Shaolin: del budismo chan al kung-fu y a la pantalla global
Fundación Juan March¿Por qué un monasterio del centro de China merece una conferencia propia? Manel Ollé, de la Universidad Pompeu Fabra, abre así el ciclo Místicos y guerreros de Oriente en la Fundación Juan March. Su respuesta es que Shaolin no interesa por ser un edificio singular que haya que visitar, sino porque en torno a él se reúnen historia y mito, leyenda y realidad. Ollé sigue tres hilos entrelazados. Shaolin es, según la tradición, el lugar donde surge el budismo chan, conocido en Occidente por su nombre japonés, zen. Allí se desarrolla también una de las grandes corrientes de las artes marciales chinas, el wushu o kung-fu de Shaolin, que después se globaliza. Y de esa unión entre práctica marcial y dimensión espiritual nace una amplia tradición de cultura popular, primero literaria y luego cinematográfica. El recorrido termina en el presente, con el Shaolin convertido en negocio, espectáculo y franquicia.
El "templo del bosquecillo" y su complejo monástico
Ollé empieza por el nombre. Shaolin significa, literalmente, algo así como "el templo del bosquecillo" o "de los árboles jóvenes". La inscripción de la entrada fue caligrafiada por el emperador Kangxi. Para entonces el templo tenía ya más de mil años de existencia. Los emperadores Qing, manchúes, lo restauraron después de varias décadas de decadencia absoluta, tras su destrucción a finales de la dinastía Ming. Ollé anticipa que esta historia se repite a lo largo de los siglos: un templo que sufre ataques, que es destruido y que resiste, pero que también goza de patronazgo imperial. A su juicio, esa constante tiene que ver con la importancia de lo marcial en el lugar.
El templo se fundó a finales del siglo V, en una China históricamente turbulenta, con dinastías enfrentadas, particiones y bandos. Ollé subraya que esa crisis coincidió con una gran efervescencia cultural, religiosa y espiritual y con una fuerte conexión con el espacio euroasiático a través de las rutas de la seda. Fue también la época en que el budismo, que había empezado a entrar con los Han a inicios de nuestra era, se consolidó con fuerza en China. Shaolin se fundó con patronazgo real, pero lo fundó un monje indio, lo que ilustra esa llegada del budismo desde la India.
El monasterio se levanta en el Song Shan, una de las cinco montañas sagradas de China, en la provincia de Henan. Está cerca del río Amarillo, en el norte de secano de la China imperial antigua, próximo a la antigua capital de Luoyang y relativamente cerca de la actual Zhengzhou. Ollé insiste en que hablar del "templo" es hablar de un complejo monástico completo, con tierras, pagodas y edificaciones repartidas por la montaña. Como los demás templos chinos, sean budistas, taoístas, islámicos o imperiales, el núcleo tiene planta rectangular, con patios y pabellones sucesivos que conducen a los de mayor rango. Lo compara con la Ciudad Prohibida. En los laterales quedan las edificaciones logísticas o menores.
Las tierras eran esenciales. Como en los monasterios de la Edad Media europea, los monjes vivían del trabajo de los campesinos que cultivaban las tierras del templo. Eso les permitía dedicarse a meditar, recitar sutras y ejercitar el cuerpo mediante las artes marciales. Otro elemento singular es el Bosque de Pagodas, con 228 pagodas funerarias donde están enterrados abades y grandes monjes de linajes que se suceden durante muchos siglos. Aun así, Ollé advierte que todo esto, siendo bonito, no bastaría para llamar la atención, porque en China había miles de templos y decenas de miles de monjes. Lo que hace único a Shaolin es la unión de su papel legendario como origen del chan y como cuna de una corriente marcial.
Tres vías del budismo y la adaptación china
Para situar el chan, Ollé describe tres grandes disciplinas del budismo. No se excluyen entre sí, pero en cada tradición predomina alguna. La primera es dhyana: la concentración, la meditación, la atención plena y el estar presente para llegar a una mente clara, el samadhi. El propio nombre chan, y de ahí zen, deriva de dhyana. Ollé la califica como la vía más mística e iniciática. La segunda es la práctica de la virtud: cumplir preceptos, llevar una vida moral y, en formas más devocionales, repetir fórmulas o acudir al templo de vez en cuando. La tercera es la vía doctrinal, que consiste en estudiar los sutras y comprender el carácter ilusorio de la realidad.
Según Ollé, la entrada del budismo indio en China obligó a adaptar una mentalidad a una realidad social muy distinta. Caracteriza la tradición india como muy clasificatoria y analítica, y la china como más sintética y más desconfiada de la mente, del lenguaje y de la palabra para transmitir el conocimiento. Por eso, argumenta, la vía doctrinal no predominó en China y el chan puso el énfasis en la práctica. La enseñanza se transmitía "de corazón a corazón", a través del cuerpo, y cada cual debía descubrirla por sí mismo.
Ollé enmarca este proceso en el carácter universalizante del budismo, que comparte con el cristianismo y el islam: son religiones capaces de arraigar en culturas muy diferentes y de transformarse al hacerlo. Pone como ejemplo que el islam de Arabia Saudí y el de Indonesia, el mayor país islámico del mundo, tienen poco que ver entre sí. Del mismo modo, el budismo devocional de partes del sudeste asiático difiere mucho del budismo tántrico e iniciático tibetano y del chan, centrado en sentarse a meditar.
Bodhidharma: nueve años frente a una pared
El vínculo entre Shaolin y el chan pasa por Bodhidharma, en chino Damo o Tamo. Ollé advierte que es una figura legendaria que probablemente no existió, aunque no se sabe con seguridad, como ocurre a menudo con los hechos religiosos antiguos. La leyenda cuenta que era un monje indio que llegó a Shaolin a principios del siglo VI y pasó nueve años sentado en una cueva meditando frente a una pared, hasta alcanzar la iluminación. Ollé extrae de ahí el mensaje implícito: no hace falta hacer muchas cosas, basta con sentarse y concentrarse en la nada o en una pared.
Esa figura fundacional sigue presente en el lugar. En los alrededores del complejo se muestra la cueva donde habría estado Bodhidharma, y hay estelas que lo representan mirando la pared. Tras cuatro o cinco siglos de desarrollo en China, el chan pasó a Japón. Ollé señala que allí se implantó quizá con más fuerza que la que conservaría después en China y tuvo un gran impacto cultural. Todavía hoy son habituales en Japón los daruma, figurillas de buena suerte cuyo nombre es la forma japonesa de Bodhidharma.
En el templo hay otras estelas que recogen leyendas del personaje. Una lo muestra con una zapatilla en la mano. La historia cuenta que, después de muerto y enterrado, alguien lo vio en un lugar lejano, caminando algo desorientado con una zapatilla en la mano. Al abrir su tumba solo encontraron una zapatilla. De ahí la leyenda de que Bodhidharma reapareció o renació. Otra imagen lo representa cruzando el río Yangtsé.
Patronazgo imperial y convivencia de tradiciones
Ollé vuelve sobre la segunda constante, el apoyo del poder. El templo se fundó por iniciativa imperial, y ese patronazgo se repite a lo largo de la historia. Wu Zetian, la única emperatriz que gobernó China por derecho propio y no como esposa de un emperador, visitaba con frecuencia el templo en época Tang, conversaba con los monjes y les dejó una inscripción que se conserva. El emperador Qianlong también dejó un poema elogioso tras restaurarlo, como antes Kangxi su caligrafía. Las donaciones de tierras y dinero continuaron incluso en la época republicana. En los años treinta del siglo XX, Chiang Kai-shek visitó el templo, destrozado por señores de la guerra, se conmovió al ver lo que quedaba y el trabajo de los pocos monjes, e hizo una gran donación para su recuperación.
Dentro del chan, Ollé menciona varias escuelas. Considera la más fructífera la de Huineng y sus seguidores, de la que derivan las escuelas conocidas por sus nombres japoneses, Sōtō y Rinzai. Shaolin se convirtió en un punto de referencia para los estudios y los textos budistas. Pero Ollé destaca que en época Song, cuando se buscó la coexistencia de las tradiciones religiosas y filosóficas, el templo reflejó también el sincretismo chino, la capacidad de hacer convivir lo aparentemente contradictorio. Como ejemplo actual cita que la Constitución china define al Estado como "socialista de mercado", algo que él compara con un oxímoron, una especie de "comunista neoliberal". En esa época, añade, el neoconfucianismo incorporó elementos metafísicos del budismo y del taoísmo.
En Shaolin hay una estela de los "tres sabios de las tres escuelas": Laozi por el taoísmo, Sakyamuni, el Buda histórico, y Confucio. Para explicar su complementariedad, Ollé recurre a una imagen china recurrente, la de los tres sabios probando vinagre. El taoísta encuentra el sabor ácido pero se acostumbra y le gusta. El confuciano ve un vino que se ha agriado porque el mal gobierno y la inmoralidad han hecho que los trabajadores no cumplan su trabajo, y concluye que hay que corregir al gobierno. El budista lo encuentra desagradable, pero no le afecta gracias a su desapego respecto del carácter ilusorio de la realidad. Así, aunque Shaolin está asociado fundacionalmente al chan, conserva huellas de las otras corrientes.
La rutina monástica: meditación sentada
Lo propio de un monasterio budista, recuerda Ollé, son las prácticas de cultivo personal y, en el caso del chan, sobre todo la meditación sentada: respiración calmada, concentración y contemplación de la mente y del vacío para llegar eventualmente a la iluminación. Menciona las dos escuelas chan, la de la iluminación súbita (satori) y la de la iluminación gradual. En ambas, sentarse a meditar es lo que hizo Bodhidharma y lo que se espera principalmente del monje: no evadirse, sino estar concentrado en la respiración y en el vacío, de donde surgirá un saber superior. A ello se suman los mudras, las posiciones de las manos, con valor simbólico y energético, y según Ollé también marcial, además de la recitación de sutras y los horarios marcados. Esto es lo esperable en un monasterio budista. Lo singular de Shaolin es que allí aparecen además prácticas marciales.
