Henar Iglesias y la recuperación del arte plumario: del taller de sombrerería al mosaico de plumas contemporáneo
Fundación Juan MarchEn la última sesión de la temporada del ciclo Las artes y los oficios de la Fundación Juan March en Palma, la artista Henar Iglesias habló de un oficio que, en sus palabras, había desaparecido en España aunque no en otros lugares: el arte plumario, la creación de objetos y obras con plumas. La persona que moderó el encuentro la situó "a medio camino entre arte y artesanía" y planteó la pregunta que recorre el ciclo: qué valor tiene hoy un trabajo hecho a mano, rodeados como estamos de objetos producidos en masa, baratos y utilitarios.
Iglesias es hija de un pintor y de una sombrerera dedicada a la alta costura. Creció visitando museos de arte, colecciones históricas y arqueológicas, sobre todo de las Américas, y después estudió Matemáticas. A lo largo de la charla explicó cómo cada una de esas influencias entra en su trabajo: el taller materno le dio el oficio, la pintura del padre le enseñó a pensar el color y la luz, las matemáticas le dan una forma de ordenar las plumas y el arte plumario mesoamericano le marcó un listón técnico que, según ella, todavía no se ha vuelto a alcanzar.
Un recuerdo de infancia y un oficio aprendido en casa
El origen de su dedicación, según contó, es una escena concreta. Con ocho años acompañó a su madre al cierre de la última tienda de Madrid que vendía apliques de plumaria para sombreros, una tienda de la calle Montera llamada Bogue. Ahí entendió que el oficio estaba desapareciendo en España y pensó que, si no había nadie, alguien tendría que hacerlo. Esa idea quedó sembrada y, hacia los 16 o 18 años, cuando ya trabajaba en el taller, decidió especializarse en plumas dentro de la sombrería.
Iglesias insistió en el valor de heredar un oficio en la infancia. Por un lado, dijo, asocias el trabajo al juego, algo que en su opinión se está perdiendo con la separación estricta entre los niños y el ámbito laboral. Por otro, cuando empiezas como aprendiz a los 14 o 15 años, descubres que sabes mucho más que cualquier otro aprendiz, y eso da seguridad. También destacó el aprendizaje por observación: al convivir con las personas que trabajan en casa vas registrando gestos y maneras de hacer. Ahora, cuando da clase, nota que los alumnos quieren hacer enseguida, y ella defiende que mirar primero hace que después el trabajo fluya de manera más ágil y eficaz. Llegó a decir que a los 14 años ya sabía todo lo que su madre había aprendido en su carrera, y que lo interesante de heredar un oficio es que a partir de ahí puedes aportarle cosas nuevas. Lo comparó con los atletas, que empiezan de niños: en su opinión, si alguien llega al oficio a los 20 años a través de la formación profesional, ya está en otro momento vital.
El contexto del taller de su madre también explica su especialización. Según relató, cuando su madre empezó en la sombrería estaban cayendo muchos talleres productivos en España, los que abastecían a los grandes almacenes, a medida que la producción se iba al extranjero. Esos talleres estaban especializados, unos en fieltro, otros en flores o en paja, y su madre fue "recogiendo todos los trozos que se iban cayendo": conservaba esos oficios en su taller, los practicaba y los enseñaba con la esperanza de que cada uno volara por su cuenta. Las plumas fueron el trozo que recogió Iglesias.
Aprender deshaciendo: las cajas del taller
Entre las imágenes que mostró estaba el salón de la casa familiar, convertido en espacio de trabajo cotidiano, y las cajas que para ella eran los grandes tesoros del taller: pajas antiguas de los años 20 a los 60 y 70, españolas e importadas de Francia y de otros países europeos, entre ellas unas pajas suizas que calificó de increíbles, y fieltros antiguos sin etiqueta de los que su madre decía, medio en broma, que eran de camello.
Una de esas cajas guardaba las últimas piezas de la tienda de la calle Montera. Iglesias mostró varios apliques. De uno de ellos no se sabe de qué pájaro procede, y explicó que ahora, gracias a su contacto con el Museo de Ciencias Naturales, están intentando averiguarlo. Aprovechó para recordar que a finales del siglo XIX y principios del XX se usaron aves protegidas y hubo, en sus palabras, una "esquilmada" de pájaros para la sombrería femenina, que hizo que muchas especies dejaran de verse con frecuencia. Ella dijo que no usa ni le interesa ese tipo de pluma.
Otros apliques los enseñó por su virtuosismo técnico: uno con una zona entera de entretejido de hilo y pluma, y un caracol en el que la pluma de avestruz está colocada en sentido contrario, lo que produce un efecto de terciopelo. Su aprendizaje, contó, consistió en gran parte en deshacer estas piezas. Lo primero que se pierde en ellas es la cola, que deja de ser aglutinante, así que había que restaurarlas; al abrirlas veía cómo estaban construidas.
De la sombrería al mosaico de plumas
Sus primeros trabajos fueron montajes estructurales para sombrería. Mostró como ejemplo un sombrero de copa con pluma de gallo teñida en tonos fuego: el fieltro se rompió mientras trabajaba y decidieron cortarlo y hacer como si se estuviera quemando, "la chistera en llamas". Hizo este tipo de trabajo durante mucho tiempo para alta costura, teatro y formación, y colaboró con modistos y diseñadores en muchos desfiles de la pasarela Cibeles.
Practicando e imitando los apliques antiguos llegó a la técnica que define su obra, el mosaico de plumas: una aplicación de plumas superpuestas en forma de teja que construye un dibujo. Hubo una etapa en la que quiso aplicar pluma a todo: zapatos, sombreros a juego e incluso una funda de ordenador, que ahora ve con humor como un ejemplo de aquel atrevimiento poco práctico.
El giro llegó con una llamada al taller. Una diseñadora francesa de muebles, François, buscaba a alguien que trabajara las plumas; Iglesias explicó que en Francia es muy normal tener un "plumassier" igual que se tiene un tapicero de sofás. Iglesias se ofreció, aunque estaba empezando, porque en Madrid ya era "la de las plumas". La diseñadora le enseñó fotos de trabajos de artesanos franceses y le pidió que hiciera eso mismo. Ella respondió que aquello era obra de otra persona y propuso trabajar la idea con otros dibujos. Al cambiar la dirección de las plumas, según contó, el resultado ya no tenía nada que ver con el original, y a la diseñadora le gustó. A partir de ahí empezó a diseñar piezas que François aplicaba en sus mesas. Al principio la diseñadora aportaba ideas, pero pronto Iglesias pasó a decidir formas y dibujos; en algunos encargos, dijo, la diseñadora ni siquiera miraba el boceto. Esta colaboración duró años, con uno o dos pedidos anuales, y le permitió ir construyendo un portafolio cuando en España todavía no existía un mercado para este trabajo.
La plumaria mesoamericana como listón técnico
En paralelo, reapareció una influencia que venía de la infancia: los museos arqueológicos que había visitado en sus viajes, sobre todo el de México, que la impresionó por su tamaño y su contenido. Iglesias dijo que de pequeña miras cosas que parece que no ves y de mayor te das cuenta de que sí las viste, porque de otra forma no harías lo que haces.
Le sorprende que tanta gente no conozca la plumaria mesoamericana. Planteó una lectura propia de la llegada de los españoles a América: que en cierto sentido "fueron conquistados ellos", fascinados por lo que encontraron. Dijo que al investigar el Archivo de Indias le impresionan los comentarios sobre las dimensiones de los palacios y los lujos, y atribuyó a aquel contacto costumbres como la sobremesa con café y siesta o el cigarro. Entre las cosas que fascinaron a los frailes estaba la plumaria: según contó, en sus crónicas comparaban lo que aquellos artistas hacían con la pluma con lo que los pintores europeos hacían con el pincel.
Recomendó el Museo de América de Madrid, que considera la mayor concentración de plumaria en España, y animó a recorrer sus pasillos, donde según ella hay una obra de plumaria de siete a diez metros por uno que le parece increíble que no esté en la sala principal. Su valoración técnica fue tajante: lo que ella hace es interesante, pero en los siglos XV y XVI aquellos artistas "me daban cien mil vueltas". Explicó que hacia 1600 se hacían maravillas en miniatura y que en el siglo XVIII el arte empezó a decaer técnicamente: las manos y las caras ya no se hacían con pluma, sino pintadas. Lo atribuye a que aquello era fruto de generaciones de oficio transmitido de padres a hijos, igual que le pasó a ella con la sombrería. De ahí su idea de que, para innovar en artesanía, hay que ir a un museo antropológico o arqueológico y recuperar técnicas perdidas.
Materia prima: color natural, dos canales de suministro y precios volátiles
Durante la charla hizo circular entre el público su muestrario de plumas, al que llama su "Pantone". Explicó por qué renunció al tinte: en la sombrería, el teatro, una boda o una pasarela, la pieza acaba en un armario, pero en una mesa o una obra expuesta a la luz el tinte se degrada. Aunque había logrado colores y retos tintóreos muy potentes, lo abandonó; además, lo que más le interesaba era la limitación del color. No busca plumas exóticas de pájaros raros, sino trabajar con lo que da la tierra. Lo comparó con Picasso: contó que en un museo del pintor en Antibes vio obras de la posguerra en las que, sin lienzos ni pinturas, trabajó con pintura de barco sobre madera. Para ella, cuanto más se limita un artista, más se le abren campos creativos.
Sus tres "colores primarios" vienen de dos aves: el faisán dorado le da el rojo y el amarillo, y el pavo real el azul. Para conseguir las plumas tiene dos canales. Cuando necesita mucha diversidad de una misma ave recurre al mercado de la pesca con mosca, en el que se usan plumas y pelos para fabricar insectos artificiales que atraen a los peces; los cazadores abastecen a los pescadores con la piel entera del ave disecada con todas sus plumas, de modo que en un mismo paquete tiene toda la variedad de un ave. Cuando necesita mucha cantidad de un mismo tipo, compra en el mercado de la moda, que surte al carnaval y a la indumentaria. Esas plumas llegan cosidas a una cinta, porque quienes las usan normalmente las cosen a máquina con ella, pero Iglesias tiene que quitarlas una a una.
Los precios, advirtió, son muy variables: pueden ser como el oro, pero sin que se vea venir el cambio. Por eso no da presupuestos sin hablar antes con el proveedor. La pluma azul del pecho del pavo real pasó de un mes a otro de 18 o 20 euros a 70 euros el metro (a veces la yarda, porque muchas vienen de Inglaterra), con, como mucho, tres plumas por centímetro. Más adelante añadió que cada vez que repone sus "botes de pintura" tiene que gastar un mínimo de 1.500 euros.
La selección como el 80% del trabajo
Una vez obtenidas, las plumas pasan por lo que ella llama "el pelado": retirar el plumón, la parte más vaporosa, que en el mosaico ensucia el resultado. Después viene la selección, que según ella supone el 80% del trabajo. Si tienes bien preparado y clasificado el color, montar es como pintar; si tienes que ir pensando el color sobre la marcha, todo cambia, porque cada pluma es una pincelada. Explicó que ha ido sistematizando cada vez más este proceso para trabajar con más eficacia y conseguir más profundidad y potencia visual, porque así controla mejor el "pigmento", que en su caso es materia orgánica.
La dependencia del proveedor también condiciona la obra. Contó que antes el gris de pato le llegaba mezclado en una bolsa y ahora le llegan claras y oscuras separadas, de modo que casi no tiene tonos medios y tiene que inventarlos superponiendo plumas. El proveedor, dijo, no va a mirar el color en detalle, así que trabaja con lo que llega y se adapta.
Algunas plumas exigen además un trabajo minucioso de recuperación. Una perdiz autóctona que solo consigue a través de cazadores le llega en una bolsa tal como la han pelado para cocinar, y de ella solo quiere una línea concreta y el gris de alrededor. A la pregunta de si lava las plumas respondió que no, que si tuviera que hacerlo el trabajo no sería viable. Antes las desinfectaba y trataba, pero concluyó que no era necesario: según explicó, el piojo de las aves está en la piel y no en la pluma, y no es el que afecta a las personas. Las plumas sucias, normalmente las más grandes de la cola, las descarta porque no compensa recuperarlas. Para dar idea de la escala, dijo que la pluma de paloma que usa apenas llega a un centímetro.
