Olga Viza: «No existe la objetividad; existen la decencia y la honestidad»
Fundación Juan MarchEl ciclo «Líderes de opinión» de la Fundación Juan March en Palma reunió al periodista Andreu Manresa con Olga Viza. Manresa la presentó como pionera en un reporterismo y una narración deportiva que entonces eran casi exclusivamente masculinos, y como figura de referencia en Televisión Española y Antena 3. Recordó sobre todo los 11 millones de espectadores que siguieron su narración de la ceremonia inaugural de Barcelona 92 desde Montjuïc. Durante más de una hora, Viza repasó cómo entró en la profesión, qué aprendió de las audiencias, por qué sostiene que la objetividad no existe y cómo tomó algunas de las decisiones editoriales más difíciles de su carrera. Varias de ellas, admitió, todavía le generan dudas.
Un comienzo casi desperdiciado
Manresa le preguntó qué se siente al estar en la cúspide y si había sentido vértigo. Viza respondió que no, porque viene de un mundo distinto, el de hace 47 años, que era «mucho más natural, mucho más solitario». Se describió como parte de la generación de la cultura del esfuerzo. Empezó el 1 de enero de 1978, con 20 años, y su única obsesión era aprender y hacerlo bien, sin mirar a su alrededor.
Llegó a Televisión Española casi por accidente. Estaba en la facultad cuando un compañero de pupitre le contó que TVE en Barcelona buscaba gente para un programa de deportes. Ella quería ser reportera como Carmen Sarmiento o Manu Leguineche, sus referentes: había estudiado periodismo «para salir, ver y contar». Por eso no acudió a la cita con el director, algo que hoy califica de «imperdonable». Al día siguiente su compañero le reprochó que había sido de mala educación. Le dio la razón, cogió dos autobuses, subió la cuesta de Montjuïc y entró en el palacete de Miramar. Desde allí se veía el mar, y pensó que en aquel sitio se tenía que ser feliz. Se quedó.
La redacción tenía tres mujeres en Barcelona y dos en Madrid. El director, de 25 años, acababa de llegar de Estados Unidos y dirigía a figuras veteranas como Juan José Castillo, José Félix Pons o Miguel Ángel Valdivieso, junto a jóvenes recién salidos de la facultad. Viza cuenta aquella rectificación, ser educada y presentarse al director al día siguiente, entre las mejores decisiones de su vida, y subraya que entonces «existían las oportunidades». En la televisión del país estaba todo por hacer y lo único que tenían eran ganas. El vértigo llegó después: el día en que se sentó en el estadio olímpico y tuvo que decir «Buenas tardes, bienvenidos a los Juegos Olímpicos de Barcelona», pensó que ahí no podía equivocarse. A su juicio, el vértigo existe, pero también se entrena.
Los audímetros, un secreto bien guardado
La conversación pasó a las audiencias, las «estadísticas de cada día». Viza explicó cómo funciona el audímetro: un aparato instalado en hogares cuya composición está registrada, por ejemplo una familia de cinco miembros con edades distintas. Cada persona se identifica con una tecla antes de ver la televisión, de modo que se conocen la edad, las preferencias y los horarios. Ella calculó que había entre 2.500 y 3.000, y Manresa añadió que ahora son más. Viza dijo no haber conocido nunca a nadie que tuviera uno. Los hogares rotaban y se les compensaba con un lote en unos grandes almacenes.
Cuando tuvo responsabilidades de dirección, alguien le comentó que le iban a instalar un audímetro. Ella le pidió que no se lo contara: si se sabía que estaba al tanto, podrían acusarla de haber intervenido. Para Viza es el mejor sistema que existe, aunque no es perfecto. Ahora se intenta medir también lo que ocurre en internet, el teléfono y el ordenador, pero según ella todavía no se ha encontrado una fórmula exacta. Lo que sí ocurre es que anunciantes, espectadores, partidos políticos y empresas de medios han convenido en que rijan los datos de la multinacional Kantar. Cada mañana esos datos deciden «quién es el bueno y quién es el malo», y de ellos depende cuánta publicidad entra.
Estadio 2 y la televisión del monopolio
Viza aclaró que en TVE jamás miraba las audiencias por la mañana, porque venía de una televisión «multiúnica» sin rival. El programa del que se siente especialmente orgullosa es Estadio 2, que se emitía los sábados. Empezaba a las tres de la tarde y nunca se sabía cuándo terminaba: si había tenis en Australia, seguían durante la madrugada. Recordó una jornada que empezó a mediodía con algo relacionado con Nelson Mandela y terminó a las ocho de la mañana con motos en Japón, comiendo churros para aguantar. En La 2 aquello tenía audiencias que ella llama «insospechadas, inimaginables», aunque nadie las consultaba porque no había competencia.
Manresa recordó que en aquella época TVE podía emitir cualquier competición, fútbol, motos, Fórmula 1 o tenis, sin disputa de derechos. Viza confirmó que eran todos suyos y que por eso en una tarde podían manejar doce eventos exclusivos. Todo cambió con la llegada de las privadas, hacia 1990. A partir de ahí, dijo, mirar las audiencias pasó a ser una obligación.
El salto a Antena 3
Tras los Juegos de 1992 llegó la oferta de Antena 3 para presentar y dirigir un informativo. Viza contó que al principio le molestó la noticia. Estaba en la playa, recién terminados los Juegos, cuando un amigo le enseñó en el ABC que se iba a Antena 3, algo de lo que no sabía nada. Siguieron las informaciones en prensa sin que nadie la llamara, hasta que consultó a distancia el contestador automático de casa y encontró numerosos mensajes de Manuel Campo Vidal y Antonio Asensio. Manresa situó a ambos para el público más joven: Asensio, editor de Interviú y del Grupo Z, había comprado Antena 3 y el Mallorca; Campo Vidal había presentado telediarios en TVE durante años, era vicepresidente de la cadena y luego presidiría la Academia de Televisión.
Viza se resistió y fue a hablar con Ramón Colom, en TVE. Le dieron tres días para decidir y tardó tres semanas. Al final pensó que era «un tren que pasaba una vez». Después de hacer unos Juegos en su propia casa, pocas cosas iban a emocionarla más, y si quería seguir aprendiendo, el salto era la información general. Dirigir y presentar un informativo, reconoció, sí daba mucho vértigo. Tenía miedo y se fue llorando en el coche de Barcelona a Fraga, pero lo considera otra de las mejores decisiones de su vida. Asegura que nunca lo planteó como una batalla contra Matías Prats, su compañero de narraciones y su «pareja de hecho en televisión», ni contra unos telediarios de TVE que eran un coloso.
Portaaviones contra fragata
Manresa le preguntó por qué, en su opinión, Antena 3 acabó superando a TVE. Viza recurrió a una imagen: TVE era «un portaaviones muy sólido, con muchos marineros muy buenos», y ella subió a «una fragata rápida, ágil, con menos marineros, pero con mucha puntería», que no necesitaba mucho papeleo «para disparar a la noticia». Describió una redacción joven, poco numerosa y con unas ganas enormes, que no tenía problema en decir lo que quería decir: «muy rápido, muy grosero a veces, muy valiente». A su lado había también gente de gran madurez periodística, imprescindible porque tomar decisiones en un telediario, insistió, se aprende. Cree que entre todos lograron convertir la política en algo interesante. Un día se produjo «el milagro»: ganaron con un informativo de una hora que incluía nueve minutos de publicidad, y ella había aprendido que cada vez que entra publicidad se van unas 400.000 personas.
En Antena 3 aprendió a leer las audiencias. Contó que un día el director de la cadena, José Manuel Lorenzo, la hizo subir a su despacho, lleno de monitores con un mosaico de todas las cadenas. Allí le mostró cómo se movía el público: ella había abierto con macroeconomía, Telecinco con un suceso, y 300.000 espectadores suyos se habían ido a Telecinco. Viza le agradeció la lección, pero le dijo que la iba a olvidar, porque aquello no podía condicionarles. Si creían que había que abrir con cinco minutos fuertes de política, lo seguirían haciendo.
Admitió que hay temas que castigan claramente la audiencia. En aquella época, hablar de cáncer o de sida podía costar 700.000 espectadores. Lo entiende, porque la salud interpela e incomoda, pero no se puede dejar de dar noticias por eso ni anunciar a diario una vacuna contra el cáncer que no existe. También citó el dogma de que los deportes y el tiempo hacen fluir la audiencia, y confesó una excepción ante la que tuvo que «rendirse»: abrir la sección de deportes con el Real Madrid podía sumar hasta un millón de espectadores.
«Existe la decencia y la honestidad»
Manresa observó que en ella no se adivinaba hacia dónde se inclinaba ideológicamente. Viza lo atribuyó a su escuela en el periodismo deportivo, que considera muy importante por varias razones. Es un material delicado porque juega con la pasión, y exige un plus de información: un partido lo ven muchas personas en el campo y muchísimas más por televisión, así que el cronista debe saber al menos un punto más que todas ellas, tanto en información como en conocimiento técnico. Manresa añadió que hoy las redes atacan a los comentaristas, y no solo a los árbitros, por considerarlos sectarios.
La lección principal, dijo Viza, es que no existen ni la imparcialidad ni la objetividad; existen la decencia y la honestidad. Puso un ejemplo: ella es del Barça, pero si tiene que hacer la crónica de un partido en que el Mallorca le ha ganado 4-0, debe ser sensata y decir que el equipo azulgrana lo ha hecho mal. Hay que tomar distancia en el momento de hacer la crónica. Se definió como una persona progresista, pero dijo que no le «duelen prendas» en decir una cosa o la otra, y cree que ese fue el tono de sus informativos.
El informativo como lienzo
Frente a la fugacidad de las noticias, Viza defendió el sosiego. Recordó una reflexión de José María Carrascal, excorresponsal del ABC en Estados Unidos y presentador del informativo de madrugada de Antena 3, a quien describió como un ser singular y con muy buenas reflexiones. Carrascal le dijo que un informativo es como un lienzo en blanco que hay que pintar cada día, y que la importancia que das a cada cosa ya es opinión.
De ahí saca Viza que no se puede dedicar menos tiempo a una noticia que afecta a la vida o a la economía de todos que a una cuestión menor. Las noticias importantes hay que explicarlas bien y responder a las preguntas que el espectador se hace mientras recibe la información, por ejemplo «¿esto qué significará para mi hipoteca?». Ella, como espectadora, lectora y oyente, se hace preguntas cuando recibe una información, y si se las contestan, es fiel a ese medio.
Desinformación y clickbait
Manresa sacó el tema de las noticias falsas y de las imágenes generadas artificialmente sobre incendios o inundaciones, algunas de las cuales han llegado a emitirse o publicarse. Viza cree que «estamos empezando a medicarnos» ante eso. Repite a menudo una frase que atribuye a Iñaki Gabilondo: en caso de inundación, lo primero que escasea es el agua potable. Con tanta información, su consejo es acudir a los medios que a cada uno le resulten fiables.
