y con muchas ventanas; ya son muy modernas, ¿no? Y seguimos hasta los años 60, que todavía sigue construyendo gente normal con la idea de hacerse una kasba, ¿no? Pero fijaros que ya no es nada, ¿no? Es una casa normal y corriente, pero con la forma de kasba todavía, ¿no?
Y el porqué de estas casas, el porqué de venir de Granada y meterte ahí a estudiar esto: porque cuando entras en las kasbas y ves esta riqueza arquitectónica que hay en el interior, yo, para mí, lo que vi de verdad la primera vez que estuve viéndolo ya como arquitecto, es la Alhambra desnuda, ¿no?, sin decoración. Y eso es muy interesante para poder tratarla, ¿no? Una riqueza arquitectónica impresionante. No te imaginas que dentro de esos castillitos de arena, en el interior, te puedas encontrar estos temas, esta riqueza, una arquitectura impresionante. Todo, absolutamente todo de tierra. La madera es palmera. El patio visto desde abajo, una foto muy bonita.
Y fijaros el suelo cómo es. El suelo. Es totalmente, vamos, terrazo de Porcelanosa, ¿no? Tierra. Imaginaros el polvo que hay aquí. Imaginaros los problemas de ojos, los problemas de alergia: nada, ninguno. Yo fui ahí y de verdad, hasta que no llegué a Rabat, no tuve alergia, y pues te acostumbras al polvo y te acostumbras a la arena. El único problema que hay ahí sí es que hay un número muy importante de gente que tiene problemas de, no sé cómo se llama la enfermedad, una cosa, una especie de... ahí, glaucoma. Glaucoma. Mucha, mucha gente tiene ese problema, y el Estado, el Gobierno marroquí, hace unas campañas impresionantes de médicos, de gente, para operarlos de cataratas, de historias y de tal, que es normal, es que viven en el polvo, ¿no? Para todo, ¿no? Entonces, pues bueno, esas sí son cosas que se pueden mejorar.
Bueno, esto es la entrada de la casa, las puertas. Fijaros las cruces que hay y tal. Yo quiero que os metáis en la cabeza que todos estos valles, antes de ser islámicos, fueron cristianos en una época, porque aquí la gente de los bizantinos estuvo por ahí dando vueltas, y pasa que nos olvidamos; los vándalos, y están incluso los vikingos en el norte, ¿no? Y antes era un reinado judío, y bueno, y queda ahí, y esa cultura queda y es muy bonita, ¿no? Y se vivía, y eso fue lo que dio origen a Al-Ándalus, ¿no? El tema de la convivencia en Al-Ándalus, ¿no?, salió de ahí, de estos valles presaharianos, porque es que desde aquí subió toda la gente para arriba. Esto es así.
Bueno, pues esto es como se construye: la tierra y paja se moja, se deja un par de noches para que macere. Huele muy mal, huele a pipí, ¿no? Pero es porque la paja va soltando, pero hace que la tierra sea elástica, ¿no?, sea maleable y se pueda utilizar, ¿no? ¿Para qué se utiliza? Pues para esto, para la fabricación de adobe, que, bueno, con unos moldes, unos alveolos, pues se mete tierra dentro y se origina. Antiguamente eran estos de madera, eran dos, y ahora, pues como lo hemos hecho más moderno, son más gordos, más grandes, y el molde es metálico, y no hay quien coja un cacharro de esos, y además, para secarse, se seca por fuera, no se seca por dentro; perdemos la calidad arquitectónica del saber hacer ancestral. ¿Por qué? Porque ahora tenemos más prisa en acabar, tenemos más tal y tal, pero de verdad, un ladrillaco de esos pesa 20 kg. Entonces, pues dices tú, 20 kg, no... 20 kg, pero oye, que pesa un taco.
Esto luego se deja secar, ¿no? Los otros se dejan secar pues durante cuatro o cinco días y ya están preparados, secos al sol, ¿eh? Y nada, preparados para poder construir con ellos, ¿no?
Esto es el tapial: siempre un basamento de piedra y encima de él, pues bueno, el pisón, el maalem, el maestro artesano que sube encima, que va esparciendo; van echando. Aquí no se ve, pero se va a ver ahora, yo creo, en el otro. Sí, no, tampoco, ¿eh? Ah, bueno, hay uno que va con una canasta. ¿Veis la canastita que está aquí? Esa canastita se llena de tierra y hay un señor que sube una escalerita y le echa, y por tongadas él con los pies va esparciendo la tierra, la pisona cada 10 o 20 cm, y luego otra vez echa tierra y tal, otra vez pin, y así va montando su tapial, y luego va quitando el encofrado poco a poco y tal. Y así es como se monta todo esto. Estos son todos los útiles, las diferentes partes y herramientas.
