Matías Vallés: "El buen periodista ha de ser traidor"
Fundación Juan MarchEn una conversación en la Fundación Juan March de Palma, el periodista Andreu Manresa dialogó con Matías Vallés, columnista del Diario de Mallorca, tertuliano radiofónico y televisivo y autor de libros sobre la Mallorca contemporánea. El ciclo se titula "Líderes de opinión", pero Vallés empezó rechazando la palabra "líder". La pregunta de fondo fue qué le ha pasado a la crítica periodística. Vallés defiende que el periodismo consiste en publicar lo que duele a alguien y en disparar siempre hacia arriba. Según él, lectores, medios y periodistas se han vuelto monocordes, temen la cancelación y ya no toleran la irreverencia que se aceptaba en la Transición. Aplicó el mismo diagnóstico a la Mallorca que ambos han contado durante décadas. La definió como "una isla que comercia con su cuerpo".
Amigos, competidores y becario de la March
Manresa presentó a Vallés como articulista de prensa, radio y televisión, polemista e irónico, y alguien que desmiente la idea de que solo se es alguien viviendo en Madrid. Contó que había preguntado a ChatGPT por él. La máquina lo describió con "estilo afilado, sarcástico y literario", un autor que "no busca agradar, busca sacudir" y que "fascina o irrita". Vallés dijo sentirse retratado. Luego bromeó con que el público se encontraría a un señor "10, 15, 20 años mayor" que no está a la altura de su propio retrato.
Vallés se detuvo en la relación entre ambos. Durante décadas mucha gente les ha preguntado si eran amigos o enemigos, y a menudo los invitaban juntos para no desairar a ninguno. Manresa lo resumió así: son amigos, se ven poco, no coinciden en todo, han competido por la noticia y quiere seguir compitiendo.
Vallés agradeció expresamente a la Fundación Juan March. Fue becario suyo desde los 15 o 16 años y durante toda la carrera, tras aprobar un examen en los años setenta, en un programa que califica de "pionero" y meritocrático. Añadió con ironía que hoy esa labor ya no parece necesaria, porque en Mallorca todos los hoteleros y grandes empresarios financian alas de hospital, facultades y becas. Recordó a Estrabón, según quien una ardilla podía cruzar España saltando de árbol en árbol. En la Mallorca actual, dijo, una ardilla iría "de ala de hospital hecha por un hotelero" a una facultad "construida gratuitamente por un constructor".
El gusanillo de la información frente al peso de la opinión
Vallés dijo que el público los conoce por sus artículos de opinión y por las veces que han molestado u ofendido. Aun así, sostuvo que lo que de verdad mueve a Manresa y a él es la información, que es mucho más difícil de transmitir. Citó a Tom Wolfe, que al llegar a las redacciones con 20 años se asombraba de ver a periodistas de 50 o 60 años aporreando la máquina y persiguiendo contactos. La razón, según Vallés, es el regusto de obtener una información que nadie ha dado antes, algo "insustituible" para quien lo ha probado antes de pasar a la opinión.
Recordó a Juan Luis Cebrián, de quien dice que sin él no estaría trabajando en prensa ni radio. Cebrián observaba que todo el mundo afirma querer información y no veredictos, pero luego todo el mundo lee la opinión. Vallés señaló el gran cambio que, a su juicio, se está produciendo: antes se leían todas las opiniones. Puso el ejemplo de Antonio Asensio, a quien comparó con los Rupert Murdoch actuales, y de Interviú, donde Asensio decía publicar lo que él quería leer. Allí convivían Emilio Romero, Santiago Carrillo, Álvarez Solís y Francisco Umbral. Vallés lamenta que hoy quienes deciden qué publicar o qué escribir no siempre publican lo que querrían leer.
La cancelación y el fin de la pluralidad dentro de cada medio
Según Vallés, esa convivencia de firmas enfrentadas ya no es posible, "ni siquiera en el New York Times". Contó que ese diario publicó un artículo que respaldaba una medida de Trump: contemplar la intervención de fuerzas armadas si el desorden civil se volvía insostenible. Lo presentó como una sugerencia sin poder decisorio, y aun así se "barrió" a toda la dirección de opinión del periódico. El resultado, dice, son medios y periodistas cada vez más "monopolares" u orientados. Confesó que no sabe muy bien qué significa "polarizado". Quien sigue a Federico Jiménez Losantos solo sigue a Jiménez Losantos, y lo mismo ocurre en la izquierda.
Manresa añadió una idea del cronista político Josep Melià. Los veteranos del periodismo madrileño le habían dicho que, para ganarse al lector, hay que repetir muchas veces el mismo artículo, porque el lector acaba creyendo que lo que lee es lo que él piensa. Vallés llevó esa idea al presente. Hay articulistas solventes, con buena prosa y que estudian los temas, que habrán escrito "200, 300 artículos" diciendo que Pedro Sánchez está acabado, y al día siguiente escribirán lo mismo haya un apagón, un accidente de tren o una ley rechazada. Antes, sostiene, incluso los radicales eran menos previsibles. Puso como ejemplo a Manuel Vázquez Montalbán y a Eduardo Haro Tecglen en El País. El primero militaba en el Partido Comunista, y el segundo había evolucionado desde posiciones franquistas. Ninguno era repetitivo, y según Vallés hoy ninguno tendría cabida.
Vallés atribuye esa deriva también a los lectores. Planteó un experimento: si le dijeran que no volverá a escribir ni a salir en radio o televisión, le sabría mal. Si le dijeran que no volverá a leer un periódico, se hundiría en una depresión. Dijo que se siente ante todo lector y que prefiere "100 veces" leer a escribir. Nunca ha escrito a un columnista ni para elogiarlo ni para insultarlo: si le gusta, lo lee, y si no, deja de leerlo. Esa era la lógica del "mercado de las ideas" del juez Oliver Wendell Holmes, en el que el público elige y se va a otro puesto si no le convence, sin censura, salvo en caso de peligro inmediato, como gritar "¡fuego!" en una sala llena. Agradece al periodismo haberle permitido leer a Gore Vidal, a quien considera ante todo periodista, a los grandes italianos como Scalfari y a Jean Daniel, que "vivió 100 años" y escribía hasta el final los mejores artículos.
Humor, irreverencia y lo que ya no se tolera
Vallés dejó claro que no se considera neutral en este punto. A su juicio, la radicalización favorece a la derecha, porque quien acaba expulsando al "cuerpo extraño" es la izquierda. Su ejemplo fue Héctor de Miguel, sobre quien iba a escribir al día siguiente. Explicó que el formato de telediario cómico lo inventó Jon Stewart con The Daily Show. Stewart, que se había retirado, volvió para hacer cada lunes veinte minutos de sátira sobre Trump. En España lo adaptó primero el Gran Wyoming, y en su versión más radical, Héctor de Miguel, cuyo programa "se ha acabado esta semana". Vallés relacionó el final con la acusación de no haberse tomado en serio "la tragedia de Córdoba". Replicó que Stewart ha bromeado sobre los muertos de Minneapolis o sobre Gaza.
Su conclusión es que en España ya no se toleran los niveles de acidez y de salidas de tono que se aceptaban al principio de la Transición. Hermano Lobo o La Codorniz serían hoy impracticables, y a Maruja Torres "habría que cancelarla semanalmente". Contó también una anécdota de Groucho Marx en tiempos de Nixon: el humorista dijo que la única solución del país era asesinar al presidente. Según Vallés, el abogado de la Casa Blanca, el de Nixon y no el de un presidente progresista, respondió que era un payaso y que sus ideas sobre a quién había que matar no tenían importancia. Hoy, dice, se rastrearía su vida privada y su familia.
Vallés distinguió esto de la exigencia profesional, con la que se declara de acuerdo. Escribir hoy exige mucho más que hace veinte años: ser más riguroso, documentarse más, comprobar que las citas sean exactas. Mencionó que usa la inteligencia artificial para eso, "no para escribir, no para suplantar".
Formentera, Menorca y la Mallorca extranjera
Manresa repasó la trayectoria de Vallés. Es licenciado en Químicas, fue profesor en la Universitat de les Illes Balears, jugó al baloncesto, escribe desde siempre en el Diario de Mallorca y participa en La Ser con Carles Francino. Ganó el premio Ortega y Gasset por la investigación sobre los vuelos de la CIA con Marisa Goñi y Felipe Armendáriz y ha publicado libros sobre los personajes que han pasado por la Mallorca turística.
Manresa recordó que al salir de la universidad quería ser comentarista de política internacional, "utopía de periodista tonto". Su modelo era Juan Ramón de la Cruz, que a mediados de los setenta escribía desde Formentera dos análisis internacionales por semana sin internet, sin televisión por satélite y sin teléfono móvil, informándose por la onda corta de la BBC o Radio France Internacional y enviando los sobres por correo desde Ibiza. Manresa lo describió como un Robinson que miraba el mundo desde la periferia total y rompía el discurso monolítico. Recordó también a Flora Lewis, a la que presentó como la gran voz política del New York Times en los años ochenta y noventa, que según él escribía desde Menorca.
Vallés explicó que llegó al periodismo fascinado por la "Mallorca extranjera": los cines donde se proyectaban películas en inglés, una cultura norteamericana que, reconoce, despreciaba la tradición de los autores mallorquines que Manresa conoce bien. Esa Mallorca de suecos y alemanes ofrecía una dimensión cosmopolita extraordinaria. Al mismo tiempo se declaró "turismófobo militante" y celebró que la Real Academia haya admitido "turismofobia", con una definición que atribuye la aversión al daño que el turismo causa al medio ambiente y a las condiciones de vida de los residentes. Añadió con humor que da indicaciones equivocadas a los turistas y que mira mal a los suecos que lo rodean, porque "ellos me han mirado mal antes".
El poder visto de cerca: torpe, infantil y caprichoso
Para Vallés, el periodismo no es proximidad al poder, sino "darse cuenta de que el poder es mucho peor de lo que pensamos", no solo en lo malo, sino "en lo torpe, en lo elemental, en lo infantil, en lo caprichoso". Lo ilustró con la entrega del premio Ortega y Gasset. Él, Marisa Goñi y el tercer premiado habían cerrado su discurso con una broma: pedían perdón porque aquella sería la primera entrega grabada íntegramente por la CIA. Según su relato, José Luis Rodríguez Zapatero, entonces presidente del Gobierno, subió corriendo al escenario para decirles que tenían razón, que no era una broma, que la CIA lo estaba grabando todo y que él no podía hacer nada porque ya tenía bastante con ETA y el terrorismo islámico. Vallés subrayó que no es lo mismo que lo diga un periodista "conspiranoico" que el presidente en ejercicio. Contó también que el libro sobre la CIA fue adquirido por la Facultad de Derecho de Yale, y comentó con ironía que "no lo merece".
Ese episodio le sirvió para discutir la figura del experto. Le han reprochado hablar de Venezuela sin haber estado nunca allí. Él responde que sin salir de Mallorca ha entrevistado a solas y durante largo tiempo a dos presidentes venezolanos. Al dictador Marcos Pérez Jiménez, ya derrocado, lo entrevistó en la suite real del hotel Valparaíso. Era un hombre pequeño que se colocaba en el centro, como en un trono, para que quien abriera la puerta viera al dictador. Vallés lo presentó como la inspiración de El otoño del patriarca y contó que tras mucho hablar consiguió que admitiera haber sido quizá "un déspota esclarecido". Al segundo, Rafael Caldera, lo entrevistó en Son Vida cuando tenía unos 80 años y estaba en su segundo mandato. Caldera comparó Venezuela con Mallorca: con el petróleo se creyeron los más ricos e inteligentes del mundo, como le está pasando a Mallorca con el turismo. En un momento se le desplazó la corbata y un alto funcionario de Exteriores se la recolocó. "Esto es el poder", concluyó Vallés.
Añadió más ejemplos. Un año entrevistó en Deià a un periodista sudafricano cuyo currículum presumía de haber hablado con el ministro de Exteriores de su país. Al año siguiente, Vallés estuvo en Son Vida a muy poca distancia de Frederik de Klerk, a quien llamó el "Adolfo Suárez de Sudáfrica". Según Vallés, De Klerk le dijo que se había inspirado en la Transición española. Considera que esas oportunidades no las habría tenido en Madrid, París, Londres ni en la propia Sudáfrica. A todos les preguntaba por qué elegían Mallorca. La respuesta más clara se la dio el magnate sudafricano Anton Rupert, que mantenía todo el año una casa con servicio y venía un par de días: "para dormir". Manresa aportó una historia parecida, la de un empresario venezolano-americano que trabajaba en Indonesia, preguntó dónde podía dormir tranquilo, compró una finca bajo el castillo de Santueri y plantó viña.
La complicidad entre prensa y poder
Manresa planteó el dilema de dónde empieza y dónde termina la relación con el poder. Recordó a Carlos Fuentes, diplomático y escritor, y sus encuentros con Clinton, y a Katharine Graham y Ben Bradlee, del Washington Post, que pasaron por Mallorca en casa de Cristina Macaya. Según Manresa, fueron personajes muy ligados al poder, y Bradlee cuenta en sus memorias su cercanía con Kennedy y un compromiso de no publicar durante cinco años lo que este le contara.
Vallés reconoció que los periodistas son "demasiado a menudo" lacayos y están demasiado próximos al poder, y que cenar con un político nunca es solo "un asunto de trabajo". Dijo poder presumir de haberse llevado bien con todos los presidentes autonómicos de Baleares hasta que llegaron al cargo, y de que todos le retiraron el saludo mientras gobernaban. Aclaró que eso no es ningún mérito y que puede leerse como la actitud de un "niño travieso" y cascarrabias.
Contó que en una conversación con Jean Daniel, cuando este tenía 92 años, lo primero que le dijo el periodista francés fue que Zapatero nunca le había llamado, lo que para Vallés revela una vanidad herida. Le preguntó si su íntima relación con Mitterrand le había hecho callar cosas que debería haber escrito, y Daniel le confesó que sí. Otro visitante, Jim Hoagland, del Washington Post, le explicó la regla del periódico: cuando gobiernan los demócratas se escoran un poco hacia los republicanos, y viceversa. Vallés lo describe como una brújula que siempre apunta "al norte de la crítica" y que, según él, hoy "se ha atascado": en casi todos los países se buscan verdades ya conocidas que refuercen los prejuicios.
