Tierras raras: de la corteza terrestre al tablero geopolítico

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Resumen

En la segunda conferencia de su ciclo en la Fundación Juan March, Ricardo Prego, profesor de investigación del CSIC y químico, pasa de las propiedades y usos de las tierras raras, tema de la sesión anterior, a una pregunta más amplia: ¿por qué unos elementos que no son realmente escasos se han convertido en un asunto de poder entre naciones? Su respuesta empieza en la geoquímica, sigue por la historia de las grandes minas y termina en las estrategias con las que China, Estados Unidos, Japón y Europa intentan asegurarse el suministro. Prego sostiene que el juego ya no consiste solo en tener los minerales, sino en dominar la tecnología para procesarlos y convertirlos en productos, y que Occidente ha perdido buena parte de ese conocimiento.

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Recordatorio: quiénes son las tierras raras

Prego recuerda la clasificación que usará durante toda la charla. Las tierras raras ligeras son lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio y gadolinio. Las pesadas son terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio. Todas destacan por sus propiedades magnéticas, en las que se basan muchas de sus aplicaciones: imanes, bombillas LED, láseres o, en el caso del gadolinio, agentes de contraste para detectar cánceres. A estos quince elementos se suman el itrio y el escandio. No comparten esas propiedades magnéticas, pero aparecieron junto a ellos en los mismos minerales, cuando mineralogistas y químicos los descubrían antes de que existiera la tabla periódica.

El ponente advierte que, aunque la prensa hable de "17 elementos", en la práctica se trata de menos. El prometio, radiactivo, queda fuera. El escandio se obtiene por otra vía, como subproducto de otras minas. Por eso, dice, al leer una noticia conviene fijarse en qué elementos concretos se mencionan y si son ligeros o pesados. Parte de lo que expone procede de su libro divulgativo sobre tierras raras, incluido en la colección del CSIC, que a día de hoy suma unos 160 títulos, aunque asegura haber reenfocado y ampliado el contenido para esta sesión.

Por qué abundan unas y escasean otras

Según Prego, la geopolítica de estos elementos está condicionada por cómo se distribuyen en la corteza terrestre. Muestra una tabla de abundancias en partes por millón (miligramos por kilo de corteza superior): el cerio es el más abundante y el tulio y el lutecio, los que menos. Explica esa distribución con dos efectos, uno nuclear y otro geoquímico.

El efecto nuclear viene de la formación de los elementos en el universo. Los de número atómico par son más estables y, por tanto, más abundantes que los impares, que se descomponen con más facilidad. Por eso la gráfica de abundancias de las tierras raras dibuja unos "dientes de sierra". El escandio, impar, debería tener una abundancia parecida a la de sus vecinos, el calcio y el titanio, pero aparece muy por debajo. El cerio, en cambio, resulta más abundante de lo que cabría esperar.

El efecto geoquímico es de exclusión. Cuando el magma asciende desde el interior caliente de la Tierra y se enfría, los primeros minerales que cristalizan forman estructuras ordenadas en las que no encajan los iones de tierras raras. Estos quedan apartados y solo cristalizan al final. Que un ion entre en un cristal depende de su diámetro. Como todos los lantánidos tienen radios parecidos, del orden de los picómetros, si encaja uno pueden encajar los demás. De ahí que los minerales de tierras raras no contengan un solo elemento, sino casi todos a la vez. Según Prego, eso condicionó en su día su descubrimiento y condiciona hoy su explotación minera.

De este razonamiento saca varias consecuencias. El itrio, que no es un lantánido, tiene un radio similar al de las pesadas y aparece con ellas; por eso se hablaba históricamente de "tierras ítricas" (pesadas) y "tierras céricas". El escandio, mucho más pequeño, se incorpora poco. Su demanda mundial es reducida, entre 10 y 20 toneladas de óxido, y no se obtiene de minerales de tierras raras, sino como subproducto de la minería de uranio, titanio y níquel en China, Rusia, Kazajistán y Ucrania, un dato que según el ponente ya orienta sobre quién controla el elemento. Aun así, el escandio está en la vida cotidiana: se añade al aluminio de los cazas soviéticos para hacerlo más resistente sin perder ligereza, y también a palos de golf, raquetas y cuadros de bicicleta de aluminio.