De la autodefensa a la codificación
Ollé presenta el kung-fu de Shaolin como algo que empezó siendo una estrategia de supervivencia y defensa en un contexto hostil. Poco a poco, o quizá desde el principio, se convirtió también en una práctica espiritual y de transformación, equiparable a sentarse con las piernas cruzadas. Hay testimonios de monjes guerreros ya entre los siglos VI y X, bajo las dinastías Sui y Tang. Los monasterios eran codiciados por las bandas rebeldes que surgían en cada turbulencia. Además, algunos emperadores eran menos favorables al budismo que otros, los templos concentraban riquezas, donaciones y tierras, y lugares como Shaolin ocupaban posiciones estratégicas en las montañas. Nadie iba a defenderlos, así que los monjes aprendieron a usar la espada y la lanza para proteger sus tierras y edificios. Ollé explica que en los conflictos previos a la entronización de los Tang, monjes de Shaolin ayudaron a quien acabaría siendo emperador, lo que les dejó en buena posición durante esa dinastía.
En los siglos siguientes, estas formas de combate se desarrollaron, se codificaron y, en palabras de Ollé, se fueron "profesionalizando". La transformación decisiva, dice, se produjo bajo los Ming. Entre los siglos XIV y XVII Shaolin se convirtió en referencia de las artes marciales y en foco de irradiación y sistematización de ese saber. Pero a finales de la dinastía sufrió uno de los ataques que no siempre logró repeler. Esta vez la destrucción fue casi total, los monjes se dispersaron y el monasterio quedó prácticamente abandonado durante cuatro, cinco o seis décadas.
República, nacionalismo y deporte
La caída del imperio abrió otro periodo turbulento. Ollé describe la República de China (1911-1949) como un Estado fallido que no controlaba el territorio, acosado por los señores de la guerra, por los japoneses, que en 1937 llegaron a conquistar casi toda China, y por la revolución comunista. En 1928 uno de esos señores de la guerra volvió a destruir prácticamente el templo.
Sin embargo, para las artes marciales este periodo supuso un giro importante. La República había acabado con una dinastía manchú, no étnicamente han, y tenía un nacionalismo fuerte que reivindicaba las tradiciones autóctonas, incluidas las artes marciales. Al mismo tiempo quería modernizarse a la manera europea. De ahí surgieron la reglamentación y la codificación de las artes marciales como deporte y competición: federaciones, torneos locales y regionales, clasificaciones y reglamentos. Se empezó a hablar de la escuela de Shaolin, de la de Wudang, del taichi estilo Chen o estilo Yang. Ollé ve aquí una desconexión: lo que había sido un arte marcial intrínsecamente ligado al templo y a lo espiritual adquirió protagonismo por sí mismo.
Según Ollé, esa tendencia se agudizó después de 1949. Con el triunfo del Partido Comunista, las tierras del templo pasaron al Estado, los campesinos quedaron liberados de trabajar para los monjes y la mayoría de los monjes se dispersaron. Pero la República Popular consideró que el monasterio tenía entidad patrimonial suficiente para conservarlo, ayudó a reconstruirlo y permitió que unas docenas de monjes se quedaran a cuidarlo y a mantener sus rituales. Al mismo tiempo continuó la reinterpretación del wushu como algo deportivo y ligado a la salud, menos vinculado a lo espiritual.
Shaolin y Wudang: una clasificación discutible
En esos periodos, explica Ollé, las artes marciales chinas se codificaron en torno a dos monasterios y dos tradiciones. Shaolin, budista, en el Song Shan, representa un estilo más explosivo: el puño largo, la importancia de las patadas, la fuerza y la resistencia. Wudang, con templos taoístas en otra montaña sagrada, se asocia a las llamadas artes internas, como el taichi, el baguazhang o el xingyiquan, donde prima lo energético sobre lo explosivo. Ollé advierte que son esquemas que "no acaban de funcionar": lo energético y la espada están presentes en ambos lados. Aun así, es una clasificación de época republicana que ha perdurado. Estéticamente, señala, los monjes budistas visten de azafrán, tonos terrosos o morado, mientras que los de Wudang van siempre de blanco o negro y con un tocado específico.
Ollé menciona Wudang como contrapunto o "némesis" de Shaolin, con su propia leyenda y su propio impacto en la cultura popular. Cita Tigre y dragón, del taiwanés Ang Lee, ganadora del Oscar, que tiene referencias a un monje de Wudang, al templo y a sus formas de lucha. Como ejemplo más desenfadado cita al grupo de hip hop Wu-Tang Clan, cuyo nombre remite directamente a esa tradición.
Energía, puntos vitales y resistencia al dolor
De vuelta a Shaolin, Ollé menciona una figura casi mitológica procedente de la India, Kinnara, de quien se dice que defendió el templo en uno de los ataques. Aparece asociada al bastón largo, atributo también de Sun Wukong, el personaje mítico de Viaje al Oeste. El bastón es una de las armas principales en los grabados antiguos sobre las artes marciales de Shaolin.
Ollé subraya que, antes de la lucha, está el trabajo con la energía interna. Desde el primer milenio antes de Cristo hay testimonios en China de prácticas psicofísicas en las que la respiración, la concentración y el movimiento lento sirven para movilizar el qi, el aliento vital que circula por el cuerpo y que los acupuntores estimulan con agujas. Su finalidad era estabilizar el corazón, hacer crecer la conciencia y equilibrar las energías de los órganos. Se conocían como neidan y hoy se han popularizado como qigong, "trabajo con el qi". En Shaolin hay imágenes de este tipo de ejercicios calisténicos y respiratorios. Ollé añade una curiosidad: según él, quienes crearon la gimnasia sueca se inspiraron en estas prácticas a través de los grabados y descripciones de los jesuitas que estuvieron en China. Por eso considera algo artificiosa la distinción entre artes internas y externas, ya que también las explosivas requieren movilizar, concentrar y proyectar la energía.
El conocimiento médico, testimoniado en el templo, servía para trabajar esa energía, pero también para saber dónde atacar. Ollé explica que en estas artes no se golpea "al tuntún". Se busca un punto concreto que, si se toca, puede provocar un desmayo, una caída o incluso la muerte. En su descripción, el kung-fu no consiste en intercambiar puñetazos hasta que el otro se desangre, sino en tantear hasta dar el golpe certero en el punto certero. Por eso conocer la estructura energética del cuerpo formaba parte del aprendizaje, de forma vivencial y no teórica.
Ollé comenta también imágenes de la práctica cotidiana. Lo que podría parecer un patio de escuela descontrolado es en realidad un trabajo por parejas sobre técnicas de bloqueo, respuesta y ataque, como convertir en circular un golpe que llega en línea recta, para aprender a reaccionar, absorber y aguantar. Una característica de Shaolin, según Ollé, es el entrenamiento para resistir el dolor: recibir el golpe de un tronco o sostener un hierro candente sin inmutarse, porque la mente se sobrepone al estímulo sensorial.
Una práctica utilitaria, saludable y espiritual
Ollé atribuye a estas prácticas tres dimensiones. La primera es utilitaria, porque el templo debía defenderse. La segunda es saludable, porque buscaba un cuerpo equilibrado, fuerte y elástico. La tercera, que a un occidental puede parecerle extraña, es espiritual o sapiencial. Es una práctica de la atención y de la presencia en el instante, que consiste en saber por dónde viene el golpe antes de que llegue. Y es también, dice, una práctica muy budista de mirar a la muerte a los ojos y no temerla. Ollé la relaciona con la mortificación de otras tradiciones místicas, como el ayuno, y con posiciones incómodas mantenidas hasta que dejan de doler. Por eso sostiene que no es una práctica separada del budismo, sino un cultivo de la unión entre cuerpo y mente.
A continuación describe elementos técnicos. Menciona la observación de animales como la serpiente, la grulla o el mono para incorporar su intuición, elasticidad y rapidez, de donde surgen algunas escuelas. Explica las formas o taolu, secuencias de cinco o diez minutos con patadas, saltos, giros, codazos y golpes de palma. Son parecidas al taichi, pero rápidas, y sirven para automatizar respuestas y representar simbólicamente ataques y defensas. Como ejemplo cita las "dieciocho manos (o palmas) del arhat", algunas de cuyas posiciones reaparecen en el taichi.
Otro rasgo de Shaolin es la importancia de las piernas. Ollé señala que solemos asociar las patadas al taekwondo, pero en Shaolin son igual de centrales, de ahí los estiramientos casi acrobáticos. Existen posiciones de partida, como el jinete o el arquero, que llevan el cuerpo a extremos. Ollé cree que por eso, al llegar a la modernidad, la tradición de Shaolin casi se asocia a lo acrobático, en paralelo, y a veces mezclada, con la ópera china, cuyos actores reciben una formación física muy similar. Cita vídeos, que no pudo incluir en la presentación, donde los monjes comen con el cuenco manteniéndose sobre una pierna doblada. Si hay que dedicar media hora a comer, se aprovecha para entrenar, olvidando el dolor con la posición correcta y la mente calmada. Ollé habla de un carácter "casi espartano" en el trato con el dolor.
Por último están las armas: bastones, espadas, lanzas y sables, que según Ollé los monjes llegan a forjar y templar. Las espadas chinas de artes marciales no son pesadas, sino flexibles, "como una hoja de bambú", y hay que manejarlas bien para no romperlas. Sus secuencias permiten proyectar la energía más lejos. Ollé recuerda que la espada tiene en todas las tradiciones, de Excalibur en adelante, una dimensión mística asociada al desarrollo espiritual, y Shaolin no es una excepción.
De la leyenda a la novela wuxia y al cine de Hong Kong
Estos monjes que "ponían los puños" frente a rebeliones y destrucciones generaron, dice Ollé, un capital simbólico. Una de las tradiciones cuenta que, en una de las destrucciones del templo, cinco grandes maestros huyeron y diseminaron el conocimiento de Shaolin por toda China, dando origen a otras corrientes.
Desde el siglo XIX, y sobre todo en el XX, surgió en el ámbito chino la novela wuxia, de espadachines, caballeros errantes y héroes justicieros. Ollé la compara con el western o con las historias de piratas. Sus héroes son diestros con la espada, desprendidos, luchan contra bandidos y buscan tesoros, pero además tienen poderes casi mágicos: trepan por las paredes, luchan sobre los árboles y vencen la gravedad, como superhéroes actuales. A principios del siglo XX estas novelas sirvieron para narrar la confrontación con los manchúes y luego con los japoneses.