El editor, el director y el redactor "loco"
Vallés, que se definió medio en broma como anarquista, dijo creer en la figura del editor, aunque la considera "auténticamente imposible". Citó a Pulitzer, editor sensacionalista: el periodismo consiste en "morder la mano que te da de comer". Su ejemplo más paradójico fue Rupert Murdoch. Vallés sostiene que fue el editor que hizo presidente a Trump la primera vez, y por tanto la segunda. Aun así, su Wall Street Journal publicó el dibujo de una mujer desnuda con el que, según Vallés, Trump felicitó a Jeffrey Epstein por su 50 cumpleaños, y lo defendió aun a riesgo de una demanda multimillonaria de su amigo. Vallés añadió el caso Theranos: la empresaria que prometía análisis de sangre caseros captó miles de millones de grandes inversores, entre ellos Rumsfeld y el propio Murdoch, y fue el Wall Street Journal de Murdoch el que destapó el fraude, perdiendo su inversión. "Esto es ilógico, pero es la única forma en la que puede funcionar el periodismo", dijo.
En ese esquema, el redactor, el papel que él siempre ha querido, "está loco". Discutió la expresión que los tribunales españoles copian del Supremo estadounidense, "perros guardianes de la democracia". Según Vallés, ninguna profesión aceptaría ese elogio. Además, jueces y poderes quieren perros guardianes "que no muerdan", cuando el perro es rebelde y arbitrario y no se sabe por dónde saldrá: un guardián que sea un caniche no es un perro. El periodista tiene "la fiebre de saber lo que otros no saben". Moralmente, eso se traduce en confortar a los afligidos y afligir a los confortables, y en una regla que dice haber seguido: disparar siempre hacia arriba. Equivocarse es igual de probable en ambas direcciones, pero el poder "siempre se ha equivocado". El director es el amortiguador entre redactor y propiedad, una posición "dificilísima" que Vallés rechaza ocupar por principio.
Sostuvo también que toda gran investigación periodística se hace siempre contra la propiedad, que produce desgaste y que solo sale si el editor dice "adelante" en el último momento. Definió el periodismo como "lo que duele a alguien", y Manresa completó: publicar lo que no quieren que se publique; lo demás es publicidad. Vallés compartió además un "truco": si hablas bien de alguien se enfadan sus enemigos y, sobre todo, sus amigos; si hablas mal, sus amigos son los primeros en hacérselo llegar. Por eso, concluyó, hablar mal logra más repercusión.
Maura, Miquel dels Sants Oliver, Gaziel y los editores
Manresa recordó que Enric González, que abrió este mismo ciclo, sostuvo que los verdaderos líderes de opinión son los editores, porque tienen la última palabra sobre lo que se publica. Aportó dos ejemplos históricos. Miquel dels Sants Oliver, primer director de La Almudaina, luego director de La Vanguardia, articulista bilingüe con muchas calles dedicadas "pero poca gente que lo ha leído", fue maurista toda su vida. Manresa contó que a finales del siglo XIX, al no poder recoger taquigráficamente una conferencia de Antonio Maura en la Llotja, el propio Maura acudió a la redacción y se la dictó, corrigiéndola hasta las cuatro de la mañana. Oliver defendió después a Maura en El caso Maura tras la Semana Trágica, aunque según Manresa chocó con su editor por ser germanófilo. Su discípulo Agustí Calvet, Gaziel, dirigió La Vanguardia entre la República y la guerra. En su historia del diario contó que el editor negociaba a la vez con monárquicos y generales republicanos, y que tuvo que marcharse porque le advirtieron de que lo matarían los dos bandos. Según Manresa, después apenas se volvió a hablar de él.
Vallés respondió que la relación entre periodista, editor y lector nunca es limpia ni tiene solución fácil, y que se resuelve con coraje. Añadió que los lectores ya son "tan periodistas como el que escribe" porque las redes han invertido las jerarquías. Contó la anécdota de Harold Ross, a quien presentó como fundador de Time, y de su novia actriz. El crítico escribió una reseña entusiasta del estreno, y Ross la rompió y le obligó a escribir la crítica real: la obra "no es para tanto". Volvió a Bradlee para mostrar que ni el caso más limpio lo es. Según su relato, Bradlee era íntimo amigo de Kennedy, al tumbar a Nixon se estaba en parte vengando, y la hermana de su mujer fue amante de Kennedy y apareció muerta en un parque en circunstancias extrañas, algo que Bradlee, según Vallés, "nunca supo".
Poder criticar a todos, también a El Corte Inglés
Para Vallés, lo importante no es si él ha criticado a un personaje concreto. Contó que una vez le reprocharon no haberse metido nunca con alguien y que ni siquiera lo sabía. Lo importante es si se puede criticar a cualquier figura del Estado. Explicó que hoy escribe menos críticamente sobre Juan Carlos I que hace 10 o 20 años, cuando casi nadie lo hacía. Una vez que la crítica es corriente dominante, ya no le parece necesario sumarse, y siempre intentará alejarse del cauce principal.
Se planteó a sí mismo la objeción de por qué nunca critica a El Corte Inglés. Su respuesta: tampoco lo ha elogiado nunca, porque su regla es no hablar bien de aquello de lo que no puede hablar mal. Pidió a los lectores que exijan a sus periodistas crítica hacia instituciones que no la reciben. Manresa contó que su compañero de El País Javier Cuartas escribió una extensa biografía de El Corte Inglés que, según él, nunca se distribuyó porque la empresa compró todos los ejemplares.
Química, detector de tonterías y el "hijo de…"
Preguntado por la relación entre instinto e inteligencia en el analista, Vallés recurrió a su formación de químico. Sostiene que la química, a diferencia de biología o física en su opinión, enseña que uno nunca puede engañarse a sí mismo. Por eso, bromeó, sufren tanto los químicos que llegan a cargos políticos: tienen que mentir. Esa formación da lo que en periodismo se llama bullshit detector, el "detector de gilipolleces". Se puede mantener una posición equivocada, pero no fingir que uno no se había dado cuenta.
Recordó la regla de los manuales anglosajones de entrevista: ante cada respuesta de un poderoso hay que preguntarse por qué "este hijo de…" está mintiendo, aunque solo diga la hora. Reconoció haber abandonado muchas veces esa actitud, y que entonces la entrevista "decae" y es "basura", porque el poder, dice, engaña siempre. Él y Manresa han visto a decenas de amigos cambiar por completo en cuanto obtenían "un carguito".
"¿Qué han hecho ustedes de Mallorca?"
Vallés planteó una pregunta generacional. Cuando Antonio Alemany o Pedro Serra revolucionaron el periodismo mallorquín tenían unos 29 años. Hoy no ve gente de 29 a 40 años fundando medios ni empresas. En el turismo, dice, el mejor gestor siempre es el hijo o la hija del hotelero, y los emprendedores jóvenes que se le ocurren son extranjeros. Reconoce que esa generación está mucho mejor formada, con más idiomas y experiencia internacional, y se pregunta dónde está.
Luego asumió la pregunta que el público podría hacerles tras "80, 90 años de periodismo" sumados: qué han hecho de Mallorca. Su respuesta fue "un desastre, un fracaso íntegro". Enumeró Son Espases, que según él nunca debió construirse junto al Secar de la Real y que una sentencia del Supremo reprochó a los jueces mallorqueños, el Palacio de Congresos y la saturación turística. Añadió que nunca nadie le ha presentado un proyecto que no incluya construir algo. Incluso el mindfulness, que apenas consume recursos, acaba acompañado de una residencia de quince habitaciones entre almendros, y ahora habrá turistas en explotaciones agrarias.
Sobre el alquiler turístico hizo dos observaciones. Aclaró antes que tiene familia que se dedica a ello, "para que no nos pase con Bradlee". La primera: es el equivalente del cerdo que cada familia mallorquina criaba para comer todo el año; ahora es "un alemán" que paga 100 o 200 euros diarios. La segunda, que cree que nadie ha planteado: la disociación y la pérdida de identidad. El vínculo con la propia casa es el vínculo más fuerte con el territorio, y bajo la "falacia de la economía colaborativa" uno se distancia de su hogar. Eso lleva, según él, a una sociedad disociada de su realidad, en la que quien ha pagado impuestos treinta años sin comprar vivienda recibe el mensaje de irse a Alicante o Asturias. Mientras, las infraestructuras pagadas por los residentes, como Son Espases o el aeropuerto, sirven de reclamo, y la publicidad hotelera muestra paisajes vírgenes y no las calles de los hoteles de Magaluf o la Playa de Palma.
Manresa introdujo un matiz. Espacios como la punta de n'Amer, Es Trenc o la Serra de Tramuntana no están construidos gracias a que medios de comunicación canalizaron la presión social y ecologista, con articulistas como Ferret o Xavier Pastor. Aun así, admitió que los periodistas tienen poca capacidad de influir y más bien de explicar.
Cuatro ventanas al día, el síndrome del impostor y el 13 %
Manresa le preguntó cómo organiza dos artículos diarios, la tertulia radiofónica y el cara a cara semanal. Vallés citó la filosofía de Gore Vidal: devorar hacia fuera para no comerse por dentro. Dijo que "odia" el mindfulness y enfrentarse a sí mismo. Se comparó con Fernando Ónega, con quien coincidió en las mañanas de Cuatro, cuya jornada empezaba a las 6:30 en la televisión gallega y seguía con la COPE, La Vanguardia y Cuatro. Cuando le preguntaban si no temía repetirse, respondía que su miedo era contradecirse a lo largo del día.
Vallés reconoció sufrir a diario el síndrome del impostor. Tras un accidente ferroviario tendría que opinar al día siguiente sobre aceros y catenarias. De paso mencionó que Lakshmi Mittal, de ArcelorMittal, veraneaba en Mallorca y que el rey iba a recibirlo al aeropuerto. Su método lo aprendió de Andrés Ferret, fallecido en 1996 a los 56 años, a quien describió como el "sounding board" de la redacción: nunca imponía nada, pero con un gesto de la barbilla indicaba que algo no iba. Ferret sostenía que los periodistas saben el 10 % de lo que pasa y publican el 10 % de lo que saben, es decir, un 1 % de la realidad, como la materia oscura del universo. Vallés decidió publicar el 13 % de lo que sabe. Para él supone arriesgar solo tres puntos más, pero el lector pasa de recibir un 10 a un 13, lo que según su cálculo es un 30 % más de información.
Redes, Substack y la fe en la jerarquía
Vallés no tiene redes sociales. Explicó que cree "totalmente" en la jerarquía: quiere un director como Ferret que le diga que un tema está agotado. Miquel Barceló le decía que estaba "amortizado", que ante cualquier proyecto de diez pisos ya se sabía qué iba a escribir. Peor fue cuando se lo dijo el constructor Vicente Grande, que lo llamaba para preguntarle cuándo iba a escribir en contra de su último proyecto.
Reconoció que en Substack están algunos de los mejores periodistas del mundo, independizados o jubilados, como Seymour Hersh, sobre quien recomendó el documental de Laura Poitras. Aun así, prefiere la estructura con editor "suficientemente loco" y lamenta que no haya jóvenes igual de locos para fundar medios. Sobre los directores contó una anécdota de Pedro J. Ramírez: al salir un día a la calle se sorprendió de que el semáforo pitara, y le respondieron que llevaban treinta años haciéndolo. Para Vallés esa es la esencia de un director que vive en la redacción.
Preguntas del público: por qué se ha perdido la crítica
Un asistente sugirió que la presión de las redes, donde todos pueden criticar, explica la uniformidad ideológica de los periodistas. Vallés recurrió al "humor de patíbulo" (gallows humor), expresión que, según él, usó Trump en su defensa por la grabación en la que decía que, siendo famoso, podía agarrar a las mujeres por los genitales. Vallés creyó entonces, en vísperas de las elecciones de 2016, que Trump perdería, hasta que leyó en el New York Times a una votante que decía que eso lo hacía "más humano". También admitió haber interpretado mal durante mucho tiempo la frase de que podía disparar a alguien en la Quinta Avenida sin perder votos. Lo grave, dice, no es lo de los votos, sino que afirma que puede disparar, "como se está viendo ahora en Minneapolis".
En las redacciones siempre ha existido ese humor negro: dos muertos, tres columnas; tres muertos, cuatro columnas. Las redes lo han sacado "a lo grande y en público". A Vallés no le parece mal. Lo que rechaza es la condena y la cancelación. Se declaró "víctima" de la polarización por intentar ser un maverick, alguien a quien no se puede situar, porque en este sistema "estás muerto". Criticó que en los medios de centroizquierda todos justifiquen cualquier derrota del PSOE en Aragón o Extremadura, y en la derecha todos repitan "muera Sánchez".
Como ejemplo de periodismo irreverente contra un poderoso citó la revista Spy. Cuando Trump la insultaba en los años noventa, la revista consultó tablas actuariales y publicaba cuántos años de vida le quedaban. Para Vallés eso es periodismo siempre que se dirija a un poderoso y exista posibilidad de réplica. Criticó que hoy se anuncien fichajes de columnistas como en el fútbol. Reivindicó a Umbral como gran analista de la España de la Transición, más allá de la pirotecnia verbal que copiaron sus imitadores, él incluido. Recordó que Umbral, Vázquez Montalbán y Haro Tecglen "no eran cómodos" en los medios donde escribían. Coincidió con Manresa en que los medios digitales se llenan de opinión porque es mucho más barata que la información: una tertulia de cuatro personas cuesta menos que un reportaje sobre Son Espases o la antigua prisión de Palma.
Contó que un director canadiense de Sports Illustrated, a la que considera quizá la revista mejor escrita de la historia, advertía a cada nuevo redactor que si no recibía suficientes cartas en su contra, sería un pésimo redactor. Hoy, según Vallés, el periodismo "ha cogido miedo" y se limita a seguir la línea de su medio. Así no salta la chispa del contacto con el público.
Traicionar a la propia clase
Manresa recordó que muchos grandes nombres citados traicionaron a su clase en algún momento. Vallés hizo suya la idea con Orwell, "patrono de los grandes periodistas del siglo XX", burgués que se enfrentó a los suyos en nombre de la common decency. En Mallorca, que describió como "una planta industrial" funcionando a pleno rendimiento camino de los 365 días al año, eso significaría atreverse a plantearlo. "El periodista ha de ser traidor, para empezar a los suyos, y si no, no será un buen periodista", resumió, y admitió que hoy esa expresión resulta "inaceptable", lo que para él es uno de los problemas graves del periodismo.
