Aleister Crowley y Valle-Inclán: dos buscadores de una magia oculta y transformadora
Fundación Juan MarchEste episodio de Simsalabim, el podcast sobre artes mágicas de la Fundación Juan March, entra en el territorio de lo oculto. Lo hace a través de dos figuras que a primera vista tienen poco en común: el mago británico Aleister Crowley, fundador de Thelema, y el escritor gallego Ramón María del Valle-Inclán. El programa se pregunta qué une a ambos. Para responder cuenta con el investigador Aldo Linares, estudioso de Crowley y del ocultismo, y con un fragmento de una charla de Paco González en la propia fundación. La conclusión de Linares es que el vínculo existe y es profundo: los dos hicieron de sí mismos un laboratorio de transformación.
Qué se entiende por ocultismo
El episodio abre con una cita atribuida a Rudolf Steiner, fundador de la antroposofía: el conocimiento oculto no se revela por curiosidad, sino por disciplina interior. A continuación, el narrador define el ocultismo como el conjunto de doctrinas, prácticas y tradiciones que buscan comprender y trabajar con realidades ocultas. Se refiere a aspectos que no son visibles o que no resultan accesibles mediante la percepción ordinaria ni los métodos de la ciencia. Dentro de ese conjunto incluye la magia ceremonial, la alquimia simbólica, la teosofía, la astrología y diversas formas de misticismo y hermetismo.
Según el guion, el campo es tan amplio que en él caben Hermes Trismegisto y Madame Blavatsky, Paracelso y Éliphas Lévi. Para recorrerlo, el programa elige a un personaje que considera crucial. Lo presenta como alguien que renovó el pensamiento mágico occidental al reinterpretar la tradición hermética, la cábala y la magia ceremonial desde una perspectiva moderna. También difundió una definición de la magia como "el arte y la ciencia de causar cambios en conformidad con la voluntad". El narrador sitúa su influencia en la magia del caos, en prácticas neopaganas, en el rock, la psicodelia, la literatura fantástica y el pensamiento libertario. Menciona huellas suyas en Grant Morrison, David Bowie, Alan Moore, Led Zeppelin, los Beatles y Stanley Kubrick. Ese personaje es Aleister Crowley.
Biografía de Crowley: de la familia puritana a la Golden Dawn
Edward Alexander Crowley nació en Warwickshire en 1875 y murió en Sussex en 1947. El programa lo describe como mago, escritor, poeta, alpinista y viajero, y como fundador de un sistema espiritual propio. Hoy se le conoce sobre todo por sus escritos de magia, en especial El libro de la ley. El narrador recoge las dos lecturas enfrentadas de su figura. Para sus detractores fue un charlatán o un provocador libertino. Para sus seguidores, un visionario que renovó la tradición mágica de Occidente.
Creció en una familia de cristianos estrictos y en un ambiente de rigidez moral que más tarde rechazaría de forma extrema. En Cambridge se acercó a la poesía, la filosofía y el pensamiento esotérico. El programa lo retrata desde joven como rebelde, hedonista y a la vez disciplinado, e interesado por el simbolismo y la experimentación espiritual. Ingresó en la Orden Hermética de la Aurora Dorada, a la que el guion califica como la orden esotérica más influyente de la época. Allí aprendió rituales cabalísticos, magia ceremonial, astrología, alquimia simbólica y técnicas de meditación derivadas de textos orientales. Su carácter conflictivo y su ambición espiritual acabaron provocando su expulsión.
El libro de la ley y el nacimiento de Thelema
El episodio sitúa el momento fundacional en 1904. Durante un viaje a El Cairo con su esposa, Crowley afirmó haber recibido un mensaje dictado por una entidad llamada Aiwass. Ese texto, el Liber AL vel Legis o Libro de la ley, se convirtió en la base del sistema filosófico y religioso que llamó Thelema. Según la narración, Thelema proponía la búsqueda disciplinada de la "verdadera voluntad" mediante tres elementos: una ética libertaria, una reconfiguración simbólica de antiguos panteones y una visión mágica que entiende la voluntad consciente como fuerza creativa del universo.
El programa enumera sus viajes por India, China, México, Francia, Estados Unidos y el norte de África. Estudió yoga, tantra, misticismo sufí y cábala, y experimentó con ceremonias, drogas psicoactivas y estados alterados de conciencia. El narrador lo presenta como un desafío deliberado a los valores victorianos y eduardianos de su tiempo. Mientras tanto, produjo una obra enorme: poesía, diarios mágicos, tratados esotéricos, comentarios al Libro de la ley, rituales y textos de mística y magia práctica. Entre los más influyentes se citan Magick in Theory and Practice, The Book of Thoth, The Vision and the Voice y su "autohagiografía". Según el guion, con ellos redefinió la magia como una ciencia del control de la voluntad y de la imaginación simbólica.