Hay una "maldición" para los mineros: el torio y el uranio, radiactivos, tienen radios parecidos a los de las tierras raras ligeras y se incorporan con ellas a los cristales. Las explotaciones de ligeras suelen tener que eliminar esos elementos radiactivos. Las pesadas, de radio algo menor, cristalizan antes y quedan más abajo, más cerca del manto, mientras que las ligeras son más abundantes en la corteza superior. Por eso, concluye Prego, el "objeto del deseo" internacional son las tierras raras pesadas, mucho más escasas.

Los minerales y las arcillas iónicas

Existen unos 200 minerales distintos de tierras raras, pero los más explotados son cinco. La bastnasita es un carbonato; la allanita y la eudialita son silicatos; la monacita, un fosfato. Todos ellos son de tierras raras ligeras. Entre los de pesadas destaca la xenotima. Prego subraya que no existen nitratos, sulfatos ni sulfuros de tierras raras, y recomienda visitar el Museo Geominero del IGME, donde pueden verse algunos de estos minerales en las salas de elementos radiactivos y de fosfatos.

A esto añade lo que llama "la propina": las arcillas de adsorción iónica. Las aguas subterráneas calientes que ascienden desde 1.000 o 2.000 metros disuelven minerales de tierras raras, sobre todo pesadas, que son algo más solubles. Al atravesar zonas arcillosas, las arcillas retienen los iones de tierras raras y liberan otros, de modo que estos se acumulan. Estas arcillas son una de las principales fuentes mundiales de tierras raras pesadas y se encuentran en el sudeste asiático.

Dónde están las minas y cómo leer las noticias

Con un mapa de 2016, que reconoce algo desfasado, Prego sitúa las minas en producción y los proyectos en marcha: Mountain Pass en California, Bayan Obo en China (la mayor del mundo), Mount Weld en Australia, explotaciones en la India, el sudeste asiático y Rusia. Anuncia que hablará también de Groenlandia, de Ucrania, que no figura en el mapa, y de la reciente mina de Kiruna, en Escandinavia.

Insiste en que las minas "son parecidas, pero no iguales". Según el magma que llegó a cada lugar, unas tienen más ligeras y otras más pesadas, unas son radiactivas y otras no. Cada una exige un conocimiento detallado de sus minerales y un procesado específico para obtener los óxidos. Los elementos más abundantes y demandados son lantano, cerio, praseodimio, neodimio y samario.

También advierte contra los titulares sensacionalistas del tipo "han descubierto tierras raras en mi pueblo". Distingue tres conceptos:

  • Ocurrencia mineral: una concentración anómala científicamente interesante.
  • Depósito mineral: una ocurrencia con potencial económico.
  • Yacimiento mineral: un depósito económicamente rentable por sus dimensiones, su ley y la coyuntura económica del momento.

Solo esta última categoría, afirma, tiene verdadera relevancia. Como obras de consulta recomienda un libro escrito por geólogos, útil aunque denso y sin índice de nombres, y otro de solo 123 páginas que considera muy claro.

Nódulos del fondo marino

Del subsuelo terrestre, Prego pasa al océano. En los fondos, a partir de unos 4.000 metros, hay nódulos polimetálicos que contienen tierras raras, y un proyecto europeo ha probado su recogida con robots submarinos. A esas profundidades la presión es de unas 400 atmósferas y ninguna persona puede bajar. El ponente lo presenta como una tecnología abordable en el futuro en caso de escasez, aunque "todo eso es matizable".