Sostuvo además que los medios convencionales deben dar la batalla en los mismos lugares donde estallan «las bombas de falsedad». Tienen que estar en las redes y usar lenguajes atractivos para que quien solo se fía de ellas acabe haciendo clic en informaciones contrastadas. Manresa añadió el problema del clickbait, en el que, según él, caen incluso los medios teóricamente más serios para generar tráfico que luego se traduce en publicidad.
Equivocarse sí, mentir no
Manresa le recordó una frase suya: en periodismo uno puede equivocarse, pero nunca mentir adrede. Viza dijo que no le cabe en la cabeza que un periodista mienta a propósito. Reconoció que hay informaciones interesadas en todos los lados, «allá cada cual con su conciencia», pero cree que el público tiene criterio para distinguir. Manresa apuntó que los ciudadanos son mucho más inteligentes de lo que suponen los emisores. Sobre los errores, Viza fue clara: todos se han equivocado alguna vez, rectificar es una obligación, se piden disculpas y la gente lo agradece.
Manresa defendió dudar unos segundos antes de lanzar un dato o un titular, algo más difícil ahora que todo se emite al instante y no hay horas de margen entre la impresión nocturna y la llegada del periódico a los quioscos. Viza dijo que practica la duda siempre. Aunque esté muy convencida de algo, si su equipo le lleva la contraria, pide que la convenzan. Esas discusiones fueron para ella lo mejor del trabajo y, cuando dejó los informativos tras 11 años, las echó de menos. Ganó algunas y no todas.
Una imagen de un atentado: «Si fuera tu padre»
Para ilustrar esas discusiones, Viza contó un episodio de los «años de plomo». La sección de Nacional, que cubría el terrorismo, era tan buena que siempre se enteraba la primera de todo (bromeó con que debían de tener «pinchada» a la policía). Un día, a las tres menos veinticinco, con el informativo a punto de empezar, le llevaron un vídeo de un atentado en Madrid como apertura: una imagen extraordinariamente dura en la que aparecía un bombero. Viza dijo que no. Sus compañeros se enfadaron mucho, porque se habían jugado la vida y nadie más tenía esas imágenes. Algunos en la edición también la consideraban impresionante y le pidieron un argumento. Ella respondió, sin pensarlo: «Si fuera tu padre». Recogieron la cinta y se fueron, y después del informativo tuvieron tiempo de hablarlo.
Viza admite que todavía hoy duda de aquella decisión. En el momento pensó que, si la víctima fuera su padre, no le gustaría ver esa imagen de violencia. Luego se pregunta si el terrorismo no hay que mostrarlo con toda su crudeza. Dijo que siempre pensaron que sería ideal que todos los editores del país actuaran a una. Mencionó el caso de Italia en la época de las Brigadas Rojas, donde, según contó, se llegó a un pacto para no divulgar, porque el terrorista busca el efecto social.
Relacionó este debate con el del suicidio. Cuando llegó a Antena 3, tras un caso que recuerda como el de una chica llamada Olga Sangrador, le dijeron que de esas cosas se hablaba lo mínimo. Ahora, observó, la tesis es la contraria, y pidió a los especialistas presentes en la sala que la iluminaran. Manresa recordó que el libro de estilo de El País establecía que el suicidio no es noticia salvo en circunstancias especialísimas de impacto público o por la personalidad del sujeto.
Karpov, Kasparov y el arte de preparar al espectador
Manresa sacó a relucir un dato que Viza le había contado antes: no solo la inauguración de los Juegos reunió 11 millones de espectadores, también una partida de ajedrez entre Karpov y Kasparov. Viza dijo que no sabe explicarlo del todo. En parte se debe a que solo había una televisión, pero quiere pensar que también a que habían preparado muy bien al espectador.
Esa preparación era un método de Estadio 2. Puso como ejemplo la regata Oxford-Cambridge, que se emitía cada año de la misma manera. Tras treinta años así, decidieron pasar una semana en el club de remo de cada universidad para conocer a los tripulantes, de dónde venían, qué pensaban y cuáles eran sus tradiciones. Con eso elaboraban un reportaje cuidado de 20 minutos que se emitía antes de la regata. Así el espectador ya tenía códigos, conocimiento e incluso favoritos, y veía la retransmisión con otros ojos.
Con el Mundial de ajedrez de Sevilla hicieron lo mismo. A Viza le tocó viajar a la Unión Soviética para seguir la final del torneo de candidatos, que decidía quién se enfrentaría a Karpov, «el jugador del régimen». Esa final enfrentaba a Smyslov, un hombre mayor al que describió como gran matemático, con un joven de unos 20 años, Gary Kasparov, de quien se decía que era «la revolución». Viajó desde Moscú a Lituania, conoció allí a Kasparov, que ganó, y le hizo un gran reportaje. Después hizo otro a Karpov. Recuerda que hablaban hasta de sus tesis universitarias: la de Karpov, en económicas, sobre la utilización del tiempo libre, y la de Kasparov sobre el cristianismo.
En la última partida en Sevilla, con Leontxo García como especialista desde allí y Viza en plató con un gran maestro («me hice un máster de ajedrez»), la realización mostraba a los dos jugadores de perfil mientras Leontxo analizaba las posibilidades durante 25 minutos. Terminó en tablas y la vieron 11 millones de personas. Para Viza, la clave es que el espectador había «entrado» en la historia: tenía datos e información. Dijo que lo mismo ocurrió con el debate entre Rajoy y Zapatero. Manresa aprovechó para evocar desde Palma al ajedrecista mallorquín Arturito Pomar, nacido cerca de la calle San Miguel. Recordó la novela biográfica El peón, de Paco Cerdá, y dos documentales, y comentó que Pomar no llegó más lejos porque tuvo que trabajar de cartero.
El cara a cara Rajoy–Zapatero de 2008
Viza moderó en 2008 el segundo debate entre Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero, producido por la Academia de Televisión con el acuerdo de partidos y cadenas; el primero lo había moderado Manuel Campo Vidal. Confesó que no quería hacerlo y que dijo que no, porque ya había dejado la información política y se dedicaba a otras cosas. Campo Vidal la llamó y le dijo: «Olga, hay consenso». Ella considera que es una palabra demasiado valiosa en este país para despreciarla. Pidió cinco minutos para pensarlo y a los tres un jefe de informativos ya la felicitaba por haber aceptado, aunque ella aún no había dicho nada.
Pidió no aparecer en ningún sitio antes del debate. Recuerda la comida previa con los directores de campaña, de una cordialidad «extraordinaria». Las reglas eran muy estrictas, pero Viza las da por bienvenidas porque sin ellas no habría habido debate. Hubo mucha presión, que se traducía en gente que se le acercaba a decirle una cosa y otra, incluso estando encerrada, y se sintió muy observada. Con los candidatos, en cambio, se lo pasó muy bien. Zapatero le dijo no hace mucho que lo había vuelto a ver y que fue un debate «de guante blanco». Ella le respondió que él estuvo especialmente agresivo, «invasor», sobre el discurso del otro.
Describió la escena: un Palacio de Congresos con 2.000 butacas vacías, un solo guardaespaldas en la primera fila, cámaras ocultas tras los forillos y un regidor apartado. Durante la pausa publicitaria, diez minutos en silencio antes de empezar, Rajoy dijo sin mirar a Zapatero: «Ayer estuve en León». Zapatero preguntó: «¿Y qué tal?». «Lleno. No sé si vas a llenar tú». Según Viza, estuvieron lanzándose pullas «como dos gamberretes» todo el rato. Se dieron por todos lados durante el debate y al terminar volvieron a conversar de forma amable y educada, y ese clima es lo que ella se lleva. Manresa recordó que ella había comentado que le habría gustado tener más cerca a los candidatos para poder moderarlos; Viza explicó que en Estados Unidos se hace desde atriles muy distantes y en Francia muy de cerca.
La radio: una eterna aprendiz
Manresa, que la había escuchado en la radio, entre otros con Aimar Bretos en la SER, le preguntó por esa experiencia. Viza se definió como «una eterna aprendiz» del medio. Siempre había hecho televisión cuando Pedro Piqueras, entonces director de Radio Nacional, le ofreció las mañanas. Lo rechazó porque nunca había hecho radio y no se veía en su horario estelar. Poco después le ofrecieron las tardes y ahí sí se atrevió, con un equipo que había trabajado con Carlos Herrera y que sabía mucho de radio.
La primera vez que habló ante el micrófono le pareció dificilísimo. En televisión, explicó, cuando le decían «enróllate 18 segundos», los clavaba, como todos los profesionales, porque están acostumbrados, y además tenía el apoyo de la imagen y la presencia. La radio, en cambio, es «un mundo infinito» sin imagen que acompañe: descubrió la importancia del lenguaje y una técnica totalmente distinta. También confirmó lo que le habían dicho, que es fascinante porque notas al oyente «ahí mismo». Manresa añadió que la radio ha sobrevivido a todos los diagnósticos de crisis porque puede informar desde cualquier lugar con un teléfono. Hoy también la televisión conecta con móviles que sirven de cámara, lo que ha generado alguna queja sindical por la pérdida de puestos de trabajo.
Una hermana sorda y la forma de hablar
Manresa pidió que quedara registrada la razón de su buena vocalización. Resumió su biografía: nacida en la zona alta de Barcelona, jugaba en el Park Güell y estudió en la escuela Virolai. Su familia tenía una pequeña editorial de artes gráficas llamada Betis, «como el río y como el equipo». Su padre jugaba al baloncesto, tiene un hermano realizador de televisión y una hermana menor que es sorda.
Viza contó que tenía seis años cuando nació su hermana y que fue testigo de su aprendizaje. En Barcelona se enseñaba entonces lengua de signos, pero sus padres, sobre todo su padre, no se resignaron y la llevaron a la pequeña clínica-escuela de un otorrino que enseñaba oralismo a los niños. Recuerda a aquella niña de dos años frente a un monitor que mostraba frecuencias, con la mano en un sensor, repitiendo «A» hasta que la frecuencia salía exacta y memorizaba cómo era cada letra. Después vinieron las sílabas, las palabras, los verbos y sus conjugaciones. También hubo media jornada de integración en el colegio de Viza, que según ella no funcionó muy bien. Los domingos iban al aeropuerto de Barcelona, a una terraza donde tomaban el aperitivo, y jugaban a que su hermana adivinara por la vibración cuándo se acercaba un avión. Hacían ballet juntas, con la hermana siempre detrás de ella.
