Pilar Cernuda: medio siglo de periodismo político «no desde la barrera, sino en el ruedo»

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Resumen

En la serie Líderes de opinión de la Fundación Juan March en Palma, el periodista Andreu Manresa conversó durante cerca de hora y media con Pilar Cernuda. Ella escribe cada día una crónica política que se publica en una treintena de periódicos de toda España y es autora de más de veinticinco libros. La charla partió de su libro de memorias periodísticas, que Manresa había leído y subrayado. Recorrió la Transición, la vida de los corresponsales en la época del plomo, la relación entre periodistas y poder y el pacto del off the record, y terminó en la inteligencia artificial y la política actual. La idea que atraviesa toda la conversación es de la propia Cernuda: su generación vivió la política «no desde la barrera, sino en el ruedo». Eso, sostiene, les dio una perspectiva que hoy echa de menos.

26 min de lectura
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Una periodista que quería ser arquitecta

Manresa la presentó como gallega nacida en Santiago y viguesa de vocación, con raíces en el Valle del Salnés. Su padre fue un alto funcionario del Ministerio de Información y Turismo y su madre, médica. Le preguntó si seguía desayunando con Coca-Cola, y ella respondió: «Todos los días».

Cernuda contó que nunca pensó en ser periodista. Quería ser arquitecta, y lo pone como ejemplo de que «la vida te va llevando» por encima de los planes. Estudió en la Escuela de Periodismo, antes de que se convirtiera en facultad. La recuerda como un sitio pequeño, casi familiar, con unos 200 alumnos en total, y dice que eso era «lo bueno». Considera que ejerció el oficio en el mejor momento de la historia de España. Haber vivido la Transición, el paso de una dictadura a una democracia «en días», le dio, según ella, una perspectiva sobre la historia, sobre su país y sobre lo que significa la gente que lucha por un ideal.

La etiqueta del ciclo no le gusta: decir «líder de opinión» le parece horrible, e «influencer», contaminante.

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Conocer palacios y oficinas de correos

Para explicar cómo se trabajaba en la «edad del plomo», Cernuda describió el envío de una crónica desde el extranjero. Conoce prácticamente todo el mundo, dice, pero no lo que la gente suele querer ver. Ha tenido que repetir viajes a países apasionantes porque la primera vez no vio nada. Lo que sí conoce «mejor que nadie» son las presidencias de gobierno, los palacios reales y las oficinas de correos. Al llegar al hotel lo primero era preguntar dónde estaba Correos. Viajaba con una maleta y una pesada máquina de escribir, llevaba sus propios folios porque en los hoteles no había, y escribía en la habitación. Luego iba a Correos para que alguien le «picara» la crónica en el teletipo, una cinta perforada que había que enrollar y pasar por otro aparato. Para eso convenía caerle simpática al empleado e invitarle a un café si se podía.

El ejemplo más extremo fue Guinea Ecuatorial, poco después de la muerte de Macías. Tuvo que pagar en efectivo unos 90.000 ekueles, y solo había billetes de un ekuele. Ella y una compañera estuvieron más de una hora contándolos uno a uno con un empleado local, porque no valían los fajos. Lo cuenta como muestra del tiempo que se perdía en cosas tan prosaicas.

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Serrat, Íñigo y la prueba de Yves Montand

Manresa recordó que el primer encargo de Cernuda fue una rueda de prensa de Joaquín Ruiz-Giménez. Ella fue con taquicardia porque quería hacer una pregunta que sus compañeros no hacían. Pero aclaró que su primera entrevista fue a Joan Manuel Serrat, para la revista Mundo Joven. Para conseguir trabajo se presentó sin cita ante Jesús Picatoste, que dirigía la revista, y le dijo a la secretaria que no se movería hasta que la recibiera. Esperó siete horas. Picatoste le encargó la entrevista con Serrat como prueba. Ella atribuye que Serrat aceptara al peso de la revista y no a sí misma. Pasó tres días con él en Madrid, fue a todos sus conciertos y cenó con su grupo de amigos. La entrevista nunca se publicó porque la revista cerró. Después Picatoste la llevó al diario Madrid, que también acabó cerrado por el Gobierno al final del franquismo. Su edificio fue derribado con una voladura que Cernuda recuerda como un espectáculo impresionante y triste.