Luz, transparencia y oro: lo que aprendió de la pintura
Iglesias atribuye a su padre la comprensión de las transparencias: que las cosas no son planas, que una pluma no es simplemente blanca o negra, y que un color cambia según lo que tenga detrás. Lo ilustró con una obra que considera una de sus obras maestras recientes, un corazón. Contó que hace sus piezas para sí misma, como "medicina": le dijeron que tenía que trabajar el chakra del corazón y se hizo un corazón. Cuando una obra así se vende, siente el hueco y tiene que hacer otra, y así nacen las series. Esa pieza, dijo, dejó uno de los huecos más grandes que ha sentido su taller.
Mostró el proceso a medio hacer. La zona aún sin cubrir tiene pintura negra en los bordes para que "chupe la luz" y el oscuro de la pluma se vea todavía más oscuro. Precisó que el color de la pluma no se genera por transparencia, porque ya está seleccionado, pero el fondo lo potencia. Además usa pan de oro: los rayos que parten del corazón coinciden con la zona de plumas más claras, de modo que al iluminar la pieza la luz rebota desde atrás y las plumas parecen retroiluminadas.
La serie del corazón le sirvió para explicar cómo evoluciona una idea. La primera pieza tenía relativamente poco contraste porque la pluma llegó así. La segunda, redonda y de unos 60 centímetros de diámetro, tenía mucho contraste porque había ido guardando plumas contrastadas. La tercera mide 120 por 120 centímetros y, por su tamaño, no podía tener tanto contraste como la pequeña, pero es la que según ella concentra todo lo que quería contar sobre el corazón: su campo electromagnético, el color, la geometría. Para ella, las otras "lo intentaron", pero la que llegó fue la tercera. En esta serie también fue deformando el círculo exacto, hasta el límite en que, en sus palabras, la pluma ya no da más.
Campos vectoriales: el pensamiento matemático en el diseño
Aquí entra su formación matemática. Las plumas, explicó, piden un orden, como un tejado: cada una tapa a otra, siempre tiene que haber un debajo y un encima, y eso exige coherencia, ritmo y orden. Ella lo visualiza como campos vectoriales. Una cosa es la imagen que imaginas y otra resolverla: saber si es viable, de qué manera hacerla y cómo lograr que sea armónica. Añadió un motivo práctico: para ella la mejor forma de limpiar las piezas es con la mano (limpia y con crema ya absorbida), que hidrata la pluma y quita el polvo, y para eso conviene que la disposición de las plumas lo facilite.
Con piezas en proceso mostró cómo unas plumas van en línea hacia el centro y otras se colocan en circunferencias, primero una mitad y luego la otra, porque la puntita negra de cada pluma es la que dibuja los círculos. En otra obra, un bajorrelieve en grises de pato ordenados desde los más claros a los más oscuros, cada montón de plumas tiene sus características de color y de dibujo, y con ellas se construyen las gradaciones. Fue su primer bajorrelieve: tiene cinco centímetros de profundidad, está tallado y forrado de fieltro, que según ella es el material al que mejor se adhiere la pluma. Le interesa jugar con el sombreado del relieve, a veces a favor y a veces en contra del degradado de la pluma.
Recordó con humor que empezó con estos diseños hacia los 20 años, mientras estudiaba matemáticas y teoría de nudos, y que les decía a sus amigos que le encantaba hacer puzles los domingos y había encontrado gente que le pagaba por ello.
No todo se prediseña. Algunas figuras las prepara mucho, incluso en Photoshop, pero otras necesita trabajarlas de forma orgánica, porque, dijo, falta imaginación para imaginar lo que no sabes que existe y para eso hay que jugar. Mostró un biombo en el que empezó sin diseño previo: dos puntos de remate enfrentados generaron una línea central, y de esa línea surgió después una variante con cruces de plumas que producía una especie de estampado animal, que en otra pieza exageró todavía más.
Una feria fallida y el salto al extranjero
Iglesias relató con humor un tropiezo. En 2009, con las piezas que se salían de lo que hacía habitualmente (la lámpara, la funda de ordenador, cuencos, pequeñas esculturas), invirtió tres meses de producción y el coste de un stand en una feria de decoración de Madrid llamada Casa Pasarela, ya desaparecida. Esperaba un gran éxito, pero la gente se acercaba y solo preguntaba, sorprendida, si aquello era pluma. No pasó nada y volvió a casa habiendo perdido dinero. Siguió con el teatro, los sombreros y los encargos de François, pero no veía que aquello avanzara comercialmente. Cada vez que terminaba una mesa la inauguraba en casa con un vino y todo el mundo quedaba impresionado, pero ella se preguntaba adónde iba todo aquello, porque, pensaba, cuando algo es realmente bueno se tiene que notar.
Decidió entonces presentarse al concurso internacional más exigente que conocía, el Loewe Craft Prize, con una lista de alternativas por si no la seleccionaban. La seleccionaron. Contó que el contrato le preguntaba si estaba dispuesta a hablar de su trabajo en inglés en cualquier lugar del mundo y que en ese momento entendió que "empezaba lo serio". Según dijo, de unas 2.500 candidaturas de todo el mundo quedaron 30 finalistas, que compartieron cuatro días de viaje hablando de cómo se mueven, cómo ganan dinero con su trabajo y cómo funciona el mercado. Allí concluyó que su mercado estaba fuera de España. Ese mismo año, que ella situó en 2019, Fundesarte la seleccionó para representar a España en Révélations, en el Grand Palais de París, que describió como una de las exposiciones de artesanía contemporánea más importantes del mundo.
Por la misma época, la fundación Homo Faber le encargó una obra para su feria en la basílica de San Giorgio: a todos los participantes se les pidió reinterpretar el motivo de las baldosas del suelo. Iglesias la considera el trabajo más complejo que ha hecho en cuanto a campos vectoriales. Tuvo que hacer una prueba de viabilidad porque quería líneas con caos en medio y no sabía si funcionaría: su intuición decía que sí, pero su cabeza matemática no lo resolvía. Probó y funcionó.
Técnica de montaje: cola, verticalidad y el problema de fotografiar plumas
Preguntada por el adhesivo, explicó que se ha decantado por una cola acrílica, porque es la que en su opinión más dura en el tiempo, algo en lo que le ha asesorado su padre y que le importa tras haber visto tantas obras perecer por el aglutinante. La densidad de la cola es clave: cada vez trabaja más en vertical porque las piezas son grandes, y muchas plumas tienen cierta curva, así que si la cola está demasiado líquida la pluma se despega. Ha llegado a usar un secador para poder avanzar. Las colas con algo de látex forman hilos al secarlas deprisa, así que utiliza una muy concreta que vende la droguería Riesgo de Madrid, que según contó estuvo a punto de cerrar.
Insistió en que la fotografía no hace justicia a estas obras. En una foto la luz es fija, pero las piezas tienen relieve y reflejan la luz de manera distinta según se mueve el espectador; las sombras cambian mucho el color de la pluma. Por eso le piden cada vez más vídeos, aunque, reconoció, ni siquiera el vídeo llega a lo que capta el ojo. Mostró una pieza en la que el degradado de la pluma va a favor del relieve en un lado y en contra en otro, algo que según ella solo se percibe caminando delante, y otra, la única figurativa que ha hecho, que llevó para que el público la viera en persona.
También habló de colaboraciones. Con el tornero Tony Porto, al que conoció en una asociación de la que ambos forman parte, ha hecho piezas torneadas cubiertas de plumas; la primera, una pieza verde, fue seleccionada en un concurso internacional en Shanghái. Según contó, Porto le dijo que si hubiera sido más grande habrían ganado.
Arte, artesanía y emoción
Iglesias explicó que su fascinación por las técnicas ancestrales tiene que ver con su capacidad de inspirar a los creadores actuales y de despertar en ellos la ambición de llegar más lejos técnicamente. Retomando la reflexión inicial sobre arte y artesanía, sostuvo que la artesanía contemporánea está ganando una consideración que nunca había tenido, porque antes estaba integrada en el arte sin distinción. Según su lectura, el arte se ha conceptualizado hasta extremos que describió como de concepto muy elevado y vacío material, mientras la materia "está gritando desde abajo". Contó que sale de las exposiciones de arte contemporáneo con una gran intensidad intelectual, pero que en ferias como Homo Faber o Révélations la artesanía le llega a lo emocional, incluso hasta las lágrimas. Para ella, la artesanía está en auge porque compensa esa tendencia con algo más emocional, material y visual. Desde la moderación se sugirió la analogía de los hemisferios cerebrales, racional e intuitivo, e Iglesias la acogió con cautela.
Esa idea la llevó a contar por qué estudió Matemáticas. En su familia la universidad era obligatoria, pero el oficio quería aprenderlo como su madre, de forma autodidacta: no le compensaba ir a Milán o París a cursar toda una carrera de diseño de moda para tener una optativa de plumas en quinto curso. Eligió lo que más le gustaba en el colegio, las matemáticas. Pensó en antropología, pero le dijeron que eso era bibliografía y que podía leerlo por su cuenta. Contó que devoraba lecturas y que dejó la novela hacia los 16 o 18 años porque se sentía "poseída" por los personajes (Bram Stoker le daba pesadillas) y quería conocerse a sí misma; después se pasó al ensayo. Tardó diez años en terminar la carrera, con mañanas de universidad, tardes de costura en el taller y fines de semana de diseño de plumas, y dijo que fue de las pocas personas que se entristecieron al acabarla.
Función, encargos y la identidad cambiante
Cuando se le preguntó cómo pasó de objetos reconocibles, como sombreros o mesas, a piezas sin función, como los bajorrelieves que ella llama "cuadros", Iglesias discutió la premisa. Dijo estar "un poco enfadada" con el debate sobre la funcionalidad del arte: cree que el arte es muy útil, y cuanto más vende más se da cuenta de la utilidad que la gente le ve, incluso más que ella. El paso, explicó, no fue planificado; los procesos surgieron de forma orgánica. Hasta tarde nadie le pidió escribir el concepto de sus piezas porque se la consideraba artesana.
No le gusta definirse: depende del contexto. "Para Hacienda soy artista", dijo, pero se considera también artesana porque le encanta el arte al servicio, algo que atribuye a su origen en la alta costura. Acepta encargos abiertos, en los que alguien le cuenta qué necesita para un hueco de su salón, y también encargos cerrados con instrucciones precisas. Contó el caso de una clienta que insistió en teñir las plumas de una mesa pese a sus advertencias; al cabo de cinco años el color se había ido.
Sobre el valor de las plumas en sí, explicó que las que usa en su color natural no tienen pigmento, sino color estructural, que según ella es permanente. Por eso algunas plumas le "piden" relieve: la pluma verde que mostró recorre, según la luz y la sombra, desde el negro hasta un verde brillante amarillento, pasando casi por el azul.
El mercado: Francia, galerías y coleccionistas
Iglesias contó que ha trabajado siempre con un planteamiento de negocio, no como hobby: no quiere acumular piezas en casa y el material exige una sostenibilidad económica real. Fue en el Loewe Craft Prize donde vio cómo funcionaba el mercado: fuera de España, dijo, las galerías llevan años incluyendo artesanía contemporánea en su oferta. Precisó que "fuera" es mucho decir y que se refería a un contexto concreto de ferias y concursos de alto nivel. En ese entorno percibió artesanos que entienden sus proyectos como artistas, en cómo producen, comercializan y viven su trabajo. Para ella, eso es llevar la artesanía al arte: que haya un "yo" que dice que algo se hace de cierta manera pero que ella lo quiere hacer de otra, frente a quien hace botijos como los hacía su abuelo.
En el turno de preguntas del público amplió esta parte. Cuando se presentó al Loewe llevaba unos 12 o 13 años haciendo portafolios para las mesas de François, y le pareció evidente que Francia era su mercado natural, donde más se entiende la pluma. Contó que en París ha visto una moto emplumada aparcada en la calle, con las plumas colocadas a favor de la velocidad. Buscó un representante en Francia; a través de él le salió una galería en Dubái, y después llegaron ferias, una galería en Estados Unidos y muchos clientes particulares. Tiene piezas en Londres y en Tokio: expuso en el hotel Crillon de París y un comprador japonés adquirió dos obras grandes. También ha recibido mucha atención de la prensa, porque lo que hace es poco conocido y resulta atractivo para reportajes.
El gran corazón de su serie está hoy en Estonia. Lo compró una pareja de coleccionistas que la conoció en una feria en Francia; según relató, la compradora le dijo que iba a meditar delante de la pieza todos los días. Iglesias sintió que había entendido exactamente para qué la había hecho ella. De ahí su idea sobre la venta de arte: según ella, el arte se vende haciendo la pieza, porque quien compra llega y dice "lo quiero", sin necesidad de convencerle. Lo comparó con encontrar una prenda que sientes tuya en cuanto la ves.
