Pilar Cernuda: medio siglo de periodismo político «no desde la barrera, sino en el ruedo»
Fundación Juan MarchEn la serie Líderes de opinión de la Fundación Juan March en Palma, el periodista Andreu Manresa conversó durante cerca de hora y media con Pilar Cernuda. Ella escribe cada día una crónica política que se publica en una treintena de periódicos de toda España y es autora de más de veinticinco libros. La charla partió de su libro de memorias periodísticas, que Manresa había leído y subrayado. Recorrió la Transición, la vida de los corresponsales en la época del plomo, la relación entre periodistas y poder y el pacto del off the record, y terminó en la inteligencia artificial y la política actual. La idea que atraviesa toda la conversación es de la propia Cernuda: su generación vivió la política «no desde la barrera, sino en el ruedo». Eso, sostiene, les dio una perspectiva que hoy echa de menos.
Una periodista que quería ser arquitecta
Manresa la presentó como gallega nacida en Santiago y viguesa de vocación, con raíces en el Valle del Salnés. Su padre fue un alto funcionario del Ministerio de Información y Turismo y su madre, médica. Le preguntó si seguía desayunando con Coca-Cola, y ella respondió: «Todos los días».
Cernuda contó que nunca pensó en ser periodista. Quería ser arquitecta, y lo pone como ejemplo de que «la vida te va llevando» por encima de los planes. Estudió en la Escuela de Periodismo, antes de que se convirtiera en facultad. La recuerda como un sitio pequeño, casi familiar, con unos 200 alumnos en total, y dice que eso era «lo bueno». Considera que ejerció el oficio en el mejor momento de la historia de España. Haber vivido la Transición, el paso de una dictadura a una democracia «en días», le dio, según ella, una perspectiva sobre la historia, sobre su país y sobre lo que significa la gente que lucha por un ideal.
La etiqueta del ciclo no le gusta: decir «líder de opinión» le parece horrible, e «influencer», contaminante.
Conocer palacios y oficinas de correos
Para explicar cómo se trabajaba en la «edad del plomo», Cernuda describió el envío de una crónica desde el extranjero. Conoce prácticamente todo el mundo, dice, pero no lo que la gente suele querer ver. Ha tenido que repetir viajes a países apasionantes porque la primera vez no vio nada. Lo que sí conoce «mejor que nadie» son las presidencias de gobierno, los palacios reales y las oficinas de correos. Al llegar al hotel lo primero era preguntar dónde estaba Correos. Viajaba con una maleta y una pesada máquina de escribir, llevaba sus propios folios porque en los hoteles no había, y escribía en la habitación. Luego iba a Correos para que alguien le «picara» la crónica en el teletipo, una cinta perforada que había que enrollar y pasar por otro aparato. Para eso convenía caerle simpática al empleado e invitarle a un café si se podía.
El ejemplo más extremo fue Guinea Ecuatorial, poco después de la muerte de Macías. Tuvo que pagar en efectivo unos 90.000 ekueles, y solo había billetes de un ekuele. Ella y una compañera estuvieron más de una hora contándolos uno a uno con un empleado local, porque no valían los fajos. Lo cuenta como muestra del tiempo que se perdía en cosas tan prosaicas.
Serrat, Íñigo y la prueba de Yves Montand
Manresa recordó que el primer encargo de Cernuda fue una rueda de prensa de Joaquín Ruiz-Giménez. Ella fue con taquicardia porque quería hacer una pregunta que sus compañeros no hacían. Pero aclaró que su primera entrevista fue a Joan Manuel Serrat, para la revista Mundo Joven. Para conseguir trabajo se presentó sin cita ante Jesús Picatoste, que dirigía la revista, y le dijo a la secretaria que no se movería hasta que la recibiera. Esperó siete horas. Picatoste le encargó la entrevista con Serrat como prueba. Ella atribuye que Serrat aceptara al peso de la revista y no a sí misma. Pasó tres días con él en Madrid, fue a todos sus conciertos y cenó con su grupo de amigos. La entrevista nunca se publicó porque la revista cerró. Después Picatoste la llevó al diario Madrid, que también acabó cerrado por el Gobierno al final del franquismo. Su edificio fue derribado con una voladura que Cernuda recuerda como un espectáculo impresionante y triste.
Trabajó además como guionista en Estudio Abierto, el programa que presentaba José María Íñigo. Manresa lo describió como mítico. Ella dijo que Íñigo era entonces el equivalente a Messi y que fue el primer programa de televisión no informativo que se emitía en directo con entrevistas. En el equipo estaban Manu Leguineche, Picatoste y Julián García Candau. Leguineche se especializaba en personajes curiosos. Cernuda recordó a dos ancianos de unos ochenta años que vivían solos en un pueblo de Guadalajara y no se hablaban. Hubo que llevarlos al plató en dos coches distintos, e Íñigo entrevistó a cada uno por separado. También pasaron por el programa Uri Geller, Rita Hayworth y Adamo.
Su prueba para entrar fue traer a Yves Montand. Era un actor de primera fila y un militante comunista antifranquista que, como Picasso, se negaba a hablar en España mientras viviera Franco. Montand rodaba una película de época con Louis de Funès cerca de Colmenar Viejo, según recuerda ella. La productora llevó a los periodistas en autobús y advirtió que no habría entrevistas, solo fotos. Cernuda se separó del grupo, lo vio salir de un cobertizo con bombachos y corrió tras él. Le explicó que la estaban poniendo a prueba en el mejor programa de televisión. Montand solo quiso saber si era en directo y si no tenía «bucle», el retardo de unos segundos que permite cortar una emisión. Con esa garantía aceptó.
El día acordado, un productor del programa, sobrino de Fernando Rey, le pidió a su tío su Mercedes para no recoger a Montand en un coche de producción destartalado. Al cruzar la Casa de Campo les sorprendió una tormenta casi tropical y el coche acabó en la cuneta. Montand, el productor y ella tuvieron que empujarlo. Llegaron media hora tarde y Montand traía el pantalón lleno de barro. La entrevista, según Cernuda, fue «un exitazo», y gracias a ella consiguió el trabajo. Años después se reencontró con Montand en un acto con un ministro de Cultura. Él no la recordaba a ella, pero sí la peripecia. Cuando ella le contó que uno de aquellos productores, Picatoste, se había convertido en su pareja, Montand se emocionó, improvisó un discurso y repetía que le había cambiado la vida.
Nueva York: la mafia, el FBI y el Watergate
Cernuda vivió en Nueva York con Picatoste, que dirigía la revista de ABC para América. Allí convivió con un grupo de corresponsales españoles que ella llama «un clan». Entre ellos estaban José María Carrascal, Cirilo Rodríguez, Juan Roldán, de la agencia EFE, y Gustavo Valverde. El embajador ante Naciones Unidas era Jaime de Piniés, ocupado entonces con el Sáhara.
La revista no tenía imprenta propia y la que alquilaba estaba controlada por la mafia. Había que pagar cada mes una cuota «por seguridad». Cernuda precisa que no garantizaba que nadie te hiciera nada, sino que no te lo hicieran ellos. Con el tiempo descubrieron que allí se imprimían revistas pornográficas para la comunidad hispana. Cuando llevaban dos años y medio o casi tres, dos agentes del FBI le dijeron a Picatoste que por la noche se estaban imprimiendo dólares falsos. Como se trataba de un delito federal, en el que «primero te meten en la cárcel y luego te preguntan», se marcharon en un mes. A Cernuda le tocó cubrir el Watergate «entero».
Colpisa, la «tribu» y el nacimiento de Lid
Manresa recordó que en la redacción del Diario de Mallorca llegaban sus crónicas de Nueva York a través de Colpisa. Era la agencia que Leguineche creó para agrupar a periódicos de provincias con una misma delegación en Madrid. Allí escribían, entre otros, José Oneto y Francisco Umbral, que según Cernuda se hizo famoso escribiendo con ellos, y Rosa Montero pasaba a menudo. Manresa la presentó como una alternativa a EFE y Europa Press en una época en que Radio Nacional tenía el monopolio de los informativos.
La agencia era también punto de reunión de corresponsales extranjeros. Leguineche era enviado especial de guerras y conocía a todos los que cubrían conflictos. Desde las siete de la tarde se abrían botellas de vino y whisky. Por allí pasaban Oriana Fallaci, el corresponsal francés que después dirigiría la Agence France-Presse y José Antonio Novais. También iba el director del Diario de Mallorca cuando estaba en Madrid. El término «la tribu» para referirse a los periodistas lo inventó Leguineche. Él le decía a Cernuda que nunca sería buena periodista porque no fumaba, no bebía whisky y no tenía sucesivos amantes. Ella recordó también que ya entrados los ochenta El País prohibió el alcohol en la redacción, después de que en una pelea un periodista lanzara una máquina de escribir a la cabeza de otro, sin alcanzarlo.
Colpisa acabó dividiéndose. Según Cernuda, varios empresarios de los periódicos decidieron que la agencia no podía seguir en manos de alguien como Leguineche. Él tenía siempre en casa una bolsa con dólares y el pasaporte en vigor, y cuando estallaba una guerra se iba en coche. En la Revolución de los Claveles fue el último periodista que entró en Portugal, en su Mini, aunque conducía fatal. Le bajaron la barrera de la frontera justo detrás. Los empresarios mantuvieron a Leguineche como director, pero pusieron por encima a un gestor que decidía según criterios económicos: a tal sitio no se podía ir, tal colaborador era demasiado caro. Al cabo de un año, varios se marcharon y fundaron otra agencia, Línea Independiente de Diarios, conocida como Lid.
De ahí pasó a una lección de oficio. El nombre aludía al lead, el primer párrafo de una noticia, donde está el meollo. También explicó el «ladillo», el pequeño titular que separa los párrafos. Con sus compañeras organizaba los Desayunos del Ritz, por los que, dice, pasó «todo el mundo». En uno de ellos, tres abogados de ETA hicieron una apología del terrorismo, y el caso acabó en juicio. El juez le preguntó si ella había puesto cierto titular. Respondió que no era un titular sino un ladillo, y el juez le pidió que hablara al tribunal «con un mínimo de respeto»: había entendido «ladilla». Le sirvió para lamentar que un estudiante de Periodismo que la entrevistó hace poco no supiera qué era un ladillo. A su juicio, eso revela que se enseña una redacción de bachillerato y no el lenguaje periodístico propio del oficio.
Del Tipp-Ex a la inteligencia artificial: «espanto»
Cernuda recordó su asombro en 1973, en Nueva York, al ver un ordenador que permitía escribir sin mover el carro y corregir sobre la marcha, cuando ellos corregían con Tipp-Ex. Pensó entonces que algún día lo vería en España. Ante la inteligencia artificial, en cambio, dijo sentir «espanto», lo mismo que sintió hace años con las redes sociales.
Nunca ha estado en redes. Aun así llegaron a existir tres perfiles falsos con su nombre y su foto, que ha conseguido que retiren. Algunas compañeras le preguntan por qué no difunde sus artículos. Responde que no piensa dedicar tres horas al día a moverlos para recibir comentarios de desconocidos. Le importan los comentarios de la gente a la que respeta o de sus amigos. De la IA solo ha usado algún dato o una biografía al buscar en internet. Reconoce que, según personas que la conocen bien, puede ser importantísima en medicina. Lo que le da miedo es el mal uso, como le pasó con las redes. Las considera el elemento de comunicación más importante después del teléfono, pero el peor utilizado. Según ella, han destrozado biografías de gente honrada y de personas corrientes «con dos tweets». También han encumbrado a presidentes de gobierno «de medio pelo» con gabinetes dedicados a promocionarlos y han dejado en la cuneta a personas que habrían servido bien al país. Añadió que hoy están en manos de grandes empresas, partidos y ministerios, y que roban tiempo a la familia, los amigos, el cine, el teatro y la lectura. Manresa planteó la amenaza de sustituir redacciones por sistemas automatizados. Ella respondió que está «espantada».
Corín Tellado frente a Margarita Landi
Como guionista también trabajó con Pablo Lizcano, Fernando Tola, Mercedes Milá e Isabel Tenaille. Para el programa de Lizcano tuvo la idea de reunir a dos mujeres que conocía. Una era Corín Tellado, la autora de novela romántica más vendida en español. La otra, Margarita Landi, cronista de sucesos. El contraste era doble. Landi parecía una lady inglesa, elegante e impecable, fumaba en pipa y contaba los crímenes más horrendos con una voz muy británica. Recordaba con nostalgia los crímenes de antes, cuando llegaba a un pueblo y veía salir la sangre por debajo de la puerta, frente a los de ahora, con pistola y silenciador. Corín Tellado, en cambio, era «muy hombruna», de voz ronca, separada desde hacía tiempo y descreída del amor.
Preguntada por cómo compaginaba la crónica política con el entretenimiento, Cernuda dijo que lo pasaba «bárbaro» con cualquier cosa y que tenía las mismas horas que ahora. Insistió en que dedica mucho tiempo a la familia y a los amigos, «para lo bueno y para lo malo», y se considera rica en ese sentido. Entre esas amistades destacó a Julia Navarro, madrina de su hija, que se llama Julia por ella. De jóvenes, Navarro ya decía que quería escribir novela, mientras Cernuda se veía incapaz. Ahora Navarro está terminando las galeradas de su última novela, y según Cernuda nadie sabe de qué trata, quizá ni su marido, Fermín Bocos.