El género pasó al cine. Ollé afirma que en los años veinte, treinta y cuarenta, antes de que apareciera Bollywood, los grandes focos de producción eran Hollywood y Shanghái, y que en Shanghái se produjeron ingentes cantidades de películas wuxia, con efectos especiales que entonces eran espectaculares y hoy hacen reír. Con el triunfo de la revolución esa producción se interrumpió en la China continental, pero sobrevivió en Hong Kong. En los años sesenta y setenta surgió en Hong Kong un género más realista, basado en el éxito de las escuelas de kung-fu. Los maestros coreografiaban las luchas como danzas, con influencia operística, en relatos de iniciación y de bandas, normalmente contemporáneos o ambientados en la invasión japonesa y en la diáspora.
Kung Fu, Bruce Lee y la conexión con el wing chun
Según Ollé, la primera irrupción de Shaolin en el imaginario internacional fue la serie de televisión de 1972 protagonizada por David Carradine, que interpretaba a un monje de Shaolin sin ser chino. El personaje recorría Estados Unidos buscando a su hermano y enfrentándose a asaltantes como en un western. La serie estaba llena de referencias al templo y al maestro ciego que le planteaba preguntas paradójicas al "pequeño saltamontes". Ollé señala que aquí Shaolin es un paisaje de fondo, no el protagonista, pero aporta al relato un aire místico y sapiencial.
Ese mismo año, Bruce Lee estrenó las dos películas que más le dieron fama, meses antes de su muerte prematura en 1973. En una lucha en las ruinas de Roma para ayudar a unos amigos de un restaurante chino. La otra está ambientada en el triángulo del opio entre Tailandia, China y Birmania. Ollé explica que son historias contemporáneas del chino que lucha contra el japonés o contra el occidental, del kung-fu frente al kárate, y que parecen no tener que ver con Shaolin. Sin embargo, el maestro de Bruce Lee fue Ip Man, legendario maestro de wing chun sobre quien se han hecho películas, entre ellas una de Wong Kar-wai. La leyenda atribuye el origen del wing chun a uno de los cinco monjes que huyeron de Shaolin en época Ming y lo llevaron al sur. Ollé concluye que la formación inicial de Bruce Lee procede de la filiación legendaria de Shaolin, aunque luego él inventara su propio estilo mezclando elementos. En esa filiación, añade, "hay más invento que otra cosa".
Jet Li, Jackie Chan y la parodia
Ollé recuerda que en los años cincuenta y sesenta ya había en Hong Kong decenas de películas relacionadas con Shaolin. Era un cine de producción masiva, muy bajo presupuesto y atrezo improvisado, que se difundió después por el cine de serie B y las cintas de VHS, impulsado en parte por la moda de Bruce Lee. Pero la película que, según él, marca un antes y un después en la difusión global de Shaolin como mito marcial y espiritual es la que protagonizó Jet Li, uno de los grandes sucesores de Bruce Lee. Ollé considera que estas películas sintetizan las dos corrientes. Del cine de kung-fu toman la exhibición realista de estilos y posiciones de lucha, que el actor coreografía imitando las tradiciones. Del wuxia toman el halo mítico y legendario.
El joven Jackie Chan también contribuyó al mito con películas sobre estilos concretos, como la serpiente y la grulla de Shaolin, el estilo del borracho o el hombre de madera, antes de derivar hacia la acción humorística. Ollé explica que el atractivo estaba en ver esos estilos de lucha dentro de un relato. Aparecen también otros estilos asociados a animales, como la mantis, y reproducciones de las pagodas del templo en los decorados.
En 2001, Stephen Chow, director y actor de la corriente humorística de Hong Kong, con un humor que Ollé describe como "chocarrero" pero muy efectivo, estrenó Shaolin Soccer. La película une el arte marcial convertido en competición con el fútbol, en un momento en que China se proponía ser una potencia futbolística. Según Ollé, el país creó miles de campos y escuelas y trajo entrenadores internacionales, sin conseguirlo. En la película, monjes poco eficaces juegan al fútbol haciendo cosas raras. Para Ollé muestra otro giro: la tradición termina parodiada. En 2011 otra película, con Jackie Chan ya mayor y Andy Lau, vuelve a Shaolin.
El último icono que comenta es Pai Mei, a quien algunas versiones sitúan entre los cinco maestros que huyeron. Otras lo presentan como un maestro taoísta renegado, e incluso como el responsable de la destrucción del templo. Su figura blanca, de larga barba, cejas y bigote y moño taoísta, aparece a menudo en novelas y películas de Hong Kong, y Tarantino la recrea en Kill Bill como el maestro que inicia a la protagonista. Ollé se detiene en la escena en que le enseña a proyectar toda su fuerza en la punta de los dedos, técnica con la que ella después rompe el ataúd donde la han enterrado viva. Esa práctica, subraya, sí es propia de Shaolin. Muestra la imagen de un árbol del templo, no de la película, lleno de agujeros hechos por los dedos de los monjes al golpear la madera, soportando el dolor para convertir una parte mínima del cuerpo en un arma. Ollé añade que Shaolin aparece también en videojuegos como Mortal Kombat y que, "si fuéramos a rascar", se encontraría por todas partes.
Del cierre maoísta al Shaolin global
Ollé retoma la historia reciente. Durante la Revolución Cultural, entre 1966 y 1978, el templo estuvo cerrado, abandonado y sin monjes. En ese pasaje se corrige a sí mismo: primero habla de saqueo y destrucción, pero luego precisa que se preservó. Lo atribuye a que quedaba lejos, fuera del furor iconoclasta de los guardias rojos, que sí destruyeron muchos templos, casas antiguas y reliquias en 1966-1967, y a que Zhou Enlai logró frenar algunos de esos ataques. Tras la muerte de Mao en 1976 llegaron la etapa reformista de Deng Xiaoping, el socialismo de mercado y la apertura, con mayor permisividad hacia los templos.
Shaolin reabrió en los años ochenta y, sobre todo desde los noventa, se convirtió en atracción turística, inicialmente para el turismo interno. Alrededor del templo se construyeron instalaciones capaces de acoger a miles de estudiantes de artes marciales en su vertiente estrictamente deportiva. Ollé comenta imágenes de centenares de alumnos en chándal, sin nada de monacal, aunque asociados al nombre del templo. A la vez, Shaolin se transformó en una plataforma cultural global, con compañías de monjes, o "presuntos monjes", que recorren el mundo exhibiendo posiciones extrañas, equilibrios sobre dos dedos o sobre lanzas sin sufrir daño. Ollé señala que el negocio debía entregar una tercera parte al municipio, dentro de la economía socialista, y lo describe como un gran negocio que combina escuelas con público internacional, espectáculos itinerantes y franquicias. El templo legaliza centros en lugares como Buenos Aires o París, a veces enviando a un monje, donde es posible entrenar e incluso practicar el culto, "con la filosofía de una franquicia comercial". Ollé reconoce que esto genera tensión entre tradición y comercialización y ha recibido críticas, pero también ha popularizado Shaolin.
El abad encarcelado y el "falso monje" de Bilbao
El artífice de esta expansión fue el abad Shi Yongxin, al frente del templo entre 1999 y 2025. Su salida no se debió a su muerte. Según Ollé, tras numerosas acusaciones de irregularidades económicas y abusos sexuales, de tener varios hijos y varias amantes, fue detenido en 2025 y está en prisión. Ollé lo enmarca en la intolerancia de la China de Xi Jinping hacia la corrupción, aunque subraya que tardaron años en apartarlo pese a las denuncias. Explica esa demora por su peso simbólico: era diputado del Parlamento chino, porque las religiones en China están integradas en la estructura social y política del Estado. Ollé comenta que estas cosas pueden pasar cuando algo entra en la globalización y la comercialización, "no solo en China".
Menciona también un caso "tristemente famoso" que, insiste, no representa a Shaolin: el llamado falso monje shaolin de Bilbao. Tenía allí su centro, fue juzgado y condenado en 2013 por asesinar a dos mujeres valiéndose de su ascendiente como guía espiritual y marcial, y está en prisión.
Una continuidad transformativa
Ollé cierra advirtiendo contra la conclusión de que todo lo relacionado con Shaolin acaba en corrupción y excentricidad. Lo que propone ver es una evolución histórica, una "continuidad transformativa". Un templo fundado con patronazgo imperial se convierte en núcleo simbólico del budismo chan. Allí surgen unas artes marciales que se codifican y se globalizan dentro del amplio repertorio chino. Y alrededor de todo ello nace un conjunto de leyendas, novelas y películas que toman sus monjes, guerreros y escenarios. La conferencia termina con la imagen de unos monjes cabeza abajo.
Muchas gracias, muchas gracias por acudir.
Si nos concita aquí el templo de Shaolin, no es porque sea un lugar patrimonialmente singular, un edificio que debe ser visitado, sino porque alrededor de Shaolin se reúne historia y mito, leyenda y realidad. Y es el lugar, digamos, que legendariamente ve surgir una de las corrientes del budismo en China, que es el budismo chan o el budismo zen. Y también ve cómo se desarrolla y se globaliza posteriormente una de las corrientes principales de las artes marciales chinas, que es estilos de wushu, de kung-fu, de Shaolin. Y finalmente también cómo alrededor de estas artes marciales, unidas a esta dimensión espiritual, sapiencial e iniciática que aporta lo religioso, el templo y lo budista, se crea toda una tradición de cultura popular de masas, literaria, de ficciones, pero también cinematográfica. Vamos a hacer un poco este recorrido.
Shaolin literalmente es como el bosquecillo, el templo del bosquecillo, el templo de los árboles jóvenes. Aquí vemos la inscripción que está en la entrada del templo, escrita por el emperador, caligrafiada por el emperador Kangxi, emperador de finales del siglo XV, principios del XVI, cuando el templo ya llevaba casi 1000 años de existencia o más de 1000 años de existencia. Pero cuando los emperadores Qing, los emperadores manchúes, lo restituyeron después de que estuviera durante varias décadas en decadencia absoluta tras haber sido destruido a finales de la dinastía Ming, esta historia de un templo que sufre ataques, que es destruido, que resiste, que también tiene un patronazgo y un apoyo institucional imperial, veremos que es una constante y tiene alguna cosa que ver también con la importancia de lo marcial en el templo.