La prensa sensacionalista lo llamó "el hombre más perverso del mundo". El programa señala que él aceptó el apodo con ironía para alimentar su mitología personal, y deja en el aire la pregunta de si realmente lo era.
Aldo Linares: Crowley como obra ocultista andante
Para responder, el episodio da la palabra a Aldo Linares. En su opinión, la importancia de Crowley está en que construyó, "sin querer queriendo probablemente", un arquetipo que ha atravesado el tiempo. Linares sostiene que Crowley nunca olvidó que él mismo era "continente y contenido", "fondo y forma". Por eso, dice, hizo de sí mismo una "obra ocultista andante". El secreto, lo sugerido, lo posible y lo imposible, lo descabellado, lo aparentemente trascendente y lo aparentemente provocador funcionaban como pequeñas pizcas que daban contenido a esa forma.
Linares ve en ese pensamiento mágico varias capas. Hay una de fondo filosófico. Hay otra revolucionaria, basada en la idea de la individualidad y del libre pensamiento como armas de libertad y en la ruptura de corsés como forma de unirse con todos los ámbitos de la realidad, visible e invisible. Y hay una tercera que describe como un orgullo "disparado y descarado" por lo pasional, por aquello que no se consideraba fino ni trascendente dentro de las artes mágicas que cultivaban otras corrientes.
Linares añade que Crowley supo ser "una gran estrella del pop". Entendió que el ocultismo, lo trascendental, lo parapsicológico y lo esotérico tienen una gran carga poética y estética, y supo darle forma a todo ello. Construyó un personaje en el que incluso sus propias miserias se sumaban al conjunto.
En palabras del propio Crowley
El programa recurre a un documento de la biblioteca de la fundación: el número especial dedicado a la magia de la revista francesa La Tour Saint-Jacques, de 1957. Incluye un amplio dossier sobre Crowley con algunas declaraciones suyas. En una de ellas, "la Gran Bestia" explica que le costó encontrar un nombre para su método. Teosofía, espiritualismo u ocultismo le parecían términos con connotaciones indeseables. Por eso eligió la palabra "magia", a la que consideraba en esencia la más sublime y en aquel momento la más desacreditada. Según el texto citado, juró rehabilitarla, identificarla con su propia carrera y conseguir que la humanidad respetara, amara y creyera lo que había despreciado, odiado y temido.
El episodio cierra el retrato con su poema The Poet, leído en inglés y en castellano. En él, el poeta dice venir de Dios para salvar al mundo y traer sabiduría, adoración, libertad y amor. Cuenta que lo mataron por despreciar la religión, la ley y el matrimonio, y pide una tumba sin nombre para que la tierra se trague su vergüenza.
Un pequeño glosario de lo oculto
A modo de interludio, el programa lee una serie de entradas propias de un diccionario de magia y misterio. Empieza por la mancia, palabra griega que designa toda técnica de adivinación, y sigue con varias de ellas:
- Alectriomancia: adivinación con un gallo y granos de trigo.
- Geomancia: sistema de origen árabe que interpreta las figuras formadas por guijarros o arena echados en el suelo. También puede practicarse trazando puntos con un lápiz sobre un papel.
- Miomancia: adivinación a partir de la voracidad o los chillidos de ratas y ratones, citada ya en el primer canto de la Ilíada.
- Necromancia: invocación de los muertos con fines adivinatorios o mágicos.
- Quiromancia: lectura de las líneas de la mano.
- Piromancia: adivinación por el fuego.
La lista continúa con otros términos. La rana aparece como elemento de la magia negra, menos usado que el sapo, que simboliza la involución. Agartha se define como un inmenso dominio subterráneo donde reinaría el rey del mundo. El ankh o cruz ansata es el símbolo egipcio de la vida eterna. Asmodeo es un demonio de tres cabezas (de toro, de hombre y de carnero) con pies de oca y cola de serpiente, vencido por Salomón. El avatar es el descenso de un dios en forma humana. La bilocación es la posibilidad mágica de estar en dos lugares a la vez. El círculo mágico es el que el mago traza a su alrededor para protegerse durante la invocación. El cuadrado mágico es aquel cuyas filas, columnas y diagonales suman siempre lo mismo. El íncubo y el súcubo son demonios en forma masculina y femenina. El karma se presenta como la ley cósmica según la cual toda acción y todo pensamiento reciben reacciones apropiadas en un plazo más o menos breve. Por último, la mandrágora es una solanácea cuya raíz de aspecto humanoide explica su uso mágico.