Por qué no tener ego
Manresa elogió que hubiera pasado de 1972 a 2026 en el centro del oficio «sin excesivo ego». Ella respondió que los de su época no podían tenerlo. Vivieron situaciones que mucha gente cree inventadas, pero les pasaban a todos. Como España se puso de moda, viajaban con los reyes y los presidentes, compartían avión y tertulia, y después les contaban lo que se había hablado y les presentaban a la gente. Al rey Juan Carlos le debe que le presentara a la reina de Inglaterra. «Eso es un lujo», dijo, pero como les pasaba a los cincuenta que viajaban, nadie tenía motivo para presumir. Hubo, añadió, gente maravillosa y también «mucho bobo», aunque comparados con los de ahora eran «bobos importantes».
El off the record: la Bodeguilla y los años de ETA
Manresa sacó el tema de la lealtad a la fuente. Cernuda contó que, al principio de su mandato, Felipe González aceptó, a través de Julia Navarro, inaugurar con el grupo de los Desayunos del Ritz la Bodeguilla, una antigua bodega en la parte trasera de la Moncloa. La condición era que no se publicara nada puesto en su boca: la cena serviría para que entendieran las claves de sus decisiones en un momento difícil. Todas aceptaron, y González repitió la condición en la Moncloa. Dos días después, Pilar Urbano lo publicó a toda plana en ABC. Aquello rompió los Desayunos, y además, según Cernuda, Urbano había registrado la marca. «No suelo hablar mal de compañeras, pero de Pilar sí», dijo. Lo considera una traición a la fuente y a las colegas, y contó que a una de ellas casi le costó el puesto, porque su director tampoco entendía qué era un off the record.
El mismo principio lo aplicó a los años más duros de ETA. Según su relato, algunos ministros del Interior sabían que los periodistas de política interior tenían redes de información. Antes de operaciones importantes, como la caída de un comando o la liberación de un secuestrado de larga duración, los reunían, les adelantaban lo que iba a pasar y les pedían no publicarlo. Así evitaban que una fuente policial lo contara y pusiera en riesgo la operación y vidas. Ellos lo cumplían «a rajatabla». A cambio, dos días después recibían la información completa, salvo los datos que delatarían cómo se había obtenido. Puso como ejemplo la liberación de Ortega Lara, de la que nunca les dieron un par de datos para que ETA no supiera por quién se había conseguido. Lamentó que hubiera un periodista que publicaba sistemáticamente, y que eso hiciera perder información. Le da «rabia», dijo, que ahora haya quien trate aquella época «como poco menos que una broma».
La niña de los secuestradores del GRAPO
La anécdota que Cernuda calificó como «lo más alucinante» de su carrera ocurrió en 1977. El GRAPO había secuestrado a Antonio María de Oriol y, días después, al general Villaescusa. Cuando la policía los liberó en Vallecas, ella y su compañera Susana Olmo, ya fallecida, llegaron cuando los rehenes ya se habían ido. Una vecina se les acercó y les preguntó si eran periodistas. El matrimonio del GRAPO que custodiaba a los secuestrados tenía un bebé de unos cinco o seis meses, y al ser detenidos lo habían dejado con ella. La vecina no quería saber nada. Tampoco los policías ni los guardias civiles que llenaban la zona.
Cernuda llamó a su hermana, abogada, con la idea de llevarse a la niña a casa. La hermana se lo prohibió para que no pudieran acusarlas de complicidad y le buscó una inclusa en la calle O'Donnell. Las monjas se negaron al principio, porque acogían a niños abandonados, no a hijos de detenidos por un secuestro. Tras mucho suplicar aceptaron. Ellas compraron chupetes, leche y ropa en una farmacia, y durante tres días fueron cada mañana a verla. Avisaron a Interior de dónde estaba. Al tercer día les dijeron que había aparecido la abuela y se la había llevado. Manresa comentó que hoy alguien lo convertiría en un reality.
Los 30 días de noviembre y una mañana en Marivent
Cernuda dijo estar especialmente orgullosa de tres libros. Uno es el de memorias, con una portada que diseñó su hija y en la que aparece con los labios rojos, que ella nunca lleva. Lamenta que apenas se distribuyera, aunque se puede pedir a la editorial. Otro es su primera novela, ambientada en Galicia. El tercero es Los 30 días de noviembre, que reconstruye día a día noviembre de 1975: la muerte de Franco, sus prolegómenos, la proclamación del rey y sus primeras decisiones.
Para ese libro se documentó en la biblioteca del Congreso y en la hemeroteca. Conoció por casualidad al ayudante militar que estaba de turno en la habitación contigua cuando murió Franco, y que lo tenía todo escrito como unas memorias. Habló con Santiago Carrillo, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Nicolás Franco y otras personas que prepararon la democracia con el rey y que hasta entonces no habían hablado. Asegura que fue la primera vez que Carrillo contó su entrevista en París con Nicolás Franco, y que el libro recoge gestiones de Prado ante Giscard d'Estaing. El rey Juan Carlos le había prometido contarle cosas, pero no llegaba a hacerlo. Un día de agosto, cuando ya estaba con las galeradas, la llamó Fernando Almansa: el rey la recibía al día siguiente en Marivent. Paró la imprenta y pasó la mañana con él. El rey decía no acordarse de nada, pero ella le iba preguntando a partir del texto y él iba recordando anécdotas. Cernuda citó como elogio que el historiador Javier Tusell escribiera en El País que el libro aportaba información que no se podía ni sospechar.
Manresa recordó que él mismo estaba en Marivent en 1995, el día en que se desarticuló un intento de ETA de atentar contra el rey en Mallorca. Cernuda explicó que entonces el rey recibiera a una periodista no era algo excepcional. Los periodistas que viajaban con él tenían una relación estrecha con la Casa: a veces se alquilaba un avión de Spantax entre todos para seguir al DC-8 de las Fuerzas Armadas, o compartían hotel. Todos, dijo, «estábamos jugando lo mismo», que era sacar adelante el país, fueran periodistas procedentes del PCE o muy de derechas, e incluso quienes habían estado en la cárcel con Franco. Reconoce que decirlo hoy suena cursi. Expresó un «profundísimo afecto» por Juan Carlos y considera «excepcional» a Felipe VI. Del primero dijo que fue «sin ninguna duda el motor» de la Transición, aunque luego cometiera actos que la entristecieron y decepcionaron. A su juicio, ahora hay contra él una campaña tremenda de desprestigio, pero ella no olvida lo que lo vio hacer.
Oriana Fallaci: el mito desmontado y recuperado
Fallaci era la periodista que Cernuda más admiraba. La había leído en L'Europeo y en sus libros. En una de sus últimas visitas a Madrid, cuando fue a ver a Txiki, Leguineche le pidió que la acompañara durante dos días. La encontró déspota y desagradable con quienes no podían defenderse: taxistas, camareros, secretarias. Eso, dijo, la «pone enferma». Hace poco le confesó a Julia Navarro que se arrepentía de haberla conocido porque la tenía en un pedestal. Navarro le regaló entonces una biografía autorizada de Fallaci, escrita por otra periodista con acceso a las personas que ella autorizó. Cernuda la describe como casi una autobiografía, con su sufrimiento, sus contradicciones y sus cambios. La lectura la reconcilió con ella. Considera que fue una precursora al alertar sobre el yihadismo y precisó que no se refería a lo que escribió sobre la inmigración. Manresa añadió que sus libros de entrevistas, como los de Golda Meir o Kissinger, no han caducado. Ambos coincidieron también en recomendar las memorias de Ben Bradlee y de Katharine Graham. Manresa destacó la cercanía entre el poder y los periódicos que retratan, y el dilema de Graham al publicar los Papeles del Pentágono contra un amigo íntimo.
Pedro Sánchez, Zapatero y Rajoy
Sobre el presidente del Gobierno, Cernuda contó cómo lo conoció. Un día la llamó Pepe Blanco, con quien tiene buena relación: «Pilar, quiero que conozcas al próximo secretario general del Partido Socialista». Era Pedro Sánchez, que llevaba un mes de diputado y del que ella no sabía nada. Blanco, entonces al frente de la organización del partido y hoy dedicado a una empresa de lobby, le aseguró que él se encargaría de que lo fuera. Quedaron junto al Congreso. Al salir, Ciprià Ciscar le preguntó con quién iba y, al oír el nombre, respondió: «Ah, el guapo». Sánchez le cayó bien y durante un tiempo se vieron como con otros políticos. Ella está segura de que Blanco hizo esa llamada a unos cuarenta periodistas más. Según supo después, Blanco se fijó en él porque sabía de economía, y se lo presentaron Antonio Hernando y Óscar López.
La relación se rompió después de unas elecciones municipales y autonómicas. Sánchez había hecho campaña diciendo «jamás con Podemos» y luego pactó con Podemos. Días después se lo encontró en el Congreso. Él la saludó con efusividad y ella le respondió: «Mi decepción contigo es absoluta». Sánchez se dio la vuelta y no volvió a hablarle. A ella le parece absurdo, porque si alguien le dijera algo así, le preguntaría por qué. Se considera «la primera» que se dio cuenta de que le mentía y sostiene que miente mucho. Lo califica de «bastante detestable», aunque le reconoce «cabeza política».
De Zapatero dijo que muchos se equivocaron con él, ella incluida: lo tenían por un hombre honrado, y al leer las noticias de estos días no da crédito. Nunca lo vio como una lumbrera, a diferencia de Aznar o Felipe González, y cree que fue elegido «de rebote» para evitar que ganara José Bono. Recordó que de Bono siempre se dijo que estaba en negocios y de Zapatero nunca. De Rajoy, en cambio, dijo que la gente se llevaría una sorpresa si lo conociera. Lo describe como llano, con mucho sentido del humor y con ganas de charlar con todo el mundo. Añadió que incluso periodistas de izquierdas que lo han criticado destacan su trato cuando lo conocen.
Preguntas del público: investigación, filtraciones y clones
Un asistente preguntó si la pésima calidad del periodismo generado con IA para captar clics podría hacer ver, por contraste, el valor del periodista de investigación. Cernuda respondió que hoy hay «poquísimo» periodismo de investigación. Lo que abunda, según ella, es periodismo de filtración: buenas fuentes que pasan material ya investigado y que el periodista firma. Citó como excepciones a Esteban Urreiztieta y a Ketty Garat, a quien llamó «una heroína». Dijo que ha investigado hasta la extenuación con el rechazo de algunos colegas, molestos porque señalaba a políticos que les daban información, y que lo ha pasado «condenadamente mal». Atribuye la escasez en parte a que investigar es «carísimo».
Sobre la IA contó una experiencia. El hijo de unos amigos, entusiasmado con la tecnología, le advirtió de que alguien podría firmar por ella. Le propuso escribir un artículo de política en su nombre y en unos dos minutos se lo entregó. «Era yo», dijo: lo que ella pensaba y con su estilo. Lo relacionó con el caso de actores cuya voz e imagen se copian y mencionó una reclamación de Brad Pitt. Concluyó que es fundamental regular cómo se aplica la IA, porque incluso un coloquio como aquel podría simularse con dos figuras que no fueran ellos. Manresa añadió que una máquina podrá imitar el estilo, la voz y la imagen a partir de miles de artículos e intervenciones, pero le faltará «la duda, la pausa», lo humano.
Juliana, Cataluña y la «descomposición moral»
Otro asistente le preguntó por un mensaje de Enric Juliana en redes que comparaba el clima actual con los años treinta. Cernuda dijo no haberlo leído, porque no está en Twitter. Pero aprecia mucho a Juliana, con quien ha compartido tertulias, y cree que vive una amargura «distinta a la mía». La suya nace de que siente que el país se está «descomponiendo moralmente», que es lo que más le preocupa. La de Juliana, según ella, viene de pensar que desde la política de Madrid se destruye la riqueza de la diversidad autonómica y se intenta poner límites al catalanismo. Cernuda admite que eso pudo ocurrir en algún momento, pero no cree que ahora se esté dañando a Cataluña desde Madrid, «sino todo lo contrario», y lo ilustró con el reciente nombramiento de otro catalán para un alto cargo. Concluyó que respeta mucho a Juliana pero discrepa de muchas de sus posiciones, y que probablemente también discreparía de ese mensaje.
Aquí está Pilar Cernuda. Muchísimas gracias por atender esta charla que se emite en streaming y en YouTube y que será accesible dentro de pocas fechas en el Canal March. Es una gran fuente de información cultural y de voces.
Yo debería presentarla, pero es obvio, debe ser una de las periodistas que más... Hoy mismo, a las cuatro de la tarde, para 30 periódicos, 34 periódicos de toda España, está escribiendo cada día su crónica política, su mirada precisa, diversa. Y yo le agradezco que venga.