El principal matiz procede de un estudio publicado a finales del año anterior a la conferencia. Durante cinco años, equipos científicos extrajeron unas 3.300 toneladas de nódulos a 4.300 metros en la zona de Clarion-Clipperton y observaron una reducción del 32 % en la diversidad de especies dentro del área trabajada. Como el fondo oceánico es muy estable y ha alcanzado ese equilibrio durante mucho tiempo, la recuperación sería muy lenta. Prego deja abierta la discusión sobre si merece la pena explotarlos.

La Luna: más sueño que realidad

El siguiente escenario es la Luna. En el Oceanus Procellarum, una llanura de unas tres veces la superficie de España, las lavas basálticas contienen grandes depósitos de KREEP, minerales ricos en potasio, tierras raras y fósforo. El ponente muestra los alunizajes de sondas rusas, estadounidenses y chinas, y señala con curiosidad que ya hay parcelas de un acre "escrituradas" para su explotación.

Dice que no es una broma: hay una oficina de la ONU para asuntos del espacio ultraterrestre, la Unión Europea ha aprobado normativa, Obama la aprobó en Estados Unidos y hay grupos, que asocia a los dueños de Google y Tesla, estudiando cómo enviar cohetes. Aun así, se lo toma "con un poco de humor". El procesado de tierras raras necesita mucha agua y tecnología, y eso "está todo por desarrollar". Quizá algunos elementos escasos, necesarios en cantidades de pocos kilos, podrían traerse algún día, pero por ahora lo considera más un sueño que una realidad.

Cuatro periodos históricos: de la monacita a Mountain Pass

Para Prego, la historia de la explotación explica la geopolítica pasada y presente. Distingue cuatro periodos. El primero es el de la monacita, ligado al barón von Welsbach, que inventó la piedra de mechero y la camisa incandescente de las lámparas de gas, hoy presente en las de camping. El segundo, estadounidense, llega con la televisión en color y el estudio de nuevas aplicaciones: la bastnasita de Mountain Pass. El tercero es el dominio de Bayan Obo. El cuarto, el actual, es un periodo en el que el control chino se va diversificando poco a poco. Con datos de 2024, el 60 % de los óxidos de tierras raras procede de China, el 17 % de Myanmar y el 10 % de Estados Unidos, cifras sobre las que promete volver.

Mountain Pass, descubierta en 1949, ha pasado por fases alternas de actividad e inactividad. Prego se apoya en el libro de Julie Klinger, profesora de Relaciones Internacionales y Economía Global en la Universidad de Boston, que califica de muy informativo, denso pero con buen índice. Según ese relato, el mineral contenía elementos radiactivos y hubo seis vertidos importantes en el desierto de Mojave, con plomo, bario, uranio, torio y radio en concentraciones de 100 a 200 veces las naturales. La administración estadounidense decidió entonces enviar el mineral a China para procesarlo y recibir de vuelta los óxidos. Las paradas se explican en parte porque, en un momento dado, China dejó de procesarlo y pasó a producir ella misma.

En este periodo destaca una figura a la que llamaban "el señor Tierras Raras", un científico del Laboratorio Ames de la Universidad Estatal de Iowa. Según Prego, fue una autoridad en ciencia, tecnología e historia de estos elementos, asesoró a Estados Unidos en su aprovechamiento tecnológico e inició una colección de volúmenes que sigue publicándose y suma ya 68 tomos y 352 capítulos, una especie de enciclopedia sobre purificación y aplicaciones. Falleció en 2016.

Bayan Obo y la estrategia china

La mina de Bayan Obo, en Mongolia Interior, produce según el ponente el 45 % de las tierras raras del mundo. Empezó como mina de hierro en los años cincuenta y sesenta, con ayuda soviética, y también contenía uranio, que China quería para sus primeras bombas atómicas. Prego subraya que la purificación del uranio y la de las tierras raras han ido siempre muy unidas, tanto por los científicos implicados como por las explotaciones.