Cuando Manresa lo definió como un outsider, un perro sin collar, Vallés lo matizó: se considera "un burgués mallorquín conservador", nada aventurero, que ha trabajado casi siempre en el mismo sitio, del que solo se ha ido cuando lo han echado, y cuyas secciones tienen 30 o 35 años. Bromeó con que quiere ser "el último votante del PP", sabiendo que eso enfurece a los votantes del PP. No cree que el periodismo libre hundiera a José Ramón Bauzá entre 2011 y 2015, que pasó de ser el presidente balear más votado al menos votado sin necesidad de nadie. Lo que descubrió entonces fue que mucha gente dentro de esa estructura lo estaba leyendo. Recordó que Antonio Alemany decía en el franquismo ser democristiano y no comunista, aunque contra Franco daba igual.
Su inquietud final fue que debería estar allí con un periodista de 30 años al que reprender, y no lo hay. Se preguntó cuándo empezará "la revolución". Ante una situación que califica de "paroxística", de "suspensión de las constantes vitales", no ve ninguna reacción consolidada. Duda del peso actual del GOB y de los movimientos ecologistas, y no ve a nadie, ni un joven, ni un artista como Barceló, que tiene 68 años, ni escritoras como Carme Riera, que diga "me planto, esta va a ser la nueva Mallorca" y acuse a su generación de haber llevado la isla a un lugar "inavegable". Manresa cerró con una reflexión sin respuesta: se celebran medio siglo y un siglo de muchas cosas, y no sabe si los relevos están ya en marcha.
Buenas tardes. Gracias por haber desafiado la lluvia, los que habéis venido aquí al Museo March de Palma en este tiempo tan inclemente, pero necesario también. Gracias, Matías Vallés, por aceptar el reto de compartir el diálogo de colegas y amigos.
Es columnista, articulista, una firma, es reportero, es un periodista, es lo que, para encajarlo en el ciclo, es un líder de opinión nato de décadas, que desmiente aquí el mito de que solo se es alguien si habitas en Madrid frecuentando aquello tan antiguo de los cenáculos de la villa y corte. Es antiguo eso, pero todavía pesa. Es articulista de prensa, radio y televisión, polemista, analista, crítico, irónico y provocador.
Acudí a la inteligencia artificial, ChatGPT, yo pecador, y le pregunté: ¿qué sabes de Matías Vallés? Sabía muchas cosas, pero había una definición que te la voy a trasladar. Dice: "Estilo afilado, sarcástico y literario, no busca agradar, busca sacudir. Suele centrarse en política, poder, medios de comunicación; elegante y con mala leche. Es de los autores que te fascinan o te irritan. Nunca te deja indiferente", ¿no?
Es inteligente, es muy peligroso, ¿no? Si esto lo puede lograr ya una máquina de nosotros... Me sentiría, pues sí, me sentiría retratado. Antes que nada, por supuesto, quiero el capítulo de agradecimiento. No voy a agradecerle a Andreu Manresa porque históricamente, desde hace décadas, como dice él, uno de los grandes dilemas del periodismo balear es: ¿son amigos, son enemigos? ¿Cómo se llevan estos, no? Yo he recibido muchas, muchas llamadas, y supongo él también, de personas que nos conocían a los dos diciendo: "Oye, ¿cómo estás ahora con Andreu? ¿Estás bien? ¿Os podemos invitar a los dos a comer juntos?" Y creo que también mucha gente nos ha invitado. Él hace mucha más vida, no social, más vida periodística que yo, pero mucha gente nos invita a los dos como para decir que no haya uno sin que esté el otro, que no quedaría bien.
Tengo además que hacer un agradecimiento especial, y no me gusta, pero hoy es obligado, a la Fundación Juan March, porque yo soy becario de la Fundación Juan March. Es decir, yo tenía 15 o 16 años cuando empecé la carrera y toda mi carrera he sido becado por la Fundación Juan March en un procedimiento meritocrático. Es decir, yo hice un examen para obtener esa beca. Eso fue en los años 70. Eran unos programas pioneros. Yo creo que los becarios de la Fundación Juan March están muy orgullosos todos de haberlo sido. Hoy no tiene sentido porque aquello era pionero. Ustedes saben que todos los hoteleros de Mallorca y todos los grandes empresarios tienen centros de turismo, tienen alas de hospitales, dan becas a los estudiantes, dan becas de doctorado, promueven la meritocracia y el intelectualismo. Decía Estrabón, ¿no?, que en los tiempos históricos una ardilla podía recorrer toda España yendo de árbol en árbol. Pues ahora mismo una ardilla que la soltaran en Mallorca iría de ala de hospital hecha por un hotelero a la facultad construida, por supuesto gratuitamente, por un constructor, y así sucesivamente.
Y ya para acabar con lo que es esta introducción demasiado larga, es que, claro, yo entiendo que muchas veces ustedes, nosotros, acudimos a un acto de este tipo y pensamos que el presente, en este caso concreto, dice: "Bueno, no ha estado a la altura de las expectativas". Pero, claro, es que en mi caso no estoy a la altura de mi retrato. ¿Qué van a decir? Hemos ido a ver a un señor con un retrato. Se nos presenta aquí un señor, no sé, 10, 15, 20 años mayor, que el pobre ni siquiera da la talla del mito, de los datos que puede recoger la inteligencia artificial.
Digo que gracias por estar y apostillo a tu comentario. Somos amigos, nos llevamos bien, nos vemos poco, te leo o te escucho, y no tenemos, digamos, puntos de vista exactos en todo, y hemos competido periodísticamente y me gustaría continuar compitiendo por la noticia, lo cual no es óbice para haber compartido grandes conversaciones con Carlos Fuentes, me acuerdo, o con Maruja Torres, o con tantísima gente con la que hemos coincidido.
Es que hay un punto de partida, ¿no?, en el periodismo. El ciclo se llama líder de opinión. Por supuesto, yo tengo que denigrar de partida la palabra líder, es decir, no me consideraría líder de nada, al revés. Yo, si alguien me siguiera, entonces le desmentiría para que se fuera de detrás de mí. Es un poco lo que ha sido siempre mi carácter. Pero, y esto sí que creo que lo comparto en ocasiones con Andreu, estamos todos aquí, y yo también, por lo que llamamos artículos de opinión, y por las opiniones, y por las veces que nos ha molestado y que nos ha ofendido, que ha ofendido a gente que conocemos, a gente que amamos, etcétera. Pero en realidad, Andreu y yo, el gusanillo que tenemos es el de la información, y es el mucho más difícil de transmitir.
Tom Wolfe, cuando empezó en las redacciones, que tenía 20 años, decía: "Es que vienen aquí la gente de 50, de 60, de nuestras edades, y siguen los tíos aporreando la máquina y buscando y entrando en contacto con esos contactos". Decía: "Pero ¿por qué hacen esto?" Pues porque ese gusanillo, el regusto de obtener una información que nadie ha dado antes, eso, para los periodistas que lo hemos tocado, que no hemos llegado directamente, digamos, ya a la opinión, pues eso es insustituible.
Es verdad, como decía Cebrián, que fue jefe de Andreu, yo creo que ha sido jefe de todos nosotros, pero bueno, jefe de Andreu Manresa, y desde luego capital. Yo no estaría trabajando en un periódico, en radio, si no hubiera existido Juan Luis Cebrián. Eso está clarísimo. Juan Luis Cebrián decía: "Todo el mundo pide información, ¿no?" Todos, cuando nos preguntan: "No, no, a mí lo que me molesta es que me den sus veredictos; yo quiero que me den la información". Dice: "Pero luego todo el mundo lee la opinión". Es decir, todos leemos la opinión, la opinión que nos puede ir a favor, que nos puede ir en contra.
Y el gran cambio que se ha producido en los últimos años, que no es que se haya producido, sino que se está produciendo, y me gustaría interpelarles un poco a ustedes, si les pasa, es que antes leíamos todas las opiniones. Voy a poner otro ejemplo: Antonio Asensio, otro editor clásico que sería comparable a los Rupert Murdoch actuales, ¿no? Estos, vamos a decir...
Es propietario del Mallorca.
Propietario del Mallorca, editores, editores sin conciencia, ¿no? Pero decía: "Yo hago Interviú", que fue un gran éxito y que era una gran revista que yo compraba, por supuesto, yo compraba Interviú, "y allí publico lo que yo quiero leer". Y eso es una lástima, porque hoy en día los que deciden lo que publicar, o los que decidimos lo que escribir, no siempre escribimos o publicamos lo que queremos leer. Entonces nosotros nos íbamos a Interviú y leíamos a Emilio Romero al lado de Santiago Carrillo y de Álvarez Solís, que era otro comunista, y de Francisco Umbral. Y decía: ¿cómo aceptábamos esto que hoy no lo aceptamos?
Hoy se acabó. No se lo puede permitir ni el New York Times. Cada vez que el New York Times publica un artículo conflictivo ha de pedir perdón: vamos a cancelar, no nos identificamos con lo que se ha publicado, no lo leímos suficientemente, no se debería. Aquí no se puede publicar ningún artículo que vaya en contra de una línea, por ejemplo, demócrata woke. Se publica un artículo en el New York Times que apoyaba una medida de Trump, ni siquiera a Trump, una medida de Trump, de que en un momento dado, si la situación se hacía insostenible en lo que supone el desorden ciudadano, ya saben lo que está pasando ahora, pues se podía contemplar la hipótesis de que intervinieran fuerzas armadas. Solo por publicar esto como sugerencia, por supuesto, sin ningún poder decisorio, se barrió a todos los directivos de opinión del New York Times. Se acabó.
Y esto lo que está creando es medios y periodistas, pues claro, cada vez más monopolares. La palabra polarizado, la verdad es que no sé ni lo que significa, pero sí cada vez más orientados. Y entonces los que escuchan o siguen a Federico Jiménez Losantos solo van a seguir a Federico Jiménez Losantos, y que no se aparte, y los que siguen a la izquierda, igualmente.
Al vuelo, tu tesis. Es decir, un antiguo cronista y político y amigo, que fue Josep Melià, padre, sostenía, que era columnista, primer cronista político del país, del diario Mallorca durante muchos años y también de Destino, dijo: "Me han contado los veteranos del periodismo de Madrid que para tener simpatía y empatía con los lectores tienes que reiterar muchísimas veces el mismo artículo, porque el lector se cree que lo que lee es lo que él piensa". No es enrevesado. Es decir, tú lees tantas veces lo mismo que crees que es lo que tú piensas. Yo lo he meditado muchas veces, y al final todos caemos en el mismo argumento. Y era Melià, que era un tío listo.
Y hemos llegado al momento en que cada uno piensa lo mismo siempre en todos los artículos que escribe. Y ahora vamos con la figura más controvertida del momento en nuestro país, que sin duda es Pedro Sánchez. Hay articulistas que son buenos articulistas, yo eso no lo discuto, con una prosa solvente, perfectamente preparados, que además estudian los temas, que habrán escrito 200, 300 artículos diciendo que Pedro Sánchez se ha acabado, que Pedro Sánchez se tiene que ir... Claro, es complicado, ¿no? Pero así 200 o 300, y siguen, y mañana el artículo volverá a ser lo mismo. Haya un apagón, haya un tren, haya una ley que no aprueba el Congreso, exactamente igual.
Antes las posiciones eran más controvertidas, incluso en los radicales. Yo pienso en los dos grandes articulistas, otra vez, como nos va a pasar casi siempre, del periódico de Andreu, ¿no?, de El País: Manuel Vázquez Montalbán y Eduardo Haro Tecglen. Y ahora, con cuidado con una cosa: cuando murieron, la dirección de El País dio un respiro, que bueno, vamos a homenajearlos, vamos a celebrarlos. Pero hoy no hay un Haro Tecglen ni en El País ni en ningún sitio, y tampoco hay un Vázquez Montalbán en este tipo de prensa; serían apartados. Pero siendo con unas condiciones donde Vázquez Montalbán era militante del Partido Comunista y Haro Tecglen tenía también una historia, por cierto, con evolución desde posiciones más franquistas a posiciones muy marcadas, no eran repetitivos. Hoy parece que sí tienes que serlo, tienes que marcarlo, y esto es una decisión que tomamos nosotros como lectores.
Si ahora aquí alguien quiere darme la peor... ahora le voy a dar a usted la peor noticia que tiene: se acabó su carrera de periodista. Usted, a partir de que salga de esta sala donde estamos todos, no vuelve a escribir un artículo y no vuelve a aparecer en la radio. Veo ahí responsables de la radio, ¿no? Y desde luego mucho menos en una pantalla. Bueno, hombre, pues sí, sabría mal. Ahora, como alguien me dijera: "Usted no vuelve a leer un periódico", entonces eso sí que me hundiría totalmente y me sumiría en una depresión irresistible. Es decir, todos queremos participar. Yo no he sentido que escribiendo en un periódico sea ni más periodista ni tenga una figura distinta que la que tenía leyendo periódicos, que nunca la abandonaré y que la prefiero cien veces más a la de escribir.
Pero es una lástima que en este sistema hoy todo funciona por la cancelación. Es decir, yo nunca he escrito, jamás he escrito una carta o un comentario a un periodista que me ha interesado. Yo lo que le agradezco al periodismo es que he podido leer a los mejores periodistas del mundo. Haber leído a Gore Vidal, que para mí es un periodista extraordinario, haber leído a los grandes italianos, a Scalfari, y verle tener un premio compartido, otra vez con el periódico de Andreu, ¿no?, un premio que ha tenido Jean Daniel, pues para mí Daniel, que vivió 100 años y hasta el final hacía los mejores artículos...
Te vas a comer todas mis preguntas que se han hecho, porque estoy en ello.
No, pero la diferencia que les quiero dar es esa radicalización monopolística que se da ahora. Y cuidado, no soy neutro: esa favorece a la derecha, porque el que censura, el que acaba expulsando al cuerpo extraño, es la izquierda. Esta misma semana, yo mañana hago el artículo, con una figura impresionante que no todos conoceremos, que yo descubrí por casualidad, y que es Héctor de Miguel, ¿no? Héctor de Miguel hacía un telediario cómico. El telediario cómico lo inventa un cómico americano que es extraordinario, que se llama Jon Stewart, que se jubiló, lo hacía en The Daily Show, y ha vuelto ahora solo para hacer el anti-Trump. Entonces, cada semana, cada lunes, tenemos en 20 minutos todo lo que hace Trump caricaturizado con una calidad tremenda, con unas dotes histriónicas. Bueno, pues esto aquí lo adapta primero el gran Wyoming, que eso sí que no hace falta presentarlo porque todos lo han visto, pero sobre todo, en la versión más radical, lo hace Héctor de Miguel. Y Héctor de Miguel se ha acabado, se ha acabado esta semana.