Para quienes no pueden permitirse un mosaico, tiene lo que llama "el perfume de la marca": apliques y piezas pequeñas como las que llevaba puestas ese día. Con amigos y conocidos que quieren algo suyo, dijo, se adapta al presupuesto.
Preguntas del público: conservación, especies y taxidermia
A la pregunta de si la pluma aguanta con los años, respondió que sí: los apliques de la tienda de Montera son de los años 20 y las piezas del Museo de América, de hacia 1600. Explicó que la pluma es como el pelo y que tiene dos amenazas principales. La primera es la polilla de la lana, que ataca lo mismo que come la lana o la seda. La segunda es el soporte, a menudo de fibras vegetales; por eso, contó, en las culturas mesoamericanas muchas piezas se hacían sobre metal. Muchos creadores de plumaria que conoce encapsulan sus obras en vidrio para protegerlas de la polilla, pero ella prefiere tenerlas al aire y ha comprobado que basta con aplicar un spray antipolillas dos veces al año, igual que se cuida la ropa. Dijo haber probado otros métodos sin éxito.
Una persona del público, que se presentó como cocinero, le preguntó por qué los pintores aprecian una pequeña pluma rígida de la becada, que según explicó usan desde antiguo para pintar detalles de precisión como ojos, labios o pestañas. Iglesias conocía la pluma pero no ese uso; dedujo que se debe a su rigidez y a su punta dura, que ningún pincel tiene, y reconoció que no sabía el porqué exacto. Aprovechó para contar su vínculo con la cocina: de joven, cuando era mala estudiante, la "castigaban" a trabajar y acabó en un restaurante llamado Arce con Iñaki, y para el libro de sombrerería que escribió con su madre se inspiraron en un libro de recetas de los Roca. Ese libro, que regaló a la fundación, responde según ella a la necesidad de dejar por escrito el saber de su madre; antes revisaba los apuntes de sus alumnos por miedo a que, trabajando en teatros serios, repitieran un error atribuyéndoselo a ella.
Otra persona preguntó cuántas plumas lleva una pieza y por qué su muestrario se compone casi solo de aves de suelo y ánades. Iglesias contestó a la segunda parte: hubo una regulación oficial tras los abusos de principios del siglo XX, pero sobre todo una conciencia social con la que su generación ya nació, de modo que ni se le ocurre usar otras especies. No llegó a dar una cifra de plumas por pieza.
En esa respuesta anunció una exposición temporal en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, a partir del 15 de julio y durante seis meses, en la que representará el arte plumario actual. Según explicó, reunirá piezas de plumaria de colecciones de Madrid, entre ellas del Museo de América, del de Antropología y del de Artes Decorativas, donde descubrió una técnica asiática con plumas de martín pescador que no conocía, junto a las aves correspondientes naturalizadas por los taxidermistas del museo, y también contará la historia de los sombreros y de la esquilma de pájaros.
La taxidermia le trajo otro recuerdo. De la tienda que cerró cuando tenía ocho años conservaba unos broches con cabecitas disecadas de gorrión; uno se le cayó y se rompió porque el pegamento había caducado, y quiso aprender a restaurarlo. Nadie quería enseñarle: no encontró libros, clases ni escuelas. Al final pagó 20 o 30 euros por una llamada de dos horas con un hombre cuya madre era aficionada a la taxidermia, que le dio cuatro claves básicas. Su primer intento, contó entre risas, parecía un pájaro atropellado. Contrapuso aquel secretismo con la situación actual, en la que en YouTube hay gente que explica oficios con enorme profundidad, y con el libro que hizo con su madre, del que otras sombrereras le dicen que lo han contado todo. Sobre la pregunta de la taxidermia, explicó que los taxidermistas conservan la piel entera, y que lo difícil en las aves es que, al mover la piel, las plumas se desordenan y hay que recolocarlas para que sequen en su sitio y recuperen la forma y la expresión, sobre todo alrededor del ojo, donde la piel es muy elástica. Mencionó al taxidermista Benedito, a quien atribuyó las piezas que admira del museo.
La sesión terminó con el agradecimiento de la moderación a Iglesias y al público por la temporada, sin una conclusión formal. Lo que quedó planteado por la artista fue su convicción de que la técnica perdida del arte plumario está por recuperar, de que la artesanía contemporánea gana terreno frente a un arte cada vez más conceptual y de que la frontera entre artista y artesana depende, para ella, de dónde y para quién trabaja.
Es un placer, como siempre, darles la bienvenida a nuestra sede de la Fundación Juan March en Palma, donde tenemos el último acto de esta temporada. Solo un hasta luego, hasta después del verano, y lo hacemos con una de nuestras conversaciones dentro del formato Las artes y los oficios, en el que, como saben, traemos a invitados de diferentes ámbitos del mundo de la artesanía contemporánea, que pueden ser tanto artesanos como diseñadores o periodistas, personas que han trabajado en ese campo tan rico y tan fascinante, pensamos, y tenemos conversaciones sobre diferentes aspectos de ese mundo.
Vamos reflexionando sobre qué hace interesante un trabajo hecho a mano en 2026, en un momento en el que estamos rodeados de objetos producidos en masa, extremadamente baratos, muy utilitarios, y sin embargo podemos seguir encontrando un valor en atesorar y reivindicar ese otro tipo de trabajo que nos une con una tradición a veces milenaria, como es el caso en el día de hoy.
Nuestra última invitada de la temporada es Henar Iglesias. Henar, es un placer tenerte aquí. Bienvenida.
Igualmente, un placer para mí también.
Y creo que va a dar bastante de que hablar, tanto por su trabajo, que pueden ver aquí algunos ejemplos, ya nos va a contar más, como también por el lugar muy especial que Henar ocupa, digamos, a medio camino entre arte y artesanía. Como saben, la diferencia entre lo que hoy día llamamos arte y artesanía, o arte y artes decorativas, es algo que ha ido fluctuando a lo largo del tiempo y que todavía hoy podemos entender de varias formas distintas. Hoy quizás Henar nos va a hacer pensar sobre todo esto.
Y bueno, por decir algo muy brevemente sobre la trayectoria de Henar: Henar es hija de padre pintor y madre dedicada a la alta costura, en concreto a la elaboración de sombreros. En ese entorno creció, también muy estimulada por visitas a museos, tanto museos de arte como colecciones históricas, el mundo de la arqueología, el mundo fascinante de las Américas en concreto. Y después de esto ella estudia Matemáticas en la universidad.
Y es quizás de esa fusión bastante única de una educación matemática, de un estímulo artístico y de su propia pasión por el arte, la artesanía, la arqueología, de donde sale su vocación de reivindicar y recuperar algo que se había perdido, podemos decir, un arte milenario perdido, que es el arte plumaria, el arte de crear, no sé si la palabra tejido es la correcta, pero bueno, crear objetos con plumas, básicamente. Para cortar, que no han venido aquí a verme hablar a mí, así que démosle, por favor, la bienvenida. Tienes la palabra.
[aplausos]
Bueno, muchas gracias por esa presentación, muy completa, y me ha encantado. Y nada, pues sí, a ver, o sea, ha desaparecido en España, en muchos otros sitios no tanto. Pero cuando yo me quiero dedicar, decido especializarme dentro de la sombrería, es cierto que lo que justamente no había era... Es decir, cuando yo tenía 8 años acompañé a mi madre al cierre de la última tienda en Madrid que vendía apliques de plumaria para sombreros. Y yo ahí entendí que estaba desapareciendo en España, ¿no? Y por eso dije, bueno, si no hay nadie, alguien tendrá que hacerlo, ¿no?
Entonces yo con 8 años sembré ese recuerdo, y a los 16, más o menos 17, 18, yo ya... porque, claro, crecí en el taller. Entonces, cuando te regalan un oficio aprendido en la infancia, primero es maravilloso porque asocias el trabajo al juego, que eso es algo que ahora, con lo de mantener a los niños fuera del ámbito laboral tan estrictamente, se está perdiendo.
Y luego también que cuando ya empiezas a trabajar, o sea, cuando ya tienes 14 o 15, 16 y empiezas de aprendiz, que yo empecé de aprendiz, pues te das cuenta de que sabes mucho más de lo que cualquier aprendiz sabe, y eso pues te da como una seguridad. Entonces, pronto empecé a pensar en especializarme.
Porque cuando mi madre empieza en el tema de la sombrería, empieza en un momento en el que caen muchos talleres en España, me refiero realmente productivos, en el sentido de que producían para los grandes almacenes en España, ¿no? Cuando se empezó a exportar toda la producción, pues se iban cayendo talleres, y de ahí se ha ido recuperando. Entonces, ¿qué pasa? Que cuando todos esos talleres estaban activos, estaban especializados, unos en fieltro, otros en flores, en paja... Y pasa que mi madre tuvo que ir recogiendo todos los trozos que se iban cayendo.
Y esa sensación fue lo que... de hecho os lo voy a ir mostrando, porque para eso lo hemos preparado. Bueno, esta es la infancia. Mi infancia es un poco este contexto de creación. Este es el salón de nuestra casa. O sea, que estaba en la cotidianidad.
También hay algo muy bonito en el aprender un oficio en casa, y es que de estar hablando con las personas que están trabajando, estás ya registrando gestos, estás registrando maneras de hacer. Ahora, cuando yo doy clase, me doy cuenta de que enseguida el alumno quiere hacer, y es como: "Wow, pero es que cuando ves y miras, luego el hacer fluye más ágil y más eficaz también". Entonces es muy importante para mí el observar a las personas trabajar, que se aprende mucho.
Esta es la caja. Estos son los contenidos de la caja que para mí eran los grandes tesoros del taller de mi madre, que tenía un montón de cajas llenas de pajas antiguas, de materiales desde los años 20 hasta los años 60, 70, en España e importados de Francia, en general de Europa. Hay unas pajas suizas increíbles con mezclas... bueno, no da para enseñaros todo, pero era una barbaridad. Fieltros antiguos con pelos; de algunos mi madre decía: "Henar, de camello", porque como no tenían etiqueta, pues ya no sabías.
Y esta es la caja que os cuento de las últimas piezas de esa tienda que vendía los apliques en la calle Montera. Se llamaba Bogue la tienda. Y estos eran algunos de los apliques. Por ejemplo, este de aquí. A ver. Ah, mira, aquí lo veis, ¿no? Apuntado. Este, por ejemplo, no sabemos de qué pájaro es, que también esa es una historia muy importante. Este aplique no sabemos de qué pájaro es. Y ahora que tengo contacto con el Museo de Ciencias, me han dicho: "No, vamos a poner esto". Porque se usaban aves protegidas.
O sea, hubo una esquilmada a finales del 800 y principios del 900, con mujeres puestas de plumas hasta las orejas, de plumas de pájaros muy sospechosos, y muchos dejaron de verse tan a menudo. Entonces, eso fue algo grave. Entonces, estos, por ejemplo, pues en fin, con respeto. Ahora yo, por ejemplo, no uso ni me interesa nada de ese tipo de pluma, pero en su momento pues fue un problema.
Luego, por ejemplo, este de aquí es impresionante porque técnicamente, vosotros lo veis grande, toda esta zona de aquí es un trabajo de entretejido de hilo y pluma, o sea, esto es una virguería. Entonces, bueno, a mí esto me parece... este caracol es impresionante porque la pluma de avestruz está colocada, digamos, en el sentido contrario, con lo cual le da un efecto terciopelado espectacular.
Bueno, y yo aprendí deshaciendo estas cosas. Deshaciéndolas porque ya estaban viejitas, ¿no? Lo primero que se pierde en estas cosas es el pegamento: la cola perece y deja de pegar, de ser aglutinante. Entonces hay que restaurarlas. Y restaurándolas, abría y veía cómo estaban construidas, y de eso aprendí muchísimo.
Entonces, aquí es lo que os cuento del tema de la especialización. Aquí se ve bastante claro, por ejemplo, cómo mi madre, en su oficio de sombrería, va rescatando, o sea, coge todos estos oficios en rescate, ¿no? Y los une, los conserva en su taller y los protege, es decir, los practica y enseña también a hacer, con el sueño de que cada uno vuele por su cuenta y genere su propio proyecto.
Y entonces ahí yo engancho con el de las plumas. Yo empiezo con estas plumas dentro de la sombrería. Es decir, como veréis, yo empiezo haciendo este tipo de cosas, que son más como montajes estructurales, y os he puesto este ejemplo que ilustra muy bien cómo en la sombrería se usa la pluma teñida. Esto es pluma de gallo teñida en tonos fuego, porque la idea era generar esto. Este sombrero fue una idea muy divertida, porque se rompió el fieltro según estaba trabajando y entonces decidimos cortarlo y hacer como que se estuviera quemando, ¿no? La chistera en llamas.