De ahí viene, explicó, que mueva tanto las manos: siempre se ha expresado así con ella. La paradoja la descubrió más tarde. Un día, mientras presentaba el informativo, su hermana le dijo que no la entendía porque hablaba muy deprisa. Lo probaron y ahora sí la entiende. «Ojalá yo hablara peor y ella oyera», dijo, pero reconoce que su hermana la ha obligado a esforzarse al hablar.
Sobre la accesibilidad, Viza dijo que ella repite lo que pide su hermana: una ventana con lengua de signos, porque aunque es oralista y lee los labios, la comunidad sorda tiene desarrollada esa lengua. Contó que en una entrevista preguntó a un cineasta por qué su película no se estrenaba subtitulada. Le recordó que en España hay un millón de personas sordas, muy asociacionistas y aficionadas al teatro y al cine, y que su hermana, que vive en Madrid, tenía que esperar a que la película llegara a Movistar para verla. Según Viza, él reconoció que tenía razón. Cree que la sordera es una discapacidad que no sabemos tratar: estamos más acostumbrados a las personas ciegas, y a las sordas les hablamos de forma exagerada o les gritamos. Manresa añadió que, cuando él tuvo responsabilidades en una televisión pública, el colectivo era un grupo de presión significativo que, con justicia y amparado por la ley, reclamaba subtítulos o ventana de signos.
Ramón Sampedro: emitir el vídeo de su muerte
Manresa recordó el caso de Ramón Sampedro, tetrapléjico durante 28 años tras lanzarse al mar y golpearse la cabeza, que luchó por una muerte digna. Su historia fue objeto de un documental de Laura Palmés en TV3 y después de la película Mar adentro, de Alejandro Amenábar, con Javier Bardem. Sampedro murió de forma voluntaria antes de que existiera un marco legal, y el informativo de Viza en Antena 3 emitió, tiempo después, el vídeo grabado de su muerte con sus palabras.
Viza dijo que pocas veces ha estado tan nerviosa ante la cámara. Hace poco volvió a verse presentando aquel vídeo cuando se reemitió en otro programa. Explicó que cortaron la imagen justo después de que Sampedro bebiera el cianuro y que en ningún caso se emitió la agonía, muy desagradable, de un vídeo que era muy largo. Preguntada por si volvería a hacerlo, respondió que sí, porque era voluntad de él y él explicaba por qué lo hacía. Lo comparó con el caso actual de una joven llamada Noelia, cuya decisión ha sido avalada: si ella quisiera explicarse en los medios, se preguntó Viza, ¿se lo íbamos a negar?
Preguntas del público: TV3 y el efecto Werther
En el turno abierto, un periodista de TV3 en Palma preguntó en catalán cómo se vivió desde TVE la llegada de TV3 en 1983, que rompió el monopolio antes que las privadas. Viza dijo que llevaba demasiado poco tiempo entonces para hacer una tesis. Recordó a Rosa María Calaf como una de las fundadoras de TV3 y contó que desde TVE en Barcelona también hacían programación en catalán. Notaron enseguida la atención del público hacia TV3, sobre todo en los programas y narraciones deportivas en catalán, que eran una competencia seria con una programación sólida y nueva. Aun así, en la redacción de deportes no lo notaron tanto, porque TVE seguía teniendo todos los derechos, aunque la audiencia, dijo, empezó lógicamente a desplazarse. Manresa apuntó que las autonómicas aportaron un gran capital a los clubes de fútbol.
A petición de Manresa, el psiquiatra Miguel Roca, presente en la sala, resumió el estado del debate sobre el suicidio en los medios. Hablar de él puede inducir a algunas personas a imitar la conducta, el llamado efecto Werther por el personaje de Goethe, o puede tener un efecto protector, el efecto Papageno, por el personaje de La flauta mágica de Mozart. El problema, explicó, es que el público es tan variado que el mismo mensaje será Werther para unos y Papageno para otros. Roca contó que escribió, junto con un periodista experto en el tema, el capítulo sobre comunicación del suicidio del libro blanco de la Sociedad Española de Psiquiatría. Tras revisar lo que dicen las organizaciones internacionales, concluyó que el único acuerdo es hablar de ello como cada uno considere, evitando dos cosas: explicar cómo lo hizo la persona y, sobre todo, aventurar razones o motivos.
Censura, catalanismo y un micrófono en el suelo
Una joven le preguntó si había sufrido censura en sus primeros años. Viza respondió que nunca, ni al principio ni al final, porque en TVE hacía deportes y ahí no había ese peligro. Más tarde sí hubo presiones, poco antes de irse de Antena 3 «o de que me fueran». Contó que, tras el asesinato de Ernest Lluch, quiso abrir el informativo con la apostilla que Gemma Nierga añadió al leer el manifiesto en la manifestación, en la que pedía diálogo como lo que habría querido Lluch. «Tuve problemas, sí», dijo.
Otra asistente preguntó si durante los Juegos hubo alguna consigna relacionada con el catalanismo. «Jamás», respondió Viza. Recordó que en la inauguración del estadio olímpico, un año antes y con un mundial de atletismo como prueba, diluvió y hubo protestas y banderas independentistas, algo que ella no llegó a ver. En los Juegos, tras una negociación política, se cantaron Els Segadors y el himno de España, pero a los narradores no se les dio ninguna instrucción.
Manresa le pidió entonces que contara un episodio de contención profesional: los Juegos de Invierno de Calgary y Blanca Fernández Ochoa. La esquiadora era la gran favorita al oro en eslalon gigante y cargaba con la presión de que su hermano ya había ganado un oro. La misión de Viza era no separarse de ella desde que aterrizara hasta que consiguiera la medalla, y pasó diez días subiendo y bajando montañas a su lado (se aficionó al esquí «por culpa de ella»). Blanca ganó la primera manga. Viza asegura que en el Congreso de los Diputados se paralizó la actividad para ver su segunda bajada. Viza estaba en la meta con el equipo para entrevistar a la flamante campeona, pero Blanca se cayó en la penúltima puerta. Se acercó a los periodistas con un discurso ya preparado y una sonrisa, pero al llegar a Viza se echó a llorar en su hombro «como un bebé». Viza la abrazó y tiró el micrófono al suelo.
Reconoce que quizá no era lo que tenía que haber hecho y que otro periodista habría conseguido un mejor documento. Pero pensó que aquel momento no merecía «sangre», y lo desvinculó tanto de un síndrome de Estocolmo como del cariño y el respeto que le tenía. «Hay cosas que no son necesarias», concluyó.
Qué es la madurez periodística
La última pregunta, del director del centro, volvió a su llegada a Antena 3: ¿qué entiende por «madurez periodística»? Viza citó como ejemplo a Jesús María Santos, subdirector de informativos curtido en la SER, y a Manuel Campo Vidal. Son personas que han tenido que tomar muchas decisiones difíciles y rápidas, que «han pedaleado mucho» de jóvenes y luego han tenido tiempo para reflexionar sobre la profesión y los hechos. Tienen elementos de comparación, conocen los riesgos y saben decirte: «Si vas por ahí puede pasar esto». Para ella, la experiencia es sabiduría y a veces prudencia, aunque en ocasiones también empuja a atreverse. Lo valioso fue combinar esa madurez con gente joven que tenía todo por inventar, que corría detrás del coche de la policía y que le ponía el micrófono al rey «por el morro». La madurez, resumió, es saber acompañarlos y dirigirlos.
Manresa cerró con una imagen del esquí: el relato de Viza no había sido el de una esquiadora de eslalon que esquiva obstáculos, sino el de alguien que los ha ido sorteando sin eludir ningún reto.
Buenas tardes. Empezaremos. Ay, es en castellano. Sí, es en castellano porque es online para todo el mundo y se archiva en un canal que es el canal.march.es, que es una gran biblioteca de voces y testimonios. Evidentemente somos de territorios cercanos, vecinos y hablamos la misma lengua.
Eso es. Líder de opinión aquí Olga Viza, nuestra líder correspondiente acreditada por los hechos, las audiencias, el público, la trayectoria y la realidad contemporánea. Este ciclo, que es un encuentro periódico que intenta reunir diversidad de voces, testimonios, ámbitos diferentes, busca ser fiel a la cabecera y al título, líderes, pero no discriminatorios, gente que tenga voz documentada y personalidad respetada.
La trayectoria del éxito, que es una cuestión siempre subjetiva, pero los datos lo objetivan, y para dar distintas versiones contemporáneas del mundo de la comunicación. Este es el objetivo. Y por sus hechos, por sus logros en propiedad, a Olga Viza le corresponde el título y porque ha estado en la cúspide y está, porque eso no se borra. Dinos qué se ve desde la cúspide.
¿Qué cosas dices, Andreu? De verdad, porque es amigo mío, ¿eh?, y se lo permite. ¿Qué cosa dices?
Bueno, lo tengo escrito, ¿eh? No, digo la cúspide porque claro, Olga Viza es pionera en un mundo que fue extremadamente masculino en reporterismo y narrativa deportiva, pero fue ancla en el sentido de respetada, de exitosa en Televisión Española, en Antena 3, pero sobre todo la cúspide es tener 11 millones de espectadores en la transmisión de Barcelona 92, en la ceremonia de estreno de los Juegos Olímpicos desde Montjuïc, y después nos dirás otro detalle secreto sobre las audiencias millonarias. Bueno, buenas noches.
Buenas, buenas tardes. Buenas tardes. Bueno, lo primero, gracias por venir, de verdad. ¿Qué quieres que te cuente, Andreu?
No, ¿cuál es la sensación del vértigo?
Ninguna, ninguna, porque vengo de un mundo, es decir, de hace 47 años, hoy los he contado, que era distinto. Entonces, todo era mucho más natural, mucho más solitario. Existía todavía la oportunidad y pertenezco a la generación de la cultura del esfuerzo. De modo que cuando yo empecé en el año 78, 1 de enero, con 20 años, mi única obsesión era aprender, hacerlo bien y no miraba a mi alrededor.
Estaba en la facultad cuando mi compañero de pupitre me dijo —es que eso ocurría antes—: "Hay un lugar en Televisión Española, Barcelona, 20, están buscando gente en la facultad". Y yo le dije: "Pero ¿para hacer qué?". "Es un programa de deportes". Yo, que quería ser Carmen Sarmiento o Manu Leguineche…
Y eran periodistas reporteros y de… Claro, eran nuestros referentes.
Yo, ¿por qué hice periodismo? Porque quería salir, ver y contar. Pero claro, me estaba diciendo que me fuera a hacer un programa de deportes. Yo no me presenté a esa cita. O sea, es imperdonable, es delito que te digan: "Ven, que te espera el director esta tarde, tienes la oportunidad de empezar en Televisión Española". Y yo no fui porque, claro, con 20 años tú estás en otro… Y al día siguiente me dijo: "Es de mala educación". Le dije: "Tienes razón".
Cogí los dos autobuses, hice la cuesta hasta Montjuïc, entré en aquel palacete, que era un palacete, y me quedé porque se veía el mar, era un sitio precioso, y dije: pues aquí se tiene que ser feliz.