Trabajó además como guionista en Estudio Abierto, el programa que presentaba José María Íñigo. Manresa lo describió como mítico. Ella dijo que Íñigo era entonces el equivalente a Messi y que fue el primer programa de televisión no informativo que se emitía en directo con entrevistas. En el equipo estaban Manu Leguineche, Picatoste y Julián García Candau. Leguineche se especializaba en personajes curiosos. Cernuda recordó a dos ancianos de unos ochenta años que vivían solos en un pueblo de Guadalajara y no se hablaban. Hubo que llevarlos al plató en dos coches distintos, e Íñigo entrevistó a cada uno por separado. También pasaron por el programa Uri Geller, Rita Hayworth y Adamo.

Su prueba para entrar fue traer a Yves Montand. Era un actor de primera fila y un militante comunista antifranquista que, como Picasso, se negaba a hablar en España mientras viviera Franco. Montand rodaba una película de época con Louis de Funès cerca de Colmenar Viejo, según recuerda ella. La productora llevó a los periodistas en autobús y advirtió que no habría entrevistas, solo fotos. Cernuda se separó del grupo, lo vio salir de un cobertizo con bombachos y corrió tras él. Le explicó que la estaban poniendo a prueba en el mejor programa de televisión. Montand solo quiso saber si era en directo y si no tenía «bucle», el retardo de unos segundos que permite cortar una emisión. Con esa garantía aceptó.

El día acordado, un productor del programa, sobrino de Fernando Rey, le pidió a su tío su Mercedes para no recoger a Montand en un coche de producción destartalado. Al cruzar la Casa de Campo les sorprendió una tormenta casi tropical y el coche acabó en la cuneta. Montand, el productor y ella tuvieron que empujarlo. Llegaron media hora tarde y Montand traía el pantalón lleno de barro. La entrevista, según Cernuda, fue «un exitazo», y gracias a ella consiguió el trabajo. Años después se reencontró con Montand en un acto con un ministro de Cultura. Él no la recordaba a ella, pero sí la peripecia. Cuando ella le contó que uno de aquellos productores, Picatoste, se había convertido en su pareja, Montand se emocionó, improvisó un discurso y repetía que le había cambiado la vida.

19:30

Nueva York: la mafia, el FBI y el Watergate

Cernuda vivió en Nueva York con Picatoste, que dirigía la revista de ABC para América. Allí convivió con un grupo de corresponsales españoles que ella llama «un clan». Entre ellos estaban José María Carrascal, Cirilo Rodríguez, Juan Roldán, de la agencia EFE, y Gustavo Valverde. El embajador ante Naciones Unidas era Jaime de Piniés, ocupado entonces con el Sáhara.

La revista no tenía imprenta propia y la que alquilaba estaba controlada por la mafia. Había que pagar cada mes una cuota «por seguridad». Cernuda precisa que no garantizaba que nadie te hiciera nada, sino que no te lo hicieran ellos. Con el tiempo descubrieron que allí se imprimían revistas pornográficas para la comunidad hispana. Cuando llevaban dos años y medio o casi tres, dos agentes del FBI le dijeron a Picatoste que por la noche se estaban imprimiendo dólares falsos. Como se trataba de un delito federal, en el que «primero te meten en la cárcel y luego te preguntan», se marcharon en un mes. A Cernuda le tocó cubrir el Watergate «entero».

Colpisa, la «tribu» y el nacimiento de Lid

Manresa recordó que en la redacción del Diario de Mallorca llegaban sus crónicas de Nueva York a través de Colpisa. Era la agencia que Leguineche creó para agrupar a periódicos de provincias con una misma delegación en Madrid. Allí escribían, entre otros, José Oneto y Francisco Umbral, que según Cernuda se hizo famoso escribiendo con ellos, y Rosa Montero pasaba a menudo. Manresa la presentó como una alternativa a EFE y Europa Press en una época en que Radio Nacional tenía el monopolio de los informativos.

La agencia era también punto de reunión de corresponsales extranjeros. Leguineche era enviado especial de guerras y conocía a todos los que cubrían conflictos. Desde las siete de la tarde se abrían botellas de vino y whisky. Por allí pasaban Oriana Fallaci, el corresponsal francés que después dirigiría la Agence France-Presse y José Antonio Novais. También iba el director del Diario de Mallorca cuando estaba en Madrid. El término «la tribu» para referirse a los periodistas lo inventó Leguineche. Él le decía a Cernuda que nunca sería buena periodista porque no fumaba, no bebía whisky y no tenía sucesivos amantes. Ella recordó también que ya entrados los ochenta El País prohibió el alcohol en la redacción, después de que en una pelea un periodista lanzara una máquina de escribir a la cabeza de otro, sin alcanzarlo.

