Verónica Mar: geometría sagrada, artesanos y materiales nobles

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Resumen

En una sesión del ciclo Las artes y los oficios de la Fundación Juan March en Palma, dedicado a la artesanía contemporánea y al diseño que se apoya en ella, la artista, escultora y diseñadora Verónica Mar repasó su trayectoria y su forma de trabajar. Quien moderaba el encuentro la presentó como una creadora difícil de clasificar. Formada en Bellas Artes y Diseño de Interiores en Barcelona, trabaja desde Madrid y ha colaborado con firmas como Porcelanosa, Cosentino o Tribù. Su obra está representada por galerías de Nueva York, Sídney y Madrid, y ha recibido premios por piezas como el banco Soul y el columpio Autumn Leaf.

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La pregunta de fondo fue qué hace que una pieza sea algo más que un objeto bello. Mar sostiene que la respuesta está en el material, la proporción y la relación con quien lo trabaja. Su tesis, presentada como convicción personal, es que los materiales nobles y la geometría sagrada permiten crear objetos que "armonizan" los espacios y a las personas. Esa idea atravesó toda la charla, desde sus recuerdos de infancia hasta los encargos en marcha.

Los orígenes: un sol, una cueva y dos monumentos

Mar empezó por su propia historia, porque considera que sin ella no se entiende su trabajo. La primera imagen fue un sol parecido al que pintó a los tres años en la pared de la casa de sus padres. Lo describe como la luz que ha iluminado todas las etapas de su vida, y lo relaciona con haber nacido un 15 de agosto, bajo el signo de Leo.

Nació en Granada y pasaba los veranos en el pueblo serrano de su madre, en la zona de Guadix, rodeado de almendros y castaños. Sus padres viven hoy en una cueva de la hoya de Guadix, excavada en cerros de sedimentos del Pleistoceno. Contó que en apenas quince kilómetros el paisaje cambia de forma impresionante. De niña, dice, fue integrando las curvas de esas cuevas y una conexión muy física con la naturaleza: caminar descalza por el río, fijarse en las cinco hojas de la flor del almendro, oler la tierra mojada.

Vivió sus primeros años en Barcelona. De esa infancia conserva dos imágenes que considera referencias fundamentales de su obra. La primera es la Alhambra, con su geometría, sus reflejos, sus yeserías y las "constelaciones" de sus techos, que recuerda como una belleza que la dejó "alucinada". La segunda es la arquitectura orgánica de Gaudí, que vivió como una explosión de color. Arquitectura árabe por un lado y organicidad barcelonesa por otro: ambas, dijo, siguen presentes en lo que hace.

Formación y primeras influencias

Pasó la adolescencia en Madrid. Allí, a los nueve años, su madre le dio a elegir entre piano y pintura. Eligió pintura y desde entonces ha pintado al óleo y a la acuarela. Luego estudió en Barcelona y terminó con tres disciplinas: interiorismo en la escuela Eina, y Bellas Artes con diseño gráfico y diseño de producto.

Citó varios artistas que marcaron su mirada. De Anish Kapoor destacó la inmensidad y el trabajo con los reflejos, que invitan a verse interiormente. De Verner Panton, el color y la organicidad; una de sus sillas le pareció casi un gesto. De Richard Serra, la monumentalidad del acero corten, que de cerca incluso parece liviano. Y de Andy Goldsworthy, que trabaja con la naturaleza, el paso del tiempo y la conexión entre el ser humano y el entorno. Este último, afirmó, influyó muchísimo en su manera de ver y de crear.

Mostró trabajos de esos años. Mare, que ella llama su "primer bebé", es una línea de mobiliario (tumbona, silla, mesa) que representa las olas al llegar a la orilla. El jardín de los sueños, uno de sus primeros interiorismos, se presentó en Casa Decor en 2012: un "bosque interior" con lámparas y cerámicas en forma de florecillas. Diseñó también Farus, un logotipo y unas esculturas para presentar una nueva serie de Cosentino en su sede de Madrid. Y enseñó el caballo que pintó para el examen de ingreso en Bellas Artes, una obra que le sigue encantando.

La espiral y la geometría sagrada

Durante la carrera empezó a fijarse en los patrones que, según ella, hay detrás de muchas obras, desde la pintura de Leonardo da Vinci hasta la arquitectura, y después en la propia naturaleza. La espiral ocupa el centro de ese interés. Mar la describe como la forma que genera la vida y que está presente a todas las escalas: el ADN, el crecimiento de flores y plantas, los huracanes, las galaxias. Añadió que el corazón se forma como una doble hélice en espiral y que la propia vida es una espiral.