Atribuye la ventaja china a tres factores: mano de obra muy barata, el hecho de que las tierras raras sean un subproducto de una mina de hierro, lo que abarata mucho su obtención, y unas exigencias ambientales poco estrictas. El resultado fue un coste de producción tan bajo que "hundieron el mercado": dejó de ser rentable explotar Mountain Pass u otras minas, y China llegó a una posición de monopolio. Cerca de la mina, en Baotou, junto al río Amarillo, se construyó una especie de "Silicon Valley de las tierras raras", una zona franca que atrajo a industrias extranjeras ofreciéndoles minerales a precios muy bajos.

El equivalente chino del científico estadounidense fue Xu Guangxian, considerado el padre de las tierras raras en China, que desarrolló técnicas para el difícil problema metalúrgico de la separación y el refinado. Según Prego, eso es lo que dio a China su peso internacional. Formado como químico en los años cuarenta, durante la invasión japonesa, se doctoró en Estados Unidos con una beca. Hacia 1950, ante una ley que obligaba a los ciudadanos chinos a marcharse o a quedarse sin poder salir, volvió a China con su esposa, y allí Mao los incorporó al programa de las primeras bombas atómicas. Después, así como Estados Unidos desconfiaba de los chinos, China desconfió de quienes habían estado en Estados Unidos y fueron purgados. Más tarde fueron rehabilitados para trabajar en las tierras raras, donde llegó su éxito final. Murió en 2015.

Prego describe una política china "muy clara". Con Deng Xiaoping se rompió con el modelo agrícola maoísta bajo la idea de que la fuerza productiva radicaría en las ciencias, con la frase atribuida a Deng: "Hay petróleo en Oriente Medio, hay tierras raras en China". China se propuso liderar la producción minera, bajó precios y se hizo con el monopolio. En el duodécimo plan quinquenal, el presidente de la Sociedad China de Tierras Raras declaró que el valor se consigue con el producto final: no basta con tener minas, hay que fabricar ordenadores, tabletas y aerogeneradores y exportarlos. China atrajo a Baotou a empresas occidentales con conocimiento, aprendió de ellas y, en el plan siguiente, según el ponente, se quedó con patentes europeas y consolidó una industria propia con investigación y desarrollo. El último eslabón, dice, son los coches chinos que hoy llegan a Europa.

El control de toda la cadena de valor

Tras un breve repaso del proceso (separación física por flotación en la mina, ataques químicos para obtener los óxidos y separación con disolventes), Prego da las cifras que considera clave. China controla hoy el 69 % de la minería, el 91 % del refinado y el 94 % de la producción de imanes. Esos imanes están en limpiaparabrisas y elevalunas de los coches, en los sistemas que mueven los alerones de los misiles, en tanques, aviones y en los motores de las neveras domésticas. Son unas cien veces más potentes que los de hierro, además de pequeños y silenciosos, y por eso, dice, las neveras de hoy no son las de hace veinte años. El dominio chino abarca minas, plantas de procesado, cadenas de suministro y personal capacitado, un factor que el ponente subraya.

Sobre la posibilidad de invertir, aclara que no existe un mercado bursátil de tierras raras. China fija los precios y muchas operaciones se cierran directamente entre comprador y vendedor, con entrega en el puerto de destino. Solo cabe invertir en las empresas mineras, muchas de ellas chinas y controladas por el Estado. "Pues invertiremos en oro, que va muy bien", bromea.

El coste ambiental y la "casa limpia" de Occidente

Prego dedica un apartado a la contaminación. En Bayan Obo, según los datos que muestra, cada tonelada de tierras raras genera un entorno ácido, fluoruros dañinos y una tonelada de residuos radiactivos en el agua. Todo va a un lago inmenso que ha perjudicado a las poblaciones locales y que, al no estar bien aislado, ha llegado al río Amarillo. Tras la advertencia de un científico chino sobre el riesgo para grandes poblaciones, se empezó a poner remedio. El ponente insiste en que es evitable, pero requiere invertir dinero.