Antes hemos tenido a Enric González en esta serie de líderes de opinión. Este verano-invierno del 265 empezamos. Karim Hallal Peche, que era un influencer, un divulgador europeísta; Elvira Lindo, que es una escritora y guionista de moda; Matías Vallés, un periodista desde Baleares que opina en todo el mundo desde el Diario de Mallorca; Enrique Fonseca, que es un influencer que habita en Polonia o en Austria, estoy dudando. Es un influencer español hiperactivo que está viviendo fuera de nuestro ámbito por razones de eficacia económica y de eficacia de comunicación. Lo explico así.
Olga Viza, la periodista clásica de deportes y activa todavía en distintos ámbitos, desde televisión al ámbito deportivo. Javier del Pino fue el anterior, el líder de los fines de semana de la SER, sin hablar de política directamente, sin entrevistar a políticos. Y ahora aquí tenemos a Pilar Cernuda, muchísimas gracias por venir. Ella dice: «Me gusta por encima de todo la información más que el análisis».
En sus crónicas, especialmente en sus libros, más de 25 o 27, entrevistas, memorias, biografías, ficción, libros de circunstancias, ella lo explicará, busca, halla, recorta, trufa, adereza, cose y cocina en un diverso y excelente fiambre, sabroso y distinto en cada corte, secuencia. Lo digo en base a la lectura de este libro, que es un libro de memorias fantásticas periodísticas, de los buenos que yo he leído en años. Yo soy un lector común y un periodista, un periodista de calle.
No me gustan las imágenes culinarias, pero no abundaré. No hablaremos de cocina, pero sí hablaremos de realidad, de esa realidad volcánica que ocurre en España en estos momentos, en el mundo. Hablaremos del Gobierno, Pedro Sánchez, Zapatero, si ella desea, el público también.
El libro y sus crónicas, básicamente el libro, del que yo puedo hablar así con profundidad porque yo lo he subrayado y marcado, son un todo coherente y para nada barroco. Narración, asuntos, personas, anécdotas, categorías, argumentos e instantes. Es la crónica general de su vida a través de dónde ha vivido, con quién ha trabajado, con quién ha estado, con la multitud de personalidades que intentaremos desgranar, que ha perfilado.
Gallega de Santiago, pero es de Vigo, de vocación territorial del valle del Salnés. Y aquí está Pilar Cernuda, que de niña y de por media España, porque su padre fue un alto funcionario que diseñó en el aparato, en el sistema del Ministerio de Información y Turismo, creo que se llamaba todavía, la circunstancia turística que se vive en España. Tu madre era médico, lo dejaremos así claro, y ella es septuagenaria, según confiesa. Estamos en la misma quinta de los 70, lo celebramos.
Una pregunta: ¿todavía desayunas con Coca-Cola?
Todos los días. Lo primero quiero agradecer a la fundación que me hayan invitado. Y luego tú me decías antes: «Aquí está Pilar Cernuda». Yo digo: «Aquí está Andrés, Andreu, y aquí están todos ustedes». Agradezco muchísimo que se hayan interesado en venir hasta aquí para escucharme. Tú has dado ya una especie de esbozo de lo que soy, de la cantidad de cosas que he hecho, pero eso es cuestión de la edad. Si tú andas por 70, yo soy mayor que tú, porque voy a cumplir, voy... Por eso he vivido tanto, he vivido tanto, vivido tanto, y además con cosas muy curiosas.
Yo en la vida pensé ser periodista, ni quise ser periodista, ni estudié al principio, no empecé a estudiar periodismo. Yo siempre quise ser arquitecto, con lo cual eso te demuestra que la vida te va llevando y que ya puedes hacer muchos proyectos de futuro que al final, insisto, la vida te va llevando. Y estoy encantada de haber sido periodista y de estudiar periodismo. Y además soy de la escuela, que es lo bueno, la Escuela de Periodismo, que luego se convirtió en facultad, pero era un sitio pequeñísimo, casi familiar. Éramos 200 en toda la escuela estudiando la carrera, cuatro años.
He estado con los periodistas bandera de aquella época y sobre todo he hecho periodismo en la época mejor de la historia de España, y no digo desde el siglo XX, XXI, de la historia de España. Creo sinceramente que el hecho de haber vivido la aventura de la Transición, pasar de una dictadura a una democracia en días, porque fueron días, eso te da una perspectiva, primero de la historia y luego de tu país y de la gente de tu país y luego de lo que importa la gente que lucha por un ideal y por una aventura y por un objetivo.
Y dicho esto, eres una líder de opinión. No sé si utilizas tu expresión, líderes.
Eso es horrible decirlo, lo de líder de opinión.
Es una periodista, digamos.
Es como decirle una influencer.
Influencer es que es contaminante, ¿vale? Contaminante, pero líder de opinión es una definición genérica que está por el libro. Es decir, es una forma clásica, yo creo que respetuosa, de la época de la edad de plomo, es decir, cuando los periódicos se hacían a plomo. No había máquinas fotográficas inmediatas para mandar una foto ahora mismo a cualquier lugar del mundo, sino que tenías que ir al aeropuerto con el carrete, revelarlo, llevarlo a Barcelona. Buscaban a alguien que se fuera en el avión para no pagar el porte o para que fuera más rápida la entrega. Lo recogía en el aeropuerto, se iba al revelado.
Y nosotros, para mandar la crónica, era parecido. Teníamos que ir a... Yo siempre digo que conozco prácticamente todo el mundo, pero no veo lo que a la gente le gusta ver. He tenido que repetir muchos viajes porque he pasado por algunos países apasionantes sin ver nada, pero conozco mejor que nadie las presidencias de los gobiernos, los palacios reales y las oficinas de correos. Lo primero que llegabas a un país era llegar al hotel y decir: «¿Dónde está Correos?». Entonces ibas a Correos porque tenías que buscar a alguien que te picara la crónica.
Tú ibas con una maleta, con una máquina de escribir que pesaba bastante, además, aparte de la maleta, llena de folios, porque en el hotel no había folios. Escribías en tu habitación y luego te ibas a Correos, que es donde tenían teletipos, que era una máquina muy rara que había en las redacciones. Ahí había una cinta blanca que salía picada, que eran agujeritos. Tú la enrollabas de determinada manera, con esa cinta luego te ibas a otro aparatito del correo. Y todo eso intentando que al señor que había allí le tenías que caer simpático, simpática, le invitabas a un café si podías.
Y cosas tan tremendas como que había que pagar cash. Yo recuerdo en Guinea Ecuatorial, acababa de morir Macías, tuve que pagar, me parece que fueron 90.000 ekweles, que era la moneda de entonces, y solamente había billetes de un ekwele. Y estuvimos una hora, la chica de Fana, Funzarren, y yo, contando con un propio de allí uno a uno los billetes. Además no valían los fajos, uno a uno, 90.000 ekweles, con lo cual estuvimos más de una hora, con lo que es el tiempo perdido en cosas tan prosaicas como eso.
Tu entrevista que reconoces que fue a José María Ruiz Jiménez, ¿no?
Sí, pero no fue entrevista, fue una rueda de prensa.
Una rueda de prensa. Sí, que fue el primer encargo que te hicieron. Vale.
Sí.
José María Ruiz Jiménez fue ministro en la época de Franco, pasó después a una versión socialdemócrata y democrática española. Lideró con Gil Robles y con Antón Cañellas el equipo demócrata cristiano el año 77. No le fue con su inteligencia y previsión, pero fue un personaje entrañable.
Sí, aquella entrevista, rueda de prensa, que yo tenía que hacer una pregunta porque veía que no la hacían mis compañeros y yo quería hacerla, y estuve con taquicardia. Pero no fue mi primera entrevista. Mi primera entrevista, yo soy privilegiada hasta en eso, fue nada menos que a Serrat.
A Serrat, en Mundo Joven.
En Mundo Joven. Déjame contar.
Sí. Ella se inició en Televisión Española en Estudio abierto, que fue un programa realmente de entrevistas y de espectáculo, podíamos decir mítico, y que presentaba José María Íñigo, pero que tenía un equipo de productores, redactores que le pasaban las entrevistas en el momento en que él empezaba en directo las preguntas. Y estabais Leguineche, Manuel Leguineche, que es el fundador de Colpisa; Jesús Picatoste, que fue director de televisión y fue tu compañero durante nueve años, ¿no?
Sí. Y también estaba Julián García Candau, que fue redactor jefe de deportes de El País, y alguno más. Pero en aquel momento no era nadie ninguno de ellos, los tres, excepto que el Pica dirigía la única revista que había en España en aquel momento de música, que se llamaba Mundo Joven. Yo fui a pedir trabajo.
Entonces estuve esperando siete horas porque yo fui sin cita, directamente me fui allí. Le dije a la secretaria: «Yo no me muevo de aquí hasta que me reciba». Y me hizo esperar siete horas porque además le dijo: «Dile que la voy a recibir, pero que no sé cuándo». Y estuve allí. Entonces él fue el que me encargó la entrevista, para ponerme un poco a prueba, la entrevista con Serrat. Si Serrat me concedió una entrevista en aquel momento no fue por mí, fue por la revista Mundo Joven, evidentemente. Pero no solamente me dio una entrevista, sino que estuve tres días con él en Madrid, estuve en todos sus conciertos, cené con él y con toda su panda de gente aquellos días, y nunca se publicó porque cerraron la revista.
Además cerraron la revista, pero tenía muy buena relación con el Pica. Entonces me llevó a Mundo Joven, que era el programa de moda. Íñigo en aquella época en España era Messi, yo no sé cómo explicarlo. Era la única revista juvenil, era un poco como el Salut les copains en Francia. Tenía mesa diaria en la discoteca de moda, todas las noches en la discoteca de moda de Madrid. Y era esa revista la que lanzó a Serrat, a Massiel, a Raphael, a Julio Iglesias, a Miguel Ríos. Era la revista que todo el mundo leía, de la gente joven, y tuve la suerte de trabajar allí. Y luego el Pica me llevó a Mundo Joven y después al diario Madrid. Le pusieron... Diario Madrid, o sea, iba cerrando...
Madrid fue un periódico que en la Transición, al final del franquismo, el Gobierno se lo cargó directamente. Lo cerraron, una pugna entre empresarios. Después derribaron el edificio.
Sí. Lo derribaron, lo explosionaron, le pusieron una bomba. La demolición fue una demolición, pero como una especie de bomba de esas. Fue un espectáculo impresionante aquello, de triste, además.
Tú crees que el periodista que escribe para otro, o trabaja para otro, es el guionista, no es el negro, es el guionista. Es decir, un equipo de trabajo prepara el programa y prepara el lucimiento del entrevistador.
Sí, es que se hace así. Es lo que se llaman los guionistas.
Sí. Íñigo tenía tres guionistas excepcionales, pero era tan impresionante la envergadura de aquel programa, que se hacía en directo. Fue el primer programa que se hizo en televisión, no informativo, que fuera en directo y con entrevistas. Y además todo el mundo pasaba por allí. No eran políticos porque no había políticos en aquella época, pero traíamos a los mejores. Y Manu Leguineche se especializaba en personajes curiosos.
Entonces, por ejemplo, recuerdo muy bien dos viejos como de 80 años que vivían solos en un pueblo, que no había nadie en ese pueblo, en Guadalajara, y no se hablaban. Hasta el punto que fue Manu con un chico de producción para hablar con ellos, les convenció para que vinieran a contar su vida, pero cuando les puso un coche de producción dijeron que ellos no iban juntos y hubo que traerlos en dos coches. Y toda la entrevista Íñigo la hacía de manera que le preguntaba a uno, le preguntaba a otro, pero no se hablaban entre ellos. Y trajo a Uri Geller, por ejemplo, aquel que doblaba las cucharas. Era apasionante, era buenísimo el programa.
Un doblador de cucharas. Ahora lo haría de nuevo si viviera, porque la gente se toma...
Sí. Por ejemplo, se trajo a Rita Hayworth, a Adamo, que en aquel momento era el no va más, etcétera, y yo conseguí traer a Yves Montand.
Entre sus notas biográficas más bien construidas e impresionantes, ella habla francés e inglés, evidentemente, también francés en Sevilla. Ella hablaba en francés: «Ves a ver a Yves Montand, si te da una entrevista y viene». Y Montand, al margen de un gran actor, era un militante antifranquista, comunista. Entonces decía que no hablaría, como hacía Picasso, hasta que Franco no estuviera. Pero tú lograste convencerle y fuiste con un coche muy grande a buscarlo, ¿no?
Sí, eso fue una historia como de Berlanga porque era el primer encargo que me hicieron, hacer una prueba a ver si servía, era suficientemente inteligente como para trabajar en Estudio abierto. Entonces me mandaron allí. Yo me puse en contacto con la productora y me metieron en un autobús con periodistas que querían... Ya dijeron que no se iban a hacer entrevistas. Era una película con Montand, yo creo que era por Colmenar Viejo, no lo sé, no sé dónde era, pero fuimos en el autobús. Y además dijeron que no se podía hablar con ellos, solamente hacer fotos, y yo tenía que hablar con él.
Entonces me dijeron: «No, es que además no sabemos siquiera si está». Y yo vi que salía, no había terminado el rodaje, estaba por allí. Era una película de época con Louis de Funès y él iba vestido con aquellas cosas, no sé cómo se llamaban.
Bombachos.