Entonces, este tipo de trabajo estuve haciéndolo mucho tiempo para alta costura, y luego también para teatro, y luego también como formación. Y entonces yo estaba practicando los apliques, imitando o inspirándome en esas piezas que os he mostrado. Empecé a generar este tipo de piezas que veis aquí, con esas técnicas que yo aprendía de ir rompiendo lo antiguo y reconstruyéndolo; en realidad los rompía para restaurarlos.
Y aquí voy haciendo ya un poco esa idea. Lo que se hace aquí se llama mosaico de plumas. Es la técnica oficial, cuando decías que no sabías cómo llamarlo. Técnicamente, oficialmente, es el mosaico de pluma, en el sentido de que hay una aplicación de pluma como en forma de teja que construye un dibujo, ¿vale?
Entonces, pues bueno, aplicado a la sombrería, a la indumentaria en general, porque en la sombrería colaboramos también con modistos, con diseñadores; de hecho, hicimos mucha pasarela cuando se llamaba Cibeles. Y por ejemplo, de esas colaboraciones... y luego yo ya empecé con esta cosa de aplicar la pluma a todo, ¿no? Al zapato. Y en este ejemplo, esta funda de ordenador para mí es un "lo que sea", ¿no?
[risas] Porque lo de la funda de ordenador en el fondo no era nada práctico, pero es esta cosa de decir "yo emplumo lo que sea", ese atrevimiento. Y yo lo veo en esta imagen; me hace mucha gracia: el sombrero, el zapato, todo a juego, ¿no? Y el ordenador ya como un poco fuera de...
Y cuando yo estaba divirtiéndome con esas cosas, os enseño esta; esta pieza ya no la tengo en ningún sitio, miiera y todo, porque para mí es como el borrador primero que haces cuando dices "quiero ser dibujante", te imaginas que vas a ser dibujante y haces un borrador y es tu primer dibujo, digamos.
Pues esto fue, estando yo con lo que habéis visto, estas piezas de sombreros, cuando llama al taller una mujer francesa que diseña muebles, maravillosa, François. Le habían dado el contacto porque busca un plumassier. En Francia es muy normal tener plumassier, como el que tiene un tapizador de sofás. Y claro, yo escucho y levanto la mano. Yo estaba empezando, pero ya era "plumas", para lo que había en Madrid. Yo ya era "plumas".
Y entonces me trae y me enseña fotos de trabajos de los franceses y me dice: "Quiero que hagas esto, así". Y digo: "Hombre, esto es de alguien, ¿no? O sea, yo no voy a hacer algo de alguien". Y digo: "Pero, ¿puedo trabajar en esta idea con otros dibujos?". Y entonces me siento, y esto fue lo primero que salió, porque el trabajo que ella me enseñó eran estas plumas, pero colocadas en otra dirección.
Y entonces aquí es cuando empiezo a decir: "Bueno, ¿y si las cambiamos de posición? Ya no es lo mismo". Y de hecho, nada que ver. No os puedo enseñar la original porque no es mía, la que me enseñó esta mujer, pero estaba así. Y ahí entonces me dijo: "Ay, me gusta mucho, me gusta, me gusta". Y así empecé a diseñar estas cosas que en origen iban para ella; las aplicaba en mesas, porque era diseñadora de muebles, y sigue siendo diseñadora de muebles, y ya las aplica en sus mesas.
Pero bueno, ahí se me abrió el universo de las posibilidades, sobre todo cuando en paralelo, porque no sé por qué el mundo te trae las cosas todas a la vez, aparece esto en mi vida, que ya estaba en mi vida. Es increíble cómo hay cosas que parece que has olvidado y vuelven cuando tienen que venir.
Y todos esos museos que yo había visitado, arqueológicos, en todos los países a los que viajaba, pero especialmente el de México, me impactó, además, por la dimensión que tiene ese museo, por el contenido y por muchas cosas. De pequeño hay muchas cosas que miras y parece que no ves, y cuando ya eres mayor te das cuenta de que de alguna manera las has visto, porque si no, no harías lo que haces y no te interesaría lo que te interesa, ¿no? Y en este sentido, para mí, la plumaria mesoamericana es un ejemplo claro de eso.
Y esta es una muestra de algo que a mí me impresionó, y me sigue impresionando que tanta gente no lo conozcamos; yo me sorprendí de mí, cuando hablo de esto. Porque una de las cosas que yo digo es que cuando los españoles de aquella época fueron a América, fueron conquistados ellos [risas], en el sentido de fascinados por lo que había allí. O sea, conquistar en el sentido más sensual de la palabra.
Porque cuando me pongo a investigar en los Archivos de Indias, son impresionantes los comentarios de las dimensiones de los palacios, las dimensiones de los lujos... El hecho de echar un café de sobremesa, café y siesta, viene de allí. Ellos tomaban su cacao, se echaban la sobremesa, echaban su puro habano. Eso viene de allí. Su cigarro, eso viene de allí. Esas costumbres... tenemos tanto de ellos.
Y una de las cosas es la plumaria, ¿no? Los frailes que iban allí y estaban interesados en sus artesanías, en los comentarios que tienen, hablan de las increíbles maravillas que hacen estos artistas con la pluma, como nuestros pintores con el pincel. Esa dimensión.
Y en el Museo de América de Madrid, os lo recomiendo si vais, yo creo que está la máxima concentración de plumaria que tenemos en España, y es realmente impresionante. Y meteros y colaros por los pasillos, porque es un museo que tiene pasillos de acceso a no sé qué vestíbulo con una obra de 7, 8, 10 metros por uno de plumaria que no te la crees, que dices: "Pero ¿cómo no tienes esto en la sala principal?". Hay mucho por descubrir desde el arte.
Porque, a ver, yo lo que hago es muy interesante y todo, pero técnicamente en el año 1400, 1500, me daban 100.500 vueltas esta gente. O sea, en la artesanía, a mí la gente me dice: "No, es que para innovar vete a un museo antropológico, arqueológico, está allí". O sea, técnicamente tenemos que recuperar cosas que se han perdido.
En 1600 hacían estas maravillas. Ya en 1700 empezó a decaer este arte a nivel técnico: los detalles... esto es una miniatura, y ya las manos y las caras no las hacían con pluma, las pintaban.
Entonces, yo ya te digo, pero claro, porque son cientos, lo que hablábamos, generaciones de oficios, de hijos aprendiendo de los padres, lo que me pasó con la sombrería. Yo a los 14 ya sabía todo lo que mi madre había aprendido en toda su carrera. ¿Qué pasa? Lo bonito de eso es que a partir de ahí tú ofreces al oficio cosas nuevas. Puedes hacerlo crecer en conocimiento. Ahí vi lo que ocurre cuando heredas un oficio.
Y tiene que ver con eso, porque si llegas a un oficio cuando te llama la formación profesional, que es a los 20, ya estás en otro momento vital. Es como, ¿por qué los atletas empiezan de niños? Por algo. Pues para mí es lo mismo, ¿no?
Bueno, esta es una historia interesante, porque a todo el mundo le interesa saber la materia prima de las plumas, porque no es conocida, y es importante hablar de ello. De hecho, esto, mira, sí que lo podemos pasar para que lo vean. Esto sí que es interesante, sobre todo porque a veces las unidades... ay, ten, gracias... las unidades no se conocen, y porque se pueden tocar y se pueden ver, y tienen el nombre. Entonces esto es la foto, pero esta es la pieza. Toma, Karina. Sí, por favor. Gracias.
Y bueno, este es mi Pantone, o sea, con esto, porque como os contaba, en la sombrería yo sí tenía, porque o en el teatro o en la boda o en la pasarela tú puedes hacer algo que luego va a ir a un armario y no pasa nada. Pero cuando va a estar como esta mujer que hacía mesas, si va a estar expuesto a la luz, el tinte se degrada. Entonces yo me olvidé del tinte, aparte que no era lo que más me emocionaba, aunque conseguía colores maravillosos y conseguí retos tintóreos muy muy potentes, pero me gustaba mucho la limitación del color y, como os decía, sin la ambición de buscar plumas exóticas de tonos raros, de pájaros raros en sitios raros, ¿no?, sino qué nos da la tierra, qué tenemos, con eso tiro, ¿no? Eso es como el pintor que... el otro día en Antibes estuve en un museo de Picasso y era la posguerra, no había material, no había pinturas, no había lienzos, no había nada. El hombre, con pintura de barco sobre madera, no paró de trabajar, ¿no? Entonces esa cosa me gusta del pintor o el artista en general: cuanto más se limita, más abierto y más libre y más, o sea, más se le abren campos creativos. Pues este es mi cuadro de posibilidades y da para mucho. Sí.
¿De dónde vienen o cómo consigo?, que es una pregunta muy típica y me encanta resolverla antes y así luego hacemos otras más profundas, que es de dónde consigo la materia. Estos son los dos canales. Este caso de aquí, cuando necesito mucha diversidad de una misma ave, hay una cosa que se llama el deporte de pesca con mosca, ¿conocéis? Pues ahí, digamos que en ese deporte se usan las plumas para hacer los insectos con los cuales luego se pesca el pez. Sobre el anzuelo, digamos, se genera como un pseudoinsecto con materiales orgánicos, plumas, pelos, tal, y con eso se atrae al pez. Entonces, depende qué pez, diseñas unos insectos u otros y se usan este tipo de plumas. Y entonces, como son pescadores, los cazadores nutren a los pescadores de plumas a través de directamente disecarles el pellejo del ave completo, con todo y la pluma. Y esto es un canal muy interesante por eso, porque tenemos la misma ave, diversa pluma en el mismo paquete.
Mientras que si quiero mucha cantidad de pluma, que es el otro caso, este de aquí, mucha cantidad de pluma del mismo tipo, seleccionadita, ta, ta, pues hay un mercado del fashion, que se dice, bueno, sí, que surten pues a carnaval, a todo este mercado más de indumentaria, que vienen así con esta cintita de herida, porque normalmente las personas que aplican estas plumas las aplican directamente cosiendo a máquina con la tirita que ya traen, pero que a mí me toca quitar de una en una y pelar, como vais a ver a continuación.
Y esta en concreto es de pavo real. Los precios de las plumas son muy variantes, muy variables. O sea, puede ser como el oro, pero el oro más o menos lo ves venir, pero esto no. Entonces, yo no hago presupuestos nunca sin hablar antes con el proveedor, porque ya me ha pasado de un mes a otro. Por ejemplo, esta pluma, ay, perdón, esta pluma, la azul, la de vuestra izquierda, es de pavo real, de la parte del pecho. Son como mis tres colores primarios que habéis visto: está el rojo, el faisán dorado me da el rojo y el amarillo, y este azul lo da el pavo real, como son mis tres básicos, ¿no? Primarios. Y esta pluma me cambió pues de un mes a otro, de estar a 18, 20 € a 70 el metro. O sea, esa tira que veis, ese monigotillo así tal cual, que vendrán tres plumas por centímetro como mucho, pues están a 70 € el metro. Bueno, a veces es la yarda, porque muchas vienen de Inglaterra, pero es esa idea.
Entonces, como veis aquí, el proceso es lo que yo le llamo el pelado, pero en realidad no es pelado porque no hay ave que estés pelando, pero le quito, digamos, el plumón, la parte que es más vaporosa, porque me gusta que los trabajos sean limpios y el plumón, digamos que ensucia un poco para el trabajo de mosaico en concreto. Como veis, aquí el trabajo de selección es superimportante. Digamos que para mí es el 80% del trabajo. O sea, luego lo que es el montaje, cuando tienes un buen preparado, un buen preseleccionado de pluma, es decir, si tienes claro qué color tienes, es como vas y pintas, ¿no? Pero si tienes que ir pensando el color, uf, ¿sabes? Y como el color es pincelada, es pluma, pluma es pincelada, pues cambia muchísimo. Y aquí un ejemplo de cómo estoy, o sea, cada vez me he ido sistematizando más todo el proceso de selección de la pluma, de cara a que sea más eficaz el trabajo y en consecuencia puedo hacer cosas con más profundidad también visual, o sea, con más potencia visual, porque controlo más el pigmento, como quien dice, que en este caso es materia orgánica, ¿no?
Bueno, gracias a mi padre, tengo que decir, la pintura a mí me ha aportado entender las transparencias, entender que las cosas no son planas, que la pluma no es negra y blanca y ya está, sino que, bueno, también siempre que juegas con color, pero mi padre es especialmente bueno en jugar con los colores, en hacer colores a través de que haya otro color detrás, y qué dice el verde detrás, el naranja en diferencia a un azul, y eso lo he notado también en la pluma a nivel pictórico.
