Olga Viza: «No existe la objetividad; existen la decencia y la honestidad»

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Resumen

El ciclo «Líderes de opinión» de la Fundación Juan March en Palma reunió al periodista Andreu Manresa con Olga Viza. Manresa la presentó como pionera en un reporterismo y una narración deportiva que entonces eran casi exclusivamente masculinos, y como figura de referencia en Televisión Española y Antena 3. Recordó sobre todo los 11 millones de espectadores que siguieron su narración de la ceremonia inaugural de Barcelona 92 desde Montjuïc. Durante más de una hora, Viza repasó cómo entró en la profesión, qué aprendió de las audiencias, por qué sostiene que la objetividad no existe y cómo tomó algunas de las decisiones editoriales más difíciles de su carrera. Varias de ellas, admitió, todavía le generan dudas.

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Un comienzo casi desperdiciado

Manresa le preguntó qué se siente al estar en la cúspide y si había sentido vértigo. Viza respondió que no, porque viene de un mundo distinto, el de hace 47 años, que era «mucho más natural, mucho más solitario». Se describió como parte de la generación de la cultura del esfuerzo. Empezó el 1 de enero de 1978, con 20 años, y su única obsesión era aprender y hacerlo bien, sin mirar a su alrededor.

Llegó a Televisión Española casi por accidente. Estaba en la facultad cuando un compañero de pupitre le contó que TVE en Barcelona buscaba gente para un programa de deportes. Ella quería ser reportera como Carmen Sarmiento o Manu Leguineche, sus referentes: había estudiado periodismo «para salir, ver y contar». Por eso no acudió a la cita con el director, algo que hoy califica de «imperdonable». Al día siguiente su compañero le reprochó que había sido de mala educación. Le dio la razón, cogió dos autobuses, subió la cuesta de Montjuïc y entró en el palacete de Miramar. Desde allí se veía el mar, y pensó que en aquel sitio se tenía que ser feliz. Se quedó.

La redacción tenía tres mujeres en Barcelona y dos en Madrid. El director, de 25 años, acababa de llegar de Estados Unidos y dirigía a figuras veteranas como Juan José Castillo, José Félix Pons o Miguel Ángel Valdivieso, junto a jóvenes recién salidos de la facultad. Viza cuenta aquella rectificación, ser educada y presentarse al director al día siguiente, entre las mejores decisiones de su vida, y subraya que entonces «existían las oportunidades». En la televisión del país estaba todo por hacer y lo único que tenían eran ganas. El vértigo llegó después: el día en que se sentó en el estadio olímpico y tuvo que decir «Buenas tardes, bienvenidos a los Juegos Olímpicos de Barcelona», pensó que ahí no podía equivocarse. A su juicio, el vértigo existe, pero también se entrena.

Los audímetros, un secreto bien guardado

La conversación pasó a las audiencias, las «estadísticas de cada día». Viza explicó cómo funciona el audímetro: un aparato instalado en hogares cuya composición está registrada, por ejemplo una familia de cinco miembros con edades distintas. Cada persona se identifica con una tecla antes de ver la televisión, de modo que se conocen la edad, las preferencias y los horarios. Ella calculó que había entre 2.500 y 3.000, y Manresa añadió que ahora son más. Viza dijo no haber conocido nunca a nadie que tuviera uno. Los hogares rotaban y se les compensaba con un lote en unos grandes almacenes.

Cuando tuvo responsabilidades de dirección, alguien le comentó que le iban a instalar un audímetro. Ella le pidió que no se lo contara: si se sabía que estaba al tanto, podrían acusarla de haber intervenido. Para Viza es el mejor sistema que existe, aunque no es perfecto. Ahora se intenta medir también lo que ocurre en internet, el teléfono y el ordenador, pero según ella todavía no se ha encontrado una fórmula exacta. Lo que sí ocurre es que anunciantes, espectadores, partidos políticos y empresas de medios han convenido en que rijan los datos de la multinacional Kantar. Cada mañana esos datos deciden «quién es el bueno y quién es el malo», y de ellos depende cuánta publicidad entra.