Valle-Inclán, un adepto patrio
Tras el glosario suena un poema de Valle-Inclán. Su voz poética dice tener "rota la vida en el combate de tantos años" y desea "entrar en mí, vivir conmigo", apartarse del mundo y "hacer místico pan con mis dolores". Con él, el programa presenta a Valle como "un adepto patrio al ocultismo".
El guion recuerda que Valle compartió este interés con Rubén Darío, Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga. Su biblioteca lo confirma. El programa destaca un ejemplar de Fables et symboles de Éliphas Lévi, con explicaciones sobre los secretos del magnetismo universal y los principios de la piedra filosofal. Según el narrador, Valle tomaba elementos de las tradiciones esotéricas y los convertía en literatura. Sus personajes, paisajes y estructuras narrativas funcionaban como rituales poéticos que exploraban lo invisible, lo secreto y lo iniciático. La teosofía, la cábala, ciertas formas de misticismo cristiano, la astrología, la alquimia simbólica y el hermetismo aparecen en sus libros de forma más o menos velada.
El programa propone varias lecturas de su obra en esa clave:
- En Tirano Banderas y en la obra esperpéntica ve simbolismo alquímico y esotérico en la transformación de los personajes y en la representación de la corrupción moral como una especie de "magia negra social".
- En Luces de bohemia, el recorrido nocturno de Max Estrella puede leerse como un viaje iniciático o un descenso al inframundo. Además, el guion señala un uso de numerología y correspondencias simbólicas en la estructura de episodios y diálogos.
- En las Sonatas, sobre todo la de septiembre, aprecia una rica imaginería mística y referencias astrológicas, con el sol, la luna y las constelaciones como metáforas de destinos y pasiones.
- Obras como La cabeza del Bautista o Cara de Plata aparecen como ejemplos de rituales, visiones sobrenaturales y personajes que practican la magia y la superstición.
La lectura de Emma Susana Speratti Piñero
El programa explica que estas pistas proceden de un libro de la biblioteca de ilusionismo de la fundación: El ocultismo en Valle-Inclán, de la hispanista y romanista Emma Susana Speratti Piñero, que lo escribió cuando era profesora en un college de Massachusetts. Según la autora, los fenómenos paranormales y las circunstancias que favorecen su aparición son un material preponderante en la obra de Valle. Para ella, el ocultismo cumple en Valle una doble función. Por un lado, le sirve para objetivar lo que juzga una "dañosa rémora" en la evolución de los españoles y de sus descendientes y allegados, y para desenmascarar a quienes propician el estancamiento o medran con él. Por otro, en sus niveles más altos, estéticos y místicos, estimula la propia evolución literaria del escritor.
Los espejos del callejón del Gato
Para desarrollar la idea de los espejos que deforman la realidad, el episodio recupera un fragmento de la charla de Paco González sobre "las estancias del asombro", pronunciada en la Fundación Juan March. González parte de lo que un objeto le dice a quien lo mira: el objeto funciona como un cristal que transmite información a través de la sugestión. Observa que los espejos cóncavos deforman la habitación y que la deformación aumenta cuanto más se acerca uno. Lo interpreta así: cuanto más se implica uno en el proceso, más se adentra en un mundo de autoconocimiento que le muestra quién es.
Esto le recuerda los espejos del callejón del Gato, en Madrid. Para González fueron un punto de inflexión para Valle-Inclán y una manera de confrontar a los españoles con su realidad. Era una realidad marcada por la crisis del 98, por gobiernos intermitentes que no respondían a los problemas de la ciudadanía y por un país que, en sus palabras, ni siquiera sentía una identidad nacional propia. Ante ese vacío de valores, Valle crea la metáfora del espejo cóncavo, parecida a la de Ramón Gómez de la Serna, que deforma a los personajes del teatro del esperpento. Así el espectador entiende, a través de lo que ocurre en escena, el contexto social en el que vive.
González añade los "espejos cóncavos" metafóricos de Goya. Según él, Goya también deformaba la realidad para denunciarla, pero además la completaba con elementos mágicos de la tradición, de las cosmovisiones y de la ritualidad, que en esa época empezaban a estar mal vistos.
La lámpara maravillosa, un tratado de transmutación personal
El programa vuelve a Aldo Linares para situar a Valle en el ocultismo de su tiempo. Linares lo ve atraído por figuras como el ocultista Mario Roso de Luna o por la mediumnidad de Eusapia Palladino. Cree que Valle "estaba muy metido en todo esto" y que su interés respondía también al deseo de encontrar el punto en el que saliera a la luz un conocimiento profundo de lo trascendente, quizá esa gnosis a la que se refirió muchas veces.