Volviendo a Klinger, explica que la contaminación ha llevado a separar la mina del procesado. Australia envía el mineral de Mount Weld a Malasia, y Estados Unidos envía el de Mountain Pass a Estonia y a China. En Estonia hay una vieja factoría soviética, la única de Europa que obtiene óxidos de tierras raras. China también busca fuera de sus fronteras. Klinger propone priorizar la integridad de las vidas y los paisajes locales, exigir certificaciones ISO de calidad y reciclar. Todo es posible, resume Prego, pero tiene un coste, y quien lo asume pierde competitividad frente a quien vende más barato. Cita también a un grupo británico de geopolítica según el cual empresas y responsables políticos deben equilibrar necesidades económicas con consideraciones ambientales y éticas.

Su reflexión es crítica: podemos pensar que vivimos en países electrificados que no contaminan, con coches eléctricos y móviles, pero todo eso se produce en otros lugares donde se causa el daño. "No podemos cerrar los ojos", viene a decir, a tener nuestra casa limpia gracias a que otros tienen la suya sucia.

Las tierras raras en el medio ambiente y la salud

Otra cara del problema es que elementos que estaban enterrados entran ahora en circulación a través de móviles, televisores o fármacos. Prego retoma el gadolinio usado como contraste médico: se excreta por la orina, las depuradoras no lo retienen porque es muy estable y acaba en ríos y océanos. Se ha detectado en los Grandes Lagos de Norteamérica y en la desembocadura del Rin. Por eso considera necesario comprender el ciclo biogeoquímico de estos elementos, un trabajo que está en marcha.

Una ventaja es que son muy poco solubles y se mueven poco en el agua. Para ilustrar lo escasos que son como elementos traza, calcula que mil piscinas olímpicas de 3.000 m³ llenas de agua de mar contendrían solo unos 3 gramos de ellos. Estudiarlos exige medios considerables. El programa internacional GEOTRACES, con 35 países, analiza a gran escala oligoelementos e isótopos en el mar, e incluye las tierras raras porque sirven como trazadores de procedencia. Cada campaña oceanográfica puede costar, según su estimación, medio millón de euros solo en buque por zona muestreada.

El análisis exige salas blancas: recintos forrados de plástico, casi sin metales y con presión de aire positiva para impedir la entrada de partículas. Su grupo en Vigo tiene una desde 1998, que según Prego sigue siendo la única en un instituto marino del CSIC y, cree, también entre los no marinos. En cambio, lamenta que la flota oceanográfica española no disponga de contenedores limpios ni de material de muestreo no metálico para recoger agua sin contaminarla, lo que limita mucho su trabajo.

Sobre la salud, avanza que acaba de recibir un compendio que aún no ha podido leer. En resumen, las tierras raras no son necesarias para la vida y se desconocen sus funciones en los organismos. Las ligeras tienden a depositarse en el hígado y las pesadas en los huesos. Hasta donde él sabe, no ha habido problemas por esta causa. El riesgo real está en las minas mal gestionadas, para la salud de los operarios.

El pánico de 2010 y la carrera por diversificar

El cuarto periodo, el del "pánico", arranca en las islas Diaoyu/Senkaku, disputadas por China y Japón y con posible petróleo en la zona. Los pesqueros chinos faenaban allí y las patrulleras japonesas los perseguían sin mayores consecuencias, hasta que el capitán de una patrullera llevó un pesquero a puerto japonés. Japón liberó a la tripulación, pero retuvo al patrón para juzgarlo. La respuesta china, subraya Prego, no fue un embargo formal, como suele decir la prensa, sino algo "más sutil": los estibadores se negaron a embarcar los óxidos destinados a la industria japonesa. Japón entró en pánico porque toda su industria dependía de ese suministro. Para el ponente fue el primer embargo de la transición energética y digital. El terbio, que rondaba los 200 dólares el kilo, llegó a casi 2.800, y el europio también se disparó. Los precios se normalizaron después, pero el mundo había comprendido que quien controla los minerales controla la industria.