Explicó que los maestros constructores de templos de todas las culturas utilizaron una "geometría sagrada del lugar": proporciones calculadas a partir de la latitud del emplazamiento. Ella lleva años estudiando esa geometría y la geobiología, y aplicándolas a su obra. Además, dijo, se ha formado como sanadora energética de espacios, con el objetivo de que sus piezas "emanen alta vibración" y "sanen armónicamente" los lugares donde se colocan.

Cuando la moderación preguntó si se trataba de algo parecido al feng shui, Mar respondió que también lo ha estudiado. Pero prefiere el Vastu Shastra, de la India, que según ella es mucho más antiguo y constituye el origen del feng shui. Le gusta, dijo, ir siempre al origen y a la esencia.

Su ejemplo favorito es el laberinto de la catedral de Chartres. Según su relato, quien entra con una intención recorre el camino con un movimiento pendular y, al llegar al centro, nota físicamente una energía que sube, porque el lugar está construido con geometría sagrada. Afirmó que eso se puede generar y que su estudio lo está haciendo ahora. Por eso llama a todas sus obras "puntos de luz", y por eso trabaja también con la simbología de cada material.

Cómo nace una pieza: medidas, sueños y trabajo

Mar explicó que el primer dibujo de cada pieza parte de unas medidas concretas. Puede ser la sucesión de Fibonacci, una medida sagrada como la del laberinto de Chartres, las medidas sagradas del lugar donde irá la obra o las del lugar de nacimiento del cliente. Según ella, con este método se pueden diseñar no solo muebles, sino también alfombras o cuadros, y así aportar al espacio la energía que se desee.

Sobre si empieza dibujando o con maquetas, respondió que depende de la pieza. El banco Soul surgió de trabajar sobre la espiral de la vida. El banco Alfa, en cambio, se le apareció una noche en un sueño. Otras veces la idea le llega mientras habla con el cliente sobre lo que necesita. El proceso puede durar segundos o días. Ella lo describe como una "canalización": cree que los artistas canalizan una información que "está ahí arriba y baja". Quien moderaba lo relacionó con la vieja idea de la inspiración, formulada de distintas maneras en cada cultura, y Mar estuvo de acuerdo.

Matizó enseguida que la inspiración la pilla trabajando, como decía Picasso, y que ha dedicado muchísimas horas a sus piezas. Atribuye esa dualidad a su familia. De la rama materna, toda ella de músicos, heredó la libertad y la necesidad de expresarse a través del arte. Del lado paterno heredó la disciplina de la fábrica familiar, donde trabajaba cada verano.

La madera: el banco Soul y la mesa Vortex

Mar recorrió su obra material por material, empezando por la madera, que considera el más cercano a nosotros. Asocia los árboles al crecimiento personal: raíces y bases interiores sólidas para crecer en plenitud. Añadió que ese desarrollo personal ha sido una constante en su propio trabajo interior. La madera, dijo, es vida que sigue respirando, tiempo orgánico transformado con respeto.

El banco Soul, una de las piezas más importantes de su colección, resume dos de sus formas recurrentes, la curva y la espiral. Mostró la producción de una versión en madera hecha en los Dolomitas. Es la primera vez que trabaja con artesanos fuera de España, algo que explicó con detalle. Su obsesión había sido trabajar con artesanos españoles, crear piezas únicas y venderlas internacionalmente a través de galerías. Pero no encontraron en ningún sitio de España un tronco de las dimensiones necesarias. Sus artesanos eligieron un roble siberiano de unos 200 años. El desbastado se hace con un robot, porque a mano el precio final se dispararía, y el resto de la pieza se trabaja a mano. Ella visita el taller dos o tres veces durante la producción, para tocar la pieza, sentirla y hablar con los artesanos sobre la mejor manera de trabajarla.

Del mismo tronco salió la mesa Vortex. Mar contó que casi se pone a llorar al verlo por el tamaño y por su conexión con la naturaleza, aunque ya había visitado las secuoyas. Quiso darle otra vida a ese último trozo del árbol. La mesa representa la espiral que genera la vida y un corazón que emana energía. En enero recibió un premio en los Creators Design Awards de París.

Enseñó otras piezas de madera. La mesa baja Mayu, en cedro y también hecha en Italia, toma su nombre de la palabra quechua para río y evoca las rocas esculpidas por el agua; se expuso en Miami y en su primera individual en Nueva York, con la galería Atelier Courbet, en junio. La mesa Cañón, inspirada en la textura de los cañones y con una espiral algo distinta, se exhibirá en una feria en Madrid del 4 al 8 de marzo. Y la colección Drops nace de su gusto por ver llover y de las formas que crea la lluvia al caer: taburetes, mesitas bajas y una sillita en forma de gota. Hay versiones en olmo, mármol Calatorao, travertino, Pietra Grey y verde Macael, y fueron las primeras piezas hechas para la exposición de Nueva York.