Bombachos. Entonces yo le dije a la productora que yo me iría por mi cuenta: «Alguien me llevará a Madrid». Colmenar está como a 40 kilómetros de Madrid, más o menos. Alguien me llevará. Y entonces me fui a buscarlo y efectivamente veo que sale de un sitio, de un cobertizo, y se va a otro. Fui detrás de él corriendo. Al final le dije: «Por favor, señor Montand, dedíqueme un minuto». Y entonces le conté: «Soy periodista, me están poniendo a prueba en un programa, es el programa mejor de televisión, es en directo. Ya sabemos que usted no quiere estado de España, pero nos gustaría que viniera aquí, nos contara un poco su vida, nos contara un poco...».
Y entonces él se quedó solo con una copla: «¿Es en directo?». Yo: «Sí, es en directo». «¿No tiene bucle?», dijo. «¿No tiene bucle?».
Bucle es una pausa que se utiliza todavía hoy en transmisiones internacionales de deportes en algún lugar para evitar, si hay una interrupción, una pancarta... Un delay de unos segundos.
Unos segundos. Y entonces: «¿Y me irá usted a buscar?». «Sí, yo lo voy a buscar». Entonces: «Yo voy tal día». Y yo llego a la reunión de preparación y digo que viene Montand. No se lo creían porque, insisto, en aquel momento era el top. Había sido amante de Marilyn Monroe, estaba casado con Simone Signoret. Nuestra generación sabíamos muy bien quién era Montand, era el top.
Entonces mi miedo era... Primero, los coches de producción eran birrias totales. Decía: «Allí no lo podemos meter en un 600 o en un 4x4». Yo qué sé, eran 4x4, ¿no? 4/4, que es distinto. 4x4 ya es un lujo. Y entonces el productor, que ahora es un productor importantísimo, fue un productor muy importante, era sobrino de Fernando Rey. Le pidió a su tío que le dejara su Mercedes. «Y además yo voy a conducir», me decía, «yo voy a conducir, yo os llevo». Y mi miedo era, como yo no había hablado con él en todo ese tiempo...
Habían sido cuatro o cinco días y vaya a ser que me han preparado toda esta parafernalia y que no esté. Estaba impecable en la puerta del building esperándome. Y cuando vamos, en aquella época había que cruzar la Casa de Campo y nos pilló una tormenta espantosa, de esas que parecían tropicales, que no ves nada. Y nos fuimos a la cuneta, pero además no solamente nos fuimos a la cuneta, sino que no éramos capaces de sacar el coche de allí.
Y Montan... Llegamos, aparte de media hora tarde, sucios, el pobre Montan con el pantalón hasta aquí de barro. Manu estaba en la puerta esperándonos nerviosísimo. Pero la entrevista fue única, única. Fue un exitazo.
Sobre todo él empujó el coche, ¿no?
Evidentemente.
Él empujó el coche contigo, ¿no?
Sí, empujó el coche. Era entre Antonio, que era el productor, más Montan y yo, sacando el coche como pudiéramos. Luego hubo un señor, un coche que se paró al vernos allí, que no conocía a Montan, porque claro... Y con aquella conseguí trabajo y ya fue entrar en la cadena del periodismo, ¿no?
Al cabo de los años lo encontraste con el que era el ministro de Cultura, Maura, descendiente de Antonio Maura, ¿no?
Sí. Y me vio y le dije: «Usted no se acordará de mí». Y le cuento la historia y dice: «¿Cómo me iba a olvidar de aquello?». Pero no se acordaba de mí, se acordaba de la peripecia. Y entonces le dije: «Pues yo no me puedo olvidar. Primero porque conseguí entrar en televisión, luego hice más cosas, pero uno de los productores luego se convirtió en mi marido, que era Picatoste». Entonces el tío se emocionó, se subió allí, hizo un discurso, dice: «Esta es Pilar, es amiga mía». «Yo le cambié la vida», me decía. «Yo le cambié la vida».
Claro, porque tuviste la fortuna de trabajar con Picatoste, con Manu Leguineche, ¿no?
Sí, claro. Manu, trabajo... Leguineche y Manu... El Pica fue pareja mía muchos años.
Y fuiste a Estados Unidos, a Nueva York, ¿no?
Sí, fui.
Y allí conviviste con lo que se considera la élite de los corresponsales de los años setenta y mucho más allá, porque está Hermida, después inventor, entre comillas, de la televisión privada en España, de las tertulias abiertas, los programas... Cirilo Rodríguez, ¿no?
José María Carrascal.
José María Carrascal, otro presentador clave de madrugada y un buen literato.
Sí. A todos estos los conocí allí cuando eran curritos, curritos importantes, pero en aquella éramos un clan. Estaba también Juan Roldán en la agencia EFE, Gustavo Valverde en Prensa Española, que era también otro de los grandes periodistas. La verdad es que era una tropa. Y estaba de embajador en Naciones Unidas Piniés.
Jaime de Piniés, que era todo el tema del Sáhara en el que estaba él, con el tema del Sáhara. Puedes contar, si quieres, el episodio de por qué regresasteis rápidamente. Es decir, Jesús Picatoste, que fue su marido y era uno de los líderes del periodismo y después fue el segundo portavoz de Suárez, director de televisión trabajando con Pilar Miró, con Meliá también. Dirigía la revista para América del ABC, ¿no?
Sí, la revista de las Américas. Efectivamente. Y entonces, claro, no tenían una imprenta propia, sino que tenían una imprenta arrendada. Y aquí vino el... Manejada, no comprada por la mafia, controlada por la mafia. Tenían que pagar todos los años, todos los meses, una cuota. Eso que contamos en las películas era real. Había que pagar un dinero por seguridad y la seguridad significa que ellos no te iban a hacer nada. No es que garantizaban que nadie te iba a hacer nada, sino que te garantizaban que ellos no te iban a hacer nada.
Entonces se le pagaba un dinero y allí se imprimían cosas para otra gente. Luego se descubrió, un año y pico, que allí se hacía pornografía, revistas de pornografía para los hispanos que vivían en Nueva York. Y luego lo que fue más grave, cuando llevábamos dos años y medio, casi tres allí, me llega un día el Pica a casa y me dice: «Han venido dos señores del FBI, que por la noche aquí se están imprimiendo dólares falsos». Dije: «Pues nos vamos, porque el FBI... Esto es un delito federal, primero te meten en la cárcel y luego te preguntan». Y nos marchamos en un mes, levantamos todo en un mes.
Estaba cuando eligieron a Nixon, en la época que usted estaba, y después, al poco de irse, tuvo que dimitir por el Watergate, ¿no?
No, a mí me tocó el Watergate entero.
¿Entero?
Entero. Me tocó entero.
Entonces, en esa época, un periodista que aprendía, estaba de becario, estaba en la redacción del Diario de Mallorca, que dirigía Antonio Alemany. Estaban Andrés Ferret, Sebastià... que es el director adjunto de El País, Joan Miquel López Nadal, que es el embajador, ahora convertido en un público activista antisistema. Coco Meneses, el descubridor de la época de Borges, los problemas de Borges en Baleares.
Sí.
Alguno más y una mujer y otra mujer, y yo también estaba. Entonces ha llegado Colpisa, llegó ya la crónica de Cernuda de Nueva York. Llegó Alberto, el que estaba en Lisboa.
Alberto Míguez. Alberto Míguez, gallego también, buenísimo amigo.
Y después ha llegado la crónica también de la Revolución de los Claveles, y después del Sáhara. Y en el Sáhara estuvo de enviado especial... Peri Soler.
Sí, y también estuvo, que fue director de Tiempo de Historia.
Sí, claro. Era una élite periodística: José Oneto, Paco Umbral... Toda esta gente ofrecía servicios al sindicato, vamos a decirle así, en lenguaje americano, de periódicos regionales que Manu Leguineche había logrado confederar y asociar.
Sí, se inventó esa historia Manu. Montar un grupo de periódicos de provincias que tenían una misma delegación en Madrid. Allí escribían lo que tú dices: Pepe Oneto, Paco Umbral. Paco Umbral se hizo famoso escribiendo con nosotros y Pepe era otro de los... Había gente buenísima allí, gente muy buena. María Sánchez San Pedro, las Cudas, Susana Olmo... Venía muchísimo Rosa Montero por allí también. La verdad es que, insisto, aquella época era apasionante por el trabajo que hacíamos y por la gente que conocíamos, de muchísima talla profesional, tanto periodística como luego el mundo de la cultura o el mundo de la política, ¿no?
Claro, porque eran diversas alternativas. No era ni la agencia EFE ni Europa Press. Ya fue la alternativa, digamos, de la alternativa. Y después creo que había Cifra, que era la versión de EFE también.
Sí, también, pero Cifra ya era menos.
Sí. Y Radio Nacional, claro, el problema era Radio Nacional, informativo único, el parte a las dos de la tarde y diez de la noche. Y entonces apareció el inicio de la transición en la pluralidad, en esos años, 74, 75. Creo que Colpisa nació en el 72.
Sí. Y la agencia en aquel momento era el centro de reunión, por Manu, de todos los corresponsales extranjeros, porque Manu, como estaba todo el día en guerras, él era un enviado especial de guerras, conocía a todos los que también hacían guerras en otros países. Y nuestra casa era... A partir de las siete de la tarde allí empezaban a abrirse botellas de vino y whisky y aparecía por allí la élite del periodismo nacional y europeo.
Claro, en la época que en la redacción estaba permitido, obviamente, fumar y tener una botella de whisky en el cajón de la mesa, ¿no?
Pero en aquella época, en todas las redacciones. Yo recuerdo lo que fue, ya bien entrada la transición, en los años ochenta, cuando tuvimos la noticia, que era como para primera página de todos los periódicos, de que en El País se había prohibido beber alcohol.
Porque hubo un incidente.
Hubo un incidente. Se pelearon dos periodistas, dos compañeros, y uno al otro tiró una máquina de escribir de las antiguas a la cabeza, que afortunadamente no le dio. Pero entonces era Polanco el que estaba allí: «Aquí se acabó, fuera».
No solo en el vestuario del Madrid hay... Digamos, de hace cuarenta años prácticamente, ¿no? Pero no tanto, ¿no?
No, sí, es verdad.
Y se acabó la mala fama de los periodistas masculinos, que era así dominante. Era periodistas y policías.
Sí, era así la mala fama.
Sí, de la gente del cine negro, del ambiente oscuro.
Manu siempre me decía que yo nunca sería buen periodista porque yo no fumaba, no bebía whisky y no tenía sucesivos amantes, que era otra cosa muy de periodistas también.
Eso era el jefe de la tribu. Era un gran periodista, un gran corresponsal y un gran gestor, y sus libros están muy bien.
Era genial.
La tribu está muy bien y Los topos, que lo hizo con Torbado, ¿no? Que habla de la gente que tuvo que estar oculta durante la guerra porque estaban perseguidos. Ha sido motivo de muchas películas, ¿no? La frontera invisible, creo que es una de ellas, algo así.
Pero, por ejemplo, de las personas de las que Manu era amigo personal y que venían muchísimo por la agencia, cuando estaba en España estaba en la agencia todo el día Oriana Fallaci. Claro, tener la posibilidad de estar con Oriana Fallaci o con Perú... Perú es el gran corresponsal francés que luego fue corresponsal en España de la agencia France-Presse y luego director de la agencia France-Presse también. Y luego venía Novais, que era el corresponsal de... Todos aquellos grandes periodistas que estaban viendo el final del franquismo. A las siete de la tarde por allí aparecía todo el mundo. Me dicen: «Pues tú conociste a fulano, conociste a mengano». Pues sí, conocí a todos estos.
Y nosotros aquí en la periferia, la periferia insular, que ahora estamos emitiendo desde el museo March de Palma, o se está grabando esta conversación. Novais estaba muy mitificado, llegaba el periódico al cabo de tres días y no había sido censurado.
Sí, pero aquí no se vendió Le Monde. Y de Palma, que era amigo entrañable y que cuando estaba en Madrid estaba con nosotros todo el tiempo, era Antonio Alemany.
Claro, el director del Diario de Mallorca.
Pero aparte de director, es que cuando estaba allí venía a la tribu. El término de la tribu para describir a los periodistas se lo inventó Manu. Se lo inventó Manu y venían todos, venían de cualquier sitio.
¿Y después tú fuiste directora de la heredera de Colpisa?
Sí.
Que es una...
Luego se separó. Nos dividimos porque entraron economistas. Entonces hubo una serie de periódicos que decidieron que no podía estar Colpisa en manos de un personaje como Manu Leguineche, que de repente estallaba una guerra en Turquía y cogía el coche y se iba. Él iba a Turquía o fue el último periodista que consiguió entrar en Lisboa, porque Manu siempre tenía en su casa una bolsa con dólares y con poco más, y con pasaporte en activo.
Entonces, cuando fue lo de los Claveles, cogió el coche, que era un Mini, y conducía fatal, además, y se fue. Pero físicamente en la frontera bajaron la barrera detrás de él, fue el último que entró. Porque claro, los otros estaban preparándose o estaban los corresponsales, pero los enviados especiales tenían que decidir si se aprueba o no se aprueba, y Manu se fue. Eso era la genialidad de Manu, cómo funcionaba.