Las respuestas fueron reabrir minas como Mountain Pass, reciclar y buscar nuevos yacimientos. China, por su parte, además de sus propios recursos, se ha asegurado suministro de países como Madagascar, Birmania, Rusia y Afganistán. En este último, cuenta Prego, el servicio geológico que trabajaba durante la presencia estadounidense perdió su labor cuando un vehículo de los geólogos pasó sobre una mina de los talibanes. Hoy es China, como vecina, quien controla ese suministro. También participa en empresas extranjeras porque, según el ponente, prevé que a medio plazo sus propias reservas no le bastarán.

Con la diversificación, China produce unas 270.000 toneladas de óxidos y Estados Unidos, 45.000. Myanmar aparecía antes por delante en otras cifras, explica Prego, por una particularidad: sus arcillas iónicas de pesadas pueden meterse en sacos y la zona es de contrabando, tanto dentro de China como hacia ella, algo que Pekín intenta frenar sin éxito. Las reservas mundiales están repartidas entre China, Brasil, Australia, Estados Unidos, Canadá, Groenlandia, Rusia y África. No hay escasez absoluta, insiste. Lo que existe son zonas más ricas y más pobres, y eso permite el juego geopolítico. Dentro de China, las ligeras están en Mongolia Interior y las medias y pesadas en las arcillas del sur, en zonas como Jiangxi y Guangdong. Aunque China pierde peso en las ligeras, en las pesadas sigue teniendo prácticamente el monopolio.

La pérdida de expertos y el giro hacia la autarquía

Prego recomienda cuatro libros y extrae de ellos una idea central: Occidente ha perdido conocimiento. Cita a Abram, director de un centro de tecnología de materiales, según el cual en 2010 la industria estadounidense de tierras raras tenía solo 15 empleados, frente a 25.000 unos años antes. Añade que, según ha leído, en todas las universidades de Estados Unidos solo hay un máster sobre tierras raras. Guillaume Pitron, jurista en derecho internacional y periodista de investigación, escribe que "la cultura minera francesa se muere" y que China ha logrado su posición a expensas del dinamismo industrial y de buena parte de las patentes de Europa y Estados Unidos. El español Chomón, teniente coronel del Ejército del Aire, doctor en Derecho y máster en paz y seguridad, defiende un giro hacia la reindustrialización y cierto grado de autosuficiencia nacional. Prego lo considera un libro muy interesante, aunque como químico matizaría algunas cosas.

En un estudio que le encargó el Instituto Español de Estudios Estratégicos, el propio Prego señaló dos desafíos pendientes, el ambiental y el geoestratégico, y la necesidad de una política científica que permita a cada nación avanzar hacia la independencia energética según sus recursos. Su lectura es que se ha pasado de la globalización a una vuelta a la autarquía por bloques: China, Europa y Estados Unidos, con Japón dentro del bloque estadounidense. El reto en Occidente, resume, es recuperar expertos, devolver la industria a cada país, generar empleo y asumir el coste ambiental.

Las respuestas de Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón

Estados Unidos, según el mapa de su servicio geológico que muestra el ponente, es rico en tierras raras. Su estrategia tiene varios pasos. Primero, que Mountain Pass abastezca solo al mercado estadounidense, siguiendo la idea de Trump, ya que el país importa unas 10.000 toneladas al año. Segundo, abrir nuevas minas, como un importante depósito anunciado en Utah. Tercero, reforzar el procesado: se ha autorizado a Lynas, la australiana que Prego describe como primer refinador no chino del mundo, a construir una planta en Texas. El Estado invierte en compañías mineras nacionales y tiene acuerdos bilaterales con Australia, Japón, Malasia, Tailandia, Camboya y Vietnam. Para las pesadas se construirá una planta que procesará inicialmente mineral de Brasil y Chile, y Venezuela podría tener tierras raras pendientes de analizar. El gran impulso es el proyecto que el ponente llama "Bóveda", de finales del año anterior: un préstamo estatal importante, con capital privado, para crear una reserva estratégica, porque un corte chino podría impedir fabricar armamento. La ayuda pública compensa que, a precios de mercado, la producción estadounidense no pueda competir.