Se ha acabado el Quequé, ¿no?
Exactamente, el famoso Quequé. Es igual por qué, pero desde luego en relación a una cosa, que es que, hombre, es que no se tomó en serio la tragedia de Córdoba. Vamos a ver, es que Jon Stewart no se ha tomado en serio los muertos de Minneapolis, ha bromeado con lo que pueda ser Gaza. Entonces, el problema es que hoy, y sobre todo aquí en España, no aceptamos, no toleramos los niveles de crítica, los niveles de acidez, los niveles de salida de tono que aceptamos al principio de la Transición. Estoy pensando ahora en una revista como Hermano Lobo, en una revista como La Codorniz; serían impracticables, ¿no?
Bueno, Por Favor.
Exacto. Y muchas gracias, cuando la cerraron, ¿no? Pues todo eso hoy, ese humor que representa otra gran amiga nuestra, Maruja Torres, pues vamos, es que habría que cancelarla semanalmente, ¿no? La sola idea de cancelación. Y vuelvo al principio: yo nunca le he escrito a un columnista "me ha gustado mucho tu artículo y qué bien lo has logrado", pero tampoco "oye, horroroso". Pues si me gusta, lo leo; si no me gusta, no lo leo. Y esta era la postura, ¿no?
Como decía el juez americano Oliver Wendell Holmes, el mercado de las ideas. Usted lanza sus ideas al mercado de las ideas, como lo lanza al mercado de los productos comerciales, de los trapos o de las sartenes, y el público elige las ideas que le parecen más convenientes en cada momento, y si no, pues se dirige a otro stand del mercado. Pero no tiene por qué haber ni una censura ni tal, salvo en el caso del peligro inmediato y presente, que se daría aquí si yo ahora me levanto y les digo a ustedes: "¡Fuego, fuego!". Eso es un atentado.
Groucho Marx dijo una vez en Estados Unidos, cuando gobernaba Nixon, también hay que decir que gobernaba Nixon, ¿no?: "La única solución de este país es asesinar al presidente de Estados Unidos". Imagínense que alguien dijera eso con la dimensión, digamos, de fetiche, de icono mítico que tenía Groucho Marx. ¿Qué dijo el abogado de la Casa Blanca? De Nixon, no de un progre como Obama o Clinton, sino de Nixon. Dijo: "Bueno, nos parece que este señor es un payaso, y las ideas que pueda tener él sobre a quién hay que matar o no no tienen la mínima importancia. Por tanto, no nos preocupa". Hoy no. Hoy habría que cancelar a Groucho, rastrear en su vida privada, ver sus familiares, qué ha hecho con sus hijos, etcétera. Todas estas dimensiones.
Yo estoy totalmente con la exigencia. La exigencia hoy a la hora de escribir es mucho más grande que hace 20 años. Intento, desde luego muchas veces sin ningún éxito, ser más riguroso, documentarme más, que las citas sean exactas, comprobar, utilizar inteligencia artificial no para escribir, no para suplantar, pero para...
Un momento. Sí, podrás volver a la universidad si te dan plazas, porque Matías Vallés Terrades...
que tiene una rama vinculada al periodismo gráfico y al baloncesto, que también fue baloncestista con aquí Matías Terrá, que está en primera fila, una vieja gloria del periodismo fotográfico de Mallorca. Es licenciado en Químicas, fue profesor universitario, pionero de la Universidad de las Islas Baleares, creador en ese sentido de la junta, jugador de baloncesto, ya lo he dicho, y escribe desde siempre en el Diario de Mallorca. Habla en la SER con Carles Francino, fue premio por los vuelos de la CIA, CIA Airlines, con Marisa Goñi y Felipe Armendáriz. Publicó un libro muy útil que es sobre los personajes que han pasado por Mallorca en la época histórica reciente, turística básicamente. Y después tienes otro libro de para atrás, ¿no? De artículos, publicado por Luis P. Corner.
Mira, yo empecé en el mundo del periodismo en el Diario de Mallorca. Por cierto, tú todavía eres más joven, no habías llegado, y pensaba al salir de la universidad que sería comentarista de política internacional, utopía de periodista tonto.
¿Y por qué? Porque había en Formentera, a mitad de los 70, un periodista que se llamaba Juan Ramón de la Cruz, que en internet solo hay un artículo suyo sobre Estados Unidos de los años 30. Y Juan Ramón de la Cruz, hippie como los hippies, escribía antes de internet, antes de los ordenadores, de la televisión por satélite, no tenía móvil, evidentemente no había móviles, era un Robinson y razonaba sus temas de política internacional gracias a su conexión de onda corta de las grandes radios públicas, la BBC, Radio France Internacional, y veía allí el mundo desde la radio y escribía dos veces por semana un análisis de política. Yo solo le vi una vez. Él iba en la barca a Ibiza, enviaba el sobre por correo con su artículo, y después lo utilizaron porque tenía el carnet como director de la revista UC, donde coincidieron Pilar Monet y Rafael Pasquet.
Esa utopía del periodista que mira al mundo desde la periferia total que era Formentera, sin ver a nadie, más que lo que él sabe y lo que interpreta, lo que le emiten, es una idea, digamos, periférica y que rompe el discurso monolítico, que ahora sería muy difícil de entender. Y de esto hay una larga tradición incluso en Baleares: Flora Lewis, que era la mayor articulista del New York Times de política, o sea, la voz de política del New York Times, hablando de los años 80, 90, que no había ni internet, ninguna posibilidad de contacto más que el diario de papel y lo que llamábamos las televisiones, ¿no?, hacía la información desde Menorca, ¿no? Que dices: ¿cómo es posible?
Y entonces yo llego al periodismo con esta fascinación por la Mallorca extranjera. Yo hoy odio a los turistas, soy turismófobo, turismófobo militante, y la Academia me ha hecho un favor extraordinario porque ha entrado la turismofobia como palabra, ya es una palabra que se puede utilizar en el castellano cervantino, pero le ha dado una definición magnífica. Dice: "La turismofobia es la aversión a los turistas", cosa que todos entendemos, "por el daño que el turismo causa al medio ambiente o a las condiciones de vida de los habitantes del territorio". Es decir, yo en esto soy turismófobo, 100% turismófobo. Es decir, un turista me pide una dirección, se la doy equivocada, no tengo ningún problema. Les miro mal a todos los suecos de los que estoy rodeado, les miro con mala cara. Ellos me han mirado mal antes, es decir, son ellos los que nos están mirando mal y nos pretenden expulsar, ¿no? Mallorca es una isla que comercia con su cuerpo. Eso cada cual le dará la interpretación que quiera. Eso es tradicional. Me parece que no hay muchas dudas al respecto.
Pero yo llego desde esta fascinación extranjera de ir al cine del Terreno, que hacían las películas en inglés, de una cultura totalmente norteamericana, despreciando toda la gran base cultural, por ejemplo, que tiene Andreu en lo que son los autores mallorquines, en todos los respectos. Y lo que te ofrecía esa Mallorca, lo que ofrecen suecos, alemanes, era una dimensión cosmopolita extraordinaria.
Ha citado Andreu el premio Ortega y Gasset que nos concedió su periódico. Hay una escena muy curiosa de aquel premio que nos da la idea que yo he visto en el periodismo, o sea, el periodista no es la proximidad al poder, el periodista es darse cuenta de que el poder es mucho peor de lo que pensamos, por supuesto en lo malo, pero sobre todo en lo torpe, sobre todo en lo elemental, en lo infantil, en lo caprichoso. Cuando nos dieron el premio Ortega y Gasset, que vinieron todos, por supuesto, en aquel momento Zapatero, que era presidente del Gobierno, pues Rajoy, pues todos los que iban a estos actos del país, el premio lo recogió, éramos tres, en nuestro nombre Marisa Goñi, y habíamos puesto una cuchufleta al final del discurso diciendo: "Pedimos perdón a los organizadores del Premio Ortega y Gasset porque esta será la primera entrega que será grabada íntegramente por la CIA", que era el objetivo de nuestro trabajo.
Entonces subimos nosotros a recogerlo y viene corriendo, pero corriendo, eh, o sea, no deprisa, corriendo Zapatero a subir al escenario, que era mucho más difícil, por cierto, que subir a este escenario, y dice: "Tenéis razón, esto no es una broma, es así. La CIA está grabando, la CIA nos está grabando todo". Claro, el problema no es que te lo diga una persona, uno de nosotros, pues qué vamos a hacer, pues nos hemos hecho un poco así conspiranoicos y estamos un poco enfermos, no sabemos qué hacer con las tardes del domingo. Bien, no, no, no. Lo primero es que te lo diga el presidente del Gobierno en ejercicio, y "yo no puedo hacer nada porque bastante tengo yo ya con la ETA y con el terrorismo islámico, pero lo que nos hace la CIA", todo esto. Es decir, es siempre esta proximidad lo que te ha permitido Mallorca.
Nuestro libro de la CIA, que aquí han tenido la gentileza de poner ahí en un stand a la entrada, es un libro que ahora lo compró la Universidad de Yale, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale está este libro. Este libro no merece estar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale. Yo no voy a llamar para protestar, pero no lo merece. Pero sí que nos obliga a discutir este concepto del experto. A mí me ha pasado por última vez con Venezuela, y un poco por lo que decía Andreu, ¿no? "Bueno, usted no hable de Venezuela, usted no ha estado nunca en Venezuela. ¿Usted quién es para hablar de Venezuela? Usted no ha visitado Venezuela". Ya no voy a ampliar el argumento de que el mayor especialista en la conquista española, la conquista de Hernán Cortés de México, fuera un profesor de Harvard que nunca pisó México y es la autoridad más reconocida. No voy a entrar en esto, voy a entrar en lo siguiente. Yo nunca he estado en Venezuela, pero yo en Mallorca, sin salir de esta isla que comercia con su cuerpo en la que estamos ahora mismo, he entrevistado a dos presidentes venezolanos. Entonces, si yo he entrevistado a los presidentes, es decir, he estado a solas largo tiempo preguntándoles por toda la realidad de su país, hombre, algo podré decir yo de Venezuela. Se entiende esta dimensión que ha tenido siempre Mallorca.
Y yo recuerdo entrevistando al dictador Pérez Jiménez en el Hotel Valparaíso, que estaba en la suite real del Hotel Valparaíso. Entonces se puso aquí centrado como en un trono, ¿no? Era un hombre pequeñito y cuando abrías la puerta te lo encontrabas a él como el dictador, porque quería dar esa imagen. Por supuesto, ya derrotado. Pérez Jiménez no es solo un dictador militar venezolano, es la inspiración de El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez, que es lo que querríamos todos, ¿no? Nos haríamos dictadores si fuera necesario, seríamos un tirano con tal de que García Márquez nos cogiera como modelo para una de sus novelas. Y esto es lo que había conseguido Pérez Jiménez, ¿no? Estuve hablando largamente con él hasta que conseguí que me dijera que era un dictador, ¿no? Que lo reconociera. Dijo: "Bueno, quizás he sido un déspota esclarecido, ¿no?".
Y luego con otro presidente venezolano, esta vez en Son Vida, con Caldera, que me acuerdo también de una anécdota muy buena de lo que es el poder, ¿no? De lo que consigues solo con esta cosa de poder estar con ellos, y que es muy difícil incluso de reflejar periodísticamente. Estábamos los dos hablando largamente, España, Venezuela, me hizo una comparación muy buena de Venezuela con Mallorca. Dice: "Cuando en Venezuela descubrimos el petróleo, nos creíamos que éramos los más inteligentes del mundo y los más ricos del mundo", que es lo que nos está pasando ahora mismo también en Mallorca con el turismo. Y entonces, en un momento dado, este hombre, que tenía 80 años, que había vuelto a la presidencia de Venezuela en un segundo mandato, claro, se le desplaza un poco la corbata. Entonces viene el director general de Asuntos Exteriores y le vuelve a colocar la corbata bien centrada. Esto es el poder. Esto es el poder: tener a un altísimo funcionario que, al mínimo detalle que se te altere, él te coloca la corbata.
Y entonces, por ejemplo, en Mallorca mismo yo recuerdo haber entrevistado un año a un periodista sudafricano en Deià, uno de los mejores periodistas sudafricanos, y en su currículum ponía: "Se ha entrevistado con el ministro de Asuntos Exteriores de Sudáfrica". Al año siguiente yo estaba en Son Vida, a menos distancia que de Andreu, de Frederik de Klerk, del presidente de Sudáfrica que le entregó el poder a Mandela, el Adolfo Suárez de Sudáfrica, hoy no se puede decir esto de Adolfo Suárez, pero me permitirán la licencia, el Adolfo Suárez de Sudáfrica, que es para mí el auténtico artífice de la transición sudafricana, que por supuesto me dijo él a mí, a esta distancia, que se había inspirado en la transición española. Estas oportunidades yo no las hubiera tenido ni en Madrid, ni seguramente en París, ni en Londres, ni, como les he contado, ni siquiera en Sudáfrica.
Y nuestro gran misterio para mí siempre es: ¿por qué Mallorca? Esta pregunta se la he hecho a todos los personajes que Mallorca, no yo, no por ninguna habilidad, que Mallorca me ha permitido entrevistar. ¿Por qué eligen ustedes Mallorca? Y la respuesta más clara y más sencilla me la dio uno de los más ricos, que era también sudafricano, que era Anton Rupert, que tenía un chalet, por supuesto, ya sabemos, todo el año montado, con todo el servicio, con todo, y que venía un par de días al año. Y entonces yo le hice esta pregunta: ¿por qué Mallorca? ¿Por qué viene usted a Mallorca? Y me respondió con dos palabras: para dormir.
Sí, eso enlaza con un venezolano que no me acuerdo muy bien cómo se llama, porque sé que era un señor que hace vino debajo del castillo de Santueri, y que su agente de comunicación me invitó a comer con él. Yo le pregunté: "¿Y usted trabaja en Indonesia y es venezolano americano? ¿Y por qué?". Dice: "Porque para hacer escala llegué a Barcelona y pregunté: ¿dónde puedo dormir tranquilo? Mallorca". Y se compró una gran finca debajo del castillo de Santueri, y feliz, e hizo una bodega gigantesca. Sí, cumplió la ley que le dijeron: "No puede hacer una bodega al aire libre", y no la hizo, simplemente plantó la viña, ¿no?