Entonces, aquí es un ejemplo claro. Esta es, para mí, una de mis últimas obras maestras. De hecho, me jode, claro, yo hago mis obras para mí, o sea, yo hago mi medicina. Es como: yo, ¿qué quiero ahora?, ¿yo qué necesito? Pues yo me quiero hacer un corazón porque me han dicho que tengo que chakra corazón y no sé qué. Y entonces empiezo ahí pues mi corazón y me lo hago para mí. Entonces tengo mi pieza en mi taller y digo: "Ay, ya está, lo tengo". Y la disfruto. Y entonces se vende. Digo: "Ahí va, ya no está y toca hacer otra". [risas] Y así nacen series.
Y esta es una de las brutales, que ha sido de los huecos más profundos que ha sentido mi taller cuando se ha ido, ¿no? Porque esta obra, a mí, vamos, me enamoró, y bueno, siempre te enamoran un poco, pero es que esta era exagerado. Y como veis aquí hay varios juegos. Vamos a qué es el fondo. Como veis, esa parte que está todavía, perdón, no cubierta de pluma, tiene pintura, y tiene pintura negra en el borde para generar justo que chupe la luz, ¿no?, que sea más oscuro todavía el oscuro de la pluma, porque ya en sí la pluma está seleccionada por color, o sea, no se genera el color con la transparencia en absoluto, pero apoya, soporta y da más potencia, ¿vale? Lo potencia. Tenemos eso, tenemos el dorado, el pan de oro, que refleja la luz desde atrás, con lo cual, pum, las plumas claras, cuando tú iluminas la pieza, rebota la luz de atrás, con lo cual es como si estuvieran retroiluminadas, ¿no?
Esta parte de aquí, ay, perdón, no sé, ahora aquí, esto que brilla tanto, todas estas líneas, todo esto es pan de oro. Por eso hace un poco efecto espejo. ¿Veis? Aquí se queda casi blanco, ¿vale? Todos estos rayos es pan de oro, que coincide con esta zona más clara de las plumas alrededor del corazón. ¿Lo veis? Vale. Bueno, que esto es un poco el juego de las transparencias.
Bueno, este es el ejemplo de los diseños de mis orígenes. Esta es de mis orígenes orígenes, de las primeras, con esta mujer diseñadora que os contaba de Francia, ¿no? Y entonces esto es lo interesante que veáis, porque aquí entra el pensamiento matemático a la hora de construir un diseño. Las plumas piden un orden, necesitan... es como hacer tejados, o sea, la teja, es un poco esa sensación: tienes que ir construyendo, tapándose unas a otras, y entonces tienes que tener una coherencia, un ritmo, un orden, y ese orden pues es un poco esta idea. Yo en mi cabeza lo visualizo como campos vectoriales y es lo que más representa cómo yo diseño algo, ¿no?, la imagen, porque una cosa es la imagen que tú tengas y ya está, pero luego es cómo lo resuelvo, digamos, la resolución de la imagen en el sentido de: ¿es viable?, ¿se puede hacer?, ¿de qué manera la hago más armónicamente? Porque las piezas, una de las formas de limpiar es con la mano. Para mí es la mejor, porque le aportas grasa, hidratas con la mano, no sucia, sino, ¿me entendéis?, te has dado la crema, se ha absorbido ahí, pum, sabes, le hidratas y le quitas el polvo, las dos cosas. Entonces está muy bien, y para eso, cuanto más fácil sea, mejor. Y entonces para eso necesito tener esto muy en cuenta.
Y por ejemplo esta pieza: aquí se ve muy claro cómo las plumas en este sentido van, digamos, en línea hacia el centro. Pero aquí, como veis, bueno, aquí se ve clarísimo porque está en el proceso, veis cómo las voy colocando en circunferencias. Aquí voy de la mitad, luego hago la otra mitad y así se va construyendo. ¿Lo veis? Y ese orden aquí es necesario para generar ese dibujo, porque las plumas que veis tienen una puntita negra que es la que delimita y genera las formas de circunferencias.
Aquí veis eso también más representado en un ejemplo, cómo evoluciona: tiene que haber siempre un debajo y un encima, y eso tiene que tener un orden. Y aquí se ve muy claro en este proceso cómo los órdenes de ir colocando implican... o sea, hay que tenerlos ordenados en la cabeza, ¿no?, claros, cómo va a ser.
Ay, este es el ejemplo de cómo acaba la pieza, la figura, y luego el soporte final, que en este caso era para esta mujer. Yo tuve la suerte de ir haciendo sombrería mientras esta mujer de vez en cuando, una o dos veces al año, me hacía un pedido de plumas, pero en España todavía no existía el mercado de plumas, ¿vale? Esta mujer era francesa, pero gracias a ella yo iba haciendo dossier. Yo iba haciendo, porque al final yo diseñaba, yo decidía las formas, porque al principio ella me aportaba, pero cuando vio que me iba guay a mí eso de pensar las figuritas y decidir los dibujos, se emocionaba y me decía: "Sí, sí, sí, me gusta". Todo era así. A veces ni me miraba el boceto, y un día tuve miedo por la cara que puso cuando llegó, bueno, ahora os cuento. Este tipo de cosas, yo me divertía pensando esto, claro, yo en matemáticas y nudos, yo estaba estudiando y le decía a mis amigos: "Jo, me encanta hacer puzles los domingos y he encontrado gente que me paga". [risas] Pero claro, no eran puzles, la verdad, eran otra cosa. Con el tiempo me he ido... pero esta ingenuidad infantil o, bueno, en ese caso juvenil, porque yo empecé a hacer esto con 20 años, estaba estudiando, claro, yo trabajaba y estudiaba. Eso de la prontitud luego da mucho bagaje y a los 40 ya te sientes una maestra que da gusto.
Pero bueno, este es el trabajo de cuando más caótico está. Es muy bonito de ver. Esto es color, o sea, todo lo que habéis visto de los grises esos de pato, pues aquí están, desde lo más clarito, que están ahí al fondo, aquí al fondo los claritos, se va oscureciendo, y entonces cada montón tiene sus características, tanto de color como de dibujo de la pluma, ¿no? Y con eso se genera esto, que son graduaciones de grises, más oscuros, más claros. Y este fue mi primer bajorrelieve, hasta ahora todo hecho plano. Esto tiene 5 cm de profundidad y está tallado y luego forrado en fieltro, que es el material que yo encuentro que mejor adhiere la pluma. Y entonces aquí juego, me ha gustado mucho el relieve con el sombreado, pero a veces a favor, a veces en contra, dependiendo del diseño.
Bueno, luego también empecé a probar yo mis cosas decorativas, porque todo esto iban en mesas. Entonces empecé yo a salirme tanto de las mesas de esta mujer como de los sombreros, a decir: "Venga, ¿qué puedo hacer?". Pues una lámpara, vamos a probar. Pues un cuenquito, venga, vamos a probar. [risas] Bueno, esto yo me lo imaginaba como en una joyería, con un cojincito y el reloj encima, me parecía lo más. Y esculturita, ¿sabes? Porque la pluma tiene muchas formas de textura y expresión, y entonces a veces te apetece ponerla de lado y te genera otra cosa. Y en fin, es probando y probando y probando, inspirándome en artistas que hay maravillosas en Inglaterra, contemporáneas también, muy interesantes. Mientras, en paralelo, teatro hacíamos en esa sombrerería. Entonces también, por ejemplo aquí, no sé si lo veis bien, todos estos pájaros de plumas los hicimos, este también de plumas, este era todo de avestruz, también este de aquí, todo teñido. Entonces yo iba resolviendo, por supuesto, toda la plumaria del taller, pero también la producción en sí.
Entonces como que siempre he llevado todo muy en paralelo. Una de las cosas a las que me ha llevado el oficio de la sombrería, como os decía, es a tener la maestría. Y en esa maestría, pues mi madre necesitaba, y yo la apoyaba siempre en ese aspecto, dejar su saber en un libro, y bueno, he traído el libro hoy de regalo a la fundación. Y nada, es bonito dejar tu saber hacer en un libro, sobre todo cuando das clase, da gusto cuando dices: "No hace falta que apuntéis, está en el libro". Es muy guay. Es muy guay. Yo antes revisaba los apuntes, porque me daba miedo que estuvieran luego trabajando, porque esa gente toda trabaja en serio, en teatros serios, y digan: "No, Henar me dijo...", y que esté mal. Y decía: "No, no, no, no". Entonces yo corregía los apuntes. Digo: "A ver si luego van a decir que yo he dicho...", que eso es horrible.
Y bueno, y esto, entonces, con esas cositas que os he contado, en 2009, estas, la lamparita, la funda de ordenador, o sea, como esas cositas que se salían del marco de lo que yo hacía, me fui a una feria de decoración en Madrid, se llamaba Casa Decor. No, no, Casa Decor es la famosísima. No, no, no, esa sigue viva. Esta murió. Se llamaba Casa Pasarela. Sí, hace muchos años, 2009. Y yo iba allí, tal, y los tres meses de producción, la inversión en el stand, y yo estaba allí toda emocionada de: voy a presentar las plumas y tal, y ya verás, lo vamos a petar. Bueno, perdón que me ría, pero es que empezó a pasar gente allí y era, pero te lo juro, que se ponían aquí y hacían: "¿Pero esto es pluma?". Y yo: "Sí, sí. Y esta es de perdiz y esta de...". Yo: "Sí, la pluma es la bomba, en Francia lo flipan". Y aquí era como de verdad, o sea, era una cosa muy surrealista. Total, que me pegué un susto porque, claro, no pasó nada, nadie, o sea, bueno, un horror, y claro, ya había invertido un dinero, entonces dije: "Pues nada, para casa". Ya seguí.
Y entonces, pues como os digo, yo seguía haciendo teatro, haciendo los sombreros, a François la tenía cubierta, todo lo que me pidiera se lo hacía, pero como que yo no veía que esto fuese más allá, ¿no? Era como una sensación muy extraña con todo esto, ¿no? Pero cada vez que le hacía una mesa nueva a esta mujer, yo la inauguraba en mi casa, daba un vino, venía la gente, todos impresionados, porque además verlo en directo mola mucho más. Todos: "Buah, tía, pero es que lo que haces es la...". Todo el mundo me decía. Y yo ya estaba harta, porque decía: "Sí, sí, mucho la leche, pero aquí esto no lo veo yo que avance a nivel comercial. ¿Dónde vamos con esto?". Porque cuando las cosas son la... se tiene que notar. Y ya dije: "Bueno, vamos a ver, estratega".
Ya dije: "Vale, la feria no. Vamos al concurso más la... internacional, porque si se supone que soy la... pues tengo que ir a lo más la... y voy al Craft Prize". Claro, de hombre, lo más top. Digo: "Vamos". Y yo mandé, digo, bueno, tenía lista: si este no, pues el dos, y si no, el tres, y si no, pues oye, pues a lo mejor no soy tan tan la..., pues seré un poquito menos la..., pero alguno llegará y con eso ya veremos qué hacemos.
Mira, cuando [resoplido] me llegó lo de que me habían seleccionado en el LOEWE, aquí se me pusieron... porque dije: "Wow, aquí empieza lo serio". Porque claro, firmas un contrato: ¿estás dispuesta a hablar en inglés de tu trabajo en cualquier lugar del mundo que te llamemos? [resoplido] Yo dije: "Hostia, inglés, inglés, vamos a ello. Inglés fundamental". Y ya me di cuenta, primero por la selección, por la experiencia que implicaba, por lo que conocí, dije: "Ya sé dónde está el mercado. Fuera. Fuera es fuera". Y ahí me di cuenta. Y entonces, este año 2019, casualmente, luego todo pasa a la vez, todo pasa a la vez, me seleccionaron de Fundesarte, el Organismo Nacional de
Artesanías para representar a España en Révélations, que es la otra gran feria. Por si no me quedaba claro con el Loewe Craft Prize dónde tenía que estar, pues era allí, en Révélations, en el Grand Palais, la exposición, bueno, una de las más top a nivel internacional de artesanía contemporánea, donde está lo más grande y lo más importante y, sobre todo, lo más interesante.
Y bueno, y ahí me y conocer artistas, porque en lo del Loewe Craft Prize somos 30 seleccionados que tenemos tiempo, 4 días de viaje juntos, para hablar de cómo nos movemos, cómo ganamos el dinero con esto, dónde no les gusta vernos, cómo funciona, y aprendí todo ahí. Y entonces ya ahí me cambió la vida y empecé realmente, pues eso.