Canadá ha empezado a producir tierras raras ligeras y aspira a ser un eje de exportación hacia Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y Europa. Australia, con Mount Weld, envía el mineral a la refinería de Kuantan, en Malasia, con implicación económica del Estado.

En Birmania, Prego señala una guerra con poco eco en la prensa española y europea, aunque sí en Japón y en medios como el New York Times. El Ejército para la Independencia de Kachin (KIA) controla una zona de arcillas iónicas con tierras raras pesadas y las usa como fuente de financiación. Según la cifra que da, el comercio de tierras raras de Birmania a China, donde se procesan, fue de 10.000 millones de dólares en 2023. Ahora el suministro a China se ha restringido un 89 %. El ponente no sabe cómo acabará, aunque cree que China terminará llevándose de nuevo el material. Mientras tanto, el Gobierno birmano denuncia graves daños ambientales y problemas de salud en las comunidades locales por la ausencia total de cuidado ambiental.

Japón, que sufrió la crisis de lleno, ha firmado acuerdos y ha descubierto depósitos ricos en tierras raras en el fondo oceánico, a unos 4.000 metros, en torno a la remota isla de Minamitorishima, en el Pacífico. Ya ha construido un aeropuerto allí y estudia la zona como vía para no depender de China.

Europa y España

La Unión Europea encargó al Servicio Geológico Británico un mapa de posibles zonas de tierras raras. La gran esperanza es Kiruna, en Suecia, una mina inicialmente de hierro, como Bayan Obo, y un país donde históricamente se descubrieron estos elementos, con lugares como la mina de Bastnäs, mencionada en la sesión anterior. Prego advierte que entre el descubrimiento de una mina y su explotación pueden pasar diez años. El procesado europeo depende de la antigua factoría soviética de Silmet, en Estonia, y de algunas instalaciones en Reino Unido y Polonia. La de La Rochelle, en Francia, está cerrada de momento. Europa ha abierto en Grenoble una línea piloto de reciclaje y remanufactura de imanes y tiene en Alemania su mayor planta de reciclado. Según datos de 2017, depende de China en un 95 % tanto para las tierras raras pesadas como para las ligeras, un problema grave sobre todo para la industria del automóvil.

En España, Prego enumera varios enclaves. La Sierra del Galiñeiro, junto a su laboratorio en Vigo, tiene riqueza explotable, pero no se explotará por la presencia de torio y uranio y por la oposición vecinal. Su grupo ha medido en la ría de Vigo unos 200 mg de tierras raras por kilo de sedimento seco, además de torio, y cree que probablemente sea la ría gallega más rica en estos elementos. El Campo de Montiel, en Ciudad Real, es a su juicio el sitio más factible: un placer aluvial de monacita, pobre en radiactivos, donde la erosión concentró el mineral, que se comporta como el oro por su resistencia a la descomposición. Sin embargo, no ha sido declarado de interés por la UE y los litigios con entidades ambientales lo mantienen paralizado. Menciona también las ramblas de Almería, sin tener claro su potencial, el complejo basal de Fuerteventura, en estudio por geólogos canarios, y una zona marina cerca de Gran Canaria con gran volumen de tierras raras en unos 1.000 km², a unos 1.000 metros de profundidad, con el añadido de la disputa con Marruecos. El único lugar de España donde hoy se producen tierras raras es Áridos Domo, en Salvaterra de Miño. En un antiguo depósito del río Miño, esta empresa de áridos separa por gravedad monacita, oro y circón, y obtiene unas 12 toneladas anuales de monacita que vende para su procesado.

