Pablo Hervás: cómo se construye a mano una bicicleta de acero a medida

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Resumen

En el ciclo Las artes y los oficios de la Fundación Juan March en Palma, dedicado a la artesanía contemporánea, Pablo Hervás explicó su oficio: diseñar y construir a mano cuadros de bicicleta en tubería de acero, hechos a medida para cada ciclista. La persona que presentaba la sesión señaló que la bicicleta suele asociarse a un producto de gran superficie fabricado en masa, y que el trabajo de Hervás va en sentido contrario.

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La charla abordó varias preguntas. La primera, cómo llega alguien sin tradición familiar a este oficio. La segunda, qué pasos hay entre la primera conversación con un cliente y un cuadro soldado y pintado. La tercera, qué sentido tiene hoy una bicicleta artesanal de acero frente a las bicicletas industriales de carbono. Hervás defendió que la bicicleta debe pensarse como un conjunto y no solo como un cuadro. También sostuvo que el valor de lo hecho a medida está en el ajuste a una persona concreta, más que en la ligereza o en la competición.

Dos proyectos: pieza única y pequeña serie

Hervás empezó leyendo una definición de artesanía en la que basa su proyecto: el arte y la técnica de fabricar objetos a mano, con o sin herramientas simples, en piezas únicas o pequeñas series que reflejan la cultura, las tradiciones y la identidad de una comunidad. De esa definición salen sus dos líneas de trabajo:

  • B-Bloque Bikes produce cuadros y bicicletas únicas, de las que solo existe una unidad.
  • Sombra Cycles hace pequeñas producciones sin abandonar el carácter artesanal.

Además, Hervás forma parte desde hace cuatro años del equipo docente de la Escuela Superior de Diseño de Madrid, donde imparte diseño y construcción de bicicletas. Explicó que antes los oficios se aprendían entrando como aprendiz en el taller de un maestro. Le parece positivo que ahora algunas instituciones recojan determinadas profesiones y permitan aprenderlas en una escuela.

Un origen sin tradición familiar

Hervás subrayó que no tiene ningún vínculo familiar con la bicicleta. Lo considera importante porque muchos artesanos llegan al oficio a través de un padre, un tío u otro familiar. Lo que sí tenía era un pueblo donde pasaba fines de semana y veranos con amigos y bicicletas. Primero usaban bicicletas de paseo heredadas. En los años noventa se popularizó la bicicleta de montaña y con ella empezaron a meterse por caminos más complicados. Hervás describe esa etapa como una experiencia de libertad y de energía infantil, y la identifica como el germen de lo que después sería su oficio.

Su vida laboral fue en otra dirección. Durante unos quince años trabajó en una ingeniería que diseñaba maquinaria para la industria cementera y minera. Hervás cuenta esa etapa porque la considera clave para su trabajo actual. En ella aprendió cómo se genera un proyecto: diseño, trato con clientes y trato con proveedores. Según explicó, un objeto artesanal pasa por las mismas fases. Hay que conseguir clientela, conversar con el cliente, idear, plasmar la idea en papel, elegir materiales, tratar con proveedores y, al final, fabricar con las propias manos.

Mostró imágenes de ambos mundos para comparar la belleza de uno y otro producto. Explicó que acabó dejando el trabajo industrial de oficina, que producía objetos con los que no se identificaba, para dedicarse a otros que a su juicio tienen una belleza mucho mayor. En 2016 se acercó a personas que ya construían buenas bicicletas para aprender la profesión y desarrollar su propia marca.

La bicicleta como objeto: función, biografía, política y grupo

Antes de hablar del proceso, Hervás repasó varias dimensiones de la bicicleta. La primera es la funcional: es un medio de transporte y no todas las bicicletas son iguales. Para ilustrarlo mostró una bicicleta de carga frente a una de carretera pensada para el ejercicio. A su juicio, una bicicleta no es solo un objeto deportivo ni solo un vehículo de carga, y existen muchos tipos según el uso.

La segunda dimensión es la libertad y el recuerdo. Hervás sugirió que probablemente uno de los primeros recuerdos de un niño es subirse a su bicicleta, que además es el primer vehículo que domina por sí mismo. Por eso la considera un objeto biográfico, con valor sentimental, distinto de algo que se compra y se tira.