Luego la fundación Homo Faber también empezó por esa época a moverse y me pidieron que hiciera esta obra, que es el suelo de la basílica de San Giorgio, que es donde se celebra la feria. Pues nos hicieron a todos hacer este mismo motivo, que es las baldosas del suelo. Y este, en cuanto a los campos vectoriales que os conté, es el más complejo que he hecho.
Y por eso aquí tuve que hacer esto, que es una prueba de viabilidad de cuando tú tienes en la cabeza algo y dices: "Es que no sé, no lo sé". O sea, yo por más que me lo imagino no sé si va a funcionar. Entonces, sí o sí hay que probar. Y esta es la prueba, esta de aquí, de que esta cosa de hacer líneas y que en medio hubiera caos y que todo eso se pudiera hacer con este dibujo era viable o no.
Mi intuición decía que sí, pero mi cabeza matemática, mis campos vectoriales no lo resolvían, era como que echaban humo, y dije: pues hay que probar, hay que probar. Y así fue. Esta es una de mis grandes obras maestras en cuanto a eso. Y podéis ver aquí un poquito de cómo trabajo.
Lo que vemos ahora, lo que estás haciendo, es las plumas que has seleccionado y cortado, ponerlas cada una en su sitio como si fuera un mosaico, con un poquito de cola animal o ¿qué tipo de…?
Pues al final me he decantado por la acrílica, porque es la que más dura en el tiempo de las que… O sea, con ese asesoramiento también de artista, ¿no?, de mi padre, pues al final, y como he visto tantas obras perecer justo por el aglutinante, pues me he decantado por la acrílica, que para mi gusto es la que más dura en el tiempo.
Sí, sí, sí.
Luego, una de las cosas importantes de la cola… Mira, vamos a ir dejando esto, que es un gustazo verlo, aunque a veces son tan macro que se ve hasta la micromolécula de polvo, pero es lo que hay. Y es la densidad de la cola.
O sea, como cada vez trabajo más en vertical, porque cuando son piezas pequeñas puedes trabajar en horizontal, pero las macro grandes son en vertical, ¿eh? Y luego también las plumas no son planas; algunas sí, pero la mayoría tienen como cierta curva. Entonces, si la cola está muy líquida, no, o sea, la pegas y hace plupel así.
Entonces me implica… De hecho, me he visto con secador secando la cola porque no podía avanzar si no estaba suficientemente seca. Y por eso es una muy concreta, porque las que tienen un poquito de látex enseguida empiezan a hacer hilos al querer secarla tanto. Entonces es una muy concreta que, gracias a Dios, la venden en Riesgo, que sigue abierta, una superdroguería de Madrid maravillosa que casi casi casi cierra.
Pero bueno, luego, esta es otra de las grandiosas piezas que muchas veces en imagen, solo en foto, no se entienden, y piden vídeo muchas. En esta en concreto se ve el degradé de la pluma en contra del relieve, o sea, a favor en un lado, pero en contra en otro. Entonces es una pieza que, cuando caminas… No se percibe el volumen en la imagen. Es imposible.
Vale. Esta os la he traído. Esta es otra también que en una foto es muy estática la luz, la luz que reflejan las plumas. En una foto es fija y ya está, y es una imagen cerrada, pero no es real. Las piezas tienen relieve, tienen luz y la reflejan de maneras que es muy muy chulo verlo en vídeo.
Ver cómo cambia cuando uno se mueve, ¿no?
Claro. En esta en concreto no lo hemos hecho tanto, pero es una de las cosas que cada vez hacemos más. Las sombras también, cómo viaja, porque cambia mucho el color de la pluma. Esta es una también. No siempre se consigue, ¿eh?, el vídeo es difícil. De hecho, yo tengo amigos que se dedican a eso, son los que estoy… Y mira, ¿ves? Por ejemplo, aquí hay intento de movimiento, pero nunca llega a ser como el ojo, ¿eh? O sea, la pluma al ojo la vais a ver ahora aquí, porque la verde que habéis visto en vídeo la vais a ver en vivo y no es lo mismo.
Esta es la única que he hecho, es la única que tengo, figura, digamos, figurativa.
Figurativa. Exacto. Sí. Mira, y aquí veis el diseño. Es que esta parte es muy divertida porque te permite ver la evolución del dibujo, ¿no? Aquí todo el caos del… porque hay órdenes que son más sencillos, pero algunos son… porque aquí tengo que… Esto es este tipo de perdiz, que es la que tiene el borde aquí, es una perdiz nuestra que solo la consigo a través de cazadores, y me llega todo en una bolsa, y según han pelado para cocinar así viene. Y aquí solo quiero esta línea y quiero el gris de alrededor de la pieza. Entonces todo lo demás lo tengo que ir haciendo para ir rescatando solo esas.
¿Y la tienes que lavar o no?
No, no, no, no se lava. Gracias a Dios me salvo ese paso; si no, ya no sería viable.
Sí, de hecho, antes sí las desinfectaba mucho, les hacía tratamiento, pero me di cuenta de que no era realmente necesario. Yo he llegado a pelar, porque además, o sea, me traen bichos, o sea, claro, saben a lo que me dedico, entonces me llegan vivos de todos los colores, tamaños, y me ha pasado de pelar gallinas con piojo, ¿sabes, que se trans…? Pero no es el que nos afecta a nosotros. Entonces son campos que no se mezclan.
Es muy higiénica. La pluma en sí es muy higiénica porque el piojo está en la piel, no está en la pluma. Las plumas más grandes, las de las colas, estas sí suelen tener más suciedad, pero yo las que están sucias directamente las elimino, porque no compensa el trabajo de recuperación de esas en concreto. A ver, ahora vais a ver. Es que ahí no está, pero la de paloma es una pluma de este tamaño, no llega a 1 centímetro casi. Entonces, no.
Otra cosa muy interesante es cómo evoluciona el dibujo. Por ejemplo, aquí esta es la primera fase, simplemente. O sea, hay figuras que prediseño mucho, como habéis visto, incluso en Photoshop, y otras en las que necesito también trabajar orgánicamente para ver qué ocurre en la libertad del ver qué pasa, del dejar que pasen cosas que, si no, no puedes prediseñar si no sabes qué pasa, ¿no me explico? O sea, te falta la imaginación para imaginarte lo que no sabes que existe, y para eso hay que jugar. Uno de esos juegos es este.
Entonces, yo aquí tiro sin prediseñar nada. Aquí ocurre esto, que son, como veis, los puntos de remate, que aquí solo hay dos, estos más claritos, que es lo que os decía, mínimos puntos de fuga. Y luego aquí hay dos puntos que se enfrentan y entonces se genera esta línea en medio, ¿veis?
Y de esta línea en medio… Ay, no sé por qué me está costando dirigir bien el palito ahí. De esta línea en medio, que esto de aquí es un biombo, esta figura entera de aquí, toda esta imagen es un biombo, pues luego me doy cuenta de que puedo hacer esto que está más abajo, ¿ves?
Aquí lo veis, esta parte de aquí abajo surge inspirada por esa anterior que os he enseñado, que tiene una línea como más animal, que por la forma de cruzarse genera este como animal print, y aquí ya está todavía más exagerado, ¿lo veis? Entonces esa evolución un poco también de cuando dejo que pase lo que tenga que pasar, ¿qué ocurre?
Y esta es la otra evolución también de la serie de la que os hablaba, que para mí esta imagen de aquí era como el culmen, ¿no? Este corazón que os mostré a medio camino. Pues esta nace de esta serie, en la que esta es la primera, la de la izquierda.
Es la primera, sí, la de la izquierda.
Ahí la pluma me llega con relativamente menos contraste. También el color viene como viene. O sea, yo le puedo pedir al proveedor, pero el proveedor no me va a mirar en detalle. Entonces yo cuento con el color que tengo. El gris, por ejemplo, que os decía, antes tenía todo en una bolsa; ahora vienen claras y oscuras, con lo cual medias ya casi no tengo. Me toca inventarme un color intermedio superponiéndolas. Entonces, bueno, es menos predecible y, bueno, te tienes que adaptar.
Esta es la primera. La segunda es esa de ahí abajo, la redondita. Hay mucho contraste porque preservé y acumulé contraste, pero claro, la primera es como de 10 más o menos por 80. Esta chiquita creo que tiene 60 de diámetro y la que está arriba a la derecha es de 120 × 120, que es ya una dimensión. Entonces ahí el contraste pues no podía ser tanto como en la chiquitita.
Pero para mí es la que concentra todo lo que yo quería contar respecto al corazón: su campo electromagnético, el color, la geometría. Lo tiene todo, ¿no? Para mí es como… Y se nota que las otras lo han intentado, pero la que ha llegado es la tercera, ¿no? Para mí es como…
Y en este caso también aquí se ve ese juego de, bueno, borrar un poco el círculo exacto, a ver qué pasa, porque esto en el ojo como que lo quiero ordenar pero no se puede. Este todavía más, este más, y ya hasta dónde, ¿no? El límite donde llega uno, pues es ahí, porque ya la pluma más allá no da. Vale, es un poco esa cosa.
Y ahora también el mundo de las colaboraciones, porque yo puedo hacer bajorrelieves más o menos y tal, pero hay formas que te enamoran. A mí me han enamorado ciertas formas. En este caso es Tony Porto, que es maravilloso. Es el tornero, perdonad, tornero increíble, que deja las piezas finísimas. Es impresionante. Y nos pusimos juntos en la asociación de la que formamos parte, en saco, y nos enamoramos, él de mis plumas y yo…
Entonces, pues ahí estamos colaborando. Estas son las dos primeras. La primera fue seleccionada en un concurso en Shanghái, internacional, muy bonita la verde. Me decía Tony: si fuera más grande, lo hubiéramos ganado el concurso. Como era pequeñita… Bueno, ya haremos.
Y luego esto, en general, es para contaros que a mí lo que me fascina en general son las técnicas ancestrales, desde esa parte de lo que os contaba al principio, ¿no? De todo lo que tienen que aportar de conocimiento y cómo nos pueden llegar a nutrir a los creadores actuales o, sobre todo, inspirar, generarnos la ambición, ¿no?, de llegar técnicamente a más profundidad.
Porque eso que has dicho, que me ha encantado, lo del arte y la artesanía: yo creo que la artesanía contemporánea está ganando un terreno, una consideración y un terreno que no ha tenido nunca, porque ha estado imbuida en el arte directamente. O sea, la artesanía y el arte eran una, no había distinción. Mientras que ahora el arte se ha conceptualizado, ha llegado a extremos de conceptualización y vacío, o sea, de concepto tan elevado y de tan poca… vacía material, ¿no? Y por no hablar ya de oficio, sino casi hasta de materia, que la materia está gritando desde abajo.
Que yo me he dado cuenta, porque claro, yo también he visto mucho arte moderno y conceptual y maravilloso, pero cómo sales de una exposición de arte contemporáneo con esto así, pu, bu, te palpita el cerebro, o sea, estás con una intensidad cerebral brutal. Pero cuando voy, por ejemplo, a una feria como Homo Faber o como Révélations, que ves mucha artesanía, esto se te pone… que te llega hasta aquí, ¿sabes?, como que te saca la lágrima, o sea, todo lo emocional.
Es decir, antes estaba más unido, y entonces ahora es como que el arte conceptual se ha cogido toda esta parte y, claro, la artesanía necesita compensarlo con… ¿sabes? Por eso está en auge.
Porque con algo más emocional y algo más material y visual, ¿no?, que se entiende con los ojos y te despierta alguna reacción, o al menos un sentimiento de experimentar belleza. Y en cambio una obra conceptual funciona de otra manera, que pues te hace pensar, pero puede ser algo más frío hasta cierto punto.
Bueno, más intelectual, que es una parte muy bonita y muy nutritiva y muy placentera también.
No sé si se sigue hablando de esto del lado izquierdo y el lado derecho del cerebro, pero podría ser, ¿no? Un lado que procesa mediante el lenguaje, mediante el razonamiento, y otro lado que es intuitivo y emocional y funciona con formas más que con palabras, por ejemplo.
Sí, de hecho yo lo noté mucho cuando estudié, porque yo estudié Matemáticas no porque quisiera hacer mosaicos de plumas y viera que era el camino ideal, por supuesto, sino por hobby, porque yo ya trabajaba; yo empecé a trabajar a los 14 años.