Estadio 2 y la televisión del monopolio

Viza aclaró que en TVE jamás miraba las audiencias por la mañana, porque venía de una televisión «multiúnica» sin rival. El programa del que se siente especialmente orgullosa es Estadio 2, que se emitía los sábados. Empezaba a las tres de la tarde y nunca se sabía cuándo terminaba: si había tenis en Australia, seguían durante la madrugada. Recordó una jornada que empezó a mediodía con algo relacionado con Nelson Mandela y terminó a las ocho de la mañana con motos en Japón, comiendo churros para aguantar. En La 2 aquello tenía audiencias que ella llama «insospechadas, inimaginables», aunque nadie las consultaba porque no había competencia.

Manresa recordó que en aquella época TVE podía emitir cualquier competición, fútbol, motos, Fórmula 1 o tenis, sin disputa de derechos. Viza confirmó que eran todos suyos y que por eso en una tarde podían manejar doce eventos exclusivos. Todo cambió con la llegada de las privadas, hacia 1990. A partir de ahí, dijo, mirar las audiencias pasó a ser una obligación.

El salto a Antena 3

Tras los Juegos de 1992 llegó la oferta de Antena 3 para presentar y dirigir un informativo. Viza contó que al principio le molestó la noticia. Estaba en la playa, recién terminados los Juegos, cuando un amigo le enseñó en el ABC que se iba a Antena 3, algo de lo que no sabía nada. Siguieron las informaciones en prensa sin que nadie la llamara, hasta que consultó a distancia el contestador automático de casa y encontró numerosos mensajes de Manuel Campo Vidal y Antonio Asensio. Manresa situó a ambos para el público más joven: Asensio, editor de Interviú y del Grupo Z, había comprado Antena 3 y el Mallorca; Campo Vidal había presentado telediarios en TVE durante años, era vicepresidente de la cadena y luego presidiría la Academia de Televisión.

Viza se resistió y fue a hablar con Ramón Colom, en TVE. Le dieron tres días para decidir y tardó tres semanas. Al final pensó que era «un tren que pasaba una vez». Después de hacer unos Juegos en su propia casa, pocas cosas iban a emocionarla más, y si quería seguir aprendiendo, el salto era la información general. Dirigir y presentar un informativo, reconoció, sí daba mucho vértigo. Tenía miedo y se fue llorando en el coche de Barcelona a Fraga, pero lo considera otra de las mejores decisiones de su vida. Asegura que nunca lo planteó como una batalla contra Matías Prats, su compañero de narraciones y su «pareja de hecho en televisión», ni contra unos telediarios de TVE que eran un coloso.

Portaaviones contra fragata

Manresa le preguntó por qué, en su opinión, Antena 3 acabó superando a TVE. Viza recurrió a una imagen: TVE era «un portaaviones muy sólido, con muchos marineros muy buenos», y ella subió a «una fragata rápida, ágil, con menos marineros, pero con mucha puntería», que no necesitaba mucho papeleo «para disparar a la noticia». Describió una redacción joven, poco numerosa y con unas ganas enormes, que no tenía problema en decir lo que quería decir: «muy rápido, muy grosero a veces, muy valiente». A su lado había también gente de gran madurez periodística, imprescindible porque tomar decisiones en un telediario, insistió, se aprende. Cree que entre todos lograron convertir la política en algo interesante. Un día se produjo «el milagro»: ganaron con un informativo de una hora que incluía nueve minutos de publicidad, y ella había aprendido que cada vez que entra publicidad se van unas 400.000 personas.

En Antena 3 aprendió a leer las audiencias. Contó que un día el director de la cadena, José Manuel Lorenzo, la hizo subir a su despacho, lleno de monitores con un mosaico de todas las cadenas. Allí le mostró cómo se movía el público: ella había abierto con macroeconomía, Telecinco con un suceso, y 300.000 espectadores suyos se habían ido a Telecinco. Viza le agradeció la lección, pero le dijo que la iba a olvidar, porque aquello no podía condicionarles. Si creían que había que abrir con cinco minutos fuertes de política, lo seguirían haciendo.

Admitió que hay temas que castigan claramente la audiencia. En aquella época, hablar de cáncer o de sida podía costar 700.000 espectadores. Lo entiende, porque la salud interpela e incomoda, pero no se puede dejar de dar noticias por eso ni anunciar a diario una vacuna contra el cáncer que no existe. También citó el dogma de que los deportes y el tiempo hacen fluir la audiencia, y confesó una excepción ante la que tuvo que «rendirse»: abrir la sección de deportes con el Real Madrid podía sumar hasta un millón de espectadores.