El templo surge a finales del siglo V, en unos siglos entre el III y el VI en que China está en una fase históricamente bastante turbulenta, bastante compleja, con distintas dinastías que contienden, con particiones, con banderías, y en la que esta crisis histórica se corresponde también con una época de gran, digamos, de gran efervescencia cultural y religiosa y espiritual. Es una época también de gran conexión con todo el espacio euroasiático a través de las rutas de la seda. Y es la época en que el budismo, que ya empezó a entrar en tiempos de la dinastía Han, época, digamos, de inicios de nuestra era, se empieza a consolidar en China con fuerza. Y es un templo fundado a finales del siglo V con patronazgo real, pero fundado por un monje indio. Por tanto, ya vemos esta entrada de este budismo desde la India.
Es un templo que se situó en una de las cinco montañas sagradas chinas, de las montañas míticas, el Song Shan, la montaña Song, en la provincia de Henan, en las cercanías del río Amarillo, en el norte de China, esta zona de secano, esta zona de la China imperial antigua, y cercana a la capital imperial de Luoyang, una de las capitales imperiales más fuertes, y también relativamente cerca de la gran ciudad actual de Zhengzhou.
Cuando hablamos del templo o del monasterio de Shaolin, no hablamos de un edificio sino de todo un complejo monástico con tierras alrededor, con pagodas, con diferentes edificaciones a lo largo de la montaña del Song Shan. Los templos, los monasterios chinos, todos ellos, sean budistas, taoístas, sean islámicos o incluso sean imperiales, tienen esta forma, digamos, rectangular, donde se van sucediendo los patios y los pabellones hasta ir accediendo a los pabellones de mayor rango, de mayor importancia. Y en las partes laterales encontramos, digamos, edificaciones más logísticas o menores, etcétera. También el templo de Shaolin tiene esta característica, el complejo central del templo. Aquí lo vemos en parte cenital. Si habéis visto alguna imagen de lo que es, por ejemplo, la Ciudad Prohibida misma, es esta sucesión de patios y pabellones hasta llegar. Pero alrededor del templo vemos también tierras. Los templos, como los monasterios, como pasaba también en nuestra Edad Media, nuestro tiempo antiguo, vivían de los campesinos que alrededor del templo cultivaban las tierras que eran propiedad del templo, y por ello los monjes se podían dedicar a meditar, a leer sutras, a recitar sutras, a ejercitar su cuerpo a través de las artes marciales. Por tanto, el templo es también el templo y todos sus alrededores.
Aquí vemos diferentes imágenes de este complejo central del templo, pero también es importante en este complejo el llamado bosque de las pagodas, estas 228 pagodas funerarias en donde están enterrados los abades, los grandes monjes que se han ido sucediendo en linajes y jerarquías de continuidad institucional desde el siglo VIII hasta el siglo XIX. Este Talin, que también le da una cierta singularidad al espacio, al lugar de lo que es el templo Shaolin.
Es interesante, es bonito, pero no sería suficiente como para que nos llamase la atención, porque como estos hay muchos en China, hay centenares de templos, había miles de templos y decenas de miles de monjes en aquellos años. Lo que lo convierte en singular es la comunión, la unión, como decíamos, de esta dimensión, de ser considerado legendariamente el punto de partida del budismo chan, del budismo zen. Y luego veremos también de esta corriente de artes marciales que surge y se desarrolla allí.
El budismo tiene, podríamos decir, tres grandes disciplinas o tres grandes maneras de cultivarse, no excluyentes, pero en algún caso más predominantes que otras. Una es el dhyana, que es la concentración, la meditación, el estar presente en el momento, el cultivo de la atención plena para llegar a una mente totalmente clara, el samadhi. Esta es la vía que el mismo nombre de zen es el nombre de esto, de dhyana, chan, es decir, la concentración, la meditación, la contemplación.
Esta es una vía, digamos, más mística, más iniciática. Hay otra vía que es más, si se quiere, más exotérica, más popular, o bueno, y también presente en cualquier forma de budismo, que es la de la práctica, simplemente la práctica de la virtud, de ser buena gente, de cumplir con una moralidad, cumplir con unos preceptos, y en algunas formas de budismo más, digamos, devocional, repetir unas frases, ir al templo de vez en cuando y ser buena gente, pues esa era la vía. Y hay finalmente otra vía paralela, y digo, insistiendo, todas ellas integradas, que es a través de la doctrina, a través de los sutras, de comprender las complejidades del carácter ilusorio de la realidad, etcétera, etcétera.
El hecho de que el budismo indio entre en China provoca también que se ha de adaptar una nueva mentalidad, una manera de entender el mundo, a una realidad social histórica muy distinta. Los indios son muy clasificatorios, son muy buenos en matemáticas, etcétera, etcétera, porque tienen esta mente analítica, etcétera. Y la tradición china era mucho más sintética, desconfía mucho más de la mente, del lenguaje, de la palabra para transmitir. Y por ello esta corriente de transmitirse a través de los sutras y de la doctrina no será tan predominante. Y hará también que el budismo zen, el budismo chan, ponga el énfasis en la práctica más que en la doctrina, y se transmita de corazón a corazón, directamente a través del cuerpo, a través de la práctica, cada uno descubriéndolo.
La realidad es que el budismo, como también le pasa al cristianismo o al islam, es una religión universalizante, es decir, que ha sido capaz de arraigar en culturas muy distintas y adaptarse, y también transformarse y cambiar según su idiosincrasia, según su mentalidad. Eso hace, por ejemplo, que el islam de Arabia Saudí y el islam de Indonesia, que es el país islámico mayor del mundo, pues no tengan mucho que ver, porque las costumbres, la sociedad es muy distinta. Pasa lo mismo con el budismo: el budismo más devocional, etcétera, de algunas regiones del sureste de Asia, pues es muy diferente del budismo más iniciático y tántrico y no sé qué tibetano, y el budismo chan, el budismo zen, pone el énfasis en la práctica, en el sentarse, meditar, etcétera, etcétera.
Entonces, ¿cómo tiene que ver esto con Shaolin? Pues tiene que ver a través de una figura que es la figura de Bodhidharma, que de hecho es una figura legendaria que probablemente no existió, no se sabe seguro. Nos dicen que sí, entonces que no, como pasa muchas veces con los hechos religiosos antiguos. En chino, Damo. Y lo que cuenta la leyenda, con parte de verdad o no, lo que sea, lo que se dice es que Bodhidharma, que es la figura fundacional, la figura nuclear inicial del budismo chan, del budismo zen, era un monje indio que llegó a principios del siglo VI a Shaolin y se pasó 9 años sentado dentro de una cueva meditando delante de una pared, y se iluminó al hacer esto.
Por tanto, allí ya nos da un cierto mensaje: no hace falta hacer muchas cosas, sino sentarte y concentrarte en la nada o en una pared. Entonces, esta figura fundacional hace que sea referencial y que hoy todavía encontremos en los aledaños de este complejo central del templo una cueva que dicen que es la cueva donde estuvo Tamo, donde estuvo Bodhidharma 9 años mirando la pared, y que encontremos estelas donde se reproduce su figura mirando la pared durante 9 años. O que también se convierte en figura, porque ya sabemos que el budismo chan, después de cuatro o cinco siglos de desarrollo singular en China, pasa también a Japón y se desarrolla, incluso se implanta quizá con más fuerza que la que irá después teniendo en China, y tendrá un gran impacto cultural. Y todavía hoy en Japón es habitual esta figura, estas figurillas, estos darumas. Daruma es el nombre de Bodhidharma en japonés, el Tamo, el Daruma, que son estas figuritas que tienen un valor, digamos, salvífico, de buena suerte, etcétera. Por tanto, es una figura referencial en la tradición del budismo y del budismo chan, y que está asociada directamente al templo de Shaolin, porque es allí donde se iluminó, es allí donde se sentó, donde se pasó 9 años sentado.
También hay una estela en el templo de Shaolin donde vemos a Bodhidharma con una zapatilla en la mano, y esto da cuenta de una leyenda que dice que cuando murió Bodhidharma lo enterraron, pero al cabo de un tiempo se le vio en otro lugar lejano caminando un poco desorientado, con una zapatilla en la mano, y dijeron: "¿Cómo puede ser, si murió, y lejos de aquí?". Y entonces fueron a la tumba de Bodhidharma, la abrieron para ver qué pasaba y vieron que solo había una zapatilla, que no estaba Bodhidharma, sino una zapatilla. Por tanto, la leyenda de que Bodhidharma se reencarnó, reapareció, renació, y la zapatilla, pues esto nos marca también este carácter legendario del personaje, y esto es una estela que está en el templo. Aquí hay otra figura de Bodhidharma cruzando el río Yangtsé; por tanto, la leyenda del personaje.
Otra constante que ya había apuntado es la del patronazgo imperial. El templo se funda, digamos, por iniciativa imperial; se le dice a este monje: "Ponte aquí, tal, tal, tal", y esto se irá repitiendo. Y así, por ejemplo, hay estelas, como es la estela de Wu Zetian, la única emperatriz que ha tenido China, no mujer de emperador, sino mujer que mandaba, que visitaba frecuentemente. Es una emperatriz de la dinastía Tang, que visitaba con frecuencia el templo, hablaba con los monjes y les dejó una inscripción, y está conservada en el templo. Esta inscripción de otro emperador, o este poema de Qianlong, que es un emperador del siglo XVI que también, tras haber restaurado el templo, como antes habíamos visto la caligrafía de Kangxi, otro emperador Qing, pues dejó un poema elogiando el templo. Por tanto, las donaciones de tierras, las donaciones de dinero, etcétera, pues vemos que son una constante, incluso en la época republicana, en los años 30 del siglo XX, cuando el generalísimo Chiang Kai-shek visita el templo, que está destruido porque unos señores de la guerra lo han prácticamente destrozado todo, se siente conmovido al ver las cosas que han quedado y el trabajo de los pocos monjes que quedan, y también hace una gran donación económica para intentar que se recupere.
Como decía antes, lo referencial del templo es el budismo chan, pero dentro del budismo chan hay diferentes escuelas. La más fructífera sería la escuela de Huineng y sus seguidores, que dio lugar a escuelas que por su nombre japonés conocemos como Soto o Rinzai, etcétera. Y hay monjes de estos en diferentes momentos, y el templo se convirtió en un punto de referencia de los estudios budistas, de los textos budistas, etcétera. Pero incluso en época de la dinastía Song, que buscaba una cierta coexistencia de las tradiciones religiosas y filosóficas chinas, porque también es una característica de China el sincretismo, el hacer posible que los aparentes contradictorios convivan, ¿no? No en vano la Constitución china define el Estado chino actual como socialista de mercado, que es como una especie de oxímoron, como decir comunista neoliberal. El hacer compatibles o coexistentes o incluso mezclar tradiciones es algo muy propio de la tradición china. Y los Song patrocinaron mucho esta coexistencia. Fue un momento en que también el neoconfucianismo incorpora elementos metafísicos que vienen del budismo y el taoísmo. Y hay una estela en el templo que representa lo que se llaman los tres sabios de las tres escuelas: Laozi, representando al taoísmo; Shakyamuni, que es el Buda histórico, el Buda, digamos, que era un príncipe que lo dejó todo y se iluminó; y finalmente Confucio, que es el maestro, cada uno con su tradición y su esfera de influencia en el ámbito chino.