La tercera es política. En muchas grandes ciudades la bicicleta se usa como modelo de lucha frente al automóvil. La cuarta es la gregaria. Según el tipo de bicicleta que alguien use (piñón fijo, gravel, BMX), probablemente acabará integrándose en un grupo y sintiéndose parte de algo.

Breve historia: de Leonardo a la geometría de 1900

Hervás hizo también un recorrido histórico. Situó los primeros dibujos de algo parecido a una bicicleta en 1493, en unos bocetos atribuidos a Leonardo da Vinci, con un cuadro bastante diferente del actual. Precisó, sin embargo, que el desarrollo real se produjo a finales del siglo XIX y sobre todo en el XX. El primer antecedente que citó es la draisiana, que comparó con un correpasillos: una silla de montar sobre una estructura que se impulsaba con las piernas. Después se incorporaron transmisión, frenos y ruedas. Con la llamada Safety Bike, el cuadro empezó a parecerse a los diseños evolucionados posteriores.

Según su relato, a finales del siglo XIX la bicicleta se industrializó. Al principio llegó a las clases burguesas y después, de la mano de la revolución industrial, a todo el mundo. Añadió que para las mujeres fue un elemento de libertad que les permitía desplazarse.

Uno de los puntos que más destacó es la estabilidad de la forma. En su opinión, desde 1900 la geometría básica no ha cambiado: un triángulo delantero formado por el tubo superior, el tubo diagonal y el tubo del asiento, y una especie de triángulo trasero hecho de vainas y tirantes que sujeta las punteras de la rueda.

Con la popularización llegó también el uso deportivo y lúdico. Hervás contó que, antes de la charla, se informó sobre la cultura ciclista en Mallorca. Leyó que a principios del siglo XX hubo en la isla muchos velódromos y circuitos ovales donde se celebraban carreras, y mostró imágenes del velódromo de Tirador y del de Felanitx.

Los constructores españoles y el vacío de los noventa

Hervás repasó los grandes nombres de la construcción de bicicletas en España entre principios del siglo XX y los años noventa. Citó a Zeus, cuyos componentes, según explicó, se comparaban por su calidad con los de Campagnolo, una marca que todavía fabrica componentes. Mencionó también a Otero, ya desaparecida, y los cuadros de Marotías. Precisó que el hijo continuó el oficio, pero que los cuadros más valorados son los del padre.

Dedicó más tiempo al maestro Perucha, a quien describió como una leyenda viva del ciclismo y una inspiración para muchos constructores. Tiene más de 90 años, ya apenas trabaja con las manos, pero mantiene el taller abierto para quien quiera ir a conversar. Trabajó en matricería antes de construir bicicletas con su propia marca. Desde su pequeño taller de Madrid hizo muchos de los tándems del equipo paralímpico español, que según Hervás ganó y fue laureado en Barcelona, Sídney y Atlanta.

Según Hervás, en los años noventa la fabricación salió de España hacia Asia y las marcas locales dejaron de trabajar. Desde entonces hasta cerca de 2010 hubo un vacío de constructores artesanales. Nadie valoraba el oficio, los precios eran elevados y no hubo continuidad. A partir de los años 2000-2010, explicó, esa continuidad empezó a recuperarse.

El proceso comienza con una conversación y un estudio biomecánico

Todo proyecto a medida empieza con varias conversaciones con la persona que va a usar la bicicleta. El objetivo es entender qué uso le dará y qué tipo de bicicleta quiere. Hervás insistió en que no es lo mismo una bicicleta clásica que una de carga, una de alto rendimiento, una para carreras de ultradistancia o una para viajes de bikepacking. Cada una exige un desarrollo y un diseño propios.

Después hay que "poner al ciclista encima de la bicicleta". Para ello se apoyan en estudios biomecánicos. Mostró a una persona subida a un potro de medición, que proporciona los puntos de contacto básicos entre el cuerpo y la bicicleta: isquiones, pies y manos. Con esos puntos y con los requisitos de uso se elabora el diseño y se eligen la tubería y el resto de piezas.

Hervás repitió aquí una idea que volvería a lo largo de la charla: la bicicleta es un todo. Ruedas, transmisión, manillar, potencia y demás componentes influyen en el resultado final tanto como el cuadro.

Diseño con acero: herramientas digitales y análisis

Hervás trabaja con tubería de acero. Lo describe como un material dúctil y noble, pero duro, que exige sierras, limas, fresadoras y maquinaria algo pesada. No es como la madera, que en ocasiones es más blanda. La tubería se selecciona según el diseño, y la geometría se define con programas de diseño en 2D y en 3D.