Me acordaba ahora de algunos de los encuentros con Carlos Fuentes, que fue un hombre vinculado al poder, era diplomático, era un gran escritor, un gran comunicador, y que nos narraba sus encuentros con Clinton, por ejemplo, o García Márquez y Clinton, efectivamente, y además la distancia que tuvo García Márquez con Clinton. Creo que también en uno de esos encuentros, veranos por Mallorca, vino Katharine Graham, en la casa que tenía Cristina Macaya, y Katharine Graham y su director Ben Bradlee fueron personajes del Washington Post, propietarios, que tuvieron una vinculación muy ligada al poder, es decir, que eran cómplices del poder. Pero las memorias de Katharine Graham, que es Historia personal, creo que salió, y De vida, son las dos memorias de ambos personajes. "Yo he votado en alguna ocasión al Partido Republicano, no siempre al demócrata, y la gran duda que tenía era si yo podía estar...", eso lo dice Ben Bradlee, con Kennedy todo el tiempo, y tuvo que firmar una cláusula de estar 5 años sin publicar nada de lo que le había contado después de ser presidente.
Ese es el gran dilema, el poder y la prensa: ¿dónde empieza y dónde termina la relación? Tú puedes ser amigo cómplice del poder, si es la fuente interesada, o es la relación una amistad de debate o una amistad fría de cocina y mesa.
Está muy bien que Andreu baje la pelota al piso, ¿no? Porque yo creo que efectivamente hemos venido a hablar aquí de lo que es exactamente la prensa, y el problema que plantea es elemental: cómo es la relación entre los periodistas, que demasiado a menudo somos, yo no culpo a los demás, somos lacayos, estamos demasiado próximos, ¿no? Esta cosa de decir: "Se ha ido a cenar con el periodista. Bueno, pero es que es por asunto de trabajo", ¿no?, como decía esta fontanera del PSOE, ¿no? No es asunto de trabajo. Es una cosa comprometida y es una cosa que tendrá luego una traducción en lo que pueda ser esa relación, que puede ser una relación pervertida.
Yo puedo presumir de haberme llevado bien con todos los presidentes de Baleares, los autonómicos que ha habido, hasta que fueron presidentes de Baleares, y haber acabado sin que ninguno de ellos me saludara. O sea, todos me han retirado el saludo durante el ejercicio del poder, lo cual no es ningún mérito. Es decir, bueno, pues usted va un poco fuera de edad, de niño travieso y de cascarrabias, y de "voy a ser el rompedor". Pero lo que plantea Andreu es muy importante, porque es el caso del Watergate y es el caso de todas las organizaciones periodísticas: el periodista, el director y el editor.
Yo creo en los editores, es muy raro, ¿no? Porque realmente, pues yo soy anarquista. Yo creo en la figura del editor, y el editor es una figura auténticamente imposible. Lo decía Pulitzer, que era un editor sensacionalista, aunque hoy los premios Pulitzer estén tan acreditados. Y Pulitzer lo decía, decía: "El periodismo consiste en morder la mano que te da de comer". ¿Se entiende? Morder la mano que te da de comer, ¿no? Bueno, hay que hacer equilibrios, y por una parte, claro, si el banco o el hotel te pone una publicidad, no es morder la mano que te da de comer. Si no, no se entiende.
Rupert Murdoch, ahora mismo, 95 años. ¿Qué editor hace presidente? Si hay un editor que hace presidente a Donald Trump la primera vez, y por tanto la segunda, pues si no hubiera habido primera no hubiera habido segunda, se llama Rupert Murdoch. Pero cuando Rupert Murdoch tiene un dibujo, probablemente hecho por Trump, que han visto todos ustedes, de una mujer desnuda, donde celebra el 50 cumpleaños de Jeffrey Epstein, Rupert Murdoch en su Wall Street Journal, jugándose una querella de su amigo Donald Trump de miles de millones de dólares, publica el dibujo, lo defiende, y lo defiende como editor. Esto es ilógico, pero es la única forma en la que puede funcionar el periodismo. Esa sería Katharine Graham.
El redactor, por definición, el periodista, que es el papel que yo siempre he querido, está loco. Está loco. Es un loco. Es un loco desatado. Es curioso, que estoy exagerando. Vean, en todas las sentencias judiciales que se hacen ahora en España se emplea una expresión sobre la prensa, sobre los periodistas: los perros guardianes de la democracia. Como todo el periodismo está copiado de Estados Unidos, fue una expresión que utilizó el Supremo de Estados Unidos, y dijo que el periodismo eran los perros guardianes de la democracia. Fíjense en esto, eh, ¿qué profesión aceptaría elogiosamente que se dijera que son perros guardianes, ni siquiera en estos tiempos en que los perros son
¿…como los reyes de la creación? No, pero luego viene la segunda parte. ¿Quién aceptaría los jueces que dicen son los perros guardianes de la democracia? Pero que no muerdan. No, el perro es rebelde, el perro es casquivano, el perro es arbitrario, el perro es, como se ha comparado a veces, con un huracán que arrasa con todo, con lo bueno, con lo malo. No sabes por dónde te va a salir, es arbitrario. Es decir, no puedes tener perro guardián de la democracia, pero que el guardián sea un caniche; no va a ser un perro.
El periodista está loco. El periodista busca, el periodista tiene sobre todo esta fiebre absoluta. Yo creo que eso es lo más difícil de entender para los que venimos de fuera del periodismo, como ha descrito muy bien Andreu. Es decir, es la fiebre de saber lo que otros no saben. Luego eso se puede componer moralmente, que es decir, consiste en confortar a los afligidos y en afligir a los confortables. Está muy bien. Es una regla que yo creo que he seguido, y si no la he seguido, me he equivocado, que es siempre disparar hacia arriba. Si disparas hacia arriba, te equivocas igual que si disparas hacia abajo, pero disparas hacia arriba. Y el poder siempre, siempre se ha equivocado. Entonces esta es la posición del periodista. El director evidentemente es un tampón, es un amortiguador entre el periodista y la propiedad y el editor. Tiene que ser tremendamente inteligente en esta posición. Es una posición dificilísima, dificilísima.
La rehúso, la rehúso por principio, porque tiene esta doble presión, pero si no, no funciona. Y una cosa, pensamos en el Watergate. Bueno, el Watergate fue porque el Washington Post llevó la investigación superlista. Ni hablar. Toda gran investigación periodística que se haya hecho en cualquier nivel que ustedes consideren es siempre contra lo que ustedes quieran llamar, el dueño del periódico, la propiedad, la empresa, la entidad. Siempre, siempre, siempre se hace contra. Siempre va a haber un desgaste. Lo que pasa es que si Murdoch en el último momento no dice adelante, no se hace la investigación.
Murdoch había… Una de las grandes estafas que ha habido últimamente en Estados Unidos es Theranos, no sé si lo han visto ustedes, una dirigente, una científica que había descubierto unas máquinas que te hacían un análisis de sangre en tu casa directamente, inmediatamente, aquí esto, y sacaban, pues, por supuesto, todas las enfermedades posibles, futuras, pasadas, el estado y tal, salvo que era una farsa, o sea, todo era un engendro que no funcionaba. Consiguió miles de millones de dólares de patrocinio de Rumsfeld, de los presidentes americanos, de todos y de Murdoch. ¿Qué periódico se cargó, llevó a esta empresaria a los tribunales y a una condena penal? El Wall Street Journal de Murdoch, que lógicamente perdió toda su inversión monetaria. Es decir, en esta contradicción, si no se entiende bien lo que es esta contradicción, no se puede hacer. Porque en lo que sí estaríamos de acuerdo, y una buena definición del periodismo, es que periodismo es lo que duele a alguien. Si no, si no duele…
Bueno, también es publicar aquello que no quieren que se publique.
Exactamente. Lo otro, como se dice muy bien, se llama publicidad. Y luego hay un truco que, como estamos aquí en privado, sí lo quiero contar. Si hablas bien de alguien, de cualquiera de nosotros, es decir, de cualquiera de ustedes, bueno, pues tal y bueno, desarrollo del trabajo y tal, claro, los enemigos de este alguien se enfadan, que es elemental y evidente, pero sobre todo se enfadan sus amigos. ¿Qué pasa? ¿Pero por qué? ¿Y ahora por qué dice esto? ¿Por qué habla tan bien? Porque tiene esto y que hace algo, pues tampoco es para tanto, no sé qué, tal. En cambio, si hablas mal de alguien, por supuesto, sus enemigos están encantados de que hables mal de él, pero sobre todo quienes están encantadísimos y serán los primeros en hacérselo llegar —fíjate lo que ha dicho de ti, cómo se atreve, cómo tal— son sus amigos. Con lo cual consigues, digamos, una repercusión favorable mucho más positiva a lo que has escrito hablando mal que hablando bien.
Sí. Y hablando de líderes de opinión y de editores, un común amigo y periodista admirado, que fue Enric González, que abrió esta serie de los líderes de opinión aquí en la Fundación March, dijo que los verdaderos líderes de opinión eran los editores. Él hablaba en visión americana, del Wall Street Journal, del Washington Post, La Vanguardia en cierta manera, y yo no se lo repliqué, pero lo razonó diciendo: "No, después las redes lo han cambiado. Pero los editores son los líderes de opinión porque tienen el peso final, o contrapeso según tú decías, de lo que se publica".
Documentándome para hablar de una cosa curiosa en esta conversación de líderes de opinión antiguos, Miquel dels Sants Oliver y Antonio Maura. Miquel dels Sants Oliver fue el primer director de La Almudaina, previa del Diario de Mallorca, director de La Vanguardia, gran periodista, gran literato, que tiene muchas calles, muchas plazas y muchos institutos, pero muy poca gente ha leído. Era un gran articulista bilingüe básicamente y un poeta menor. Entonces él era maurista y fue un gran defensor de Maura, porque Maura tenía un periódico propio, que era La Almudaina, que era de la familia conservadora de Mallorca. Primero los Alzamora, después vinculada a los Salas.
Entonces, Maura dio una gran conferencia en La Lonja. También hemos hablado de La Lonja como gran templo de la arquitectura mundial. Y el joven periodista Miquel dels Sants Oliver, a finales del siglo XIX, no pudo tener el discurso preciso relatado en taquigrafía. Maura se enteró y Maura fue a la redacción de La Almudaina, y allí, al pie de la máquina —creo que debían tener máquinas de escribir, sí, claro—, le estuvo dictando, corrigiendo y matizando hasta las 4 de la mañana su conferencia.
Claro.
Siempre fue maurista Miquel dels Sants Oliver; era una causa local, una causa justa. Es más, publicó un libro que era El caso Maura, cuando Maura fue víctima de una gran campaña de unación en Cataluña después de la Semana Trágica. Esta fue la complicidad, es decir, desde casi joven periodista hasta la vejez prematura en que murió, fue un maurista.
Su sucesor y alumno, Agustí Calvet, Gaziel, otro gran escritor, gran personaje, memorias, Meditacions en el desert, es un gran libro, publicó la historia de La Vanguardia. Él fue el director de La Vanguardia en el cambio de la República, la derecha, la guerra, y cuenta cómo su editor, que son los mismos de entonces, iba a pactar con los monárquicos y al mismo tiempo con los generales republicanos para intentar vender el periódico. Al cabo de un poco tiempo le dijeron: "Lárgate, que te van a matar unos de los dos bandos". Se fue. Él escribió una historia de La Vanguardia cruda, porque cuenta un poco el perfil del editor, y nunca jamás se volvió a hablar de él, ni ahora casi, ni de sus libros. Es una figura literaria importante.
Yo digo, un líder de opinión, Sants Oliver, y su alumno, porque Agustí Calvet, Gaziel, se refiere a Oliver como "mi maestro", quejándose del maltrato que ha tenido. Relatan los dos la figura del editor. Miquel dels Sants Oliver pugnó con el editor porque era germanófilo, no era del Eje, y el otro también, digamos que quería tener una cuestión más independiente. He traído a colación esas historias de dos líderes que no son solo líderes de la cultura catalana o de Mallorca, Barcelona, sino que tenían el ejemplo de haber trabajado para editores, para los Alzamora y los Salas en Mallorca, y después se fue a Barcelona y estuvo de gran padre del periodismo de los Godó, que siguen todavía excepcionalmente siendo editores.
Es una relación siempre de conflicto, y no es una relación limpia, ni siquiera la relación del periodista, del que escribe, con el lector, que ya no son ustedes… Ustedes ya también son tan periodistas como el que escribe, por todo el prodigio de las redes sociales, que ha invertido todas las jerarquías. Pero la relación no es limpia y además no tiene una solución fácil. Siempre se resuelve un poco desde el punto de vista del coraje.
Yo recuerdo a Harold Ross, que es el fundador de la revista Time, que es la mejor revista que ha habido nunca, crea la revista de información general, que luego hemos conocido en muchas fases del periodismo, pero claro, resulta que su novia pues era actriz de teatro. Claro, esta actriz de teatro, pues hizo un estreno de teatro en Broadway y claro, el crítico de teatro de Time tenía que criticar la obra de teatro en que la protagonista era la novia del dueño del periódico. Pónganse ustedes, por favor, en situación, a ver cómo resuelven esto. Y se pueden imaginar la crítica que escribió el pobre crítico de teatro: fascinante, ha nacido una estrella, el teatro de Nueva York ya está salvado para siempre, y tal. Se lo entregó al editor Harold Ross. Harold Ross cogió el papel, lo rompió: "No escribas tonterías. Bueno, una cosa, esta obra no es para tanto". Y le obligó a escribir la crítica real. Claro, estar dispuesto a jugar este papel, ese es un poco el problema del editor: está dispuesto a que la verdad no sea una verdad que exactamente te satisfaga.
Y no es limpio, porque en el caso más limpio de todos, que citamos siempre y del que hemos hablado, lo ha planteado muy bien Andreu, que es el Watergate, el director Ben Bradlee, a quien todos hemos adorado los que somos periodistas o leemos periódicos, porque hubo un día un Ben Bradlee que se cargó al presidente de Estados Unidos… Pero es que Ben Bradlee era amigo del alma de John Kennedy. Es que Ben Bradlee se estaba vengando de Richard Nixon. Es que Ben Bradlee, su cuñada, o sea, la hermana de su mujer, era la amante de John Kennedy, e iban a la Casa Blanca con ella, y él nunca publicó ni dijo que su cuñada era la amante. Por cierto, y cerrando la historia, como siempre con el dramatismo típico americano, asesinada o hallada muerta extrañamente en un parque, no se sabe por qué, seguramente porque hubiera podido comprometer la carrera de John Kennedy. Y de todo esto, el cuñado, que es nuestro ídolo periodístico, Bradlee, nunca lo supo.