Del Krion a los materiales "de alta vibración"

A raíz de los Drops, la moderación preguntó si partía de una forma para después probarla en distintos materiales. Mar confirmó que el Soul también existe en varios. El primero, que ganó un premio internacional, lo hizo en Krion, una "piedra acrílica" termoformable de Porcelanosa, similar al Corian de DuPont. Con ese material hizo sus primeras esculturas en 2014 y diseñó casi todo su primer mobiliario.

Después, explicó, se dio cuenta de que había una diferencia de "vibración" entre materiales. Recurrió a la escala Bovis, que describió como una medida de vibración: cuanto más alto el valor, más pura es la energía que emite el material. Según su explicación, la madera y el mármol están entre los más altos y los plásticos entre los más bajos. El Krion, por llevar acrílico, estaría abajo. Por eso ahora prefiere los materiales nobles, aunque sigue usando el Krion en algunas cosas, como las joyas, porque trabaja en blanco y ese color le transmite pureza.

El mármol: peso, cantera y utilidad

Para Mar, el mármol es "el cronos hecho materia", tiempo condensado a lo largo de miles de años, una memoria geológica que conecta con la infinitud. Trabajarlo le parece "otro nivel" por su peso, y cada vez que va a la cantera se maravilla de cómo sus artesanos manejan esas moles. Mostró la producción de un Soul en Pietra Grey en una cantera de Almería. Primero eligen un bloque con las dimensiones adecuadas. El desbastado se hace con máquinas que trabajan con agua, porque de lo contrario las hojas de metal se romperían. Luego se lija a mano hasta eliminar las estrías. Según contó, el Soul es una de sus piezas más vendidas internacionalmente, y esas ventas le han permitido costear los vídeos del proceso. Este ejemplar se expuso en Alemania y lo compró un cliente de Londres.

Quien moderaba hizo entonces una pregunta "prosaica": si un banco es también algo en lo que la gente debe sentarse, ¿qué tiene en cuenta para que dé ganas de usarlo? Mar contó que a veces le dicen que en el Soul no uno puede sentarse en el centro. Ella responde que es una escultura y que uno se sienta en los lados. Pero insistió en que todo lo que diseña tiene que poder utilizarse. Lo llama arte funcional o "diseño funcional inspirado en la naturaleza". Para ella, si no es útil, no es diseño, sino escultura, y las esculturas las hace aparte.

Sobre cómo elige el material de cada pieza, respondió que depende del proyecto: dónde irá, qué quiere el cliente y cómo es el interiorismo. Puso un ejemplo. Un cliente quería el Soul en mármol, pero pesaba 2.000 kilos y tenía que pesar mucho menos. Redujeron el tamaño y el cliente acabó teniendo su pieza en mármol. Si una casa o un barco no pueden soportar ese peso, explicó, hay que cambiar la forma, cambiar el material o vaciar la pieza por dentro para aligerarla. Ahora mismo está diseñando una mesa en madera porque encaja con el interiorismo del cliente. Admitió que le costaba explicarlo de forma general, porque cada proyecto es distinto.

La colección Ula y un tótem que quiere ser armario

Del Soul, inspirado en la espiral de Fibonacci, derivó una colección completa que incluye un aplique de pared y una mesa baja. La colección Ula, cuyo nombre traduce como "joya de mar", nació de una pieza en verde Macael, un mármol cuya textura le recuerda la espuma de las olas. Busca además una correspondencia entre la U del nombre y la sección en U del banco. Lo diseñó en la pandemia, cuando su cuñada estaba embarazada. Hay quien ve en él una barriga de embarazada o las curvas de una cueva. Ella dice que intenta llegar a la esencia de la forma, con el material más puro y la menor ornamentación posible. La pata original es de acero inoxidable. Ahora preparan una versión con pata de latón y mármol Calatorao, que describe como un negro cálido.

Una de sus piezas más recientes es un tótem de luz en mármol, trabajado a mano para imitar las texturas de las orillas de un río. Tal como se ve ahora, reconoció, es una escultura con luz. Pero en uno de sus sueños entendió que también debía ser un armario, con dos puertas que se abran en horizontal. Esa doble función la convertiría en diseño y no solo en lámpara. Lo están desarrollando con artesanos de Almería y, según contó, está resultando muy complicado, en parte porque quiere que la luz se encienda con solo pasar la mano, sin interruptor visible.