Para ver esta complementariedad hay una imagen china muy recurrente, que es la de los tres sabios probando vinagre, y cómo reaccionan al vinagre nos habla de cómo son sus maneras de entender la relación con el sufrimiento, con la amargura, con lo ácido. Y así, mientras el sabio taoísta, al probar el vinagre, dice: "Tiene un saborcillo así ácido, pero está muy bien. Me estoy acostumbrando, me gusta, me gusta", el sabio confuciano dice: "Esto es un vino que se ha vuelto agrio. El mal gobierno, la inmoralidad, ha hecho que los trabajadores no hagan su trabajo correctamente; hay que corregir al gobierno", etcétera. Mientras, el sabio budista dice: "Bueno, esto es un sabor muy desagradable, pero no me afecta, porque tengo esta capacidad de desapego respecto al carácter ilusorio de la realidad", etcétera, etcétera. Bueno, por tanto, en Shaolin también encontramos testimonios de esta triple presencia del saber en China, y aunque está principalmente asociado, y es fundacionalmente asociado, al budismo chan, al budismo zen, veremos que hay presencia también de otras corrientes. Pero bueno, básicamente budismo, budismo chan.
Lo propio de un monasterio, de un monasterio budista, son unas prácticas de cultivación, y especialmente en el caso del budismo, la práctica de la meditación sentado, de esta meditación, esta respiración calmada, esta, digamos, concentración y contemplación de la mente, del vacío, para llegar eventualmente a la iluminación. Hay dos escuelas en la tradición budista chan: la de la iluminación súbita, el satori, o la de la iluminación gradual, pues que poco a poco vas entendiendo las cosas. En cualquier caso, sentarse y meditar es lo que hizo Bodhidharma durante 9 años, y eso es lo que se pretende que el monje tiene que hacer principalmente: estar ahí sentado y no pensar en nada, no evadirse, sino estar concentrado en la respiración, en el vacío, y por ahí surgirá un saber superior. Esta era, por tanto, una rutina, y es una rutina, digamos, propia de los monjes.
También evidentemente asociados a esto, los mudras, con esa meditación, la posición de las manos. Esto lo vemos: tiene un valor simbólico, un valor energético, incluso, veremos también, puede tenerlo marcial. Y en general toda la rutina monacal de la realización de los sutras, unos horarios
marcadas, etcétera. Todo esto sería lo propio, lo esperable o lo que asociamos con que es propio de un monasterio, de un monasterio budista. Pero en Shaolin también encontramos que empiezan a aparecer unas prácticas asociadas a las artes marciales de Shaolin, el puño de Shaolin o el wushu o el kung-fu de Shaolin, como algo que veremos que empieza siendo una estrategia de supervivencia, de defensa en un contexto hostil y que poco a poco se va convirtiendo, o que desde el principio quizás se va convirtiendo también en una práctica de carácter espiritual, de transformación y de comprensión, como sería el sentarse con las piernas cruzadas.
En esta historia de esta evolución del arte marcial monacal, por decir, encontramos testimonios de presencia de estos monjes guerreros ya entre los siglos VI y X, en las dinastías Sui y Tang, porque los monasterios eran lugares codiciados por las bandas, digamos, de rebeldes que podían surgir ante cualquier turbulencia histórica, y China estaba llena de ellas. Porque había momentos en que algún emperador dejaba de estar tan a favor del budismo como otros, porque eran lugares codiciados o atacados porque en ellos se concentraban riquezas, porque había donaciones, porque había tierras alrededor, porque en el caso del monasterio, por ejemplo, Shaolin está en lugares estratégicos, en montañas, etcétera. Bueno, el caso es que tenían que defenderse y para defenderse tenían que actuar por ellos mismos. Nadie lo iba a hacer por ellos y por tanto empezaron a la espada, las lanzas, a aprender a defender sus tierras y a defender sus edificaciones. Y esa es la primera significación. Y lo hacían también que incluso, por ejemplo, en los conflictos que precedieron la entronización de la dinastía Tang, participaron monjes Shaolin ayudando a quien sería finalmente el emperador, cosa que les dejó en buena posición durante esta dinastía, porque ellos habían ayudado a que triunfase.
Durante los siglos siguientes se va desarrollando, se va codificando, se va, por decir así, profesionalizando, va cogiendo más forma estas formas de combate, y se dice un poco que la transformación decisiva se produce en los Ming, que fatalmente, como antes he apuntado, a finales de la dinastía Ming, que cae en 1641, una de estos ataques que sufre el templo, que no siempre fue capaz de repelerlos y por tanto sufrió incendios, destrucciones parciales, bajas, etcétera. En este caso prácticamente tuvo una destrucción total, hubo una desbandada de los monjes y durante cuatro, cinco, seis décadas el monasterio estuvo prácticamente abandonado. Pero en las décadas precedentes, entre el siglo XIV y XVII, el templo, bueno, Shaolin, es cuando se convierte en un lugar de referencia en las artes marciales, cuando se convierte en un foco de irradiación y de codificación y de muestra, digamos, de su saber en este campo. Es cuando empieza a sistematizarse este saber.
Cuando cae el imperio, en la República de China, entre 1911 y 1949, estamos en un periodo de nuevo muy turbulento. Cae la República, perdón, cae el imperio, se proclama la República, pero es una república fallida en cierta manera, es un estado fallido, no controla el territorio, están los señores de la guerra, están los japoneses incordiando cada vez más hasta que llegan a conquistar casi toda China el año 1937, y también está la revolución comunista, es decir, tiene tres o cuatro líos en paralelo. Y en estas turbulencias, el templo volverá a ser prácticamente destruido en 1928 por uno de los señores de la guerra que decidió atacarlos. En otros momentos ellos habían colaborado, habían conseguido... pero sufrieron esta... lo que es el templo físico y los monjes sufrieron en sus carnes estas turbulencias históricas en este periodo.
Sin embargo, desde el punto de vista de las artes marciales, del kung-fu y del wushu, del arte del puño de Shaolin, se produce un giro muy importante, porque la República de China ha acabado con la dinastía Qing, que era una dinastía manchú, no han, no china, étnicamente china, y tiene un nacionalismo fuerte, y en este nacionalismo fuerte reivindican las artes marciales y las tradiciones autóctonas como algo fundamental. Además es una república que intenta modernizarse y hacer las cosas como hacen los europeos, etcétera. Y entonces es cuando aparece una reglamentación y una codificación de las artes marciales, podríamos decir, llevándolas al territorio de lo deportivo, de la competición. Empiezan a aparecer, por decir así, federaciones, torneos locales, torneos regionales, empiezan a aparecer clasificaciones, reglamentaciones, y se habla de la escuela de Shaolin, de la escuela de Wudang, etcétera, etcétera, y cada escuela, cada tendencia, el taichi de Chen, el taichi de Yang, no sé qué, etcétera. Y aparece esta, digamos, desconexión de lo que había sido un arte marcial intrínsecamente ligado al templo y a lo espiritual, si se quiere, para un giro donde el arte marcial adquiere una singularidad, un protagonismo por sí mismo.
Por tanto, esta es una época donde sucede algo que de hecho se agudizará en el periodo posterior, cuando en 1949 triunfa la revolución de Mao Zedong, el Partido Comunista. Digamos, desde el punto de vista de las propiedades del templo y de la continuidad del templo, requisa tierras, porque todas las tierras pasan a ser propiedad del Estado, y libera a los campesinos que trabajaban para los monjes. La mayoría de los monjes se dispersan y se van a trabajar a otros sitios, pero también la República Popular decide que el monasterio tiene suficiente entidad patrimonial como para conservarlo y no lo quiere destruir, y por tanto ayuda a reconstruirlo, a mejorarlo, y permite que haya unas docenas de monjes que se queden allí, digamos, cuidándolo y restaurándolo y manteniendo sus tradiciones, sus rituales y sus prácticas. Pero en cambio, al mismo tiempo, como pasó en la República anterior, en la primera fase de la República de China, ¿no?, de la República Popular, se continuó con esta reinterpretación del kung-fu, del wushu, como un arte marcial, como algo deportivo que tiene que ver con la salud, que tiene que ver con, bueno, con eso, con algo más deportivo y menos ligado a algo espiritual, etcétera.
Luego hay un renacimiento del templo después del 78, pero de esto hablaremos después. En estos periodos se codifican las tradiciones de artes marciales chinas en base a dos monasterios y a dos grandes tradiciones. Una es la tradición de Shaolin, en el monte Song Shan, y es este arte marcial que veremos que es más explosivo, el puño largo, con importancia de las patadas, con más, digamos, con más fuerza, con más resistencia. Bueno, unas corrientes de artes marciales, y se asociará al templo de Wudang, al templo taoísta, mientras Shaolin sabemos que es budista. El templo de Wudang, que es un templo situado en las montañas de Wudang, en otra de las montañas sagradas, y aquí se asociará al tao y a lo que se llama a veces las artes marciales internas, como el taichi o el bagua, etcétera. Unas artes marciales donde lo energético prima más que lo explosivo. Pero eso son esquemas, digamos, que no acaban de funcionar, porque lo energético está en los dos lados, porque la espada está en los dos lados, es decir. Pero bueno, es una clasificación que se hizo ya en época republicana y seguirá adelante.
Y de hecho sigue, y lo menciono porque la montaña de Wudang y la tradición de Wudang también es una tradición como la de Shaolin que tiene su leyenda y que tiene su importancia, y de la que voy a hablar muy brevemente porque es como el contrapunto, es como la némesis, como el otro lado. Por tanto, igual que hay la montaña de Shaolin, perdón, la montaña de Song Shan y el templo de Shaolin, en la montaña de Wudang hay también unos templos taoístas donde también se practican unas artes marciales, básicamente taichi, bagua, xingyiquan. Estéticamente ya veremos que los monjes budistas normalmente van de color azafrán o de color terroso, de color morado. Aquí siempre blanco o negro, y con este tocado específico. Y también, como veremos que pasa en Shaolin, la espada tendrá gran importancia.