En proyectos más complejos recurren a modelado 3D, análisis de elementos finitos u otros procesos de ingeniería más elaborados. Como ejemplo mostró el desarrollo de un cuadro de bicicleta de montaña de doble suspensión. En ese proyecto estaban comprobando cómo funcionaban algunas piezas antes de pasarlas a producción.

Racores, capilaridad y útiles hechos en el taller

El método de unión depende del tipo de bicicleta. En las de corte clásico se usan normalmente racores, que Hervás explicó para quien no los conociera: son piezas metálicas que envuelven los extremos de los tubos. Estas uniones se hacen por soldadura por capilaridad, sin cordón visible entre tubos. Se calienta y atempera la zona y, cuando todo está a la temperatura correcta, se aporta una varilla cuyo material penetra entre el racor y los tubos y los une. Mostró las partes de una horquilla, el elemento que sujeta la rueda delantera, con su corona tipo racor, sus punteras y sus vainas.

Como ejemplo de enfoque clásico presentó una bicicleta en la que el taller fabricó la potencia, la horquilla y el portabultos delantero. La idea era que guardabarros, rack y potencia formaran un conjunto coherente.

Aunque el taller tiene muchas herramientas para sujetar y cortar tubos, Hervás subrayó que el acabado final es manual. Pulir las soldaduras y dejar los tubos limpios y finos se hace sobre todo con papel de lija y mucho tiempo, casi sin herramienta mecánica. También fabrican sus propios útiles. Por ejemplo, para curvar las vainas de una horquilla construyó un útil de madera que da la curva definida en el diseño. Para cortar los tubos no basta con la lima: casi todo el tiempo usa fresadora y torno, porque los cortes deben ser muy precisos.

Del punteo a la mesa de alineación

Con los tubos cortados, el cuadro se coloca en un útil que fija la geometría diseñada. Allí se "puntea", es decir, se dan pequeños puntos de soldadura en lugares concretos para poder sacar el conjunto de la matriz. Hervás mostró la gran cantidad de limas y herramientas específicas que requiere esta fase. Explicó que cada tipo de bicicleta tiene sus estándares, que han ido evolucionando con el tiempo. Por eso el cuadro debe hacerse con dimensiones concretas para que su interacción con los componentes elegidos sea la adecuada. También enseñó los útiles que usa para cortar las vainas, las piezas que unen la caja de pedalier con la rueda trasera.

El cuadro punteado se lleva a una superficie plana donde se mide si tiene desviaciones en la parte delantera o en la trasera. Según Hervás, esas desviaciones pueden deberse a un mal corte, un mal punteo o una mala geometría. Si no se ha trabajado con atención en las fases anteriores, la alineación da problemas. A veces se corrige la alineación y después se suelda.

Insistió en la precisión de los cortes con fotografías de las uniones antes de soldar: tubo de dirección con horizontal y diagonal, caja de pedalier con tubo de asiento y diagonal, y tubo de asiento con tirantes y horizontal. Según su explicación, los tubos tienen que quedar "como flotando". Un tubo demasiado apretado genera tensiones y el cuadro se suelda tensionado. Por eso el ajuste de los cortes determina tanto la alineación posterior como el comportamiento final del cuadro.

Soldar es lo que menos tiempo lleva

Hervás desmintió una idea común: que quien hace bicicletas pasa el día soldando. Según su experiencia, la mayor parte del tiempo se va en el diseño, la ideación, la selección de componentes y, sobre todo, en ajustar y cortar los tubos. La soldadura es probablemente lo que menos tarda.

Por eso insistió en el orden en el taller y en el proceso. Citó el dicho "mide dos veces, corta una". Si uno se pasa al cortar, un tubo que cuesta bastante dinero va a la basura y hay que empezar de nuevo.

Tras soldar, Hervás pule las soldaduras por dos motivos. El primero es estético: una superficie lisa en la unión de los tubos hace que la pintura quede extendida y continua. El segundo es técnico. Según explicó, un cordón que queda algo convexo crea en su encuentro con el acero un posible punto de fallo, y el pulido elimina tensiones y evita complicaciones.

Tubería: formas, conificados y modificaciones propias

Las tuberías de acero suelen ser circulares, pero a veces compran a los proveedores tubos con otras formas para modificar el comportamiento de la bicicleta: hacerla más o menos rígida, más o menos flexible.