«Existe la decencia y la honestidad»

Manresa observó que en ella no se adivinaba hacia dónde se inclinaba ideológicamente. Viza lo atribuyó a su escuela en el periodismo deportivo, que considera muy importante por varias razones. Es un material delicado porque juega con la pasión, y exige un plus de información: un partido lo ven muchas personas en el campo y muchísimas más por televisión, así que el cronista debe saber al menos un punto más que todas ellas, tanto en información como en conocimiento técnico. Manresa añadió que hoy las redes atacan a los comentaristas, y no solo a los árbitros, por considerarlos sectarios.

La lección principal, dijo Viza, es que no existen ni la imparcialidad ni la objetividad; existen la decencia y la honestidad. Puso un ejemplo: ella es del Barça, pero si tiene que hacer la crónica de un partido en que el Mallorca le ha ganado 4-0, debe ser sensata y decir que el equipo azulgrana lo ha hecho mal. Hay que tomar distancia en el momento de hacer la crónica. Se definió como una persona progresista, pero dijo que no le «duelen prendas» en decir una cosa o la otra, y cree que ese fue el tono de sus informativos.

El informativo como lienzo

Frente a la fugacidad de las noticias, Viza defendió el sosiego. Recordó una reflexión de José María Carrascal, excorresponsal del ABC en Estados Unidos y presentador del informativo de madrugada de Antena 3, a quien describió como un ser singular y con muy buenas reflexiones. Carrascal le dijo que un informativo es como un lienzo en blanco que hay que pintar cada día, y que la importancia que das a cada cosa ya es opinión.

De ahí saca Viza que no se puede dedicar menos tiempo a una noticia que afecta a la vida o a la economía de todos que a una cuestión menor. Las noticias importantes hay que explicarlas bien y responder a las preguntas que el espectador se hace mientras recibe la información, por ejemplo «¿esto qué significará para mi hipoteca?». Ella, como espectadora, lectora y oyente, se hace preguntas cuando recibe una información, y si se las contestan, es fiel a ese medio.

Desinformación y clickbait

Manresa sacó el tema de las noticias falsas y de las imágenes generadas artificialmente sobre incendios o inundaciones, algunas de las cuales han llegado a emitirse o publicarse. Viza cree que «estamos empezando a medicarnos» ante eso. Repite a menudo una frase que atribuye a Iñaki Gabilondo: en caso de inundación, lo primero que escasea es el agua potable. Con tanta información, su consejo es acudir a los medios que a cada uno le resulten fiables.

Sostuvo además que los medios convencionales deben dar la batalla en los mismos lugares donde estallan «las bombas de falsedad». Tienen que estar en las redes y usar lenguajes atractivos para que quien solo se fía de ellas acabe haciendo clic en informaciones contrastadas. Manresa añadió el problema del clickbait, en el que, según él, caen incluso los medios teóricamente más serios para generar tráfico que luego se traduce en publicidad.

Equivocarse sí, mentir no

Manresa le recordó una frase suya: en periodismo uno puede equivocarse, pero nunca mentir adrede. Viza dijo que no le cabe en la cabeza que un periodista mienta a propósito. Reconoció que hay informaciones interesadas en todos los lados, «allá cada cual con su conciencia», pero cree que el público tiene criterio para distinguir. Manresa apuntó que los ciudadanos son mucho más inteligentes de lo que suponen los emisores. Sobre los errores, Viza fue clara: todos se han equivocado alguna vez, rectificar es una obligación, se piden disculpas y la gente lo agradece.

Manresa defendió dudar unos segundos antes de lanzar un dato o un titular, algo más difícil ahora que todo se emite al instante y no hay horas de margen entre la impresión nocturna y la llegada del periódico a los quioscos. Viza dijo que practica la duda siempre. Aunque esté muy convencida de algo, si su equipo le lleva la contraria, pide que la convenzan. Esas discusiones fueron para ella lo mejor del trabajo y, cuando dejó los informativos tras 11 años, las echó de menos. Ganó algunas y no todas.