Era Miramar, ¿no?
Miramar. Y ahí empezamos, y éramos tres mujeres, tres mujeres en Barcelona, dos en Madrid. ¿Y qué éramos? Pues el director tenía 25 años, le acababan de nombrar, venía de Estados Unidos y era una persona que, bueno, pues manejaba los grandes tótems del periodismo. Juan José Castillo, quienes tengan edad sabrán quién es Juanjo Castillo; José Félix Pons, Miguel Ángel Valdivieso; bueno, Pedro era más coetáneo. Y nosotros, que éramos gente joven, que salíamos, que estábamos en la facultad.
Y esa ha sido la mejor decisión de mi vida: rectificar al día siguiente, ser educada, presentarme al director y aprovechar esa oportunidad, porque existían las oportunidades. Tú me decías vértigo: no. Estaba todo por hacer en la televisión de este país y lo único que teníamos eran ganas. Y cuando tú llegas, vértigo, claro, te lo vas encontrando a lo largo del camino, porque llega un día que te sientas en el estadio olímpico, tienes que decir "Buenas tardes, bienvenidos a los Juegos Olímpicos de Barcelona" y dices: "Aquí no me puedo equivocar". Hay cosas donde no te puedes equivocar. Claro que existe el vértigo, pero también se entrena.
Pero claro, en el periodismo deportivo o en el deporte hay marcas, vencedores, medallas, hay un reto. Siempre vence alguien, hasta en la gimnasia, que les dan una titulación. Y en las estadísticas de cada día, que son las audiencias de los audímetros situados en todo el mundo, no se sabe nunca dónde. Bueno, son secretos, no se pueden… ¿Quién los tiene?
No he conocido nunca a nadie que lo tenga. No.
Creo que son 2.500 o 3.000. Ahora han aumentado.
Sí. Yo nunca he conocido a nadie. El audímetro es un cacharro que tienes en casa. Y entonces está apuntado: está en la familia tal, cinco miembros, uno de 12 años, otro de 20, dos de 40 y el de 70. Entonces, cada vez que tú vas a pulsar, dices quién eres con una tecla. Entonces saben edad, preferencia, horarios.
Sí. Era secreto, pero para que te instalaran un audímetro, y después había una rotación, había una compensación que era un lote en unos grandes almacenes. ¿Que has tenido uno jamás?
No, no, no. En la época que tuve mis responsabilidades televisivas o audiovisuales, pregunté bastante y una persona me dijo: "Me van a instalar un audímetro". Digo: "No lo digas, porque si me lo cuentan y saben que yo lo sé, podrán decir que yo he intervenido". Es lo mejor que existe, pero no es perfecto.
Sí, es verdad que ahora para medir las audiencias, internet, lo que se mueve en el teléfono, lo que se mueve en el ordenador también. Sí, pero no se ha encontrado todavía la fórmula exacta para ajustar quién va. Lo que sí es cierto es que las empresas de publicidad, los espectadores, los partidos políticos y las empresas de los medios de comunicación han convenido que las audiencias de una empresa que se llama Kantar, una multinacional, son las que rigen, y que cada mañana se pelean para saber quién es el bueno y quién es el malo.
Claro, hombre, es que en función de eso entra más o menos publicidad.
Usted, Olga Viza…
Usted me ha llamado usted.
Sí, es que me he dado cuenta que es de norma, de educación periodística. En mi escuela, en la escuela del país, no se debe tutear a la gente así, sobre todo no para mantener la distancia, sino el respeto.
Lo que usted quiera, ¿vale?
¿Miraba las audiencias por las mañanas?
En la vida, jamás. Pero sí cuando he dirigido un informativo. Pero claro, perdón, yo vengo de una televisión que era la multiúnica. Televisión Española no tenía rival. Entonces, yo estoy especialmente orgullosa de muchas cosas que hemos hecho en televisión, pero había un programa del que me siento especialmente orgullosa, que se llamaba Estadio 2, que salía los sábados, empezaba a las 3 de la tarde y nunca sabías cuándo acababa, porque si había tenis en Australia, seguíamos durante la madrugada.
Yo he empezado un día con una cosa de Nelson Mandela a las 12, con el partido Limbus, y he acabado a las 8 de la mañana con unas motos en Japón comiendo churros, y aguantas. Bueno, pues eso en La 2 tenía unas audiencias insospechadas, inimaginables. No la preguntábamos, no había competencia. Cuando llegaron las privadas, sí. Entonces es tu obligación.
Claro, porque en aquella época ustedes en Televisión Española podían retransmitir cualquier modalidad deportiva, competición, fútbol, motos, Fórmula 1, tenis, sin que existiera, digamos, la reivindicación de los derechos.
No, eran todos nuestros. Por eso nosotros en un programa, en una tarde noche, podíamos manejar 12 cosas que eran solo nuestras, pero porque no había más.
Claro. En el año 90, creo, se imponen, bueno, se exponen, se instalan, se abre la puerta a la pluralidad del mando de la televisión y aparecen las televisiones privadas comerciales, de las que sobreviven con sus ramales Antena 3 y Telecinco, que tienen seis canales indirectos cada uno. Usted, en el año 92, después del gran éxito de las Olimpiadas —cuéntenos algún secreto que no haya explicado de cómo fue la narración del estreno de los Juegos Olímpicos en Montjuïc—, recibió una llamada y le dijeron: "Ven a trabajar con nosotros a Antena 3 y presentarás un informativo".
Eso sí que es verdad. Digo, no, eso primero, si me lo permite.
Diga.
Me cabreó, porque había cerrado los Juegos Olímpicos, estaba en mi playa y viene un amigo mío del puente aéreo con el ABC y me enseñó una noticia que dice que yo me voy a Antena 3. Yo juro que no tenía ni idea. No hice caso, empezó a salir publicado, decía: "Pero nadie me ha llamado a mí". Y entonces, ¿os acordáis que existía el contestador automático de casa? Tú llamabas y lo oías desde otro teléfono. Tenía no sé cuántas llamadas de Manuel Campo Vidal y de Antonio Asensio y dije: pues va a ser verdad que quieren ofrecérmelo. Y me lo ofrecieron. Yo me resistí, me fui a hablar con Ramón Colom, Televisión Española. Yo no, claro, cómo dejar Barcelona, dejar… pues no.
Vamos a situar el paisaje para los que lo miren y para la gente que es más joven y que desconoce la circunstancia. Antonio Asensio era propietario inicial de Interviú, después del periódico, después del Grupo Z, accionista de control, y había comprado Antena 3 y el Mallorca de fútbol.
Sí. Bueno, eso yo lo viví. Sí.
Y Manuel Campo Vidal era, es, un compañero de usted y mío, periodista destacado.
Bueno, muy destacado, presidente. Él hizo telediarios en Televisión Española muchos años y era el vicepresidente de la cadena.
Efectivamente, y luego presidente de la Academia de Televisión. Y entonces, claro, eso es decir, una periodista, digamos, nativa deportiva, multifuncional, porque básicamente usted era una reportera, una narradora, pasa a presentar y dirigir, editar un telediario para derribar en la audiencia —permíteme la licencia así deportiva— al competidor, que era Televisión Española.
Eso era muy complicado. Eso era muy complicado. Yo la verdad jamás lo pensé. Cuando me dieron tres días para decidir, tardé tres semanas, y cuando vi que era un tren que pasaba una vez… Además creí que después de hacer unos juegos en mi casa, después de esos Juegos Olímpicos, hacerlos en tu casa, pocas cosas van a emocionarte más, y que si querías seguir aprendiendo, pues el salto, la información general. Pero eso sí que da vértigo. Eso da mucho vértigo, ¿eh? Y editar, o sea, dirigirlo y presentarlo.
Bueno, total, que al final, después de tres semanas, vi que tenía que atreverme. Tenía que atreverme, tenía mucho miedo. Me fui llorando hasta Fraga en el coche desde Barcelona, y es otra de las mejores decisiones de mi vida. Pero nunca me planteé que eso fuera plantar batalla, además, a mi compañero Matías Prats.
Claro, que había sido su compañero narrador de los…
Es mi pareja de hecho en televisión. Entonces, nunca, nunca en la vida. O sea, aquello era un coloso, el telediario de las 3 de la tarde de Televisión Española, como el de las 9. Nosotros, pues bueno…
Sí, ¿cuál fue, digamos, la hormiga, la cuña, el detalle por el que cree que sucedió ese sorpasso? En su opinión.
En mi opinión, fue… Televisión Española era un portaaviones muy sólido, con muchos marineros muy buenos. Yo venía de ahí, era mi casa, y de repente subes a una fragata rápida, ágil, con menos marineros, pero con mucha puntería y que además no tienen que hacer mucho papeleo para disparar a la noticia. O sea, es eso.
Era una redacción muy joven, no muy numerosa, pero con unas ganas de comerse el mundo tremendas, y no teníamos ningún problema en decir lo que quisiéramos decir. Con lo cual, cuando fuimos valientes, fuimos cañeros. Teníamos también gente de una madurez periodística muy importante; yo a mi lado tenía gente de una madurez periodística, porque tomar decisiones en un telediario es eso, hay que aprender, eso hay que aprender.
Y fuimos, la verdad, un gran equipo, muy rápido, muy grosero a veces, muy valiente, y convertíamos la política —y mira que la política…— en algo interesante. Creo que tuvimos esa virtud entre todos, y un día se produjo el milagro. Y hacíamos un informativo de una hora con 9 minutos de publicidad, que cuando tú metes publicidad hay 400.000 personas que se van, porque de eso sí que aprendí. Aprendí de audiencias, a leerlas.
Intentar mantener, digamos, el ritmo, y sobre todo, claro, ustedes en las comerciales tenían la desventaja de los anuncios, que podían ser creativos, solapados, patrocinar el tiempo, deportes, mientras que Televisión Española no tenía nada. Limpios.
Claro, no. Además, un día me llamó el director de cadena y me dijo que subiera, y entré en su despacho. Yo jamás había entrado, y había todo monitores: Antena 3, Televisión Española, Telecinco, las autonómicas.
Un mosaico.
Un mosaico. Y me decía: "Mira, que tienes que conocer esto. Tú ayer abriste con macroeconomía, tenías tanta audiencia. En Telecinco abrieron con un suceso, 300.000 tuyos se fueron a Telecinco. En Televisión Española estaban dando no sé qué, tenían tanto". O sea, existía el estudio de cómo se iba la gente de un sitio a otro en función de lo que tú hacías.
Entonces me acuerdo que le dije: "José Manuel Lorenzo, gracias por enseñarme esto, pero lo voy a olvidar, porque esto no puede mediatizarnos. Si nosotros creemos que tenemos que abrir con política, y 5 minutos fuertes de política, seguiremos en eso".