Hervás explicó también el conificado. Un tubo de bicicleta actual no tiene un espesor constante: es más grueso en los extremos que en el centro. Dio dos motivos principales. En las puntas se concentra el calor de la soldadura y adelgazar el centro aligera el tubo. Añadió que hay más factores: según el tubo elegido y cómo se coloquen los conificados, la bicicleta tendrá distintas propiedades de absorción y estabilidad. Cuando el proveedor no ofrece el tubo necesario, el taller puede modificarlo con prensas y utillaje para curvarlo.

Proyectos a medida: del inoxidable en bruto a la bicicleta de un cómic

Hervás dedicó una parte de la charla a mostrar encargos concretos, cada uno ilustrando un aspecto del trabajo a medida.

El primero fue un cuadro de acero inoxidable hecho con la tubería que considera quizá de mejores prestaciones del mercado. En él se quiso dejar huella del trabajo manual con partes en bruto donde se ve la soldadura. Explicó que esto es posible porque el material es inoxidable. Con otros aceros recomienda siempre pintar para proteger el cuadro de la intemperie y del óxido. En este proyecto el propietario cuidó mucho los componentes. Hervás aprovechó para comentar que a veces se hacen cuadros muy buenos que se visten con componentes que no están a su altura, aunque también hay clientes que montan lo que ya tienen y listo.

El segundo ejemplo fue una bicicleta sacada de un cómic. Otro constructor en Inglaterra ya la había reproducido antes. Una persona contactó con Hervás porque la quería para bajar los domingos a tomar el vermut al puerto. Hervás reconoció que no es un objeto muy funcional, pero le parece interesante como diseño e imagen.

Mostró también acabados de pintura, uno con efecto humo y otro con salpicados, y comentó que la pintura final define en buena parte la bicicleta. En una bicicleta de gravel, el color de las bielas y de la corona del cassette se trasladó a la pintura del cuadro para que el conjunto encajara.

Otro encargo se llamaba "proyecto furtivo", nombre que eligió su propietario. A partir de ese concepto surgieron detalles: un casquillo en el tubo del sillín con la silueta de un bandolero y un puente atornillado con forma de quijada de caballo. Según Hervás, estos detalles pueden tener también una función técnica, como el casquillo, y a la vez encajan con la idea general.

Por último, mostró un cuadro con racks y portabultos de acero inoxidable diseñados según las bolsas que iban a llevar. En ese caso pintura, guardabarros y portabultos se pensaron en consonancia.

Colaboraciones y nacimiento de Sombra Cycles

Hervás también trabaja para otras marcas. Hay personas que llegan al taller con un proyecto y ciertos conocimientos, quieren que la bicicleta lleve el nombre de su marca y le piden que la fabrique. En uno de esos casos desarrollaron las punteras, modificaron los tubos para lograr un comportamiento concreto y diseñaron en 3D las tapas de la dirección.

Estas colaboraciones le hicieron pensar que podía ofrecer de forma artesanal un producto en pequeñas series. Así nació Sombra Cycles. Su objetivo es llegar a más gente simplificando el proceso y reduciendo cortes y pasos. Tiene dos modelos definidos: uno de gravel y otro de montaña rígida, más orientado al viaje. La cercanía con el cliente permite incorporar cambios. Si llega una queja o una sugerencia ("esto no me gusta cómo va", "por qué no le pones esto"), la recogen y, al fabricar en series pequeñas, pueden aplicarla en las siguientes. Hervás precisó que esos cambios no se hacen de un día para otro.

Un caso de la escuela

Como ejemplo de su faceta docente, Hervás presentó el proyecto más premiado entre su alumnado. Sergio construyó una bicicleta en homenaje al 75 aniversario de Adidas, incorporando el lenguaje de marca de Adidas al propio cuadro. Hervás destacó que Sergio sabía bastante de bicicletas, pero nunca había trabajado con las manos para hacer y soldar un cuadro. Según contó, el proyecto ha recibido numerosos premios entre 2024 y 2026.