Una imagen de un atentado: «Si fuera tu padre»

Para ilustrar esas discusiones, Viza contó un episodio de los «años de plomo». La sección de Nacional, que cubría el terrorismo, era tan buena que siempre se enteraba la primera de todo (bromeó con que debían de tener «pinchada» a la policía). Un día, a las tres menos veinticinco, con el informativo a punto de empezar, le llevaron un vídeo de un atentado en Madrid como apertura: una imagen extraordinariamente dura en la que aparecía un bombero. Viza dijo que no. Sus compañeros se enfadaron mucho, porque se habían jugado la vida y nadie más tenía esas imágenes. Algunos en la edición también la consideraban impresionante y le pidieron un argumento. Ella respondió, sin pensarlo: «Si fuera tu padre». Recogieron la cinta y se fueron, y después del informativo tuvieron tiempo de hablarlo.

Viza admite que todavía hoy duda de aquella decisión. En el momento pensó que, si la víctima fuera su padre, no le gustaría ver esa imagen de violencia. Luego se pregunta si el terrorismo no hay que mostrarlo con toda su crudeza. Dijo que siempre pensaron que sería ideal que todos los editores del país actuaran a una. Mencionó el caso de Italia en la época de las Brigadas Rojas, donde, según contó, se llegó a un pacto para no divulgar, porque el terrorista busca el efecto social.

Relacionó este debate con el del suicidio. Cuando llegó a Antena 3, tras un caso que recuerda como el de una chica llamada Olga Sangrador, le dijeron que de esas cosas se hablaba lo mínimo. Ahora, observó, la tesis es la contraria, y pidió a los especialistas presentes en la sala que la iluminaran. Manresa recordó que el libro de estilo de El País establecía que el suicidio no es noticia salvo en circunstancias especialísimas de impacto público o por la personalidad del sujeto.

Karpov, Kasparov y el arte de preparar al espectador

Manresa sacó a relucir un dato que Viza le había contado antes: no solo la inauguración de los Juegos reunió 11 millones de espectadores, también una partida de ajedrez entre Karpov y Kasparov. Viza dijo que no sabe explicarlo del todo. En parte se debe a que solo había una televisión, pero quiere pensar que también a que habían preparado muy bien al espectador.

Esa preparación era un método de Estadio 2. Puso como ejemplo la regata Oxford-Cambridge, que se emitía cada año de la misma manera. Tras treinta años así, decidieron pasar una semana en el club de remo de cada universidad para conocer a los tripulantes, de dónde venían, qué pensaban y cuáles eran sus tradiciones. Con eso elaboraban un reportaje cuidado de 20 minutos que se emitía antes de la regata. Así el espectador ya tenía códigos, conocimiento e incluso favoritos, y veía la retransmisión con otros ojos.

Con el Mundial de ajedrez de Sevilla hicieron lo mismo. A Viza le tocó viajar a la Unión Soviética para seguir la final del torneo de candidatos, que decidía quién se enfrentaría a Karpov, «el jugador del régimen». Esa final enfrentaba a Smyslov, un hombre mayor al que describió como gran matemático, con un joven de unos 20 años, Gary Kasparov, de quien se decía que era «la revolución». Viajó desde Moscú a Lituania, conoció allí a Kasparov, que ganó, y le hizo un gran reportaje. Después hizo otro a Karpov. Recuerda que hablaban hasta de sus tesis universitarias: la de Karpov, en económicas, sobre la utilización del tiempo libre, y la de Kasparov sobre el cristianismo.

En la última partida en Sevilla, con Leontxo García como especialista desde allí y Viza en plató con un gran maestro («me hice un máster de ajedrez»), la realización mostraba a los dos jugadores de perfil mientras Leontxo analizaba las posibilidades durante 25 minutos. Terminó en tablas y la vieron 11 millones de personas. Para Viza, la clave es que el espectador había «entrado» en la historia: tenía datos e información. Dijo que lo mismo ocurrió con el debate entre Rajoy y Zapatero. Manresa aprovechó para evocar desde Palma al ajedrecista mallorquín Arturito Pomar, nacido cerca de la calle San Miguel. Recordó la novela biográfica El peón, de Paco Cerdá, y dos documentales, y comentó que Pomar no llegó más lejos porque tuvo que trabajar de cartero.