Pero llegó un momento en que hubo una serie de periódicos, más que periódicos, los empresarios, que decidieron que había que meter mano allí. Y entonces: «Muy bien, Manu de director, todo exactamente igual». Pero nos pusieron de repente un señor que decidía en función de los intereses económicos y al año nos marchamos.
Creasteis LID, ¿no?
Claro, porque no se puede ir a tal sitio, no se puede no sé qué, menganito, que es un colaborador, es demasiado caro. Y dijo: «De aquí nos marchamos». Entonces montamos unos cuantos otra agencia, que fue Fax Press.
Línea Independiente de Diarios, y después independiente, que luego se cambió.
Claro, sí, porque estuvimos muy pocos meses con LID porque ya existía la marca.
Yo creía que LID hacía referencia a la noticia, al...
Yo también. Pero eso es lead, como sabes.
Sí, pero lo habían españolizado y después busqué y era Línea Independiente.
Ahora te cuento una cosa que no sabes, para que veáis por qué yo siempre digo que lo bueno era la escuela de periodismo y no la facultad. El lead es el primer párrafo de una noticia, que ahí viene el meollo y que luego se desarrolla. Se llama lead. Y por eso pusimos LID. Y luego hay otra cosa que es muy importante, que son los ladillos. Un ladillo, en una entrevista, lo que separa un párrafo de otro es un titular que se llama ladillo, porque el titular grande se centra.
Tuvimos los desayunos del Ritz, que era un grupo de periodistas que nos reuníamos durante cuatro o cinco años en el Ritz a desayunar. Pasó todo el mundo por allí, absolutamente todo el mundo. Vinieron tres abogados de ETA y fue una apología absoluta del terrorismo. Entonces tuve que ir a juicio porque a ellos les iban a empurar por apología del terrorismo. Mintieron como bellacos.
Pero en un momento determinado el juez me dice... Estábamos temblando todas porque teníamos miedo de que nos pasara algo a nosotras. Y entonces dice: «¿Y usted es verdad que tituló...?». Puse este titular. Dije: «Señoría, no fue el titular, fue el lead, fue el ladillo». Y me dice: «Le pido por favor que hable a este tribunal con un mínimo de respeto». Yo, hasta que ya marché, dije: «¿Por qué me dijo lo del respeto?». Me dijeron que pensó que era una ladilla. Yo le dije: «Es un ladillo». Y dijo: «Al tribunal con un poco de respeto».
Hace no mucho tiempo vino un chaval de Periodismo a hacerme una entrevista porque se la había encargado la profesora de redacción, y no sabía lo que era un ladillo. Digo: «Pero ¿cómo es posible? Si eres periodista, es que es la clave: es titular y luego lead. Que no sepas... ¿Qué redacción te están enseñando? Te están enseñando la redacción que estudia cualquier chaval de bachillerato. Hay un lenguaje periodístico, que por eso se llama la asignatura Lenguaje Periodístico. Es que lo hay, lo hay».
Y redacción, ¿no? Yo estudié en la facultad, pero estudié muchísimo la redacción.
Porque eres más joven que yo. Como te sientes.
Muy poco. Ojalá tuviera tu experiencia, tu capacidad y tu sabiduría expresiva.
Eso son años.
No. Como dice, lo que natura no da, Salamanca no aporta, algo así, mal traducido en latín. Pero sí es verdad que leer, mirar, escuchar, trabajar con alguien que sabe, equivocarte y que te corrija, ¿no? Editor.
Es decir, ahora, lo que ella explicaba, lo del fax, el télex... Después vino el fax, el teléfono, las monedas en la cabina, buscar un lugar donde transmitir, alguien que te lo coja, dictar al teléfono a unas... Ya ni me acuerdo cómo se llamaban, las secretarias de taquigrafía, todo eso. Yo lo viví, sí, pero viví la transición. Pasamos de la edad de plomo a la edad efímera de esos momentos donde puede cambiar en cada momento la noticia y una máquina dice lo que tú has de leer prioritariamente en tu ordenador, en tu teléfono.
Antes esperábamos al día siguiente, a las tres de la mañana, salir con el periódico impreso bajo el brazo, y dábamos el visto de rotativa. Y ahora hay veinte ediciones simultáneas y muchos mecanismos de corrección y de dirección. Por eso el periodismo es más necesario, creo, y sobre todo los controles de calidad y de conocimiento. ¿Está de acuerdo?
Yo recuerdo la impresión que me hizo cuando, en el año 73, estuve visitando Press, la redacción en Nueva York, y me quedé con los ojos a cuadros cuando vi un ordenador que no tenía internet ni nada, pero podías primero escribir sin tener que pasar la línea...
El carro.
El carro. Y luego corregir sobre la marcha.
Nosotros corregíamos con típex, un papelito que ponías encima de la tecla y entonces se quedaba blanco. Pero aquello me pareció, digo: «Algún día esto lo veré en España, algún día yo utilizaré esto». Pero era nada más que el asombro de una máquina que corrigiera y que no tuvieras que darle todo el tiempo al carro para pasar a la línea siguiente.
¿Y qué sientes ahora ante la inteligencia artificial, donde tú lanzas una pregunta ya con voz y te explican?
Espanto. Siento espanto con la inteligencia artificial. Lo sentí hace años con las redes sociales y creo que me he cargado de…
Eres ajena a la red, al margen de las redes sociales.
Yo no he estado nunca en redes sociales y, sin embargo, hay tres Pilar Cernuda, y he conseguido ya que las quiten, con mi foto.
Ah, que te…
Sí, sí. Para que os deis cuenta de cómo funcionan las redes sociales. Y luego yo tengo compañeras que me dicen: «¿Cómo es posible que tú no muevas tus artículos?». Y es que yo no los muevo. Si la gente los lee porque les apetece, muy bien, pero eso de que tenga que dedicar tres horas de mi tiempo al día para mandar mi artículo para no sé quién, para que pongan tantos… ¿Cómo se llama eso? Comentarios y tal. ¿A mí qué me importan los comentarios? A mí me importan los comentarios de la gente a la que yo tengo respeto o que es amiga mía, pero gente que no sé quién es, ¿a mí qué me importa? Es que es absurdo.
¿Pero has usado la inteligencia artificial en algún momento para someter a una…?
No. A mí lo que me pasa es entrar en internet para hacer una pregunta sobre alguien y te dice: «Esto es de inteligencia artificial». Pero lo único que he preguntado es una biografía, un dato. Hasta hace un rato he preguntado un dato, pero la inteligencia artificial a mí me da susto. Yo creo, hablando con gente que conoce mucho, que para la medicina, por ejemplo, puede ser importantísima, nos puede cambiar para bien la vida, incluso para aplicación, para enfermedades y eso. Pero me da mucho miedo, como me pasaba con las redes sociales, el mal uso.
Yo siempre digo: la red social es probablemente el elemento más importante de comunicación después del teléfono, pero el peor utilizado. Se han destrozado biografías de gente absolutamente honrada. Se han convertido en presidentes de gobierno a gente de medio pelo, pero que ha montado unos gabinetes impresionantes con las redes sociales para promoverse y luego han sido de lo peor. Y, sin embargo, insisto, se ha dejado en la cuneta a personas que habrían hecho un buenísimo servicio a este país. Se han destrozado personas, ya no del mundo de la política ni de la economía, sino personas corrientes y molientes, con dos tuits.
Yo nunca he puesto un tuit porque no sé ni lo que es; vamos, sé lo que es, pero no sé cómo se entra. Y les han hecho campañas innobles. Y sobre todo es que en este momento las redes sociales están en manos de grandes empresas, de los partidos políticos, de los ministerios, de gente, claro, de Elon Musk. Entonces estamos ahí entontecidos, siguiendo… El tiempo que se pierde, además, en vez de dedicarlo a hablar con tu familia, con tus amigos, a charlar, a ir al cine, a ir al teatro, a leer, que se está perdiendo la lectura.
Y a nivel periodístico la amenaza es sustituir redacciones por sistemas integrados de inteligencia artificial, que alguien les dice: «Escribamos sobre eso, escribamos sobre lo otro», y tres máquinas van a hacer un periódico. Hay algún periódico que lo hace, internacional y no muy lejano también.
Yo estoy espantada.
Es así, es así. Mira, hay una cosa que quería que contaras. Llegaremos a la política, a la política contemporánea. Hoy, que es el día que empieza… ¿Te imaginas que estamos aquí y de repente entra la UCO también, que está entrando en todas partes hoy?
Ya. Es que la UCO está entrando en todas partes.
Explicas que reuniste en un programa de televisión a Corín Tellado y a Margarita Landi. Corín Tellado era una novelista, la más leída en español en el mundo.
Del mundo.
Que hacía una novela cada semana, que vendían libretas pequeñas de quiosco, que yo creo que García Márquez o Vargas Llosa le expresó respeto.
Sí, sí.
Y por otra parte la confrontaste con Margarita Landi, que era una cronista de sucesos que fumaba en pipa, de El Caso.
De El Caso. El sargento… ¿Cómo se llama? Sargento de la pipa, algo así se llamaba. Era de El Caso, pero te contaba unos crímenes… Además decía, no en la tele eso: «Es que, fíjate, ahora ya los crímenes son todos con pistolas y con silenciador. Yo recuerdo cuando iba a un pueblo…». El sargento Pepito le llamaban. «Iba a un pueblo, había un crimen espantoso y yo llegaba a la casa y estaba la gente llorando y gritando, y te contaban, y veías que salía la sangre por debajo de la puerta». Decía: «Esos eran los crímenes, no los de ahora».
Entonces, en el programa de Carlos… de Pablo Lizcano, que era un tipo estupendo, y había que hacer… Fue marido después de Rosa Montero.
Sí, sí. Y era estupendo. Entonces: «¿A quién traemos para confrontar? Tenemos a Margarita Landi por un lado y a Corín Tellado», porque yo las conocía a las dos. Y digo: «Es que el choque la gente no se lo va a creer», porque Corín Tellado, que era la novela romántica por excelencia, vendía millones y millones y millones. No había nadie que vendiera más que ella en castellano, en español. Y luego la otra, que era lo de los crímenes.
Pues Corín Tellado era como una lady inglesa, vestida impecable, elegante, fumaba en pipa, pero los crímenes más horrendos del mundo. Además los explicaba muy bien, pero con ese tono de voz, muy inglés, muy así. Y Corín Tellado era muy hombruna, con una voz muy ronca, absolutamente descreída con el amor. Se había separado de su marido hacía mucho tiempo, no quería el amor para nada. Entonces era curiosísimo ver a las dos.
Y entonces tú también estuviste, digamos, en la trastienda, en el manejo de los guiones y de la realidad, con Pablo Lizcano, que era un gran…
Con Pablo Lizcano, con José María Íñigo, con Fernando Tola, que se murió muy joven, pero era un genio. También estuve con él, con mucha gente, con Mercedes Milá, con Isabel Tenaille. Con todas ellas fui guionista.
¿Cómo podías hacer convivir la crónica política y al mismo tiempo esta diversión de entretenimiento? Ahora dirían… Pero es periodismo, ¿no?
Ay, es que lo paso bárbaro con cualquier cosa.
¿Cuántas horas trabajabas?
Pues las mismas que ahora: veinticuatro, y si hubiera veinticinco… Y además me ocupo mucho de las relaciones familiares y de los amigos, muchísimo. Creo que es fundamental, fundamental, fundamental para todos nosotros el tener un núcleo familiar de verdad y tener amigos, pero de los amigos para lo bueno y para lo malo. Soy rica en ese sentido.
Muy bien. Una de tus amigas que citas, con quien has viajado mucho, es Julia Navarro, la hija de Yale, precisamente.
Sí, conocí a Yale.
Además, muy poca gente ha podido conocer la muerte de Franco al lado de otro.
Sí, sí. Julia es amiga entrañable. De hecho, es la madrina de mi hija y mi hija se llama Julia por ella.
No por Goytisolo, sino por Julia Navarro.
Sí.
Ah, muy bien. Es por Julia, porque creí que era por el poema de «Palabras para Julia». Yo tengo una sobrina que se llama Julia.
No, es por Julia Navarro y es amiga entrañable, vamos.
Sí, y es una novelista de éxito.
Sí, hombre, bárbara. Yo recuerdo cuando éramos jóvenes, ella siempre decía que a ella le gustaba mucho el periodismo, como a mí, pero ella decía: «Yo quiero escribir novela». Y yo decía: «Pues yo no soy capaz, pero a mí me gusta el periodismo». Y luego tuve… Y es bárbara, Julia, la verdad. Y además toca palos muy distintos. Acaba de terminar, está estos días terminando las galeradas de su última novela, pero nadie sabe de qué va. Como decía, solo lo sabía su perro, que es el que estaba al lado, y ahora tiene otra perrita. Pero yo creo que no sabe ni Fermín, su marido, sobre qué está escribiendo.
No, realmente es otro gran periodista, creador de un estilo en la radio, Barcelona, Hora 25. Que inventó Hora 25, fue el que dirigió el primer informativo fuera de Madrid, lo hacía en Barcelona, el primer informativo nacional que se hacía en la SER en Barcelona. Está bien. Estás en la sombra y al lado y en el papel central desde el año setenta y dos, podemos decir, al dos mil veintiséis. Esto es un privilegio total.