Linares considera decisivo un libro: La lámpara maravillosa. Tal como indica su título, son ejercicios espirituales. Para él es un libro muy modernista y, al mismo tiempo, un tratado del espíritu escrito de forma muy visual y con palabras casi musicales por su construcción. Traza el camino del aprendiz hacia un terreno mayor. Linares subraya la potencia de su simbolismo, que conecta con el ocultismo rosacruz. Figuras como la rosa, con toda su carga ocultista, le resultaban a Valle "hiperatractivas". También le interesaba la alquimia, pero no la que busca convertir el metal en oro, sino la transmutación de la persona. Por eso, explica Linares, el libro son ejercicios espirituales. Lo califica de fantástico y muy recomendable.
¿Qué une a Crowley y Valle-Inclán?
El narrador plantea la comparación con algunas imágenes: la máscara como acto mágico, la palabra como puesta en escena ritual y la búsqueda de verdades más hondas que trascendieran sus sociedades, que ambos vivieron como frustrantes. Son dos personajes dispares con algo inesperadamente común.
Linares responde que sí, y que "profundamente". El primer punto de unión es que ambos eran personajes, y eso los convertía en laboratorios constantes de ideas, reflexiones y búsquedas. También de contradicciones, algo que Linares considera clave en el mundo del ocultismo. En su opinión, los dos tenían trazado un camino sobre cómo decir las cosas y cómo mostrarse.
El segundo punto es estético. A Valle se le miraba y llamaba la atención, igual que a Crowley. Linares cree que Valle probablemente potenció su gran barba, sus gafas y su mirada, y que Crowley hizo lo mismo con la mirada, las túnicas, la calva y los gestos. Destaca en ambos un lenguaje gestual muy potente aunque estático.
El tercero es la fascinación por Oriente y por saberes antiguos y arcanos. Linares los imagina como cuevas llenas de recovecos, cada uno con una esencia talismánica de la que extraer cosas nuevas que deberían generar otras aún mayores y mágicas.
Linares añade que ambos practicaron, cada uno a su manera, una comunicación artística que en el fondo considera mágica y transformadora, y que los dos ejercitaron en sí mismos la idea alquímica de la transformación. Cree además que en ambos había un concepto algo soterrado de la locura, entendida como ruptura con los patrones de lo aparentemente usual y normal. Y los dos son, a su juicio, iconos muy pop.
Termina con lo que más le fascina de ambos: por mucho que se les haya estudiado y por muchas deducciones que permitan los estudios más sesudos, "nunca se va a saber exactamente qué tienen esas cabezas y qué tienen esos corazones. Nunca".
Fuentes consultadas
El episodio se apoya en libros de la biblioteca de ilusionismo de la Fundación Juan March. Entre ellos están el número especial sobre magia de La Tour Saint-Jacques (1957), El ocultismo en Valle-Inclán de Emma Susana Speratti Piñero (Tamesis Books, 1974), La última palabra de la magia y el ocultismo (Buenos Aires, 1955), la Enciclopedia de la magia y el misterio (Editorial Mateu, 1992), Witchcraft and Black Magic de Montague Summers y L'occultisme de Julien Tondriau (1964). Como otras fuentes se citan The Confessions of Aleister Crowley, editadas por John Symonds y Kenneth Grant (1969), y Valle-Inclán noir (La Felguera, 2020).
Sim Sala Bim, el podcast sobre artes mágicas de la Fundación Juan March.
Mentalismo, ilusionismo, cartomagia. Historia y personajes. Magia de cerca, de salón, de escenario. Sombras chinescas, ilusiones ópticas. Trucos, neuromagia. Ventriloquía. Ventriloquía.
El conocimiento oculto no se revela por curiosidad, sino por disciplina interior. Rudolf Steiner, fundador de la antroposofía.
Se denomina ocultismo al conjunto de doctrinas, prácticas y tradiciones que, como la magia ceremonial, la alquimia simbólica, la teosofía, la astrología y diversas formas de misticismo y hermetismo, busca comprender y trabajar con realidades ocultas, es decir, con aspectos no visibles o no accesibles por los métodos ordinarios de la percepción y de la ciencia. Es un ámbito tan vasto como para alojar a Hermes Trismegisto y Madame Blavatsky, a Paracelso y Eliphas Lévi. Pero para abarcar el tema acudimos a otro personaje crucial.