Colpisa acabó dividiéndose. Según Cernuda, varios empresarios de los periódicos decidieron que la agencia no podía seguir en manos de alguien como Leguineche. Él tenía siempre en casa una bolsa con dólares y el pasaporte en vigor, y cuando estallaba una guerra se iba en coche. En la Revolución de los Claveles fue el último periodista que entró en Portugal, en su Mini, aunque conducía fatal. Le bajaron la barrera de la frontera justo detrás. Los empresarios mantuvieron a Leguineche como director, pero pusieron por encima a un gestor que decidía según criterios económicos: a tal sitio no se podía ir, tal colaborador era demasiado caro. Al cabo de un año, varios se marcharon y fundaron otra agencia, Línea Independiente de Diarios, conocida como Lid.

De ahí pasó a una lección de oficio. El nombre aludía al lead, el primer párrafo de una noticia, donde está el meollo. También explicó el «ladillo», el pequeño titular que separa los párrafos. Con sus compañeras organizaba los Desayunos del Ritz, por los que, dice, pasó «todo el mundo». En uno de ellos, tres abogados de ETA hicieron una apología del terrorismo, y el caso acabó en juicio. El juez le preguntó si ella había puesto cierto titular. Respondió que no era un titular sino un ladillo, y el juez le pidió que hablara al tribunal «con un mínimo de respeto»: había entendido «ladilla». Le sirvió para lamentar que un estudiante de Periodismo que la entrevistó hace poco no supiera qué era un ladillo. A su juicio, eso revela que se enseña una redacción de bachillerato y no el lenguaje periodístico propio del oficio.

33:17

Del Tipp-Ex a la inteligencia artificial: «espanto»

Cernuda recordó su asombro en 1973, en Nueva York, al ver un ordenador que permitía escribir sin mover el carro y corregir sobre la marcha, cuando ellos corregían con Tipp-Ex. Pensó entonces que algún día lo vería en España. Ante la inteligencia artificial, en cambio, dijo sentir «espanto», lo mismo que sintió hace años con las redes sociales.

Nunca ha estado en redes. Aun así llegaron a existir tres perfiles falsos con su nombre y su foto, que ha conseguido que retiren. Algunas compañeras le preguntan por qué no difunde sus artículos. Responde que no piensa dedicar tres horas al día a moverlos para recibir comentarios de desconocidos. Le importan los comentarios de la gente a la que respeta o de sus amigos. De la IA solo ha usado algún dato o una biografía al buscar en internet. Reconoce que, según personas que la conocen bien, puede ser importantísima en medicina. Lo que le da miedo es el mal uso, como le pasó con las redes. Las considera el elemento de comunicación más importante después del teléfono, pero el peor utilizado. Según ella, han destrozado biografías de gente honrada y de personas corrientes «con dos tweets». También han encumbrado a presidentes de gobierno «de medio pelo» con gabinetes dedicados a promocionarlos y han dejado en la cuneta a personas que habrían servido bien al país. Añadió que hoy están en manos de grandes empresas, partidos y ministerios, y que roban tiempo a la familia, los amigos, el cine, el teatro y la lectura. Manresa planteó la amenaza de sustituir redacciones por sistemas automatizados. Ella respondió que está «espantada».

38:12

Corín Tellado frente a Margarita Landi

Como guionista también trabajó con Pablo Lizcano, Fernando Tola, Mercedes Milá e Isabel Tenaille. Para el programa de Lizcano tuvo la idea de reunir a dos mujeres que conocía. Una era Corín Tellado, la autora de novela romántica más vendida en español. La otra, Margarita Landi, cronista de sucesos. El contraste era doble. Landi parecía una lady inglesa, elegante e impecable, fumaba en pipa y contaba los crímenes más horrendos con una voz muy británica. Recordaba con nostalgia los crímenes de antes, cuando llegaba a un pueblo y veía salir la sangre por debajo de la puerta, frente a los de ahora, con pistola y silenciador. Corín Tellado, en cambio, era «muy hombruna», de voz ronca, separada desde hacía tiempo y descreída del amor.