Por eso yo, para mí no es tanto el problema… Yo me acuerdo que en un acto como este un día me dijeron: "A ver, pero usted, Vallés, usted nunca se ha metido con Pérez San Paul". Yo les aseguro que me quedé diciendo: "Es que no lo sé. La verdad, o sea, es que tendría que repasarlo". Lo podemos hacer con internet, pero yo no voy a saber si me he metido o no con… Pero no es el problema. El problema no es si yo me he metido con Pérez San Paul, si yo me he metido con uno, sino si puedes meterte, es decir, si todas las personalidades de un estado pueden estar sometidas a crítica.
Voy a poner otro caso, en la parte mínima que me corresponde. Yo hablo mucho menos y mucho menos críticamente de Juan Carlos I desde hace unos años que hace 10 o 15 o 20 años, cuando nadie, por poner claro, o casi nadie hablaba mal de Juan Carlos I, porque una vez que lo hace todo el mundo, pues quizá ya no es tan necesario y ya no me parece tan interesante sumarme a lo que es la corriente dominante, y siempre intentaré alejarme por definición de lo que es el cauce, de lo que es el curso de las aguas. Pero lo importante es que se pueda o no se pueda.
Igual que hay una crítica elemental aquí mismo, ¿no? Que es decir: "Señor Vallés, ¿y del Corte Inglés qué piensa usted? Porque yo no he visto nunca que usted diga nada del Corte Inglés". Y ahí mi defensa será muy simple: pero tampoco habrá visto usted que yo elogie el Corte Inglés.
Por cierto, del Corte Inglés…
Mi límite es: de lo que no puedes hablar mal, tampoco hables bien. Y a partir de ahí entramos en el mercado, y ustedes como lectores —y eso sí, ahí sí que es un poco el duelo, ¿no?—, ustedes como lectores, y además está claro que como lectores acreditados, porque por algo estamos aquí, porque yo estoy aquí más como lector que como periodista, pues exijan a sus periodistas. Y pueden hacerlo ahora, que la crítica pues a lo mejor alcance a puestos, a situaciones o a instituciones que no tienen la crítica que deberían tener, ¿no?
El Corte Inglés no es un gran anunciante en prensa, era un gran anunciante en televisión, y siempre se dijo… Pero sí es verdad el poder y la capacidad que tenía el Corte Inglés de parar. Un compañero mío de El País, Javier Cuartas, corresponsal en Oviedo, hizo una biografía del Corte Inglés y se publicó, y es un tocho así grande. Nunca se distribuyó porque se la compraron íntegramente. La empresa no pudo parar que se publicara y se compraban directamente los ejemplares, ¿no?
Hablando del poder y los periodistas, es decir, estar cercano al poder o convivir con el poder, o no convivir, a horas o a momentos o a copas o diálogos, es necesario para saber las opiniones, ¿no? Por vanidad. Pero, por ejemplo, un periodista que has citado y que yo admiro también, y tú me diste un libro suyo, que es Con el tiempo, de Jean Daniel, que vivió 100 años. Daniel cohabitó con Mitterrand y era crítico con Mitterrand y le mantenía la consideración y el respeto. Y volviendo a la relación, no sabía yo la relación sentimental o sexual de Kennedy con la cuñada de Ben Bradlee, pero Ben Bradlee dice: "Yo nunca supe que Kennedy tuvo esta vida sentimental tan enorme". Sabía que era jorobado, porque se veía un poco de lejos, y que había hecho un pacto de no publicar, como dije antes, nada de su mandato durante 5 años después de su muerte. No, Jean Daniel no perdió en ningún momento… Era el director de unos… Nació en Argel, judío de origen sefardí, que fue un crack toda la vida. Vino a Formentor, por cierto, a las Conversaciones, y escribe fantásticamente bien, y explica. Hay un libro que se llama Los míos, es decir, no tiene ninguna duda en casarse con los personajes que ha mirado. Tenía crédito y responsabilidad. Sí sabíamos que era un progre, se veía en sus artículos que no era un reaccionario.
Bueno, yo con Jean Daniel tuve la oportunidad de hablar en… Es importante por todas las fragilidades que tiene. Es mi Dios, no va a cambiar nada de todo esto, pero cuando hablé con él, que tenía 92 años, lo primero que me dijo, porque estábamos en España y porque yo era español: "Fíjese, Zapatero no me ha llamado nunca". O sea, él estaba afectado personalmente en su ego, en su vanidad. Jean Daniel no necesita a Zapatero, pero está claro que a aquel Jean Daniel todos los líderes socialistas le habían llamado. Entonces yo le pregunté ya directamente: "Señor, su relación con Mitterrand, que era íntima, que era la misma relación que estamos diciendo ahora con Kennedy y tal, su relación con Mitterrand, ¿le hizo en su momento callar cosas de Mitterrand que usted tenía que haber escrito?". Y me confesó que sí. Dijo: "Pues sí, pues hubo un momento ya rabioso, pues sí, pues me callé cosas". Todo esto es este peligro de las relaciones.
Estuvo también en Mallorca, con esta versatilidad que nos daba cuando teníamos extranjeros, digamos, de lustre, Jim Hoagland, que era en el Washington Post el editor, el papel que jugó Andrés Ferret tantos años en Diario de Mallorca con tanta brillantez, y es la persona, la brújula del Washington Post, sin necesidad de ocupar un cargo directivo y tal. Y también me acuerdo, hablando con él, me lo explicó muy claro: "Es muy sencillo, cuando gobiernan los demócratas nos escoramos un poco hacia los republicanos y cuando gobiernan los republicanos nos escoramos un poco hacia los demócratas". Es tan sencillo como esto. El problema es que esta brújula que oscila señalando siempre al norte de la crítica se ha atascado. Se ha atascado, y hoy, por lo que parece, y parece así en todos los medios y de prácticamente todos los países, buscamos
las verdades que ya conocemos de antemano, es decir, buscamos el refuerzo en lo que son muchas veces nuestros prejuicios antes que la apertura a nuevas ideas o a nuevos mundos que antes practicábamos. En general hace referencia a personajes que han brillado, que han sido inteligentes en su gestión, en su escritura y en su peso en la sociedad.
Un analista posiblemente navega entre el instinto y la inteligencia. Pregunto: un analista, que eres tú, ¿no? La inteligencia se usa para definir, ¿no?
Sí, es fundamental, ¿no? Es ver lo que les digo, ese momento en que a Caldera le cambia la corbata de sitio. Hay una cuestión de formación mía, de formación científica. Si hay algún químico en la sala podrá confirmármelo. Hay algo que sí te da la carrera de Químicas, que no te dan las otras carreras científicas, y tampoco... Química en ciencias es un poco como Derecho en lo que llamamos letras, ¿no? Es una cosa como híbrida, como intermedia, que coge de distintos sitios. Es que un químico nunca puede engañarse a sí mismo.
Yo lo veo con los... hay químicos en el poder porque aquí hay facultad de Químicas. Celeste, en el Ayuntamiento, hoy hablando del registro de la cárcel; Bosque, conseller de Cultura, y tal, y sufren mucho. ¿Por qué sufren mucho? Porque tienen que mentir. Y para un químico es muy difícil mentir. Es decir, tú puedes engañar a los demás, por supuesto, esto podemos hacerlo cualquiera. Realmente son los más tontos los que son capaces de engañar a los demás, pero nunca te podrás engañar a ti mismo. Los mecanismos lógicos que yo... es decir, ¿y por qué? Pues no sé exactamente por qué esta carrera en concreto, que no pasa, por ejemplo, a mi juicio, en Biología, no pasa en las vecinas Biología, Física, pero esta carrera te dota de una detección del sentido común, que es lo que para el periodismo muchas veces se llama el bullshit detector. Y con permiso, por supuesto, el primer taco, porque luego viene otro, que es el detector de gilipolleces.
Y eso te hace que tú lo veas. Puedes mantener la posición, la posición equivocada. Lo que no puedes decir es: "Ay, fíjate, no me había dado cuenta. Ahora me sacas una cosa que yo no me había dado". Sí, sí, sí te habías dado cuenta.
Y como digo, la postura del periodista del base, del perro guardián, perro guardián que ha de ladrar y ha de morder, porque si no, no se sabe exactamente qué tipo de perro guardián es, la daban muy bien, y me la ha dado a mí en todas mis entrevistas con el poder, los manuales de la prensa anglosajona, que decían que cuando tú haces una entrevista, normalmente con un poderoso, porque es la línea, vamos a decir, más habitual, a cada pregunta que haces tienes que plantearte, pero así directamente: ¿por qué me está mintiendo este hijo de...? Así cada vez. Me puede decir la hora: ¿por qué este hijo de... me está mintiendo? Me puede decir cuándo va a ... ¿por qué este hijo de...? Y así. Esa es la postura, digo, de los manuales, y cuando la abandonas, y yo la he abandonado muchas veces, la entrevista decae, es basura y no tiene sentido. ¿Por qué? Porque el poder engaña absolutamente siempre.
Con Andreu podíamos compartir decenas de amigos que hemos tenido que se han hecho poderosos, ¿no? Con un carguito, como se dice ahora, ¿no? Con una dirección general, con una consellería, con lo que fuera, y de repente cambian totalmente.
Pero hay una cosa que yo quería introducir porque si no igual no la entendemos. Es decir, aquí somos dos periodistas mallorquines que sumamos muchos años, muchas décadas. Primero quiero decir una cosa empresarial, y no solo en periodismo, pero también en periodismo. Cuando Antonio Alem revoluciona el periodismo mallorquín tiene 29 años; cuando lo hace Pedro Serra también; cuando lo hace Pizar, cuando lo hacen todos estos. ¿Dónde está hoy la gente de 21 y 39 años? No en el periodismo, y en nuestra única actividad, que es vivir del cuerpo de la isla, que es el turismo, ¿no?
El hijo del hotelero es el mejor gestor que tiene el hotelero. Y luego el hijo y la hija, y la hija que no gestionaba y el hijo que no, ahora es el mejor gestor. ¿Qué tal? Dice: "¿Y no hay nadie de 29, de 30, de 40 años?". Y ahora me dirán... Sí, yo les puedo decir dos. Uno es alemán, el Fergus de los caballos, y otro es marroquí-francés, duelo en OK Corral, y los mallorquines todos tienen que ser el hijo de tal. No hay ningún emprendedor.
Bueno, vamos a romper una lanza a favor de la empresa familiar. La Vanguardia lleva tres generaciones de condes, o cuatro.
Cuatro, por supuestísimo, que por cierto, vamos a ver si es la última, no la expresión. Pero la cosa es: ¿siempre ha de ser así? Es decir, en la generación que todos estamos de acuerdo, la generación de ahora, de 29, 30, 40, está mucho mejor formada que la nuestra. Nos aplastan en currículum, nos aplastan en experiencia internacional, nos aplastan en idiomas. ¿Dónde están? ¿Dónde están en la empresa? ¿Dónde están en la política? Realmente la relación de presidentes del Govern que hemos tenido en Baleares, y los últimos, y cojan si quieren después a continuación los consellers, ¿eso es lo mejor que tiene que dar la sociedad mallorquina?
Y aquí hay una cosa que yo por supuesto no me iré sin decirla, y perdona que me extienda, que es esto. Estamos hablando con 80, 90 años de periodismo a las espaldas.
Bueno, sumando, ¿no?
¿Qué horror? Sumada, sí.
No es mi caso.
Y la cosa es, muy bien, y ahora la primera pregunta que si yo fuera usted diría: "Oiga, ¿y qué han hecho ustedes de Mallorca?". Y bueno, pues ha sido un desastre, ha sido un fracaso íntegro, y si quieren empezamos. Son Espases, que no se iba a hacer, como saben ustedes; Son Espases no se tenía que hacer, en Son Espases. Palacio de Congresos: no se tenía que hacer el Palacio de Congresos. O, vamos a decir, sobresaturación turística, no tenía que ocurrir, porque estamos en el medio ambiente balear. Es decir, ¿qué tienen ustedes que venir...? Yo, por supuesto, lo mismo: ¿qué tiene usted, que viene aquí, se presenta ahora en público delante de todos nosotros, qué tiene que ofrecernos como el fruto de nuestro trabajo?
Y ahí está un poco la decepción, ¿no? Ante la sensación de lo que ha sido un gran fracaso. Es decir, un gran fracaso, sí, sí, cargado de razones, porque jamás Son Espases tendría que haberse hecho ahí al lado del Secar de la Real. Jamás. Y además lo dice una sentencia del Supremo de lo contencioso, que les tuvo que recordar a los jueces de Mallorca que si hay leyes de protección del patrimonio es para proteger el patrimonio. Si no, no habría leyes; si hay una ley es para proteger. Pero Son Espases está hecho allí, el Palacio de Congresos está hecho allí.
Y un último dato que quería juntarles. En todos estos años jamás nadie, mallorquín, español, extranjero, me ha presentado un proyecto, una idea, una iniciativa que no incluya la construcción de algo. O sea: yo hago mindfulness, hago mindfulness y tal. Mindfulness es el cuerpo, los pantalones leardos y calladitos, o sea, un gasto, un consumo medioambiental prácticamente nulo. Sí, pero luego al lado, entre los almendros, hago una residencia para lo del mindfulness, vamos a poner 15 habitaciones y tal.
El último paso, que no lo hemos criticado como deberíamos, pero tampoco pasaría nada, es que ahora ya en las instalaciones agrarias vamos a tener turistas, turistas con las gallinas y con los cerdos y con las vacas, porque claro, hay que meter 13 y 14 habitaciones en una explotación agraria. Ese es el sentido.
El alquiler turístico tiene dos cosas. En el concepto estricto, por cierto, para que no nos pase como con Bradley, yo tengo familia que hace alquiler turístico, porque esto siempre... tiene allí un primo que lo hace, ¿no? Pues por supuesto. Bueno, lo tenemos todos. El alquiler turístico es el famoso cerdo que teníamos todas las familias mallorquinas. Ahora es un alemán. Teníamos un cerdo en casa del que comías todo el año. Tienes un alemán que ni te importa si es alemán, como te importaba el cerdo. Lo importante es que paga los 100, 200 € diarios y ya está.