Yo me acuerdo que es que hay cosas que castigan la audiencia claramente. O sea, por ejemplo, hablar de cáncer o hablar del sida en aquel momento, es que se te iban 700.000 personas. Penalizaba. Yo puedo entenderlo, pero tampoco te puedes pasar todo el día diciendo que hemos descubierto la vacuna del cáncer, porque no es verdad. Cuando tú hablas de cosas que a la gente, pues, la salud le interpela y le incomoda, pues es normal que la gente se vaya, pero no por eso vas a dejar de dar noticias.
Hay, digamos, un dogma que dice: "Los deportes dan mucho, hacen fluir; los deportes y el tiempo fluyen".
Y voy a decir una cosa en contra. El Real Madrid, en toda España… Sí, señor. Si tú abres el deporte del telediario con el Real Madrid, puede subir hasta un millón de personas más. Lo siento, me he tenido que rendir. Yo me tuve que rendir.
Mira, yo creo que una de las virtudes de los líderes que han tenido tanta audiencia y tanto éxito es decir… Y tienes, ¿no? Vas vestida de blanco, pero yo no sé qué color tienes. Es decir, al final, no vale deportivamente, me lo imagino, pero digo como periodista, como presentadora, como mujer ancla en el sentido bueno de la expresión, ¿no? Es decir, el centro del campo tiene un ancla, ¿vale? No se te ve hacia dónde vas ideológicamente, políticamente.
En serio. Sí. Bueno, hay algo que aprendí haciendo deportes. Para mí la escuela de periodismo deportivo fue muy importante por varias razones. Una, porque es material delicado. Es material delicado porque juega con la pasión. Luego te exige un plus de información por encima del resto. Un partido de tenis o de fútbol lo ve muchísima gente que está en el campo y en la tele muchísima más. Tú, cronista o narrador, tienes que saber como mínimo un punto más que todos ellos. Tienes que tener puntos de información por encima del dominio público y de conocimiento técnico.
O sea, narrando deporte estás expuesto porque es pasión para mucha gente, es pasión.
Si se ven las redes, que es esa maldición contemporánea, una virtud, una maldición contemporánea, cómo machacan o atacan a los comentaristas, no solo al árbitro, a los comentaristas, porque los consideran sectarios.
Como el seleccionador nacional, ¿no? Sí, se dice efectivamente hoy. Pero hay otra cosa que sí aprendí, y es: desde luego, no existe la imparcialidad para nada, ni la objetividad. Existe la decencia y la honestidad.
Repítalo, por favor.
No, no. Decencia y honestidad, no neutralidad. Sí. O sea, no es… Pero yo, que soy del Barça, si tengo que hacer una crónica del
partido y el Mallorca me ha ganado 4-0, yo tengo que ser sensata a la hora de hacer la crónica o de hacer el comentario. Decir que hay un equipo que va de azulgrana que lo ha hecho mal, o sea, tienes que ser honesto y tomar esa distancia en el momento de hacer la crónica. Pues todas esas lecciones que me dio el deporte, esas y muchas más, me sirvieron a la hora de hacer información general.
Hay... yo soy una persona progresista, pero no me duelen prendas, no me duelen prendas decir una cosa u otra. Y eso fue lo que dio el tinte de nuestros informativos, es decir, ser creíble, ¿no? Empática, de enganchar al espectador, al oyente, sobrevivir al vértigo, voy a decir de nuevo, de los escándalos, de los sucesos, de las audiencias que se agotan, ¿no? y la fugacidad de las noticias de 20, 40, un minuto o más.
O más. Es decir, todo eso es un tourmit. Yo me imagino que a un editor... Depende.
Es que yo creo en el sosiego. Yo creo que hay noticias que requieren sosiego. Eso me lo explicó una vez Carrascal.
José María Carrascal fue durante muchos años corresponsal en Estados Unidos de ABC y presentador de un informativo de madrugada los años en Antena 3.
Un ser singular, pero muy interesante y con muy buenas reflexiones. Y él me dijo: "Mira, Olga, esto de hacer un informativo" —era cuando yo llegué, él ya estaba— "esto es como un lienzo. Tú cada día está en blanco y lo tienes que pintar. Y a lo que tú le das importancia es opinión", ¿no? Cuando se hablaba de los... Y efectivamente, es decir, hay cosas... tú no puedes darle menos tiempo a una noticia que nos afecte a todos, importante para nuestras vidas, para nuestras economías, para lo que sea, que a una cosa menor.
Es decir, hay cosas que tienes que explicarlas bien, que necesitan responder a las preguntas que se hace el espectador al tiempo que recibe la información. "¿Y esto qué significará para mi hipoteca?" Perdón, pues ahora le vamos a explicar. No, no nos estaremos, pero se lo vamos... Es que el espectador, yo soy espectadora, a mí no se me olvida esto, y lectora y oyente. Cuando yo recibo una información, me hago preguntas. Si me las contestan, seré fiel a esa gente.
¿Crees que vivimos un momento de chequear, es decir, de controlar, de saber de dónde viene la información? Y si la información, evidentemente, vamos a dar que el soporte es lo principal, es decir, ¿quién lo dice? ¿Qué medio, qué canal y quién lo firma? Pero es decir, ahora mismo hay bastantes fake news o imágenes que te suscitan dudas, no opiniones discrepantes y ataques a uno, sino imágenes básicamente de la desgracia que tenemos ahora, de los desastres medioambientales, incendios y lluvias, tal, hay muchas imágenes generadas artificialmente que inducen a la duda, es decir, y se han emitido en la radio o se han publicado en prensa. ¿Eso lo ha resuelto el periodismo contemporáneo?
Yo creo que estamos empezando a medicarnos ante eso, ¿no?
¿A medicarnos o americarnos?
A medicarnos.
Amicarnos.
No sé si es muy conveniente, pero yo me aburro de escucharme porque lo digo mucho y siempre le doy gracias a Iñaki Gabilondo mentalmente, porque es una frase que se la oía a él y me parece que lo define todo, cuando vivimos en la sobreinformación y con la información que puede ser manipulada. Iñaki siempre dice que en caso de inundación lo primero que escasea es el agua potable. De modo que con tanta información, si tú no sabes distinguir, ve a quienes lo van a contrastar, recurre a los medios que a ti te resulten fiables, ¿no?
Entonces, yo creo además que ante eso los medios de comunicación, les llamo convencionales, digo, bueno, los medios de comunicación tienen que jugar la batalla en los mismos lugares donde existen las bombas de falsedad. Es decir, los medios de comunicación tienen que estar en las redes y tienen que utilizar los lenguajes atractivos para quienes solo se fían de redes, para llevarles a hacer clic en informaciones contrastadas, ¿no? Yo creo que ese es un campo de batalla en el que tienen que estar los medios.
Sí, sobre todo también evitar titular, publicar u organizar informaciones o vídeos para que haya una catarata de clics, es decir, que aumente el clickbait. El clickbait. Bueno, ese es el más... Hasta los más serios teóricamente caen en ellos. Es decir, publicar informaciones, temas, argumentos, vídeos que llaman a solidar tráfico, efectivamente audiencia, clientes que después puedan computar en la publicidad. Claro, que cobran. Va, dijo usted un día, yo creo que es cierto, que en periodismo puedes equivocarte, pero nunca mentir adrede. No, hombre, por favor, no, no.
Eso crea... hay mucha mentira, decía, insisto en este mismo argumento. No lo sé, no lo sé. Allá cada cual con su conciencia. Hay informaciones interesadas, sí, en todos los lados. A mí me cuesta, no me cabe en la cabeza pensar que un periodista va a mentir adrede, que pueda verlo. Sí, pero yo siempre creo que el oyente, el espectador, el lector tiene criterio para distinguir.
Claro, los oyentes, o los consumidores, los ciudadanos, son mucho más inteligentes de lo que suponen muchísimas veces los emisores, los editores, los autores, los periodistas.
Mea culpa también, ¿no? Yo creo que equivocarnos nos hemos equivocado todos, Andreu. Evidentemente rectificar es una obligación, pero sí, sí. Y además va con el oficio, es decir, si te has equivocado se piden disculpas. Es que además yo creo que la gente lo agradece.
Es que es una buena norma de conducta o de comportamiento periodístico dudar un minuto o medio minuto, 2 segundos antes de lanzar un dato, una opinión, un titular, sobre todo ahora mismo en esa fuga de las redes. Antes, cuando se escribía con el sistema de Gutenberg, que eran tipos de madera o de plomo que se imprimían a las 3 de la madrugada y salía el periódico a las 7, había tiempo suficiente para corregir, pero ahora mismo se emite inmediatamente todo, ¿no? Dudar como norma, contrastar, verificar. Esta era una de sus obligaciones y compromisos como editora, ¿no?
Dudar va con la bestia. Yo practico la duda siempre, porque yo puedo estar muy convencida de algo, pero si la gente de tu equipo te dice no, pues a convencerme. Yo he tenido mis mejores discusiones, han sido esas. El día que dejé de hacer los informativos, después de 11 años, yo echaba de menos esas discusiones que eran muy comunes. Yo me acuerdo, alguna gané, no todas.
Pero yo me acuerdo una vez, en la época de plomo, en la época del terrorismo, teníamos un equipo que hacía interior muy bueno. Yo creo que tenían pinchada la policía, pero que no saldrá de aquí. Entonces eran los primeros que se enteraban de todas las cosas que pasaban, y el informativo empezaba a las 3. Llegaron a las 3 menos 25, me ponen un vídeo, me dicen: "Aquí tienes la apertura". Y era un atentado en Madrid y era una imagen extraordinariamente dura de un bombero llamando, bueno, muy dura, muy dura.
Y todos ahí lo estábamos viendo. Yo dije: "No". Y bueno, se enfadaron mucho conmigo: "Nos hemos jugado la vida, hemos sido los primeros, nadie tiene esto". Y yo no sabía por qué, yo iba diciendo, iba haciendo así: "No, no puedes poner esto", ¿no? Y en la edición había gente que me decía: "Es impresionante". Y los de interior me dicen: "Pero danos un argumento". Yo decía: "Dios mío".
Los de interior, la sección de interior, la que hacía terrorismo. Me giré y le dije... Es que lo prometo, o sea, me salió así, sin pensarlo dos veces, y dije: "Si fuera tu padre".
Recogieron la cinta y se fueron. Luego tuvimos tiempo después del informativo de hablarlo.
Es que hay algo, yo dudé mucho y yo sigo dudando hoy sobre aquella decisión. Sigo dudando sobre aquella decisión, pero en aquel momento pensé: es que si fuera alguien, si fuera mi padre, me gustaría que... La imagen de la violencia, no me gustaría nada. Era demasiado violenta. Pero luego piensas: vamos a ver, el terrorismo es esto, ¿qué hacemos con el terrorismo? ¿Lo mostramos con toda su crudeza, no? Ese es un debate muy interesante, en el que supongo que... Nosotros siempre dijimos: si todos los editores de este país fueran a una, sería maravilloso, porque entonces podríamos tener una línea común frente a esto. Pero...