Mucha afición, poca cultura de uso

En el turno de preguntas, la persona que moderaba preguntó por la cultura ciclista en España frente a otros países. Hervás repitió algo que dice a menudo: en España hay mucha afición a la bicicleta, pero poca cultura. Por cultura entiende el uso funcional de la bicicleta para transportarse o transportar cosas. La afición española es, a su juicio, deportiva y lúdica: carreras y marchas en grupo que crean comunidad. En otros países europeos, dijo, la bicicleta es un objeto de uso cotidiano "desde que naces hasta que te mueres", sin necesidad de ser profesional ni subir puertos. Cree que en España, o en algunas zonas, ese uso funcional está poco desarrollado y que se irá aprendiendo poco a poco, aunque todavía falta. No resta importancia al uso deportivo, pero echa en falta entender la bicicleta como objeto.

Quién encarga una bicicleta a medida

Sobre el perfil de clientes, Hervás describió una evolución. Al principio llegaba gente que se acercaba al mundo de la construcción de bicicletas y quería algo diferente. Después llegaron perfiles de todo tipo, incluidas personas que querían un objeto diferenciador y que quizá ni lo usarían. Admitió haber pensado de algún cliente que no montaba en bicicleta e iba a gastarse un dineral sin usarla. Últimamente nota que la gente llega más informada y confía en el acero como material atemporal y duradero, "para toda la vida", además de hecho exclusivamente para cada persona.

Para explicar sus dos marcas usa la comparación con la moda. B-Bloque es un sastre de alta costura y Sombra es un prêt-à-porter que no busca la masa, sino llegar a más gente. Hervás habla en el caso de Sombra de una "artesanía invisible". Se mantienen los preceptos artesanales y el conocimiento de quien hace piezas a medida, pero se reducen métodos y costes para que el precio sea mucho más económico.

El precio y la comparación con la producción en masa

La persona que moderaba planteó el problema recurrente del ciclo: las horas de trabajo convierten el producto artesanal en un objeto de lujo. Hervás contó que por suerte vive de esto, junto con la docencia, y reconoció que su producto le parece caro. Aun así, cree que el precio está justificado por todo el bagaje previo. Admitió que es difícil saber si el precio es el adecuado. Algunos precios de artesanos de Inglaterra o Alemania le parecen desorbitados, pero entiende la lógica de quien tiene mucha demanda dispuesta a pagarlos. Puso un ejemplo hipotético: subir precios para pasar de 40 cuadros al año a 10 y aun así poder vivir.

Sobre la comparación con una bicicleta industrial de precio similar, Hervás dio una respuesta matizada. Lo que su bicicleta aporta es la cercanía y lo local. Sobre si una bicicleta desarrollada por "40 ingenieros" en Asia y lanzada con millones en marketing vale lo que cuesta, dijo creer que no. Según su razonamiento, los costes de fabricación en masa son tan bajos que no tiene sentido comparar su precio con el de la hora de trabajo local a pequeña escala. A la vez reconoció que en Asia tienen el know-how para grandes series y que técnicamente sus productos pueden ser incluso mejores que los hechos aquí a pequeña escala. Mencionó la idea de que una bicicleta artesanal tiene "alma" por la persona que la ha hecho, aunque dijo que no le gusta mucho hablar de eso. Añadió que la producción de fuera pierde lo local y deprecia lo que se hace localmente.

Acero frente a carbono

Una persona del público preguntó cómo defiende el acero ante ciclistas que solo buscan rendimiento, velocidad y ligereza en bicicletas de carbono caras. Hervás admitió que es difícil competir con el desarrollo de las grandes marcas y que un cuadro de acero seguramente pesará más. Su argumento es el ajuste. Quien compra un cuadro de carbono compra una talla. Después un biomecánico ajusta la potencia y el ángulo del sillín, pero el resultado no es igual que una geometría hecha para una persona concreta, por ejemplo para que la bicicleta sea algo más escaladora, más cómoda o con una posición más erguida. Cree que con acero se pueden lograr resultados no iguales, pero sí muy similares.

Según contó, muchos de sus clientes "vuelven atrás": tuvieron bicicletas de carbono, no se sintieron cómodos, se hicieron una a medida y la describen como un guante. En su opinión, los 700 u 800 gramos de diferencia muchas veces no son necesarios. Reconoció que en la competición profesional influyen otros factores, como el túnel de viento y la aerodinámica, y que en ese caso recomendaría una bicicleta de carbono de alto rendimiento. Pero observa que mucha gente compra esas bicicletas para subir tres puertos, un uso que quizá no las requiere.