Y un segundo factor que creo que todavía, si alguien lo ha hecho... nadie ha hecho la relación con el alquiler turístico, que es la disociación, la pérdida de identidad, no solo por invasión del territorio, sino por pérdida de tu propia casa. Si no te identificas con tu domicilio en propiedad, gente que lo tiene en propiedad, ese vínculo con el domicilio, ese vínculo con la casa es un vínculo con el territorio y es el vínculo más fuerte que tienes. En cuanto te desprendes, con la falacia de la economía colaborativa, ¿no? Es que yo soy el anfitrión y tengo un huésped, y mi huésped y tal, en el fondo te estás distanciando de tu casa. Tu casa no será lo mismo. Tu casa no es lo mismo cuando ha habido un mes con estos, como decía la gran Margarita Nájera, no les llamemos centroeuropeos; cuando has tenido estos centroeuropeos en tu casa, la casa no es la misma, no te pertenece igual. Pensemos en que fuera una relación de cuerpos, que fuera una relación con un familiar, con una pareja, con algo. O sea, este compartir, en realidad, lo que estás haciendo es perder.
Y así se llega al extremo totalmente increíble de Mallorca ahora, de la disociación absoluta de la sociedad con su realidad. Es decir, no tenemos ni la propiedad, y alguien tiene que levantar la mano y decir: "Perdone, pero ¿de quién es Mallorca?". Y el que ha pagado... o sea, no es que usted ha pagado 30 años de impuestos, pero ahora, pues mire, no ha sido usted inteligente, no se ha comprado una casa, ha vivido de alquiler, pues váyase, váyase a Alicante, váyase a Asturias, donde empiezan a estar hartos de nosotros, por cierto; váyase a Asturias, váyase a Cantabria. Dice: "Pero ¿y todo lo que yo he abonado era para el sueco, el alemán?". Porque la publicidad del sueco, el alemán, es: Son Espases, hospital de primera línea; el aeropuerto de Son Sant Joan, uno de los mejores de Europa, te comunica a 15 minutos de la playa, ¿no? Y eso, ¿quién lo ha pagado? ¿El que ha comprado o los anteriores, para que este llegue?
La publicidad masiva de los hoteleros. No sale el hotel, no sale la calle del hotel de ahí de Can Picafort, del Puerto de Alcúdia, aquellas edificaciones de Magaluf, Playa de Palma. No, sale la Punta de n'Amer, sale Es Trenc...
Déjame, déjame introducir una cuña, que es un éxito de la sociedad y también del periodismo, que es que la Punta no está construida, Es Trenc no está construido, Croer no está construido, la Serra de Tramontana no está del todo...
Por ahora.
Por ahora, porque ha habido medios de comunicación que han canalizado la presión de la sociedad y de los ecologistas concretamente, y después por articulistas, opinadores, Ferret, Sebastià, Xavier Pastor, tanta gente que ha batallado también para que se protegiera. Yo creo que hay ámbitos, s'Albufera, que no están del todo machacados, destrozados.
No hablamos de periodo, hablamos, digamos, de un retrato, digamos, duro. Efectivamente, Mallorca es otra Mallorca. Los periodistas tenemos muy poca capacidad de influir, tenemos capacidad de explicar, y los datos a veces no son el relato finalmente, ¿no?
Matías, ¿cómo te organizas para poder tener cuatro ventanas distintas casi cada día? Por la mañana, dos artículos al día, la tertulia de la radio, el debate del cara a cara con el inefable Alarcón...
Sí.
Los martes, los miércoles. ¿Cómo te organizas?
He hablado antes de Gore Vidal, que para mí, y para muchos de nosotros también, por supuesto, es escritor, pero para mí antes que nada es periodista. Y Gore Vidal, su filosofía era muy clara, decía: comer hacia fuera para no comer hacia dentro. Entonces yo odio el mindfulness, lo pasaría muy mal con el mindfulness, ¿no? Enfrentado a mí mismo. Y entonces un poco lo que haces es devorar hacia fuera para no tener que consumirte también. Es decir, es eso.
Y luego hay una situación: mi caso es, vamos, soy un vago frente a otro gran periodista que es Fernando Ónega, con el que yo coincidí en Las mañanas de Cuatro. Claro, alguien diría que es un cínico; es una persona inteligentísima, que no tiene nada que ver, especialmente con nuestros periodistas, que todos acuñaríamos a la derecha, a la derecha hoy estratificada, derecha del Partido Popular, derecha conservadora, gallega y tal, pero vamos, con una sorna, una tal fuera de tal, que no creía en absolutamente nada de lo que publicaba. Entonces, Fernando Ónega tenía este horario que tú dices, mucho peor que el mío y que el tuyo, que ha sido también un trabajo estajanovista. A las 6:30 me llama la Televisión Gallega para hacer un balance, luego a las 7 la COPE, revista de prensa, a las 8 el artículo de La Vanguardia, a las 9 Las mañanas de Cuatro, y así todo esto. Entonces le decíamos: "Fernando, pero ¿no te da miedo repetirte?". "No, no, el miedo es contradecirme". Que a lo largo del día haya dicho que Sánchez, qué bien Sánchez ahí en el Congreso, y haya dicho que Sánchez por el... Una disciplina para no ser redundante y procurar no contradecirse.
Eso era, digamos, el punto claro: ser coherente y ser libre, y en consecuencia valiente; no ser apocalíptico e integrado, como diría Umberto Eco, al mismo tiempo, y retratar, digamos, el instinto en la inteligencia. Mira, no tienes redes sociales. Esa es la última pregunta.
No me iré sin hacer un homenaje a Miguel Soler, que entrevistó a Charles Chaplin y le dijo: "¿Puedo hacerle dos preguntas?". Y le dijo: "Sí. La segunda, ¿cuál es?". Y eso me parece que... creo que lo hizo otras veces, ¿no? Pero vamos, hizo otra gran entrevista a Sean Connery en Palma. Esto lo contaba él, ¿eh? Y tenía mérito, y bueno, quién no quisiera haber entrevistado a Sean Connery. "Señor Sean Connery", como inglés, y bueno, Sean Connery, que era un escocés militante, casi, vamos, estuvo a punto de agredirle físicamente. Pero sí, es un poco a la voz.
Hay, o sea, yo tengo clarísimo eso que se puso tan de moda, el síndrome del impostor, pues lo tienes cada día, evidentemente. O sea, que si la semana pasada, dejémonos de la tragedia, hay un accidente de trenes, usted va a venir al día siguiente y me va a decir: "No, cuando se funde el raíl del 88 con el acero del 26% que ha vendido ArcelorMittal". Por cierto, Mittal, gran amigo del rey, veraneante en Mallorca; el rey iba al aeropuerto a recibir a Mittal. Fijaos lo que supone que un rey iba a recibirlo al aeropuerto y se lo llevaba luego al hotel Mardavall. Ahí, en Calvià, siempre ustedes encontrarán esta conexión. Bueno, pues al día siguiente del accidente yo le voy a decir cuál es el ángulo correcto de la catenaria para que no se... Realmente, si no te entra el síndrome del impostor...
Y luego hay una cosa respecto a lo que sí ha sido un poco... que me lo enseñó, como casi todo, Andrés Ferret. Cuando Andrés Ferret muere en 1996, ¿no?, con 56 años, yo pensé: bueno, no puedo seguir escribiendo, porque era lo que los ingleses dicen nuestro sounding board. Nosotros le comentábamos una cosa, él nunca nos desmentía, nunca nos obligó a nada, era el perfecto liberal, pero tú veías, incluso por la mirada o cómo levantaba la barbilla: uy, no, en esto no, no vamos bien.
Entonces, lo que decía Ferret, que sigue siendo cierto, es lo siguiente. Los periodistas sabemos el 10% de lo que pasa, el 10%, es decir, no presumamos, es muy poco, y publicamos el 10% de lo que sabemos. O sea, que en realidad estamos publicando, incluso ahora con toda la fiebre de las redes, el 1% de lo que pasa. O sea, fíjense, todo esto que se llama materia oscura, energía oscura en el universo, pues lo mismo que ocurre en el universo: la mayor parte de la información sigue estando oculta. Muy bien. Entonces, yo tomé esta ecuación de Ferret y dije: o sea, que los periodistas publicamos el
10% de lo que sabemos. Vale, pues yo voy a publicar el 13% de lo que sea. Publicando el 13% de lo que yo sé, yo arriesgo un 3%, paso de un 10 a un 13%. No es un riesgo que me juegue una apuñalada, no paso del 10 al 13%. Pero el lector, el receptor de la información, por el canal que sea, el espectador, el oyente, pasa de recibir un 10 a un 13, es decir, que gana un 30%. Es decir, con una inversión mínima en el riesgo o en la procacidad o en la locura o en el desvarío expresivo, pues consigues un impacto mucho mayor. Y ese ha sido un poco todo tal.
Pero siempre fíjense el nivel, yo no hablo de «y vamos a llegar al 30%», no, vamos a llegar al 3%. Es decir, si teníamos motivos para estar preocupados antes del periodismo, por decir así, después del periodismo los motivos todavía son...
Y después del periodismo serán las redes, en las que tú estás ausente, digamos, como activista, me imagino que no como espectador.
Es que yo creo, o sea, fíjense cómo lo aconteció todo. Creo totalmente en la jerarquía. Es decir, yo quiero un director, un Andrés Ferrer, que me diga: «Es que esto de hoy, no sé, ya has escrito de esto, tal cual. Estás amortizado». Esto nuestro amigo Miquel Barceló me lo decía: «Estás amortizado, ya sabes lo que vas a escribir». O sea, proyecto de 10 pisos en tal, artículo de Matías Vallés en Diario de Mallorca, la sociedad enloquecida, no sé cuánto y tal.
Lo grave es cuando te lo dice Vicente Grande. Vicente Grande, a quien todos ustedes recordarán porque fue uno de los grandes prohombres y constructores de esta isla antes de que se hundiera. Y entonces hoy no lo conocemos, muy mallorquín, ¿no? ¿Quién es Vicente Grande? No he oído hablar nunca de él. Vicente Grande me llamaba al periódico: «Matías, he presentado un proyecto, todavía no has hecho un artículo en contra, ¿cuándo te vas a poner en contra?». Es decir, existe esta situación un poco de lo previsible.
Entonces, yo te digo, yo creo muy bien lo de las redes, muy bien. Ahora hay un fenómeno que se llama Substack, en castellano, un amuniano o Substack, que es donde están los mejores periodistas del mundo. Yo no estoy, por tanto, puedo decir que están los mejores periodistas del mundo, también muchos muy buenos de España, que se han, por decirlo así, independizado, deslocalizado, jubilado. Hersh, el más grande, 88 años; no se pierdan el documental de Hersh que ha hecho Laura Poitras para ver lo que es verdaderamente periodismo de investigación. Todos estos están en Substack, publican allí, si se hace rentable, pues reciben el tal. Es un sistema, vamos a decir, sin estas jerarquías. Pero yo creo en las jerarquías, creo en el editor, en el editor que esté lo suficientemente loco, y por eso me duele que no haya jóvenes que estén suficientemente locos para iniciar un medio de comunicación. Por supuesto, también en el director que se pasa 12 y 14 horas diarias en la redacción sin salir, como lo contaba el otro día Pedro J, que es otro de los que...
No has citado todavía.
No está en turista, pero sabías que lo iba a citar.
No, no, pero sigue activo. Total discrepancia, respeto.
Pasea un día por la... Tienes la escena extraordinaria con una... Tú has creado una gran frase de Pedro J. Sí, Pedro J le dice a Agatha Ruiz de la Prada, que en ese momento es su esposa: «Es que Agatha tiene la mala costumbre de creerse todo lo que publican los periódicos». Esto lo dice Pedro J como diciendo: ¿quién sería tan loco? Bueno, es igual. Pedro J sale un día a la calle con su pareja y está en un semáforo y ve que el semáforo pita. Dice: «Oye, este semáforo ha pitado». Dice: «Pedro, hace 30 años que pitan». Dice: «Es que yo no había salido en 30 años». Esto te da más la esencia de lo que es un director de periódico, no un redactor, sería un mal redactor, pero un director de periódico, que todo lo que hemos dicho... Y yo creo todavía, respondiendo a la pregunta de redes sociales, creo todavía en esta estructura.
Muy bien. Ahora ya es el turno de las preguntas. Está Aino con el micro. Quien quiera preguntar, Matías está dispuesto a responder a vuestras interpelaciones.
Hola. Sí, ¿se me escucha? Encantado, ha sido una charla muy interesante. Y, Matías, lo que ha dicho al principio y también después de que los periodistas están monotemáticos hacia una ideología, ¿tiene alguna idea de por qué está pasando? A mí se me ocurren las redes sociales, precisamente porque todos podemos criticar. Entonces esa idea de la cancelación es más potente, porque el periodista siente la presión no ya del que escribe cartas al director, sino de muchísima gente. ¿Tiene usted alguna idea de por qué puede estar pasando eso? Creo que sí que tiene razón. ¿Qué está pasando? Gracias.
Intentípica, que también está en la redacción. Por cierto, es una frase que empleó en su defensa Donald Trump. Cuando Donald Trump dice aquella frase que le cogen grabado en televisión, pero no estaba en el programa. Es decir, está bien, lo dijo, es correcto y es lícito periodísticamente, pero también hay que reconocer que no lo dijo en pantalla, lo dijo hablando, ¿vale? Y dice: «Si eres famoso puedes agarrar a las mujeres por los genitales y no te dicen nada porque tal». Esto lo dijo y está la grabación de lo que dijo. Y cuando dijo esto, yo me acuerdo que yo mismo, esto era en vísperas de las elecciones del 16, dije: «Bueno, se acabó, se acabó Donald Trump», iba a perder las elecciones. No las perdió, y vi que no las iba a perder porque luego, viendo una crónica en el New York Times, a una votante, una mujer blanca: «Oiga, ¿usted va a votar a un señor que dice esto, que él puede hacer esto con los cuerpos de las mujeres?». «Esto le hace más humano». Es la célebre frase aquella de Donald Trump, que la dijo en un mitin: «Yo puedo disparar a un tío en la Quinta Avenida y no pierdo ni un voto». Donde la gente... No, yo también cometí el error mucho tiempo de pensar: ah, y no pierde un voto. No, lo que está diciendo es que yo puedo disparar a un tío en la Quinta Avenida, como se está viendo ahora en Minneapolis. O sea, él no está diciendo que no pierde ningún voto; esto es secundario. Aquí lo grave es que él puede disparar el poeta. Esto, cuando a él lo juzgan, dice: «Usted dijo la frase de que puedo... a las mujeres, usted dijo tal». Él dice: «Gallows humor». El humor del patíbulo.