Trabajar con artesanos: "ellos son mis manos"

La moderación le preguntó si los artesanos le dicen alguna vez que algo no se puede hacer. Mar respondió que sí, por supuesto, y que entonces buscan otra manera, lo más sencilla posible para ellos. Le encanta estar en los talleres y aprender cómo se trabaja cada material. Sin saber qué máquinas tienen y hasta dónde pueden llegar, dijo, no puede proyectar nada. "Ellos son mis manos", resumió: ella puede diseñar lo que quiera, pero son ellos quienes le marcan el límite. Ella siempre intenta empujar un poco ese límite. A muchos los conoce desde hace veinte años, el tiempo que lleva en la profesión, y los considera parte de su familia. Destacó lo impresionante de trabajar mano a mano con ellos, a veces soldando a su lado.

Sobre cómo ha cambiado en esas dos décadas, señaló sobre todo la elección de materiales. Le atraen los oficios ancestrales, como la carpintería o la fundición de bronce. Quiso crear diseños con técnicas antiguas para mantener la tradición y para dar a los artesanos más trabajo y la ocasión de hacer piezas distintas de las habituales. Visitar talleres es para ella básico: van todas las semanas.

A la pregunta de qué hacen esos artesanos cuando no trabajan para ella, respondió que la mayoría están especializados en producir para otros escultores, arquitectos y diseñadores, también internacionales. La excepción fueron unos ceramistas que hacían cerámica "muy normal", de mercadillo, y a quienes, según contó, llevó "hasta el límite". Mencionó un taller de Torrejón que, según dijo, hace los premios Goya y le produce la lámpara Ginkgo. Citó también la fundición Capa, en Arganda, que describió como la más grande de España, y talleres en Almería, Humanes, Griñón, Valencia, Barcelona y Eibar.

El bronce y la colección Ginkgo

Para Mar, el metal fundido es "el fuego que aprendió a permanecer", y trabajar el bronce tiene para ella algo sagrado por lo ancestral de la técnica. La colección Ginkgo es formalmente muy distinta del resto de su obra: es una interpretación del árbol ginkgo. Según explicó, simboliza el yin y el yang, aporta armonía y equilibrio, es un árbol sagrado en Asia y fue una de las primeras especies que volvió a brotar tras la bomba de Hiroshima. Por esa simbología lo eligió para su primera lámpara. En paralelo creaba esculturas totalmente minimalistas, "dos líneas que bailan entre ellas". Formalmente no se parecían en nada, pero conceptualmente, dijo, eran lo mismo.

Describió el proceso paso a paso. Engrosan las hojas una a una y hacen moldes de unas veinte hojas diferentes y de las ramas. Cada pieza se funde a la cera perdida en bronce. Después se corta, se repasa, se limpian los bebederos y se suelda primero a las ramas y luego a la estructura central, "la columna vertebral". El resultado se baña en oro. Mar está presente en la soldadura de todas las lámparas de la colección, el momento que más disfruta. Mostró una lámpara de ocho metros para el salón de un cliente en Bruselas y una versión redonda para un encargo en Japón. Viajó allí para instalarla con un equipo que no hablaba inglés, pero que mostró un respeto "impresionante" por la pieza, en parte, supone, porque el ginkgo es para ellos un árbol sagrado.

Con el mismo proceso nació el columpio Autumn Leaf, una hoja que simula su caída en otoño, premiado en 2012 y hecho también en madera. Una versión se presentó en la galería de Nueva York y en Design Miami. Según contó, acaban de comunicarle que ha sido seleccionado, junto con los Drops y la mesa Vortex, para Homo Faber, la bienal de artesanía de Venecia. Además del bronce, existe una versión en aluminio patinado que se presentará en la feria de Madrid de marzo. Con fundición de aluminio y de acero inoxidable hace también escultura monumental. Una pieza estará terminada en mayo para instalarse en casa de un cliente, y otra ya está en Zahara de los Atunes.

Chapa de metal: acero corten y latón

En chapa trabaja con acero corten, acero inoxidable y latón. El corten representa para ella el paso del tiempo: "la materia que acepta la herida y la convierte en fuerza", donde la oxidación no destruye sino que revela. El proceso consiste en cortar con láser la forma diseñada en ordenador, curvar la chapa con rodillos (en Griñón o en la fundición de Arganda), soldar y dejar que oxide. Mostró una escultura monumental de cinco metros destinada a un espacio público de París en noviembre y otra instalada en La Moraleja, ambas en corten. Enseñó también un Soul en latón que se envió a Estados Unidos.