Sí, sí, lo es, lo es.
Y sobre todo hacerlo sin excesivo ego, que es un problema que tienen, y la vanidad que tienen los periodistas. Yo, pecador también, ¿no?
Pero, Andreu, ¿sabes lo que pasa? Que los de aquella época no podemos tener ego, porque vimos, vivimos situaciones que hay mucha gente que no se lo cree. A mí me ha dicho mucha gente si me había inventado estas cosas, pero es que nos pasaba a todos. Es que tuvimos una vida absolutamente apasionante, como yo jamás pude pensar que iba a tener. No solamente por vivir la política, yo siempre digo, no desde la barrera, sino en el ruedo, y con gente maravillosa, excepcional y mucho bobo también. Pero comparado con lo de ahora, pues nada, que ellos, hasta siendo bobos, eran bobos importantes.
Bobos con bombo.
Eso. Pero es que hemos visto, hemos conocido gente de dentro de España y de fuera de España. Tuvimos oportunidad, como España se puso de moda, de viajar con los reyes y con los sucesivos presidentes. Y además no es como ahora. En aquella época compartíamos…
El avión y la tertulia en el mismo…
Y nos contaban después lo que habían hablado y nos presentaban a la gente. Yo lo cuento en el libro: a mí el rey Juan Carlos me presentó a la reina de Inglaterra. Eso es un lujo. Y te quiero decir que, como no fui solo yo, sino que nos pasaba a todos, ¿qué ego iba a tener si éramos cincuenta? Ninguno, ninguno.
Sí, algunos lo cultivan más, lo cultivan menos. Hay un detalle que cuentas que afecta también a la raíz del periodismo, y que es la fidelidad, el off the record, la verificación de la información, dar la palabra y ser leal, no traicionar a la fuente. En vuestro equipo de los desayunos del Ritz vivisteis un episodio cuando Felipe González os invitó a la bodeguilla. Es decir, era antes del año… ¿Ochenta y dos o noventa y seis? No sé qué año exactamente.
Sí, al principio.
Al principio de la bodeguilla. ¿Qué pasó?
Pues que hubo una periodista, muy amiga suya, y él nos dijo que sí, pero con la condición de que no publicáramos nada. Era un momento muy difícil en el periodismo, en la política. Y entonces nos dijo que sí, dice: «Pero con la condición… Para que tengáis las claves de las cosas que están pasando y por qué toman determinadas decisiones». Le dijo a Julia: «Voy a inaugurar un sitio donde vamos a hacer reuniones», que era una antigua bodega que había en la parte de atrás. «La voy a inaugurar con vosotros, si queréis, en la Moncloa, pero con el compromiso de que no publicáis nada en mi boca. Es decir, vosotros podéis utilizar las claves, ciencia infusa, y os invito a cenar y estáis allí».
Y entonces le dijimos que sí. Julia lo dijo a las demás, le dijimos que sí. Cuando llegamos a Moncloa, Felipe lo volvió a repetir, dijimos que sí y a los dos días lo publicó Pilar Urbano a toda plana en ABC. Rompió los desayunos del Ritz, evidentemente.
Y usted se dejó de hablar con ella.
Yo no le volví a hablar, desde luego. Y además había registrado el nombre de los desayunos.
Dios, había registrado la marca.
La marca, que tampoco nos enteramos. Yo no suelo hablar mal de compañeras, pero de Pilar sí, porque creo que eso es un…
Episodio cruel, ¿no? Porque además es la traición a la fuente y la traición a sus colegas, que habéis hecho el pacto.
Pero es que a una de ellas estuvo a punto de costarle el puesto. Dice: «¿Cómo es posible que tú estabas allí y no lo hubieras contado?». Porque hay directores que no entienden el off the record. En este caso trabajaba para un director que no entendía lo del off the record, creía que todo había que contarlo. Cosa que también hubo problemas con eso, porque yo recuerdo la época de ETA, durísima, durísima, y me da una rabia espantosa que estemos ahora en manos de gente que quiere hacer como que aquello fue poco menos que una broma.
Había algunos de los ministros de Interior que sabían que teníamos ya redes de información que nos daban muchos datos. Cuando iba a haber una operación importante, por ejemplo, de descubrir a un comando o que se iba a liberar a un secuestrado de esos de larguísima duración, nos reuníamos los que hacíamos política interior y nos daba el propio ministro toda la información. Y dijo: «Mira, va a pasar esto tal día y tal. Por favor, no lo publiquéis, no vaya a ser que alguna de vuestras fuentes, un policía, un guardia civil, lo cuente, y es que se estropea la operación y estamos jugando con la vida de mucha gente».
Y lo cumplíamos a rajatabla porque luego la contraprestación era que dos días más tarde nos daba toda la información completa, excepto lo que no se podía dar porque se ponía en riesgo el saber cómo se sabía. Por ejemplo, cuando se liberó a Ortega Lara, un par de datos que no nos dieron nunca, porque si se daban, los propios de ETA sabían a través de quién o cómo se había conseguido saber dónde estaban. Entonces eso se llevaba a rajatabla. Era colaboración de esa manera, es decir, no decir que hay una operación importantísima, pero a cambio luego nos daban muchos datos y había mucha confianza.
En el periodismo italiano había el pacto, que es discutible, de no hablar de atentados directamente porque consideraban que era un efecto rebote, como también se decía no hablar del suicidio. Pero después eso entró en discusión porque las redes y los teléfonos móviles rompen cualquier circunstancia. Pero había un periodista que sistemáticamente decía que cuando había una información había que darla, y no entendía ese concepto.
Sí, sí. Y eso provocó que muchas cosas que hubiéramos sabido por boca de quienes estaban llevando las operaciones y hubiéramos podido actuar mejor, o incluso no asumir riesgos las operaciones porque las sabíamos de antemano, pues eso se vino abajo. No todo el mundo entiende el periodismo así.
Sí. No es para relativizar esta circunstancia tan gris que fue la época, la edad de plomo de ETA. También había el GRAPO y el FRAP. Tuviste dos compañeros periodistas, Pío Moa y Blanco, que estaban en la escuela de periodismo. Pero hay un detalle humano, que es que liberan a un secuestrado del GRAPO. No sé, no me acuerdo si era Oriol o no sé quién era.
Y Villaescusa, los dos juntos.
Tú y Susana vais a cubrir la liberación.
Lo más alucinante que me ha pasado en la historia de la carrera. Habían secuestrado al principio de la democracia, en el año setenta y seis, justo después de la proclamación del rey y todo eso, cuatro meses más tarde, primero a Oriol, que había sido presidente del Consejo de Estado con Franco, y luego a Villaescusa, que era un militar de muchísima graduación, unos días más tarde, y luego estaban juntos. Fue el GRAPO. Y llevaban tres meses, o no, dos meses llegaron. Nos daba información cada dos o tres días Miguel Primo de Rivera, que era yerno de Oriol, y estaba España entera pendiente de aquello.
Y cuando se liberan, fue en Vallecas, salimos zumbando para Vallecas, Susana Olmo, que era una compañera mía que ya ha muerto, que era estupenda, a ver la liberación. Y cuando llegamos ya se habían marchado ellos dos, pero quedaba todavía todo el follón, todo el problema enorme. Estamos hablando con la gente, cómo había sido, cómo habían entrado, y de repente aparece una señora y nos dice: «¿Sois periodistas?». «Sí». «Pues yo vivía…».
Estaba el matrimonio que los tenía secuestrados, que eran miembros del GRAPO y que eran los que los cuidaban, pero los jefes eran otros. Tenían un bebé como de cuatro o cinco meses. Y entonces…
La señora de al lado los conocía, conocía al matrimonio. No sabía que estaban allí, no le vi la excusa, pero conocía al matrimonio y sabía que tenían ese bebé. Y cuando vino la policía, al matrimonio se lo llevan detenidos, cogieron la niña y se la llevaron a la señora de al lado.
Y entonces, cuando estamos allí, esta señora dice: «Es periodista. Bueno, el niño». Y yo: «¿Qué niño?». Dice: «El niño que era de los que se han llevado detenidos». Dijimos: «Bueno, pero ¿cómo?». No se lo quería dar a un policía: «Yo no quiero saber nada. No quiero saber nada». Entonces, el niño se larga. Dijimos: «¿Qué hacemos con el niño?».
Estaba lleno de guardias civiles y de policías aquello. «Nos pasa esto». «Nosotros no queremos saber nada». Nadie quiere saber nada del niño. Susana y yo con un bebé. Tenía cinco meses, seis meses, una rubita, una niña. Y entonces: «¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos?».
Y llamo a mi hermana, que es abogado, y le digo: «Oye, nos pasa esto. No quiere saber nadie nada de él. La policía no quiere saber nada. La Guardia Civil tampoco. Todo el mundo se escaquea. Me lo voy a llevar a casa y mañana hablo con el Ministerio del Interior y a ver qué hacemos». Dice: «Ni se te ocurra llevarlo a casa. Ni se te ocurra. Vete ahora mismo, pregunta dónde hay una inclusa, o lo pregunto yo, y te vas para allá».
Bueno, pues cogemos un taxi. Mi propia hermana averiguó dónde era, me acordé toda la vida, en la calle O'Donnell. Y cogimos un taxi con el bebé aquel y llegamos. Eran unas monjitas. «Traemos un bebé». «¿Cómo que traen un bebé?». Le contamos la historia y dice: «Nosotros no queremos saber nada de eso, porque nosotros aquí tenemos niños que los dejan los padres, que sean niños abandonados, que no sé qué, pero esto que venga de los que se ha llevado la policía, de secuestrar, nosotros no».
Bueno, después de suplicarle y no sé qué más, le dijimos: «Mire, por favor, porque es que además no podemos llevárnoslo nosotros, porque podemos ser, como me dijo mi hermana, cómplices de...». Claro. Entonces digo: «Mire usted, vamos ahora a una farmacia, le traemos lo que usted quiera». Bueno, al final se apiadaron de nosotras y efectivamente dijeron: «No traigan nada de comer, que tenemos de todo. Tráigannos, en todo caso, algo de ropa». Fuimos a la farmacia, compramos chupetes, compramos de todo, compramos leche, de todo.
Y al día siguiente... Bueno, estuvimos tres días yendo allí, hasta que al final, cuando fuimos al tercer día, ya le dijimos a los de Interior que estaban allí y ya nos dijeron: «Bueno, en cuanto localicemos a alguien, sabiendo que está ya en la inclusa, nos ponemos en contacto con ella». Y el tercer día apareció la abuela. Fuimos por la mañana, Susana y yo íbamos todos los días por la mañana a ver aquella niña, que era una monada de niña, más rubita. Y dijeron: «Ha venido su abuela y ya se la han llevado». Lo que sí fue decir a Interior dónde estaba la niña. Claro, pero fue de esas cosas que dices: «¿Cómo es posible que nos esté pasando esto?».
Sí, hoy en día la sacarían en un programa de reality en televisión y cobrarían. Irían con el niño a ofrecerlo, o la niña, a ofrecerlo. No es un absurdo, es decir, eso ocurriría así. Sí, sí. Ahora hay una competencia por la crónica visceral.
Claro, claro. Sí, sí. Antes de pasar al turno de preguntas, yo creo que hables de política. Y antes, una cosa: en el año 2000, Pilar Cernuda, aquí presente... Gracias por venir de nuevo. Fuiste a ver al rey Juan Carlos a Marivent.
Sí. Desconocí, porque el rey no recibía periodistas, entre comillas. Bueno, algún escritor sí, y poco más.
Sí, pues porque escribí un libro que se llama «23 días de noviembre», que es probablemente ese libro, junto a este y mi primera novela, que es una novela gallega, de lo que estoy más orgullosa. Yo he escrito muchos libros de actualidad, pero esto... Y este me da pena porque no se ha distribuido. O sea, que si les interesa y en la librería les dicen que no existe, no está... Bueno, existe, pero no se distribuyó en su momento. Lo pide a la editorial la librería y lo tienen, porque tienen cantidad de libros, pero no se distribuyó. Me da mucha pena porque ha habido cantidad de entrevistas.
Con el color carmín, el mismo carmín que lleva en los labios.
Sí, nunca llevo carmín. Jamás. Tiene gracia porque las maquilladoras de televisión, sobre todo una de Espejo Público, que es fantástica, siempre decía: «Rojo pasión para los labios». Y yo: «No, en la vida». Digo: «Eso es para la gente más joven». Pero nunca me he puesto los labios rojos.
Y entonces mi hija, que es diseñadora, me dijo: «Te quiero hacer yo la foto, la portada». Lo dijo a la editorial, le dijeron que sí y buscó una foto que yo no sabía cómo estaba. Y cuando veo los labios rojos, digo, cuando ya estaba hecha: «¿Cómo has puesto los labios rojos?». Y me dice: «Porque siempre pensaba que te sentaría muy bien». Lo primero que hice fue ir a la maquilladora y decirle: «Carmen, mira, has cumplido tu objetivo».