Lo que no podemos pretender es que el... Entonces el verdugo no se ríe nunca, porque el verdugo, claro, con este trabajo, con este tal, pues hay un gallows humor, y hay un gallows humor en la redacción. En la redacción se oye: dos muertos, pues si son dos muertos va a tres columnas, y si son tres muertos va a cuatro columnas, y a partir del muerto tal pues abrimos la portada.
Claro, lo que hacen las redes sociales, lo que tú me pides, es el gallows humor a lo grande y en público. Yo no lo juzgo, me parece bien. Lo que me parece mal es condenar, cancelar, como es la frase esta típica, cancelar cuando se está ejerciendo. Esto es lo primero que nos viene a la cabeza. Y no siempre lo primero que nos viene a la cabeza es «pobre gente» y tal. Esa es la versión, vamos a decir, oficial, la que hacemos precisamente para estar en contacto con nosotros. Lo que han hecho las redes sociales es sacar esto otro. Y en la polarización, una cosa sobre este asunto, el de que cada vez más... y lo padezco, vamos, yo soy periodísticamente una víctima de esto, precisamente si intentas ser lo que llaman en inglés, en americano, un maverick, es decir, uno que no está cuñado, que no tiene tal, que «este por dónde va, este qué ideología tiene». Claro, con este sistema estás muerto, porque no puedes estar ni en un sitio ni en el otro. Pero yo no creo en este sistema de que todos los articulistas del periódico de centro izquierda han de ser de centro izquierda y dirán siempre que, bueno, a lo mejor el PSOE gana en Aragón porque no está cerrado, porque tal cual, y aunque haya perdido, y cuando pierde en Aragón como pierde en Extremadura, digan: «Bueno, pero Castilla y León es otra cosa, porque allí hay otro tipo de pastos y de cultivos y de forraje, y entonces el voto tal». Bueno, y a la derecha igual: muera Sánchez, muera Sánchez, hoy no, hoy no ha muerto Sánchez, tal cual.
Por cierto, una revista americana, que es como debería ser, lo que tú me decías: cuando Trump todavía no era el Trump presidente, pero era muy famoso, seguimos a Trump desde los años 90, Trump insultaba a esta revista, que se llamaba Spy. Y entonces esta revista lo que hizo fue irse a una lista de actuarios de seguros. Es decir, Trump tenía 50 años. ¿Cuántos años de esperanza de vida tiene una persona de 50 años? 35 años. Entonces cada día ponían: «Le quedan 34 años de vida. Le quedan 33 años y 6 meses de vida, le quedan...». O sea, te digo, y tú dirás: bueno, esto no es serio. Esto es periodismo. Para mí es periodismo siempre que lo hagas con un poderoso, con un poderoso que tal, y siempre que exista la posibilidad de contradicción. Esto es lo que hoy se ha yugulado, y todos sabemos qué articulistas no podían escribir, por hablar de los grandes periódicos, en El País y qué articulistas no podían escribir en El Mundo.
Por cierto, ahora se anuncian los fichajes de articulistas como una especie de fichaje futbolístico, ¿no? Antes había un articulista, es decir, en El País estaban las crónicas de Umbral, no había más opinión. Después entraron ya Haro Tecglen, las columnas de atrás. ¿Te has fijado que ahora hay una especie de... se disputan los columnistas?
Umbral, que no los umbralianos. Sé que muchos tienen una prevención contra Umbral, muchas veces por la figura del personaje, porque es una figura totalmente hecha para evadirse, para tal. Pero Umbral es uno de los grandes analistas políticos y sociales de la España reciente. Es decir, los umbralianos, todos los que han copiado a Umbral, y todos hemos sido imitadores de Umbral en algún momento, desgraciadamente, nunca han entendido que Umbral no era pues eso, la pirotecnia verbal y la daga clavada en el corazón y el rebote tano. La magia de Umbral es que acertaba plenamente en la definición de los personajes y de lo que fue la sociedad de la Transición, y por eso era indispensable, como lo era Vázquez Montalbán y lo era Haro Tecglen. Y siempre recuerden esto: en general no eran cómodos para el sitio donde escribían. Y entonces aquí viene la gran contradicción, que es un poco lo que está guiando. Yo veo este encuentro, que es: pero vamos a ver, usted dice que usted quiere un director y que quiere un editor y que quiere tal, pero luego sabe que no va, que en fin, que va, que buen presidente hotelero, tal, el catedrático, vamos a tal. Pues en esa contradicción es donde reside el periodismo.
Es más fácil para... bueno, aparecen muchos medios digitales, básicamente, y se nutren de articulistas de opinión, porque es más fácil opinar que hacer información.
Sí, sí, sin duda. Esto pasa, esto es como los programas de televisión: cuatro personas, nos reunimos, cuatro focos, cuatro pantallas, que digan las barbaridades que sea; por muy bien que se les pague, el coste de producción es muchísimo más barato que hacer un reportaje, que hacer un documental de qué pasó en Sones y por qué Sones se hizo, o por qué este escándalo pasa, o hacer qué pasa hoy mismo en la prisión de Palma, o sea, qué está pasando con todo el régimen de chabolismo y tal. Esto es todo mucho más costoso informativamente, y es mucho más sencillo sacar a gente. Lo difícil es encontrar a un Umbral. Lo difícil para mí es encontrar, y por eso me sabe muy mal haberlo perdido, a un Héctor de Miguel, ¿no? Es muy difícil encontrar una persona que... es decir, la clave del periodismo es sintonizar, es decir, establecer con ustedes, que estamos aquí cualquiera, y por supuesto esta vacancia de cualquiera de ustedes respecto a lo demás, pero crear esta chispa donde se haga imprescindible, muchas veces en contra.
Quizá la revista mejor escrita que ha habido nunca, la revista más culta que ha existido nunca, se llama Sports Illustrated, o sea, deportes ilustrados, que es una revista de deportes, de una calidad técnica extraordinaria. Tenía un director que era canadiense, era de la escudería de Time, y cuando contrataba un redactor le decía: «Mira, nunca voy a recibir suficientes cartas en tu contra. Nunca voy a recibir suficientes cartas en tu contra. Si no las recibo, es que tú eres un pésimo redactor». Y hoy todos: «Oh, han contestado, han replicado, han tal». Pero es que se trata de esto, se trata de entrar en contraste, se trataba de entrar en contraste y de entrar en contradicción. Es decir, el periodismo, que no debería, porque es un perro guardián y no debería tener este sentido del miedo, el periodismo ha cogido miedo y se ha hecho, pues, yendo otra vez a la pregunta, ha dicho: «Bueno, pues mira, si yo estoy en este sitio, yo por lo que veo tengo que decir pues que qué bien, esto es tal, que por aquí estas instituciones», y me voy guiando. Claro, de esa forma no saltará la chispa del contagio, del contacto con la gente.
A su manera, todos tenemos esclavitudes y ellos también, pero muchos nombres que hemos citado, Umbral, Horacio Sa Guerrero, Gaciel, en un momento dado han sido independientes y han traicionado a su clase. Es decir, el buen periodista, por ejemplo, muchos de estos incluso tenían una vertiente burguesa o de alta burguesía aristocrática, Orwell, Orwell como el patrono de los grandes periodistas del siglo XX, traicionan a su clase, se enfrentan a su clase con conceptos etéreos, como decía por ejemplo el propio Orwell, la common decency, la decencia común. No es de corrupción, no es de «si usted dice», no es de «si no, pues es más corrupto»; es la decencia, de la decencia común, ¿no? Y eso es un poco lo que para mí, bueno, es el caso. Es decir, en Mallorca no tendrías... En nuestra Mallorca, totalmente, es una planta industrial toda la isla, a pleno funcionamiento, y vamos hacia 365 días al año. Pues claro, como uno dice: «Sí, pero de verdad, ¿se atreve usted a plantear esto?». Bueno, en el cuarto minuto de mindfulness, pues repetiré esto dos veces a ver si se agiliza mi respiración, ¿me entiendes? Pero siempre el periodista ha de ser traidor, para empezar a los suyos, y si no, no será un buen periodista. Como esta expresión, yo reconozco, hoy es inaceptable, por favor, pues no podemos seguir. Y ahí está uno de los problemas graves que tiene ahora mismo el periodismo.
Has sido o eres, bueno, has dicho maverick, diríamos un outsider, ¿no? Un perro libre, sin collar, sin color, sin raza, es decir, que trabajas desde tu libertad y sin tener, digamos, el compromiso de tener una opinión secundaria o vencida a un poder. Pregunto.
No, yo soy un burgués mallorquín conservador. Es verdad que puedo emplear como chiste: soy, quiero ser el último votante del PP, ¿no? Cuando el PP iba mal, yo decía: «Yo seré el último votante del PP». Y esto lo dices, evidentemente, porque enfureces más a los votantes del PP. También es verdad. Quiero decir, porque yo tengo que dar pruebas un poco de lo que les digo, ¿no? Yo recuerdo sobre todo cuando acaban los 4 años de Bauzá, bastante ominosos, del 2011 al 2015, la presidencia de Bauzá, lo que nos dimos, no es tanto, y yo eso nunca diría: bueno, la labor, el periodismo libre. No, el periodismo libre no ha servido para nada. Este hombre se hundió, no necesitaba apoyo del periodismo libre para hundirse y para pasar de ser el presidente más votado de la historia de Baleares, que lo sigue siendo, el presidente más votado de la historia de Baleares es José Ramón Bauzá, a ser el menos votado de la historia de Baleares. O sea, hasta cuando no lo conocían era el más votado, cuando lo conocían fue el más votado, pero no era
El presidente libre, sino darte cuenta que mucha gente de lo que habíamos de Bauzado, de la estructura o lo que quieran llamar o del partido tal, pues que te estaba leyendo, ¿no? Que te estabas, ¿no? Mucha gente, gente, nunca es mucha gente, te estaba leyendo, te estaba siguiendo y esa es la cosa un poco, lo que dices tú que considero, pero vamos, yo esencialmente soy un burgués, conservador, nada aventurero, que ha trabajado 100 años en el mismo sitio, desde que esta foto era válida en el mismo sitio, que nunca se ha ido de un sitio. Siempre, siempre me han echado, y me han echado por supuesto de varios sitios, como nos ha pasado a todos.
Es decir, que en eso las secciones que yo escribo tienen, es que prefiero ni decirlo, voy a decir, voy a leer eso, 30 y 35 años muchas veces de antigüedad, o sea, son antiguas, son por tanto viejas. Es decir, este es mi talante.
Yo lo que no entiendo muy bien, y eso aprovechando la familiaridad que se ha instalado entre nosotros, me atrevo a compartirlo, es que claro, yo tendría que estar aquí, estamos Andreu y yo, pero tendría que estar aquí con un periodista de 30 años, ¿no? Y dándole ahí pescozones: pero cómo te atreves, pero cómo publicas esto, pero tú quién eres, pero tú... Y no es así. O sea, sigues ejerciendo un poco el mismo papel. Ojalá tuviéramos 30 años. Exacto. Bueno, exactamente. Pero sigue siendo como desagradable tal. Y dices, entonces, la revolución, ¿cuándo empieza, no, cuándo tiene que pasar? ¿Cuándo yo podré...? Como les digo, soy un burgués conservador.
Esto me acuerdo que lo decía siempre el Alemagín, ¿te acuerdas? En el franquismo siempre. Se iba, por ejemplo, a la Facultad de Derecho durante el franquismo y le decía: "Oiga, que yo no soy comunista ni soy socialista, yo soy un democristiano". Pero claro, contra Franco daba lo mismo un democristiano que un comunista, un socialista, y luego mucha gente se llevaba sorpresa. A mí me acuerdo exactamente lo mismo, pero el problema que yo tengo es que yo no encuentro a nadie a quien llevar, porque no lo hay. Entonces dice: "Bueno, pues iremos ocupando los espacios que no están tan habitados".
Pero sí que haría falta algún tipo de protesta canalizada que, si lo ven, ha dicho Andreu muy bien, yo he mirado mucho al GOB, a los movimientos ecologistas, movimientos de la tierra y tal, ¿qué peso tienen hoy? Honestamente, es que a mí me gustaría que lo tuvieran, pero es que no lo tienen.
O sea, lo único que sí yo me atrevo a decirles como periodista es que yo sé detectar, lo digo por lo que me ha preguntado usted, yo sé detectar una tendencia. O sea, ustedes me dicen: pues yo creo que este tema tal. No, con este tema no vamos porque esto no va a funcionar. Este tema sí va a funcionar ahora. Haz vivienda, haz cocina, gastronomía, porque la gastronomía va a funcionar, mindfulness. Mindfulness es fantástico. Un tío que te diga: "Encuéntrate a ti mismo en el fondo de la sonda de tu ser" y tal. Todo esto, fantástico.
Entonces, la tendencia de decir, frente a una situación que para mí es una situación paroxística, una situación casi de suspensión de las constantes vitales, que no haya ni la mínima reacción consolidada, no extemporánea, no de una persona, no de un joven, no de un artista tal, nuestro amigo Miquel Barceló, es decir, no hay Carmen Riera, María Mar, es decir, ¿dónde...? Barceló tiene 68 años. Me planto: esta es la revolución, esta va a ser la Nueva Mallorca. Ustedes, empezando por mí, ustedes soy yo, nos habéis conducido, nos habéis llevado a un sitio inavegable, un sitio al que nunca se debería haber llegado, y vamos a reaccionar contra esto. El problema es que no existe esta reacción.
Bueno, el problema, por supuesto, en mi opinión, se celebran medio siglo de muchas cosas y un siglo de muchas cosas y no sé si los sustitutos están todavía rodando, pero bueno, no voy a incrementar el pesimismo local.
¿Alguna pregunta más, por favor? Aprovechen, porque no es frecuente que hable en la radio y escriba en la televisión, pero que no.
Nadie más quiere preguntar. Bueno, pues muchas gracias, Matías. Les digo que el próximo invitado a este espacio será Olga Visa, en el mes de marzo, no sé qué día exactamente, un miércoles de marzo. Ya tendrán la comunicación. Muchas gracias, Matías. Gracias.
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