El cara a cara Rajoy–Zapatero de 2008

Viza moderó en 2008 el segundo debate entre Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero, producido por la Academia de Televisión con el acuerdo de partidos y cadenas; el primero lo había moderado Manuel Campo Vidal. Confesó que no quería hacerlo y que dijo que no, porque ya había dejado la información política y se dedicaba a otras cosas. Campo Vidal la llamó y le dijo: «Olga, hay consenso». Ella considera que es una palabra demasiado valiosa en este país para despreciarla. Pidió cinco minutos para pensarlo y a los tres un jefe de informativos ya la felicitaba por haber aceptado, aunque ella aún no había dicho nada.

Pidió no aparecer en ningún sitio antes del debate. Recuerda la comida previa con los directores de campaña, de una cordialidad «extraordinaria». Las reglas eran muy estrictas, pero Viza las da por bienvenidas porque sin ellas no habría habido debate. Hubo mucha presión, que se traducía en gente que se le acercaba a decirle una cosa y otra, incluso estando encerrada, y se sintió muy observada. Con los candidatos, en cambio, se lo pasó muy bien. Zapatero le dijo no hace mucho que lo había vuelto a ver y que fue un debate «de guante blanco». Ella le respondió que él estuvo especialmente agresivo, «invasor», sobre el discurso del otro.

Describió la escena: un Palacio de Congresos con 2.000 butacas vacías, un solo guardaespaldas en la primera fila, cámaras ocultas tras los forillos y un regidor apartado. Durante la pausa publicitaria, diez minutos en silencio antes de empezar, Rajoy dijo sin mirar a Zapatero: «Ayer estuve en León». Zapatero preguntó: «¿Y qué tal?». «Lleno. No sé si vas a llenar tú». Según Viza, estuvieron lanzándose pullas «como dos gamberretes» todo el rato. Se dieron por todos lados durante el debate y al terminar volvieron a conversar de forma amable y educada, y ese clima es lo que ella se lleva. Manresa recordó que ella había comentado que le habría gustado tener más cerca a los candidatos para poder moderarlos; Viza explicó que en Estados Unidos se hace desde atriles muy distantes y en Francia muy de cerca.

La radio: una eterna aprendiz

Manresa, que la había escuchado en la radio, entre otros con Aimar Bretos en la SER, le preguntó por esa experiencia. Viza se definió como «una eterna aprendiz» del medio. Siempre había hecho televisión cuando Pedro Piqueras, entonces director de Radio Nacional, le ofreció las mañanas. Lo rechazó porque nunca había hecho radio y no se veía en su horario estelar. Poco después le ofrecieron las tardes y ahí sí se atrevió, con un equipo que había trabajado con Carlos Herrera y que sabía mucho de radio.

La primera vez que habló ante el micrófono le pareció dificilísimo. En televisión, explicó, cuando le decían «enróllate 18 segundos», los clavaba, como todos los profesionales, porque están acostumbrados, y además tenía el apoyo de la imagen y la presencia. La radio, en cambio, es «un mundo infinito» sin imagen que acompañe: descubrió la importancia del lenguaje y una técnica totalmente distinta. También confirmó lo que le habían dicho, que es fascinante porque notas al oyente «ahí mismo». Manresa añadió que la radio ha sobrevivido a todos los diagnósticos de crisis porque puede informar desde cualquier lugar con un teléfono. Hoy también la televisión conecta con móviles que sirven de cámara, lo que ha generado alguna queja sindical por la pérdida de puestos de trabajo.

Una hermana sorda y la forma de hablar

Manresa pidió que quedara registrada la razón de su buena vocalización. Resumió su biografía: nacida en la zona alta de Barcelona, jugaba en el Park Güell y estudió en la escuela Virolai. Su familia tenía una pequeña editorial de artes gráficas llamada Betis, «como el río y como el equipo». Su padre jugaba al baloncesto, tiene un hermano realizador de televisión y una hermana menor que es sorda.