Bueno, simplemente mencionar que hay otra tradición que no es la de Shaolin, que también es muy potente en artes marciales y en la clasificación china de las artes marciales, donde hay muchas controversias y maneras de mirarlo, y que también genera su propia, digamos, su propia capacidad de impacto sobre la cultura popular de masas. Por ejemplo, una película que ganó los Oscars, Tigre y dragón, del director taiwanés Ang Lee, tiene referencias a Wudang, a un monje que viene de Wudang, al templo en sí mismo, a las formas de lucha de Wudang. Por tanto, vemos que también ha generado también sus... y hay novelas y películas, etcétera, pero no es el foco que aquí nos ocupa, simplemente lo menciono. Y ya si queremos algo más chocarrero, hay un famoso grupo de hip hop que coge su nombre, Wu-Tang Clan, y por tanto hace una referencia directa a este templo, a esta forma de artes marciales, etcétera. Pero bueno, cerramos el paréntesis de esta excursión por lo taoísta, por la montaña de Wudang y estas otras formas de artes marciales, y volvemos a Shaolin y al kung-fu de Shaolin, a las formas de lucha.
Ya hablando más de esta dimensión marcial del templo de Shaolin, hay una adscripción casi mitológica, una figura que viene de la India, Kinnara, que se dice que defendió el templo en uno de estos ataques. Y aquí es importante este bastón largo, que también es un atributo que aparece, por ejemplo, ligado a la figura de Sun Wukong, que es una figura mítica de Viaje al Oeste, y será una de las armas principales que aparecerán también en los grabados antiguos relacionados con las artes marciales en Shaolin, estos bastones largos para defenderse, para atacar, para ejercer la lucha.
En la tradición china, no solo en Shaolin, en Wudang y en estas artes marciales que estamos viendo, desde mucho antes, desde el primer milenio antes de Cristo, está ya testimoniado, hay una larga tradición de prácticas corporales, podemos decir, de movimiento, prácticas psicofísicas donde la respiración, la concentración y el movimiento lento sirven para movilizar el chi, la energía, para estabilizar el corazón, para hacer crecer la conciencia, y para, digamos, equilibrar las energías del cuerpo, para llevar las energías a los órganos, etcétera. Una serie de prácticas que era el neidan y que ahora conocemos con un nombre que se ha popularizado, qigong, que literalmente es como el trabajo con el chi. El chi sería el aliento vital, sería la energía que circula por el cuerpo, aquello que los acupuntores tocan con las agujas para movilizar, etcétera.
En el templo de Shaolin vemos imágenes de este tipo de prácticas calisténicas, de estas prácticas respiratorias, gimnásticas, podríamos decir, en las que se inspiraron, curiosamente a través de grabados de los jesuitas, los que hicieron la gimnasia sueca. Igual a alguien le suena esto: pues se inspiraron en este tipo de prácticas que describieron los jesuitas que estuvieron por China en el siglo XVI, XIX, y luego llegó un sueco y dijo: "Ah, pues esto es gimnasia sueca". Pero lo que quiero decir es que antes de la lucha hay el trabajo con las energías internas. Cuando hablamos de esta distinción entre artes marciales internas y externas, es un poco artificioso a veces, porque también en las externas, en estas más explosivas, en estas más del puño, etcétera, también hay un trabajo previo, paralelo, de movilización de la energía, de ser capaz de proyectarla, de usar la mente para concentrarla, etcétera, etcétera.
También el conocimiento médico, que está testimoniado en el templo: conocer los puntos por los que circula esta energía, en qué puntos es más sensible, era necesario para poder trabajarlo, para poder aprender a movilizar esta energía, etcétera, pero también incluso marcialmente para saber dónde atacar, porque muchas veces en algunas de estas técnicas no se dan golpes al tuntún, sino que se busca un punto específico, un punto que si lo tocas puede hacer que el otro se desmaye, o que si lo tocas puede hacer que caiga al suelo, o incluso si lo tocas lo puede matar. Es decir, son puntos concretos que hay que saber tocar. Y las artes marciales asiáticas, chinas, el kung-fu, el wushu, no se basan en darse muchos puñetazos hasta que el otro se desangra, sino en irse tocando un poco y que el golpe certero en el punto certero provoque el K.O., digamos, o provoque la derrota del otro. Y por tanto, conocer la estructura energética del cuerpo formaba parte de todo esto, no como algo teórico, sino como algo vivencial. Y por tanto vemos tratados de cosas que están asociadas al templo Shaolin al respecto, y este tipo de ejercicios para movilizar que nosotros tenderíamos a asociar más con el taichi, cosas de ese tipo. En Shaolin también hay este tipo de tradiciones más, digamos, energéticas, más de concentración, difusión y movilización de la energía.
Muy pronto, sin que lleguemos a lo que veremos cuando vayamos al presente, encontramos grabados de visitantes al templo que contemplan alguna de estas batallas, estas luchas cuerpo a cuerpo, como demostraciones de las habilidades de los monjes. Esto es algo que también se irá produciendo. Y aquí podría aparecer un patio de escuela descontrolado, todos contra todos. Esto en realidad es una rutina de práctica por parejas sobre una serie de técnicas de bloqueo, de respuesta, de ataque, de convertir en círculo lo que viene en recto, etcétera. Por tanto, es una rutina cotidiana, diaria, de una de las partes de la práctica, que es trabajar por parejas para saber cómo reaccionar, cómo asimilar, cómo absorber, cómo aguantar, porque también parte del trabajo que se hace con esta energía, y ya es una de las cosas características de Shaolin, es cómo resistir, cómo aguantar el dolor, cómo absorber el dolor, cómo poder recibir un golpetazo de un tronco y no inmutarte, o cómo tener un hierro candente y no inmutarte, porque la mente es capaz de sobreponerse a este estímulo sensorial y por tanto concentrarse y que no afecte, que no duela y que no perjudique, etcétera. Por tanto, hay este tipo de trabajo.
Aquí vemos más detalles de estas... no son bofetones, digamos así, descontrolados, sino que son rutinas de cómo trabajar por parejas, cómo responder, cómo convertir un ataque en algo que sube hacia arriba, etcétera. Este tipo de prácticas, que son prácticas marciales, como todas las prácticas marciales que vemos en estos contextos, tiene una dimensión de entrada utilitaria. Lo hemos visto, el templo debía defenderse. Tiene una dimensión también, podemos decir, salutífera, de que el cuerpo esté más equilibrado, más fuerte, más elástico, etcétera, etcétera. Y tiene también una dimensión, y aquí es algo que a nosotros nos puede parecer un poco extraño, espiritual o sapiencial o de trance, porque es una práctica de la atención, de la rapidez, de estar presente en el instante, de si el golpe viene por aquí ya saberlo antes de que llegue, etcétera, etcétera. Y también una práctica que es muy budista también, de confrontar, de mirar a los ojos a la muerte, de no tenerle miedo y tener trato con el peligro, etcétera, etcétera.
Por tanto, hay una parte de entrenamiento corporal, de autodefensa monástica, pero también de una disciplina espiritual, como es sentarse. Es decir, esta mortificación que encontramos a veces en las tradiciones místicas, el ayuno, el no sé qué, lo vemos también en estas prácticas de aguantar el dolor, de ponerse en posiciones muy incómodas, pero hasta el momento en que ya no te duela, etcétera. Y por tanto no es una práctica separada del budismo, sino que es una práctica de cultivar esta unión de cuerpo y mente, y una práctica de este confrontar la muerte que decíamos antes. Aquí hay diferentes tipos de prácticas, ataques, defensas. Se habla a veces, en general en todas las artes marciales, de la observación de los animales, de cómo se mueven las serpientes, cómo se mueven
las grullas, cómo se mueven los monos y observando la intuición, la elasticidad, la rapidez de estos animales, aplicarlo e incorporarlo. Por eso surgen algunas tradiciones, algunas escuelas que van por allí.
Y aparte de trabajar por parejas y aparte de trabajar la energía, existen las llamadas formas o el taolu, las secuencias de movimientos de entrenamiento que son, aquí vemos cómo es, a lo mejor dura 5 o 10 minutos, cómo hay unas patadas a un lado, un salto, un giro, etcétera, etcétera. Y esta continuidad, como cuando si alguien ha visto alguna vez a alguien practicar taichi, lo hace muy lentamente, pero en el caso de wushu, de kung fu, es rápido, pero también es algo parecido. Es una secuencia donde aparecerán simbólicamente las posibilidades de respuesta o de ataque o de absorción de ataques, etcétera. Por tanto, patadas, giros, codazos, golpes, palmas, etcétera, etcétera. Todo esto para entrenar, para que el cuerpo automatice unos gestos, unas respuestas, etcétera, etcétera.
Una de estas rutinas, por ejemplo, son las 18 manos o palmas del arhat, donde aquí vemos capturas de pantalla de una continuidad que tendría, pues vemos el puño, vemos aquí las dos palmas, vemos aquí levanta, secuencias que también podríamos ver que son posiciones que encontramos, por ejemplo, en la tradición de taichi también, algunas de ellas. Igual una de las características también de la marcialidad de Shaolin es la importancia que le da a las piernas, no solo las manos, sino las patadas. A veces lo asociamos, las piernas, las patadas, solo al taekwondo, pero también en Shaolin son muy importantes y por eso los trabajos con estiramientos casi acrobáticos de llegar las piernas a lugares insospechados forman parte de la tradición de Shaolin.
Hay esto en general en todas las artes marciales, unas posiciones de partida, el jinete, el arquero, etcétera, una serie de posiciones más o menos bajas, y vemos pues este tipo de llevar el cuerpo a unos extremos que hacen que también la tradición de Shaolin, cuando llega a la modernidad, la podamos casi asociar a lo acrobático, como también pasará en formaciones que son paralelas, a veces mezcladas, como las de la ópera china, donde también hay simulaciones simbólicas de luchas y donde la formación del actor que ha de hacer las prácticas de ópera tienen que tener una formación muy similar a la de un monje de este tipo, aguantar posiciones muy duras, ser capaz de llevar el cuerpo a unos extremos de flexibilidad increíbles, etcétera.