Preguntada por cómo compaginaba la crónica política con el entretenimiento, Cernuda dijo que lo pasaba «bárbaro» con cualquier cosa y que tenía las mismas horas que ahora. Insistió en que dedica mucho tiempo a la familia y a los amigos, «para lo bueno y para lo malo», y se considera rica en ese sentido. Entre esas amistades destacó a Julia Navarro, madrina de su hija, que se llama Julia por ella. De jóvenes, Navarro ya decía que quería escribir novela, mientras Cernuda se veía incapaz. Ahora Navarro está terminando las galeradas de su última novela, y según Cernuda nadie sabe de qué trata, quizá ni su marido, Fermín Bocos.

43:26

Por qué no tener ego

Manresa elogió que hubiera pasado de 1972 a 2026 en el centro del oficio «sin excesivo ego». Ella respondió que los de su época no podían tenerlo. Vivieron situaciones que mucha gente cree inventadas, pero les pasaban a todos. Como España se puso de moda, viajaban con los reyes y los presidentes, compartían avión y tertulia, y después les contaban lo que se había hablado y les presentaban a la gente. Al rey Juan Carlos le debe que le presentara a la reina de Inglaterra. «Eso es un lujo», dijo, pero como les pasaba a los cincuenta que viajaban, nadie tenía motivo para presumir. Hubo, añadió, gente maravillosa y también «mucho bobo», aunque comparados con los de ahora eran «bobos importantes».

44:43

El off the record: la Bodeguilla y los años de ETA

Manresa sacó el tema de la lealtad a la fuente. Cernuda contó que, al principio de su mandato, Felipe González aceptó, a través de Julia Navarro, inaugurar con el grupo de los Desayunos del Ritz la Bodeguilla, una antigua bodega en la parte trasera de la Moncloa. La condición era que no se publicara nada puesto en su boca: la cena serviría para que entendieran las claves de sus decisiones en un momento difícil. Todas aceptaron, y González repitió la condición en la Moncloa. Dos días después, Pilar Urbano lo publicó a toda plana en ABC. Aquello rompió los Desayunos, y además, según Cernuda, Urbano había registrado la marca. «No suelo hablar mal de compañeras, pero de Pilar sí», dijo. Lo considera una traición a la fuente y a las colegas, y contó que a una de ellas casi le costó el puesto, porque su director tampoco entendía qué era un off the record.

El mismo principio lo aplicó a los años más duros de ETA. Según su relato, algunos ministros del Interior sabían que los periodistas de política interior tenían redes de información. Antes de operaciones importantes, como la caída de un comando o la liberación de un secuestrado de larga duración, los reunían, les adelantaban lo que iba a pasar y les pedían no publicarlo. Así evitaban que una fuente policial lo contara y pusiera en riesgo la operación y vidas. Ellos lo cumplían «a rajatabla». A cambio, dos días después recibían la información completa, salvo los datos que delatarían cómo se había obtenido. Puso como ejemplo la liberación de Ortega Lara, de la que nunca les dieron un par de datos para que ETA no supiera por quién se había conseguido. Lamentó que hubiera un periodista que publicaba sistemáticamente, y que eso hiciera perder información. Le da «rabia», dijo, que ahora haya quien trate aquella época «como poco menos que una broma».

49:24

La niña de los secuestradores del GRAPO

La anécdota que Cernuda calificó como «lo más alucinante» de su carrera ocurrió en 1977. El GRAPO había secuestrado a Antonio María de Oriol y, días después, al general Villaescusa. Cuando la policía los liberó en Vallecas, ella y su compañera Susana Olmo, ya fallecida, llegaron cuando los rehenes ya se habían ido. Una vecina se les acercó y les preguntó si eran periodistas. El matrimonio del GRAPO que custodiaba a los secuestrados tenía un bebé de unos cinco o seis meses, y al ser detenidos lo habían dejado con ella. La vecina no quería saber nada. Tampoco los policías ni los guardias civiles que llenaban la zona.

Cernuda llamó a su hermana, abogada, con la idea de llevarse a la niña a casa. La hermana se lo prohibió para que no pudieran acusarlas de complicidad y le buscó una inclusa en la calle O'Donnell. Las monjas se negaron al principio, porque acogían a niños abandonados, no a hijos de detenidos por un secuestro. Tras mucho suplicar aceptaron. Ellas compraron chupetes, leche y ropa en una farmacia, y durante tres días fueron cada mañana a verla. Avisaron a Interior de dónde estaba. Al tercer día les dijeron que había aparecido la abuela y se la había llevado. Manresa comentó que hoy alguien lo convertiría en un reality.