El manillar de drop en gravel y cicloturismo

Otra pregunta cuestionó que el manillar curvo de carretera, pensado para competir, se haya impuesto en gravel y cicloturismo cuando, según quien preguntaba, el plano tiene más ventajas. Hervás opinó que el manillar de drop es más eficiente. Da una posición más cerrada, más baja y ergonómica, con las manos más alineadas con el cuerpo. El plano, en cambio, abre la posición. Admitió que también influyen el marketing y la necesidad de vender los grupos de transmisión diseñados para ese tipo de bicicletas.

Hervás añadió su experiencia personal. Tiene las manos pequeñas y le cuesta frenar bien con las manetas de los manillares de drop. Además viene de la bicicleta de montaña, así que le pide el cuerpo un manillar abierto. Aun así, concluyó que para carretera, velocidad y gravel rápido el drop es necesario y que la industria no se ha equivocado tanto.

De dónde sale la tubería

Una persona del público preguntó si los constructores clásicos usaban tubos específicos para bicicleta. Hervás explicó que en la época de Otero, Perucha o Marotías se usaban aleaciones a veces muy ligeras, con dimensiones circulares concretas para ensamblar con racores. Con la soldadura a tope, tubo contra tubo y sin racor, se puede jugar con los ángulos, y el fabricante envía tubería de distintas gamas y aleaciones, circular o con formas.

Hervás aclaró que no compra en un almacén de hierro. En Europa hay tres fabricantes específicos: dos italianos, Columbus y Dedacciai (que según contó surgió de una escisión de Columbus), y uno inglés, Reynolds. Trabaja con los tres según la bicicleta, y a veces es el cliente quien pide una tubería concreta. En Sombra usa Reynolds para uno de los modelos y una mezcla de tuberías para el otro, elegidas por prestaciones y precio. Cuando se escala la producción, se puede pedir a la fábrica tubería específica. Para Sombra, por ejemplo, han conseguido que les hagan los tirantes traseros con la curva que pidieron. Según Hervás, estas fábricas trabajan con constructores de todo el mundo. Reynolds tiene en Taiwán un socio que fabrica sus tubos bajo patente, porque casi todas las fábricas de bicicletas están en Taiwán o China y necesitan la tubería cerca.

Sobre la tendencia a tubos más anchos, Hervás matizó que los tubos clásicos finos quizá pesen menos al tener menos sección. Explicó que las nuevas aleaciones y los tratamientos térmicos permiten paredes más finas y colocar los tubos de forma que mejoren las prestaciones. Puso un ejemplo con una de sus bicicletas: el tubo diagonal tiene forma de gota y el horizontal está aplastado en vertical para contrarrestar los esfuerzos laterales que generan los brazos, por ejemplo al subir un puerto. Así, la orientación de los tubos puede hacer la bicicleta más cómoda o más absorbente. Volvió a su idea central: si se combinan ruedas muy rígidas con un cuadro que flexa mucho, el comportamiento final puede no ser el esperado. Ruedas, horquilla, manillar y cuadro deben elegirse en conjunto.

Firmar o no firmar, y por qué empezó

La última intervención del público preguntó si firma sus bicicletas como se firma un cuadro. Hervás respondió que no en todas. Cuando fabrica para otras marcas, la bicicleta lleva el nombre de esas marcas. En los encargos de particulares no pone su firma real ni una chapa con su nombre, como hacen otros constructores. Suele soldar un pequeño emblema de la marca en la parte delantera, de modo que aunque se repinte se sabrá que es suya. Antes el registro se llevaba en un cuadernito ("la 27 fue para este cliente"). Ahora siempre hay una foto de cada bicicleta, y así sabe a quién hizo la 60, la 80 o la 102. Añadió que no le importa demasiado que su nombre aparezca en grande, porque lo que le gusta es trabajar.

Por último, le preguntaron si hace bicicletas por motivos emocionales ligados al pasado. Hervás lo negó en esos términos y dio una explicación más sencilla. Tras mucho tiempo en la ingeniería, la vida le pidió un cambio y trabajar con las manos se volvió una necesidad. Eligió la bicicleta por la pasión que ya tenía: salir con ella, disfrutarla y la libertad de irse al campo. Al descubrir que uno puede hacerse su propia bicicleta empezó con la idea de hacerse la suya y aprender. Después llegaron pedidos de gente que quería hacerse una bicicleta con él. Lo que empezó como un hobby o un juego se convirtió en diez años haciendo bicicletas y en su dedicación exclusiva.