Él renueva el pensamiento mágico occidental reinterpretando la tradición hermética, la cábala y la magia ceremonial desde una perspectiva moderna. Difunde el concepto de magia como el arte y la ciencia de causar cambios en conformidad con la voluntad. Su inspiración alcanza desde la magia del caos hasta prácticas neopaganas, además de movimientos artísticos, rock, psicodelia, literatura fantástica y pensamiento libertario. Su marca está en múltiples obras y referentes de la cultura popular. De Grant Morrison a David Bowie, de Alan Moore a Led Zeppelin, de los Beatles a Stanley Kubrick. Hablamos de Aleister Crowley.
Edward Alexander Crowley, Warwickshire 1875, Sussex 1947, fue un mago, escritor, poeta, alpinista y viajero británico, fundador de un sistema espiritual propio. Hoy en día es conocido por sus escritos sobre magia, especialmente por El libro de la ley. Para sus detractores fue un charlatán o un provocador libertino. Para sus seguidores, un visionario que renovó la tradición mágica occidental.
Nacido en una familia de cristianos estrictos, Crowley creció en un ambiente de rigidez moral que más tarde rechazaría de forma extrema. Estudió en Cambridge, donde se acercó a la poesía, la filosofía y el pensamiento esotérico. Desde joven mostró un carácter rebelde, hedonista y disciplinado y comenzó a interesarse por el simbolismo y la experimentación espiritual.
Se inició en la Orden Hermética de la Aurora Dorada, de la que fue expulsado, la orden esotérica más influyente de la época. Allí aprendió rituales cabalísticos, magia ceremonial, astrología, alquimia simbólica y técnicas de meditación derivadas de textos orientales. Su carácter conflictivo y ambición espiritual le llevaron a su expulsión.
En 1904, durante un viaje a El Cairo con su esposa, Crowley afirmó haber recibido un mensaje dictado por una entidad llamada Aiwass. Este texto, el Liber AL vel Legis o Libro de la ley, se convirtió en el fundamento del sistema filosófico y religioso que Crowley llamaría Thelema. Con este, el británico proponía la búsqueda disciplinada de la verdadera voluntad a través de una ética libertaria, una reconfiguración simbólica de antiguos panteones y una visión mágica basada en la voluntad consciente como fuerza creativa del universo.
Crowley viajó por India, China, México, Francia, Estados Unidos, el norte de África. Estudió yoga, tantra, misticismo sufí y la cábala. Experimentó con ceremonias, drogas psicoactivas y estados alterados de conciencia en un desafío deliberado a los valores victoriano-eduardianos de su tiempo.
Entretanto, fue creando una obra vastísima: poesía, diarios mágicos, tratados esotéricos, comentarios al Libro de la ley, rituales, textos de mística y magia práctica. Entre los más influyentes destacan Magick in Theory and Practice, The Book of Thoth, The Vision and the Voice y su autohagiografía. A través de ellos redefinió la magia como una ciencia del control de la voluntad y la imaginación simbólica.
Buena parte de la prensa sensacionalista lo llamó el hombre más perverso del mundo, lo que él aceptó con ironía para potenciar su mitología personal. ¿Lo era? Opina sobre ello un experto en el personaje y estudioso del tema que nos ocupa, Aldo Linares.
Aleister Crowley es importante porque es un personaje que en sí mismo ha construido, sin querer queriendo probablemente, un arquetipo que ha traspasado los tiempos. Creo que Crowley nunca dejó de tener en cuenta que él era continente y contenido, que era fondo y forma. Entonces, en cierto modo, él hizo de sí una obra, una obra ocultista, una obra ocultista andante, en la cual el secreto, lo sugerente, lo sugerido, lo posible, lo imposible, lo descabellado, lo aparentemente trascendente, lo aparentemente provocador, eran, digamos, pequeñas pizcas para dar contenido a una forma en la cual él practicaba, digamos, un pensamiento mágico en el cual no faltaba nada.
Es decir, estaba un poco el pozo, digamos, filosófico, estaba el pozo revolucionario en cuanto a la idea de la individualidad como arma de libertad, del libre pensamiento como arma de libertad, de la ruptura de corsés como elemento, digamos, unificador con todo lo que es la realidad, con todos los ámbitos de la realidad, visible e invisible, y también, digamos, una especie de disparado y descarado orgullo acerca de lo pasional, acerca de lo que aparentemente no era fino, no era trascendente en cuanto a las supuestas artes, pues, mágicas y especiales que se tocaban en otras corrientes de pensamiento.
Entonces, creo que Crowley ha sabido además ser una gran estrella del pop en cuanto a que ha sabido que estos temas, el ocultismo, lo trascendental, lo parapsicológico, etcétera, lo esotérico, pues tienen una gran carga poética y una gran carga estética. Entonces, creo que él supo darle forma a todo eso. Supo crear un personaje en el cual incluso las propias miserias eran parte de ese añadido al personaje.