Pero yo nací en una familia en la que la universidad era obligatoria. No podías pasar por el mundo sin pasar por la universidad, porque entonces no eras nada, no tenía sentido tu vida aquí. Entonces, yo todo esto ya veía que lo quería hacer como lo había hecho mi madre, autodidacta, porque no me tenía que ir a Milano o a París para hacer una optativa. Tenía que tragar todo el diseño de moda completo y había una optativa de plumas en quinto.
Entonces era como: pues no me apetece, yo quiero chicha, porque sé que hay y tengo a mano para ir haciendo, y puedo sola, porque había visto a mi madre, cómo había hecho una carrera autodidacta. Entonces, si tengo que ir a la universidad, tengo que hacer algo que me guste. Y entonces, cuando era pequeña, ¿qué me gustaba más? ¿Qué era lo que más me gustaba del cole? Pues las mates. Y dije: pues ahí que voy, porque esto yo por mi cuenta no lo voy a hacer.
Porque quise antropología también y pregunté, y me dijeron: "Eso es bibliografía, o sea, eso te lo lees". ¿Sabes? Bueno, me dijeron… Si no, hubiera hecho Antropología, igual te digo, o sea, si me hubieran convencido, pero me lo vendieron así. Y dije: bueno, es verdad. Y es verdad en el sentido de que yo leía mucha antropología, etología; a mí me ha interesado todo siempre, mucho y muy profundamente.
Entonces, me he hinchado de todo, de literatura, pero me canso pronto también, ¿eh? O sea, yo creo que a los 18 dejé de leer literatura, ¿no? A los 16 dejé, porque me hinchaba, yo me hinchaba, me hinchaba, y mis padres tenían… la casa era una biblioteca, o sea, todo. Pero yo, te lo juro, cada vez que me leía una novela decía una de una matari y me sentía eso.
Yo decía: pero esto… un poco poseída por los personajes, como que te cogen y te cogen, ¿me explico? Te cogen. Bram Stoker me lo tenían que quitar, tenía pesadillas.
Claro, o sea: "Oye, Netflix", pero la literatura también es profunda, llega muy profundo.
Pues yo me harté de eso y dije: "No, yo, yo mío, quiero ser yo, y yo entera, y conocerme yo, porque si me voy haciendo personajes, no sé de qué voy". Y luego me fui al ensayo y ahí, pues eso, profundizas mucho en muchas cosas.
Y nada, entonces estuve 10 años en la carrera, y eso que hablas de los hemisferios me encanta por eso, porque yo tenía todas las mañanas el cerebro ahí, bu, en la universidad, y luego por las tardes me iba al taller con mi madre, que hay la lista de coser esto, ¿sabes? Mano-cerebro, ¿sabes?, pero ya relajada, como en otra onda. Y luego los fines de semana ya, pues puzles de estos, y estaba plena, plena.
De hecho, creo que fui de las pocas personas que se entristeció cuando acabó la carrera.
Ajá.
Sí, me puse triste porque ya estaba a un nivel de curro que digo: mira, ya lo siento. Pero es verdad que por mí me llevé temas, había temas que me flipaban. Me flipó… Bueno, es que me podía quedar aquí, ¿no? Ya me callo. Es que me flipó una cosa muy muy loca.
Dinos, y luego tenemos un rato para hacerte un par de preguntas, y enseguida preguntas, porque no sé si quedan…
Pues vamos a mirar un poco.
Ay, sí, pero algo muy importante, porque si no, estamos un poco en el límite.
Por eso. Nada, sin más, que tengo también mis cositas, como las llamo yo, los perfumes de la marca, porque, bueno, también tengo que decir que cuando hago mosaicos para gente, hay…
tengo fans que son muy amigos y muy familia y me dicen, "Es que yo quiero algo tuyo." Y le digo, "Bueno, pues, ¿cuánto quieres invertir, chica?" Me adapto. Pues mira, tanto. Pues ya está, tanto y te lo hago. ¿Qué te gusta, esta parte? Me flipa esta pluma. Pues te hago tal. Pero los que no dan o no pueden o no tal, pues también tengo lo que llamamos el perfume de la marca, que son este tipo de cosas, que mira, esos son los que llevo hoy, y nada, pues apliquillos.
El taller, el espacio de trabajo, bueno, es un sitio que a mí me gusta mucho, es el salón, es el mejor sitio de la casa. Y ya era todo eso que os quería enseñar, el taller, que siempre es bonito verlo, ¿no?
Vale. Sí. Bueno, pues me lo permites un par de... bueno, tengo muchas preguntas, pero intentaré que sean pocas para que luego también nuestros invitados puedan... A ver, entonces veo que al principio, bueno, primero de todo empiezas a arreglar piezas que se han roto y entiendes cómo están hechas, y las primeras piezas que nos has enseñado eran más, digamos, un formato, un objeto reconocible, pues como un sombrero o como una mesa, y veo que después has ido evolucionando hacia formatos u objetos que son un poco más difíciles de describir. Por ejemplo, esto, ¿qué es? ¿Qué es esta pieza?
¿La enseño para que la vean? Vale. Sí, porque si hablamos tú y yo y no lo ven, no se van a hacer la idea. Esto es uno de los bajorrelieves que ha salido en el vídeo. Esto es una obra para vitrina, o sea, cuadro, vamos, para mí es cuadro, es cuadro. Y además esto, lo bueno de la pluma, como hablábamos del color, es que el natural no es pigmento, el color de las plumas es estructural, entonces es forever. Entonces es maravilloso porque si tú esto lo pones cerca, o sea, donde pasa la luz y viaja la luz, el sol, pues la vas a ver en todas sus graduaciones. Es muy interesante, y por eso el relieve: este color de pluma me pide mucho el relieve por esta cosa del viaje que tiene con la sombra y el color, que va desde el negro hasta el verde más brillante amarilloso, pasando casi por un azulado, ¿no? Entonces es impresionante, y por eso hay plumas que me piden relieve.
¿Cómo ha sido eso? O sea... Pero sí, cuadros, cuadros. ¿Cómo? O sea, ¿cómo ha sido ese proceso de independizarte de una forma reconocible, o no sé si llamarle utilitaria, ¿no?, y hacer algo más abstracto o más artístico en realidad, que no tenga ninguna función, sino simplemente existir y que lo veamos, ¿no?
Eso, yo me metería en el debate de la funcionalidad del arte porque estoy un poco enfadada con eso, pero bueno, yo creo que es útil, es muy útil, o sea, y yo cada vez que la vendo más me doy cuenta de la utilidad que la gente le ve al arte, incluso más que yo. O sea, yo he llegado a tener menos sensación de utilidad porque he llegado a ser muy práctica, pero ahora que la produzco, y como os digo, para mí, o sea, que entiendo la medicina que es el arte de... Sí, o sea, para mí ha sido muy... O sea, no he preparado los procesos, quiero decir, se generan, se ocurren, son orgánicos. De hecho, me ha pasado cuando me dicen, "Tienes que escribir el concepto de tus piezas." Ostras, eso me pasó tarde porque, como yo iba de artesana, nadie me preguntaba eso, porque yo, depende para qué me interesa, soy una cosa u otra.
Es decir, y eso me gusta, no me gusta ser algo concreto o definirme, porque depende de dónde, para quién. Para Hacienda soy artista, para vosotros también un poco, pero también artesana porque me encanta el arte al servicio. A mí me dices, mira, tengo un salón y quiero aquí, y este hueco, no sé qué poner. Te hago para ti, para ese hueco, para ese salón. ¿Cómo estás? Cuéntame qué necesitas. Yo te hago tu medicina, explico. Me gusta, no, no me gusta, porque vengo de la alta costura, y es muy bonito el arte de alta costura, ¿verdad? O sea, que te digan qué quieres, qué necesitas.
Total, pero sí, pero hay encargos y encargos. Hay encargos que te dicen, "Mira, quiero esto así, así, así, así." Y también es un encargo y también los hago, ¿no? Claro, claro. O sea, por eso digo artesana de verdad, o sea, que a mí me dicen... Me he llegado a pelear. O sea, bueno, incluso asesorándola: que no tiñas, que para una mesa no puedes teñir, que se va a ir el color. "Pues es que yo quiero, quiero, quiero." Chica, te vas a quedar a gusto. Pues te lo hago con tinte. A los 5 años: "Nena, que se ha ido el color." Digo, no me digas. De verdad, qué cosas, ¿eh? Y ya está, ya está. Vamos a hacer. Claro. Sí.
Y quizás ese "cuéntame" también me ha llamado la atención cuando has dicho un momento en tu carrera que ha sido difícil porque enseñabas tus piezas en ferias de artesanía en España y la gente no las estaba entendiendo. ¿Cómo ha sido, o sea, esto de ganarse la vida? ¿Cómo ha sido para ti esa trayectoria? ¿Has llegado a algún momento en el que tenías que trabajar en otras cosas y esto se convirtió casi en un hobby o en algo que hacías al lado, o siempre ha estado en el centro?
A ver, yo siempre he activado esto con proyecto de negocio, es decir, yo esto como hobby para mí tiene un límite muy concreto, y es, primero, yo no voy a tener mi casa llena de piezas, o sea, quiero decir, como esta cosa de acumular, ¿no? Y otra cosa también es... ¿cómo explicarlo? O sea, esto requiere, o sea, yo cada vez que voy a rellenar mis botes de pintura, como quien dice, pues me tengo que gastar mínimo 1500 €. Entonces requiere una sostenibilidad práctica y real. No, no, no como hobby, así no. Y aparte no, o sea, no sé, yo para mí es como...
pues es en el Loewe Craft Prize donde veo cómo funciona el mercado, ahí donde yo veo el mercado, que fuera de España las galerías tienen artesanía contemporánea desde hace años en sus ofertas, que fuera de España es lo normal, que eso es como que descubro que igual si me hubiera ido a Milán a estudiar diseño ya lo hubiera visto. Pero no me pasó.
Lo viste en ese momento. Y esa identidad cambiante de a veces artesana, a veces artista, ¿funciona más o menos igual dentro de España que de puertas afuera, o has notado algún cambio en esa forma de... digamos, en ese momento del Loewe de darte cuenta de que había otro mundo fuera en el que quizás era para ti más fácil encajar? ¿Hay alguna diferencia entre esa diferencia entre artesano y artista fuera que dentro, o es más o menos lo mismo?
No, lo que yo me di cuenta es que fuera hay, o sea, como que, bueno, en ese contexto también concreto, porque decir fuera es decir mucho, pero en realidad estás en un contexto muy concreto, que son ferias concretas y concursos muy concretos, de gente muy top a nivel... o sea, como seleccionada: de 2.500 personas del mundo, éramos 30. Pues esos 30 implica algo. Pero sí te das cuenta de que hay un nivel de artesanía contemporánea que se consideran artistas, pero no desde un punto como se entiende al artista de aquí, sino como que entienden sus, digamos, sus proyectos artesanales a un nivel muy de artista, tanto al cómo lo producen, cómo lo comercializan, cómo lo viven, ¿sabes? Que tienes esa... ¿cómo explicar? Que no es hacer por hacer, sino que tiene que haber un sentido y que te tiene que dar sentido, perdón, te tiene que dar sentido a ti.
O sea, para mí eso es llevar la artesanía al arte, ¿no? Es ese empujón que la coloca ahí, que yo lo que percibí en el entorno donde me empecé a mover, ¿qué era? ¿Qué es eso? Una voluntad artística, ¿no? Una idea, un saber hacer que ya llevas, que lo tienes, que lo controlas, pero que tú le aportas, o sea, que a ti te aporta y tú le aportas a él algo que se genere, que hace que eso es arte, porque hay un yo, hay un... ¿me explico? Hay una personalidad diciendo aquí esto diferente de aquí. Esto ya no es como el "estoy haciendo botijos y mi abuelo los hacía así y yo los iba haciendo así". Hay un yo que está diciendo, "Espera, es que yo sí, esto se hace así, pero es que yo lo voy a hacer y lo quiero, yo lo quiero de esta otra manera, porque a mí me pide no sé qué, algo me pide que esto sea diferente."
Bueno, muchísimas gracias, y pues tenemos espacio para algunas preguntas del público. Si quieren, pídanle por favor a Ana el micrófono y preguntáis.
Estas obras tuyas a largo plazo, la pluma, ¿aguanta años?