Entre ellas, por ejemplo, este tipo de posición, aguantarse con un pie. Hay imágenes, aquí no lo he conseguido, pero hay vídeos que se ve una práctica cotidiana, que es la práctica de comer con el bol en esta posición, que no es la más cómoda del mundo, pero para integrarla cotidianamente, bueno, se ha de comer, de dedicar media hora a comer, pues comamos así. Y de esa manera estamos olvidándonos del dolor que debe hacer al cabo de un rato la pierna doblada de esta manera. Pero si tú mantienes la posición correcta y la mente calmada, etcétera, pues se convierte y de esa manera fortaleces el cuerpo, fortaleces la mente, etcétera, etcétera. Por tanto, esto te pone en condiciones de luego afrontar la lucha. Unas características de Shaolin es este llevar el cuerpo al extremo, este carácter casi espartano, podríamos decir, en el trato con el dolor, con el extremo, etcétera, y la flexibilidad de las piernas, como decía antes. Aquí vemos esto de la imitación de los animales, este tipo de formas.
Bueno, hemos visto hasta ahora manos, piernas, pero también integran las armas tradicionales, los bastones, las espadas, las lanzas, los sables, e incluso se forjan y se templan sus propios sables. Las espadas de las artes marciales chinas no son espadas muy pesadas ni muy fuertes, sino que son espadas muchas veces flexibles que se han de saber manejar muy bien para no romperlas, porque si golpean en lugar inadecuado se rompen. Son como una hoja de bambú y por tanto también hay una serie de secuencias de movimientos con estas espadas que permiten proyectar la energía más lejos, que forman parte. Sabemos que la espada en todas las tradiciones, de Excalibur a donde vayamos, tiene una dimensión mística, es un objeto, digamos, que está asociado al desarrollo espiritual. También en Shaolin tiene esta dimensión, pero también los espadones, las dos espadas, etcétera, todo tipo de formas asociadas al uso y al control y al sacar el partido a estas herramientas.
Bueno, con esto hemos visto un poco esta dimensión, pero vamos a la parte de la generación de leyenda y mito. Estos monjes guerreros que han de dar, han de poner la cara, han de poner los puños ante rebeliones y destrucciones, generan algunas tradiciones y generan un capital simbólico. Algunas de las tradiciones, por ejemplo, es que en una de las destrucciones del templo, cinco grandes maestros tuvieron que huir porque el templo fue totalmente saqueado y al huir diseminaron el conocimiento de Shaolin por toda China y surgieron corrientes de artes marciales inspiradas, directamente evolucionadas o directamente surgidas de Shaolin. Esta es una de las historias que surgen, que luego veremos, retomaremos después.
Claro, en donde hemos visto y donde se ha globalizado, donde nos ha llegado a nosotros, en las pantallas, pero ya desde el siglo XIX y sobre todo en el siglo XX en China, en el ámbito chino, surge una tradición de novelas de público muy amplio, novelas populares, que son las novelas wuxia, novelas de espadachines, de caballeros errantes, de héroes justicieros. Es un poco como el western de los chinos, es como los piratas de los chinos, es decir, estos héroes que son diestros en la espada, que son, digamos, desprendidos, que son capaces de salvar, de buscar tesoros, de competir, que tienen también una dimensión iniciática de lucha contra bandidos y que sobre todo tendrán también una dimensión mágica, porque a pesar de ser diestros en la espada o en la lucha tienen una capacidad de subirse por las paredes, de luchar encima de los árboles, es decir, de vencer la ley de la gravedad y de tener unos poderes, digamos, mágicos que son también propios de superhéroes, diríamos actualmente.
Entonces, esta tradición de wuxia, que primeramente es novelesca, que a principios del siglo XX sirve para explicar historias de confrontación entre los chinos y los manchúes, los de la dinastía Qing, que derrocaron, y luego contra los japoneses que les estaban atacando. Entonces surgen este tipo de, por ejemplo, confrontaciones de guerreros que están en las montañas, etcétera, etcétera. En el cine entrará en China en los años 20, 30. Shanghái se convierte en el foco de creación de cine más importante después de Hollywood. En los años 20, 30, 40, antes de que apareciera Bollywood, había Hollywood y Shanghái. Y en Shanghái había una producción ingente de películas de wuxia, de lucha con armas, caballeros errantes y este vuelo del héroe. Efectos especiales muy, digamos, espectaculares, pero ahora nos hacen reír mucho, de explosiones de luz, etcétera. En el cine esto, claro, se interrumpe en la República Popular con el triunfo de la revolución, pero pervivirá en Hong Kong y en Hong Kong seguirán habiendo películas de wuxia, películas de estos guerreros míticos, a veces ambientados en finales del siglo XIX, principios del siglo XX, y a veces ambientados en épocas, digamos, lejanas, imperiales, que no se sabe cuándo son, y con poderes mágicos y de época.
Pero en los años 60, 70 surge otro género nuevo que es más realista, que se basa justamente en el éxito que tiene la práctica de las artes marciales, de las diferentes escuelas de kung fu, de wushu, de diferentes tradiciones. Y en Hong Kong surge una atracción por ver en la película filmadas las luchas de los maestros, de los que saben, que coreografían, como si fuesen danzas, con influencia también de lo operístico, hacen la coreografía de estas luchas. Esto tendrá un gran éxito, un gran impacto, donde habrá relatos de iniciación, de lucha de bandas, normalmente contemporáneas o como máximo de la época japonesa, de la invasión japonesa, de la diáspora. Todo este cine, evidentemente, a nosotros nos llega emblemáticamente representado por la figura de Bruce Lee, del cual ahora hablaremos.
Antes, el año 72, la primera irrupción en el imaginario internacional de Shaolin entre nosotros aparece en una serie de televisión que protagonizó David Carradine, impersonando a un chino sin ser chino, que era un monje Shaolin que viajaba por Estados Unidos con su bolso en bandolera, buscando a su hermano y enfrentándose con todo tipo de aventuras y de atracos y de gente que iba encontrando, como si fuera un western también, pero donde había las referencias constantes al templo de Shaolin, a este maestro ciego que le ponía preguntas, digamos, paradójicas y que le animaba a quitar una piedra que nunca le consigue quitar el pequeño saltamontes, etcétera. Entonces, en esta primera aparición en el imaginario internacional vemos Shaolin como un paisaje de fondo, no como un protagonista de la ficción, pero con un monje Shaolin como protagonista y con una manera también de recubrir de este aire, digamos, místico y misterioso y sapiencial unas aventuras que pasan por Estados Unidos como comerciales, como si fuese un western.
El mismo año 72 en que se inició esta serie, Bruce Lee filmó o publicó las dos películas que le hicieron más famoso, unos meses antes de morir prematuramente. Bruce Lee murió el año 1973, pero las películas, aquella en la que luchaba en las ruinas de Roma ayudando a unas amigas de un restaurante chino de Roma, o la película que está ambientada en el triángulo del opio y de la heroína entre Tailandia, China y Birmania, estas películas contemporáneas que nos hablan más bien del chino que lucha contra el japonés, del chino que lucha contra el occidental, del karate contra el kung fu, parece de entrada que no tiene nada que ver con lo que estamos hablando, con el Shaolin, pero sí que lo tiene por una cosa, que es que el maestro de Bruce Lee, al cual vemos aquí jovencito practicando con este maestro, Ip Man, es un famoso y legendario maestro de artes marciales del cual se han hecho películas. El mismo Wong Kar-wai ha hecho una película sobre él, por ejemplo. Ip Man era maestro en el arte del wing chun, una de las corrientes de las artes marciales, que la leyenda dice que proviene de Shaolin, que uno de estos cinco monjes que huyeron cuando fue destruido en época M la llevaron hacia el sur, y por tanto su formación es también la de las artes marciales de Shaolin. Aunque luego Bruce Lee se inventó su propio estilo de lucha mezclando cosas, pero su ortodoxia inicial era también de un arte marcial que venía de Shaolin, de la filiación legendaria de Shaolin. Luego ya por allí hay más invento que otra cosa.
Bueno, en los años 70 empiezan a producirse, ya en los años 50, 60 en Hong Kong había muchas películas, decenas de películas relacionadas con Shaolin, pero con la época empieza a aparecer la época de difusión, y luego aparecerán ya los cines de serie B, luego más adelante las cintas de VHS, etcétera. El cine de Hong Kong se globalizará en parte por la moda de Bruce Lee y también por esta capacidad que tiene de difusión por sí mismo. Empiezan a aparecer muchas películas ambientadas en Shaolin. El cine de Hong Kong, como decía antes, era un cine con mucha producción, cada 100 películas en una semana, de cualquier manera, con muy bajo presupuesto. Aquí vemos un tipo de atrezo pues un poco así pillado, pero la película que realmente marca un antes y un después en la difusión global de Shaolin como mito de artes marciales y como mito espiritual la protagoniza Jet Li. Jet Li es uno de los grandes sucesores de Bruce Lee en la genealogía, digamos, de los actores y maestros de las artes marciales en el cine, y su presencia consigue ya un impacto global y consigue mantener esta conexión entre lo espiritual y lo marcial, mostrando también los estilos de lucha.
Y aquí es donde es interesante, porque en cierta manera estas películas sintetizan las dos corrientes, wuxia y de kung fu, porque el espectador al cual le gusta ver cómo luchan, cómo realmente se practican estas artes marciales, lo puede ver porque el actor que lo realiza está imitando, está coreografiando las formas de lucha de estas tradiciones, las posiciones, etcétera, y al mismo tiempo mantiene un cierto halo mítico legendario conectado con Shaolin, con, por tanto, esta parte que viene más propia del wuxia, que es esto legendario y todo esto. Por tanto, vemos en este cine de Jet Li, en estas películas que hace Jet Li, que hace varias como esta, también un antes y un después.
Otra figura que todos conocemos del cine de Hong Kong, del cine de acción, que empieza a hacer un cine de acción muy ligado al kung fu, al wushu, y luego irá derivando más a hacer un cine de acción humorístico, es la figura de Jackie Chan, el joven Jackie Chan. Aquí el estilo de la serpiente, la grulla de Shaolin. Por tanto, exhibiendo estas formas, igual que tiene otra película que es sobre el estilo del borracho, no sé qué. Él exhibía en las películas estilos de lucha que atraían al público por ver cómo eran estos estilos de lucha en un contexto narrativo. Aquí esta del... Pero también hizo otras películas, esta sobre el hombre de madera, etcétera. Por tanto, diferentes películas en que Jackie Chan también interviene en la forja del mito de Shaolin en el cinematográfico. Otras artes marciales asociadas a animales, la mantis, otras películas. Aquí vemos aquellas, digamos, pagodas presentes en la película, el atrezo, la reproducción simbólica de la película.