Joyas: esculturas para llevar

Mar define sus joyas como esculturas para llevar. Según ella, representan el poder de la mujer a través de la feminidad y la sensualidad, y se inspiran en las curvas del cuerpo femenino. La primera colección, Alma, la hizo en Krion. Cortaba las piezas, las metía en el horno de casa y, con guantes, les daba forma con sus propias manos. Así hizo anillos, pendientes y collares en blanco, por la pureza que le transmite ese color.

Explicó que fue una invitación. Sus primeras esculturas en Krion, de 2016, medían unos 60 centímetros y ya jugaban con la espiral. Una galerista tomó una y le preguntó por qué no hacía joyas con eso. Ella respondió que no sabía hacer cosas pequeñas, pero decidió intentarlo. Empezó dibujando sus formas sobre bustos y fotografías de modelos, con fotomontajes. Como ya sabía trabajar el material a mano, por haberlo hecho en las planchas grandes de los artesanos, fue jugando con las formas "muy libre".

Después amplió la colección durante una residencia de varios meses en 2018. Hizo un curso de remaches y combinó chapa de latón bañada en oro con piezas de Krion. Ante la pregunta sobre el problema, típico en arquitectura, de unir dos materiales distintos, explicó que el remache, una especie de espiguita visible como un puntito, resultó sorprendentemente sencillo. Contó que el curso de joyería duró solo cuatro horas y que a partir de ahí se puso a experimentar, porque su trabajo es "muy intuitivo". Más tarde, con artesanos joyeros, rediseñó la colección en plata y en plata bañada en oro, de nuevo en busca de materiales más nobles.

Escala, curiosidad y lo que viene

La moderación observó que a Mar parece interesarle la escala: a veces la misma forma sirve para una escultura monumental o para un collar, y otras diseña expresamente para el cuerpo. Ella insistió en que las joyas surgieron de aquella invitación y en que trabaja de forma intuitiva, haciendo lo que le "sale del corazón". Contó que diseña algunos de sus vestidos de verano. Le gustaría hacer arquitectura en el futuro y citó como ejemplo el museo de Teshima. Trabaja con ceramistas y quiere trabajar con vidrio, en Murano o en La Granja. Dijo que no se limita en materiales, porque le interesa todo lo relacionado con la creación armónica.

Sobre su estancia en Mallorca, contó que fue un fin de semana de descanso para recuperar la voz, que llevaba cuatro días perdiendo, y para mirar el mar y el horizonte tras meses de lluvia en Madrid. Elogió a los artesanos de la isla y dijo que le encantaría diseñar alguna pieza para Majorica u otro joyero local.

Entre los proyectos en curso, adelantó uno que, según dijo, aún no había presentado en público: el diseño del nuevo puerto de Sotogrande. Incluye señalética, mobiliario y pérgolas, entre ellas una muy grande sobre un pantalán en forma de espiral, llamada Nautilus. Con la galería Freeman de Sídney ha diseñado esculturas para un hotel, a la espera de que se termine para saber cuáles se eligen. También prepara un rediseño de la colección Ginkgo para un cliente de esa galería. Se presenta a concursos internacionales de escultura. Y en la galería Garna de Madrid se inauguraba la exposición conjunta Esencias compartidas, con Fernando de Ana, donde mostraría piezas de acero y obras nuevas en resina natural.

Contó que en el estudio trabajan en varios proyectos a la vez, según van llegando encargos de galerías y de clientes particulares. Viaja mucho: en dos semanas irá a Barcelona a ver la escultura monumental de acero inoxidable, hace poco estuvo en Alicante con los carpinteros que terminan la mesa Cañón, y en unas tres semanas irá a Almería a revisar el tótem.

La tradición japonesa y el "alma" de las piezas

Al final, la moderación mencionó Naoshima y le preguntó si alguna tradición artesana le habla especialmente, en concreto la japonesa. Sugirió que su idea del corten, en el que el óxido da fuerza, resuena con ciertas técnicas japonesas. Mar respondió que el arte japonés tiene una conexión muy potente con el material y que allí la creación es un ritual. Ella intenta hacer algo parecido, aunque en su caso cuando la pieza ya está terminada.

Reconoció una diferencia de fondo. Los artesanos, por su experiencia y por un oficio transmitido de generación en generación, tienen con el material una conexión mucho más cercana que la suya, por mucho que a ella le guste la madera. En Japón, dijo, ese trabajo se vuelve ritual e incluso religioso, y se le da un alma a las piezas. Eso es lo que ella quiere transmitir: que quien adquiere una de sus obras no compra solo arte, sino algo conectado consigo mismo que puede ayudar a armonizar el espacio y a la propia persona, a sentirse mejor.