Y nada, bueno, ahí sí se ve, ahí está todo el personal, y ahí están haciendo ya un tejadito, ¿no? El tejadito. No sé si veis que hay unas vigas. Ahora son de eucalipto o de chopo, porque antiguamente eran de palmera: la única madera que existía ahí era el palmeral, porque había eso y acacia, ¿no? La acacia es muy retorcida y tal, y no sirve para utilizarla como viga. Pero ahora
Tenemos la protección de la palmera. La palmera ahora se protege, no se utiliza, no se corta a lo loco, sino que, bueno, ¿por qué? Para la producción, porque es más rentable dejarla viva que cortarla para hacer unas viguetas, ¿no? Entonces, ahora estamos utilizando otro tipo de madera y luego encima de esto se pone un mallazo de caña y luego se pone un plastiquito, porque luego vamos a echar tierra encima, y que no caiga la tierra cuando andemos por arriba. En fin, pues ahí está. Ahora lo iré explicando.
Esta era la madera que utilizábamos, que era la palmera, que era todo un ritual cortarla cuando estaba la luna llena, porque la savia está en la hoja y no está en la parte central del tronco; se dejaba secar durante 6 meses. En fin, y luego se corta como La vaca que ríe, ¿no? Los quesitos, las porciones así en triangulito, porque, para los que hemos estudiado un poquito de estructura, la parte de compresión en la parte de arriba, el triangulito, y la parte de flexión, donde menos fibra hay, se utiliza debajo, ¿no? Entonces, como esto trabaja solamente a compresión, pues por eso se corta de esa manera, ¿no? Y es una madera muy buena, muy flexible, pero las crujías que te da no puedes pasarlas: las habitaciones no pueden ser más anchas de 2,80 hasta 3 m como mucho, porque piensa que la palmera está apoyada en un muro y tiene que estar apoyada más de 25 cm por cada lado. Entonces, pues bueno, es un poco eso. Encima del tapial, ¿no?
Aquí es lo que os decía, el tema del cañizo, y luego encima del cañizo veis que se ha utilizado un plastiquito. Antiguamente poníamos hojas de palmera, ahora ya no. Y ahora el plastiquito, también para la impermeabilización, para que no caiga agua, pero es sobre todo para que no caiga polvo cuando andemos encima en la terraza, que no caiga el polvo, la arena, abajo, ¿no? Y luego se echan unos 15 cm de arena, tierra mezclada con lo que hay, con la que se coge, con sus piedrecitas, con su historia, con sus hierbas y todo. Se apisona un poquito y luego se echa una tierra más fina, que es esta, más mojadita, también con otro plastiquito, ya como impermeabilizante del todo, ¿no? Y una tierra con paja fina que parece chocolate. Está muy bien. Y ya ahí el maestro alisándola para que el agua... aquí llueve poco, pero cuando llueve es torrencial, son tormentas. Entonces, ¿qué pasa? Que aquí el agua, cuanto más corra, mejor; que se vaya el agua y ya está. Aquí no tenemos terrazas inclinadas ni nada de esto, son terrazas planas, pero tienen una pendiente que no es del 2 % como debería de ser normalmente; aquí es del cuatro, del cinco. Y ahora intentamos incluso meterle más, como tampoco son muy transitables, y no pasa nada por andar en una pendiente de un 6 %, ¿no?
Y luego queda esto así. Esto es una escuela que construí en el centro de Ouarzazate, que esto de construir dentro del perímetro urbano también está prohibido en el sur de Marruecos —es una locura, pero es así—, construir en tierra, porque los bancos no te lo abonan, o sea, no son capaces de asimilar el seguro que tiene esto a nivel de estructura y esto y lo otro, ¿no? Entonces esto es una película, pero ahí estamos peleándonos con ella y diciendo: «Oye, dejaros de tonterías, que esto es bioclimático y que volveremos, que ahora el petróleo se estará acabando y se va a acabar de aquí a nada, y como sigamos así, peor todavía». Y que no es que volvamos a esta arquitectura ni mucho menos, o sea, tampoco somos así de ingenuos, ¿no?
Pero yo creo que en estos pueblos hemos hecho que... bueno, hay una fundación de un banco con la que he hecho ocho escuelas y las hemos hecho todas de tierra, y es muy interesante porque los chavales salen de su casa, que tienen techos con cañizos, y entran a la escuela, donde tienen sus techos con cañizos también. Entonces, no sé, hasta incluso socialmente está bien, pero sobre todo porque en invierno pueden ir a la escuela, porque en los barracones que nosotros antes construíamos para la escuela no podían entrar, o sea, se helaban de frío, porque son zonas montañosas, son zonas desérticas donde hace mucho frío en invierno. Entonces, pues bueno, hemos intentado comerles el coco, comernos el coco a nosotros mismos, que yo soy parte del Estado o parte del gobierno, pero bueno, estamos ahí para pensar un poquito en cómo solucionar este tipo de problemas.