Y al 2001, cuando llevamos varias décadas de películas de kung fu, de Shaolin, con Jackie Chan, con Jet Li, con otros muchos que se han hecho famosos, el director y actor más famoso de una de las corrientes importantes del cine de Hong Kong, que es un cine humorístico de un humor de sal gorda, un humor, digamos, chocarrero muchas veces, pero muy efectivo, Stephen Chow, hace una película que se llama Football Shaolin, que une dos mundos, dos competiciones. Este arte marcial que se convirtió en algo deportivo, algo de competición también, lo une, y en un momento también en que en China, como ha pasado durante varias décadas y en aquel momento empezaba, estaban con la ambición de convertirse en un país que tuviese algún tipo de importancia en el campo de fútbol, cosa que no han conseguido, pero pusieron mucho esfuerzo, crearon miles de campos de fútbol, invitaron a entrenadores internacionales, hicieron escuelas de fútbol, etcétera. En este contexto crea esta película, este Shaolin Zuqiu, este fútbol de Shaolin o Shaolin Soccer, y lo trata en tema humorístico, donde pone a jugar a fútbol a esos monjes que son, digamos, tan poco efectivos que empiezan a hacer cosas raras y a hacer la vertical. Por tanto, es una parodia, un cachondeo, digamos, a partir de las películas de Shaolin y el tema del fútbol en China, de lo mal que juegan y todas estas cosas. Aquí vemos, por tanto, otro giro ya que nos habla de cómo una tradición es parodiada posteriormente.
En 2011, ya no tan lejos, otra película donde aparece no solo Jackie Chan, sino también Andy Lau y otros actores famosos, vuelve a Shaolin. Ya vemos un Jackie Chan mayor, un Jackie Chan que vuelve al... Estamos en otro momento, ya no es este jovencito que exhibía sus artes marciales, sino que ya vemos otra figura.
Para ir acabando con este paseo por algunos de los hitos en, digamos, la cultura popular de masas y en el cine, hay una figura, uno de los cinco maestros que dicen que se escapó de la destrucción del templo de Shaolin y que fue a diseminar el conocimiento de las artes marciales, es PE. En otras versiones se dice que es un maestro
taoísta en realidad, que es el que lo destruyó. Es decir, aquí hay versiones distintas, pero la figura de Pai Mei es una figura muy emblemática, muy icónica, que aparece en las novelas y en las películas de Hong Kong muchas veces. Esta figura blanca con esta larga barba, cejas y bigote y el pelo cogido en moño a la manera de los maestros taoístas, y que tiene presencia en la película Kill Bill de Tarantino como el monje que enseña, que inicia en las artes marciales a la protagonista.
Aquí, por ejemplo, le está enseñando a proyectar toda su fuerza y toda su energía en la punta de los dedos, cosa que si alguien ha visto la película sabrá que gracias a ello sobrevivirá, porque cuando la entierran dentro de una tumba, dentro de un sarcófago, a base de dar golpes así consigue romperlo. Y esto es una práctica que sí que es propia de Shaolin, ahora lo veremos. Por tanto, aparece en la película esta recreación de un icono que, aunque más bien está ligado a la tradición taoísta, hay quien dice que en realidad era un maestro taoísta que corría por allí y que estaba en Shaolin y que salió, o hay quien decía que en realidad era el que había destruido Shaolin.
Esta imagen, este árbol, no es de la película de Kill Bill, sino que es un árbol del templo de Shaolin. Y estos agujeros que tiene son las punzadas que le dan los dedos en la práctica de atacar la madera con los dedos. Por tanto, es una de las prácticas de ese tipo, de convertir una parte muy pequeña del cuerpo en una especie de arma letal, si se quiere, un arma muy potente, capaz de, a la hora de dar a la madera, y al hacerlo es muy doloroso, evidentemente, pero soportar el dolor y darle y dale y dale. Y eso es un ejemplo de ese tipo de práctica y también de su efecto, de su presencia en la cultura popular de masas.
Fuera del cine también encontramos Shaolin en los juegos online, en los videojuegos, en Mortal Kombat, etcétera. Si fuéramos a rascar, encontraríamos Shaolin un poco por todos lados.
Antes he hecho un repaso histórico, he dicho: después del 78, ¿qué pasa? Cuando muere Mao en 1976, China entra en el socialismo de mercado, en la época de Deng Xiaoping, este reformismo que hace que China se abra al mundo, reciba inversiones extranjeras, etcétera, etcétera. Y Shaolin poco a poco, como todos los templos, se abre, hay mayor permisividad. En la época de Mao, el templo fue totalmente saqueado, destruido durante la Revolución Cultural. Antes quizá me lo he saltado esto: más o menos se le preservó; entre el 66 y el 78 estuvo totalmente cerrado y no se destruyó porque quedaba muy lejos y quedó fuera del furor iconoclasta de los guardias rojos, que sí que destruyeron muchos templos y muchos monasterios y muchas casas antiguas y muchas reliquias, digamos, históricas, porque era lo que entre el año 66 y 67 hicieron. Zhou Enlai, el primer ministro, consiguió frenar algunos de esos ataques, y entre una cosa y otra Shaolin se preservó, pero sí que estuvo cerrado, abandonado y sin monjes ni nada.
Se abre de nuevo en los años 80 y poco a poco, especialmente a partir de los años 90, se convierte en un lugar de atracción turística, sobre todo turismo interno chino inicialmente, pero se convierte en una gran academia de artes marciales; no el templo, sino alrededor se construyen unas dependencias capaces de recibir miles de estudiantes que aprenden a formarse, digamos, en las disciplinas estrictamente deportivas de las artes marciales. Y al mismo tiempo lo convierte en una plataforma cultural global, creando una especie de troupes de monjes o de presuntos monjes o de iniciados en las artes marciales que circulan por el mundo exhibiendo las habilidades, las excentricidades, las rarezas de sus posiciones, de sus patadas, etcétera. Esto provoca una cierta tensión entre tradición y comercialización, algunas críticas, pero también hace que el templo y que Shaolin se popularice.
Aquí vemos los estudiantes que van a aprender a hacer estas formaciones de centenares de estudiantes que van a practicar aquí wushu, arte marcial. Por tanto, algo que ya está desprovisto de la parte de monjes y todo esto. Van con chándal, es algo deportivo. Es la parte estrictamente marcial, pero asociada al templo de Shaolin.
Conscientes de la capacidad de los monjes de ponerse en posiciones extrañas, de aguantarse con dos dedos, de ponerse sobre unas lanzas y no sufrir, se crean estos espectáculos que circulan por el mundo y que son una parte del negocio asociado a Shaolin. El negocio de Shaolin siempre tenía que dar una tercera parte a la municipalidad, porque está dentro de la economía, digamos, socialista, forma parte de esto. Y se convierte en un gran negocio: estas grandes escuelas que atraen también público internacional, estas escuelas de formación de arte marcial, estos espectáculos globales que van circulando y también la creación de franquicias.
Es decir, Shaolin permite, legaliza una serie de templos franquiciados donde él envía algún monje o algún elevado, o legaliza a alguien que abre un centro en Buenos Aires, en París, en donde sea, y crea un lugar donde es posible entrenarse, donde es posible practicar el culto también, etcétera. Es decir, crea sucursales, franquicias con la filosofía de una franquicia comercial del templo de Shaolin. Por tanto, el espectáculo, la franquicia y la Academia de Artes Marciales dan una nueva vida.
En este giro que da el templo tiene una gran importancia, un gran protagonismo, sobre todo a partir del año 2000, el abad Shi Yongxin, que lo fue entre el 99 y el 2025. Y no porque haya muerto, sino porque, después de numerosas acusaciones, de numerosas denuncias de irregularidades no solo económicas, sino también de abusos sexuales, de tener varios hijos por ahí diseminados, de tener unas cuantas amantes y prostitutas y no sé qué, finalmente en 2025 fue detenido y está en la cárcel actualmente. El artífice de esta eclosión global de Shaolin como negocio, como espectáculo, como franquicia, está actualmente en la cárcel. Forma parte también de esta intolerancia que tiene la China de Xi Jinping con la corrupción, pero han tardado bastantes años, a pesar de que habían salido muchas denuncias, en finalmente apartarlo.
De hecho, era diputado del Parlamento chino, porque toda la estructura budista en China y las religiones están integradas en el Frente Amplio y, por tanto, están incorporadas a la estructura, digamos, social y política. Y él era diputado de este parlamento que se reúne cada mes de marzo durante dos semanas para aprobar todas las leyes que le lleguen. Y, por tanto, una figura tan importante y tan simbólica que costaba un poco hacerla caer, pero finalmente cayó. Bueno, esto es, por tanto, cuando algo entra en el campo de la globalización, de la comercialización, pues puede pasar que estas cosas suceden, no solo en China.
De hecho, también aquí tenemos un caso tristemente famoso asociado a Shaolin, pero que no representa lo que es Shaolin, pero cabe mencionarlo, que es el caso del llamado falso monje shaolín, que en 2013 fue acusado y judicializado y condenado, y está en la cárcel por haber asesinado a dos mujeres usando sus capacidades de seducción, digamos, de guía espiritual y marcial, en Bilbao. Tenía su dojo, su centro, y allí pues cometió estos crímenes y estaba en la cárcel.
Bueno, con esto acabaríamos este giro, ¿no? Para no acabar con una conclusión de, bueno, todos estos Shaolin al final son corruptos y chalaos, sino que hay una evolución histórica, una continuidad transformativa. Hemos empezado hablando de un templo, hemos seguido hablando de cómo se convierte en núcleo fundacional y simbólico de una corriente muy importante del budismo, el budismo zen, cómo también surgen estas artes marciales, se codifican y se globalizan dentro de todo el repertorio de distintas artes marciales que hay en China asociadas a Shaolin, y cómo finalmente surgen una serie de ficciones, leyendas, mitos, películas y novelas que toman personajes, guerreros, monjes, escenarios asociados al ámbito de Shaolin.
Nos quedamos con esta simpática imagen de estos monjes hoja abajo. Muchas gracias. Ya quedamos aquí.
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