Sobre Ucrania, las zonas con tierras raras están en parte ocupadas por Rusia. Los estudios, según cree el ponente, los hicieron geólogos soviéticos, así que no está claro si son explotables, pero Kiev los usa como moneda de cambio para mantener el apoyo estadounidense.

Groenlandia

Prego dedica atención especial a Groenlandia, con unas cuatro veces la superficie de España, el 85 % bajo el hielo y solo 57.000 habitantes. Según su cifra, si ese hielo se fundiera el nivel del mar subiría unos 8 metros. El deshielo de los glaciares está dejando más tierra firme explotable. Un grupo de trabajo del Gobierno groenlandés señala como más prometedoras dos zonas del sur, Kvanefjeld y Kringlerne. En la primera, los minerales contienen tanto uranio que Narsaq podría explotarse como mina de uranio, pero eso implicaría asumir la radiactividad, y en Groenlandia la extracción de uranio está prohibida. La segunda, Tanbreez, tiene tierras raras pesadas sin uranio y podría explotarse a cielo abierto, lo que la hace muy codiciada. La incógnita, según el ponente, es dónde se procesarían: en un fiordo groenlandés o en el gran puerto que se construye en Islandia, en Finnafjörður. Allí confluyen ambiciones europeas y estadounidenses.

El plan europeo para 2030 y la nueva partida

La UE ha definido una lista de materias primas críticas que incluye todas las tierras raras. Sus objetivos para 2030 son que el 10 % del consumo anual proceda de minas europeas, el 40 % se procese en Europa y el 25 % se recicle, y que ningún tercer país aporte más del 65 %. Hoy Europa recicla el 1 %. Hay previstas plantas de procesado en Polonia y Francia, y de reciclaje en Italia y Francia, con la industria automovilística francesa y alemana como principal interesada. Prego ve una desventaja frente a Estados Unidos, donde la administración Trump es muy ágil entre la decisión y la ejecución, mientras que Europa "se muere en los papeleos" que frenan cualquier explotación.

Su conclusión geopolítica es que la partida internacional no se ha detenido, pero ya no va de quién tiene los materiales, sino de quién tiene la tecnología para usarlos. China, dice, está inundando Europa con sus productos, y el mensaje implícito a la industria del automóvil es que, si quiere tierras raras, tendrá que aceptar la venta de coches chinos.

Cierre: la advertencia de Lavoisier

Para terminar, Prego vuelve al origen de la historia. El primer mineral de tierras raras se halló en Ytterby y su descubridor, el militar de artillería Carl Axel Arrhenius, viajó a Francia para conocer a Antoine Lavoisier, padre de la química moderna. Lavoisier trabajó para la Ferme Générale, la recaudación de impuestos, y mejoró la pólvora francesa hasta superar la de la artillería embarcada británica, algo que luego aprovechó Napoleón. Sus enemigos profesionales y su vínculo con la Hacienda lo llevaron a la guillotina en 1794. El ponente compara su destino con el de Moseley, muerto en el fallido desembarco aliado en Turquía: dos grandes cerebros perdidos, una tragedia para ellos y para la ciencia.

De Lavoisier recupera una frase escrita hace más de dos siglos que, a su juicio, retrata la situación actual: una nación en la que languidezcan las ciencias y las artes aplicadas será adelantada por las naciones rivales, perderá poco a poco su capacidad de competir, y su comercio y su riqueza pasarán a manos extranjeras. Cierra con un cuadro del Museo Metropolitano en el que Lavoisier mira a su esposa, Marie-Anne Pierrette Paulze. Ella aprendió inglés para ayudarle en sus relaciones con Inglaterra durante el trabajo sobre el oxígeno, era buena dibujante, ordenó sus papeles y, tras la ejecución, los preservó para la posteridad. Prego recuerda, sin estar seguro de que no sea una versión romántica, que Lavoisier se casó con ella para librarla de un matrimonio concertado con un hombre mayor y rico, y concluye que el químico le debe mucho y que ella merece ser recordada.