En Italia, con la época de las Brigadas Rojas en los años 60, 70, se llegó a un pacto que superó... que era no publicar, no divulgar, porque es la manera de ampliar y hacer repercusión de sus intenciones, porque el terrorista lo que busca es el efecto social.
Está ocurriendo con el suicidio. Yo cuando entré en Antena 3 recuerdo que la primera cosa que me dijeron es... no sé, había ocurrido con una chica que se llamaba Olga Sangrador, y me dijeron: "No se habla de estas cosas, lo mínimo". Y ahora la tesis es la contraria.
Sí, en la sala hay especialistas en el tema y espero que también en las redes. Me encantaría que me iluminaran, ¿no? Después les diremos que opinen, pero sí es cierto que en el Libro de estilo de El País también se decía que el suicidio no es noticia, excepto en las circunstancias especialísimas que tuvieran un impacto público y por la personalidad del sujeto. No, cambiemos de argumento un momento, pero volveremos a una cosa parecida.
Dijiste, mientras estamos pasando, que no solo 11 millones de espectadores estuvieron pendientes de los Juegos Olímpicos, sino también de una partida de ajedrez. Sí. Karpov-Kasparov. ¿Cómo puede ser eso?
Pues no lo sé. Pues eso ocurre cuando solo hay una televisión, y quiero pensar que cuando tú has preparado muy bien al espectador para un acontecimiento. Una de las cosas que hicimos en Televisión Española en Barcelona, en el programa Estadio 2, heredábamos, por ejemplo, retransmisiones que aquí los que tengan más edad conocerán perfectamente, que es la regata Oxford-Cambridge, por ejemplo, que se da una vez al año a las 3 de la tarde, 3:30, y cada año lo mismo. Está bien, pero después de 30 años nosotros dijimos: ¿qué podemos hacer? Este es un ejemplo. Pues nos vamos a la Universidad de Oxford y a la Universidad de Cambridge, vamos a su club de remo, nos estamos una semana en cada universidad, conocemos la tripulación, de dónde vienen, qué piensan, qué es el remo aquí, cuáles son sus tradiciones. Hacemos un reportaje muy bonito, porque además es todo muy cuidadito, de 20 minutos antes de la regata, y el espectador de alguna manera ya tiene códigos, tiene conocimiento e igual tiene favoritos, y ve con otros ojos la transmisión. Eso lo hacíamos muy a menudo, y con el mundial de ajedrez que se disputó en Sevilla hicimos lo mismo. En ese caso me tocó a mí irme a la extinta Unión Soviética a buscar... Se jugaba el torneo de candidatos, el que decidía quién jugaba con Karpov.
Karpov era el jugador del régimen. ¿Quién se iba a enfrentar a Karpov? Y esa final de candidatos la jugaba Smyslov, que es un señor mayor, un gran matemático, frente a un joven de 20 años llamado Gari Kasparov, que decían que era la revolución. Entonces me fui a Lituania desde Moscú y ahí conocí a Kasparov, ganó. Le hice un gran reportaje a Kasparov, después le hice otro a Karpov. Hicimos pues la tradición que teníamos en ese programa, ¿no? Hablar con ellos. Te contaban hasta de qué habían hecho la tesis universitaria, ¿no? Por ejemplo, Karpov, me acuerdo que la hizo de Económicas, sobre la utilización del tiempo libre, y Kasparov sobre el cristianismo. De acuerdo. Me acuerdo. Eran preguntas muy comunes entre ellos. Tú conocías a aquellas personas. Llega el Mundial de Sevilla. Última partida.
Y ahí estaban ellos dos. Creo que necesitaban tablas, no me acuerdo de eso, pero estaba Leontxo García, que es el gran especialista de El País, en Sevilla; yo estaba con un gran maestro en el plató, me hice un máster de ajedrez. Y recordaré siempre, o sea, los dos, plano de perfil, Leontxo hablaba, posibilidades, no sé qué, 25 minutos. Claro, 11 millones de espectadores. ¿Terminó en tablas, no? Sí, perfecto. 11 millones de espectadores quiere decir... pero porque la gente ha entrado en eso. El espectador ha entrado, tiene datos, tiene información. Leontxo les está diciendo las cosas precisas. Quiero decir, estas cosas ocurren. Ocurre también con el debate Rajoy y Zapatero.
Ahora iremos un segundo, y ahora es otra historia que quería pronunciar, ¿no? Le agradezco desde Mallorca, desde la sede de la Fundación Juan March en Palma, que es donde se realiza este programa o esta conversación, que hable de ajedrez, y evocaremos unos 30 segundos a nuestro mito del siglo XX, que era Arturito Pomar. Hombre, Arturito. Y una novela biográfica que escribió de él, El peón, de Paco Cerdá, que es excelente, y dos documentales, uno que ha emitido TV3 y la televisión autonómica. O sea, que Arturito Pomar, que nació cerca de aquí, de la calle San Miguel, fue uno de los mitos durante mucho tiempo, y no llegó más allá porque tenía que trabajar de cartero, pobre. Vale. Un historión.
Vayamos al debate cara a cara. Llevamos ahora más o menos 39, 40 minutos de conversación; hablaremos 55 y dejaremos espacio para que los especialistas pregunten o nos ilustren. Después de muchos años de no celebrarse, en el 2008 creo que moderó el debate Rajoy-Zapatero, de manera consensuada entre todos los partidos y todas las cadenas de televisión, que conectaron con el espacio del Palacio de Congresos. Sí, que lo producía la Academia de Televisión. Academia de Televisión. Sí. Un susto. Sí. Usted fue de consenso y el programa fue también muy visto en todas partes. ¿Qué experiencia se extrae a nivel periodístico y ciudadano?
Le voy a contar solo la mía. Bien, claro, que es la que me conozco. Pues yo no quería hacerlo, le digo la verdad. Dije que no. Dije que no, no quería hacerlo. Yo había abandonado la política, estaba ya en otras cosas, y en la llamada Manuel Campo Vidal me dijo: "Olga, hay consenso". Y esa es una palabra muy valiosa en este país como para despreciarla. Y yo le dije: "Dame 5 minutos, que voy a pensar", ¿vale? A los 3 minutos ya me llamó un jefe de informativos diciendo: "Muy bien por decir que sí". Digo: "Si no he dicho nada". O sea, la incontinencia. "No he dicho nada". Bueno, la experiencia es... les pedí por favor, y este era el segundo debate, el primero lo hacía Manuel y este era el de vuelta, les pedí no aparecer en ningún sitio. Yo estaré ese día, pero yo no estoy. Imposible.
Fue muy interesante la comida previa con los directores de campaña, de una cordialidad extraordinaria, extraordinaria entre todos. Yo decía: "Qué justo, si esto es así". Es verdad que las reglas eran muy estrictas, pero yo siempre dije que bienvenidas esas reglas que lo hacían posible, que si no, no había debate. Y bueno, recuerdo mucha presión, mucha presión, mucha, traducida en quién se te acerca y te dice una cosa, quién se te acerca y te dice otra. Eso el mismo día, y eso que yo estaba encerrada. Te sientes muy observado, ¿no? Pero luego con ellos me lo pasé muy bien.
O sea, que ¿quedaste amiga con ambos, no? Pues sí, pues sí. Bueno, amiga no, no han venido a mi casa, ni yo a la de ellos. Pero sí, es verdad. Y además Zapatero me dijo no hace mucho: "¿Sabes? Lo he revisado y fue de guante blanco". Digo: "Mira, presidente...". O sea, te mato, porque él estuvo especialmente agresivo, ¿no? Agresivo, sí. O invasor sobre el discurso de los... Invasor. No se veía, pero yo le iba dando.
Bueno, pues fue muy curioso, porque imagínense un Palacio de Congresos de 2000 butacas vacío. Solo está un guardaespaldas sentado en la primera fila. Las cámaras no se ven, porque están todas detrás de los forillos, y un regidor apartado. Nada, silencio absoluto. Y nosotros sentados mientras hay publicidad, 10 minutos callados antes de empezar, y dice Rajoy, pero sin mirarle a Zapatero, dice: "Ayer estuve en León". Y el otro le dice: "¿Y qué tal?". Dice: "Lleno. No sé si vas a llenar tú". Bueno, estuvieron echándose pullas como dos gamberretes todo el rato. Empezó el debate, se dieron por todos los lados, y al acabar se volvieron a ir los dos a tener una conversación amable, amable, educada. Es decir, que educada. Es por eso que me decía Zapatero: fue de guante blanco. Digo, bueno, no se faltaron, aunque uno fue muy invasor, pero ese tono, ese clima es lo que yo me llevo.
Sí. En alguna parte dijo usted o dijo
Zapatero de que debería tocarse en un momento determinado para que lo tenía más cerca, ¿no?
Sí. Tenerlo más cerca porque no le alcanzaba yo a él para moderar, ¿no? En otros sitios se hace desde atriles muy distantes. En América lo hacen, en Francia muy cerca.
Sí. Bueno, hablemos de la radio, que la radio también es la gran cuna de los narradores deportivos y los narradores de soledades y de información.
Ah, ya.
Alguna vez de madrugada, después de poner los informativos a ver qué ocurría, te escuchaba con Caras Mesa. Sí. Que después pasaron al fin de semana, ¿no? Sí. Bien.
Sí, sí, sí. Y el otro día te escuché con Aimar Bretos, en la SER, que es un periodista emergente muy interesante.
Yo creo que Aimar ya no es emergente, ya ha emergido, es un fenómeno.
¿Qué tal la experiencia de la radio?
Yo soy una eterna aprendiz de la radio, porque yo siempre había hecho tele, nunca había hecho radio. Venía mucha gente de la radio a la tele, pero era un mundo que yo desconocía. Y entonces me llamó Pedro Piqueras para ir a Radio Nacional.
Pedro Piqueras era el presentador que ahora se ha retirado de Telecinco, Pedro Piqueras, yo creo. Sí, ¿no? Pero hablamos para nuevas generaciones que algún día vean el vídeo.
Bueno, Pedro Piqueras ahora está en 24 horas de Radio Nacional. Bueno, fue director de Radio Nacional, que es cuando me llama, y me dijo: "¿Por qué no vas a hacer las mañanas?" Digo: "Pedro, no, yo no he hecho radio en mi vida. ¿Qué voy a hacer yo en el prime time de la radio? No." Bueno, nada, yo sigo con mi tele.
Al poco me dice lo de la tarde. Dije: "Ahí me puedo empezar a atrever". Bueno, total, que fui a la tarde. Yo no había hecho nunca radio, nunca. No me conocía ni los códigos ni la técnica, nada.