Estos techos, que se llaman tatawi, aparte del cañizo, también se utiliza... ¿cómo se llama esto? La adelfa, la adelfa, que es una planta muy amarga, ya sabéis que amarga el agua de los ríos. La ventaja que tiene es que no se la comen los bichos, o sea, no es atacada por los bichos, y entonces por eso se utiliza esta especialmente. Lo que veis negro es kohl, es con lo que se colorean los ojos las mujeres. Y el rojo es henna. La henna es lo que se echa en el pelo, ¿no?, para que el pelo sea rojo. Pues son tintes naturales, y se sigue haciendo, y esto se llama tatawi porque el origen es de Tata, de la región de Tata, que es del sur. Y aquí veis el cañicito ese que sale, que son los aleros. Vosotros aquí tenéis unos aleros de madera alucinantes, ¿no? Muy bonitos, pero bueno, eso es otra historia. Y estos son los aleros que tenemos ahí, y encima de ellos metemos un montoncito de tierra, incluso unos adobes, para que no se los lleve el viento, ¿no? Y estas son las gárgolas, que antiguamente eran de madera de palmera y ahora utilizan tubos, plástico y de todo, pero derecho a la evolución. Esto que veis aquí, la mezcla de tierra con paja, es porque es más fina. La paja es más fina, pero es para utilizarla como revestimiento, ¿vale? El reflejo es la luz, no es ninguna piscina que hay ahí, sino que es la escuela, la misma escuela que enseñé antes.
Y estos son los trabajos que hemos hecho de restauración. Esto en Berhdu, con los medios que teníamos, y que está bien exclusivamente para eso, para poder seguir perpetuando ese saber hacer, ¿no? Esto en Tamnougalt, que fue con Arquitectura y Compromiso Social y con 2 euros que nos dio la Junta de Andalucía, e hicimos un proyecto en un ksar de Tamnougalt muy interesante. Arreglamos la puerta, arreglamos una mezquita, arreglamos un santuario; eso no pertenecía a nadie, pero toda la idea era para meter electricidad y agua. Y mientras metíamos la electricidad y el agua, nos dimos cuenta de que éramos muy buenos nosotros, éramos los señores que veníamos del espacio y que íbamos a solucionarles la vida con el agua. Y nos dimos cuenta, menos mal que nos dimos cuenta, de que las mujeres se reunían una vez a la semana en el río para lavar la ropa. Y entonces tuvimos que crear otro lugar de encuentro, porque fijaros, metiendo agua en las casas, no íbamos a cargarnos esa relación social. Y aquí la gente es muy cerrada, ¿eh? O sea, no sale a pasear a los cafés ni esta historia.
Entonces creamos un hammam para que se reunieran ahí las mujeres otra vez, por si empezaban a lavar en su casa, porque tendrían agua en su casa. Entonces, bueno, arreglamos el lavadero del río para atraer más a las mujeres, para que se animaran más a ir. Pero aparte de eso, creamos lo del hammam. El hammam era una estructura, bueno, un baño público, que antiguamente había uno y hace 18 años se cerró por falta de madera. Entonces, nosotros metimos uno ahí con unas bombas solares y energía solar y toda la historia esta, y sigue funcionando, y fue fantástico, pero la idea era exclusivamente no romper esa relación entre las mujeres. Pero esto es para que veáis: a quien le digas que metiendo agua y luz te puedes cargar una sociedad... pues sí, te la puedes cargar si no la estudias, ¿no? Por eso en los proyectos de cooperación hay que tener mucho cuidado, no somos los salvadores. Aquí venimos en plan Indiana Jones y luego la liamos, podemos liarla sin darnos cuenta, ¿no? Entonces, oye, que bueno es ayudar, eh, pero en este tema fue eso. Esto fue la restauración de la mezquita, esto fue la restauración del morabito.
Todas estas cosas no pertenecen a nadie, pero pertenecen a todo el mundo. Eso hace, primero, que tengan confianza en lo que nosotros hacemos y nos conozcamos mejor, y que conozca yo por lo menos las necesidades que tienen, y no ir dando bandazos. Y este fue el hammam que construimos, que esto es como el que construye una bomba atómica en mitad de eso, porque construir un hammam en mitad de un ksar... como tengas una fuga de agua, se te va medio ksar abajo, porque es todo de tierra, y el peor enemigo de la tierra es el agua. Y una infiltración de agua, os digo de verdad que os tira un muro en 4 días. Pero bueno, mira, intentamos hacerlo bien.
Esto es la restauración de unos graneros colectivos. Estos son los bancos. Cada pueblo tenía en lo alto, en el promontorio más alto —a excepción de los que están en el palmeral—, un banco de este tipo. Cada familia tiene una habitacioncita. Esas habitaciones tienen una altura de 1,60, 2,50 más o menos, y 1,5 de anchura. Cada familia tiene una habitacioncita, y es donde guardan sus enseres, su cultivo para el año, y cuando son atacados por otros pueblos se refugian en él. Son unos bastiones. Este nugdal, si cruzáis de Marrakech hacia Ouarzazate, está ahí, os encontráis con él. Precioso por dentro, una simplicidad, unos pilares de madera impresionantes. Y las puertecitas parecen grandes, pero son muy bajitas. Son unas puertas de 1,60, una cosa así. Y no es porque la gente sea chica, sino que era para mantener el grano fresco y toda la historia; claro, la abertura es lo más chiquitita posible. Con los capiteles de madera, un tronco de madera, pero con mucho gusto.