Pero el libro no se distribuyó apenas, cosa que da mucha pena. No ya porque vendes menos, sino porque creo que es un libro que te explica muy bien lo que es el periodismo.
Está bien, es decir, estudia bien el periodismo. Y yo he recordado, mientras lo estaba subrayando estos días...
Bueno, pues el otro libro que escribí se llama «Los 30 días de noviembre», y son los 30 días, día a día, del mes de noviembre del 75, en que pasa todo: la muerte de Franco, pero con los prolegómenos, y la proclamación del rey y las primeras decisiones del rey, día a día. Hay un trabajo muy grande de documentación. Me pasé muchos días en la biblioteca, en el Congreso y en la hemeroteca para recordar cosas, pero con mucha información que me dieron de más.
Por una parte, tuve la suerte de conocer circunstancialmente a la persona que estaba con Franco cuando se murió, la que estaba con él en el cuarto al lado, que era el asistente que le tocaba ese día, el asistente militar que le tocaba, que hacían turnos. Y me contó todo lo que pasaba aquel día porque resulta que lo tenía escrito como si fueran sus memorias, y lo tengo ahí.
Y luego hablé con muchísima gente de aquella época. Hablé con Carrillo, hablé con Manolo Prado, con Nicolás Franco, con toda la gente que tuvo mucho que ver con esos días y con el tránsito de la dictadura a la democracia, y que prepararon la democracia con el rey Juan Carlos. Y gente que hasta entonces no había hablado nunca. Fue la primera vez que Carrillo contó su entrevista con Nicolás Franco en París. Todo el viaje de Nicolás Franco... No, de Manolo Prado para ver a Giscard, para que viniera a España, y luego con el búlgaro... O sea, cuento cosas que no se habían sabido nunca.
Y fuiste a la fuente.
Claro. Y cuando el rey Juan Carlos me dijo: «Yo te contaré cosas también». Y no me las contaba y no me las contaba. Y de repente, un día de agosto, estaba con las galeradas. Las galeradas, cuando tú escribes un libro, te manda la editorial, ahora en ordenador, pero antes era en papel, para que tú corrijas, si quieres añadir algo, alguna falta de ortografía, alguna expresión que está mal, y tú lo corriges y luego ya se lleva a imprenta.
Y estaba con las galeradas y me llamó Fernando, efectivamente, y me dice: «Oye, que el rey me dice que si puedes venir mañana, te recibe». Llamo corriendo a la editorial y le digo: «Oye, paradlo porque voy a tener que meter cosas». Y estuve aquí, en Marivent, con él toda la mañana. Y además tiene gracia porque me decía: «Yo no me acuerdo de nada». Y digo: «No importa, señor, porque como estoy justo con las galeradas, yo os voy preguntando».
Y de repente dice: «¿Es verdad aquello de Manolo, cuando le pegó, que estuvo tres días desaparecido, que luego descubrimos, por eso está sordo?». O sea, iba sacando cosas. Y la verdad es que el libro para mí fue muy halagador, primero por mí misma, pero luego Javier Tusell, que es un historiador conocidísimo, que ha muerto ya, pero era una figura, una eminencia en historia en aquella época, dijo en El País... Además, que El País nada más que publica cosas buenas de sus autores.
Es verdad.
Y dijo Javier Tusell... Sí, pero bueno, hace también. Y Javier dijo: «Este libro de Pilar Cernuda hay que leerlo porque da información sobre temas que no podíamos ni sospechar». Porque hablé con... Tuve la suerte, claro, en aquella época, como era una relación tan cercana la de los periodistas y teníamos tan buena prensa, valga la prensa, porque es que hicimos un trabajo muy bueno.
Yo creo que sí. Al rey, en el año 95, ETA lo intentó matar en Mallorca.
Sí, claro.
Yo aquel día estaba en Marivent, en su despacho, porque tenía que hacer un encargo. Era un día de la vida del rey en Mallorca.
Sí.
Y había concertado con su jefe de prensa, su asistente, el secretario y tal, una visita. Y a las cuatro de la tarde, cuando yo fui, no estaba. Sí había el perfume de su... Y un código con los cuatro números cruzados, como si fuera un crucigrama, del teléfono encriptado.
Sí. El rey había salido, lo habían trasladado a una galería de arte fuera de Palma y tal, mientras Garzón, sin que nadie lo supiera, hacía el operativo para detener en Porto Pi, al lado de donde tenía el barco, y en el puerto de Alcúdia, al comando terrorista con el rifle dispuesto a...
Claro, que allí fue Parot, fue uno de los que instigó aquel atentado.
Claro. No, Parot no. Entonces, me llamó la atención que el rey recibiera periodistas. Y está bien, tú eres Pilar Cernuda, evidentemente. Y fuiste asistenta personal durante dos días, o ayudante o compañera, de Oriana Fallaci. Un mito que, al mismo tiempo que veneras, desmontas personalmente.
Es que para mí era un mito. Primero, en aquel momento no es que yo fuera Pilar Cernuda, aparte que lo de Pilar Cernuda, yo qué sé, pero es que en aquel momento el rey tenía mucha relación con los periodistas que viajábamos siempre con él. Los viajes daban para mucho. En muchas ocasiones compartíamos avión porque ibas a países con los que no había vuelos. Entonces, el rey iba en el suyo, en el de Fuerzas Armadas, grande aquel, el DC-8. Y si éramos muchos, se alquilaba entre todos uno de Aviaco. Me acuerdo muy bien que era Aviaco. Spantax, perdón, de Spantax.
Pero luego estábamos allí y compartíamos mucho con él. A veces incluso estábamos en el mismo hotel. O sea, que teníamos una relación estrecha con los reyes y con la gente de la casa. Entonces, no es que yo fuera una periodista importante. Es que en aquella época todos estábamos jugando lo mismo, que era defender este país y poner en valor este país, lo que ya no existe ahora. Y decir eso es una cursilada, pero es que de verdad lo sentíamos.
Allí había periodistas que procedían del PC, periodistas que eran... De Fuerza Nueva nunca, pero que estaban muy a la derecha. Y al final es que todo se olvidaba. Había gente que estaba en la cárcel en la época de Franco, otros... Y todos, al final, era: «Hay que sacar este país adelante». Y el rey era quien lo estaba sacando, y esa relación espléndida con Adolfo Suárez y espléndida con Felipe González. Y ahora... Claro.
Entonces, cuando Fernando Almansa le dijo al rey: «Pilar está escribiendo un libro, señor, y me ha pedido esto», el rey le dijo: «Sí». Pero luego se le pasa, porque tendría otras cosas que hacer. Yo ya no insistí más porque Fernando se lo dijo dos veces y yo sé que no puedes ser la pesada de turno. Y hay dos cosas que no soporto: a los aburridos y a los pesados. Entonces procuro no serlo. Pero cuando me llama y me dice que sí, pues claro.
Y más luego, yo le tengo un profundísimo afecto al rey Juan Carlos. Yo creo que el rey Felipe es excepcional.
Excepcional. El rey Felipe, ¿no?
El rey Felipe es excepcional, pero no puedo evitarlo. Tengo una profundísima admiración por el rey Juan Carlos y profundo afecto. Y además solo puedo tener buenas palabras de cómo me ha tratado y cómo se ha portado siempre conmigo, cómo me he sentido querida, respetada. Me ha dado pruebas de muchísima confianza. Eso es impagable.
Y luego, por encima de todo, yo no olvido lo que le debo como española. Yo he vivido durante 20 años lo que ha costado sacar este país adelante, y se ha sacado porque estaba el rey Juan Carlos ahí. Luego hemos tenido buenos presidentes, por supuesto, pero el rey Juan Carlos fue, sin ninguna duda, el motor de aquella aventura. Sin ninguna duda. Que luego ha cometido actos que a mí me entristecen, sin ninguna duda, y que me han decepcionado, sin ninguna duda. Pero yo sé la otra parte y lo tenemos que saber todos. Lo que pasa es que ahora hay una campaña tremenda de desprestigio, pero yo no olvido lo que le he visto hacer por nosotros. No lo puedo olvidar.
Ahora vivimos en un volcán, hemos dicho, en un momento, digamos, de aguas movedizas. Una catarata de noticias y una opinión pública o publicada discrepante, distante del poder. En el libro explicas cómo apareció Pedro Sánchez en la vida española. Bueno, en tu vida. Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno desde hace ocho años, en el año 2026.
Sí, sí, todavía. Pues a mí me llama un día Pepe Blanco, con el que tengo muy buena relación, y me dice: «Pilar, quiero que conozcas al próximo secretario general del Partido Socialista». Y digo: «¿Quién va a ser?». Y dice: «Pedro Sánchez». Y dije: «¿Quién es? Pepe, si yo no le conozco, ¿cómo va a ser el próximo secretario general del Partido Socialista, como dices tú, dentro de unos meses? Si no le conozco. Quiero decir, si los periodistas no lo conocemos, ¿qué ha hecho?». Y me dice: «Es diputado desde hace un mes». Y digo: «Pues no lo conozco. En este mes no ha hecho nada y estamos todo el día en el Congreso y no sé quién es, no tengo ni idea».
Dice: «Tú no te preocupes. Yo me voy a ocupar de que sea secretario general. Lo que quiero es que lo conozcas». Entonces digo: «Bueno, pues pónmelo a tiro, porque yo le voy a llamar, no sabe ni quién soy, ni yo sé quién es él». Y efectivamente, a los tres días me cita al lado del Congreso.
Entonces, como era al lado del Congreso, yo estaba en el Congreso y cuando salgo estaba hablando con Ciprià Císcar, que era en aquel momento secretario de Organización. Y le dije: «Perdona, he quedado con un diputado y me tengo que ir». «¿Quién es?», me dice. «¿Quién es, que te vas con tanta prisa?». Digo: «Es que lo voy a conocer. Pedro Sánchez». Me dice: «Ah, el guapo». Definición. Me podía haber dicho: «Es un tío interesante». No, «el guapo».
Bueno, os lo corto. Simpático, me cayó bien. Durante un tiempo nos veíamos mucho, como te ves con otros políticos. Y efectivamente fue secretario general del partido, porque Pepe Blanco manejaba los...
Pepe Blanco era ministro, número dos del PSOE, y ahora encabeza un despacho lobista transversal ideológicamente y territorialmente.
Sí, hace un lobby. Tiene una agencia, una empresa de lobby, que va muy bien. Entonces Pepe era Organización del partido y mandaba muchísimo en el partido, pero muchísimo. Y sobre todo manejaba muy bien las cosas del partido. O sea, que yo por primera vez dudé de él, pero resulta que era verdad.
Entonces luego me enteré ya de más cosas, como que Pepe Blanco se había fijado en él porque sabía de economía. Se lo presentaron a él Antonio Hernando y Óscar López, los que estaban ya con él. Y vio que aquel chico funcionaba y lo convirtió en secretario general. Efectivamente, me...
Vio los suficientes. Evidentemente no me llamó a mí sola, llamó a 40 periodistas más. Estoy absolutamente segura, y creer que me llamó solo a mí es que soy imbécil. Llamó a casi todos y me llevaba bien con Pedro Sánchez. Me llevaba bien hasta que un día le dije que me había decepcionado, me había mentido.
Yo siempre digo que soy la primera que se dio cuenta de que le había mentido Pedro Sánchez. Y luego ya todo el mundo se ha dado cuenta porque miente mucho, pero a mí es que me parece muy mal porque fue después de la primera campaña de municipales, autonómicas, en las que él luego se pasó otra campaña diciendo que jamás con Podemos, jamás con Podemos, y en cuanto terminó: «Voy a pactar con Podemos». Y entonces yo me lo encontré a cuatro o cinco días en el Congreso y: «Hombre, Pilar, que no nos hemos visto nada todas estas semanas con campaña y tal, ¿qué tal estás?». «Yo estoy muy bien, pero mi decepción contigo es absoluta». Se dio la vuelta y nunca más me volvió a hablar, cosa que es absurda porque a mí me dice alguien: «Mi decepción es absoluta», y le pregunto: «Oye, ¿por qué? Cuéntame por qué. Vamos a tomar una Coca-Cola y me cuentas». Nunca más.
Y además era, lo cuento en el libro, en el colegio, en el Congreso, cuando llegaba todos sabían la historia ya. Decía: «Buenos días, Pedro». Y nunca me saludaba, era ya la broma. ¿Y por qué dije eso? «Me has decepcionado mucho». No le dije: «Me has mentido». Le digo: «Me has decepcionado».
También haces comparación entre Rajoy y Zapatero, que también está de moda, el anterior presidente del Gobierno y el líder del PP. Y Zapatero, que fue presidente del Gobierno y está ahora que ver.
La gente se equivoca de la misma manera que nos equivocamos con Zapatero todos. Yo cuando leo estas noticias estos días digo: «No doy crédito», porque lo teníamos por buena gente, por un tipo honrado de verdad. Y nunca lo he visto como una lumbrera, como podía ser Aznar o Felipe, por supuesto, o Sánchez, que a mí me parece un tipo bastante detestable, pero es un tipo que tiene cabeza política. Y Zapatero no, no era. Hombre, ha sido elegido de rebote, de rebote, sí, para que no saliera Pepe Bono, que es otra lumbrera de la política.