Bueno, en la facultad debiste superar una asignatura que era Radio y Televisión, ¿no?
Claro. En fin. Entonces tenía un equipo muy bueno, gente muy buena, era el equipo que había dejado Carlos Herrera, gente que sabía mucho de radio. Bueno, yo me acuerdo la primera vez que abrí la boca en el micrófono, hombre, a alguna entrevista había ido, pero me pareció dificilísimo, porque yo tenía el ritmo, la imagen, la presencia.
A mí me decían: "Olga, enróllate 18 segundos". Los clavo, los clavo. En tele te lo dicen: "Enróllate, que no sé qué, 20 segundos", y tú los clavas. Todos los clavamos, ¿eh? Pam, porque estamos acostumbrados.
Pero la radio es un mundo infinito, no hay imagen que te acompañe. Te das cuenta de la importancia del lenguaje, te das cuenta de que es otra técnica totalmente distinta. Y de lo que sí me di cuenta es de lo que siempre me habían dicho: que es fascinante, porque notas al oyente ahí, ahí mismo.
Sí. Ha sobrevivido a todos los diagnósticos de crisis, como los periódicos, de que morirían con la televisión; casi se va a matar la radio, ¿no? La radio existe porque tiene la capacidad de informar permanentemente de cualquier lugar con un simple teléfono.
También la televisión ahora mismo. Antes tenías que desplazar una unidad, mover un chófer, un sonido, y ahora conectan con un teléfono, que no diremos la marca, y pueden hacer crónicas desde cualquier lugar del mundo.
Y con el teléfono es cámara, ¿eh?
Sí, por eso lo digo. Que sindicalmente hay algunas quejas diciendo que se pierde un puesto de trabajo con la cámara, ¿no? Vale.
Ah, mira, hay un detalle que quisiera que quedara registrado y lo conocieran nuestros espectadores. ¿Por qué vocalizas tan bien y por qué te expresas también así, que forma parte de tu perfil de comunicadora? En su memoria oral, Olga ha explicado el detalle de que, bueno, ella nació en Barcelona, en la zona alta de Barcelona, jugaba en el Park Güell de Gaudí, entre las columnas inclinadas de los dragones policromados. Fue a una escuela singular, El Virolai.
Sí, el Virolai.
Y en su familia había un abuelo que era editor de artes gráficas, su padre era, ¿no? Una pequeña editorial.
Betis se llamaba.
Betis. Ah, vale, como el río y como el equipo.
Como el equipo.
Bien. Entonces, su padre era jugador de baloncesto, tiene un hermano que es director realizador de televisión en Filmat y tiene una hermana menor a la que quiere mucho y que es sorda. Entonces, en su biografía profesional esta circunstancia, y en su vida diaria, cada día, hoy mismo, ella es su interlocutora y su instructora. Dinos cómo fue, porque yo creo que es una historia muy bella para un comunicador y para una persona tan conocida como tú, ¿no?
De esto te das cuenta luego, ¿no? Porque cuando mi hermana nace, y nace sorda, pues yo, que tenía 6 años, fui testigo del aprendizaje. En aquel momento en Barcelona les enseñaban signos, pero mis padres, sobre todo mi padre, no se resignó. Y entonces había un otorrino que tenía una pequeña clínica escuela en Barcelona y que enseñaba a los niños a ser oralistas.
Y el aprendizaje fue una cosa, yo era muy pequeña, pero no se me olvidará en la vida. Aquella niña de 2 años a la que le ponían delante un monitor con una tarjeta con unas frecuencias; ella ponía la manita en un sensor, decía A, y hasta que no salía la A exacta, la frecuencia, ella sabía que no lo había dicho bien, hasta que memorizaba exactamente cómo era cada letra, cada letra. Luego las sílabas, luego las palabras, luego los verbos, conjugar los verbos.
Luego venía también a mi colegio, que eso no funciona muy bien, media jornada, a la integración.
Integración.
Íbamos al aeropuerto los domingos, porque estimulas las vibraciones. Era el aeropuerto de Barcelona hace tantos años, que no aterrizaba uno cada minuto, pero el juego era que ella adivinaba cuándo venía un avión porque lo notaba por vibración. Había una terraza en el aeropuerto de Barcelona, tomábamos el aperitivo y el juego era quién adivinaba.
Hacíamos ballet, ella siempre detrás mío. Eso a mí me enseñó. Yo muevo las manos, como ustedes verán, mucho, pero las muevo porque siempre me he expresado así con ella. Y me acuerdo, esto es una paradoja, y eso es de lo que me di cuenta luego, porque haciendo el informativo un día mi hermana me dijo: "No te entiendo. Hablas muy deprisa". Digo: "Vamos a probar". Y ahora me entiende.
Claro, por eso tiene la influencia de ese detalle biográfico, que es importante.
Ojalá yo hablara peor y ella oyera. Ya se lo digo, pero ella me ha hecho esforzarme para hablar.
En los informativos de televisión hay distintas escuelas que reivindican el lenguaje de signos, los subtitulados permanentemente o la audiodescripción, que es para los invidentes, ¿no? ¿Cuál crees que debería, digamos...?
Yo digo lo que dice mi hermana. Mi hermana pide ventana de lenguaje de signos.
Sí.
Aunque es oralista y lee los labios, ellos tienen desarrollado el idioma. Entonces ella pide eso. Una vez le dije a Almodóvar, porque le hice una entrevista por no sé qué película de las suyas, digo: "¿Y estas no las tienes subtituladas?". Dice: "Hombre, no". O sea, tú sabes que hay un millón de sordos en España con una vocación cultural, porque son muy asociacionistas, y les encanta el teatro, les encanta el cine. En Madrid ahora hay un cine, ella vive en Madrid, con subtítulos.
Digo: "Es que mi hermana, para ver tu peli, tiene que esperar a que la pongan en Movistar". Y me dice: "No jodas, es verdad". Digo: "Pues estas son cosas...". Porque yo creo que es la discapacidad... estamos más acostumbrados a tratar con invidentes que con sordos. No sabemos tratarles. Les hablamos así o les gritamos. Es una cosa, ¿no? No tenemos educación. Bueno, pues el cine, ahora hay cine para ellos, que te explican cosas que ellos no pueden oír.
¿No? Y además era un grupo de presión muy significativo. Lo digo porque yo tuve responsabilidades en una televisión pública. Y además con justicia y de acuerdo con la legalidad, ya sea subtitular o poner una ventana de signos.
Claro.
Y además hubo algún partido que asimiló el discurso y puso candidatos.
Sí, sí, por eso todavía más se ventilaba, ¿no?
Hay un detalle, antes de dar paso a nuestros oyentes in situ aquí en el Museo March, del que quisiera que hablaras. Es un momento crudo, pero que yo creo que es un momento para detallar. Ramón Sampedro durante 28 años pugnó para tener una muerte digna. Había quedado tetrapléjico porque, creo, lanzándose al mar se pegó con la cabeza, que era muy clásico al lado del mar siempre. Y entonces fue objeto de un documental de una periodista, Laura Palmés, en TV3.
Laurí.
Y después de algunas historias, de una película posterior, que es la de Amenábar, Mar adentro, con el protagonista Javier Bardem. Él murió, y murió de una manera, bebiendo, voluntaria, antes de que hubiera el ámbito de la legalidad. Eso en Francia ha ocurrido hace muy poco. Y vosotros, en tu telediario, en tu Antena 3 Noticias, creo que era, ¿no? Emitisteis al cabo de los meses...
Pasó tiempo, no recuerdo cuánto.
Un vídeo.
El vídeo, ¿vale? El vídeo que grabaron de su muerte, del acto de suicidio, y sus palabras. Pero lo que estaba claro... yo ese día creo que he estado pocas veces más nerviosa en cámara. Hace poco lo emitieron, porque Fernando Onega lo emitió también por la noche, y me vi a mí misma nerviosa presentando ese vídeo.
Lo que hicimos, lógicamente, fue: él bebió el cianuro y cortamos. O sea, en ningún caso se emitió la agonía, que era muy desagradable, era un vídeo muy largo. Pero sí, lo hicimos.
¿Volverías a hacerlo?
Sí, sí, sí, porque era voluntad de él. A mí me parece... él explicaba por qué lo hacía, después de tantos años. Es como el caso de Noelia, esta chica a la que ayer le dieron la razón. Sí, el día 26 va a ser. Si ella quiere explicarse en los medios, ¿también le vamos a negar eso? Pues lo mismo, Sampedro.
No hemos hecho una carrera de fondo, ni un sprint, ni un salto de pértiga, ni un boxeo.
No, no, en absoluto.
He intentado que pudieras hablar y explicarte. Y ahora creo que es el turno, si al director le parece, que llevamos 58 minutos, de dar el turno. Marçal Sorivellas, TV3 Palma.
Ah, pero el micro. Es una pregunta.
¿Has decidido tú que ella...? No, ella ha levantado...
Ah, perdón, perdón. He pensado que ahora estabas decidiendo.
No, he visto su mano.
Yo sé que contestarás en castellano. Contestar per me permunquent que un votat de televisión española el monopolio a las privadas, Antena 3, en medio, 83, TV3, yalvista rompre el mercat de monopolio demi espola autonòmiques, des del punt de vista professional, de competència, d'una manera de fer televisió diferent, no dic ni millor ni pitjor, vale, i també com es va viure per part de l'entorno de Televisió Espanyola aquest contrapoder que devien suposar aquestes televisions autonòmiques. Va ser 82, 83.
No, y además recuerdo a Rosa María Calaf, que fue una de las directoras fundadoras, diseñadoras de TV3, que estaba ahí en Sant Cugat todo el día. Son amigas. Y yo llevaba demasiado poco tiempo para hacerte una tesis ahora de nada, pero sí es verdad que nosotros, por ejemplo, yo misma, hacíamos programación en catalán.
Sí, también el Carrilet, que leían, ¿no? TVE de Sant Cugat, que se veía en Baleares y ahora no se ve. La 2 no se ve. Por internet, dicen que en internet se ve todo.
Pues nosotros hacíamos programación en castellano y en catalán también, ¿no? Bueno, lo que sí notamos inmediatamente es la atención de la gente hacia TV3. Lógicamente, lógicamente. Además, sobre todo los programas que hacíamos en catalán y las narraciones en catalán que hacíamos de deportes pues tenían una muy seria competencia.
Entonces no teníais aún todos los derechos, pero sí es verdad que hacíais una programación muy sólida y nueva, ¿no?
Nosotros, en la redacción de deportes, humildemente, más allá de ser amigos de los periodistas que estaban en TV3, no lo notamos. Es que en aquel momento teníamos todos los derechos.
Sí, es verdad. Es decir, no me refería...