Este es otro granero, pero este, aparte de ser granero, es santuario también. Este está a 2400 m. Este fue mi primer proyecto de restauración en Marruecos, y venía con mi historia de la Alhambra y de Granada y de italianos, y a la parte que yo tocaba le ponía revestimiento y a la que no, no, y por eso está así. Luego la gente me dijo: «Oye, ¿y por qué has dejado todo esto parcheado?». Y a fin de cuentas te haces la pregunta: «¿Y yo para quién restauro? ¿Restauro para la gente que está ahí o restauro para mí, o para luego el premio Aga Khan?». Yo qué sé, que esto también es eso, ¿no? Un poco. Pues hay que restaurar para la gente.
Esto es Mus, ahí del valle, el valle del Draa, una casa que restauramos y que convertimos en escuela, y esta es una de las escuelas esas que dijimos. Era escuela; en su primera historia, ¿no?, era una casa de un señor feudal que luego se convirtió en escuela en los años 70, y que luego en los años 90 dejó de funcionar, y yo cogí y le dimos otra historia. Está ahí en el borde del río y es preciosa, muy bonita. Esta es la escuela que construimos, la de Ouarzazate, ya terminada, muy racionalista, muy simple, pero bueno, lo que hay.
Y esto es lo sucedido después de lo que se aprendió allí, cuando fui a Marrakech: la gente del Palmeral, los ricos, que piensan que vivir en tierra es bonito. Esto es un hotel hecho con 2 millones de adobes hechos in situ exclusivamente de la tierra, de la misma tierra, y no hemos montado un hotelito ahí, no es mío, yo solamente ayudé técnicamente; es de un francés, y es muy bonito poder construir de esta manera, porque como no le demos continuidad a esto... Al igual que esto es un hotel, hemos hecho también —lo que pasa es que no tengo la foto— unas viviendas, digamos, de protección oficial, no, unas viviendas sociales, unas 22 viviendas sociales también construidas de tierra. Pero la gente es muy reacia, es que ahora mismo lo moderno es el hormigón, y claro, y tú por meterle en la cabeza a la gente, ¿no?, que en la tierra se vive hasta mejor, que no te hace falta ni un aire acondicionado en verano. «Sí, sí, pero a mí déjame de tonterías, esto, el polvo...». Bueno, tenemos derecho a la evolución, tenemos derecho a montar una parabólica arriba, tenemos derecho. Pues sí, yo pienso que sí, pero estas viviendas sociales por lo menos las hemos hecho para la gente joven que todavía piensa que, mira, puede ser interesante vivir en este tema.
Este, el hotelito, es todo en tierra, muy bonito, te da unas cosas, pero esto no lo enseño solamente por lo que sea, sino porque se pueden hacer cosas modernas con esta técnica de construcción que viene de ahí abajo, y gracias a esto también se le está dando trabajo a esa gente de abajo, a venir a subir a Marrakech, y frenarlos un poco en Marrakech y no dejar que suban a Tánger para cruzar el charco, ¿no? Un poco es eso. Bueno, yo creo que aquí acabamos, y estoy a vuestra disposición por si queréis que tengamos alguna pregunta. Yo creo que sí. Sí, pues acabamos.
No sé qué habrá aparecido esto.
Pues bueno, como siempre, tenemos tiempo para hacer algunas preguntas del público. Si me lo permitís, empezaré yo con solo una, porque no quiero pasarnos demasiado del tiempo. Pero, Faisal, me gustaría, si puedes contarnos brevemente... me ha llamado la atención tu comentario sobre esa climatización o, digamos, construcción popular, pero que tenía tanto control de la temperatura dentro de las casas. ¿Nos puedes contar un poco más sobre cómo se lograba esto?
Sí. Mira, muy fácilmente: primero sabían, hablaban de orientación, hablaban de vientos predominantes normales. Un valle, cualquier valle, como sea, el aire va de un lado a otro, o sea, va recorriendo el valle; aquí no hay ningún viento que atraviese un valle perpendicularmente. A lo mejor hay alguno, ¿no?, pero supongo que será en, no sé, en Suiza o cosas de esas que tienen muchos valles locos, pero por ahí la idea es esa, ¿no? La dirección, el asentamiento, dónde se posicionan respecto al aire, ¿no? Eso es muy importante. Otra cosa es la utilización del patio. El patio como elemento básico y primordial, climático. Él es el que enfría, él es el que calienta. El patio interior de la casa; ya no hablo de los pozos esos cenitales para las calles, hablo de la casa, de la vivienda, los patios, los cuales se podían cerrar con una esterilla de esparto, se podían abrir. Trabajaban con esa historia, o sea, vivían con ese tema.
Yo tengo los animales abajo en invierno; el calor de los animales sube, los olores... bueno, eso ya cada uno está acostumbrado o no, pero a nosotros nos costaría, a lo mejor, ¿no? Pero ellos el calor lo aprovechan. De hecho, hay unos orificios en las terrazas, vamos, en los forjados, para que pase eso, cosas que cierran también con esterillas cuando quieren, ¿no? Entonces está todo pensado, ¿no? En verano tengo la cocina en la planta baja, perdona, en la primera planta, pero en verano me la llevo a la segunda. ¿Por qué? Porque voy a vivir más en la terraza, para el fresquito por la noche. Y van cambiándose según la estación del año. Es una casa móvil, o sea, la persona es móvil, ¿no? Y eso es muy bonito, eso es muy interesante. Eso pasa ahora mismo en las medinas todavía, las grandes medinas imperiales. Es que claro, hablamos de esta arquitectura como si fuera una cosa que está ahí abajo, pero es que el principio de esta misma arquitectura se lleva a las ciudades, a la medina de Fez, a la medina de Marrakech, a la medina de Mequinez, a la medina de Tetuán, de Chauen, etcétera, todas las medinas de Marruecos. Entonces, bueno, es una forma, ¿no? Pero viene de ahí abajo.