Viza contó que tenía seis años cuando nació su hermana y que fue testigo de su aprendizaje. En Barcelona se enseñaba entonces lengua de signos, pero sus padres, sobre todo su padre, no se resignaron y la llevaron a la pequeña clínica-escuela de un otorrino que enseñaba oralismo a los niños. Recuerda a aquella niña de dos años frente a un monitor que mostraba frecuencias, con la mano en un sensor, repitiendo «A» hasta que la frecuencia salía exacta y memorizaba cómo era cada letra. Después vinieron las sílabas, las palabras, los verbos y sus conjugaciones. También hubo media jornada de integración en el colegio de Viza, que según ella no funcionó muy bien. Los domingos iban al aeropuerto de Barcelona, a una terraza donde tomaban el aperitivo, y jugaban a que su hermana adivinara por la vibración cuándo se acercaba un avión. Hacían ballet juntas, con la hermana siempre detrás de ella.

De ahí viene, explicó, que mueva tanto las manos: siempre se ha expresado así con ella. La paradoja la descubrió más tarde. Un día, mientras presentaba el informativo, su hermana le dijo que no la entendía porque hablaba muy deprisa. Lo probaron y ahora sí la entiende. «Ojalá yo hablara peor y ella oyera», dijo, pero reconoce que su hermana la ha obligado a esforzarse al hablar.

Sobre la accesibilidad, Viza dijo que ella repite lo que pide su hermana: una ventana con lengua de signos, porque aunque es oralista y lee los labios, la comunidad sorda tiene desarrollada esa lengua. Contó que en una entrevista preguntó a un cineasta por qué su película no se estrenaba subtitulada. Le recordó que en España hay un millón de personas sordas, muy asociacionistas y aficionadas al teatro y al cine, y que su hermana, que vive en Madrid, tenía que esperar a que la película llegara a Movistar para verla. Según Viza, él reconoció que tenía razón. Cree que la sordera es una discapacidad que no sabemos tratar: estamos más acostumbrados a las personas ciegas, y a las sordas les hablamos de forma exagerada o les gritamos. Manresa añadió que, cuando él tuvo responsabilidades en una televisión pública, el colectivo era un grupo de presión significativo que, con justicia y amparado por la ley, reclamaba subtítulos o ventana de signos.

Ramón Sampedro: emitir el vídeo de su muerte

Manresa recordó el caso de Ramón Sampedro, tetrapléjico durante 28 años tras lanzarse al mar y golpearse la cabeza, que luchó por una muerte digna. Su historia fue objeto de un documental de Laura Palmés en TV3 y después de la película Mar adentro, de Alejandro Amenábar, con Javier Bardem. Sampedro murió de forma voluntaria antes de que existiera un marco legal, y el informativo de Viza en Antena 3 emitió, tiempo después, el vídeo grabado de su muerte con sus palabras.

Viza dijo que pocas veces ha estado tan nerviosa ante la cámara. Hace poco volvió a verse presentando aquel vídeo cuando se reemitió en otro programa. Explicó que cortaron la imagen justo después de que Sampedro bebiera el cianuro y que en ningún caso se emitió la agonía, muy desagradable, de un vídeo que era muy largo. Preguntada por si volvería a hacerlo, respondió que sí, porque era voluntad de él y él explicaba por qué lo hacía. Lo comparó con el caso actual de una joven llamada Noelia, cuya decisión ha sido avalada: si ella quisiera explicarse en los medios, se preguntó Viza, ¿se lo íbamos a negar?

Preguntas del público: TV3 y el efecto Werther

En el turno abierto, un periodista de TV3 en Palma preguntó en catalán cómo se vivió desde TVE la llegada de TV3 en 1983, que rompió el monopolio antes que las privadas. Viza dijo que llevaba demasiado poco tiempo entonces para hacer una tesis. Recordó a Rosa María Calaf como una de las fundadoras de TV3 y contó que desde TVE en Barcelona también hacían programación en catalán. Notaron enseguida la atención del público hacia TV3, sobre todo en los programas y narraciones deportivas en catalán, que eran una competencia seria con una programación sólida y nueva. Aun así, en la redacción de deportes no lo notaron tanto, porque TVE seguía teniendo todos los derechos, aunque la audiencia, dijo, empezó lógicamente a desplazarse. Manresa apuntó que las autonómicas aportaron un gran capital a los clubes de fútbol.