Ah, bueno, no, clar, però jo parlo des d'ara. Yo estaba, que era aquesta que era SPS, pero hombre, desde luego la audiencia empezó a derivar, lógicamente, lógicamente.
Sí, por la parte que me corresponde, diré que la televisión de Baleares empezó hace 20 años, es decir, no es en este ámbito de competencia del monopolio. Mea culpa, yo he hecho las preguntas, ¿no? Y no he incorporado este punto de decir que, cuando has hablado, que antes estaban las autonómicas. Las autonómicas generaron un gran capital a los clubes de fútbol y a algunos de los grandes gestores audiovisuales.
Barça.
Y a los grandes. Es decir, yo quisiera, está el Dr. Miguel Roca, que nos digas, por favor, cuál es el criterio actual sobre los suicidios en los medios de comunicación.
Soy toda oídos.
Perdón. No tengo ninguna intención de daros alguna lección a vosotros sobre esto, ¿no? Pero es verdad que es un debate abierto que lleva muchos años, ¿no? Y el hablar mucho de suicidio tiene dos posibilidades. Una, que induzca a algunas personas a mimetizar la conducta y cometerlo, ¿no? Se llama efecto Werther, cogiendo el nombre del personaje de la novela de Goethe, ¿no? Y lo contrario, que sirva como protector, porque alguien no lo haga, y se llama efecto Papageno, por el personaje de la ópera de Mozart, ¿no?
Entonces, este sí es un debate abierto, y yo creo que el problema es que los que os escuchan, o nos escuchan a todos cuando hablamos en público de estas cosas, es un público tan variado que para algunos será un Werther y para otros será un Papageno.
Con un colega vuestro que es muy experto en temas de suicidio escribimos el capítulo en el Libro Blanco del Suicidio de la Sociedad Española de Psiquiatría sobre la comunicación del suicidio precisamente, ¿no? Y revisando todo lo que dicen las organizaciones mundiales, al final solo hay un acuerdo en que hay que hablar lo que cada uno considere, evitando dos cosas que no siempre son claras. Una, cómo lo ha hecho la persona. Y sobre todo la segunda, evitar dar razones o motivos, aventurar razones o... Vamos. Gracias.
Muy bien. Muchas gracias al catedrático, experto y moderado y pausado, ¿no? Con los dos detalles literarios incorporados, ¿vale? Más preguntas. Los jóvenes, allí. Un momento, que te pasarán el micro. Es que si no, no se va a grabar. Aquí, aquí delante.
No, gracias.
Bueno, bienvenida.
Gracias. Quería hacer una pregunta. Cuando has dicho antes que en la televisión había que decir la verdad, en tus primeros años de televisión, ¿sufriste alguna censura?
No, nunca, ni en los primeros ni en los últimos, porque no hice política. Si se refiere a Televisión Española, haciendo deporte no había ese peligro. Censura, no. Luego sí, luego sí.
Luego entiendo que son presiones de...
Casi antes de irme de Antena 3, o de que me fueran. Vaya. Sí.
Es decir, presiones desde el poder, ¿no? Deportivamente, ¿no?
No. Sí. Y cuento cuál. Cuando mataron a Ernest Lluch, que hubo la manifestación y Gemma Nierga leyó el manifiesto, ¿os acordáis de que Gemma hizo una apostilla y dijo algo así como: "Negocien ustedes, que eso es lo que querría Ernest"? Bueno, pues yo quería empezar el informativo con eso. Tuve problemas, sí, en otra época. Sí, tuve problemas.
Gracias.
Ella, ahí detrás. Sí, señora.
¿Y durante la retransmisión de las Olimpiadas, alguna consigna de catalanismo?
Jamás. Nada, nada. Yo lo que sí me acuerdo es de la inauguración del Estadio Olímpico, que diluvió, diluvió, diluvió, y le salieron todas las costuras al estadio. Se hizo un año antes, unos mundiales de atletismo, para probar el estadio, y hubo manifestación proindependentista, o salieron banderas. Yo no lo vi, sé que no se vieron.
Eso sí que... se cantó Els Segadors, ¿no?
No, pero esto fue en el Mundial de Atletismo, que hubo protestas.
¿Y en las Olimpiadas?
En las Olimpiadas se cantaron, claro. Se llegó, pero se estipuló, fue una negociación política, que se cantaba Els Segadors y el himno de España. Los dos. Sí, sí. Pero no había ninguna consigna para nosotros, los narradores.
Antes de que venga la próxima pregunta, hay un detalle que sí recuerdo: es la capacidad de contención de una reportera narrando a pie de pista el éxito o el fracaso de, en este caso, Blanca Fernández Ochoa, me acuerdo, ¿no?
Ya. Sí. ¿Cómo? Claro, porque lo que importa no es solo la sensación emotiva de la esquiadora que era un… Sí, me estoy dando cuenta a medida que vas diciendo que tengo la mochila cargada de hechos, una enciclopedia de hechos.
O sea, que esa fue una de los momentos en los que tienes que tomar una decisión. Yo fui a los Juegos de Calgary, en Canadá. Blanca Fernández Ochoa era la gran favorita para conseguir la medalla de oro en gigante y además, pobre Blanca, llevaba toda la vida con la presión de que, como su hermano había ganado el oro, ella tenía que ganar.
Y mi misión en Calgary era pegarme a Blanca desde que llegara al aeropuerto y seguirla hasta que consiguiera la medalla. Yo vivía pegada a Blanca y estuve pues 10 días subiendo las montañas, bajándolas con ella, no sé qué.
Bueno, usted es esquiadora también, ¿no? Sí, pero por culpa de ella. Ah, bueno, ese día.
Bueno, pues Blanca ganó la primera manga del gigante y bueno, ya quedaba hora y media, llegaría el oro en la segunda. Es más, se paralizó la actividad en el Congreso de los Diputados en España para emitir la bajada de Blanca. Era un acontecimiento.
Yo me acuerdo, y tengo las fotos y tengo la grabación. Fui a la carpa donde estaba Blanca en esa hora y media memorizando el nuevo trazado con su entrenador. Bueno, y ya llega el momento de la segunda bajada. Yo estoy con el equipo a pie de meta para hacerle la entrevista a la flamante campeona olímpica, y Blanca se cae en la penúltima puerta.
Ella piensa, además lo vimos, viene hacia nosotros, los periodistas que estamos allí. Ella había articulado ya un speech, dijo: "No ha podido ser, pero yo tengo salud, tengo cariño, tengo suerte en la vida personal, no sé qué, no sé cuántos", e hizo una sonrisa.
Y de repente viene hacia mí. Bueno, estaba aquí, se me pone aquí a llorar como un bebé y yo con el micrófono. Claro, llevábamos 10 días pegadas y dices: "¿Qué haces?". Pues lo tiré al suelo. No, no, tiré el micro.
¿La protección de su intimidad o la…? Claro. ¿Qué haces? Ella decidió en ese momento, que era el hombro conocido, a llorar aquí, pues yo la abracé y tiré el micrófono. Igual no es lo que tenía que haber hecho, ¿no? Igual no lo harían ahora. No lo sé. Yo no sé. No, seguro que habría quien no, y tendría mejor documento que el mío, pero yo pensé que no merecía sangre ese momento.
Ya, es decir, la libertad tiene el… No era síndrome de Estocolmo, eh, por mucho que estuviéramos… Aparte del cariño que le tenía, muchos años, y el respeto y tal, pero pensé que no era necesario. Hay cosas que no son necesarias.
Sí. Es decir, yo creo que usted ha ejercido la prudencia, y demasiado, eh, no lo sé, ¿no? Es decir, respetar la intimidad o no caer en el escándalo por el escándalo, el morbo por el morbo, la… Hombre, es que quedaría muy feo poner el micrófono así, o sea, hay cosas que no son necesarias. ¿Qué más da? Luego ya hablaremos. Luego ya hablaremos. Seguro.
¿Hay alguna? Uy, el jefe. Sí, don Pablo.
Bueno, muchísimas gracias a los dos, y quizás la pregunta que tenía en parte la has contestado con esta última historia que nos has contado sobre Blanca Fernández Ochoa, pero quería que nos contaras… Al principio, cuando has hablado de tu llegada a Antena 3 con un equipo de personas muy jóvenes, pero que tenían ya una gran madurez periodística, algunos, lo que me gustaría es, si puedes, contarnos un poco cómo retratarías de forma rápida qué es madurez periodística. ¿Nos das algún ejemplo, unas pinceladas sobre ello?
Acabaría antes presentándote a Jesús María Santos, por ejemplo, que era el subdirector de informativos, bregado en la SER, como Manuel Campo Vidal, personas que han tenido que tomar muchas decisiones difíciles y rápidas, gente que ha pedaleado mucho cuando era joven y que luego ha tenido mucho tiempo para cultivar la reflexión sobre la profesión y los hechos, que tiene elementos de comparación y que conoce los riesgos, y que te dice: "Si vas por ahí puede pasar esto. Si vas por allá…".
Es que la experiencia es sabiduría y es prudencia a veces, y otras, ¿no?, a veces hacen que te atrevas. Pero esa combinación de gente joven con todo por hacer y por inventar, y que van detrás del coche del policía y que le ponen el micro al rey, o sea, pues sí, sí, le ponían el micro al rey, pero por el morro, ¿eh?
Y estas personas que saben decirte, saben acompañarte, saben dirigirte, eso es madurez periodística. O sea, este señor, por ejemplo. Claro, yo soy mayor que usted. Sí, lo es, lo es. Tengo dos años más de experiencia, lo recortaría, ¿no? Pero yo no debo hablar.
Dijo, y se lo dijo a usted: si no estás, no existes. Yo entiendo que el relato, la experiencia, el discurso de Olga Viza no ha sido un discurso de esquiadora en un slalom, sino que ha ido sorteando los impedimentos y los no demasiados obstáculos, pero no has esquivado ningún reto.
Agradecemos muchísimo su intervención, su participación, y a los espectadores o a los participantes su paciencia y su complicidad.
Ah, el ciclo seguirá. En la Fundación March están comprometidos en tener este ciclo sobre líderes de opinión como mínimo dos o tres más, no sé muy bien. No, no, no. Si no hacemos demasiadas tonterías.
Estuvimos con Enrique González, dos creadores de contenidos, Karin Jalal y Enrique Ponseca, el columnista Matías Vallés, la escritora opinadora Elvira Lindo, hoy nuestra querida, como todos, Olga Viza, y el 6 de mayo, si se lo quieren apuntar, vendrá Javier del Pino, de A vivir que son dos días.
Hombre, para aquellos que tengan especial curiosidad en conocer a un nuevo autor de la radio. Javier, sí, no política, pero no, es maravilloso. Maravilloso. Pues lo diremos. Muchísimas gracias. Ha sido un honor, eh. Gracias. Gracias.
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