Y ahora de los negocios, ¿no? Bueno, pero claro, es un apunte, yo hago apuntes, digamos, de documentación, no de replicación.
Pero fíjate, siempre se dijo que estaba en temas de negocio, siempre, de Pepe Bono. Pero, sin embargo, de Zapatero nunca y ha sido una sorpresa. Y la gente se llevaría una sorpresa con Rajoy también si lo conociera. Es una persona de un trato absolutamente... Él estaría aquí disfrutando con gente, le gusta charlar con todo el mundo, tiene muchísimo sentido del humor, mucho sentido del humor. Yo todas las personas que conozco que luego han tenido la posibilidad, como yo, de... Incluso ahora, pues yo veo bastante a Carmen, a su jefe de comunicación de toda la vida, secretaria de Estado, y de repente aparece él. Quedo con Carmen, aparece él. Es un tío muy llano y con muchísimo sentido del humor.
Vamos a pasar al turno de preguntas al público por cuestiones horarias, ¿no? Para cambiar de tema, los periodistas que pasan a hacer actividad política directamente, no desde sus columnas o desde sus altavoces o desde las páginas del periódico o de la televisión.
Lo dicen siempre de Rajoy, lo dicen siempre.
No, los periodistas no.
Sí, los periodistas que hacen eso, muchos de izquierdas, cuando le conocen siempre salvan a Rajoy diciendo: «De trato es bárbaro». Te trata igual de bien a mí, que soy gallega y que tenemos muchos amigos en común y que siempre he tratado muy bien, que con los que le han dado tortas en el carnet de identidad, porque es un tipo muy afable y con mucho sentido del humor.
Sí. Ahora que llevamos más de una hora de conversación, una hora y 13 minutos, abrimos el turno de preguntas si hay alguna persona que tiene interés en interrogar, concretar alguna... Interrogar no, que es un lenguaje policial, sino preguntar.
Mi pregunta para los dos es: en vuestra conversación, por la que os doy las gracias, ha aparecido un poco de refilón ese periodismo de una calidad ínfima que hoy en día es posible hacer gracias a la inteligencia artificial. Se puede generar, por ejemplo, un artículo entero con un titular con mucho gancho para que la gente haga clic y lo lea, generar visitas y que eso pueda ser llamado periodismo. Quizás el haber caído hasta un punto tan bajo puede servir para, por contraste, que nos demos más cuenta ahora de lo necesario que es un periodista periodista, un periodista sobre todo de investigación que haga algo que la inteligencia artificial nunca va a poder hacer.
Mira, primero, periodismo de investigación hay poquísimo. Lo que hay es periodismo de filtración, que tiene buenas fuentes donde hay que tenerlas y que te filtran información de investigación. Yo hace mucho tiempo que no conozco periodistas de investigación. Quizá Esteban Urreiztieta en este momento, y Ketty Garat, que se ha convertido en una figura porque ha investigado hasta la extenuación y además con gran rechazo por parte de algunos compañeros porque no les gustaba que metiera el dedo en la llaga de políticos que tenían mucho predicamento y que nos daban mucha información. Ketty es una heroína, de verdad, lo ha pasado condenadamente mal, condenadamente mal. Y Esteban es de toda la vida, de toda la vida.
Pero no hay. Ahora hay periodistas a los que les filtran información y ellos la facilitan y la firman, pero hay poco periodismo de investigación de aquella época que había aquellos de La Vanguardia, ¿no?, de Bordas y Eduardo, que eran estupendos, eran bárbaros. Hay menos, hay menos. O Cerdán también y Rubio, pero que estén ahora mismo investigando... Entre otras razones porque es carísimo, es carísima la investigación.
Entonces, lo de la inteligencia artificial, hace un año así, cuando empezaba la inteligencia artificial, un amigo... Yo soy muy amiga de su madre, hijo de amigos míos, estaba con la inteligencia artificial entusiasmado y entonces me estaba explicando cómo se podía aplicar en muchas cosas. Y me dijo: «Bueno, vosotros lo tenéis mal, porque puede aparecer alguien firmando por ti y que puedes ser tú». Y le dije: «¿Y eso? Porque yo pienso en los actores». Dice: «No, sí, los actores, se puede imitar la voz, se puede hacer todo, tu propia cara». Bueno, ha habido ahora, sabéis, Brad Pitt ha hecho un recurso, ¿no?, porque es que te copian todo.
Entonces me dice: «Te voy a escribir un artículo por ti». Y no me acuerdo qué me dijo. No sé si era un artículo sobre algo, yo qué sé, era algo muy corriente, pero era algo de política, alguna cosa muy corriente. Entonces: «Lo voy a escribir por ti». Y se pone a escribir y como a los dos minutos me da el artículo. Oye, lo leo y es que era yo, era lo que yo pensaba y con mi mismo estilo. Entonces, claro, te entra mucho susto.
Por eso decía yo antes: es fundamental regular y controlar cómo se va a aplicar la inteligencia artificial. Es que se acaba todo. Es que incluso un coloquio como este lo puede... O sea, si en vez de estar físicamente se hace a través de una... Parecemos los dos y no somos ni tú ni yo. Nuestra voz.
Yo suelo preguntar, ¿no? La opinión es obvia. Yo creo que la gran amenaza para muchísimos derechos e intimidades y la amenaza cultural es el uso perverso y el uso habitual de la inteligencia artificial para sustituir el alma. Sería bueno, el alma, la mirada, el ojo, el sentimiento, el pálpito humano, todo, todo. Es decir, podrán escribir al estilo Pilar Cernuda.
Sí. Y podrán imitar la voz, la imagen, todo, porque hay 300.000 artículos e intervenciones en radio y televisión donde documentan tu biografía, pero faltará la duda, la pausa, el halo, ¿no? El halo, digamos, real.
Bueno, yo conozco médicos que: «Un momento, voy a aplicar artificial», y tiene el 0,1 % de que esta mancha se convierta en un cáncer. Eso me lo dijeron a mí. Y a otro amigo mío le dijeron: «Pam, sí». Y la odontóloga le dice un día no se conal cruzado completamente y menos normal que él dudó y no se lo aplicó.
Sí, sí. Fíjate, y sin embargo ya me cuentan médicos que para ellos falta mucho todavía para que se pueda aplicar como debería aplicarse, pero que ahí sí que puede haber un campo importantísimo.
Creo en el nivel intelectual y de creación, el PA mismo esto, una intervención, yo creo, ¿no?, encíclica que hay que leer y subrayar y que desde el punto de vista abierto se puede sean de compartir.
Mira, me gustaría pronunciaros un poco sobre Oriana Fallaci, que aquí y en muchos sitios la han leído, sus entrevistas ilustradas, sus libros sobre grandes personajes, sus entrevistas mordaces, documentadas, duras. Después tuvo un final que era muy polémico sobre el islam y sobre la posición de los inmigrantes.
Tenía razón. Aquí yo creo que tenía razón con el yihadismo. No me refiero al tema de la inmigración, me refiero al tema del yihadismo. Amenazismo.
¿Cómo? Es decir, yo creo que pocas veces una escritora es capaz de describir en dos líneas una biografía de una persona. A Golda Meir la describió fantásticamente, fue con un ramo de flores a ella para entrevistarla.
Sí, sí. Y Kissinger. Bueno, vamos a ver.
Y llevó un ramo de flores a Txiki, tú lo cuentas, al fusilado por Franco que era un supuesto terrorista.
Terrorista.
Fue la posibilidad de mi vida de conocer a la periodista que más admiraba, que era Oriana Fallaci, la que yo leía aquí en la Gaceta por Europeo, y luego sus libros y las entrevistas. Bueno, cuando Manu cuenta que es amigo de ella y veo que es verdad, porque cada vez que era en Madrid vivía en un hotel que le buscaba Manu y estaba todo el día en la agencia y tal, y a mí una de las veces últimas que vino, que fue cuando vino a ver a Txiki y todo aquello, Manu me dijo que me fuera con ella para eso. Y entonces era una persona tan déspota y que trataba mal a la gente, a la gente que no se puede defender, que es el taxista, el camarero, la secretaria. Y eso a mí me pone enferma, no puedo evitarlo, me pone enferma.
Y la encontré... Yo fui todo lo amable que pude con ella, primero porque la admiraba muchísimo, pero a veces la gente que admiras tiene otra cara también y sentía haber conocido esa cara. Y hablando un día con Julia precisamente, no hace mucho...
Julia Navarro.
Julia Navarro, sí. Digo: «Me arrepiento de haberla conocido porque la tenía en un pedestal». Y entonces me regaló una biografía que acaba de escribir de Oriana Fallaci, que es la biografía autorizada de Oriana Fallaci. No la escribió ella, pero se la permitió a una periodista, que pudiera hablar con todas las personas que ella autorizaba hablar con ellos. Y es una biografía muy auténtica que podría ser autobiografía, porque se cuenta muy bien todo lo que pasó, su sufrimiento, sus contradicciones, su fascinación por determinados mundos y cómo iba cambiando, todo lo que pasó luego con ese libro brutal sobre el yihadismo. Pero fue una precursora de alertar sobre lo que significaba el yihadismo y me congracié con ella, me congracié con ella.
Y sus libros no han caducado. Evidentemente los personajes ya no están.
Claro, es como el de Kissinger último, que ya ha muerto, pero las cinco biografías que hace de las personas que más le han impresionado es un libro que hay que leer.
Claro. Entre las biografías, entre las memorias periodísticas que me ha recordado, decir por tan tan compenas, está, por ejemplo, uno que es muy interesante, que es el de Gaziel, que han recuperado al cabo de 50 años, ¿no?
Sí. Tiene distintos títulos y en castellano no me acuerdo cómo lo han traducido.
¿Quién es? Yo tengo dos libros biográficos que me encantaron. Uno es el de Bradlee, que era el director del... Y otro el de su jefa, el de la... Coincidimos. Son excepcionales.
De Bradlee me he identificado básicamente los fines de semana en su jardín amplio, ¿no? Trabajaba tanto y ella... Claro, hay una connivencia con el poder enorme, ¿no? Es decir, cómo los poderosos políticos, financieros, estaban mezclados con los periodistas que eran el director o la propietaria.
Claro, en el caso de la propietaria lo pasó peor porque tenía que cortar informaciones que venían de su íntimo amigo y fue uno de los grandes scoops del Washington Post, ¿no? Los papeles del Pentágono, y era acabar con la carrera de quien era probablemente su principal amigo, confidente.
¿Hay más preguntas? Bueno, allí atrás, allí, el señor.
Sí. Una pregunta poco vinculada con la actualidad, pero acudo a su experiencia.
¿Dónde está? Que no lo veo.
Estoy aquí al fondo. Ah, sí, sí.
Acudo a su experiencia como periodista en la época de la Transición. Hoy he leído que Enric Juliana, que es un periodista de La Vanguardia, reconocido y yo creo que altamente fiable, ha escrito un tuit, perdón, en las redes sociales y decía: «Café». ¿Crees que es equiparable la situación? ¿Nos tenemos que alarmar o estamos alarmados? ¿Te parece que utilizar el término café...?
¿Es café? No sé, no he leído el artículo de hoy.
Porque no es un artículo, era un tuit breve.
Yo no estoy en Twitter. Es amigo y le quiero mucho.
De la guerra, de Falange, en fin, de los años golpistas de los 30. Y Juliana es un personaje que habla mucho sobre esta convulsión en Madrid actual. ¿Cuál es su opinión?
Sí, eso lo sigo porque lo leo a menudo y además lo conozco mucho y he trabajado con él. He compartido tertulias mucho tiempo. Yo creo que él es una persona que en este momento siente una amargura tremenda, pero distinta a la mía. Yo siento una amargura tremenda porque creo que este país se está descomponiendo moralmente, que es lo que más me preocupa. Y él, sin embargo, cree que desde Madrid, desde la política de Madrid, estamos destruyendo la riqueza de la diversidad autonómica. Sobre todo él es muy catalanista, luego se convierte en independentista. Siempre fue de Pujol, pero también es verdad que Pujol luego se convirtió en independentista.
En sus orígenes fue comunista.
Claro, yo a Enric le quiero mucho, pero últimamente discrepo mucho de él, fundamentalmente por eso y luego que incide en la confrontación entre como Madrid, que siempre está poniendo el foco, intentando poner límites al nacionalismo catalán, ¿no? Creo que es posible que en algún momento haya ocurrido, pero precisamente ahora, hombre, ayer han nombrado ya a otro catalán como superjefe de Indra, ¿no? No creo yo que desde Madrid se esté haciendo mucho daño a Cataluña, sino todo lo contrario, ¿no? Pero Enric es un tipo excepcional, es estupendo y yo le respeto mucho, pero discrepo de muchas cosas suyas. Y el artículo de hoy no lo he leído, pero probablemente discreparía si es como me estás contando.
Pues hasta aquí, si no hay ninguna otra intervención. Hemos consumido casi una hora y media de conversación. Podríamos hablar tres capítulos mañana, pasado, para agotar la fuente de experiencia, análisis y curiosidad histórica, periodística, contemporánea de Pilar Cernuda. Muchísimas gracias.
Gracias a ti y a todos. Gracias.
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