A petición de Manresa, el psiquiatra Miguel Roca, presente en la sala, resumió el estado del debate sobre el suicidio en los medios. Hablar de él puede inducir a algunas personas a imitar la conducta, el llamado efecto Werther por el personaje de Goethe, o puede tener un efecto protector, el efecto Papageno, por el personaje de La flauta mágica de Mozart. El problema, explicó, es que el público es tan variado que el mismo mensaje será Werther para unos y Papageno para otros. Roca contó que escribió, junto con un periodista experto en el tema, el capítulo sobre comunicación del suicidio del libro blanco de la Sociedad Española de Psiquiatría. Tras revisar lo que dicen las organizaciones internacionales, concluyó que el único acuerdo es hablar de ello como cada uno considere, evitando dos cosas: explicar cómo lo hizo la persona y, sobre todo, aventurar razones o motivos.

Censura, catalanismo y un micrófono en el suelo

Una joven le preguntó si había sufrido censura en sus primeros años. Viza respondió que nunca, ni al principio ni al final, porque en TVE hacía deportes y ahí no había ese peligro. Más tarde sí hubo presiones, poco antes de irse de Antena 3 «o de que me fueran». Contó que, tras el asesinato de Ernest Lluch, quiso abrir el informativo con la apostilla que Gemma Nierga añadió al leer el manifiesto en la manifestación, en la que pedía diálogo como lo que habría querido Lluch. «Tuve problemas, sí», dijo.

Otra asistente preguntó si durante los Juegos hubo alguna consigna relacionada con el catalanismo. «Jamás», respondió Viza. Recordó que en la inauguración del estadio olímpico, un año antes y con un mundial de atletismo como prueba, diluvió y hubo protestas y banderas independentistas, algo que ella no llegó a ver. En los Juegos, tras una negociación política, se cantaron Els Segadors y el himno de España, pero a los narradores no se les dio ninguna instrucción.

Manresa le pidió entonces que contara un episodio de contención profesional: los Juegos de Invierno de Calgary y Blanca Fernández Ochoa. La esquiadora era la gran favorita al oro en eslalon gigante y cargaba con la presión de que su hermano ya había ganado un oro. La misión de Viza era no separarse de ella desde que aterrizara hasta que consiguiera la medalla, y pasó diez días subiendo y bajando montañas a su lado (se aficionó al esquí «por culpa de ella»). Blanca ganó la primera manga. Viza asegura que en el Congreso de los Diputados se paralizó la actividad para ver su segunda bajada. Viza estaba en la meta con el equipo para entrevistar a la flamante campeona, pero Blanca se cayó en la penúltima puerta. Se acercó a los periodistas con un discurso ya preparado y una sonrisa, pero al llegar a Viza se echó a llorar en su hombro «como un bebé». Viza la abrazó y tiró el micrófono al suelo.

Reconoce que quizá no era lo que tenía que haber hecho y que otro periodista habría conseguido un mejor documento. Pero pensó que aquel momento no merecía «sangre», y lo desvinculó tanto de un síndrome de Estocolmo como del cariño y el respeto que le tenía. «Hay cosas que no son necesarias», concluyó.

Qué es la madurez periodística

La última pregunta, del director del centro, volvió a su llegada a Antena 3: ¿qué entiende por «madurez periodística»? Viza citó como ejemplo a Jesús María Santos, subdirector de informativos curtido en la SER, y a Manuel Campo Vidal. Son personas que han tenido que tomar muchas decisiones difíciles y rápidas, que «han pedaleado mucho» de jóvenes y luego han tenido tiempo para reflexionar sobre la profesión y los hechos. Tienen elementos de comparación, conocen los riesgos y saben decirte: «Si vas por ahí puede pasar esto». Para ella, la experiencia es sabiduría y a veces prudencia, aunque en ocasiones también empuja a atreverse. Lo valioso fue combinar esa madurez con gente joven que tenía todo por inventar, que corría detrás del coche de la policía y que le ponía el micrófono al rey «por el morro». La madurez, resumió, es saber acompañarlos y dirigirlos.

Manresa cerró con una imagen del esquí: el relato de Viza no había sido el de una esquiadora de eslalon que esquiva obstáculos, sino el de alguien que los ha ido sorteando sin eludir ningún reto.