Y esto siguió subiendo y se hizo. Llegó al Albaicín, llegó a Sevilla por mediación de los almohades y llegó y llegó. No digo que no hayan cogido luego cosas, porque cuando llega aquí a Andalucía, sobre todo, estamos hablando del siglo, bueno, que también vinieron los omeyas que traían ya cosas del otro lado, vienen estos de abajo y, bueno, pues ahí se junta un chiringuito que, pues mira, yo te doy, tú me das y se aprenden cosas, ¿no? Y de ahí salieron muchas cosas, ¿no?
Está Córdoba por las mezquitas y tal, porque, bueno, Córdoba fue la maestra, ¿no?, primera y tal, pero luego vinieron los almorávides, que cogieron todo lo de los omeyas prácticamente y se lo llevaron a Marruecos, al norte de Marruecos, vamos, digo, al norte, al norte del Magreb entero. Pero luego vinieron los almohades y rompieron con todo eso y llevaron ellos, exportaron desde Marruecos, exportaron construyendo la Kutubía, por ejemplo, primero, luego la Giralda de Sevilla y luego la Torre Hassán, ¿no? Es que todo fue así, ¿no? O sea, va y viene.
Pero bueno, ha habido interrelación, tenemos descendencia de los romanos, bueno, empezamos desde los fenicios, los romanos... es que es normal, el Mediterráneo, estamos hablando del Mediterráneo, es la cuna de las culturas y aquí el tránsito. Lo que pasa es que nosotros ahí, en ese punto, es un punto estratégico, sobre todo por el África subsahariana, que aquí arriba no se ha llegado tanto, pero sí se ha llevado en la época de Al-Ándalus, porque era una. Los almohades gobernaban hasta Tombuctú y los saadíes gobernaban hasta Tombuctú; de hecho fueron y lo conquistaron con Yuder Pachá, que era un tío de Almería, ¿no? O sea, con todos, en la época esta, los mozárabes, ¿no?, que se los bajó como... o sea, qué bonito, ¿no? Ese va y viene, ¿no?
Y no digo nada de los almohades, lo que hicieron aquí, ¿no?, que se conoce muy poco lo que hicieron aquí en Mallorca. A mí me encantaría. Estoy escribiendo un libro ahora sobre grafitis de barco. Además se llama Los barcos de la Kutubía, porque son 18 grafitis que hay en la Kutubía, una mezquita que está... la costa más cercana está a 200 km, ¿no? Y hay unos barcos impresionantes, barcos con 38 cuerdas, ¿no? Entonces eso no lo hace más que un marinero. ¿Y qué pinta un marinero en la construcción de una mezquita como esa, no? Pues bueno, pues esas son discusiones que tengo con Rafael Manzano, con Alfonso Jiménez, con Antonio Almagro, y ahí estamos peleándonos con ese tema.
De hecho, estuvimos ahora hace poco en la Giralda intentando, bueno, hablar un poco de la Giralda y tal, de la restauración que se ha hecho estos últimos 10 años. Una de mis especialidades, vamos, especialidad no me gusta decirlo, pero uno de mis temas apasionantes es la época de los almohades también. De hecho, invito a los que sean arquitectos y les interese: hay un sitio que se llama ATARAL, Atlas de la Arquitectura Almohade, A-R-AL, que nos financió la Real Academia de San Fernando, y que es un sitio que lo podéis ver, el que tenga Google, en el teléfono mismo, y tenéis pues eso, 150 monumentos con sus planos, con un montón de fotos, con un montón de vídeos, con un montón de restituciones hipotéticas que nosotros damos, un equipo en el cual está Enrique Nuere y está toda esta gente, todos estos personajes gordos, que yo no sé cómo estoy con ellos. Pero bueno, vamos, soy el aprendiz de ellos, ¿no? Un poco eso, ¿no? Me invitan a eso.
No sé si he contestado tu pregunta, pero era un poco la idea de... [risas] nos hemos ido con los almohades a otro lado, ¿no? Pero lo decía por lo de aquí, ¿no? Una pena que Mallorca... Mallorca era un punto estratégico increíble, no solamente del comercio, como dijimos antes, sino a nivel cultural, porque esto no era el comercio con Génova nada más, sino que era la cultura italiana que venía por aquí, que se iba, que volvía y tal, y que se conoce muy poquito, muy poquito y muy poquito escrito, por lo menos que yo sepa. Pero, en fin, a vuestra disposición estoy.