54:20

Los 30 días de noviembre y una mañana en Marivent

Cernuda dijo estar especialmente orgullosa de tres libros. Uno es el de memorias, con una portada que diseñó su hija y en la que aparece con los labios rojos, que ella nunca lleva. Lamenta que apenas se distribuyera, aunque se puede pedir a la editorial. Otro es su primera novela, ambientada en Galicia. El tercero es Los 30 días de noviembre, que reconstruye día a día noviembre de 1975: la muerte de Franco, sus prolegómenos, la proclamación del rey y sus primeras decisiones.

Para ese libro se documentó en la biblioteca del Congreso y en la hemeroteca. Conoció por casualidad al ayudante militar que estaba de turno en la habitación contigua cuando murió Franco, y que lo tenía todo escrito como unas memorias. Habló con Santiago Carrillo, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Nicolás Franco y otras personas que prepararon la democracia con el rey y que hasta entonces no habían hablado. Asegura que fue la primera vez que Carrillo contó su entrevista en París con Nicolás Franco, y que el libro recoge gestiones de Prado ante Giscard d'Estaing. El rey Juan Carlos le había prometido contarle cosas, pero no llegaba a hacerlo. Un día de agosto, cuando ya estaba con las galeradas, la llamó Fernando Almansa: el rey la recibía al día siguiente en Marivent. Paró la imprenta y pasó la mañana con él. El rey decía no acordarse de nada, pero ella le iba preguntando a partir del texto y él iba recordando anécdotas. Cernuda citó como elogio que el historiador Javier Tusell escribiera en El País que el libro aportaba información que no se podía ni sospechar.

Manresa recordó que él mismo estaba en Marivent en 1995, el día en que se desarticuló un intento de ETA de atentar contra el rey en Mallorca. Cernuda explicó que entonces el rey recibiera a una periodista no era algo excepcional. Los periodistas que viajaban con él tenían una relación estrecha con la Casa: a veces se alquilaba un avión de Spantax entre todos para seguir al DC-8 de las Fuerzas Armadas, o compartían hotel. Todos, dijo, «estábamos jugando lo mismo», que era sacar adelante el país, fueran periodistas procedentes del PCE o muy de derechas, e incluso quienes habían estado en la cárcel con Franco. Reconoce que decirlo hoy suena cursi. Expresó un «profundísimo afecto» por Juan Carlos y considera «excepcional» a Felipe VI. Del primero dijo que fue «sin ninguna duda el motor» de la Transición, aunque luego cometiera actos que la entristecieron y decepcionaron. A su juicio, ahora hay contra él una campaña tremenda de desprestigio, pero ella no olvida lo que lo vio hacer.

1:17:45

Oriana Fallaci: el mito desmontado y recuperado

Fallaci era la periodista que Cernuda más admiraba. La había leído en L'Europeo y en sus libros. En una de sus últimas visitas a Madrid, cuando fue a ver a Txiki, Leguineche le pidió que la acompañara durante dos días. La encontró déspota y desagradable con quienes no podían defenderse: taxistas, camareros, secretarias. Eso, dijo, la «pone enferma». Hace poco le confesó a Julia Navarro que se arrepentía de haberla conocido porque la tenía en un pedestal. Navarro le regaló entonces una biografía autorizada de Fallaci, escrita por otra periodista con acceso a las personas que ella autorizó. Cernuda la describe como casi una autobiografía, con su sufrimiento, sus contradicciones y sus cambios. La lectura la reconcilió con ella. Considera que fue una precursora al alertar sobre el yihadismo y precisó que no se refería a lo que escribió sobre la inmigración. Manresa añadió que sus libros de entrevistas, como los de Golda Meir o Kissinger, no han caducado. Ambos coincidieron también en recomendar las memorias de Ben Bradlee y de Katharine Graham. Manresa destacó la cercanía entre el poder y los periódicos que retratan, y el dilema de Graham al publicar los Papeles del Pentágono contra un amigo íntimo.