En el número especial sobre la magia de la revista francesa La Tour Saint-Jacques de 1957, damos con un amplio dossier sobre Crowley con algunas declaraciones. «Me he encontrado en dificultad para denominar mi método», explica la Gran Bestia. «Teosofía, espiritualismo, ocultismo. Todos estos términos implican connotaciones indeseables. Por eso elegí la palabra mágica como, en esencia, la más sublime y actualmente la más desacreditada de todas las posibles. He jurado rehabilitar la magia, identificarla con mi propia carrera y hacer que la humanidad respete, ame y crea lo que ha despreciado, odiado y temido». Con su poema The Poet precisa su posición.
I brought them wisdom from above, worship and liberty and love. They slew me, for I did despise religion, law and marriage.
Poeta. Entiérrame en una tumba sin nombre. Vine de Dios para salvar al mundo. Les traje sabiduría desde lo alto, adoración, libertad y amor. Me mataron porque desprecié así la religión, la ley y el matrimonio. Que mi tumba sea sin nombre para que la tierra trague mi vergüenza.
Mancia, palabra griega que designa toda técnica de adivinación. Existen múltiples mancias. Alectriomancia, técnica adivinatoria que utiliza un gallo y granos de trigo. Geomancia, sistema de adivinación de origen árabe que consiste en interpretar las figuras formadas por guijarros o por arena que se echa en el suelo. Igualmente, puede operarse trazando puntos con un lápiz en un papel.
Miomancia, adivinación mediante la voracidad o el chillido de ratas y ratones. Ya se cita en el primer canto de la Ilíada. La rana, otro elemento de la magia negra, aunque menos empleada que el sapo, simboliza la involución. Necromancia, invocación de los muertos por un método adivinatorio o por cualquier otro método mágico. Quiromancia, adivinación por las líneas de la mano. Piromancia, adivinación por el fuego.
Agartha, inmenso dominio subterráneo que cubre una gran parte de las entrañas del globo y sobre la que reinaría el rey del mundo. Anj o cruz ansada, símbolo egipcio de la vida eterna. Asmodeo, temible demonio representado por un ser monstruoso con tres cabezas, una de toro, otra de hombre coronada por un hálito de fuego y otra de carnero, con pies de oca y cola de serpiente. Fue vencido por Salomón.
Avatar, en la religión hindú, encarnación o, más precisamente, descenso de un dios bajo forma humana. Bilocación, posibilidad mágica de encontrarse simultáneamente en dos lugares. Círculo mágico, diagrama circular que el mago traza alrededor de sí mismo para protegerse contra los peligros que afronta durante la invocación. Cuadrado mágico, cuadrado dividido en casillas, cada una ocupada por un número, dispuesto de manera que la suma de los números de cada fila, cada columna y cada diagonal sea siempre la misma.
Íncubo, demonio que se manifiesta bajo una forma masculina. Súcubo, demonio que se manifiesta bajo forma femenina. Karma, palabra sánscrita que designa la siguiente ley cósmica: todo hecho, toda acción, todo pensamiento son seguidos siempre por reacciones apropiadas a un plazo más o menos breve. Mandrágora, solanácea cuyas raíces tienen frecuentemente una forma humanoide. De ahí su utilización en la magia.
La trae un cuervo. ¡Tengo rota la vida! En el combate de tantos años ya mi aliento cede, y al orgulloso pensamiento abate la idea de la muerte que lo obsede. Quisiera entrar en mí, vivir conmigo, poder hacer la cruz sobre mi frente, y sin saber de amigo ni enemigo, apartado, vivir devotamente. ¿Dónde la verde quiebra de la altura con rebaños y músicos pastores? ¿Dónde gozar de la visión tan pura que hace hermanas las almas y las flores? ¿Dónde cavar en paz la sepultura y hacer místico pan con mis dolores?
Un adepto patrio al ocultismo: don Ramón María del Valle-Inclán. Valle, cuyo poema La trae un cuervo acaba de sonar desde el oráculo de los tiempos, compartió este interés con otros autores como el nicaragüense Rubén Darío, el argentino Leopoldo Lugones y el rioplatense Horacio Quiroga. Varios libros de su biblioteca atestiguan su interés por el ocultismo, en especial Fables et symboles de Eliphas Lévi, con sus explicaciones de los secretos del magnetismo universal y los principios básicos de la piedra filosofal.
Toma sus elementos de tradiciones esotéricas y los transforma en literatura. Sus personajes, paisajes y estructuras narrativas funcionan como rituales poéticos que exploran lo invisible, lo secreto y lo iniciático. Su interés por lo oculto, la teosofía, la cábala y ciertas formas de misticismo cristiano, la astrología, la alquimia simbólica y el hermetismo se dejan ver de un modo más o menos velado en sus libros.