Yo quería preguntarle su opinión sobre el futuro de los ksur, este equilibrio entre querer proteger el patrimonio y también permitir esta evolución, ¿no? Que la gente no se vaya del ksar o que vuelva a ellos, ¿no? Porque entiendo que al final, por mucho que tú vivas allí, si no vive el resto del ksar, la casa vivida se desmorona, ¿no? El vecino que no vive, te quedas sin pared.
Sí.
Entonces, saber cuál es su opinión sobre esto, en su bola mágica o de experiencia.
No, bolas mágicas no tenemos, por desgracia, pero mira, vosotros aquí le llamáis... vamos, tenéis una definición de esto bastante clara y te lo voy a decir para que nos entendamos: la España vaciada, ¿no? Pues lo mismo con nosotros. Es el animal que tropieza en la misma piedra, que no somos capaces de aprender de los otros. Los pueblos aquí se están vaciando, ¿y qué pasa? Porque se están vaciando. Está volviendo la gente, o estamos vendiendo que está volviendo la gente, pero está volviendo muy poquita gente.
Bueno, yo con lo que me conformo es que, mientras haya gente ahí, la que quede, que viva lo mejor posible. Punto. Que tenga agua, sobre todo, porque ese es un tema primordial: hemos tenido 8 años de una sequía impresionante, tremenda, estos últimos 8 años. Este año, igual que aquí ha llovido lo que no está escrito, también la borrasca esa, el trenecito de borrascas, el AVE de borrascas que ha venido por aquí, nos ha tocado a nosotros también, y de hecho el desierto se ha puesto verde, ¿no? O sea, es impresionante cuando lo vemos por satélite y tal, pero hasta incluso eso no va a hacer que la gente se quede.
Pero bueno, estamos intentando otra vez fomentar el turismo. Yo no sé si habréis escuchado, pero la central solar más grande del mundo se está haciendo ahí. Yo qué sé, hay cosas que se están haciendo, proyectos y tal. Bueno, pues para sujetar lo que se pueda y hasta el tiempo que se pueda. Hay que ser realistas con este tema. O sea, no es que esto aquí la varita mágica y aquí vamos a hacer, ¿no? Oye, y el día que toque a un ksar darle el certificado de defunción, se le da y ya está.
Yo ahora mismo trabajo exclusivamente, por seguir respondiéndote a tu pregunta... nos vino la escuela de Lausana, en Suiza, ¿no?, diciéndonos: "Oye, queremos haceros la fotogrametría y no sé qué, para tal y esto y lo otro, de los 10 mejores monumentos del valle del Draa". Dije: "¿Qué me cuentas tú, los 10 mejores monumentos del valle del Draa? Depende de qué criterios tienes tú para llamarle monumentos a esto". ¿Sabes cuáles son mis criterios?
Ver las fotos aéreas. Tengo la foto aérea del año 68 en blanco y negro, la del 72, la del 84, la del 86 y la del 98. Hice una en 2004, y superpongo todas estas fotos aéreas del valle del Draa, y donde más cabezas de palmera vea que haya evolucionado para bien, ese es el que hay allí, ese es el patrimonio, ese es el que tengo que conservar. Porque si ellos tienen palmeras y las están conservando y las están trabajando, eso quiere decir que hay gente ahí, y ahí es donde tengo que trabajar. Si tengo que hacer algún esfuerzo es ahí, ¿no?
En este, que es del siglo XIV y que para mí es chulísimo, tiene una mezquita alucinante, la mejor mezquita de todo el valle del Draa, la dejo por la otra, lo digo de verdad. Voy a ir a donde más cabezas de palmera haya. Esos son los criterios por los que nos estamos rigiendo ahora mismo.
Porque, de parte del gobierno, ¿existe algún programa, alguna estrategia, aliciente para volver a la renovación?
La renovación y la preservación de los ksur y casbas del sur. Hay una institución hecha para eso. Pasa que no es suficiente el dinero que mete, no sé qué, no sé cuánto, pero oye, mira, el caso es que sea sensible y lo haga. Luego ya estamos nosotros para buscar dinero de otros lados, ¿no?
Quería preguntarte, ¿cada cuánto renováis el revoco este, la protección superficial? ¿Cuándo es lo adecuado o lo oportuno? Ya sé que debe depender del clima o lo que sea, pero más o menos.
Ya lo puedo decir. El revoco, lo que es el revestimiento de paredes exteriores, cada 20 años tranquilamente y sin problemas. Las terrazas, esas son las que normalmente se tienen que hacer anualmente. Pero el anualmente, ¿qué es anualmente? Es por lo menos que las gárgolas estén limpias, que no retengan agua, nada más. Y bueno, esto con el tiempo, cuando cae agua, la poca que caiga, o sea, con el viento, con la tierra mojada, se lo lleva. O sea, hay cosas así, ¿no? Pero ¿qué pasa? Que ponemos nuestra capita de tierra otra vez encima. Eso sí, cada año, después de cada lluvia normalmente; o sea, ahora que llueve menos, cada 2 años, cada 3 años, más o menos.
Pero los revestimientos, si están bien hechos y bien anclados, que esa es otra historia, absolutamente 20 años, de verdad. De hecho, se va perdiendo la tierra, va apareciendo la paja y está bonito, ¿no? Mucho más bonito. Los interiores no son tierra y paja, es tierra y los mezclamos con yesos o con otras cosas, porque es más barato y tal, y es mucho más limpio, ¿no? O sea, más higiénico, digamos.