Sí, sí. De hecho, ya te digo, estos apliques que te enseñaba están de los años 20. Las piezas del Museo de América son de 1600. Y la pluma tiene dos inconvenientes principales. Uno es porque la pluma es como el pelo, entonces el pelo es para siempre. Entonces el problema que tiene son dos: uno es la polilla de la lana, que es el mismo. Claro, todo lo que se come la seda, la lana, se come también la pluma, porque es la misma materia orgánica. Y el soporte, o sea, de la pluma a veces lo que perece es el soporte, porque son fibras vegetales. De hecho, por eso en las culturas mesoamericanas, las que os he enseñado, muchos se hacían sobre metal, con la idea de que el metal... porque era metal y luego un papel, pero como que el metal soportara realmente.
Porque claro, puede haber insectos exteriores, ¿o nunca atacan la pluma esta, no? Nada, nada. Solo la polilla de la lana es la única. ¿La única? La única que hay que prevenir. Que eso, yo como me gusta mucho tener las piezas al aire, porque muchos de los creadores de plumaria internacionales que yo conozco encapsulan en vidrio para proteger de la polilla, pues yo he encontrado que cuando le das dos veces al año con un spray antipolillas, que es como cuidar tu ropa, o sea, al final es el mismo ritmo, pues ya lo tienes cuidado y preservado, y puedes tenerlo al aire. ¿Puedes tener...? Sí, con el spray. Sí, sí, porque yo he probado todas las otras cosas y no. Pero es spray, sí.
¿Por qué los pintores clásicos y contemporáneos aman la pluma timón de la becada, de la becada? La seorquí común, una joya fantástica para hacer cejas, ojos, labios.
Lo conocía. Sé cuál es el álula, sé cuál es la becada, pero no sabía que los pintores... Porque la... porque tiene el hombre es muy ruma. Claro, como pincel te refieres.
Sí, sí. Ah, ya. Pues entendido. Era un sentido utilitario, pero todavía conozco como mínimo uno que la recolecta, y yo le he proporcionado alguna, no como cazador, sino como cocinero.
Sí. Ah, como cocinero. Es que yo, la cocina es un... Bueno, la cocina, desde muy pequeña he tenido la suerte de estar muy vinculada con restaurantes, y es de los sectores para mí más inspiradores. Incluso a la hora de hacer el libro de recetas con mi madre nos inspiramos en un libro de Roca. Yo conozco mucho, bueno, trabajé de... porque yo era mala estudiante antes de hacer la carrera y me castigaban trabajando, y tuve la suerte de ir a un restaurante maravilloso. Ah. Se llamaba Arce y trabajaba Iñaki. Bueno, y me inspira mucho, pues es que la becada, claro, bueno, en general el álula, pero si es de la becada es porque tiene un tamaño concreto. El álula es la pluma más rígida y es la que timonea. Claro. Entonces, y la punta que tiene es que, claro, o sea, es como muy boli, o sea, que tiene una dureza, claro, que no tiene ningún pincel. O sea, entiendo, lo entiendo, pero la parte mística no me la sé. O sea, el porqué exactamente, no.
Esta es una cuestión técnica menor y marginal en su relato, que he oído parcialmente, pero conozco su trayectoria. Desde el medio de los pintores antiguos utilizan esa pluma timón de las becadas, y las unen y las utilizan para hacer los detalles, digamos, de precisión mínima de ojos, labios y pestañas y esas cosas.
Qué maravilla. Gracias.
Hola. Yo quería preguntarte dos curiosidades. Una, porque creo que no nos hacemos muy a la idea, que es cuántas plumas puede haber en una de tus piezas, por ejemplo, ese bajorrelieve, porque podríamos hacer apuestas. Y otra es: en el libro, en lo que sea como tus botes de pintura, he visto que están las ánades, pero el resto eran todo aves de suelo, si no voy mal. Prácticamente sí. Y quería preguntar si eso es algo tuyo propio o es en general así, porque no sé si también ha habido una regulación desde lo que tú nos contabas de principios de siglo.
Bueno, una regularización oficial, pero también una conciencia social. Entonces yo, en mi caso, nazco con esa conciencia ya. O sea, yo ya no... nacimos, ya somos de la generación que obviamente no se nos ocurre, ¿no? Entonces es desde ahí, o sea, yo, ¿qué hay esto? Pues esto no. Me voy... y a ver ahora.
Bueno, tengo que contaros: tengo una noticia superbonita, que os voy a invitar a todos a que vengáis, cuando paséis por Madrid, tenéis que ir desde el 15 de julio hasta 6 meses después a ver una exposición maravillosa, que vais a ver todo esto que os he contado, pero de verdad, in situ, y mucho más, en el Museo de Ciencias Naturales, porque además de mi parte, va a ser como la... yo voy a estar ahí representando al arte plumaria actual. Es una exposición temporal en unas salas que tienen muy hermosas, y va a estar todo el imaginario inspiracional: hemos ido al Museo de Arqueología, al Museo... no, perdón, Antropología, Museo de Artes Decorativas, que ahí descubrí una técnica asiática que no conocía, impresionante, con martín pescador, otras del siglo... pues esto que os cuento, del Museo de América va a haber piezas. Hemos cogido piezas de todo lo que hemos podido, de plumaria potente de Madrid, España, pero principalmente Madrid, y van a estar las aves al lado, que eso es precioso, pero tienen una taxidermia impresionante en el museo de aves, porque los taxidermistas con los que trabajan son impresionantes.
Entonces tienes esa cosa bonita de ver todo lo que hemos hablado hoy condensado en una exposición, y también sale toda la historia de los sombreros, de la esquilma de pájaros de esa época, y bueno, pues os va a gustar mucho. Sí, espero que vayáis. Va a estar seis meses; el que no pueda ir es que no quiere.
Sí, ¿los taxidermistas hacen el mismo sistema?
Eso es muy impresionante. Yo, porque a mí me... claro, una de las cosas que yo tenía de la tienda esta que cerró cuando yo tenía 8 años eran unos broches, que yo, bueno, yo me los ponía como broches, pero eran apliques con cabecitas de gorrión, cabecitas disecadas. Disecadas. Y claro, yo quería ver cómo se hacía eso, porque yo al mío le había puesto nombre y todo, pero un día se me cayó al suelo, porque claro, los pegamentos, lo que hablamos, caducan y secan, y me daba mucha pena.
Por eso yo quería restaurar esas cosas, y bueno, no conseguí al taxidermista que me dijera un libro o que me diera una clase o que me dijera una escuela, o tabú. Pero digo, pero ¿qué vale un libro? Dime. O bueno, al final conseguí, me gasté en aquel momento 20 o 30 € en una llamada, cuando cobraban, para... estuve dos horas hablando con un tipo que era hijo de madre aficionada a la taxidermia, para contarme las claves, cuatro claves para que no se te pudra la piel, cómo pelar el pájaro, para que no se te rompa el pellejo, y poco más. Y bueno, hice el primero, qué risa, parecía que lo han atropellado. Digo, pero si esto es un oficio superdifícil, digo, y tanto se lo guardan, digo, si esto es dificilísimo.
Pero es verdad que eso ha cambiado mucho, porque ahora, bueno, nosotras hemos hecho un libro que todas las sombrereras que nos escriben dicen, "Pero si lo habéis contado todo." Bueno, eso, como que ahora el YouTube, que encuentras como gente muy loca hablando de cosas muy profundas hasta niveles que aprendes muchísimo, que en eso también ha dado un... yo noto un salto que me ha tocado a mí vivirlo, porque yo lo he visto, ¿no?, con esta cosa de la taxidermia de "no te voy a contar esto, no se cuenta", a lo que vivimos ahora. Es muy bonito ese cambio.
Pero perdónala, que no te he respondido. ¿Ves cómo me enrollo?
Se llamaba Benedito, que era famosísimo. Ese es el que tiene las maravillas en el museo.
Ah, por eso. Es él. Pues perdona, no, los taxidermistas lo que hacen es que ellos, perdona que no te he contestado, me enrollo y no contesto, ellos guardan la piel entera. Y lo dificilísimo de las aves es encontrar, bueno, en general todo el animal, porque tú, o sea, la piel está en el cuerpo y tiene un sentido el pelo, pero cuando tú empiezas a mover esa piel, el pelo empieza, pero la pluma más, empieza a hacer así, para aquí, para allá, y colócala bien, que se seque y bien
colocada, que coja luego la forma, la expresión, ya ni te cuento del ojo, que tú sabes el pellejo ese cómo se mueve, es más elástico que impresionante. Me interesaba un poco pues saber dónde habías encontrado tu mercado.
Sí, claro. Gracias. Pues lo primero que me di cuenta es que claro, pues obviamente mi principal cliente, o sea, yo claro, cuando yo me presento al Loewe Craft Prize, pues ya llevaba como 12, 13 años haciendo dosieres con esta mujer del tema del proyecto de las mesas. Y entonces después estuvo muy guay porque claro, no es lo mismo presentas una pieza que presentas un portfolio.
Entonces ahí me di cuenta que Francia, o sea, si esta mujer para ella una pluma siegera como un señor que te forra el sofá, pues me pareció como obvio que era mi mercado porque es donde más había, o sea, donde más hay, donde más lo entienden. O sea, en París, a mí me ha pasado, te encuentras una moto emplumada, aparcada en la calle, te lo juro, pero emplumada hasta las cejas, o sea, no de puesto como aquí que le ponen la pluma del aguilucho ahí colgado. No, a lo hippie, no, no, no. O sea, impresionante, ahí a favor, claro, de la velocidad, como la pongas en contra, no funciona, impresionante.
Y dije, pues Francia, me busqué un representante, fue lo primero así en plan de pum. Y luego ya pues me empezaron a llamar también. De este representante me salió una galería en Dubái. Luego también, bueno, empecé también a ir a ferias, tal, pues te van conociendo también en Estados Unidos, en una galería.
Bueno, se han ido moviendo cosas y luego mucho cliente particular. O sea, a mí me llama, sí, me llama gente particular. A ver, es un tema que es muy interesante porque como es diferente o muy poco conocido todavía, por desgracia, que yo estoy aquí para que no, para que se vaya conociendo más y eso, pero entonces es muy goloso para prensa, entonces me llaman mucho, hay mucho reportaje y de ahí salen cosas. Lo del Museo de Ciencias, el director estaba viendo una revista y dijo: "Hombre, tenemos que tener a...", y cosas así. O sea, que eso es lo bonito.
Pero el mercado, pues piezas mías hay en Londres, en Tokio, Japón. Expuse, sí, expuse en el hotel Crillon de París a través de mi representante y un japonés compró dos grandes piezas mías. Maravilloso. Bueno, eso, o sea, como gente que se enamora, se fascina.
La última, el corazón este grande que os decía, está en Estonia. Yo estaba en una feria en Francia, me vieron, me dijeron: "Es que nosotros aprovechamos para... somos coleccionistas de arte y mi marido se dedica a la tecnología, las tecnologías en Estonia, y ganamos bien y nos gusta invertirlo en arte". Y ahí es donde decía lo del consumo del arte, porque esa mujer me dijo para lo que yo me había hecho esa pieza, me dijo: "Yo voy a meditar delante de esta pieza todos los días".
Y dije: "Esto es una consumidora de arte, ¿sabes?". Que ahí me identifiqué, dije: "Vale, o sea, yo la he hecho para mí para eso. Esta tía lo ha pillado". Y es que además, como dicen, ¿cómo se vende el arte? El arte no se vende. El arte se vende haciendo la pieza, porque esta mujer, es que el que te compra, el que te compra llega y dice que lo quiero. Y no hay nada más que hablar y pin, ¿no? O sea, el datáfono no funciona, pues tal, pero que no hay conversación, ¿me explico? O sea, no hay un te tengo que vender, te tengo que contar, te tengo que... Ese es que no compra, ¿me explico?
El que compra dice: "Lo quiero". Es que no sabes, sobre todo... A ver, si está el precio, si no pues a lo mejor te lo piensas más, pero teniendo el precio delante, el comprador de arte es... A mí me pasa, ¿no? Me ha pasado cuando hay algo, y no es el arte, me refiero, me da igual, ¿no? Cuando hay algo que no sé explicarlo, o un vestido. Bueno, a mí me pasó con esta camisa, ¿no? O sea, de repente la ves y dices: "Es que es mía". ¿Sabes qué? Yo iba así vestida cuando fui a por esta camisa y cuando me la puse encima digo: "Pero si es que esto va junto". Pues te pasa con una pieza de arte, ¿no? Es como, la ves y te hace pes. Es así.
Pues bueno, ya llegamos un poco a nuestro límite de tiempo. Muchísimas gracias a todos por vuestra atención durante esta sesión y por las preguntas. Gracias por vuestra compañía a lo largo de esta temporada y gracias sobre todo a Henar por una charla maravillosa, y ha sido un placer hablar contigo. Muchísimas gracias. [aplausos]
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