Está en Tirano Banderas y en la obra esperpéntica, donde se perciben elementos de simbolismo alquímico y esotérico en la manera en que el autor representa la transformación de personajes o la corrupción moral como una especie de magia negra social. Está en Luces de bohemia, donde el personaje de Max Estrella y su recorrido nocturno pueden interpretarse como un viaje iniciático o descenso al inframundo reminiscente de la mitología esotérica. Hay uso de numerología y correspondencias simbólicas en la estructura de los episodios y los diálogos.
Está en las Sonatas, especialmente la de septiembre, rica en imaginería mística y referencias astrológicas, a veces usando símbolos del sol, la luna y las constelaciones como metáforas de destinos y pasiones humanas. También en obras como La cabeza del Bautista o Cara de Plata, con sus rituales, visiones sobrenaturales y personajes que practican magia y superstición.
Encontramos todas estas pistas en un libro de la Biblioteca de Ilusionismo. Es El ocultismo en Valle-Inclán, que desde su magisterio en el Wheaton College de Massachusetts escribió la hispanista, romanista y profesora Emma Susana Speratti Piñero.
«Los fenómenos paranormales y las circunstancias que contribuyen a su aparición y desarrollo son material preponderante», escribe Speratti. «El ocultismo sirve fundamentalmente en su obra para objetivar lo que juzga dañosa rémora en la evolución de los españoles o de sus descendientes y allegados, y para desenmascarar a los que propician el estancamiento o medran con él. Pero simultáneamente, y considerado en sus posibilidades y niveles más altos, estéticos, místicos, sirve también para estimular la evolución literaria del propio Valle-Inclán».
Sobre este tema y sobre los espejos deformantes de la realidad, escuchamos a Paco González en su charla sobre las estancias del asombro en la Fundación Juan March.
¿Qué es lo que el objeto me dice a mí? El objeto como un cristal que me da una información a través de la sugestión, ¿no? Y en este sentido vemos cómo los espejos cóncavos deforman las piezas de la habitación, y cuanto más te acercas, más se deforma, ¿no? Lo cual quiere decir que cuanto más te implicas en el proceso, más te internas en ese mundo de autoconocimiento que te muestra la realidad de quién eres. ¿No recuerda esto algo? Porque a mí me recuerda un poco a los espejos de la calle del Gato, ¿no?, de Madrid, que fueron para nuestro amigo Valle-Inclán de alguna forma ese punto de inflexión y de alguna forma de confrontar a los españoles de la época con la realidad en la que estaban, con una realidad marcada por la crisis del 98, por esos gobiernos intermitentes que no daban una respuesta a los problemas de la ciudadanía. Un país que no sentía ni siquiera una identidad propia, nacional.
Y ante ese vacío de valores, Ramón del Valle-Inclán, Ramón María del Valle-Inclán, crea una metáfora que es la del espejo, el espejo de la calle del Gato, que no es otra cosa que un espejo cóncavo que, al igual que el espejo de Ramón Gómez de la Serna, deforma la realidad. En este caso, él deforma los personajes del teatro, del teatro del esperpento. Crea un esperpento para que el espectador entienda, en el esperpento que se produce sobre la escena, el contexto social que rige el mundo en el que se encuentran en ese momento, ¿no? Y bueno, de alguna forma también podíamos hablar de los espejos cóncavos, aunque metafóricos, de Goya, ¿no?, que también deformaba esa realidad para denunciarla en cierta medida, pero también para complementarla con una serie de elementos mágicos de la tradición, de las cosmovisiones, de la ritualidad, que en esa época empezaban a estar mal vistos, ¿no?
Atraído por la figura de gente como un gran ocultista que era Roso de Luna, o también por la mediumnidad de un personaje como Eusapia Palladino, por ejemplo, ¿no? Yo creo que él estaba muy metido en todo esto y al mismo tiempo creo que fue parte también de un deseo de encontrar quizás, ¿no?, esa especie de punto en el cual saliese a la luz un conocimiento profundo, ¿no? Un conocimiento de lo trascendente, quizás esa gnosis, ¿no?, a la que muchas veces se refirió.
Y ahí hay un libro que para mí creo que es decisivo, que es La lámpara maravillosa. La lámpara maravillosa es un libro que, como bien pone en su título, son ejercicios espirituales, pero es un libro que es muy modernista, pero al mismo tiempo es un tratado del espíritu en el cual, de una forma muy visual y con palabras que son, te diría, hasta cierto punto musicales en cuanto a cómo está armado, va trazando un camino del aprendiz hacia un terreno mayor, ¿no? Y en él el simbolismo es potente, es potentísimo, ¿no?