1:05:03

Pedro Sánchez, Zapatero y Rajoy

Sobre el presidente del Gobierno, Cernuda contó cómo lo conoció. Un día la llamó Pepe Blanco, con quien tiene buena relación: «Pilar, quiero que conozcas al próximo secretario general del Partido Socialista». Era Pedro Sánchez, que llevaba un mes de diputado y del que ella no sabía nada. Blanco, entonces al frente de la organización del partido y hoy dedicado a una empresa de lobby, le aseguró que él se encargaría de que lo fuera. Quedaron junto al Congreso. Al salir, Ciprià Ciscar le preguntó con quién iba y, al oír el nombre, respondió: «Ah, el guapo». Sánchez le cayó bien y durante un tiempo se vieron como con otros políticos. Ella está segura de que Blanco hizo esa llamada a unos cuarenta periodistas más. Según supo después, Blanco se fijó en él porque sabía de economía, y se lo presentaron Antonio Hernando y Óscar López.

La relación se rompió después de unas elecciones municipales y autonómicas. Sánchez había hecho campaña diciendo «jamás con Podemos» y luego pactó con Podemos. Días después se lo encontró en el Congreso. Él la saludó con efusividad y ella le respondió: «Mi decepción contigo es absoluta». Sánchez se dio la vuelta y no volvió a hablarle. A ella le parece absurdo, porque si alguien le dijera algo así, le preguntaría por qué. Se considera «la primera» que se dio cuenta de que le mentía y sostiene que miente mucho. Lo califica de «bastante detestable», aunque le reconoce «cabeza política».

De Zapatero dijo que muchos se equivocaron con él, ella incluida: lo tenían por un hombre honrado, y al leer las noticias de estos días no da crédito. Nunca lo vio como una lumbrera, a diferencia de Aznar o Felipe González, y cree que fue elegido «de rebote» para evitar que ganara José Bono. Recordó que de Bono siempre se dijo que estaba en negocios y de Zapatero nunca. De Rajoy, en cambio, dijo que la gente se llevaría una sorpresa si lo conociera. Lo describe como llano, con mucho sentido del humor y con ganas de charlar con todo el mundo. Añadió que incluso periodistas de izquierdas que lo han criticado destacan su trato cuando lo conocen.

1:12:02

Preguntas del público: investigación, filtraciones y clones

Un asistente preguntó si la pésima calidad del periodismo generado con IA para captar clics podría hacer ver, por contraste, el valor del periodista de investigación. Cernuda respondió que hoy hay «poquísimo» periodismo de investigación. Lo que abunda, según ella, es periodismo de filtración: buenas fuentes que pasan material ya investigado y que el periodista firma. Citó como excepciones a Esteban Urreiztieta y a Ketty Garat, a quien llamó «una heroína». Dijo que ha investigado hasta la extenuación con el rechazo de algunos colegas, molestos porque señalaba a políticos que les daban información, y que lo ha pasado «condenadamente mal». Atribuye la escasez en parte a que investigar es «carísimo».

Sobre la IA contó una experiencia. El hijo de unos amigos, entusiasmado con la tecnología, le advirtió de que alguien podría firmar por ella. Le propuso escribir un artículo de política en su nombre y en unos dos minutos se lo entregó. «Era yo», dijo: lo que ella pensaba y con su estilo. Lo relacionó con el caso de actores cuya voz e imagen se copian y mencionó una reclamación de Brad Pitt. Concluyó que es fundamental regular cómo se aplica la IA, porque incluso un coloquio como aquel podría simularse con dos figuras que no fueran ellos. Manresa añadió que una máquina podrá imitar el estilo, la voz y la imagen a partir de miles de artículos e intervenciones, pero le faltará «la duda, la pausa», lo humano.

1:22:17

Juliana, Cataluña y la «descomposición moral»

Otro asistente le preguntó por un mensaje de Enric Juliana en redes que comparaba el clima actual con los años treinta. Cernuda dijo no haberlo leído, porque no está en Twitter. Pero aprecia mucho a Juliana, con quien ha compartido tertulias, y cree que vive una amargura «distinta a la mía». La suya nace de que siente que el país se está «descomponiendo moralmente», que es lo que más le preocupa. La de Juliana, según ella, viene de pensar que desde la política de Madrid se destruye la riqueza de la diversidad autonómica y se intenta poner límites al catalanismo. Cernuda admite que eso pudo ocurrir en algún momento, pero no cree que ahora se esté dañando a Cataluña desde Madrid, «sino todo lo contrario», y lo ilustró con el reciente nombramiento de otro catalán para un alto cargo. Concluyó que respeta mucho a Juliana pero discrepa de muchas de sus posiciones, y que probablemente también discreparía de ese mensaje.