¿Y has dicho que si está bien anclado?
Sí, que esté bien anclado. Bueno, hay que picar, a eso es a lo que me refiero. Y hay que poner un mortero de agarre primero, mortero basto, y luego ya poner esa capita más fina como revestimiento final. No es solamente el morterazo ese ahí a lo bestia y ya está. Eso nada, cuando hay un poquito de humedad se cae. Sino verdaderamente poner dos, uno basto, y picadito el muro para que agarre, y mojarlo a la hora de ponerlo. Eso es muy importante. Mojarlo, pero mojarlo con una manguera, no echarle un poquito de agua, porque cuando pones el otro, que está mucho más mojado, chupa eso y se cae. Perdona, que me alargo.
Faisal, ¿qué tal? Buenas tardes. Me alegro de verte.
Yo también, hermano mío, un montón.
Tenía una curiosidad cuando he visto la foto de los grandes castillos, esos que tú decías de tierra: la fachada se ve bastante ataluzada.
Sí.
Cuando tienen bastante altitud, la fachada arriba.
Exactamente.
¿Ese talud no te coge agua con la lluvia?
Pues mira, lo del talud se hace por el sistema constructivo, ¿no? Porque como se va reduciendo: la parte de abajo tiene 80 cm de espesor, la primera planta tiene 60 y la otra ya tiene 50. Y por eso hacen el talud, porque revisten y luego pues forma el talud, ¿no?
Pero el deterioro en el exterior, ¿no es mucho más pronunciado en esa zona más ataluzada?
No cae tanta agua como para eso. No, no cae tanta agua como para eso.
Una reflexión: decía que se han sedentarizado. Digo, parece que se han sedentarizado como pueblo, pero son nómadas en su casa, como tú decías: pasan de planta a planta y se mueven.
No paran.
Y ya por curiosidad, el tema de la impermeabilización en los hammams, ese que decías que habíais construido nuevo para las mujeres.
Bueno, ese lo hemos hecho con cal, cosa que ahí pues no se utiliza, la cal como mortero de cal, o sea, con mortero de cal rica, ¿no? Eso de dos partes de cal y una de arena, ¿no?, una de tierra. Entonces ahí sí, como impermeabilizante utilizamos la cal aérea sin problema y se acabó, y una capita muy fina final. No llegamos al tadelakt, que es una especie de estuco que es mucho más fino. Ese sí es con arena, muy poquita arena, una parte de arena y cuatro de cal, ¿no? Pero bueno, eso ya es otra historia. Eso ya es para los baños, para los interiores de los baños, pero ya estamos hablando de zona urbana, ¿no? También lo utilizamos en las cúpulas de los morabitos y tal, como son todo lo que es redondo, vamos, todo lo que es curvo, digamos.
Vale.
Hola, buenas tardes. Yo quería preguntar si, cuando se plantearon los proyectos de rehabilitación del ksar, los equipos eran exclusivamente de arquitectos o eran equipos multidisciplinares. De manera que, con lo que ha estado explicando de las familias que seguían viviendo allí, si también se ha aprovechado para estudiar el ajuar de la vida cotidiana, cerámicas, y qué tipo de antecedentes en las cerámicas, si se han estudiado, a qué épocas corresponden las tipologías y las decoraciones, porque usted se ha centrado bastante en la época almohade, que a mí también me interesa bastante, pues si han conseguido identificar tipologías de esas épocas. Gracias.
De nada. Pues para la primera pregunta, lo del trabajo: efectivamente, yo cuando llegué ahí al CERKAS era el único arquitecto que había. Había un etnólogo, había dos antropólogos, había un sociólogo y trabajábamos juntos, éramos los funcionarios que estábamos ahí. Luego había cuatro técnicos de dibujo de arquitectura y, bueno, un fotógrafo y qué había más... bueno, ya un par de secretarias y punto.
Al principio empezamos a trabajar, a estudiar, a plantearnos esto, y éramos todos jovencitos, estoy hablando del año 94, recién salidos; bueno, unos con más experiencia que otros, pero ellos venían todos recién salidos de la universidad, ¿no? Pero eran gente que conocían la zona. Uno vivía en la zona de Errachidia, o sea, que no era que estuviera fuera de sitio, que venía de la ciudad y estaba perdido. El otro también, su descendencia, sus abuelos eran también de la zona y tal. Entonces, claro, esta gente me enseñó a mí un montón.
Porque al principio, cuando íbamos a un ksar, o el inventario del valle del Todra, venga, 68, pues vamos a estudiarlo y tal, empezamos a estudiarlo. Yo lo estudio a nivel arquitectónico, el otro a nivel etnológico, el otro a nivel sociológico y tal. Pero llegamos a la conclusión, y no tardamos mucho, menos de un año... En un principio, los documentos que hacíamos para el Estado eran una parte de arquitectura, una parte de etnología, una parte de sociología y una parte de antropología. Y llegamos al punto de decir: esto es pluridisciplinar, ¿vale? Muy bien, trabajamos en plan pluridisciplinar, esto es magnífico, pero nos dimos cuenta de que no tenía sentido, porque yo no sabía lo que ellos decían y ellos no sabían de lo que yo hablaba.