Un simbolismo que, por otro lado, volvemos, o sea, le lleva al ocultismo de los rosacruces, en los cuales, pues, figuras como la rosa, por ejemplo, con todo ese calado ocultista que tienen, pues era hiperatractivo. Pero también él se muestra interesado por la alquimia, porque en esa transformación él busca esos juegos alquímicos que se supone que lo que buscan no es la transmutación del metal en oro, ¿no?, sino la transmutación de la persona. Por eso son ejercicios espirituales. Entonces, La lámpara maravillosa es un libro fantástico que es hiperrecomendable.
Aleister Crowley, Valle-Inclán. La máscara como acto mágico, la palabra como puesta en escena ritual, la búsqueda de verdades más hondas que trascendieran sus respectivas frustrantes sociedades. Dos personajes dispares con algo inesperadamente común.
¿Qué une a Crowley y Valle-Inclán? ¿Tienen algo que ver? Creo que sí. Creo que profundamente sí. Ambos eran personajes, y el ser personajes implica que ambos fuesen unos laboratorios, unos laboratorios de ideas constantes, de reflexiones constantes, de búsquedas constantes, y te diría que algo fascinante que en el mundo del ocultismo es clave, ¿no?, de
contradicciones constantes. Ambos eran probablemente teniendo trazado un camino referencial, un camino de por dónde iban a tirar, cómo iban a decir las cosas, cómo iban a decirlas, cómo se iban a mostrar.
Fíjate que ambos tienen un elemento estético muy llamativo. O sea, tú veías a Valle-Inclán y te llamaba la atención del mismo modo que lo veías a Crowley y te llamaba la atención. Probablemente Valle-Inclán potenció esa gran barba, ¿no? Y esas gafas y esa mirada, pero Crowley probablemente potenció también esa mirada y las túnicas y la calva, los gestos, ¿no? Es ese lenguaje gestual en ambos, pero que era un lenguaje gestual estático también es muy potente.
Entonces te diría que ya de por sí tienen algo común eso, pero también tienen en común quizás esa fascinación por el oriente, ¿no? Fascinación por esos saberes tan antiguos que se supone que son tan arcanos y que se supone que son como cuevas llenas de recovecos en los cuales cada recoveco tiene una esencia talismánica y arcana de la cual sacar cosas nuevas que se supone que van a generar cosas aún mayores y mágicas.
Creo que ambos trabajaron a su manera ese sentido de comunicación artístico que en el fondo es mágico, es transformador. Creo que ambos en ellos mismos ejercitaron un poco la idea alquímica de la transformación.
También creo que en ambos había una especie como de concepto un poquito soterrado de lo que es la locura, ¿no? De lo que es romper con los patrones de lo que es lo aparentemente usual, lo aparentemente normal.
Ambos evidentemente son iconos pop, son muy pop, pero ambos también tienen algo fantástico que me encanta, que por mucho que se les haya estudiado, por mucho que se sepa de ellos, por mucho que se pueda llegar a deducciones a través de estudios y sesudos estudios, nunca se va a saber exactamente qué tienen esas cabezas y qué tienen esos corazones. Nunca.
Para este podcast se han consultado los siguientes libros de la biblioteca de ilusionismo de la Fundación Juan March. La Tour Saint-Jacques, número especial sobre la magia. Rudil Editor. Julio-diciembre 1957. El ocultismo en Valle-Inclán, de Emma Susana Speratti-Piñero. Tamesis Books Limited, 1974. La última palabra de la magia y el ocultismo. Kier, Buenos Aires, 1955. Enciclopedia de la magia y el misterio. Editorial Mateu, 1992. Efectos de mentalismo, de Joaquín Vilaosana Puntí, Magic Kim. Editorial Cimis, 1983. Witchcraft and Black Magic, Montague Summers, Martino Publishing, Mansfield Centre, 2014. La última palabra de la magia y el ocultismo. Editorial Kier, Buenos Aires, 1955. El ocultismo, Julien Tondriau, Ediciones Gérard, 1964.
Otros: The Confessions of Aleister Crowley, editado por John Symonds y Kenneth Grant, Hill and Wang, Nueva York, 1969. Valle-Inclán Noir, La Felguera, 2020.
En este episodio de Simsalabim, el control técnico ha corrido a cargo de Carlos Rey. La sintonía, música y efectos son de Javier Díez Ena; el concepto, guion y narración, de Bruno Galindo. Ahora despertarás de un dulce sueño y no recordarás nada de lo que has escuchado.
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