Yo cuando entraba a la cocina decía: "Este espacio arquitectónico es la cocina", ¿no? Bueno, si no me contaba él cómo funcionaba la cocina, yo no tenía nada que ver. Pues ahí veía una historia en el suelo de barro, no sé qué. Decía: "Bueno, ¿y ahí cómo meten la leña? ¿Y por dónde ponen los trozos de madera para quemar esto? ¿Cómo funciona esto?", ¿no? Y venía el otro y decía: "No, es que aquí la única que tiene derecho a entrar es la mujer, y tal, y de esta manera, y no sé qué, no sé cuánto".
Bueno, llegamos a romper esa historia de pluridisciplinar y decir: "Vamos a trabajar de una manera interdisciplinar". ¿Qué quiere decir eso? Para mí, como yo lo entiendo, escribimos un solo documento, pero lo escribimos a la vez. Escribimos todo de todo, y la verdad es que muy interesante. Es la única manera, si queremos decidir hacer algo o contar algo, de hacerlo. O sea, la parte arquitectónica es lo más chiquitito; lo más importante es a lo que usted se refiere: uso y costumbre, la vida, la gente, la historia, las costumbres.
Ya luego nos metimos en todo, en la parte de lo que es música, lo que es tradición, tradición oral, o sea, intentar recopilar. Nosotros hemos estado yendo detrás de un pastor de dromedarios, ¿no? Dromedarios que traía de contrabando de Mauritania, pero bueno, eran dromedarios y cabras y tal. Y estuvimos en el valle, en el Atlas, en el Bouguemez, estuvimos 48 días detrás de él, detrás de una familia que eran nómadas, porque todavía existen este tipo de nomadismos.
Además, está muy bien, porque nosotros estamos con el tema del pastoreo ese de que suban a las zonas altas en verano y tal y los dejen, y toda esta historia, ¿no? La trashumancia, ¿no? El respeto a la trashumancia. Íbamos detrás, viviendo con nuestras tiendas de campaña con ellos. Pero, para describir, uno los cuentos que le contaba a su hijo, los escribía. Yo miraba cómo montaba la jaima y la desmontaba, pero eso lo hice en los dos días, y no acabé. Seguí preguntando cosas y seguí viendo cosas, qué es lo que llevan y qué es lo que no llevan, y nos tiramos 42 días detrás de esta gente, ¿no? Y la verdad es que aprendimos un montón de cosas.
además como el trato que te dan ellos. Bueno, la familia era una pareja con tres niños, ¿no? Y era impresionante. O sea, eso fue una experiencia de vida total, ¿no?
Me hablas de cerámica. Cerámica. En todo el Valle del Draa que yo conozca, hay una que se puede decir que de la época... Se ha hecho muy poca, muy poca excavación arqueológica, desgraciadamente muy poca, poquísima. En Aber, la parte de arriba, que es almohade, ahí han salido trozos de cerámica, y cerámica almohade, pero muy poco. Pero bueno, no sé por qué no se ha estudiado; no porque no haya, que la hay. La hay: si subes como turista, seguro que te la encuentras.
Fíjate a dónde llego. Hay una parte que es Tamgrut, que está a unos 40 km al sur de Zagora, que está a 200 km al sur de Ouarzazate. Ahí hay una zona que es Tamgrut que tiene una cerámica específica, y es una cerámica muy, muy parecida a la que hay en Granada.
Entonces hemos querido intentar tirar de eso, pero yo no soy ningún experto en cerámica. Entonces, pues bueno, pero habría que estudiar todo esto. Todas estas cosas están sin estudiar todavía. O sea, hay doctorados para hacer y regalar, pero os tenéis que bajar abajo un poquito. Está al lado.
Es verdad, es que tenemos poco contacto, hemos roto mucho, y ha sido tal vez por el tema del idioma, ¿no? Nosotros ahí nos hemos quedado muy afrancesados, y claro. Pero bueno, vosotros ya sabéis, ahora la gente sabe inglés y vosotros habláis ya francés, inglés, y luego hay otro lenguaje, que es el de los gestos, ¿no? Eso pasa por todos lados.
Yo lo digo de verdad, hay muchas cosas que todavía quedan, pero se ha roto mucho la relación entre nosotros, ¿no? Desgraciadamente, entre todo el Mediterráneo, ¿no? Vamos, peleamos y todas esas cosas, tiene sentido. Qué pena. Pero, en fin, espero haber respondido a su pregunta también.
¿Alguien más? Y si no, lo dejamos, ¿no? Bueno, creo que lo podemos dejar, y estaréis de acuerdo que ha sido una charla magnífica, muy estimulante, que habrá despertado la curiosidad de quienes nos han visto también en remoto y que también, quién sabe, puede estimular investigación, o por lo menos un interés que creo que siempre es positivo. Así que muchas gracias otra vez, ha sido un placer. [aplausos]
Gracias, de verdad. Muy bien. Muchas gracias.
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